totalmente de acuerdo

Estoy totalmente de acuerdo, a mi correo institucional llegó un mensaje escrito por Andrés Hoyos el Director del Malpensante, el cual reenvíe a muchos de mis contactos y parte de la inmensa minoría, donde se invitaba a escribir a los directivos de Caracol, quienes con una respuesta de esas que escapan por la tangente, hacen alusión a que la HJCK dará un paso hacia adelante y será transmitida solo por Internet, asunto que no me parece lógico si el tema fuera avanzar mantendrían la programación de forma simultánea y se interesarían como dice Juan Carlos Garay en el prestigio y “target” creado durante tantos años.

Adjunto envío el Iceberg del Malpensante escrito por Andrés Hoyos y la respuesta de Caracol, sin contar el sinúmero de respuestas que tuvo la respuesta de Caracol, quejándose al respecto.

Sandra Becerra Rubio
Directora Biblioteca Bansuperior

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la HJCK de Prisa

Me quiero sumar a las voces de la “inmensa minoría” que clama por que en esta negociación se proceda con coherencia y responsabilidad histórica. Me resisto a pensar que el Grupo Prisa, ante todo un gigante de las industrias culturales, no pueda convertirse en socio protector de la HJCK para fortalecerla sin que tenga que ceder su sitio en el dial o cambiar la naturaleza de su programación habitual, que uno no puede concebir sin su Revista Semanal, sin las series de la BBC, entre ellas El Quijote, que actualmente se transmite, sin el JAZZZZZZ de Roberto Rodríguez Silva o sin las voces de los autores latinoamericanos recogidas por décadas por la emisora y que hoy constituyen un rico legado del patrimonio radial y literario iberoamericano. Hay varios motivos que me llevan a ser optimista con respecto al Grupo Prisa y su tratamiento frente al tema:

1. La HJCK fue en 1962, la primera emisora latinoamericana en recibir el Premio Ondas de radio y tv, que entrega cada año precisamente el Grupo
Prisa.
2. El Grupo Prisa, con Don Jesús de Polanco, se ha caracterizado desde hace muchos años por su mecenazgo hacia la cultura, para la muestra un botón: la adopción del Teatro Real de Madrid, que gracias a ello es una de las más importantes instituciones difusoras de la música.
3. Es innegable que la HJCK en llave con la Fundación Santillana, uno de los baluartes culturales del Grupo Prisa, puede enriquecer el vínculo cultural entre España y América Latina.
4. La actividad del Grupo Prisa en radio no se reduce a las 40, también ha mantenido formatos como Colorín Colorradio.

Todas estas razones, sumadas al clamor de esta inmensa minoría (que, como Juan Carlos Garay, no creo que sea tan minoritaria), me llevan a abrigar la esperanza en que la razón y el sentido de responsabilidad de los señores del Grupo Prisa los llevará a proponer una fórmula coherente con su filosofía y trayectoria en favor de la cultura.

Cordialmente,

Alberto Sanabria


réquiem por la crítica de arte

Texto bastante interesante el de Lucas Ospina. Texto interesante pues revela de una u otra forma un síntoma: la ausencia de crítica en nuestro medio. No porque la crítica haya desaparecido de nuestro medio, sino más bien porque no pudo desarrollarse. Si el camino abierto por la crítica Marta Traba y emulado por algunos comentaristas posteriores, y no propiamente críticos, ha desaparecido sin haber existido, esto me parece algo complejo. Complejo por el hecho de nacer de nuevo (reencarnación con todo el viso cristiano que esta idea contiene) la figura del crítico, en la figura del curador-crítico y del artista-crítico con su arte-crítico.

Si la crítica o la figura del crítico ha muerto, y esto no es un juego de palabras, Lucas me puede explicar por favor, ¿qué es entonces un arte crítico y un curador crítico? ¿Será que la crítica que usted anuncia como muerta, no “reencarna” extrañamente en ese arte crítico del que usted habla y del curador que hace crítica con su ejercicio curatorial, como lo planteó en una ocasión José Ignacio Roca?

Sinceramente creo que la crítica, en nuestro medio no ha muerto, pues ni siquiera ha nacido.

Ricardo Arcos-Palma


una crítica de arte

El interés por la crítica de arte ha disminuido notablemente en las últimas décadas. El crítico de arte desapareció y su puesto fue ocupado por el curador de arte. Esta transacción no pasó de un día a otro, fue un proceso lento y gradual. Algunas veces se dio una mirada al asunto y tanto el público como los especialistas se vertieron con estusiasmo sobre ciclos de conferencias y publicaciones dedicadas a resaltar la importancia de la crítica de arte, pero estas iniciativas nunca alcanzaron una dimensión significativa: los hechos siempre demostraron que preguntarse por la crítica de arte era contraproducente, las inquietudes de ese tipo eran una herencia del pasado ajena al espíritu de estos tiempos. La crítica de arte ponía límites donde ya nadie los veía: si un curador decía que la obra de un artista era política, el crítico de arte diría que para que fuera política tendría que alcanzar antes una dimensión política; si un periodista era fiel a los comentarios de un artista y los amplificaba en la prensa, el crítico de arte usaría las palabras del artista para medirlo bajo sus propias premisas; si un publicista inventaba una campaña de caridad donde los artistas hicieran obras, el crítico de arte “criticaría la calidad de las obras” olvidando el noble fin que había detrás de la campaña; y finalmente, si un medio de comunicación daba espacio a un crítico de arte, tarde o temprano el crítico terminaría criticando al medio de comunicación. Esta actitud del crítico de arte no era consecuente con la idea de religar arte y vida, al contrario, al describir los límites de la obra de arte el crítico lo que hacía era evitar que el arte fuera parte de esa promesa de paz y libertad que ilusiona a la humanidad en los momentos más difíciles. El crítico de arte mediante su descripción no añadía nada, se limitaba a limitar; el crítico de arte era un parásito que nadie sabía para que servía o que interés perseguía.

Ha sido siempre urgente dar una respuesta a los cuestionamientos apocalípticos que se empeñan en declarar el fin del arte —o a aquellos más recientes que preguntan sobre el papel del arte ante la globalización o que versan sobre la responsabilidad ética del artista transnacional dentro de la moralidad postcolonial (por no decir posmoderna)– esas preguntas, y muchas otras, demandan una respuesta inmediata y cualquier digresión que entorpezca esas pesquisas de la teoría es un ejercicio practicado únicamente por diletantes. Porque preguntarse aquí y ahora sobre “¿Porqué o para qué hacer crítica de arte hoy día?” es propiciar una paradoja. Se sabe que el arte actual es tan crítico que el espacio que ocupaba la crítica de arte ha sido invadido por la obra misma, decir “crítica de arte” es un sofisma, pretender criticar al artista es desconocer el nivel de especialización al que ha llegado el sector de la cultura. Ya no es la época en que el artista sabihondo de técnica pero falto de teoría era víctima de comentarios malévolos y algunas veces justificados, “bruto como un pintor” se decía. Ahora gracias a la profesionalización del arte, los artistas que se gradúan de las universidades han dejado bien atrás a su pariente el artesano y han alcanzado un nivel de conciencia histórica y de autoreflexión que hace posible, por ejemplo, que esa mala pintura que vemos en la galería no sea una mala pintura (como la llamaría un crítico de arte) sino una crítica a la mala pintura. “Pinto mal para poner en evidencia la mala pintura” es el gesto del artista contemporáneo, una crítica que demuele a la academia, una crítica que demuele al comercio y finalmente, una crítica que demuele a la crítica (de arte); y si bien el crítico de arte podría inferir cierta contradicción en el hecho de que la crítica que demuele a la academia sale de la universidad o que con la crítica que se demuele el comercio se comercia, estos argumentos confirman el ocaso de un pensamiento procrastinador que mediante comentarios irrefutables pero poco convincentes se abstiene a participar del goce de este mundo.

lucas ospina

continúa en >
http://www.esferapublica.org/unacriticadearte.htm


zozobra por la HJCK

Cuando tenía ocho años, les dije a mis padres que quería ser pintor. Ellos no se alarmaron sino que, por el contrario, decidieron llevarme una tarde entera al taller de la pintora Gloria Caicedo para que me familiarizara con caballetes, lienzos y todo lo que hay en un espacio así. Esa tarde es imborrable en mi memoria: Gloria pintaba (y aún lo hace) escuchando la HJCK, y en un momento sentí que me cautivaba hasta el fondo del alma una combinación maravillosa: el olor de los disolventes y los óleos se mezcló con la pieza sinfónica “El Mar” de Debussy. A la HJCK le debo la primera experiencia mágica de mi vida.

Valga decir que no me hice pintor sino radiodifusor, ganando de paso una gran amiga. Hoy, cuando digo que Gloria y yo estamos en zozobra, no creo hablar de dos casos aislados; hablo a nombre de todos los integrantes de esa “inmensa minoría” de oyentes, que en verdad es más inmensa y menos minoritaria de lo que muchos imaginan. El Grupo Prisa (propietario de la cadena Caracol) está avanzando negociaciones para adquirir, al menos por un lustro, la frecuencia de 89.9 megahertz por la que se oye actualmente la programación cultural de la HJCK.

Pero una cosa es adquirir una frecuencia y otra muy distinta acabar con una emisora. Los planes que el Grupo Prisa tiene para la tradicional frecuencia han sido elaborados y negociados con más afán que conciencia. Quieren ubicar en esa frecuencia la emisora Los 40 Principales, que no se distingue en nada de las otras 52 que ellos manejan en FM: emisoras cuya programación consiste en repetir una y otra vez las mismas canciones.

Tal vez no han sabido ver que el verdadero reto sería aprovechar su experiencia en la radio comercial para apoyar un proyecto cultural. Hablando en sus términos, la HJCK es una “marca” de prestigio con un “target” exclusivo que, en lugar de acabar, podrían entrar a dinamizar.

Un teórico musical solía decir que hay dos clases de música: la que se escucha con los pies y la que se escucha con la cabeza. Y sin bien el baile es una necesidad vital que en ningún momento pretendo demeritar, solamente con la segunda música puede haber una expansión de la conciencia. Eso fue –lo juro– lo que experimenté la primera vez que escuché a Debussy: sin dolor, sin gran esfuerzo mental, de repente se abrió un universo nuevo ante mí y, al cultivarlo, me hice un ser humano más sensible.

Musicalmente, los nuevos dueños de Caracol no le han apostado a nada que esté más arriba de la cintura. Ojalá sepan ver que, en ese sentido, tienen ahora una oportunidad de verdadero crecimiento.

Juan Carlos Garay


desaparece la HJCK

Apreciados Amigos
Emisora HJCK

Con profunda tristeza y porque no decirlo indignación he recibido la noticia de la desaparición, espero temporal, de la emisora en su habitual frecuencia radial. Máxime cuando su programación que he seguido durante toda mi vida ha llegado en los últimos tiempos a tener una gran calidad combinando elementos contemporáneos con la excelente programación clásica de siempre, en un nivel que a toda la gente de la cultura como al oyente desprevenido llena de gran orgullo. Que inmensa satisfacción seguía siendo el abordar un taxi en Bogotá y encontrarse con que su conductor estaba escuchando la HJCK, experiencia no tan inusual que ahora desaparecerá como muchas otras posibilidades de disfrute de la emisora. No todos pueden tener un portátil y el sistema de sonido adecuado para desplazarse o ubicarlo en los diversos lugares de recepción.

Espero de todo corazón que esta decisión tenga reverso y que la fiel inmensa minoría no quede abandonada y presa de la voracidad mercantilista y deshumanizada de los dueños de los medios de comunicación que solo piensan en el lucro y no en la cultura y la educación de la gente valores que no tienen precio.

Por último decirles que he tratado de escuchar la emisora por Internet y es un verdadero desastre, el almacenamiento en buffer hace que la audición se interrumpa constantemente.

Con todo mi aprecio

Nadín Ospina

***

El siguiente texto, que saldrá en la sección del Iceberg del N66 de la revista (El Malpensante), les puede interesar. Si es así, por favor reenvíelo a tantas personas como pueda >

Estimados amigos,

Los que en Bogotá y en Colombia le apostamos a la cultura nos estamos quedando solos, y la sensación que acompaña a este doloroso proceso es en extremo desagradable.

El último episodio de nuestra creciente soledad cultural proviene de un golpe que se anuncia de veras drástico para la capital del país: el grupo Prisa, que comprende un sinnúmero de medios de comunicación en España y en América Latina y que en Colombia es propietario de las 100 emisoras de Caracol Radio, acaba de tomar en arriendo la frecuencia por la que la hjck ha transmitido su estupenda programación para “la inmensa minoría” durante 55 años, y ahora, dicen, la van a usar para transmitir vallenatos. No creemos estarnos querellando con el espíritu sacrificado de doña Consuelo Araújo si decimos que cambiar el actual espectro estético de la hjck, que comprende las veinte vertientes de la así llamada música clásica, además del jazz, el blues, el rock clásico, las músicas del mundo y el amplio cubrimiento cultural nacional e internacional por un sin fin de vallenatos es una barbaridad. Con la idea de dorarnos la píldora, los arrendatarios de la frecuencia dicen que la programación habitual de la hjck se seguirá transmitiendo por internet, lo que sin duda conseguirá para la emisora pequeñas audiencias, digamos, en República Dominicana, en Singapur o hasta en Simití, Bolívar, pero a nadie puede caberle la menor duda de que si la programación se transmite tan sólo por internet, la audiencia que tiene la hjck en Bogotá se reduciría a una mínima expresión, y eso para todos los efectos significa la muerte del medio, pues es casi imposible mantener la calidad actual de los programas, hechos por profesionales muy exitosos y buscados, quienes,nos atrevemos a asegurarlo sin consultarles, no estarán dispuestos a trabajar para que los oiga tan sólo una pequeña fracción de la audiencia a la que estaban acostumbrados.

Nadín Ospina

Pueden escribir a info@hjck.com para protestar o dar su opinión


convocatrorias, hegemonías, autorías

Transcripción de un fragmento no escrito de un diario que sí debió haber sido escrito:

Primera anotación: digresión: la imposibilidad lógica de ser autor

Ultimamente, frente a la linea de acción que propone la pérdida del peso egocéntrico del edificio de la personalidad en favor de una idea, de una cadena de símbolos (¿o son signos?) de lenguaje, acordonada la unión de intencionalidades con la soldadura de tres o mas o varias intervenciones esféricas, me he dado cuenta de lo risible que le resulta a la idea el que el fulano que se ufana de concederle existencia pretenda desdibujarse en un anonimato sobre el que no le concierne decidir… Es como ver esa película “los otros” en donde nos damos cuenta que nosotros somos los “otros de los otros”, gente que ya murió y que cree ver fantasmas cuando tiene contacto accidental con la superficie del mundo de los vivos. La idea parecería ser el único organismo permanente y nosotros mero soporte asegurador de su continuidad; no es casual que un hombre desee postular una idea que le supere mas allá de su muerte; no son sus deseos los que se expresan -un soporte no tiene intenciones, solo cualidades-, sino los deseos de la idea (mencionar que la definición de la palabra idea es tan difícil como la de dios mismo, además, la definición de idea es también una idea) Los que llamamos humanos serían solamente significantes mortales en la relación entre significado y significante.

La misma inversión ocurre con el tema de las políticas de gobierno, de gestión, de acción funcionaria (revisar el siguiente tema: el curador como alcalde) Las políticas permanecen y los funcionarios perecen; su recuerdo tal vez permanece, pero dado que todos los hombres tenemos un tiempo medido, una cantidad de pulsaciones que están adjudicadas por un azar amoral e inmisericorde, las políticas nos anteceden, nos antecederán y nos suceden y nos sucederán. Nosotros somos las ficciones de las políticas que creemos que hemos trazado; de esta forma servimos a un proyecto a veces en la forma pretenciosa de la función de “autor”. La autoría, desde esta perspectiva, es una imposibilidad lógica y no depende de la correspondencia matemática entre idea y autor: el “autor” será siempre un significante con caducidad mortal, humana.

Segunda anotación: pragmática: ¿Por qué presenté “una propuesta” a la convocatoria para el pasado salón regional?

Cansado de quejarme de la excesiva concentración de poder, figuración y “usurpación de funciones” de algunos curadores, o varios o único funcionario público -y de las solidaridades y lealtades implícitas entre grupos de curadores y artistas privilegiados con sus curadurías- vi con esperanza la aparición de una convocatoria en esfera pública para el salón regional de Bogotá. Si se la miraba con atención la convocatoria contenía un equívoco que debería haberla hecho parecer sospechosa: decía que el plazo para presentar trabajos vencía el día lunes 6 de septiembre de 2005. Por determinismo calendario, el 6 de septiembre resultó ser martes, por ende, técnicamente es posible alegar que la convocatoria aún no ha cerrado (¿Pero a quien le importa en este momento después de tanta exhibición de amistad?) Sin embargo, la convocatoria surtió efecto, y casi nadie objetó la discrepancia entre la fecha y el día, antes de presentar su trabajo ni tampoco después. Si se la miraba con cuidado, la convocatoria también señalaba que la curaduría “contemplaba” una convocatoria abierta (pero no que fuese su único mecanismo)

Tengo la esperanza en que una curaduría ejercida por una persona en cierto modo ajena a lo que yo creía eran los circuitos mas cerrados de poder de administración de los asuntos artísticos podría mirar mi trabajo son cierta imparcialidad, con cierta distancia pasional. Aquí es entonces donde surge el tema de la idea como significado que subordina a una cadena infinitamente larga de significantes mortales en permanente procreación: el discurso es superior al individuo, la obra presentada es descalificada con el siguiente argumento: “Propuesta # 16: Son buenas fotografías. Sin embargo, las imágenes por sí mismas resultan herméticas. Es necesario explorar la incidencia o en el espacio o en el espectador”. ¿Tenía razón la curadora? Para los que han seguido con paciencia esta íntimo ejercicio pragmático les diré que la obra en cuestión se refería a las imágenes publicadas en el Observatorio ( http://www.elobservatorio.info/lentescontra.htm ) ahora bajo el título de “Todo lo que puedes tocar”, que participaron también en la curaduría itinerante realizada por Fotología 4, acompañadas de este simpático texto a favor de la gestión administrativa sobre el espacio público: “Todo lo que puedes tocar es aquello que permanece una vez descartado todo lo que no puedes tocar. La ciudad parece florecer bajo el axioma de la defensa de un espacio público, pero persiste una contradicción, y es el aumento de lo que no se puede tocar. A medida que crece en el territorio del espacio público la presencia de lo que no se puede tocar, la definición de lo público se empobrece hasta quedar reducida a un mero slogan intrínsecamente ligado a las estrategias publicitarias que lo defienden”. Los espacios que no se pueden tocar entonces son los intocables; allí están las instituciones, los curadores, los funcionarios, los comités de selección, los fallos inapelables, el diesel de los buses, el espacio público… ¿Qué otras instancias tienen en común la “intocabilidad”? ¿Bryan de Palma?

Es claro que la obra no eran las fotos, sino las fotos acompañadas por el texto “ilustrativo” que por lo visto, no alcanzó a ser suficientemente no hermético. (Si la condición “hermética” fuera un absoluto de naturaleza únicamente negativa diría que más hermético que las fotos me resulta el comentario de la curadora). Miremos ahora la cuestión sobre la exploración del espacio o la incidencia en el espectador: las fotos han recorrido la red en el territorio del observatorio ( http://www.elobservatorio.info/ ) y en forma material ocuparon diversos lugares físicos -plazas, parques, universidades- bajo el recorrido de Fotología. Me parece entonces que la objeción sobre la incidencia en el espacio es bastante débil, pero suficientemente fuerte y contundente enaras de ejercer el despotismo ilustrado del que se ha hablado… (¿Quién será el significante transitorio y mortal de este significado permanente “despotismo ilustrado”?) De otra parte: ¿Cómo se miden los niveles de incidencia una obra? ¿Mediante una “obra curatorial” que logra domesticar a una masa para lograrla incidible? o ¿mediante una planilla funcionaria que coteja técnicamente la asistencia contra el grado de asombro o bostezos?

Entonces prevaleció el significado permanente de “lo colectivo, la relación con el espacio, la interacción con el espectador”. Prevaleció la fortaleza hegemónica del discurso homogénico por encima de la figura del curador. El curador prefirió adherirse -o simplemente no tuvo opción como significante o soporte del discurso- a las buenas y prudentes convenciones curatoriales antes de tomar riesgo e intentar siquiera modificar el canon del correcto accionar como curador, de ser esclavizado por otro discurso. Como dice otro significante mortal (significante Falguer), si la obra no sirve como pretexto para que el curador exhiba su conocimiento, entonces no es obra. (La crítica fácil de la acción de autolegitimación le caería encima entonces a cada curador cada vez que intenta una curaduría, amigo mathurin milan)

Ni despotismo ilustrado ni participación demagógica (“demagogia participativa”) El primero sirve para que sin necesidad de interponer explicación alguna el tirano puede elegir libremente y sin compromiso frente a los excluidos a sus mejores amigos o artistas (que pueden o no coincidir); el segundo para tejer el engaño de que las obras son seleccionadas en función de sus méritos, y así legitimar las trayectorias y los logros dudosos de los mejores amigos del curador. Línea de acción: no puede saberse, el día a día propondrá a cada quien sus opciones; con el apuntalamiento de los privilegios de poder las decisiones serán cada vez menos inocentes.

Tercera anotación: citas comparadas:

Este es un tema que me apasiona, porque puede verse fácilmente cómo el afán por lograr políticas y líneas de acción tan coherentes como un algoritmo matemático conducen a las mas abruptas contradicciones:

“Los proyectos presentados confirman que la investigación curaturial implica distintas instancias: formación, investigación, creación, circulación, gestión, recepción. Muchos de ellos traen propuestas formativas de artistas, públicos, circulación por páginas web, canales regionales, etc. Todos consideran importantes las estrategias de apropiación y formación de públicos.” (Enviado a esfera pública por el significante Carolina Azuero, 5 de octubre de 2005)

” Lo homogeneidad de los discursos y métodos parece ser ahora el principal obstáculo al que se enfrentan las prácticas curatoriales.” (Jaime Cerón, enviado a esfera pública el 16 de octubre de 2005)

De un lado se propone la investigación curatorial como una actividad que inequívocamente presenta las instancias de …(arriba se enumeran), de otra parte, en una intervención que nos quiere encandilar con la ilusión de la capacidad autocrítica, Jaime Cerón “denuncia” la homogeneidad de los discursos de las prácticas curatoriales.

Sobre la necesidad de públicos: ¿los requiere el funcionario porque así puede justificar el presupuesto anual asignado en la razón de costo por unidad de público (ojo, unidad de público es una persona) convocada?. ¿Será útil al artista o a una esperada proyección de rentabilidad electoral de una administración o una alcaldía? ¿Le será útil al artista la utilidad al funcionario? ¿Por qué no existe tan solo un proyecto que no confirme la necesidad de formar públicos? ¿Obedece esto a la homogenización “pioneramente” denunciada por Jaime Cerón? ¿Se acerca el público al nivel de ilustración que pretenden los artistas, o por el contrario, crecen los niveles de asistencia de públicos manipulados cercanos a la condición de analfabetas funcionales? El primer derecho del “público” es el derecho a no ser “público” y a no ser tratado como “público”.

En el caso del intelectual funcionario, como puede leerse en una entrada reciente de blogesfera, el carácter de intelectual debe ceder enteramente a la necesidad de que los funcionarios logren exhibir la consistente función de sus modelos de políticas. Prima el carácter de funcionario por encima del intelectual. Y bien ¿qué ha hecho Jaime Cerón en sus últimos diez años para evitar la homogenización de los discursos? (ej: ¿no es el Salón de Arte Bidimensional un lugar de discriminación que confirma el discurso hegémonicomogéneo?) Me gustaría saberlo. Doy por terminada aquí esta intervención porque comienza a terminarse el sentido del humor.

Pablo Batelli

PD. Para Mery Boom: si tomamos la fracción de 17 sobre 200 (8.5%) veremos que es al menos dos veces superior a 4 sobre 100 (4%), lo que quiere decir que la probabilidad de entrar a un salon regional cayó por un 50% de un año a otro, al igual que los aspirantes. ¿Tendrán algo que ver los bajos índices de aceptación de las propuestas recibidas por convocatoria abierta con una deserción de un 50% de aspirantes entre un año y otro? ¿Marcará una tendencia?

PD. Lamentablemente, Pedro Falguer, cuando se habla con nombres propios, se experimenta la retaliación en forma del horrible señalamiento de lanzar “ataques personales”. ¿Acaso hay algo más personal que una idea? ¿Acaso hay algo mas personal que una obra? ¿Es posible criticar la obra sin criticar al artista, criticar la gestión sin criticar al gestor?