a los textos se les da el sentido (perverso) que se quiere….

Creo que la discusión ha tomado un giro (perverso) en este caso gracias al señor Gabriel Restrepo, al leer y entender algo que no esta patente en el texto como tal, al hacer una intepretación vacua y primaria de el; El señor Luis hernandez paradigmatico o no, hace referencia a la válidez o no de las reglamentos impuestos por los organizadores de los concursos, en este caso el premio Botero, al ser infringidos por los mismos organizadores. Y no a la calidad o no de la obra de la señora Eva María Celín. Ni tampoco a la calidad de los “pobres egresados/as” (término bastante populista, tal vez Ud. tambien quiere llamar la atención…) y sus hojas de vida, que aunque sean muy jóvenes la mayoría han participado en varias exposiciones y “muestras” antes de presentar sus tésis de grado. Aunque no sea el caso de la ganadora del citado premio, no se debe generalizar esta circustancia.

Creo que hay que investigar y reflexionar un poco más a la hora de escribir, por que la idea es escribir por escribir, crear polémica…?

Michael López
Estudiante de doctorado en pintura
Universidad del País Vasco. Bilbao, España.


las acciones discursivas de fernando uhía

El cambio de sentido que puede darse en un texto discursivo por el desplazamiento (transcripción, mediación, fragmentación) de su contexto original de difusión a otros espacios, es algo que se ha venido haciendo en nuestro país desde hace más de diez años. El artista Fernando Uhía trabajó a comienzos de la década de los noventas una serie de pinturas en las que superponía distintas capas de “información”. Una de estas eran pinturas de artistas como Van Gogh y Frank Stella. Sobre ellas colocaba fragmentos de texto elaborados por críticos como Carolina Ponce de León, José Hernán Aguilar, Galaor Carbonell y otros. Fragmentos que una vez trasladados a esta nueva ‘superficie’, hacían evidente el sinsentido o ‘significado’ que pudieron tener en su lugar de difusión original: seminarios, publicaciones, artículos de prensa y revistas especializadas.

A partir de este tipo de experiencias Fernando Uhía añade otra capa casi una década después con su obra “Armagedón Nacional”, presentada en el marco del 39 Salón Nacional. La diferencia consiste en que esos mismos textos de críticos y curadores hacen parte de una acción discursiva a cargo de un actor contratado por el artista.

Anexo enlaces a dos framgmentos de video de Armagedón Nacional >

“…el arte superior…” [1/2 mega]
http://www.esferapublica.org/elartesuperior.mpg

“…devolver el signo a su estado real…” [3/4 mega]
http://www.esferapublica.org/elsigno.mpg


lo que habría que discutir

Lo que habría que discutir en este caso me parece que es esto: si una exposición de tesis de grado, que es un acto liminar entre la formación y la salida al mundo profesional, puede considerarse como una exposición en forma, es decir, como una exposición propia de personas que compiten en el mercado del arte y en circuitos reconocidos para artistas profesionales. Yo tendería a pensar que los términos de la convocatoria FUERON PENSADOS CON ESTA LÓGICA y que si la distinción no se hizo fue porque no se había presentado un caso así y quizás no se pensara que ocurriera. Al fin y al grado (o al grano, como decían), un grado suele ocurrir a los 22 años más o menos, y de 22 a 35 hay un buen trecho.

Ahora bien, es como si entre la crisálida y la mariposa tendiéramos ya esa red espesa de las guerras estético/jurídicas e incluso casi teológicas y puisiéramos -ingenuos- prevenir todo nacimiento. Precisamente porque los “pobres egresados/as” no tienen hoja de vida, trayectoria, exposiciones, la universidad con buen criterio instituyó esas “muestras” de los trabajos de grado, De muestras, a exposiciones, me parece hay un largo trecho. Todos/as, artistas o no, sabemos cuán difícil es hacer hoja de vida en exposiciones individuales o colectivas, porque nuestros filtros son exquisitamente perversos. Y no quiero insistir en el caso ejemplar -mi ya extinto
monotematismo-, porque nadie le para ya bolas a eso. Papel periódico de ayer. Fugacidad de internet. Y ahora queremos añadir un cedazo más.

Para un observador más o menos imparcial no deja de ser una ironía que todo este debate ocurra al amparo de un pintor que -gústenos o no, y a mí me gusta, qué le vamos a hacer- es clasificado como de museo. Lo que para mí -viejo como soy- muestra una lección que cada vez disfruto con cierta ironía. Hay que dudar del dogma de la infalibilidad de la juventud -léase reforma de Córdoba, léase movimientos estudiantiles, movimientos estéticos-, porque muchas veces esa “juventud” es más vieja, menos lista y ultratradicionalista que el diablo, así se revista de la apariencia de vanguardia. Frente a ellos los conservadores son más liberales. Tal vez sea una de las pocas lecciones que admiro de esa ya cansona y cansina posmodernidad.

Gabriel Restrepo


para carlos castro

Nadie defiende la pertinencia de los términos de las convocatorias; lo único que se señala es que si los términos se aplican discrecionalmente, es decir, de acuerdo al candidato, se llega a la situación de que no todos los aspirantes concursan en igualdad de condiciones. Si en la convocatoria se dice expresamente algo así como: “la obra presentada no puede haber sido expuesta previamente”, no se discute la pertinencia de este requisito, simplemente, los efectos de cambiar los términos después de las convocatorias, presumiblemente para acomodarlos en ventaja de algún candidato específico.

Si se dice: “los fallos del jurado son inapelables”, el artista debería pensar si en verdad va a firmar la renuncia a su derecho de apelación. Si no está dispuesto a renunciar a su derecho de apelación es mejor que lo piense detenidamente antes de firmar (y participar). Lo que no excluye la posibilidad de discutir sobre los requisitos de las convocatorias. Si no está dispuesto a renunciar a su derecho de apelación, la mecánica de los requisitos permite excluir al candidato bajo el pretexto de que no satisface todas las condiciones. Entonces,
eventualmente, en un hipotético caso: ¿cómo explicar el premio a un candidato que no satisface todas las condiciones y que estaría, por así decirlo, en la misma condición que aquel que se negó a la renuncia de su derecho de apelación?

Se sugiere rastrear la relación entre la exigencia de “profesionalización” y la consolidación de una pléyade de artistas privilegiados que rodean las instituciones: a veces la linea entre artista e institución es tan difusa y permeable que resulta inevitable verse tentado a pensar que el artista es la obra de la institución, y la obra del artista, un corolario vacío de este proceso de absorción.

Se abre la pregunta: ¿qué términos no deberían estar incluidos en una convocatoria? (sugiero, renuncia al derecho de apelación, para empezar)

pablo batelli


dejen jugar a más gente

En mi opinión, el hecho de que una obra haya participado previamente en un evento, no va en detrimento de la obra ni del evento a participar.

Es común ver en convocatorias de eventos artísticos, requisitos como demostrar diploma de artista, años de experiencia y otros cada vez más voluntariosos. La verdad no veo en qué puedan estos requisitos demostrar la calidad de los artistas o de los trabajos. Quién y con qué criterios se establecen estos filtros?

Corresponderán más a bien formalismos que pretender reforzar la hegemonía de las instituciones de “formación artística” o de los espacios de exposición? Que bueno sería que en eventos que pretenden auspiciar la actividad artística, se diera cabida a la mirada fresca y enriquecedora de personas de otras disciplinas, autodidactas o que no han tenido acercamientos académicos. De seguro aportarían a la cada vez más cerrada escena artística nacional.

No veo porqué artistas o gestores pretenden seguirle el juego y avalar este tipo de filtros exclusionistas y desiguales que no brindan ningún aporte.

Carlos Castro


protagonistas

En el arte, como en la vida, la manera como se presentan las cosas, como se dicen, es definitivo. A decir verdad, el hecho de que un artista descalifique a otro que gana un premio no reviste mérito alguno y no deja sino la clara impresión de que todo el asunto no tiene su motivación en el deseo de que se haga justicia.

Igual con aquel que no pierde oportunidad para mostrar su agradecimiento y posicionarse como defensor de las instituciones y sus directores, asediados periódicamente por una banda de artistas infelices y desagradecidos.

Así como no tiene presentación irse lanza en ristre contra un colega que gana un premio, menos la tiene desacreditar todo desacuerdo en una comunidad para tratar de quedar bien ante una de las partes.

Como ya se dijo hace un rato: una cosa es una cosa….

Carlos Alberto Vergara


antropofagia nacional

Hace poco vimos, en el consabido caso de la Universidad Nacional, cómo la soberbia, la impotencia y la envidia pretendían atentar contra Gustavo Zalamea. Otro tanto suele corresponderle a José Roca, a Javier Gil, al artista que está figurando en el momento, en general, a toda cabeza visible cuya posición corroe en lo más bajo de cada quien.

El caso de Eva Celín es el borde del absurdo… ¿por qué arremeter contra una joven cuya carrera recién comienza? ¿es acaso tan doloroso que ella haya ganado y usted no?

¿Por qué en lugar de consumirnos lanzando juicios injuriosos contra el otro (tanto más si ha obtenido algún triunfo), hacemos un alto en el camino para recordar que el arte es ante todo exaltación de la vida y no irrisión del ser humano?

Camilo Calderón