salón en cartagena

DebateSalónNacional

Humberto Junca y Fernando Escobar, artistas:

“Señor Presidente, es un honor estar con usted en este momento histórico”

Sirva esta reflexión sobre lo acontecido en el 38 Salón Nacional en Cartagena como la foto que se guarda para que no se olvide el momento.

1. El Marco

El manejo de la producción artística nacional actual y la reflexión que sobre ella se intenta hacer, únicamente ha involucrado a quienes tratan de vivir de ella (es decir, administradores culturales, galeristas, críticos, montajistas y uno que otro artista) en una serie de situaciones que malinterpretan el papel y función del arte; y al desdibujarlo así, crean un objeto que confunde a los mismos artistas y – peor aún- mantiene alejado a su objetivo: al espectador, quien no sabe que esperar y a quien entre tanto chiste y chanza ya no le interesa saber nada de lo que ocurra en nuestro “corralito de piedra”.

De tal modo se han fortalecido clichés al interior del imaginario de la ‘opinión pública’, cuerpo abstracto e informe rondado hoy (en medio de lo que seguimos denominando nación) por los fantasmas de la democracia y de lo ‘políticamente correcto’ que desvirtúan y desvían la conciencia de la diferencia y de la tan machacada “otredad”:

Cliché # 1: El artista colombiano es una especie de loco, aventurero y mártir capaz de aguantar incomodidades estoicamente y con sentido del humor, por amor al arte. (Ver comunicado del Ministerio de Cultura a los artistas participantes en el 38 Salón Nacional, referencia: Expedición Robinson 2.)

Cliché # 2: El artista colombiano, debe estar agradecido con cualquier espacio que se gana. El estar colgado en este lugar dignifica su obra y engorda su hoja de vida.

Cliché # 3: El artista no necesita plata; su objetivo va más allá de semejantes cosas mundanas; o está muy bien económicamente … por algo se la pasa haciendo las cosas que hace.

Cliché # 4: El artista colombiano no debe meterse en camisa de once varas, eso de tratar de entender y cuestionar decisiones estatales y administrativas no le vá.

Cliché # 5: El arte no es de quien lo necesita, ni de quien lo genera sino de quien lo mueve y lo promueve, aunque mal lo haga.

Cliché # 6: Más vale una historia del arte colombiano bien contada, que una bien comprendida.

Cliché # 7: La obra de arte debe contar la historia esperada, si nos interroga, si nos incomoda, es mejor seguir de largo.

2. Camisa de Once Varas

El impulso de hacer el Salón Nacional en Cartagena fue leído por los medios, como un intento plausible de descentralización, cuando, por supuesto, la señora ministra estaba haciendo la fiesta en su casa a nuestra costa, crédulos artistas quienes bajo la promesa de un jugoso premio, nos limitamos a sonreír cual digna reina de belleza, mientras afrontábamos durante dos semanas cuanta solución se daba al adecuamiento de los tres edificios (uno totalmente en ruinas, el Claustro de La Merced; otro un lugar histórico reducido y duro, el Baluarte de Santa Catalina; y un MAM que como espacio de exposición es totalmente inapropiado) destinados al evento. Así, llegó la inauguración en el Claustro con la asistencia del Señor Presidente de la República y la high class cartagenera: los pocos espectadores desprevenidos y los extenuados artistas tuvimos que desalojar las salas para dar paso a la comitiva presidencial que hizo en minutos el recorrido obligatorio. En ese momento comprendimos que nuestra presencia era totalmente dispensable…y a lo mejor, también la presencia de nuestras obras.

A propósito de su ausencia en los medios de comunicación (que nunca pudieron sacar de las páginas sociales el evento) queremos enumerar el listado de artistas participantes para darle nombres y obras a este etéreo Salón, según su catálogo y la página web del ministerio, anexamos el nombre de los jurados y el de los ganadores:

Jaime Avila Ferrer. Desagüe, de la serie los radioactivos

Julio César Barón. Clepsidra, 7 días

Johanna Calle. Progenie

Adriana Castro. Proyecto Había una vez- Dos hombres un perro, Il Borsalino, Arbol canal el salitre

Alexa Cuesta. Balance

Adriana María Duque. Sin título. De la serie Paisajes.

Fernando Escobar. De Memoria. Nueva Fauna y Flora en Santafé de Bogotá

Liliana Estrada. Exánime. Deconstrucción de dibujo.

Jim Fannkugen. Confío?

Máximo Flórez López. De la serie rincones. Una mirada es una línea

René Gómez Ome. Serie: todos los días con mis tristezas y alegrias.

Andrés González. Fotografías de pintura en muros.

Jorge González. Sin Título.

Grupo Bi Infrarojo. Interfases válidas o no validas.

Grupo Doble Dos. El arrancateta.

Grupo Nómada. Línea roja 375° F

Grupo Urbe. Aguas.

Alvaro Ricardo Herrera. Proyecto C.A.I.

Edwin Jimeno. Nacimiento.

Humberto Junca. Handicap.

Jurek Kunklinski. Putre facciones.

Olga Lucía Londoño. Rastro Ojo.

Martín Alonso Lozada. Un asunto de todos

Guillermo Marín. El Canto del deseo exaltado que va a encontrar su alma.

Fabian Montenegro. Snow

Ana Claudia Múnera. Escala uno a uno.

Jhon Edgar Munoz Sánchez. Sin Título.

Ana Catalina Orozco. Ciudad Encajonada.

Claudia Ortíz. Ecolombia.

Jorge Ortiz. Bandeja Dorada.

Ana Patricia Palacios. A Puño limpio.

Hilda Piedrahita. Autorretrato sobre papel de colgadura.

Libia Posada. Vademecum

José Luis Quessep. Huella.

Guillermo Quintero Rojas. Madreselva.

Martha Lucía Ramírez. Rituales de sumisión.

Juan José Rendón. Movimiento Interior.

Marisol Rendón. Arte-misa

Deseo de la tía en noviembre.

José Manuel Reyes. Ritos y Formas.

Pablo Alfonso Rincón. De la serie masilla sobre madera.

Blanca Nelly Rivera Duque. Sin Título.

Carlos Eduardo Serrano. (renunció a su participación en el Salón)

Germán Toloza. Un Camino peligroso al cielo.

Jorge Alirio Torres. Farcnica.

Roger Edison Vallejo. La Marcha del Ladrillo.

Ricardo Alipio Vargas. Cámara Ardiente.

Los Jurados: Beatriz González, Carolina Ponce-De León, Mari Carmen Ramírez Oscar Muñoz

Los Premios: 1er. Premio. Juan José Rendón, 2do. Premio. Edwin Jimeno

3er. Premio. Guillermo Quintero

Las Menciones: Guillermo Marín, Johanna Calle, Roger Edison Vallejo

Cómo un pálido telón tratando de ocultar el mar (con la isla de veraneo presidencial en lontananza), la inauguración del Salón Nacional pasó desapercibida fuera del claustro (vale preguntarse si la comitiva presidencial supo de, o mostró interés por lo expuesto en los otros lugares). Más allá de la Ciudad Vieja ¿quién presenció con verdadero interés el fugaz pantallazo de alguna de las obras? o ¿el recuento de los momentos que han hecho historia en los Salones Nacionales, en viva voz de nuestro Jefe de Estado? ¿El país vio la dicha de los premiados? ¿Quién comentó de inmediato los aciertos y desaciertos del jurado? ¿Quién los escuchó?

Afrontémoslo, al país no le interesa lo que pase con el Salón. Y según parece, al Salón no le interesa lo que pase con nosotros.

Es hoy la formulación “la vida es arte”, enunciada ante la inminencia de un cambio en las condiciones que construyen lo que llamamos cultura, una mera frase vaciada de sentido tras la cual se escudan oscuras prácticas para detentar poder, para silenciar voces disonantes y para aminorar el impacto de acciones y actitudes genuinas que van más allá de un interés estético, o de figuración. La organización del Salón acomodó, colgó, y premió de modo paternalista a los participantes de un evento que por “descentrado” se creyó marginal. Favoreciendo, sin bulla ni escándalo, sin difusión alguna, al “otro exótico”, necesario para tranquilizar al poder central que se sabe diferente.

3. Prácticas de control político y cultural

¿Qué control más efectivo que traducir eventos de arte en discursos oficiales que minimicen el impacto de las obras y del evento mismo? En el discurso inaugural el Señor Presidente a propósito de la obra de Wilson Díaz (primer premio del 37 Salón Nacional) se refería a esa casita roja de Davivienda, como una metáfora de aquello que desean todos los buenos colombianos. Pero el Señor Presidente (o quien le escribió el discurso) no menciona las maticas de coca que rodeaban la “ingenua” casita y que construían en tal asociación una maqueta mordaz sobre la ambigua realidad política y social en nuestro país: el discurso oficial traduce una obra y minimiza su impacto o nivel de comprensión, ignora que el arte contemporáneo no es solo una proyección de un mundo ideal; también es un comentario sobre cómo están las cosas.

¿Qué mejor que edificar hitos ‘históricos’ oficiales a pesar de lo que realmente subyace e importa?

¿Existe algo más correcto que convocar e invitar a construir colectivamente un proyecto nacional de Salón, escuchar y luego desechar, literalmente, preocupaciones y propuestas de los directamente interesados, quienes luego han de sortear y asumir resignadamente todo lo que en efecto habían temido?

!La imagen es todo, tu sed es nada!

De lo que no hay nada: publicidad y cobertura del evento, convocatoria y reglamento de participación coherente y pertinente, presupuesto, condiciones de montaje idóneas, una política cultural clara y eficaz, seguimiento y profundización sobre la práctica artística nacional, proyección en el ámbito internacional e incentivos.

Y si se sabe todo lo antes dicho, entonces, ¿por qué los artistas participan a sabiendas de todo lo que de hecho está en juego? ¿Será porque no hay muchas otras posibilidades de retroalimentar sus procesos creativos y contraponerlos en un contexto cultural más amplio que el de su región?

4. No sé qué quiero, pero sí sé cómo conseguirlo

Volvamos a aquella frase de batalla: “Hay que descentralizar” (plan en el que estamos casi desde que existimos como república). Plan que no ha devenido en acción, que no se ha materializado en algo determinante. Además es trágico, retrogrado y acomodaticio querer descentralizar a costa de la dignidad de la región: si se quiere descentralizar, se debe olvidar por completo o abandonar la intención de parecerse al centro, de ser igual a…

La propuesta y el reto: Desigualdad En Equidad. Actualicemos la discusión y revisemos las posiciones, quizá el piso ya se nos movió y procesos de homogeneización, de desmarginalización, de emulación de modelos ’centrales’ sean innecesarios y anacrónicos, además si todos los demás centros tuvieran las construcciones, las posibilidades, la producción cultural, el mobiliario urbano, la actitud, el país sería una gran Bogotá, y obviamente no es así. Todo está donde debe estar, hay que encontrar un sentido y darle valor a lo que se posee y pretende ¡No sería deseable la periferia como otro centro o como copia del centro!

Si todo eso es cierto, las convocatorias de los Salones Regionales y del Salón Nacional– su forma y contenido- deben cambiar: El ejemplo más claro y reciente fue el VIII Salón Regional de Bogotá, que se realizó en un edificio histórico (la Estación de la Sabana) y con una temática nacional predeterminada (la Memoria). Sin embargo, el edifico nunca se dejó de mirar con respecto a Corferias, es decir, un gran cubo blanco capaz de recibir cualquier tipo de experiencia material, característica que dirigió e incluso sustituyó la reflexión de las distintas propuestas; eso no quiere decir que no existiesen ejercicios bien hechos, el primer premio es prueba de ello.

Ante la evidencia de la inexistencia de espacios expositivos adecuados o soñados en el 38 Salón Nacional y con la exigencia intransigente de que la obra participante debía ser idéntica a la del Salón Regional respectivo, el desencuentro en la relación clásica de objeto contenido- objeto contenedor no podía ser más dramática, más aún si se tiene en cuenta que dos de los lugares escogidos, eran edificaciones cargadas históricamente y que no estábamos ni en la Bienal de la Habana, ni en la Bienal de Venecia. Este hecho adquiría una dimensión bochornosa con las obras instaladas en el espacio público. (Más información sobre la pertinencia e impertinencia de la obra in-situ, ver la discusión sobre el proyecto Arborizarte.)

5. Todo por la plata

Necesariamente un buen Salón Nacional no lo es por tener buenos premios. Algunos artistas opinan que “la figura del premio” debe dar paso a un incentivo más democrático, más participativo: una bolsa de trabajo, dicen unos; un honorario por participación a todos los artistas seleccionados en cada evento, dicen otros. Está claro, que a la postre sólo uno de los participantes va a estar de acuerdo con un primer premio…este último Salón, sin embargo, puso a tres contentos. ¿Cómo hacer para que todos los participantes queden satisfechos? ¿Por qué el Ministerio no cubre los gastos básicos que acarrean sus propias decisiones? – embalaje y transporte de obra, adecuación física y cobertura del evento -.

Más importante aún, ¿qué hacer para que los espectadores se acerquen sin miedo, prevención o desprecio a lo exhibido?: La manera más efectiva de atravesar el espacio y el tiempo, es el objeto, pero la práctica artística contemporánea a señalado que la experiencia del arte no radica exclusivamente en él, de allí la necesidad de recurrir a insumos pedagógicos tales como la conformación obligatoria de un grupo de guías capaces de dar cuenta de lo ocurrido, que señalen los puntos pertinentes que circundan lo expuesto, todo esto acompañado de ayudas museológicas y museográficas mínimas: iluminación adecuada, fichas técnicas exactas, textos de apoyo pedagógico y señalización, que garanticen un recorrido ‘correcto’ y una experiencia amplia.

Si lo anterior aún no se puede llevar a cabo, como lo demostró con creces el 38 Salón Nacional, ¿por qué quedar contentos con su sola realización?; inclusa quedó la sensación por las observaciones de uno de los jurados, que este Salón Nacional no era de los buenos; era un salón de segundones, no aparecían quienes debían estar y no eran todos los que estaban. Según este jurado, debido a la incertidumbre que generó el proyecto Pentágono para la continuidad del evento, importantes nombres se quedaron por fuera, convencidos de la ausencia del Salón, o esperando la invitación timbrada.

(¿Será que la mayoría de los artistas o esperan a que les inviten, o solo hacen una obra “salonera” durante el año?)

La respuesta de nuestro contentillo estaría en que el termómetro de la actividad artística nacional abandonó el campo de la cultura para especializarse en decisiones pseudo-políticas.

6. “Para los cachacos esto es arte; para nosotros es miseria”

Esta frase, pronunciada por un espectador desprevenido durante el desarrollo del evento en La Heroica, indica que pese a todo, el Salón fue leído como una acción centralista, desvinculado efectivamente del contexto en el cuál sucedía, que su intención resultaba deformada o extraviada y que carecía del substrato ético mínimo.

Con la actitud arrogante de nuestro medio y nuestros artistas, se aleja cada vez más la exigencia pragmática de la actividad artística. Esta debe afectar la realidad o la mirada que sobre ella se hace y no resultar afectada por intereses de segundo orden. Incluso, si uno de esos intereses es la continuidad del evento mismo. Al premiar a “la provincia” y a los jóvenes, es obvio que el ministerio asegura votos futuros para el Salón Nacional. Y cualquiera que disienta será tomado por centralista resentido, o para abreviar: ¡cachaco!

Finalmente, ¿el Salón de quién es?, ¿de los artistas?, ¿del medio? ¿del Estado?, ¿del gran público? y ¿existe público para el Salón?

El fin justifica los medios, parece ser la respuesta.

Así: “ Esta bienal (Salón) es un lujo que un país subdesarrollado no se puede dar.”

Oscar Collazos, escritor y columnista de El Tiempo: Brillantes reflexiones. Le añadiría una más modesta: hace dos años, frente al Museo de Arte Moderno de Cartagena, se instalaron las “esculturas” de Egardo Carmona, cuadros de costumbres locales que los paseantes admiran y celebran por lo que evidentemente representan: imágenes de lo “real”, piezas de una cotidianidad que se materializa en hierro y herrumbre. Al girar hacia la derecha, frente al atrio de la iglesia de San Pedro Claver, una instalación del salón nacional: vacas innumerables sobre la superficie adoquinada. ¿Reacción? Desconcierto y perplejidad en este caso, admiración reverencial en el otro. ¿Quién mira? ¿Quién aplaude? A un costado de la iglesia, la escultura que Enrique Grau consagró a San Pedro Claver: firme, robusto, pétreo, el santo “atiende” a un pobre negro. La reflexión es inmediata: ¿cuáles son los parámetros para decidir si ésta u otra muestra es arte o no lo es? ¿Se requiere la explicación del crítico, la exposición de motivos del artista? Perplejidad y confusión. De un lado el “arte”, de otro su percepción. Grau está más cerca de Carmona que del artista de las vacas, pero al de las vacas hay que buscarle con lupa la ironía para que no se parezca a ambos. Si se pareciera, se distinguiría por un solo detalle: el kitsch como representación: como la India Catalina, como “la gorda” que destruye la armonía simétrica de la Plaza de Santo Domingo.

El discurso del Sr. Presidente fue otra cosa: aplaudido por la Ministra que reía como aprendió a reir cuando fue reina, era mal leído por una sola razón: uno sólo lee bien lo que ha escrito.

Antonio Caro, artista: Para mí, el Salón Nacional de Artistas es un bien público y así, lo entiendo y defiendo.

En primer lugar, nosotros los cercanos al Salón, es decir: artistas, estudiosos y teóricos del arte y la cultura, gestores culturales, periodistas y los pocos pero valiosos aficionados debemos rechazar los incapaces funcionarios que lo administran.

En segundo término, debemos cambiar el carácter centralista, hegemónico y elitista que el Estado le ha conferido al Salón. La actual autopretendida descentralización es una falacia. Maliciosamente recuerdo que el mayor centralista de toda la historia de Colombia fué, el señor Rafael Nuñez, cartagenero…

Pero, la principal labor que debemos realizar desde nuestras propias características y posibilidades es, valorar y difundir el Salón en nuestra propia sociedad para que el gran público, encuentre en el Salón, pertenencia y pertinencia y valga la pena la redundancia, lograr así, que el Salón se convierta en un bien público.

Carlos Jiménez, crítico de arte: Estoy de acuerdo con Antonio: el salón nacional es un bien público, otra cosa es que muchos de los funcionarios que se han hecho cargo de el tiendan a privatizarlo y a hacerlo en cada edición a imágen y semejanza de sus pequenas fobias y filias y de sus muy grandes incompetencias.

Algo que podría ser corregido si al tiempo que se defiende el salón como institución se critican abiertamente las fallas y las debilidades que se den durante su realización. And last but no least: no hay que olvidar que suprimir el salón sería quitarle una pieza muy importante a la raquitica estructura museística e institucional que sostiene la andadura actual del arte colombiano. Sería fatal!

Miguel Rojas, gestor y ex director de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura: Y volvemos a lo mismo…(y lo que va puede ser largo…) Al terminar cada Salón Nacional es inevitable que los interesados en este nuestro único punzante tema (por que no hay de donde mas), iniciemos estas reflexiones que tratan de dar un tono crítico a este el mas viejo de los jóvenes eventos en el arte colombiano.

En esta ocasión lo único diferente es que un nuevo numero se le agrega a la discusión, pero el objeto es igual. No hemos cambiado de objeto en sesenta y dos años (38 salones)….. increíble como pasa el tiempo….. y parece que lo que Virilio afirma sobre la nostalgia se cumple a la perfección en nuestro terruño, “occidente no había conocido tantos y tan acelerados cambios que han provocado este desalojo del cuerpo y de la mente” –solo queda espacio para la nostalgia- el salón es como un fantasma.

Yo creo que estamos patinando en la misma pista desde hace rato, y no nos hemos aburrimos de dar vueltas, es esa falsa sensación de –seguridad- la que no nos deja ver claramente los horizontes que el mundo contemporáneo nos pone en las narices.

Sobre la nación
Seguimos hablando de Salón Nacional como si de verdad tuviéramos una nación para la cual la idea de arte es algo que la presenta y le da forma. En este desgarramiento en que vivimos, en esta suerte de descentramiento que no es descentralización barata (la que usan los politiqueros para hacer campaña en época electoral) se presenta la complejidad del mundo contemporáneo mas allá de cualquier denominación histórica o filosófica. A lo que hemos llegado es a una inevitable pérdida de la idea de nación, y es allí donde todos están actuando en consecuencia. Unos en las armas (bajo la irracionalidad de la financiación de la guerra a cualquier costo), otros en la política (vaciada de contenido), otros en la expansión del dominio económico (la hegemonía de dinero como valor) o en el resguardo tranquilizante de vivir fuera de nuestras fronteras (como yo).

En esta encrucijada el Salón Nacional regresa como bien lo dice J.Ceron en su articulo de entrada a esta discusión, “luego de una corta ausencia”…. y para que? Para que los mismos de siempre (guardando las distancias generacionales claro) regresemos a tratar de decir con mas o menos las mismas palabras que este salón no es nacional, porque no están todos los que son y no son
todos los que deberían estar…. Yo no creo eso. Creo profundamente en la participación como estrategia política y creo que en ella la diferencia presenta su rostro, no estoy de acuerdo con que “Esta condición (la generacional que es la que toma la decisión)
genera un efecto de homogenización que aplana notablemente la significación de las obras”. Afirmación de Ceron. Allí (en el salón)
está gran parte de lo que los artistas hacen hoy por hoy en Colombia y no nos digamos mentiras, que lo que allí se presenta responde a nuestras más profundas reflexiones que van desde el cuerpo hasta la técnica, pasando por la reflexión de los mass media, la historia, la ciudad y la memoria…… Es posible que lo que aplana la significación sea como estamos leyendo al salón, aun como el único evento capaz de reunir al país, pero ?Cual país?, el debate debe arrancar con esa pregunta, el país o la nación para ser consecuentes con el uso actual del término, se nos presenta en esta fragmentación, en esta desesperanza, en esta falta, en esta imposibilidad que algunos llaman irresponsabilidad o incapacidad.

Pero que puede hacer un gestor, administrador, gerente cultural? Seguir las órdenes de sus superiores en el muy doloroso mundo del asalariado cultural (figura histórica que esta desapareciendo y que de hecho no debió nunca existir – le tenemos que
echar la culpa al capitalismo y en especial a las luchas sociales de los trabajadores en el siglo pasado). Porque en qué manos está el destino del único (paradójicamente) evento capaz de mostrar el arte de la nación?

El mismo o el desafortunado hecho de que este se realizara en no las mejores condiciones museográficas y museológicas (cosa que me duele mucho porque se suponía que esos detalles –fundamentales- eran cosa del pasado) demuestra que hay un serio problema entre lo que consideramos un bien público y su elaboración desde una institución que lo asume como privado (el hecho de que los artistas se sientan “dispensables” es un atenuante terrible).

Bien es sabido que no es fácil aproximar al espectador a un evento que no se asume desde el espectáculo (no porque no quiera es porque no puede), pero dónde está el valor agregado en este? hoy por hoy donde lo popular, lo kitch, lo folklórico, lo modal hace parte activa del ser contemporáneo dónde están las ayudas (museológicas, un equipo que acompañe el proceso) y las estrategias para llamar a las audiencias? Si se asume un lugar y una fecha (tiempo y espacio) se espera que se actúe desde esa decisión y se cubra el “costo social” que un evento como este requiere.

Otro mas para la cuenta.
Volver a presentar el “porque” del Salón, es una locura, pero recordemos que hoy por hoy se ha ganado un poco mas que hace seis anos (1996) cuando se desvirtuó por invitaciones de ultima hora, (yo estuve allí y de fondo solo hubo un miedo a que el país reconociera que hoy es diferente, que hay relevos que se están dando y que es necesario dejarlos hablar), y por supuesto más que hace unos cuarenta o cincuenta años cuando uno de los ”jugosos” premios fue para la sobrina del presidente… (el premio
es una estrategia de confusión de la democracia). Pero más allá de cualquier actitud paternalista que tenga este evento yo quiero
destacar lo que lo soporta… y eso es la necesidad de “espacios de encuentro en medio del caos”….. (que mas nos queda a esta tribu de artistas que compartir lo que nos es común). Es el momento de decir que gracias a un grupo de artistas de Sucre los cuales ofrecieron poner en sus espaldas la organización del primer salón regional de este ciclo, no estaríamos aquí en este reducto de pocos discutiendo estos temas – a ver si alguno sabe cual es la capital de ese departamento sin titubear- hace ya dos años, fue una experiencia bien especial, por las condiciones de ese departamento y de esa región. Sincelejo fue capital del arte por unos días, al igual que Medellín, Villavicencio, Pereira, y otras ciudades (que pasó en Bogotá, su condición fragmentada no dejó consolidar un proyecto?) descentrar es asumir que hay centro pero que no este no es estable, que hay un efecto de multiplicación del centros. Porque a pesar de todas las trabas institucionales (decisiones de ministro –Casas Santamaría. acatadas por sus plebeyos, determinaciones al interior de la dirección de artes y algún traspié ideológico por parte de la oficina encargada –mi oficina-) se llevaron a cabo (los salones regionales) en un ambiente de independencia, casi de autonomía, de una autonomía de la “solidaridad”.

Estos pre-textos, estos antecedentes, son cimientos, que pretenden mostrar una noción horizontal y no verticalizada de la posibilidd de “ser” en medio de esta trilogía hegemonía-poder-política donde se debate la salón (y casi todas las actividades importantes de nuestra nación – estado). Antecedentes, de una lucha por un objetivo común, como en la Estación de la Sabana – Salón Regional del Bogotá en 1997, que si bien no se destacó por su calidad (término algo ambiguo en referencia al arte), si se destacó por la capacidad de “construcción social”, donde muchos aportaron desde sus individualidades y como en un ensamble de jazz todos sonaron en su momento. Tal vez hubo una acción conductista allí – sí, pretendíamos poner a prueba la capacidad de
uso del espacio y la capacidad de reflexión sobre un concepto relevante en una suerte de juego anti-curatorial donde el resultado
se asumía desde el origen y no como el fin de un proceso de observación de actos creativos – queríamos jugar a la obra de arte total – y regresarle de nuevo el espíritu a un espacio que lo contenía de una forma particular. Se dieron las garantías (mínimas), el tiempo suficiente, se hizo un trabajo profesional de adecuación (consecuencia de las propuestas presentadas), se diseñaron una serie de eventos alternos (valor agregado) que debían sugerir puentes entre los conceptos en juego y se obtuvo un resultado interesante con un público que respondió a un lugar que le era ajeno (pero del cual tenía una referencia). Jugamos y perdimos, porque hoy ese espacio no existe mas que en nuestro recuerdo….. Corferias por su parte es un “algo” menos problemático (en medida que el Salón de Arte nace en parte de las Ferias- es un hijo directo no bastardo del carnaval y del museo
de variedades), el punto allí es económico y presupuestal, y en este yo estoy de acuerdo, ya que en medida que nuestra comunidad (artística) pudiese “ahorrar” parte de la inversión que le corresponde en la política cultural, lograría presionar por la
adquisición, construcción, comodato, remodelación o cualquier figura administrativa de una infraestructura (móvil, descentrada de la idea tradicional de museo, colección, sala de exhibición) para presentar “los que deben ser y estar” y así cumplir con eso que
Escobar-Junca llaman un “cliche” (no entiendo el porque de cliche) -una historia del arte bien comprendida-. Sin embargo Coferias ha sido un lugar agradecido ya que allí fue donde se dieron los momento de mayor “visibilidad”, el lugar mas cercano al espectáculo que nuestro Salón ha tenido, que si bien rebaños de masas pasaron por este -sin detenerse- logramos dar un golpe en el ámbito público, sin mayores debates sociológicos o filosoficos, contamos con los quince minutos de fama. Y me pregunto ?
Para qué detener a las masas si esta velocidad es parte de nuestro tiempo?. Deberíamos preguntarnos mejor como hace la novela, el fútbol o la música pop para asestar estos golpes tan profundos en nuestro –inconsciente colectivo- y seguir tan campantes en medio de la crisis institucional, social, política y estética de la cual estamos tan preocupados algunos. (recordemos que el Salón Regional de la Estación de la Sabana llevó casi 40.000 personas en un mes y el 37 Salón Nacional en Corferias -no paralelo a la Feria del Libro- llevó 76.000 al recinto ferial).

Gota de agua en el desierto
Sería muy aventurado decir entonces que hay una idea de nación en el salón. El salón no es mas que una sumatoria de “posibilidades” de “potencialidades” que en el mejor de los casos generan esa –extrañeza- que el periodista (O. Collazos) del Tiempo afirma cuando habla de las vacas en una plaza (a mi no me parece extraño que en la plaza de San Pedro Claver un artista presente vacas – carne – comercio de la carne – y todo lo que esto podría aludir en una ciudad que fue capital del esclavismo en esta parte del continente). Extraño me parece que asumamos imágenes fuera del tiempo –como la de Grau y el Santo o las del otro mercachifles- como alegorías del verdadero arte.
Seguramente Lyotard lo expresa claramente cuando admite que nuestro tiempo es una “multiplicidad de actualidades”, que hacen clara esta creciente paradoja en la que vivimos. El arte contemporáneo apunta a las preguntas correctas (no les da respuesta pero las hace visibles en su invisibilidad).
Podríamos empezar por hacer mas clara nuestra presencia en el contexto nación. Una de las categorizaciones de Arte Contemporáneo hoy se da en media de su red institucional (artistas, galerías, museos, espacios de exhibición, revistas, sitios web, escuelas, instituciones públicas y privadas, espacios televisivos, etc.) a través de la cual el arte de hoy se hace presente a sí mismo y a su audiencia interesada en lo local y alrededor del mundo. Es esta una forma de producir intercambios complejos entre
culturas y sub-culturas, participando así de la globalización (en el mundo de la moda, de la cultura masiva, de las industrias culturales, de la educación, de los medios, de la política y la economía).
Empecemos por fortalecer estos nodos y por cada uno de los que participa de esta vocación post-moderna que entienden la infinitud de puertas en el horizonte.

Preguntémosle, además al artista que ajeno al proceso administrativo fue testigo de esta posibilidad descentrada de producir eventos culturales, Luis Fernando Pelaéz, artista y docente puede dar una pauta para la construcción de un nuevo ideario para un futuro de los salones en Colombia (el lo tiene fresco como una fotografía polaroid). No olvidemos también que entre 1997 y
1998 un equipo de docentes de la Universidad de los Andes realizó un estudio de campo y existe un texto que desde lo académico apoya a una conceptualización de lo participativo en el arte (partiendo de la experiencia de los VIII salones regionales), además de los artículos publicados en Columna de Arena, Ojo travieso, Post 1, algunos catálogos de Salones Regionales, prensa relacionada, entre otros, (además artistas, grupos de personas, académicos, curadores, gestores, promotores, periodistas y de todos los que de una u otra forma trabajan por el mantenimiento y actualización de las artes y en especial de las artes visuales en Colombia).
Esto no con el ánimo de desacreditar el foro que se hará en próximos días en la ASAB, mas bien con la idea de usar antecedentes y fuentes fuera de la actual linea de mando (o los visibles) en la reflexión del arte del país. A ver si ayudamos a que “la institución”
Ministerio de Cultura y su dirección de artes encuentre espacios de respaldo en este debate entre región-nación-mundo.

El espectáculo del no-espectáculo.
….y se inauguró y se sostuvo, y se cerró y nada quedó… Será que a Collazos le dio por preguntarle al jefe (de redacción) si le daba un tiquete y unos días de hotel en Cartagena para ir a cubrir unos de los eventos donde está consagrada la “nacionalidad”? O será que ni siquiera se le ocurrió, por ser consecuente con los grandes temas del país y decidió quedarse con su afilada pluma (bueno desgastado teclado) dando rienda suelta a sus comentarios (agudos y en ocasiones críticos) sobre esta “orgía” de sangre y poder en la que se nos esta convirtiendo la –nación-. El espectáculo vende!!!!

Recordemos también que este es un evento puntual (en medida que es tan solo una de las practicas de las artes) es un evento pequeño, y débil en todos los niveles, conceptualmente (ya que perdió vigencia hace mucho tiempo y está amparado por una idea moderna), presupuestalmente (porque es suntuario y en un país en quiebra es un lujo que no nos podemos dar), de gestión (por que no es solo un problema económico es el de un equipo “profesional” y suficiente en todos lo sentidos que lo pueda llevar a cabo eficaz y sostenidamente), y de proyección social, ya que en medida que usa los recursos de lo “publico” y así usara los de lo “privado” tendría que tener un “para quien” o para “quienes” esta dirigido y actuar en consecuencia….

Aquí seguiré pensando en una suerte de monólogo sobre lo que puede ser y no será.

Y no se preocupen si al país al que no les interesan sus artistas, ustedes pueden crear un país virtual, todo estética – pura estética – aquí en la red.

arolina Caicedo, artista: En realidad no tuve la oportunidad de ver con mis propios ojos el salón, me informé a través de los periódicos.com y el sitio-net oficial, verán, ya no vivo en Colombia, me auto-exilié hace dos años. Y desde hace dos años de Colombia nos hemos ido más de un millón de Colombianos, el mayor índice de emigración en la historia de nuestra Nación.
Yo me pregunto y les pregunto, acaso los que nos hemos ido seguimos siendo parte de la Nación Colombiana? Sin duda seguimos siendo Nacionales Colombianos, residentes en otros países, pero Colombianos todavía. Y si así es, no deberíamos y podríamos participar en un Salón Nacional-SN?

Hasta donde sé, perdonen si me equivoco, en el SN solo pueden participar colombianos residentes en Colombia. Si uno de los objetivos del SN es medir, mostrar, evaluar el panorama artístico Nacional, por qué no incluir a aquellos artistas colombianos que siguen activos en otros países? Se volvería entonces en un Salón Internacional, o tal vez Supra-Extra-nacional?
Unas de las preguntas a responder serían: Dónde comienza, dónde termina la Nación, en nuestros límites geográficos?
Por qué a Juan Montoya le dan premios de excelencia deportiva en Colombia, cuando nunca ha corrido en el País?
Si en realidad hay motivación para descentralizar el SN, porqué no incluír las personas residentes en el extranjero
como otra de las regiones (región extra-nacional)? El hecho de no vivir en Colombia, significa dejar de vivirla?

Mauricio Cruz, teórico y artista: Llegan emails comentando el Salon y uno los lee esperando encontrarse con algo diferente. Caro, obviamente, manda su acta notarial con todo y cedula diciendo que se trata de un bien colectivo (sagrada institucion sin la cual, recuerda Jimenez, el juego perderia su marco, y por consiguiente, su sentido). No falta la pedrada mal escrita y peor pensada del emergente segundon, sin voto, pero con correo electronico, que se extiende peyorativa y pomposamente sobre detalles menores; ni tampoco el periodista angustiado hamletianamente que, aprovechando la ocasión, hace su irritante e impertinente acto de presencia. Otros, autorizados seguramente por los favores de algun lustre burocratico, aprovechan para exhibir el extenuante repertorio de citas innecesarias que hoy por hoy actualizan y bendicen cualquier discurso relacionado con la tal “contemporaneidad”. La sensacion general, entonces, no es muy diferente de lo que viene sonando desde hace mas o menos veinte años en el escaso circulo del arte colombiano. Unos nombres aparecen, otros se esfuman y otros, como Beatriz Gonzalez, persisten dando muestras de una recalcitrante vocacion nacionalista de la cual, los llamados maestros, se excluyeron hace rato suplantados por un enjambre de figuras jovenes que zumban y zumban y de la miel nada…

Es mas, hace rato que el Salon de ARTE no existe como tal. Hablar, escribir, criticar el Salon es realmente la forma social, y verbal, de estar en el. Uno no tiene que verlo ni que mandar obra ni nada. Aparte del climax social de quienes ganaron los premios han visto o han leido alguna vez algo interesante sobre las obras? No resulta sintomatico que estas apasionadas discusiones sobre arte no involucren el arte? Y como todo es cuestion de medios, si en el periodico no aparece reseña (que es hasta donde llega la cosa) pues ahí estan los grupos de internet, las listas de correo que bien que mal permiten el intercambio de expresiones.

Sin embargo, discutir el Salon sin tener en cuenta la difuminacion del ejercicio artistico, de un tiempo para aca, es un gesto irrelevante por anacronico. La esclerosis cultural insiste en la figura de un Salon literal (galpon, contenedor) lleno de objetos mas o menos tridimensionales (sometidos a la gravedad) con el objeto de ser filtrados por algunas eminencias culturales que emiten su veredicto para ilustracion de la tribu momentaneamente aglomerada. Aun asi, por bien organizado que resulte, la estructura misma del Salon termina siempre por contradecir la naturaleza y la necesidad comunicativa de las obras. Es claro que al publico en general le importa un pepino de que se trata la extravagante jugarreta pues esta no tiene con que competir, subliminal ni emocionalmente hablando, con la industria del espectaculo. Pero eso lo sabe todo el mundo. Mientras el Salon no se convierta estrategicamente en otra cosa, el deterioro formal desde el punto de vista comunicativo que hoy vemos en la configuracion de su integridad y funcion social lo mantendra en su natural decadencia. La vieja forma no ha encontrado la suficiente claridad, digamos historica, para diseñar con inteligencia el marco comunicativo que ahora necesita.

Ricardo Arcos-Palma. Critico independiente: Totalmente de acuerdo con Antonio Caro y Carlos Jimenez. El Salon no deberia desaparecer. Qué el Salon huele a moderno, que es una farsa institucional, que no muestra “el verdadero” panorama del arte contemporaneo colombiano, que no funciona, etc, etc…Si Si, pero acaso esa no es la imagen de la nacion en general? Si el Salon desaparece, desaparece también la sola posibilidad de que el arte toque lo publico, por utopico que parezca. Yo ya habia insistido en otro espacio (Columna de arena), que el asunto es mas complejo de lo que parece. Como es posible que los actores culturales (artistas, empleados culturales,…)no se hayan dada cuenta que el asunto de la cultura no es aislado del de la politica? Junca cuando señala las desafortunadas declaraciones del Presidente y de la Ministra de Cultura, esta confirmando la idea que evidentemente el Salon es una vitrina estatal ante todo. Ahora bien si el Salon no funciona es por que las politicas culturales tampoco funcionan. Pero no es el salon en si mismo como espacio artistico. Cambiemosle de nombre, como es
construmbre en nuestro pais. Que no se llame salon, que se llame…digamos Proyecto Circulo, o no importa que otro nombre. Sera
que funciona? No claro que no. Pues mientras las politicas culturales sigan excluyendo lo PUBLICO dentro de sus complejas relaciones, el salon o lo que sea, tendra los mismos problemas.

Pero si el salon o las figuras que le reemplacen se asumen como un bien publico,el asunto podria ser diferente. Evidentemente eso
implicaria una participacion mas amplia de los gestores culturales que tienen a su cargo la puesta en escena de tales eventos.

Si el Salon desaparece, que aparecera a su turno? Amanecera y veremos. De lo que se trata es no cambiar lo que no funciona por algo que funcionara menos y asi hacer desaparecer -palabra que tiene un inmenso sentido tragico en Colombia-, la sola posibilidad de cuestionar un sistema y sus politicas culturales. Por que el salon, mas alla si Fulanito de tal o Pascual gano o no los millones
merecidos, o si tal o tal estan fuera o no, es ante todo esa posibilidad de tocar directamente los estamentos culturales del
estado y hacerles ver efectivamente donde estan fallando. Para ello claro esta debe haber un dispositivo critico, algo ausente en nuestro medio.

Por ultimo Carolina Caicedo evoca algo importante a mi juicio, Que sucede con aquellos artistas colombianos exiliados, de manera
voluntaria o impuesta que viven en el exterior? Hacen parte de ese pais en guerra que pretende dejar la cultura en el ulitmo renglon de las prioridades con la salud y la educacion? Ellos estarian incluidos dentro del panorama cultural nacional. Donde esta el limite de la nacion? Pregunta fundamental pues aunque varios crean que la nacion es un mapa en un papel, no hay que olvidar que la nacion la hacemos todos, por demagogico que parezca. El estado no es sino una minoria. Tomar conciencia de ello claro esta no es nada sencillo.

Yo hago un llamado para que en el foro de la ASAB, se manifiesten este tipo de cuestiones para dilucidar lo publico y lo privado y asi quiza poder pensar este asunto del salon, que no es mas que una cortina de humo que oculta una ineficiencia administrativa del pauperrimo presupuesto de la nacion destinado a la cultura.

Carlos Quintero, artista: He estado leyendo con poca atención la polémica sobre el Salón Nacional de artistas, polémica que se reinicia cada vez que tenemos una nueva versión. Frente a muchos de los comentarios y a la estructura del mismo salón se me ocurre preguntar lo siguiente:

¿El Salón Nacional es de artistas?

Según los comentarios de Escobar-Junca y versiones de algunos participantes, parece ser que la anterior versión fue, como muchas otras, vitrina para los políticos de turno, para las “señoras” y “señores” de la provincia, y para la presentación de la Orquesta de la Capital, que a costos exhorbitantes fue llevada a Cartagena. Por lo anterior, lo menos del Salón fueron los artistas.

Parece ser que los artistas plásticos en Colombia solo somos trompos de poner dependiendo de las ocurrencias de los funcionarios del gobierno y de las fundaciones privadas. Otro caso que se da con mayor frecuencia es el pedir donación de obras o intervenciones de objetos (como en el caso de “Arborizarte”) para “beneficio” común.

En el caso de las políticas y estamentos gubernamentales, los artistas estamos sometidos a las “buenas voluntades” de funcionarios (o será mejor decir burócratas) que desde sus oficinas diseñan las políticas del arte en Colombia. La participación de los artistas en las mismas son casi nulas. Solo unos cuantos artistas “amigos” del establecimiento son tenidos en cuenta. Obviamente el “pensamiento correcto” se impone. Quisiera saber que programas o políticas culturales o artísticas, a nivel nacional se han propuesto para la situación nacional, o mejor aún, para un país en guerra.

Hace pocos días vi en la televisión alemana la reseña de una convocatoria para jóvenes realizadores, llamada “99 euros”. Con este corto presupuesto, se invitaba a los jóvenes realizadores a desarrollar pequeños proyectos que fueron exhibidos en el marco del Festival de Cine de Berlin. Mientras tanto, en nuestra pobre y sufrida patria, el Ministerio de Cultura lanza una convocatoria (hoy vigente) que reparte cifras multimillonarias aunque insuficientes, que son solo para unos cuantos, no más de 5 o 10 realizadores, que además deben buscar el resto de financiación para sus proyectos (en algunos casos más del 50% de la cifra total real del proyecto). ¿Será esta la manera de promover el cine, la cultura y las artes en Colombia?

Por el otro lado, el caso la mayoría de las iniciativas privadas, parecen partir del supuesto de que el mercado del arte es una insdustria boyante, que los artistas pasan por su momento a nivel económico y que esta situación no solo les permite vivir como príncipes, sino que además les permite donar su obra o las “intervenciones”. Bueno, puede ser el caso de algunos bienaventurados, pero ¿serán todos? Claro que es innegable que la oportunidad de aportar a la comunidad y los beneficios publicitarios harán a muchos participar de estos proyectos. Mas quisiera preguntar ¿por qué no hacer subastas para los artistas? Por ejemplo, para bolsas de trabajo o becas de creación e investigación que permitan, ya que el Ministerio cubre precariamente estos campos, generar desde lo privado, acciones que permitan dinamizar el medio.

Detrás de esta problemática hay algo que me parece preocupante pero, al mismo tiempo utópico y difícil de resolver: La carencia de gremio. No hablo de sindicatos de artistas o asociaciones (ya hay algunas creadas) sino de directrices comunes, de reglas de juego claras y colegaje. Parece que el beneficio particular está por encima del bien común, es decir, que los intereses personales o subgrupales están sobre los intereses del arte en Colombia. Hasta que no planteemos una posición clara y común frente al gobierno y a las iniciativas privadas, difícilmente abrá alguna mejoría.

Andrés Gaitán, Director Artes Visuales Universidad Javeriana: Luego de haber visitado el 38 Salón Nacional de Artistas, de su Foro Académico que se organizó como evento paralelo y del reciente Foro sobre el Salón Nacional en la ASAB organizado por John Castels quiero exponer algunos puntos que creo puedan alimentar la discusión, ojalá a favor de encontrar una salida a la eterna discusión sobre la necesidad de continuar con la figura del Salón, sobre sus cualidades y defectos y sobre su relevancia en el devenir del arte colombiano. Estos puntos de alguna manera se alcanzaron a discutir durante el Foro de la semana pasada:

La Estructura del Salón

El Salón de la Europa del siglo XVIII tiene una estructura que se puede definir de la siguiente manera: una invitación a los artistas para que cada uno presente una obra que, reunidas todas, harán parte de una expoisición abierta al público. Su finalidad? Promover y difundir el arte nacional, regional, zonal……..etcétera.

Si miramos de manera puntual cual es la estructura hoy día del último Salón Nacional, a pesar de los innumerables cambios que ha tenido este evento en sus 62 años de haberse creado, ésta es bastante similar aunque con un “pequeño-gran” detalle que debe ser tenido en cuenta: Existen unos Salones Regionales. Estos Salones Regionales aunque parezca atrevido decirlo son los que en últimas han reemplazado al Salón Nacional. Estos Salones Regionales contienen la vieja estructura del Salón Nacional: Convocatoria abierta a todos los artistas de una región para que presenten sus obras y luego de una selección se expondrán en un espacio abierto al público en general. Y si somos un poco más agudos en la mirada, teniendo en cuenta el último Salón Regional de Bogotá, los Salones Regionales van a ser próximamente sustituídos por los Salones Locales: De los Salones Locales pasan al Salón Regional y del Regional al Salón Nacional. La escalera en este sentido se va a volver interminable un día de estos.

De aquí podemos ver que lo que hace el Salón Nacional es filtrar los Regionales para hacer esa gran exposición que contenga todas estas “expresiones regionales”. Una especie de Salón de Salones.

El país así lo está exigiendo en cuanto su territorio artístico es cada vez más amplio y diverso que hace 60, 40 y 20 años. Se requiere que haya una visión del país hoy día para saber hacia dónde nos estamos moviendo y qué tanta repercusión verdadera logra tener un evento de estos hoy día. Será la misma? Podrá algún día ser la misma que hace algunas décadas?

Las ambiciones del Salón y el presente

Cabe preguntarnos con respecto a nuestro presente artístico si será que le estamos exigiendo demasiadas connotaciones al Salón Nacional: Académicas(cuando nadie sabe cómo leer la historia que se está “armando” con el Salón en el instante mismo del Salón), de Termómetro del arte actual (por ende de participación. Léase los grandes ausentes de la Generación Intermedia y Maestros del Arte Nacional), de Difusión (a medias, cuando se hace en una ciudad y no se itinera), de Reflexión (cuando la crítica es cada vez más apática a escribir sobre lo que se expuso en el Salón), y de Investigación (cuando se trata de una convocatoria abierta. la investigación es más un carácter propio de la curaduría).

Vuelvo entonces a insistir en que recordemos la estructura de lo que es un Salón. Si tenemos en cuenta esto, sólo entonces, podremos darle las implicaciones que le corresponden sin tantas ambiciones juntas y tratando al máximo de superar las que en su momento tenían de acuerdo a nuevas posibilidades de organización. La participación llevada hacia el ámbito de regional, la difusión creada a través de mecanismos que puedan lograr una itinerancia, la reflexión buscada por medio de la mirada regional y sus aportes al mapa nacional y el termómetro de un instante y grupos precisos más no del arte colombiano en general.

Dos ejemplos

Hace algo más de dos años se estaba pensando en un Salón que pudiera tener esas características que a su vez se conjugaran con los planes de descentralización. Las Regiones deben expresar su interés por promover y estimular los Salones Regionales. Esto último hace parte de la idea de que el Centro desaparezca; si las Regiones están esperando a que el Centro les defina cómo van a sus Salones Regionales estaríamos entrando en un juego de falsa descentralización. En este sentido recuerdo dos casos puntuales: Los Salones que se organizaron en Sincelejo y Villavicencio. Dos asociaciones que a pesar de no contar con Museos de Arte Moderno en sus ciudades tuvieron la entereza y el desafío de presentar una propuesta que incluía eventos relacionados con su ámbito cultural y cuyo eje era esta exposición. Ellos mismos, con la ayuda del Estado, (y todos sabemos que la ayuda del Estado nunca es suficiente), lograron proponer algo que ningún Museo de Arte Moderno del país ha hecho para la verdadera descentralización de los Salones Regionales: conseguir recursos, gestionar espacios, adecuarlos para esta exposición, realizar eventos paralelos conducentes a una gran manifestación artística y cultural del sector, etc.

A pesar de que si existe un plan nacional de concertación, y a pesar de que si se destinan algunos recursos a los Museos sobretodo si estos proponen proyectos como el Salón Regional, la participación de los mismos es apática a este evento convirtiéndose en una “piedra en el zapato” que más da la impresión de que a ellos no les interesa para nada el Salón salvo por el dinero que se les gira. En esas condiciones es importante hacernos una pregunta: ¿Será que en Bogotá somos los únicos en preocuparnos por cuestionar, continuar, promover y criticar unos Salones Regionales, mientras que las personas a cargo de la gestión cultural de las regiones no quieren saber nada de este evento? Propongo eso sí, que esta pregunta junto con la necesidad de que se muevan los Museos para la consecución de recursos para el Salón Regional (Alcaldías, empresa privada, gobernaciones, etc) les sea formulada a todos los Museos que pueden acoger en sus instalaciones esta exposición.

Propuesta para el Salón 39

Antes que nada quiero aplaudir a la directora de la División de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, María Belén, y a su miniequipo por dos motivos:

1) Por haber logrado armar algo tan inarmable como este último Salón Nacional. Que yo, o algunos, o posiblemente muchos, no estemes de acuerdo con algunas cosas con el Salón mismo, no le quita la valentía con que lo enfrentó. Esta felicitación quiere decir a su vez una reprobación al Gobierno por lo poco que le importa el arte. María Belén supo conseguir desde el Estado (representándolo?) algo que al Gobierno solamente le interesó para inaugurarlo más no para destinar algunos recursos básicos o para facilitar su realización. Esto, a pesar de que se ocultó, se alcanzó a notar en el ambiente. Cabe otra pregunta para el próximo Salón: ¿Al Gobierno entrante le interesará el Salón Nacional? ¿Dispondrá la División de Artes Visuales, en un país cuyas condiciones no son las más sanas, de un presupuesto acorde con sus proyectos? ¿Facilitará a través de la famosa exención o reducción de impuestos la participación de la empresa privada en actividades culturales?

2) Por haber hecho una propuesta para el próximo Salón Nacional. De ahí podemos en carta abierta discutir, debatir y entablar una comunicación con la División de Artes Visuales. Sería recomendable para todos mirar en qué consiste esta propuesta a través de la página del Ministerio.

La propuesta va dirigida hacia algunos aspectos anteriormente señalados:

a. A partir de la convocatoria abierta a los Salones Regionales seleccionar únicamente a los 3 ganadores de los mismos para realizar el Salón Nacional. Este evento nacional no debe tener características de Espectacularidad sino de mirada y de confontación nacional a través de sus regiones.

b. Si son 7 Salones Regionales podremos contar con un Salón Nacional que se conformaría por 21 obras que se pueden itinerar por todo el país. Cumpliendo con la difusión; ingerdiente primordial de las actividades del Ministerio. Los miembros del Jurado son quienes apoyarían los eventos académicos sobre lo sucedido en las regiones; sobre la mirada, exhaustiva eso sí, de la premiación y sobre las características propias de la región.

c. Si en realidad son 90 millones de pesos los que se destinarían para los tres grandes premios del Salón Nacional, se puede lograr con este dinero unas bolsas que cubran envíos, seguros, alojamiento y viaje de los artistas participantes. Con que desde el Salón Regional cada artista ganador reciba un monto para que cubra estos gastos para su adecuada participación en el Salón Nacional podremos concluir que se está escuchando algunas de las quejas que se formularon, por parte de ellos mismos, en el último Salón y en salones anteriores.

d. Buscar que el compromiso de los Museos de Arte Nacionales sea verdadero para que se logre una recepción adecuada de las expoisicones que se realizarán en el marco del Salón Nacional. No basta con que un Museo o Institución diga que quiere hacer el Salón para hacerlo: se requiere generar el compromiso para recibir adecuadamente la exposición. Algo así como los juegos Panamericanos, si no hay ni instalaciones adecuadas ni el compromiso de buscar un mejoramiento de las mismas no se debe entrar en este circuito. Quienes resultan lastimados y pagando el “pato” terminan siendo los artistas.

Otras actividades

Dado que se le quita espectacularidad y grandes pretensiones al evento Salón Nacional, para dejarlo en el plano que le corresponde, sin que esto signifique un maltrato al mismo, sino más bien considerándolo en su justa medida y realzándole todas sus bondades, podremos entrar en otra etapa que es la de buscar otras actividades que son de absoluta relevancia para la División de Artes Visuales: Proyecto Pentágono? algún o algunos otros proyectos de investigación? Miradas sobre el Arte Contemporáneo? Revisión sobre problemáticas transversales del Arte Nacional?

Es conveniente en este instante hacer saber que desde hace un año hemos sostenido reuniones periódicas entre directores de Facultades de Arte en Bogotá discutiendo sobre asuntos concernientes a nuestra actividad, nuestra responsabilidad y nuestros aportes hacia el arte nacional. Los temas han sido el del Salón Nacional, Pentágono, nuevos espacios del arte y eventos académicos interfacultades, entre otros. Considero importante que, ya que se menciona esto, quede claro que desde las instituciones académicas existe un interés por participar y apoyar todas las iniciativas que correspondan a un mejoramiento en la actividad artística del país. ¿Acaso las investigaciones de Pentágono, entre otras, se pueden realizar a través de las Universidades con propuestas seleccionadas vía Ministerio de Cultura?

Andrés Gaitán, Universidad Javeriana: El Salón es un bien público?
Lamento estar en desacuerdo con quienes piensan que el Salón Nacional de Artistas sea un bien público. Primero tendrán que demostrarlo de la misma manera como se puede demostrar que un parque es un bien público. Me refiero a si el Salón en exclusividad es un bien público o cualquier manifestación artística o cultural sean, de por sí, un bien público, o ¿por qué lado podemos nosotros nombrar algo de un momento para otro como bien público? ¿Cuando se gesta este bien?

Les solicito que hagan una exposición un poco más amplia para dejar en claro a qué nos referimos cuando planteamos algunas “certezas” como la cuestionada anteriormente. Volvemos eso sí a lo mismo que mencionaba en otro mensaje enviado anteriormente: se está defendiendo un nombre que es el de SALÓN pero todavía no sabemos ni siquiera de qué se trata ni cómo tratarlo. ¿Será que la palabra SALÓN es el “bien público”?

Hemos llegado hasta tal punto que todos estos mensajes defienden al Salón con pretextos externos al mismo. Miremos cuidadosamente su estructura y veamos el hoy día, aquí y ahora con el Salón y sus grandes, medianos y nulos aportes. Contexto!
Vuelvo y digo: “No lo sobredimensionemos ni le pidamos que sea algo más que un Salón Nacional de Artistas (Jóvenes)!!!!

De buena gana y con todo el respeto les dejo a Carlos y Antonio este pedacito.

Carlos Jiménez, crítico: Andres, cuando digo bien público me refiero a aquellos lugares, medios y
actividades que responden directamente a los intereses, los deseos y las necesidades del conjunto de la sociedad y no solo o exclusivamente a los de una clase o a un grupo mas o menos amplio de integrantes de la misma. El
Estado es el bien público por excelencia, aún en los casos, tan frecuentesdesgraciadamente entre nosotros, en los que quienes por las razones que sean se hacen a su dirección, tiendan a usufructuarlo o de hecho lo usufructúen
como si fuera un bien privado. Y el arte también es público, en cuanto actividad admitida, demandada o comprendida por el conjunto de la sociedad, cuando se trata de sociedades modernas o posmodernas, porque como bien se
sabe el arte ni siquiera es considerado como tal en las sociedades que no lo son o no han podido o no han querido llegar a serlo. De allí que el arte no se pueda reducir sin arbitrariedad o abuso a la actividad de unos cuantos y que el Estado deba estimularlo y propiciarlo al igual que lo hace con la salud, la educación o la llamada ahora defensa nacional. Y una de las formas
que tiene para hacerlo en Colombia es el salón nacional y mas en un país como el nuestro de casi 40 millones de habitantes donde a duras penas hay tres o cuatro o museos que merezcan el nombre, entre otras cosas porque sus
presupuestos son tan miserables que cuando uno lee sus cifras le dan ganas de ponerse a llorar. Y no hablemos de las galerías de arte, que son menos.

Por último respondo a la objección de porqué en este debate hablamos tan poco del arte en general o del colombiano en particular. Hombre, simplemente porque esta es una discusión sobre el salón nacional – y por extensión sobre las condiciones materiales e institucionales del arte en Colombia- y no una discusión sobre el arte mismo, que desgraciadamente en Colombia es tan débil
como lo es el propio arte contemporáneo por razones que podrían debatirse en otro momento. O en otra instancia.

Antonio Caro, artista: El Salón, por sus repetidas convocatorias y realizaciones, es ya un derecho adquirido y, aunque no sea una cosa, como un parque o una avenida, lo considero, por extensión, un bien público, pues es un evento que el estado propicia para el uso, disfrute y goce de los colombianos.

En mi opinión, los colombianos deberiamos considerar al Ministerio de Cultura como un bien público – al fin y al cabo, las culturas son nuestras – para ejercer así, el deber cívico de criticar las actuaciónes de sus funcionarios, por ejemplo, la escogencía de Cartagena, como sede del pasado Salón.

Desafortunadamente, como lo dijo Carlos Quintero, los artistas carecemos de “espíritu de gremio”

Mauricio Cruz, teórico y artista: Llegan emails comentando el Salón y uno los lee esperando encontrarse con algo diferente. Caro, obviamente, manda su acta notarial con todo y cedula diciendo que se trata de un bien colectivo (sagrada institucion sin la cual, recuerda Jimenez, el juego perderia su marco, y por consiguiente, su sentido). No falta la pedrada mal escrita y peor pensada del emergente segundon, sin voto, pero con correo electronico, que se extiende peyorativa y pomposamente sobre detalles menores; ni tampoco el periodista angustiado hamletianamente que, aprovechando la ocasión, hace su irritante e impertinente acto de presencia. Otros, autorizados seguramente por los favores de algun lustre burocratico, aprovechan para exhibir el extenuante repertorio de citas innecesarias que hoy por hoy actualizan y bendicen cualquier discurso relacionado con la tal “contemporaneidad”. La sensacion general, entonces, no es muy diferente de lo que viene sonando desde hace mas o menos veinte años en el escaso circulo del arte colombiano. Unos nombres aparecen, otros se esfuman y otros, como Beatriz Gonzalez, persisten dando muestras de una recalcitrante vocacion nacionalista de la cual, los llamados maestros, se excluyeron hace rato suplantados por un enjambre de figuras jovenes que zumban y zumban y de la miel nada…

Es mas, hace rato que el Salon de ARTE no existe como tal. Hablar, escribir, criticar el Salon es realmente la forma social, y verbal, de estar en el. Uno no tiene que verlo ni que mandar obra ni nada. Aparte del climax social de quienes ganaron los premios han visto o han leido alguna vez algo interesante sobre las obras? No resulta sintomatico que estas apasionadas discusiones sobre arte no involucren el arte? Y como todo es cuestion de medios, si en el periodico no aparece reseña (que es hasta donde llega la cosa) pues ahí estan los grupos de internet, las listas de correo que bien que mal permiten el intercambio de expresiones.

Sin embargo, discutir el Salon sin tener en cuenta la difuminacion del ejercicio artistico, de un tiempo para aca, es un gesto irrelevante por anacronico. La esclerosis cultural insiste en la figura de un Salon literal (galpon, contenedor) lleno de objetos mas o menos tridimensionales (sometidos a la gravedad) con el objeto de ser filtrados por algunas eminencias culturales que emiten su veredicto para ilustracion de la tribu momentaneamente aglomerada. Aun asi, por bien organizado que resulte, la estructura misma del Salon termina siempre por contradecir la naturaleza y la necesidad comunicativa de las obras. Es claro que al publico en general le importa un pepino de que se trata la extravagante jugarreta pues esta no tiene con que competir, subliminal ni emocionalmente hablando, con la industria del espectaculo. Pero eso lo sabe todo el mundo. Mientras el Salon no se convierta estrategicamente en otra cosa, el deterioro formal desde el punto de vista comunicativo que hoy vemos en la configuracion de su integridad y funcion social lo mantendra en su natural decadencia. La vieja forma no ha encontrado la suficiente claridad, digamos historica, para diseñar con inteligencia el marco comunicativo que ahora necesita.

Carlos Jiménez, crítico: Estoy de acuerdo con Mauricio Cruz en la sugerencia de considerar al Salón como un medio de acercar el arte al público pero no tanto en que haya fracasado completamente en el cumplimiento de esa tarea. Sea lo que sea o haya sido, lo cierto es que el Salón en todas las oportunidades ha acercado al público al arte y si en alguna ocasión o en todas no lo ha hecho con la suficiente eficacia entonces lo que hay que hacer, tal y como tu igualmente sugieres, es modificar su estructura y multiplicar los medios de los que dispone para que expandir esa conexión.

Y, por último, una nota que no es enteramente al márgen: me gustaría que quienes no quieren el Salón nos explicaran su proyecto alterno. Duplicar o triplicar el presupuesto de los museos de arte? Crear tres, cuatro, siete centros de arte contemporáneo?
Organizar un evento de alcance internacional como las bienales de Sao Paulo o La Habana o siquiera como la de Lima? Crear bolsas de estudio y de viaje para los jovenes artistas colombianos? Generalizar un régimen de intercambios con los principales centros de arte contemporáneo del mundo?

En fin, propuestas, propuestas, que sino la argumentación en favor de la liquidación del Salón puede terminar convertida en apenas un capítulo de la argumentación a favor del recorte general de todo gasto público que no sea el invertido en la defensa nacional.

Este debate se realizó en la red de EsferaPública durante los meses de febrero y marzo del 2002

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