capitalismo & cultura

EL TERCER UMBRAL / José Luis Brea
Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural

Versión del libro en pdf >
http://www.eltercerumbral.net/pdf/3umbral.pdf

reseña >

TOCA RESISTIR / MARTA GILI
Reseña Publicada en EXITBOOK, #4, Madrid, 2005.

Todavía no nos es dado adivinar el futuro (afortunadamente, sin duda), aunque podemos elucubrar sobre él, esbozar las posibles consecuencias de nuestro presente y maniobrar (aunque sea ligeramente) en consecuencia. José Luis Brea, en El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural, realiza un lúcido diagnóstico de las prácticas artísticas contemporáneas, del desarrollo de las formas del capitalismo cultural, de las industrias de la subjetividad y de las políticas de la identidad, y apunta el umbral que nos conducirá hacia el escenario del arte en el futuro.

Según Brea, nos hallamos inmersos en plena era del capitalismo cultural, en el que el maridaje entre la economía y la cultura está transformando la sociedad y sus nociones de trabajo, producción y “vida propia”. En el capitalismo cultural, la actividad humana no está dirigida a la producción de la industria o de la tierra, sino a la construcción de subjetividad y organización social. En un momento en el que los grandes ejes de construcción social y de “vida propia” se hallan en entredicho (la familia, la religión, las tradiciones, el estado, la patria, los partidos políticos…), las industrias culturales (las industrias de la conciencia) se erigen en poderosos agentes productores de subjetividad y de comunidad. Ellas manejan información y saber, en vez de objetos, propiedad intelectual, en vez de bienes materiales; se alimentan del “trabajo inmaterial” (siguiendo a Toni Negri y su escuela), básicamente especulativo y abstracto, proporcionando empleo a amplios sectores de nuestra sociedad.

En este contexto, las prácticas artísticas han quedado absorbidas por la industria del entretenimiento y, por consiguiente, su acción crítica, si la hubiera, es masticada y engullida por el sistema, sin ocasionar muchos problemas de digestión. Bajo este modelo, se sirve el espectáculo aderezado con elevados índices de audiencia y rentabilidad mediática, actuando como sucedáneo de la reflexión, del conocimiento y de la experiencia personal.

A partir de aquí, Brea se aventura a analizar el gran reto para el futuro de las prácticas artísticas, que pasa por redefinir la función del artista en el contexto de la transformación tecnológica de los usos de la imagen y sus condiciones de recepción y experiencia. De este modo el autor apunta toda una serie de premisas que pudieran caracterizar esta evolución:

1. No existe más el artista, como tal. El artista es un trabajador, un productor, un ciudadano cuyo “trabajo inmaterial” -vinculado al afecto, al sentido, al deseo, al significado y al placer- debe considerarse como integrado en un equipo de producción. Se impone, pues, repensar las cuestiones de autoría, así como la propiedad intelectual. Los ingresos del artista del siglo XXI surgirán de la circulación pública de su trabajo inmaterial.

2. No existen obras de arte, sino trabajos y prácticas artísticas productoras de criterio y conocimiento, y no de objetos. El artista no puede aceptar la política del derroche, el lujo y la opulencia.

3. El papel de las instituciones ya no será el de crear una “colección” o una “exposición”, sino la de proporcionar recursos que faciliten la producción, distribución y difusión. Es decir, las prácticas artísticas se desmarcaran de las economías de comercio de mercado, para situarse en economías de distribución.

4. Estos nuevos dispositivos de cultura deberán tender a actuar como “memorias de proceso” (del presente al futuro), en vez de “memorias de lectura” (del pasado al presente).

5. El gran reto de las prácticas artísticas es, pues, colarse por las fisuras de esta fase de capitalismo cultural avanzado, e interponer dispositivos susceptibles de promover actitudes críticas y generar modelos alternativos, reconociendo la dimensión política de esta tarea.

6. A este fin, el net art es la cultura que viene, una utopía del comunismo del conocimiento: se basa en la economía de distribución, construye comunidades online no jerarquizadas y escenarios públicos participativos.

Tan brillante análisis, por parte de José Luis Brea, del panorama cultural contemporáneo y sus posibles consecuencias -algunas ya evidentes y otras plausibles- plantean no pocas incertidumbres y, por supuesto, muchas preguntas. Por un lado, es indudable que el comercio del mercado del arte no desaparecerá a corto o medio plazo; y es probable, que este mismo mercado se resitúe y trate de absorber cualquier tipo de práctica artística, por inmaterial que ésta sea. Por otro, difícilmente -y siguiendo la misma lógica- las industrias culturales (en este caso, museos, instituciones, fundaciones, festivales, bienales y toda la industria del espectáculo) transformarán, de la noche a la mañana, sus planes estratégicos de ocupación de índices de audiencia: el pasado vende más que el presente y el futuro.

¿De qué modo, estas nuevas prácticas artísticas evitarán sucumbir ante los atrios del poder? ¿De qué forma, los “trabajadores inmateriales”, que lidiamos en el seno de estas megaindustrias, seremos capaces de realizar gestos de crítica y autoanálisis, sin caer en el ostracismo o en el esperpento?

“Toca evolucionar”, proclama Brea. Probablemente, la contradicción y la inestabilidad san los motores que nos permiten mantenemos activos y mirar hacia el futuro. Toca resistir, ¿no?

Versión del libro en pdf >
http://www.eltercerumbral.net/pdf/3umbral.pdf

Anuncios

‘air force one’ intervenido

El Air Force One, el avión presidencial estadounidense, ha sido graffiteado… Si quieres ver el video de la acción visita > StillFree


reality artist

“El arte en Colombia se ha vuelto un asunto de status y ranking social. Apoyado principalmente por una narco-estética y la necesidad se sobresalir socialmente”

Este statement de Camila Sanjinés, quien participa en esa suerte de expo-reality en la White Cube Gallery de NYC, me pone a pensar si realmente el lugar y el modo indicado para asilarse de la cosmética realidad colombiana es participar en este prooyecto especialmente diseñado para “excluídos social, física y económicamente”, que tiene como premio una visa por tres años y una efímera visibilidad en el complejo e hipercosmético circuito artístico de NYC.

Bastante dudoso que el premio se otorgue únicamente por un desempeño artístico. El desempeño social cuenta bastante. Sobra decir que el asunto no deja de ser un triste retorno a las estrategias expositivas en que encerraban en una jaula a los salvajes habitantes de las colonias para exhibirlos ante la sociedad civilazada.

Camilo Atuesta


¿asilo creativo o reality?

Somos 10 artistas encerrados en una galeria de Nueva York por 5 dias. El tema incluye “los excluidos física, cultural y económicamente”

Camila Sanjinés

Asylum >
http://www.asylumnyc.com

AsylumNYC presents all non-US artists with the opportunity to exhibit and live in New York City. In collaboration with White Box in New York, Wooloo Productions offers a creative asylum for artists working in all mediums. AsylumNYC will provide a talented artist with both a solo show at a recognized New York institution and the legal aid necessary to obtain an artists visa in the United States. The application period opened on February 5th, 2006 and ended on April 1st, 2006. A total of 235 artists from 43 different countries applied.

10 young artists have now been selected for participation. From Monday, April 24th until Saturday April 29th, these 10 individuals will be kept in detention in White Box and will not be permitted to leave the gallery.

AsylumNYC >
http://www.asylumnyc.com


teoría crítica

4.- Cuando soy mala soy mejor

La crítica comparte sin distinción su nombre con dos actividades bastante diferentes. Por un lado criticar es también un ejercicio puramente negativo semejante a denigrar. El carácter negativo es aquí lo que la crítica comparte con el cotilleo sentimental, los comentarios envidiosos o el resentimiento. Buena parte de la crítica desciende hasta este nivel de la cháchara, pues su alimento son propiamente los dimes y los diretes. Curiosamente su prestigio depende sin embargo también de esta actividad. Lo que tiene la crítica de comentario baladí es también lo que ella tiene de publicidad. El viejo principio según el cual es preferible que hablen de uno, aunque sea mal, es lo que garantiza la supervivencia de la crítica. Aunque no sea más que mera cháchara, genera una tensión significante sobre una mercancía. Genera entonces un deseo o, lo que a veces es más interesante, su forclusión. Pero la cháchara que además se somete voluntaria a la difusión mercantil de obras de arte se convierte en trompetera de un sistema al que gustosamente debe su supervivencia. La crítica entonces deviene comentario, loa o alabanza, lisonja o elogio y obtiene su rentabilidad de su propia logorrea.

Ataque, censura y murmuración son los otros sentidos que María Moliner recoge bajo el vocablo crítica. Todas son actividades que la crítica profesional (la crítica artística o literaria) en general comparte. Por eso nos resistimos a contemplar como verdaderas críticas las glosas o comentarios que se publican en la prensa (habitualmente meras reseñas de un determinado evento social) o las que se editan en los catálogos. Al carecer del elemento de la murmuración, del ataque o de la censura, la reseña periodística carece de interés pues pierde su mordiente. Paradójicamente, las buenas críticas son las malas críticas.

5.- A sueldo

Siendo la crítica como es una obra de arte, sin embargo para ella no rigen tanto los valores estéticos cuanto los valores morales. Es cierto que también la obra de arte es sometida a nuestra moralidad y a nuestros juicios políticos, pero a pesar de ello algunas obras de arte se redimen por su belleza. La Olimpia de Manet atestigua una triple sumisión (la de la mujer, la de la esclava y la de la prostituta), pero con su descaro pervierte todas las valoraciones. ¿Se trata de una denuncia, de una ironía o de una apología de la prostitución? Toda gran obra de arte trastoca los prejuicios habituales. Lo mismo nos sucede con las latas de sopa Campbell de Andy Warhol. ¿No son una celebración impúdica del valor mercantil de la obra de arte?

“Los cuadros recibieron fuertes ataques en la prensa cuando se expusieron en California”, recordaba Ivan Karp. “Hicieron bromas muy desagradables.” Pero John Coplans que dirigía una revista nueva e inteligente sobre el arte de la Costa Oeste, llamada Artforum, asistió a la exposición y le impresionó, y al correr la voz la gente adoptó posiciones enconadas, a favor o en contra.

“Yo admiraba mucho a Andy, porque todo el mundo se reía de sus latas de sopa Campbell, y yo creía que eran lo que se merecían los Estados Unidos”, dijo la estrella del cine underground Taylor Mead. “Lo consideraba el Voltaire de los Estados Unidos. Me parecía que era un verdadero golpe de Estado”[1].

De algún modo la obra de arte se redime en la polisemia de sus significantes. “Polisemia de los significantes”, no de otro modo caracteriza Diderot la belleza en el artículo “Bello” de La Enciclopedia, cuando la define como “un plus grand nombre de rapports”. Dicho en otras palabras: bella es una cosa que nos da que pensar. La tarea de la crítica consiste en decir y escribir ese pensar.

Para la crítica sin embargo el eximente de la belleza parece que no funciona. Sus perversiones son lo primero que la delatan y por lo primero que ella es vituperada. Amiguismo o animadversión, partidismo o servidumbre voluntaria son los dicterios que contra ella más resuenan. Ahora se habla mucho de la crítica mercenaria, como si el gran problema de la crítica fuese precisamente el de estar a sueldo. A sueldo o al servicio de su amo está también el arte y eso no lo impugna ni lo invalida. ¿Por qué esto habría de ser un desdoro para la crítica? Sin duda porque con ello pone en cuestión el mito fundacional de su independencia. Hay crítica, se supone, porque hay independencia de criterio. Si la crítica mostrase sus dependencias o sus servidumbres dejaría de ser crítica.

Es difícil establecer una distancia efectiva entre la crítica y el sistema mercantil que la sustenta. Sólo bajo la forma de un cinismo pervertido, mordiendo la mano que le da de comer, intenta la crítica rebelarse vanamente contra el sistema de distribución desigual de la riqueza que la hace posible. La ironía se vuelve más amarga cuando la crítica constata además que “rebelarse vende”. El destino de la crítica se encuentra así ligado, como por un pacto de sangre, al destino de la institución arte de la que pretende distanciarse. Si mercantilización y espectacularización son los males que afectan a ésta, y si la crítica misma no encuentra redención fuera de ellas, su destino es el mismo que condena.

Miguel Cereceda

texto completo en ::agenciacritica::


institucionalizar es…

“Institucionalizar” es un verbo que todos conjugan. Tanto Batelli, en busca de su propia voz, utilizando el recurso impaciente (vanguardista) de pretender afirmarse negándosela a los que en su fuero paranoico la intimidan. Maria Lawson (curioso apellido), duplicando en su advertencia policial el lenguaje de la ley. José Luis Brea, por medio de su calculado y fatigante dispositivo retórico cargado (loaded, como cualquier Smith & Wesson) de toda clase de “resistencias” filosóficas. Fernando Uhia, reincidiendo como un delincuente en su ritual emblemático-corporativo, demostrando gráficamente su capacidad de sacrilegio manual. Jaime Cerón, respaldado doblemente por la ins-ti-tu-cio-na-li-za-ción consecuente de su talento teórico y el cargo que ocupa en el IDCT (Instituto Distrital de Cultura y ‘Turismo’). Andrés Gaitán, desde su asiento académico y el prestigio de un premio de crítica que, aparte del señalamiento implicado, nadie, hasta el momento, se ha tomado el trabajo de comentar. Carlos Salazar, a partir de declaraciones bien articuladas sobre su trabajo pictórico y oportunas citaciones (autodefensivas) de cybercultura global. Andrés Hoyos, citadinamente activo (y muy bien relacionado) defendiendo desde su revista bienpensante -como cualquier miembro de Green Peace- la especie en turno de inminente extinción. Lucas Ospina, a partir de dosis precisas y muy trabajadas de implicante y graciosa ironía. Y también -cómo no- Jaime Iregui, “en negativo”, ofreciendo hospedaje en esta esferapública a casi todas estas variables de humor y opinión… Y finalmente -con menor figuración, saltándose amistosamente a todos los que se ha saltado pero sin “otra” intención-, Pedro Falguer, haciendo lo que acaba de hacer.

Ins-ti-tu-cio-na-li-zar es un verbo que a pesar de lo común resulta bastante difícil de conjugar. Sobre todo cuando intentamos conquistar un lugar respirable en la estrechísima playa mundial atiborrada de (otros) turistas aceitosos para que el nombre con que nos inauguraron al nacer refleje en sus letras trabajosas asi sea un poquitico de sol.

Una manera de decir que los enredos y angustias del mencionado Copyright no son una cosa distinta.

De todos modos están pasando cosas. Por ejemplo, Creative Commons; una simpática señal de los tiempos “institucionalizada” en un par de animaciones en Flash:

http://mirrors.creativecommons.org/

Pedro Falguer


admonición y amenaza

En referencia a la admonición de Maria Lawson, que parece más bien una amenaza, me permito decirle que lo último que nos faltaba es que la policía transnacional venga a censurar el trabajo de artistas en nombre de los derechos de autor. No sé qué profesión representa ella, pero la nuestra, la de los artistas y escritores, es la profesión del análisis crítico, y por ende lo que publiquemos es sujeto a la crítica y a la apropiación. En el mejor de los casos, nuestro pensamiento es una ofrenda que nos damos los unos a los otros, y no una ofrenda a las concepciones capitalistas que quieren darle a todo un valor monetario (algo que debería saber María Lawson, dado que aún se refiere a “obras del espíritu”). Como dijo Foucault alguna vez, por favor “que nos ahorren su moralismo cuando escribimos.”

Juan Andres Gaitán