la tradición de disentir

Alvaro García: Bueno ¿cuál sería –hablando de estos temas- el presidente ideal para Colombia? Gloria Zea: te contesto con la frase más trivial del mundo entero: el que tenemos. Yo soy Alvarouribista total.

AG: ¿Le ha gustado la gestión de Martha Senn administrativa en el tema cultural en el Distrito? GZ: Mira, con Martha Senn yo tuve muchas diferencias al inicio de su gestión. Afortunadamente hoy en día hemos eh… Yo creo que ella entendió finalmente qué era lo que yo estaba defendiendo y hoy en día hemos desarrollado con el Instituto una… una fórmula que a mi me parece maravillosa, que me tiene muy contenta, y que se llaman las alianzas estratégicas, y es la unión de tres entidades eh… (corte, aparentemente edición por parte de RCN)

AG: Gloria, ¿El Ministerio de Cultura ha sido una entidad eficiente? GZ: no creo, no mucho. No. No me parece. (sigue…)

GZ: yo sabía que Valeriano se iba a ganar el concurso, entonces… para eso lo hice. Y se lo ganó. El concurso Pavarotti le pagó la carrera entera en la mej… en el mejor conservatorio en los Estados Unidos.

Encuentre la transcripción de los últimos 23 minutos de la entrevista que Gloria Zea sostuvo con Alvaro García en las horas de la noche del 29 de agosto de 2006 por el canal RCN en >> http://www.teatrocritico.blogspot.com/

Anotaciones a una transcripción: se asume, por mero jerjcicio de una costumbre de aproximación, que existe una plena equivalencia entre un significante escrito o un significante acústico -si es correcto el uso del término especializado “significante-. El desarrollo de una transcripción demuestra que: o no existen suficientes recursos en el universo del texto escrito para capturar plenamente la experiencia del significante acústico o, tal vez con mayor grado de probabilidad, vertir un significante en el otro es plenamente imposible.

Este texto ha optado por la transcripción semiliteral de las dubitaciones de los interlocutores como el único recurso posible para acercar los dos experiencias: la experiencia visual a la experiencia acústica. Como reultado de este intento de traslación de las relaciones entre significantes de un universo hasta el otro universo, aparece la necesidad de bautizar dos signos diferentes asociados a un mismo significante visual, dependiendo de los otros significantes visuales que lo acompañen, es decir, de acuerdo a una ecuación de contexto.

Pablo Batelli


traducción simultánea

Con las últimas intervenciones la discusión se desplaza del ámbito mismo de la EPD como propuesta de una “crítica institucional” al de una reflexión crítica que surge -vaya paradoja- de las falencias de una “obra” que supuestamente cuestiona las instituciones. Obviamente, habrá quien entienda esta discusión como un contrapunto entre el artista viajero y los artistas locales. El asunto aquí es la estrategia -muy institucional- de absorber las críticas desplegando posiciones que no permiten cuestionamiento alguno, con afirmaciones como “todo lo tenía previsto” y despachar el asunto como un “debate” definido por la paranoia local a “todo lo que venga de los centros”.

A lo que voy es que en debates pasados como el de “ruido crítico” -anexo enlace para que Pablo Helguera se ponga en contexto- se busca establecer una distancia con tanta “criticadera” a las instituciones. Es por ello que en un espacio como Esfera Pública la visible incapacidad de la EPD para abrir un espacio a la autocrítica nos refiera instantáneamente a la paquidermia de las instituciones culturales y a todos sus procesos de burocratización, limitaciones presupuestales, accidentes en el camino y calamidades que las hacen sordas, lentas y nada receptivas a cualquier tipo de revisión crítica. Aunque, claro está, justifiquen los ajustes a sus proyectos con afirmaciones como “a partir de las críticas del sector de los artistas y el medio en general hemos decidido reformar la presente edición del salón nacional”, “la controversia es parte del proyecto” o, para no ir más lejos: “todo lo sucedido estaba previsto”.

Y eso es algo que la EPD creo no tenía previsto: a partir de los señalamientos que se le han hecho desde este espacio, esa crítica institucional que no pudo concretar a nivel local la EPD por sí misma, se realiza a pesar de ella, y no porque seamos una suerte de paranoicos de lo que “nos llega de Nueva York”, sino porque precisamente en esta esfera se ha discutido constantemente sobre el papel de las instituciones, sus pros y sus contras. Es ese tal vez el “contexto local” que la EPD desconoce. Y es con este debate que se ha (des)articulado la EPD. Un debate que creo no tiene sus origenes en lo neoyorquino de nuestra identidad y menos aún, en el recurso de recurrir al cliché de nuestros “problemas de frontera” por ser colombianos -o mexicanos-, sino en una serie de problemáticas de las instituciones locales -muy distintas a las de NYC- en donde el artista como institución trata de establecer una distancia crítica con las demás instituciones en que está inmerso su trabajo y su discurso.

Los problemas con las fronteras los ha tenido la EPD. Y de eso Pablo Helguera ha escrito en abundancia. También parece tener problemas con las fronteras de sentido. Lleva tres semanas en Esfera Pública y no se ha dado cuenta que, como lo ha afirmado Francois Bucher con sutil humor, la reflexión sobre lo institucional es una de las “especialidades” de este espacio -que ha probado a la EPD y que ésta continua sin probar. Y es una de las especialidades con la que artistas como Lucas Ospina y Francois Bucher han tomado distancia en discusiones recientes. Es tal vez por ello que este debate proponga una forma distinta de acercarse a una obra -porque la EPD de alguna forma se propone como tal- y salgamos de la discusión recurrente de “lo institucional”.

Lo paradójico del asunto es que es precisamente con una propuesta que se presenta como “crítica institucional” con la que estos artistas empiezan a construir una forma propia de acercarse a una obra y abrir así un espacio distinto al de la muy “normal” y convencional reseña crítica de revista especializada.

Y eso mi estimado Pablo, es algo que no estaba previsto.

Mery Boom

*aconsejo a la EPD un tour por la discusión “ruido crítico” en los archivos de Esfera Pública >

http://esferapublica.org/nfblog/?cat=20


FB/EPD

FB: No es con el ánimo de ser polémico porque sí, pero siento la necesidad de hacerle salvedades a mucho de lo que plantea Pablo aquí, y en algunos casos antagonizarlo de frente. Sigo pensando que esta conversación tiene sentido tenerla y se la debemos a la EPD. La EPD merece crédito por ella y es generoso de la parte de Pablo prestarse a ser quien recibe todo el honor y el vituperio. La crítica más de fondo que puedo tener es al tono como de “Gulliver en el país de los enanos” que adopta la EPD en algunos comunicados.

EPD: Algunas de las paradojas que describe Francois en su último texto son bastante certeras, aunque éstas estaban contempladas dentro de la misma estrategia de la EPD. Desde el inicio me ha quedado claro que este proyecto sería visto como algo proveniente del ¨centro¨, ya sea por la clase de apoyos que ha recibido o por el sencillo hecho de que vivo en Nueva York. (En Guatemala, hubo una clase de reticencia similar, pero en ese caso, sospecho, por el hecho de que soy mexicano.) Confié, sin embargo, – y creo que con debates como este comienza a comprobarse- que se pudiera superar la paranoia de que provengo “de fuera” para así hablar de cosas más interesantes.

FB: La paranoia de que “Pablo viene de fuera” es el motor de las cosas más interesantes de la discusión, a mi modo de ver. Sin la paranoia de que Pablo viene de fuera lo único que hay son estudiantes aptos escribiendo planas en su cuaderno (para usar la metáfora de salón de clase de la EPD): “La EPD nos brinda la oportunidad de entendernos mejor (bis)”. Y todo lo que la EPD haya previsto en su plan estratégico tiene que derribarse ante la realidad bruta del encuentro, de otro modo el viaje no vale la pena. A los que nos gustan las fábulas queremos ver a Pablo en algún lugar de la Patagonia diciendo “the horror” en su voz más carrasposa, de otro modo habría que concluir que no hubo viaje.

EPD: Por otra parte, también tenía muy claro desde el principio que las enunciaciones performáticas de índole sentimental, romántico y /o utopista del proyecto iban a generar toda clase de sarcasmo, como en una típica dinámica de escuela secundaria. Mi respuesta inicial al estudiante malcriado (Lucas) realmente no era una condena ofendida ante el uso del humor, sino que objetaba que las posibilidades de diálogo quedaran reducidas a burlarse de la nariz del “profesor” (aunque dicho sea de paso, en mi caso sería de esperarse).

FB: Pero tal vez Lucas no se ve a sí mismo como un niño disidente sino que él esta midiendo su nariz a la del líder del EPD, como un igual. No es el caso de un subalterno derrocando a la figura del Pater Familias. Lucas fue violento y hasta un poco injusto se puede decir, pero la objeción era sustantiva y no una pataleta que impide seguir el curso de la conversación “más interesante” sino más bien la punzada que abre una grieta hacia otros asuntos de fondo.

EPD: A fin de cuentas, el proyecto busca cuestionar aquél concepto que todos odiamos pero que no tenemos más remedio que usar (porque somos usados con ese termino), que es el de identidad. Y a través de diferentes dinámicas (coreografías ceremoniales, terapias de grupo, provocaciones reales y ficticias, el jugar al papel del turista-interlocutor ingenuo), se han generado reacciones que, negativas o positivas, siempre acaban cumpliendo el objetivo de ver forzado a un grupo a definir aquellos parámetros que definen una realidad local.

FB: No hay duda que el dispositivo, el interruptor EPD ha funcionado para estimularnos a todos a pensar lo que siempre toca pensar, lo que sólo si se logra pensar de manera nueva vuelve a ser interesante.

EPD: Esta reflexión se me hizo muy clara en el caso colombiano dentro de lo que era el subtexto de la fábula de Lucas: ¿Quien se ha creído este neoyorkino que viene a hablarnos a nosotros, los colombianos, de lo que es el desasosiego? ¿Quien es el para venirnos a hablar de fronteras, cuando a nosotros no nos dejan entrar a ningún país? ¿Quien es él para venir a que le roben su computadora y así sentirse más víctima que nosotros? De manera interesante, y así como el tema del panamericanismo generó una reacción emocional en Caracas, lo mismo hizo el tema del desasosiego en Bogotá (donde casi nadie habló de panamericanismo). Pero sobre eso quizá cada quien deba de sacar sus propias conclusiones.

FB: La mía, que llevo una década por fuera de Colombia y que por lo tanto admito que hay mucho que se me escapa hoy en día, es que esta no fue la objeción que recibió la EPD, que esas palabras son la caricatura de una objeción más seria y menos fácil de parafrasearse a la ligera, con esas ideas, que me parecen un poco preconcepciones sobre lo colombiano. Además no sucedió pues la “colombianización de México”? Ya el desasosiego colombiano no le es foráneo a un mexicano.

EPD: En todo caso, lo que ha caracterizado al “debate” colombiano de la EPD, a diferencia de los otros países y aparte de su peculiar intensidad (y de la tendencia que todo el mundo tiene aquí de citar profusamente), creo que ha sido su obsesión con las relaciones centro-periferia, que de manera oblícua surgió en un debate que tuvimos sobre el individualismo en Colombia, y que terminó con el enfoque a mi persona como agente externo y hegemónico, como un Quetzalcóatl a la vez cursi y maligno.

FB: Pero es que la EPD lo es – cursi y maligna (como dice más arriba “sentimental, romántica y utópica”) – y por eso puede volverse agente provocador de las verdaderas discusiones, de las realmente imprevistas, esa es la virtud de someterse a los avatares del viaje. Dios libre a la EPD de ser fiel a su libreto inicial, porque, ese se puede redactar con el estilo de los comunicados de las embajadas, con el director de La Americas Society, Miles Frechet, de donde salió la EPD.

EPD: Pero como bien sabemos después de una década de hablar de centro-periferia (y como ahora se está abordando en el SITAC esta semana), la fabricación de la noción de periferia en el arte y en el mundo intelectual es más bien una conveniencia postmodernista que no tiene mucha sustancia fuera de su dinámica política y promocional.

FB: “Heroin is so Passé” cantan los Dandy Warhols con sutil ironía sabiendo que para un junkie la cosa como que no es tan sencilla. Otra fabula: Digamos que en el centro, que sí existe, aunque se multiplique por todas partes, se dedican a hablar de la inveterada cuestión de “centro y periferia” y en una década el discurso, gastado, empalagoso, indigesto ya nadie se lo soporta (está bueno el tono de un escrito reciente de Franceso Bonami al respecto http://www.nettime.org/Lists-Archives/nettime-l-0608/msg00021.html). Y todo el mundo dice que ya basta de ese discurso posmoderno y que hay que pasar a otra cosa. El actor que siempre faltó en cada escenificación de ese libreto sigue faltando porque la naturaleza misma de su existencia es faltar, pero en su nombre se desató todo el sonido y la furia de los que ahora sienten que se superó el tema.

EPD: En realidad, todo aquél que involucrado o interesado en el mundillo del arte contemporáneo en mayor o menor medida está ultimadamente formando parte de un mismo medio que, estando en NY o en Bogotá, comparte referencias similares, ya sea citando a Rosalind Krauss o invocando a Andrea Fraser. Todos somos los otros y todos somos nosotros mismos, pero en el mundo del arte todos somos neoyorkinos.

FB: Sin guardar proporción alguna yo diría que ese mito de que todo el mundo es neuyorkino en el arte contemporáneo es idéntico al de una sociedad sin clases. Es como en el diseño arquitectónico: entre más se hace uso del vidrio en los edificios corporativos o gubernamentales para dar la ilusión de transparencia, más intrincado se vuelve el laberinto de códigos que maneja el personal de seguridad para que no pase el que no conoce el protocolo. Siga no más, ahí a la vista está el referente común, ya lo atiendo.

François Bucher


todo perfectamente calculado II

Todo perfectamente calculado II

“La crítica de arte en Colombia (1974–1994)” por Carolina Ponce de León:

[Serrano brevemente]

“Si el protagonismo fuera una medida de calidad, se podría decir que Eduardo Serrano es el crítico de la década […] Serrano se apoya en los mecanismos de la (auto)publicidad, como cuando otorga “dimensión histórica” a los eventos que él organiza.

Un ejemplo palpable surge a raíz del Salón de la Tadeo:

‘Este certamen pasa a ocupar un puesto definitivo en la historia del arte colombiano, y entra en inapelable relación con la oportuna y fundamental redefinición y cuestionamiento de objetivos que ha caracterizado permanentemente la celebración de los certámenes independientes’*

Palabras más, palabras menos, en cada uno de los eventos organizados por él —Salón Atenas, bienales, etc.— enuncia a priori, desde la presentación misma en el catálogo, el carácter “controvertido” de lo que el pública verá, y eso se cumple con una campaña de prensa proporcional que propaga “la controversia por la controversia” como criterio artístico y publicitario.

“Se sabía —por la demostrada calidad de las obras de los artistas invitador así como por su sobresaliente, aunque relativa corta figuración —que la primera Bienal de Arte de Bogotá sería una exposición enriquecedora y refrescante. Se sabía igualmente —por la coherencia de sus estructuras, el número de obras presentadas por cada artista y la seriedad de los críticos involucrados— que la bienal sería un evento de difusión artística excepcional. También era de esperarse —dada su orientación hacia el arte más innovador e iluminante —que la bienal provocaría cierta angustia y resquemores entre los más inseguros. Y se sabía también —dado su carácter intencionalmente polémico y clarificador— que el premio, no importa quien lo hubiera merecido, causaría la más viva discusión y una que otra impugnación fuera de tono. Lo que no se sabía era que la Bienal se convertiría —tanto por su contenido como por las reacciones que habría de suscitar— en verdadera radiografía de las escena artística nacional en estos turbulentos años ochenta”.**

El texto de presentación del catálogo anticipó su propio balance. Constituía un soplo al oído para los periodistas que copian los remitidos de prensa al pie de la letra. Este texto ilustra no sólo la falta de crítica sino también de autocrítica.”

***

Una critica de arte por Lucas Ospina:

[Escuela Panamericana del desasosiego —E.P.D.— brevemente]

“Si el protagonismo fuera una medida de calidad, se podría decir que la E.P.D. es el evento del mes […] la E.P.D. se apoya en los mecanismos de la (auto)publicidad, como cuando otorga “dimensión crítica” a los eventos que organiza.

Un ejemplo palpable surge a raíz de la reacción de la E.P.D. a una crítica que circuló en esferapública:

“Tanto por su formato híbrido por la naturaleza de esta empresa, se busca romper con los formatos predecibles de discusión propios del ámbito académico y del mundo del arte […] Este proyecto ha incorporado en su página las críticas de todos aquellos que han comentado acerca del proyecto, en todos los países en que ha estado – muchas de ellas en extremo negativas, pero con posturas concretas. De hecho, en el primero de los treinta debates que incluye este proyecto, se cuestionó fuertemente la premisa misma de la escuela (consultar la primera página del blog). Pero el tratar de desacreditar arbitrariamente un proyecto sólo por inferencias subjetivas y aleatorias ni siquiera se puede considerar como crítica, sino como mala leche.”***

Palabras más, palabras menos, en cada uno de los eventos organizados por la E.P.D se enuncia a posteriori, el carácter “controvertido” de lo que el público ya vio, y eso se cumple con una campaña de Internet en un blog unipersonal que propaga “la controversia por la controversia” como criterio artístico y publicitario.

“Algunas de las paradojas que describe Francois [Bucher] en su último texto son bastante certeras, aunque éstas estaban contempladas dentro de la misma estrategia de la EPD […]Por otra parte, también tenía muy claro desde el principio que las enunciaciones performáticas de índole sentimental, romántico y /o utopista del proyecto iban a generar toda clase de sarcasmo, como en una típica dinámica de escuela secundaria […]Tanto por su formato híbrido por la naturaleza de esta empresa, se busca romper con los formatos predecibles de discusión propios del ámbito académico y del mundo del arte […] Es comprensible el desconfiar de todo, pero el nihilismo es nuestro veneno contemporáneo, un hoyo negro, así como la ruta más fácil del autoengaño. […] Todos somos los otros y todos somos nosotros mismos, pero en el mundo del arte todos somos neoyorkinos.”***

Los textos de respuesta de la E.P.D. en esfera pública siempre precluían a favor de su propio balance. Constituían un soplo al oído para los lectores que copian los remitidos al pie de la letra. Estos textos ilustran no sólo la falta de crítica sino también de autocrítica.”

*Eduardo Serrano “El primer salón independiente de Universidad Jorge Tadeo Lozano”, en “Un lustro visual: ensayos sobre arte contemporáneo colombiano, Tercer Mundo, Bogotá, 1976.

** Eduardo Serrano “La bienal de Arte de Bogotá: una exposición innovadora y visionaria”, en “Revista Arte, No.5, p 68.”

*** Edición de textos enviados por el Maestro Helguera a esferapública (Editado por Lucas “el estudiante malcriado” bajo la tutela de Pedro Manrique Figueroa “Precursor del collage en Colombia”).

Lucas Ospina


todo perfectamente calculado

NIXON TENIA EL DISCURSO DEL DESASTRE PERO LOS SALVÓ UNA LAPICERA

http://www.abierta.tv/sections/tech/ julio 24 de 2006

Un nuevo documental de TV revela que la tripulación de Apolo 11, primera en pisar la Luna, pasó por graves problemas y además vió un OVNI. El astronauta Buzz Aldrin, compañero de Neil Armstrong y segundo hombre en caminar sobre la superficie de la luna, dijo que los jefes de la agencia espacial NASA ocultaron su avistamiento por 30 años y que los astronautas de Apolo 11 tuvieron cuidado de no hablar sobre ello abiertamente.

Dijo: “Había algo fuera de allí, bastante cerca para ser observado, ¿qué podría ser?”

“Ahora, ninguno de nosotros tres íbamos a decir… Hey, Houston, tenemos algo que se mueve al costado de nosotros y no sabemos que es, ¿Uds. lo saben?, ¿pueden decirnos que es?”

“No íbamos a hacer eso, porque sabíamos que esas transmisiones serían oídas por todas clase de gente y alguien podría haber demandado que diéramos vuelta atrás debido a los alienígenas o a la razón que fuera.”

El documental también revela que los astronautas tuvieron que reparar el módulo lunar con una lapicera después del alunizaje histórico en julio de 1969.

En las condiciones apretadas, el traje espacial de alguien había hundido a presión un interruptor esencial para encender el motor, lo que impedía el despegue para el retorno del módulo lunar. Nixon incluso había preparado un discurso a la nación que anunciaba las muertes de Armstrong, Aldrin y Collins.

Hasta hoy, Aldrin atesora el objeto que salvó sus vidas y relata, “Utilicé una lapicera, una de tantas que teníamos a bordo y que no tenía metal en el extremo, y utilizamos eso para empujar el interruptor”.

Además el documental cuenta cómo el gobierno de EE.UU. ordenó a NASA cortar el enlace con los astronautas si el desastre era inminente. No querían que el mundo viera imágenes de astronautas americanos muertos girando en el espacio.

Carlos Salazar


somos seres sosos, ada, sosos seres somos

Algunas de las paradojas que describe Francois en su último texto son bastante certeras, aunque éstas estaban contempladas dentro de la misma estrategia de la EPD. Desde el inicio me ha quedado claro que este proyecto sería visto como algo proveniente del ¨centro¨, ya sea por la clase de apoyos que ha recibido o por el sencillo hecho de que vivo en Nueva York. (En Guatemala, hubo una clase de reticencia similar, pero en ese caso, sospecho, por el hecho de que soy mexicano.) Confié, sin embargo, – y creo que con debates como este comienza a comprobarse- que se pudiera superar la paranoia de que provengo “de fuera” para así hablar de cosas más interesantes

Por otra parte, también tenía muy claro desde el principio que las enunciaciones performáticas de índole sentimental, romántico y /o utopista del proyecto iban a generar toda clase de sarcasmo, como en una típica dinámica de escuela secundaria. Mi respuesta inicial al estudiante malcriado (Lucas) realmente no era una condena ofendida ante el uso del humor, sino que objetaba que las posibilidades de diálogo quedaran reducidas a burlarse de la nariz del “profesor” (aunque dicho sea de paso, en mi caso sería de esperarse).

A fin de cuentas, el proyecto busca cuestionar aquél concepto que todos odiamos pero que no tenemos más remedio que usar (porque somos usados con ese termino), que es el de identidad. Y a través de diferentes dinámicas (coreografías ceremoniales, terapias de grupo, provocaciones reales y ficticias, el jugar al papel del turista-interlocutor ingenuo), se han generado reacciones que, negativas o positivas, siempre acaban cumpliendo el objetivo de ver forzado a un grupo a definir aquellos parámetros que definen una realidad local. Esta reflexión se me hizo muy clara en el caso colombiano dentro de lo que era el subtexto de la fábula de Lucas: ¿Quien se ha creído este neoyorkino que viene a hablarnos a nosotros, los colombianos, de lo que es el desasosiego? ¿Quien es el para venirnos a hablar de fronteras, cuando a nosotros no nos dejan entrar a ningún país? ¿Quien es él para venir a que le roben su computadora y así sentirse más víctima que nosotros? De manera interesante, y así como el tema del panamericanismo generó una reacción emocional en Caracas, lo mismo hizo el tema del desasosiego en Bogotá (donde casi nadie habló de panamericanismo). Pero sobre eso quizá cada quien deba de sacar sus propias conclusiones.

En todo caso, lo que ha caracterizado al “debate” colombiano de la EPD, a diferencia de los otros países y aparte de su peculiar intensidad (y de la tendencia que todo el mundo tiene aquí de citar profusamente), creo que ha sido su obsesión con las relaciones centro-periferia, que de manera oblícua surgió en un debate que tuvimos sobre el individualismo en Colombia, y que terminó con el enfoque a mi persona como agente externo y hegemónico, como un Quetzalcóatl a la vez cursi y maligno. Pero como bien sabemos después de una década de hablar de centro-periferia (y como ahora se está abordando en el SITAC esta semana), la fabricación de la noción de periferia en el arte y en el mundo intelectual es más bien una conveniencia postmodernista que no tiene mucha sustancia fuera de su dinámica política y promocional. En realidad, todo aquél que involucrado o interesado en el mundillo del arte contemporáneo en mayor o menor medida está ultimadamente formando parte de un mismo medio que, estando en NY o en Bogotá, comparte referencias similares, ya sea citando a Rosalind Krauss o invocando a Andrea Fraser. Todos somos los otros y todos somos nosotros mismos, pero en el mundo del arte todos somos neoyorkinos.

Pablo Helguera


africa de fieras en esfera

Alejandro Mancera