salòn a vuelo de pàjaro

Mientras Bogotá y el centro discuten la válidez de la curaduria y el criterío escogido para hacerla real, en el sur de colombia ya estamos viviendo el experimento en carne propia. El 7 de octubre se dió apertura en Neiva al Salón Regional Sur con dos curadores a bordo. Lo que se ve, no es un salón de artistas como lo dice el nombre, sino un salón de curadores. Dos proyectos que entablan un diálogo forzado y en el cual la región no se siente plenamente.

La muestra ocupa los tres pisos de la Biblioteca Departamental del Huila y abarca 75 obras de 52 artístas, en donde abundan la pintura y las intalaciones. Ausente el dibujo, el perfomance, el video land y otras yerbas postmodernas. Las dos propuestas son abordadas de distintas formas; Jaime Ruiz lo hace desde la academia, Osvaldo Granda lo hace de lo lúdico. El experimento resulto menos participativo y mas impositivo (al mejor estilo uribista), cualquier pataleta, se calla con “usted no encaja en mi propuesta”, por eso la lectura correponde a los curadores y no a los artistas, menos al público.

Me parece que los salones no buscan como antes, definir un “perfil nacional”, sino que pretenden construir un escenario desterritorializado que al igual que el nefasto Plan Colombia fortalece ejes que atraviesan las fronteras y las identidades, por eso un curador habla de ” ejercicios postmodernos y postcoloniales”. Como se define lo regional en este salón? El curador es una figura para el centro, que inventamos para la perifería? La mayor dificultad, la ausencia de los artistas regionales en estas discusiones.

Como anecdota, los curadores pidieron proyectos y se quedaron esperandolos. Los artistas pensaban que la visita a sus talleres eran una obligación y se quedaron esperando los curadores. Es decir, el concepto funciona a dos bandas. Como entender el dialogo curador-artista, o mas bien, curador-propuestas? El Salón es itinerante y el 15 de noviembre se inaugura en la ciudad de San Juan de Pasto.

Miguel de León


…o la desmaterialización de lo concreto?

Crítica de arte: o la desmaterialización de lo concreto?

No sé ustedes, pero, a menos que uno resuelva ponerle atención al caso directo, al de un crítico X hablando de un artista Y, se me ocurre que toda esa discusión que se plantea, replantea y esfuma alrededor de si hay crítica o de si tiene o no validez actualmente, no tiene ninguna posibilidad de ilustrarse en lo concreto. Sin casos a la vista se pierde el referente y todo se convierte en planteamientos generales acerca de que tan actualizados estamos a nivel del discurso teórico.

Tomemos, por ejemplo, el caso inmediato de Eduardo Serrano presentando una exposición de Franklin Aguirre. El crítico más institucional que tiene el pais, el que ha hecho unos juiciosos trabajos de archivo sobre paisaje y fotografía convertidos en libro; una serie de programas de televisión con el imaginativo nombre de “El taller del artista”, el cual le ha servido para demostrar en directo, y sin escrúpulo, su falta absoluta de ingenio como interlocutor; además de otra serie de figuraciones y nombramientos en el escalafón representativo que afecta decisiones importantes en el ámbito cultural colombiano. Crítico consagrado -en uso de buen retiro- que aprendió muchas cosas al lado de Gloria Zea en el MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá) y a quien no se le pueden discutir sus evidentes talentos sociales, pero que en lo intelectual, que es donde se ubica preferencialmente el ejercicio de la crítica, ha demostrado más bien un estado de entusiasmo y exitación permanente frente a las ininterrumpidas y refrescantes audacias del arte moderno, posmoderno y ultraposcolonial. Un crítico que tampoco se pronuncia cuando se discute la eventual extinción, por inoperancia, de su gremio y que acepta gustoso dar cuenta escrita de su sintonía total con una de las estrellas más conectadas y comprometidas con los círculos del arte actual colombiano, Franklin Aguirre.

Un artista, hay que reconocerlo, que con pocos e insistentes elementos a la mano ha logrado llamar la atención, y que por fortuna decidió contextualizar artísticamente su sensibilidad contemporánea como diseñador. Un personaje cuyo profesionalismo como “marginal” acaba de ser reconocido y premiado por los estamentos oficiales que de alguna manera confrontó cuando resolvió disparar sus cartuchos organizativos hacia el barrio, que gracias a él ya todos ubicamos, creando con equívoco humor la Bienal de Venecia en Bogotá. Un nombre perfecto para jugarle al asunto de la ‘periferia’ en las mismas fronteras del distrito capital.

El centro y la periferia, ustedes ya saben. Beligerante argumento tercermundista que termina cerrándose sobre sí mismo en el momento en que resulta incorporado por cualquier aparato central, consumándose la previsible y fatal absorción canibalesca.

Pero, cuál es el punto?

Pues que me parece inútil pretender un efecto real, de conciencia, en las conductas del mundo del arte si no se discriminan y atienden los casos particulares en detrimento de lo innecesariamente contextual. Una manera de evitar la homogenidad imperante en el asunto global.

El texto de Serrano “Franklin Aguirre: la rematerialización de lo genérico” posee el tono que caracteriza un amplio sector de la crítica y que consiste, al contrario de lo que propone su título, en utilizar la obra del artista para digresiones de carácter general, remitiéndola inevitablemente al marco teórico cuya función no es otra que validarla intelectualmente al verificar su inscripción al orden académico imperante o al sistema de lugares comunes del momento. Como si en cada ocasión el crítico X tuviera que demostrarse el nivel de comprensión que posee de las nociones vigentes utilizando el pretexto ofrecido por un artista Y.

El problema con este ejercicio ‘autodidáctico’, en que a cada ocasión el crítico ensaya públicamente sus versiones miniatura de la historia del arte moderno, es que el mainstream o conjunto de ideas aceptadas que ahi prevalece termina por usurpar las particularidades de la obra de arte para convertirse en el objeto de la reflexión, en lugar de interpretar y atenderla en su organicidad específica y su eventual capacidad relacional.

Si el texto substituye el objeto como factor de percepción y reflexión, el papel que le queda al artista no es otro que ilustrar las reglas del juego colectivo aceptado por todos.

Razón por la que uno termina finalmente preguntándose a quién es que le está hablando el crítico y cuál es su función.

Pedro Falguer

Nota -El texto de Serrano, motivo principal de esta réplica, enviado por amigos espías cuya complicidad agradezco, puede leerse en el website http://www.jennyvila.com donde aparece acompañado, en franco contraste, por el Fernando Toledo, junto con algunas imágenes producidas por nuestro personaje del día.

texto de Eduardo Serrano >


curaduría local

Curaduría local

¿Qué es ser curador? El término agrupa actividades tan distantes como ser jurado de un certamen o liderar un proyecto editorial. Un poco de claridad a partir del Encuentro Nacional de Curadores.

Pocas nociones dentro del campo del arte local poseen una diversidad de interpretaciones tan amplia como la curaduría. El término se utiliza indistintamente para hacer referencia prácticamente a todas las actividades de las prácticas artísticas que no son asimilables a la creación. Por esto se habla de curaduría para aludir a la organización o concepción de eventos artísticos o la orientación de proyectos editoriales, la museografía, la dirección de montaje, la acción de los jurados de convocatorias o la gestión de espacios de exhibición.

No intento decir que esta acción deba refrenarse, ni que deba abogarse por una interpretación “verdadera”, “correcta” o “adecuada” del término, porque buscar la “esencia” de lo curatorial evade la función histórica de esta práctica y desconoce las disputas simbólicas que la han caracterizado.

La disparidad de concepciones sobre este término es sintomática de los rumbos que ha tomado el debate sobre la pertinencia o impertinencia de las prácticas artísticas contemporáneas, y podría ser estratégica a la hora de posicionar políticamente las prácticas curatoriales en Colombia. También parece ser una consecuencia de la complejización de la propia actividad teórica que compromete la curaduría, al punto que es difícil sostener actualmente que la curaduría consista en el oficio de elaborar una lista de nombres de artistas o en agruparlos temática o estilísticamente. Como lo han dicho José Roca o Cuahtémoc Medina, la curaduría se ejerce al igual que la prostitución, y siguiendo con esta analogía diríamos que se ocupa de mostrar en público. Este rasgo parece haber sido conocido o más bien comprendido, desde hace años por muchos de los profesionales del campo del arte en Colombia que han ejercido en un momento dado de su carrera la función de hacer público, o inscribir públicamente, un proyecto artístico propio a ajeno. Los curadores o curadoras emergen desde los ámbitos de creación, formación, investigación, apropiación y obviamente circulación del campo del arte e incluso en algunos casos provienen de otros campos sociales como la antropología, la sociología o la filosofía, entre otros. Adicionalmente, la curaduría parecería anunciarse legítimamente como una opción creativa al punto de que muchos artistas en el último siglo han proyectado su trabajo desde la concepción o confrontación de contextos de exhibición, sin embargo la validez de esta alternativa no es exclusiva de los artistas.

En el encuentro nacional de curadores realizado a mediados de agosto en Bogotá, en donde participaron los equipos de curaduría de los salones regionales de artistas de este año de todo el país, se hicieron visibles otras formas de heterogeneidad que comprometen el horizonte de sentido de los proyectos y que son las diferentes concepciones de región que se plantean. La definición conceptual de la categoría de región no sólo es problemática en la compartimentación territorial plantada por el Ministerio de Cultura, sino en los intentos de entenderla como una esencia u ontología que se ubique antes o por fuera de los discursos que la delimitan o constituyen. Si la finalidad de estos proyectos es visibilizar desde algunas coordenadas epistemológicas y estratégicas las prácticas artísticas de esas complejas regiones, el concepto de región que se maneje es determinante. Esta situación evidencia cómo la curaduría, al igual que cualquier proyecto de investigación, depende de la delimitación de un objeto de estudio que evidentemente se estructura desde los alcances de los supuestos teóricos que se utilicen para aproximarse.

En conclusión, no resulta problemático que la concepción local de curaduría en Colombia se haya expandido en los sentidos en que lo ha hecho, sino que las herramientas de formación e investigación no hayan seguido el mismo camino. Lo homogeneidad de los discursos y métodos parece ser ahora el principal obstáculo al que se enfrentan las prácticas curatoriales.

Por Jaime Cerón
Jefe de la División de Artes Pláticas del
Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT).


cuando lo otro quiere ser lo mismo

1. Despotismo ilustrado
El Despotismo Ilustrado es un concepto político que ejemplifica la utilización de la ideología de la ilustración, por parte de algunos regímenes de la Monarquía Absoluta para mantener su sistema de poder; las monarquías europeas utilizaron esta ideología para estar a la par con las ideas sociales del momento (siglo XVIII) y trataron de ajustar los conceptos de relevancia para que los poderes monárquicos no pasaran a ser obsoletos. [Fuente: Wikipedia]

En la convocatoria hecha por el Ministerio de Cultura para curadurías de los Salones Regionales de Artistas eran claros los peligros y bondades de la curaduría y se hacía evidente que si las curadurías no reconocían el espacio y las necesidades específicas de cada Salón Regional de Artistas, el odioso lema del Despotismo Ilustrado se podía poner en práctica: “Todo para el pueblo, todo por el pueblo, pero sin el pueblo” (odioso en términos políticos, pero práctico en términos de “política realista”).

2. Demagogia Participativa
Para el caso del Salón Regional de Artistas Zona Centro (¿subzona Bogotá?), el Ministerio de Cultura y su curadora debieron cambiar el nombre de “Salón Regional de Artistas” por el de “Salón Regional de Arte”, pues ante la falta de precisión de una plataforma curatorial, con este giro lingüístico se habría evitado que muchos de los artistas de la zona se hubieran hecho ilusiones con “su” derecho a participar. También esta maniobra de lenguaje, de uso tan común en el Gobierno del Alvaro Uribe Vélez (“Aquí no hay conflicto interno”), le
habría aligerado la carga a Natalia Gutiérrez y así se habría evitado la vía purgativa de inventarse un mecanismo de inclusión donde a los excluidos no les queda claro el motivo de exclusión, y de paso nos permitiría a los espectadores dejar de hacer tanta “criticadera institucional” y concentrarnos más en la exposición que, por la conjunción de algunos artistas con algunos espacios, promete obras tan contundentes como la que se vió en el pasado Salón Nacional de Artistas en el Museo de Arte Colonial con el “Santoral” de José Alejandro Restrepo. (En la Columna de Arena #29, titulada “Demagogia Participativa”, el texto y el foro de discusión analizan “la democracia” en los Salones.
http://www.universes-in-universe.de/columna/col29/col29.htm).

3. Cuando lo otro quiere ser lo mismo.
Para los rechazados o desplazados de la “convocatoria abierta” del Salón Regional de Artistas Zona Centro tal vez quede de consuelo la apertura de otros espacios, otros circuitos, como lo es la muestra del “IV Salón de la diversidad” organizado por Galería Casa Cuadrada (aunque no tan diverso en la selección de los jurados pues dos de los jurados integrantes son Nadín Ospina y Jaime Cerón).

4.Las bondades del mecanismo
Es ejemplo de curaduría y sobre todo de curadurías el “7mo. Salón de Octubre”. Un conjunto de eventos cuyo crédito menor es del Ministerio de Cultura y que se debe sobre todo a la puesta en acción de un programa coherente y a largo plazo entre varias instituciones culturales de la zona (programa que en su ejecución tiene similitud con el fallecido y nunca ejecutado “Programa Salón Nacional de Artistas”). El acta de selección del jurado del “7mo. Salón de Octubre”, generosa en su redacción*, lo dice todo.

* El texto firmado por Lupe Álvarez, José Alejandro Restrepo y Juan Mejía es generoso en comparación al vademecun de frases huecas y eruditas que forman estos documentos y que la mayoría de los jurados componen de afán y firman de manera paternalista -por ejemplo revisar las actas publicadas en el catálogo de los pasados Salones Regionales de Artistas-.

Lucas Ospina


desencuentro de curadores

En el último boletín del Ministerio de Cultura se publica un balance del Encuentro Nacional de Curadores realizado en Bogotá el pasado mes de agosto. Obviamente se trata de un balance oficial publicado en un medio oficial. En un tono puramente informativo transmite que todos están de acuerdo, que hay consenso sobre asuntos fundamentales de los proyectos curatoriales en general, así como sobre estrategias específicas que implican lo curatorial, como lo es la ‘formación, investigación, creación, circulación, gestión y recepción’

Eso es lo que dice este boletín, y lo que es realmente interesante no es lo que muestra, sino lo que oculta. Se habla de muchísimas cosas pero en ningún momento se dice cómo se van a financiar, qué viabilidad presupuestal sotiene esta ‘lluvia de ideas’. También parece quedar claro que los felices ganadores de las becas curatoriales se ocuparán tanto de pensar sobre su curaduría, como de gestionar los regionales, asumir toda su logística de producción, divulgación y recepción.

El interrogante que queda a leer este boletín es: si el ministerio delegó en los curadores no sólo labores de investigación, sino de producción y logística, ¿van a poder los curadores realizar sus respectivos regionales?, ¿Cuentan los curadores con un presupuesto aparte para la realización de los salones? Si no es así, ¿ese dinero de donde sale? En el caso del futuro Salón Nacional la pregunta es similar, ¿Cómo diablos van a financiar y donde van a montar todas esas curadurías?

En resumen, ¿quien es responsable de que los regionales se lleven a buen término? ¿el ministerio o los curadores?

Carolina Azuero

Boletín >

El Encuentro Nacional de Curadores, se realizó en asocio con la
gerencia de Artes Plásticas del Instituto Distrital de Cultura y
Turismo, y congregó a los 14 ganadores de las becas de investigación
curatorial, los coordinadores de los Salones Regionales y los
directores de laboratorios de investigación-creación. Se llevó a cabo
en dos sedes (Sala Oriol Rangel del Planetario Distrital y Hotel
Tequendema) y servió de escenario para que los curadores de los XI
Salones Regionales presentaran sus propuestas curatoriales y
resolvieran dudas sobre la organización y realización.

Balance del Encuentro Nacional de Curadores

– El Encuentro Nacional de Curadores, a juicio de todos los
participantes, se constituyó en una importante posibilidad de
formación, de cotejo de propuestas, de diálogo, de cruce de miradas y
perspectivas. Tanto para coordinadores como para curadores fue muy
productivo para ir configurando los diversos Salones Regionales. La
organización, a cargo del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, a
través de la gerencia de Artes Plásticas, resultó plenamente satisfactoria

– Los proyectos presentados confirman que la investigación curatorial
implica distintas instancias: formación, investigación, creación,
circulación, gestión, recepción. Muchos de ellos traen propuestas
formativas de artistas, públicos, circulación por páginas web, canales
regionales, etc. Todos consideran importantes las estrategias de
apropiación y formación de públicos. En ese sentido los Salones
aparecen como dispositivos para activar el campo artístico:
públicos, instituciones, universidades. Al movilizar procesos
curatoriales se favorece dicha dinámica. Esta postura se enriqueció
con el balance final desarrollado por Jaime Cerón, quien planteó una
concepción expandida de la curaduría ligada a la inscripción pública
de las prácticas artísticas involucrando distintas dimensiones y
componentes.

– Las distintas miradas permitieron apreciar diferentes modalidades
del ejercicio curatorial. A ello contribuyó la apertura señalada por
José Roca a través de su intervención. Así mismo, las distintas
propuestas dejan ver un gran abanico de posibilidades de la práctica y
los roles curatoriales: desde concepciones más ortodoxas hasta
planteamientos encaminados a generar nuevos escenarios para el arte,
otras lógicas expositivas y otras formas de relación con artistas y
públicos.

– Parece claro que todo el proceso, aparte de propiciar una mayor
apropiación por parte de las regiones, va a generar dinámicas
encaminadas a fortalecer la construcción del sector y de la comunidad
artística.

– Mas que temas o líneas temáticas cerradas, los proyectos formulan
hipótesis amplias, blandas, móviles, “lentes” para mirar la producción
artística. Dichas líneas se van modificando con el transcurso de la
investigación. Una curaduría que deje fluir la vida.

– Los conceptos de región geográficos o políticos son puestos en
discusión, pues se propone abordar la región más desde cartografías
simbólicas. Raúl Cristancho sugirió retomar el concepto de
regionalismo crítico para desbordar la concepción atávica (adornada)
de la identidad.

– Se consideró la posibilidad de itinerancias más pequeñas,
condensadas, más acordes con los recursos disponibles y ajustadas a
problemas de transporte y seguros. Posibilidad señalada por Gustavo
Zalamea con su Proyecto Portátil. En juego están concepciones más
plurales de la circulación, no necesariamente vinculadas a la clásica
exhibición. Algunos proyectos contemplan distintas formas de exhibición.

– Muchos proyectos se plantean un campo de la producción artística que
desborda lo que habitualmente se llama artístico, en tal virtud
apuntan a visibilizar esas prácticas por su pertinencia expresiva y
cultural: prácticas populares, artesanía, etc. Aparece la curaduría
como posibilidad abierta de conexiones múltiples, incluso como un
movilizador de la creatividad social.

– Algunos proyectos trascienden el suceso Salón, pasando a generar
programas permanentes que revitalizan toda la organización y el
sistema artístico.

– Surge la necesidad de que los Proyectos articulen más instituciones,
y que generen actividad académica en las universidades como ha
sucedido con el Salón de Octubre en Cali. Este Salón también resulta
un interesante modelo de fusión institucional en procura de un mismo
objetivo, tanto con las entidades del Valle como con el mismo
Ministerio de Cultura.

– La gestión, poco a poco y con vehemencia, como lo dejo ver el
proyecto Fotología de Clemencia Poveda, el cual se ha afirmado
paulatinamente produciendo una inmensa y continua actividad, se
consolida como un componente esencial.

– Todos los proyectos consideran de una u otra manera la construcción
de públicos y de lo público

– En general los proyectos permiten una mirada más penetrante de la
producción artística y de un mayor número de artistas

– En algunos casos se presentan dificultades de tiempo para
desarrollar una investigación más ambiciosa. En otros casos hay
dificultades en temas de itinerancias, espacios, producción, estímulos
a los artistas. En cualquier caso la complejidad del nuevo modelo
implica una mayor gestión y articulación institucional. Los
coordinadores de cada regional, en asocio con los curadores, se
comprometieron a llenar unas planillas referidas a todo el tema de
infraestructura, espacios, producción y gestión. Siempre teniendo en
cuenta que cada ciudad que reciba los Salones tiene compromisos de
transporte, montaje y producción y habilitación de espacios

– El Vicio Producciones hará el cubrimiento de los Salones Regionales
mediante un programa de una hora. En el Encuentro Nacional de
Curadores entrevistaron a todos los investigadores y grupos de
investigación.

Propuestas
– Diseñar una página web de todos los salones como un proyecto virtual
que posibilite una mayor circulación y acceso al público.

– Continuar el Encuentro de Curadores a través de una continua
intercomunicación, en forma de red, de todos los proyectos. Es decir,
un Foro en internet como una estrategia tanto formativa como de
divulgación de miradas e investigaciones.

– Circular los Salones como propuesta central para hacer del 40 Salón
Nacional un Salón de proyectos curatoriales. Un Salón parcialmente
nómada trazando diversos trayectos por el país. Procurar que todas las
exhibiciones circulen dentro del país, así sea parcialmente, no
necesariamente la totalidad de los trabajos debido a costos y demás
dificultades de traslado, seguros, etc. No obstante pueden transitar
virtualmente en algunos casos, o circular cada una de ellas a dos o
tres ciudades en un diálogo interregional. Existe fórmulas alternas
como que cada exposición venga a Bogotá pero también a otras dos
ciudades en un diálogo regional que afiance el encuentro. Así mismo,
se consideró la posibilidad de valerse de instituciones como el Banco
de la República para facilitar esta itinerancia teniendo en cuenta su
cubrimiento nacional y su disponibilidad espacial. Se consideró que
darse cita sólo en Bogotá confirmaría una mirada centralista que
desvirtúa el real sentido de todo el proceso. Desde ese punto de
vista, los dineros destinados a la celebración del 40 Salón Nacional
bien podrían propiciar una mayor rotación, tanto de obras como de los
discursos que los acompañan.

– Frente a la dificultad que encuentran la mayoría de regiones para
suministrar una bolsa de creación a los artistas, se plantearon
figuras para modificar el concepto de bolsas de creación por figuras
alternas: fondos para la producción de obras y así evitar que el
artista no tenga gastos de su producción y envío, estímulo a los
artistas por su inserción en una estructura que les da visibilidad,
movilidad y circulación (Red, canales televisivos, reproducción del
los Salones en catálogos CD. Incluso algunos como la Costa Atlántica,
les ofrece una asesoría continuada por los curadores, la producción de
un dossier de presentación de su actividad artística, una reproducción
de sus trabajos en CD y una circulación de su trabajo por el canal
local). Así se ayuda al artista en algo más estructural y duradero que
un dinero para un evento puntual. La regional Oriente dispone de una
página web actualizable por los mismos artistas.

– Rotar manuales de montaje disponibles en el IDCT y en la Red de
Museos, sobre todo en aquellas ciudades sin experiencia en el tema de
montaje de exposiciones

– El Ministerio de Cultura, pese a las dificultades que supone una
itinerancia amplia y no siempre con las mismas obras, continúa
indagando sobre el tema de seguros, sin que ello signifique disminuir
la gestión local de cada regional.

– Pese a que se señalaron fechas tentativas para los catálogos, estos
se asumen con relatividad para asegurar la calidad y el buen
cubrimiento de los Salones.

Desarrollo del 40 Salón Nacional
Normalmente el Salón Nacional recogía una selección de propuestas de
obras de las diversas regiones para configurar una muestra nacional,
generalmente con sede en Bogotá. Dentro del nuevo proceso el Salón se
convierte en un Salón de Proyectos Curatoriales cuya particularidad
apunta no a exhibir obras singulares sino la propuesta curatorial como
un todo. Estas propuestas enfatizan más en la necesidad de circulación
a lo largo del país como un dispositivo de diálogo interregional. Por
ello, las exhibiciones circularán tanto al interior de las regiones
como fuera de ellas a partir del segundo semestre del 2006. Se trata,
entonces, de un Salón móvil cuyo mayor objetivo apunta a una gran
circulación.

El concepto de circulación no se circunscribe a las muestras físicas,
se extiende al diseño de un proyecto virtual que permita acceder a
todos los Salones con sus componentes visuales y discursivos. Es un
Salón nómada trazando diversos trayectos, físicos y virtuales, por el
país. Todas las muestras circularán así sea parcialmente, debido a
costos y demás dificultades de traslado, seguros, etc.

El segundo componente del 40 Salón Nacional lo constituye una serie de
actividades conmemorativas del Salón Nacional. Ellas son la
publicación de la segunda parte del libro, realizado en 1990, para
conmemorar los 50 años del Salón Nacional: 50 años del Salón Nacional
de Artistas, compilado por Camilo Calderón. Así mismo, una exposición
histórica relacionada con los Salones Nacionales, curada por el Museo
Nacional, y –probablemente- el inicio de cuadernos destinados a
desarrollar una lectura de los principales artistas colombianos.

Bogotá septiembre 11 de 2005.

fuente >
http://www.mincultura.gov.co/salonesRegionales/BoletinSeptiembre2005.doc


tirania indexical

La tirania indexical:

Que bonita se vio la convocatoria “abierta” lanzada en Esfera para el proximo Salon “Regional”, parecia la prueba de que por fin en el pais habia alguien que le apostaba a las obras a y no a los artistas. Lanzar una convocatoria asi, en la que podia participar cualquier pelagato sin importar si tenia el venerable titulo de Maestro en… sin importar otras considerciones sino ver lo que relamente va a estar en las paredes y pisos del recinto museal, que son las obras y no los titulos obtenidos ni las participaciones previas, era entrar en un estadio mas plural, mas cercano a la era post-fin-del-arte.

Aca todavia parecemos estar en la era pre-arte, la los indices, la de los amigos.
Luis Daniel Abril


también caerás

Que un proyecto curatorial contemple una convocatoria, es ya una cosa rara. Uno se imagina que la investigación curatorial lee un contexto como paso inicial para definir una problemática, tema, asunto, que emerge de uno o varios tipos de producción artística. Lo que uno no se imagina jamás es que se recurra a una convocatoria como dispositivo que pretende leer un medio cuando de antemano se tiene un tema definido.

Esto no es nuevo. En el salón nacional pasado -que tenía más puertas de entrada que un estadio- los más de doscientos que enviaron por la convocatoria quedaron viendo un chispero, pues seleccionaron sólo diecisiete. En esta oportunidad enviaron menos de la mitad y quedó una proporción similar. En esa oportunidad, también había un tema definido de antemano.

Hay cambios. Antes le caía toda el agua sucia al ministerio. Ahora le cae al curador. Más si esta convocatoria es su carta de presentación y no lo es la curaduría, el argumento, el tema, el problema que arma todo el tinglado expositivo.

Obviamente hay malestar. Y mucho. Pero, ay! que aburrición otro debate sobre estas vetustas, obtusas, impredecibles, mamotretudas, pretensiosas, equívocas, insensatas, arrogantes, maltratadoras y ultraconflictivas exposiciones panorámicas.

Bueno… y la bendita curaduría de qué trata? Alguien tiene ese dato? Será que Natis nos puede contar?

2much!

Mery Boom