sobre y desde la Universidad Nacional

Más de un lector de este foro debe estar preguntándose acerca de las intervenciones que desde el 23 de noviembre se refieren a la reforma académica de la Universidad Nacional. Veamos: una pregunta sobre el trabajo de grado; dos cartas abiertas a Gustavo Zalamea con sendos elogios y votos de confianza, dirigidas por dos estudiantes; un enérgico llamado a la defensa de la Universidad por parte de Antonio Caro; algunas intervenciones de Juan C. Vargas, quien presenta de manera extremadamente juiciosa el punto de vista de las directivas de la Universidad; otra de Luis Daniel Abril, quien opina ampliamente, aunque reconoce no estar vinculado hace un año a la Escuela; intervenciones algo crípticas de Gabriel Restrepo y textos de Norberto Alcover, tal vez el más centrado en la reflexión sobre el espíritu universitario, y José Luis Villaveces remitido por J. P. Ortiz, también marcadamente redactado sobre la versión oficial de las directivas de la Universidad.

De este conjunto, quien no esté enterado de las cuestiones en juego difícilmente podrá extraer una imagen coherente. Es importante, entonces trazar un muy rápido contexto, pues si aquí es difícil, a través de los medios de comunicación (que se atreven a reseñar el cierre de la Universidad mientras pasan imágenes de archivo de pedreas, en un caso que se ha caracterizado por la ausencia de estas manifestaciones), es imposible.

La Universidad Nacional, desde que asumió la rectoría Marco Palacios, está en proceso de reforma académica y de reestructuración académico administrativa; estas acciones se han materializado a través de decisiones fragmentadas y acumulativas, y continúan bajo la de Ramón Fayad. Esta clase de procesos son normales en la academia, pero en esta ocasión se han desarrollado bajo -por lo menos- dos grandes características: la primera, que dichas rectorías enfrentan la hostilidad de una gran parte de la comunidad universitaria –con las consecuencias previsibles en los terrenos de la comunicación y del diálogo- y, la segunda, que cambian drásticamente el rumbo que tenía la universidad (por ejemplo, la última reforma académico administrativa databa apenas de 2002).

Es evidente que estos procesos afectan también al programa de Artes Plásticas, (campo central de reflexión de este foro) y la discusión abarca desde temas muy genéricos (la naturaleza de la academia y sus complejas relaciones con la sociedad), hasta muy específicas (las modalidades de trabajo de grado aceptables para el programa).

Es muy importante que la comunidad artística conozca y participe en la reflexión sobre la reforma de un programa que constituye un patrimonio público por su naturaleza oficial, por su tradición y por sus dimensiones. Sin embargo, es necesario advertir que los temas son de alto vuelo y que no basta con comentarios ligeros que personalicen el asunto o lo reduzcan a los tópicos de siempre, que en el tema de la Universidad Nacional son bastante tentadores. Solamente que las condiciones actuales no permiten una aproximación fácil: la Universidad se encuentra cerrada por decisión de sus propias directivas y el contexto, evidentemente no favorece la reflexión ponderada que caracterizaría el debate académico.

Miguel Huertas


¿Quién ronda a la academia?

Esa es la pregunta que ha intentado aparecer más de una vez en esta y otras tantas esferas. Por fin alguien la puntualiza, y aunque la respuesta sigue siendo compleja, el que simplemente alguien la formule me tranquiliza un poco.

Desde que uno entra… no, lo haré en primerísima persona, desde que entré a la escuela de artes plásticas de la nacho, UN, Alma Mater, etc. empecé a cuestionarme de dónde venían los parámetros en los cuales se basaban los maestros, especialmente en la clase de taller experimental (cuyo nombre es un adorno), para juzgar los trabajos que presentábamos a lo largo de cada periodo. Semestre a semestre me fui dando cuenta que estos criterios son tan, pero tan personales… en extremo subjetivos. Hace un año y medio sometí unos trabajos a consideración para el Salón Cano de ese momento, debido a diferencias de tipo personal y profesional, los cinco maestros designados (uno autodesignado porque todos los años está ahí metido y nadie lo saca) llegaron cada uno por su cuenta y fueron haciendo sus selecciones. Una de las maestras me dijo: “Esto es una bobada, es que eso no es nada, eso ya está mas que aprendido, usted tiene que meterse con sus propias cosas, el arte es una cosa viceral”. A la semana siguiente, ese mismo trabajo había recibido una mención de honor en el grupo de estudiantes de V a X semestre en dicho Salón. Esto por supuesto, ya se que me lo van a decir, es muy anecdótico ¿y qué?

Lo digo porque desde mí mismo necesito expresarlo así. No voy a recurrir a citas prestadas ni nada del calibre de personas tan doctas como quienes suelen iluminar nuestras mentes en este medio, pero es claro que el arte cambió (qué novedad). Hubo en las décadas pasadas un quiebre, un cisma dentro del cisma mismo y estamos en otro estadio. Míreselo desde donde se lo mire, ya sea desde la muerte del arte de Eco, Danto o Belting, bien sea desde la post-modernidad del resto, eso que llamamos arte contemporáneo o postmoderno o post-fin-del-arte, tiene como característica clara que se puede optar por cualquier camino para producir una obra verdadera. Luego de todos los ismos del XIX y XX, luego de todos los dogmas de un lustro o una década, llegamos a un paraje donde la Verdad puede ser encontrada o por lo menos buscada desde y hacia cualquier idea, emoción o sentimiento (los artistas también sentimos), y en cualquier soporte, formato medio u operación. Orinales, cajas de detergentes, pinturas completamente blancas, pinturas completamente negras, imágenes del pasado lejano, imágenes del futuro presente… cualquier cosa incluso lo no cosa.

En este estado de cosas, pedir objetividad es mas tonto que hacerlo en el pasado, el arte es subjetivo, los curadores lo son, lo son los artistas y afortunadamente, lo es el público. Pero, los maestros de una escuela de artes plásticas de la Universidad Nacional de Colombia no pueden operar en la dichosa clase de Taller experimental, (que para quien no conozca el programa académico de esta carrera, es su columna vertebral), como críticos de arte de hace cuatro o cinco décadas. Y es un hecho que así ocurre, Taller es la materia en la que los estudiantes presentan su obra o intento de obra y los maestros la critican, y para eso están en gran parte, claro, pero esa crítica tiene que estar con los pies en el mundo de hoy, hoy más que nunca, porque incluso para aquellos que han soñado con un arte independiente de los eurocentrismos o de la dependencia del norte, es esta era maravillosamente amplia, su oscuridad es la luz que permite ver como nunca antes se había visto en nuestra historia.

Así que mi deseo para el próximo año es: señor(a) maestro(a), diga su imagen es fuerte o su imagen es pobre y lo es por esto y esto, pero no diga que el arte debe ser viceral o político, o formal, o conceptual o lo que desde su inscripción artística ud. piensa, porque el arte lo único que debe ser, es contemporáneo.

Luis Daniel Abril


las razones para una reforma

Respondo a la pregunta de Efrén Morales:

¿Cuáles fueron las razones para proponer una Reforma Académica?

La búsqueda de una excelencia académica que beneficie a estudiantes y profesores. Para ello se requiere una reestructuración general de la Universidad Nacional y de sus programas curriculares para hacerlos más ligeros y flexibles, capaces de responder a las necesidades del país, proponiendo soluciones para la convivencia y el desarrollo social y económico dentro de un concepto de equidad. La vocación de la Universidad es una vocación de investigación y creación. Esto es lo que esta reforma intenta facilitar y fortalecer a través del crecimiento de la oferta de especializaciones, maestrías y doctorados, y del establecimiento de sistemas de becas para los estudiantes destacados de la Universidad.

La formación en el pregrado tiene que ser más sólida y se va a concentrar, no en un conocimiento enciclopédico que es maravilloso pero hoy imposible de abarcar en cinco años (se necesita en realidad toda una vida), sino en una debida comprensión de los problemas apoyada en una fundamentación básica teórica y técnica. Un verdadero ciudadano tiene competencias para servir a su comunidad. Tiene una formación cultural humanística. Se opone al uso de la fuerza, por principio ético fundamental. Es crítico con los diversos establecimientos que defienden privilegios particulares.

La Universidad Nacional tiene que ser una Universidad sin condición (Derridá). En ella se tiene que poder decirlo todo, con la responsabilidad del intelectual, que es la responsabilidad mayor que puede tener una persona frente a su comunidad.

Las recientes protestas en la Universidad aúnan reivindicaciones y exigencias de tipo sindical (seguramente respetables), de tipo infraestructura y planta física (el hato, por ejemplo), de tipo burocrático (mantener sistemas administrativos paralelos), de tipo político macro (presupuestos, caja de previsión, fondos de salud, jubilaciones), que se presentan todas juntas, sin ningún orden ni concierto, dentro del mismo saco, y aparecen de manera fragmentada e imprecisa.

Para poder realizar efectivamente la defensa de la Universidad Pública hay que reconocer los problemas en sus distintos ámbitos, y reconocer que hay distintos espacios de trabajo, el académico y el político, que se imbrican y penetran constantemente pero que no pueden confundirse.

La Escuela de Artes Plásticas, tiene que proponer el máximo deseable para su egresado de pregrado: Un artista pensante, crítico de todos los sistemas de privilegios; una mujer o un hombre capaces de producir obras y conocimientos, y modelos de comprensión y de convivencia, capaces de orientarse hacia la formación, capaces de desarrollar proyectos de gestión y organización de eventos y exposiciones. Capaces de ser útiles a sus comunidades de origen, capaces de producir valores culturales. Capaces también, si quieren, de continuar sus estudios de especialización en historia, en museología, en multimedia, en imagen gráfica y pictórica, capaces también, si quieren, de emprender estudios de maestría y doctorado.

La Escuela necesita una estructura fuerte pero también flexible, y en esta definición han estado trabajando todos sus profesores desde hace más de un año, confrontando sus puntos de vista y proponiendo lecturas a partir de un completo trabajo de autoevaluación realizado en los cuatro años anteriores (bajo las direcciones de Miguel Huertas, Martha Morales y Oscar Gutiérrez). El resultado de esta compleja pero apasionante labor debería hacerse visible pronto, pero en ningún caso agotará una discusión sobre contenidos y metodologías que seguirá adelante porque constituye la esencia misma del espíritu universitario.

Termino esta carta señalando que el asunto de los créditos es un asunto técnico: 1 C=48 horas (8 horas x 6 días). Hay 16 semanas en un semestre. Hay 16 créditos en un semestre. 768 horas. 16 créditos por 10 semestres =160 créditos. Si un estudiante lo desea puede tomar 10 o 12 créditos más según su plan. También puede hacer su plan a la velocidad que le convenga. 8 semestres, 10 semestres, 11 semestres. Los créditos son una medida que facilita la movilidad y la homologación. En cada país existen tablas de conversión: por ejemplo en Europa o en EE.UU. los 160 créditos se convierten en 280 si 1 C en Europa o en EE.UU. =( horas.

En Inglaterra no se mide en metros sino en pies y pulgadas, etc, etc (los profesores que protestan por la cantidad de créditos lo hacen sin haber determinado ninguna medida para el crédito).

Sostener que en un programa se enseña menos porque tiene menos créditos no tiene sentido alguno. Calidad no es, desde luego, cantidad.

La Universidad la hacen interesante sus alumnos profesores. El problema no está en cuántos créditos va a tomar sino cuantos cursos importantes va a asistir, a cuántos conciertos y exposiciones va a concurrir, en cuantos seminarios va a participar, cómo va a vincularse a diversos proyectos, qué es lo que va a proponer.

Llamo a toda la Escuela a mantener viva la reflexión, sosteniendo una idea básica: La Universidad tiene que permanecer abierta, con sus edificios abiertos y con su administración en funciones.

Agradezco sus palabras amables a Camilo Calderón, a Efrén Morales, a Luís Daniel Abril, y a muchos otros estudiantes y administrativos que me han manifestado de una u otra manera su apoyo. Ha sido muy grato recibirlo en medio de una labor tan ardua y solitaria.

Saludos,

Gustavo Zalamea


otras aclaraciones

Lástima que llega el fin de año y estamos cansados luego de un año duro. Ojalá el año entrante continúe el interés por la suerte de la Universidad Nacional (por favor, no “la nacho”) y de su Escuela de Artes Plásticas, pues el tema bien merece un buen debate.

Por ahora, quisiera señalar algunos puntos que merecen atención:

1. En estos días se publicó el comunicado que los profesores de la Escuela, que plantea algunos de los puntos críticos de esta coyuntura. Al mismo tiempo, se publicaron algunos comentarios de Gustavo Zalamea, que no se refieren a este comunicado sino a otro, de otro grupo de profesores, de otro momento (anterior) y cuyos pronunciamientos son muy diferentes y, evidentemente, no son conocidos por los lectores de este foro. Así las cosas, algunas personas me han señalado que les resulta bastante confusa la lectura de estos comentarios, a falta de un contexto para interpretar los contenidos.

2. Las reformas académicas son un problema político bastante denso y sus desarrollos deberían interesar a todos los sectores de la sociedad. Por eso vale la pena ahondar en ellas. En el caso de la Universidad Nacional –como lo señala el comunicado de los profesores de la Escuela- es muy difícil percibir que ella se base en un modelo pedagógico específico, más bien lo que se percibe es que hay un pensamiento profundamente marcado por lo administrativo. Véase, por ejemplo, la intervención de Gabriel Restrepo en donde elige precisamente puntos fuertes de la argumentación de las actuales directivas de la Universidad para justificar la reforma: la duración de las carreras y la posibilidad de fusión de facultades.

Ninguno de los dos es un criterio pedagógico propiamente dicho. Que una carrera sea larga o corta, no implica que sea buena o mala, que un programa sea autónomo o funcione en contacto con otros, no es condición que lo haga por sí misma bueno o malo. Cuando se hace una reforma universitaria basada en criterios como la eficiencia en el uso de los recursos –de todo tipo- o de ajustarla a estándares internacionales, es una reforma administrativa. Necesaria, oportuna, importante, pero administrativa; las reformas administrativas no tendrían nada de malo (claro que esta afirmación se relativiza cuando se discute el modelo de eficiencia impuesto, y de eso sabemos mucho los trabajadores de la cultura), pero no son reformas académicas, aunque sí tienen profundas consecuencias en lo académico.

Las reformas académicas parten de concepciones mucho más amplias y problemáticas, qué entendemos por universidad, por país, por profesión… La política académica es mucho más que un pensamiento centrado en indicadores numéricos.

Y claro que el asunto tiene unas raíces profundas y se proyecta muy lejos. Por eso reducir el debate a declaraciones como “Las reformas de Patiño (1964-1966) y luego las de Antanas, fueron pañitos de agua tibia, estucos barrocos” no ayuda, porque sencillamente las cosas no son tan fáciles. Sin embargo, estoy totalmente de acuerdo con una de las afirmaciones de Gabriel Restrepo: somos magos en engañarnos y de esa condición no se sale con simples deseos; la tarea es difícil y, justamente, es de los campos del arte y de la academia de donde podríamos esperar movimientos fuertes que nos ayudaran a cumplirla.

3. Ya era hora de que la reflexión sobre la educación tuviera un espacio, pero ¡ojo!, que como todo tema que se pone de moda, puede ser fuertemente banalizado. Desde el nuevo enfoque de los salones regionales que –nuevamente- intenta ser más académico, pasando por el reclamo de Mario Opazo, hasta la ingenuidad del relato de la visita de estudiantes a la Galería Valenzuela y Klenner, hay en el ambiente suficientes signos de que los temas relacionados con la educación son importantes para el campo artístico.

Pongo sólo un ejemplo: una de las preguntas que surge en todo este debate sobre la reforma en la Nacional es la de en dónde y por parte de quiénes se toman las decisiones. Incluso se puede decir que más allá de las reformas en sí -que muchos discuten sin conocerlas, es cierto-, el conflicto mayor se ha relacionado con los mecanismos de participación, de debate y de diálogo con la comunidad. La acusación más común que en estos días la comunidad atribuye a sus directivas es, justamente, la de utoritarismo. La academia es una institución fuertemente jerarquizada y debe guardar un patrimonio público e histórico: sus programas. ¿Quién toma las decisiones en la academia y cómo?

Cuando en una escuela de artes un profesor les dice a sus estudiantes “eso ya no se hace” (y pasa todos los días: si no, ¿dónde está la enseñanza de los medios tradicionales? Se acabó, hoy toda escuela de artes que se pretenda contemporánea se avergüenza de que la confundan con una escuela de oficios), ¿de dónde extrae ese poder? ¿Cuál es la autoridad que así lo ha determinado? ¿Cuál su legitimidad?

La pregunta es algo así como: la academia es una de las instituciones que determina fuertemente cómo se piensa el arte ¿y a la academia quién la ronda?

Miguel Huertas


deseos para el 2006

1. Que se puedan decir las cosas:
1.1. Que si alguien tiene que decir un comentario positivo sobre algo, lo diga.
1.2. Que si alguien tiene que decir un comentario negativo sobre algo, lo diga.
1.3. Que si alguien siente que tiene algún impedimento ético para hablar del proyecto de alguien, lo haga evidente.
1.4. Que si por ejemplo a alguien le gusta el trabajo de su hijo diga: “puede ser que yo no sea la persona más apropiada para acercarme con objetividad a este tema porque él es mi hijo y lo amo, pero su trabajo me parece excelente porque…”*
1.5. Que si por ejemplo a alguien le gusta el trabajo de su esposa diga: “puede ser que yo no sea la persona más apropiada para acercarme con objetividad a este tema porque ella es mi esposa y la amo, pero su trabajo me parece excelente porque…”**
1.6. Que se digan las cosas con respeto.

2. Que se escuchen las cosas que se digan:
2.1. Que las críticas no se tomen como insultos personales.
2.2. Que si por ejemplo un curador o curadora hace una crítica a un artista, no sea este un motivo para que este artista no acepte invitaciones de este curador o curadora para futuros eventos.
2.3. Que si por ejemplo un artista hace una crítica a un curador o curadora, no sea este un motivo para que este curador o curadora no invite a este artista a futuros eventos.
2.4. Que si por ejemplo un empleado o empleada hace una crítica a su jefe o jefa, no sea este un motivo para que este jefe o jefa no vuelva a contratar a este empleado o empleada.
2.5. Que si por ejemplo un jefe o jefa hace una crítica a su empleado o empleada, no sea este un motivo para que este empleado o empleada le renuncie a su jefe o jefa.
2.6. Que si en una crítica hay algo de humor, no se lea como burla.
2.7. Que si por ejemplo alguien dice: “deseo que las cosas sean ‘así’ en el 2006”, no se lea “las cosas no han sido ‘así’ en el 2005”; que se deje de pensar que uno sólo puede desear lo que no tiene.
2.8. Que se entienda que las cosas se dicen con respeto.

3. Que la reforma de la Universidad Nacional no genere más violencia.

* “Antonio Barrera (1948) y Gustavo Zalamea (1951), pese a la diferencia de edad, comienzan a incidir fuertemente sobre el panorama de los jóvenes a partir de 1975 […] Desde 1980, las dos obras subieron en flecha, con el Premio para Mural en Manizales (1982), para Zalamea […] Sus signos plásticos, como ocurrió con Obregón y Botero veinte años atrás, son fundamentalmente distintos. […] Tanto Barrera como Zalamea compartieron, curiosamente, un mismo fervor por Turner y por el Goya autor del ‘Perro enterrado en la arena’; pero mientras el primero desalojó esas influencias en su valiente reconquista de un paisaje propio, Zalamea las absolvió en un ‘dibujo-pintura-collage’ básicamente blanco y negro, de expresa truculencia, abrazando con igual coraje una fuerza romántica sin tapujos. Motivado por el repudio a los abusos de poder y escogiendo como escenario la Plaza de Bolívar de Bogotá, llegó a practicar nuevos soportes de tipo popular, como los ‘Telones para envolver nuestras instituciones’, y las copias heliográficas para regalar al público, en exposiciones en Bogotá y en Estados Unidos. Paralelo a tales experimentos ha seguido dibujando ‘obra única’, destacándose por un expresionismo que convierte el paisaje en cataclismo.” Marta Traba, “Propuesta para una ‘doble’ lectura”, en Revista Arte en Colombia # 23, 1984.

** “Alejandra Rincón por ejemplo, se dedicó a registrar en video y fotografía las intervenciones que progresivamente aparecen en un espacio de exhibición durante el montaje de una exposición; los deshechos, basura y sobrantes, son usados por ella porque ahí ve relaciones casuales con formas seudo escultóricas, a la manera del juego de buscar formas en las nubes, todo esto para armar un comentario en torno a la fugacidad de la imagen, a lo insulso que puede verse nuestra relación con la forma y la materia, etc., El problema es que el público nunca vio la propuesta de Alejandra ya que ella decidió retirarse del Salón después de que su trabajo fue visto como un simple reguero por la curadora general, el tema es que Natalia Gutiérrez nunca vio el video que acompañaba el supuesto reguero y que obviamente era parte fundamenta en su trabajo.” Mario Opazo, “Correcciones del Salón”, 2005.


sobre el comunicado de los profesores

1. Me parece que es importante precisar que en él participaron 10 profesores (además del representante profesoral al Consejo de Sede) Profesor Sáenz de la Facultad de Economía.

2. Que el comunicado que se ha repartido ha sido escrito por algunos de esos diez profesores. (A mí por ejemplo, que estoy mencionado en dos ocasiones, no me fue mostrado antes de su impresión).

No quiero polemizar con los profesores ni deslegitimizar su posición, sencillamente anoto dos hechos que me parecen significativos.

• El comunicado contiene afirmaciones que no comparto: “no se ha hecho una discusión de fondo sino puramente instrumental”.

“Las decisiones ya han sido tomadas de antemano”.

(9 versiones aproximadamente una por mes del, 037, acuerdo para la reforma o el ajuste académico)

“El director manifiesta su adhesión la Reforma Académica”. Manifiesto mi adhesión al espíritu que anima la Reforma Académica, un espíritu de actualización y modernización y eficacia por la Universidad Pública para defenderla y para fortalecerla.

“Las directivas universitarias y de facultad, tampoco se comprometen con los recursos financieros y físicos que implica la implementación de los nuevos planes”..

Eso no es así : Como miembro del Consejo de Facultad participo en el esfuerzo permanente de la decanatura para obtener esos recursos.

Con algunos puntos del comunicado estoy de acuerdo: El que manifiesta la inconveniencia de mantener congelados los cambios de dedicación.

Me interesa el máximo deseable y es precisamente por eso que adhiero al espíritu de la reforma, no a todos sus puntos pero sí a muchos.

3. Perfil. La Escuela de Artes Plásticas quiere el máximo deseable de su egresado de pregrado. Quiere que sea un artista pensante, un crítico del sistema, una mujer o un hombre capaces de producir obras y conocimientos, y modelos de comprensión y de convivencia, capaces de orientarse hacia la formación y la enseñanza, capaces de desarrollar proyectos de gestión y organización de eventos y exposiciones, capaces de ser útiles a sus comunidades de origen, capaces de producir valores culturales.

Capaces también, si quieren de continuar con estudios de especialización en historia, en museología, en multimedia, en imagen gráfica y pictórica, capaces también, si quieren de emprender estudios de maestría y de doctorado.

Con respecto al maltrato, yo no puedo hablar sino por mi caso específico de directivo (directivo en tránsito), antes que nada
profesor. No creo que en el año largo que llevo en funciones puedan encontrar un sólo caso de maltrato académico laboral o personal.

• Sobre el llamado a la desobediencia de la comunidad académica me pregunto qué significa esa desobediencia.

Si la desobediencia significa señalar y anotar que los plazos propuestos son difíciles de cumplir, –en unas Escuelas o en unos
departamentos más que en otros– pues es perfectamente posible recoger las firmas necesarias y pedir un alargamiento de esos plazos para que la discusión siga dándose con los ritmos particulares de cada Facultad y Unidad.

Si desobediencia significa paralización de actividades quiero dejar muy clara mi posición como profesor y como director :

Lo dicho y repetido en todas las asambleas , y en los foros: las vías de hecho –pueden llamarse bloqueos o paros o como ustedes
prefieran denominarlos– son CONTRAPRODUCENTES. Las vías de hecho casi siempre perturban, corrompen y destruyen el tejido cultural y comunitario (que es tan difícil de establecer). Las vías de hecho son en esencia represivas y se establecen en contra de la voluntad de las mayorías.

Lo que ocurrió el viernes pasado con los aspirantes a entrar a la UN al examen específico de artes plásticas ejemplifica perfectamente el daño que las vías de hecho producen en distintos niveles. En el más elemental : Muchos de esos jóvenes venían de lugares lejanos en la provincia e invirtieron sus recursos –viaje, alojamiento, comida cuidado– para llegar a cumplir.

Ese mismo día se suspendieron o perturbaron también varios conciertos, exposiciones y eventos culturales. Cada uno con su brillo, cada uno con su luminosidad, cada uno con su resonancia.

El bloqueo de la Universidad es una acción represiva.

La Universidad Pública es un espacio libre por excelencia, (el espacio de la UTOPÍA). Es el espacio de la libertad intelectual para decirlo todo, es el espacio de la responsabilidad.

• El bloqueo o el paro conducen inexorablemente al cierre de la Universidad.

¿A quién le sirve ese cierre?. A las Universidades privadas. A los estudiantes de las universidades privadas. A la clase dirigente que estará encantada de mantener sus sistemas de privilegios, de explotación y de corrupción.

• Responsabilidad para afrontar y discutir los problemas y proponer soluciones.

Una Universidad cerrada está reprimida y muerta. Una Universidad abierta puede ser, debe ser, tiene que ser una universidad pensante, crítica, políticamente activa. Una Universidad políticamente activa evita la corrupción de la conciencia.

A mi modo de ver provocar el cierre de la Universidad es un gravísimo error político.

Gustavo Zalamea
Director de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional


comunicado de los profesores de artes de la UN

Los profesores del programa de Artes Plásticas de la Universidad Nacional, reunidos el día primero de diciembre de 2005, analizamos la situación actual y expresamos a la comunidad académica los siguientes puntos:

1. Es claro que la Universidad Nacional enfrenta una aguda crisis que solamente puede ser diagnosticada teniendo en cuenta las distintas miradas que sobre ella confluyen. El sentimiento de exclusión que sectores de la comunidad universitaria perciben en los procesos de discusión y de toma de decisiones respecto a las reformas en curso, obedece a factores reales que no pueden ser ignorados por sus directivas. Esta percepción se agrava con la exclusión total de la presencia de los estudiantes en el campus, sin la cual la universidad pierde su razón esencial de ser.

2. El sentimiento de alarma que ha expresado recientemente la comunidad se relaciona en parte con el hecho de que los procesos de reforma se han adelantado de manera fragmentada a través de decisiones que se acumulan desde hace varios años y en las cuales la comunidad no ha percibido un modelo general; solamente ahora la acumulación de estas decisiones empieza a mostrar un cuerpo evidente. Igualmente, muchos sectores de la comunidad no perciben que su participación en los procesos sea muy clara ni que los análisis que alcanzan a ser expresados tengan un tránsito hacia las instancias a quienes correspondería conocerlos.

3. Sin embargo, este cuerpo no revela claramente que exista un modelo específicamente pedagógico que guíe la reforma académica y, en cambio, sí cómo se traslapan permanentemente aspectos parciales de la reforma académica y de la reestructuración académico ó administrativa.

4. Es difícil también para la reestructuración académico administrativa comprender su sentido esencial, en la medida en que en el año 2002 ya fue realizada una.

5. Estamos de acuerdo en que el procedimiento de bloqueos es altamente perjudicial para la Universidad, en la medida en que es esencialmente autodestructivo; sin embargo, nos sorprende la fuerza del cierre ejercido por las directivas, que de hecho produce un bloqueo mayor, en la medida en que se ha ejercido simultáneamente en todas las esferas de su actividad. No comprendemos cómo puede esta medida defender la Universidad.

6. La noción de bloqueo compromete varias instancias que es necesario definir mejor. Una cosa es la alteración de la normalidad académica, otra la suspensión de clases, otra el impedimento de realizar cualquier modalidad de deliberación en el campus o de actividades académicas de orden pedagógico o administrativo.

7. En la actual situación, todos estos elementos se confunden y no son tratados específicamente. Una vez más, encontramos la ausencia de una voluntad de considerar la historia de la Universidad. Las circunstancias y los conflictos dados en el pasado no son consultados para ofrecer alternativas: invariablemente, la universidad termina cerrada y bloqueada.

8. El programa de Artes Plásticas había construido una dinámica de participación y debate que involucraba ampliamente a su comunidad: el edificio estaba abierto y habitado, sus espacios eran altamente deliberantes y la discusión académica constituía su cotidianidad. Esta condición ya no existe, al reducir la complejidad de la situación actual midiendo sus múltiples particularidades con el mismo rasero; así, se produce una vez más la pérdida de un espacio de diálogo en el cual el ejercicio de la comunicación -con todos sus riesgos inherentes, pero también con sus riquezas- pasaba de la posibilidad al acto.

9. Hoy en día, en cambio, nos enfrentamos a una cotidianidad que no contribuye a la construcción de sentido, el campus vacío, las fuertes restricciones las múltiples condiciones para el acceso y la ausencia de mínimos servicios básicos hace que este no sea un contexto digno para retomar el trabajo sobre los detalles de las reformas en curso, por lo cual no podemos asumir que estemos en normalidad, y más bien nos hacen volver a la reflexión acerca del sentido esencial y social de la Universidad en general y de nuestra Escuela en particular.

Los profesores del programa de Artes Plasticas*

*El comunicado lo firman hasta la fecha: David Lozano, Martha Combariza, Oscar Gutierrez, Gloria Merino, Luis Giraldo, Ramon Vanegas, Ramon Uribe, Guatavo Zalamea, Miguel Huertas, Margarita Monsalve, Maria Teresa Pardo, Omaia Abadia.