machete antihéroe

Sobre los resultados del III concurso de artes plásticas de la embajada de Francia 2007

i. Guardián, necio y ley (a partir de un texto de Kafka enviado por Lucas Ospina).

Luego de un cambio intempestivo de sede sin la menor explicación (lo cual damnificó a las piezas pensadas para sitio especifico) y ahora en un salón comunal del Las Torres del Parque en Bogotá, descansa taciturna una muestra confinada entre vidrios y paredes. Acalladas al lado interno del amplio ventanal del recinto, veinte piezas esperan inmunemente a un desprevenido transeúnte, cuyo impulso será presto destajado por una puerta transparente con llave y ningún aviso sobre dónde buscar al guardián. Al traste con esa dulce curiosidad mañanera de colombiano paseante, entre olor a pan y mierda y entre ladrillos, arbustos y hemiciclos, el arte hoy no será para ti hombre de a pie, sino para el docto, advertido y necio, buscador siempre paciente de una ley, de un guardián y de unas llaves.

El terco, que no es jerarca y se somete a pedir que le abran la puerta, será favorecido en una oficina con una orden indiferente de la ley de turno, enunciada detrás de un escritorio en una galería llamada Mundo, a cargo del lugar de exposición. Alguno en pantalones o falda, caminará dos cuadras con el terco, desde dicha oficina hasta el salón de la muestra y con tres vueltas en dos cerraduras permitirá al viento y a la mirada del necio rozar de cerca a las piezas tristes.

La galería en mención, la guardiana de las llaves, produce una revista sobre arte y mundo, la cual dedica cada número a perfilar a innegables y acreditados señores del campo artístico nacional, como Enrique Grau, Carlos Jacanamijoy, el maestro Giangrandi y Andrés (el de carne de res), entre otros. Caro tipo de ley de turno…

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la paja en el ojo: una pregunta ilegítima, quizás

Hoy me enteré por terceros de que ya no hago parte del staff de columnistas de Arcadia, la revista cultural de publicaciones Semana. Pero no es ese el problema aquí, si es que hubiera algún problema, pues no me cabe duda de que la Dirección de la revista está en su legítimo derecho de incluir o excluir textos y autores según su criterio. Lo que en cierta medida me molesta es que no se me hubiera informado que la columna mensual “La paja en el ojo” había sido retirada de la revista y, por otro lado, la inquietud de saber por qué fue ante este preciso artículo (anexo) que los editores tomaron la decisión, pues allí no se planteaban opiniones particularmente lúcidas ni definitivamente peores a las expresadas en otras entregas. De hecho, el texto mantenía el tono y características de sus predecesores salvo por el hecho de que, aquí, las críticas apuntaban hacia un objeto social distinto.

Como el texto está escrito ya, me permito reproducirlo a continuación, con el ánimo de, al menos, no verlo totalmente perdido entre las carpetas de mi computador.

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La Revolución de Octubre

Bogotá se llena en octubre de espectáculos artísticos: al parecer no es suficiente con Fotográfica Bogotá, que está acaparando un número considerable de los espacios de exhibición con muestras, conferencias y fotomuseos que han invadido toda la ciudad, dando a ver casi más de lo que se alcanza; y digo que no ha sido suficiente porque se siguen inaugurando prósperos eventos, ferias y festivales artísticos por todo el circuito de museos y galerías, tanto que en los paraderos de buses del centro y norte no se pelean entre sí durante este mes las publicidades del indio Pielroja con los culos de las Chicas Águila, sino la silueta de la Rebeca (usada como logo de Fotográfica), con Juan, ese ciudadano común a quien, según la Cámara de Comercio de Bogotá, le gusta el arte y por ello no se perderá Artbo.

Ya desde el mes pasado y por lo que queda de año el gobierno de Chile ha venido, y seguirá, impulsando un conjunto de grandes muestras de arte contemporáneo chileno en la ciudad, bastante desiguales y en apariencia dirigidas a un público juvenil alienado por el esténcil, la nueva gráfica gringa y el revival del pop art que nunca deja de venderse bien. Luego viene el plato fuerte: entre el 18 y el 23, la Feria internacional de Arte de Bogotá intentará movilizar una gran masa de compradores y mercaderes de arte, nacionales e internacionales con el fin, se nos dice, de estimular una cultura del coleccionismo en Colombia que tendrá, para terminar y en simultánea, la realización de La Otra, una feria “alternativa” de arte impulsada por Jairo Valenzuela tras haberse quedado sin local en Corferias.

Me pregunto entonces por las razones de esta cada vez más grande erupción de capitales en los octubres artísticos de Bogotá que, si bien nos traen fotos de Goicolea, Witkin y Andrés Serrano, curadurías de Rosa Olivares y exposiciones con obras de Warhol y Koons llegadas de Chile para ser exhibidas tiradas en el piso de unos montajes confusos y poco dicientes, parecen más pensados para atraer grupos de turistas y señores con gruesos anillos de oro que andan todo el mes buscando qué comprar.

En un momento en que vemos montañas de dinero salido de quién sabe dónde fluyendo en las campañas políticas, computadores narcoparamilitares que nos entregan listados de empresas fachada en las que, casi sin excepción aparece la compra y venta de arte entre sus objetos sociales, intercambios artísticos interamericanos planteados como abrebocas de acuerdos comerciales mucho más grandes y siempre ligados a la privatización de alguna empresa del Estado, y millonarias partidas presupuestales del distrito mezcladas con donaciones empresariales que caen en manos de fundaciones “sin ánimo de lucro” para la realización de carísimos proyectos de bajo impacto social, es hora de ver cómo le salimos al paso a prácticas muy comunes y muy ilegales presentes en la historia de nuestra reciente cultura nacional.

Porque una cosa son las buenas intenciones de la Secretaria Distrital de Cultura, el apoyo de la Cámara de Comercio a ese boom del arte colombiano más comercial o el muy nutrido aunque atropellado photoslide que nos ofrece Gilma Suárez, y otra muy distinta el pensar en que esas platicas giradas en octubre terminarán bien limpias en noviembre en un banco de Panamá o Bahamas, mientras el público pasa todo el resto del año viendo poco y los artistas viviendo de un mercado local aquejado de tacañería entre noviembre y septiembre.

Víctor Albarracín


el gran circo de la cultura

1.
Ante la ley
Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un hombre del campo y le pide ser admitido en la Ley. Pero el guardián dice que por ahora no le puede permitir la entrada. El hombre se queda pensando y pregunta si le permitirán entrar más tarde. “Es posible”, dice el guardián, “pero ahora no”. Viendo que la puerta de acceso a la Ley está abierta como siempre y el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para mirar al interior a través de la puerta. Cuando el guardián lo advierte, se echa a reír y dice: “Si tanto te atrae, intenta entrar a pese a mi prohibición. Pero ten presente que yo soy poderoso. Y solo soy el guardián de menor rango. Entre sala y sala hay más guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el aspecto del tercero no puedo soportarlo ni yo mismo”.Con semejantes dificultades no había contado el hombre del campo; la Ley ha de ser accesible siempre y a todos, piensa, pero cuando observa con más detenimiento al guardián envuelto en su abrigo de pieles, con su gran nariz puntiaguda, su larga barba tártara, rala y negra, decide que es mejor esperar hasta conseguir el permiso de entrada. El guardián le acerca un taburete y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí se queda sentado días y años. Hace muchos intentos por ser admitido, y cansa al guardián con sus ruegos. El guardián lo somete con frecuencia a pequeños interrogatorios, le pregunta sobre su país y muchas otras cosas, pero son preguntas hechas con indiferencia, como las que hacen los grandes señores, y al final le repite una y otra vez que aún no puede dejarlo entrar. El hombre, que se había provisto de muchas cosas para su viaje, lo utiliza todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este le acepta todo, pero al hacerlo dice: “Lo acepto solo para que no creas que no lo intentaste todo”. Durante esos largos años el hombre observa al guardián casi sin interrupción. Se le olvidan los otros guardianes y este primero le parece el único obstáculo para entrar en la Ley. Durante los primeros años maldice el lamentable azar en voz alta y sin miramientos; más tarde, a medida que envejece, ya solo farfullando para sus adentros. Se comporta como un niño y como al estudiar al guardián durante tantos años ha llegado a conocer incluso a las pulgas del cuello de su abrigo de piel, también pide a las pulgas que lo ayuden y hagan cambiar de opinión al guardián. Por último se le debilita la vista y ya no sabe si la oscuridad reina de verdad a su alrededor o solo son sus ojos que lo engañan. Pero entonces advierte en medio de la oscuridad un resplandor que, inextinguible, sale por la puerta de la Ley. Le queda poco tiempo de vida. Antes de su muerte se le acumulan en la cabeza todas las experiencias vividas aquel tiempo hasta concretarse en una pregunta que todavía no le había hecho al guardián. Le indica por señas que se acerque, pues ya no puede incorporar su rígido cuerpo. El guardián tiene que inclinarse profundamente hacia él, porque la diferencia de tamaño entre ambos ha variado en detrimento del hombre. “Qué más quieres saber ahora?”, pregunta el guardián, “eres insaciable.” “Todos aspiran a entrar en la Ley”, dice el hombre, “¿cómo es que en tantos años nadie más que yo ha solicitado entrar?” El guardián advierte que el hombre se aproxima ya a su fin y, para llegar a su desfalleciente oído, le ruge: “Nadie más podía conseguir aquí el permiso, pues esta entrada solo estaba destinada a ti. Ahora me iré y la cerraré”.

—Franz Kafka

2.
Museos, ferias, universidades y publicaciones
El cuento Ante la ley de Franz Kafka se puede escenificar poniendo en el rol del guardián al celador de una institución, al director de un museo (o de una feria de arte), al director de una universidad o al editor de una publicación. Un crítico, un artista o un lector podrían actuar en el rol del campesino. La Ley podría ser el Arte porque el arte, cuando es llamado Arte, es la Ley. Pero lo que importa, al menos para esta interpretación, es ver cómo en el lugar de encuentro entre el campesino y el guardián hay una puerta que “está abierta como siempre”. La puerta permanece abierta mientras haya alguien que “insaciable” se ejercite con curiosidad, paciencia y responsabilidad en el arte del diálogo, y ofrezca todo lo que tiene, maldiga su propia suerte y llegue hasta el delirio de hablar con pulgas y ver extraños resplandores; cuando el campesino —sea crítico, artista o lector— muere o deja de hacer cuestionamientos, el guardián cierra la puerta, el espacio se divide y se condena a tener un adentro y un afuera; la puerta, en vez de ser un umbral, se convierte en una cerca, es comienzo y fin de una propiedad: el museo, la feria, la universidad o las páginas de una publicación se cierran en si mismas y así piensen que la función de su maravillosa, imponente y rigurosa construcción es proteger una verdad, lo único que las habita es el temor y una triste pero segura promesa que le pronostica al lenguaje una muerte lenta por asfixia. ¡Éxitos!

En Ante la ley sentir lástima por el campesino es un sentimiento simple pero efectivo y goza de la altura y poder que da ser un guardián (la lástima empodera); un crítico, un artista o un lector hacen lo que no pueden evitar hacer y para ver eso sólo basta el respeto, el reconocimiento, y no una mirada alelada de admiración o enternecimiento, o una actitud indiferente como la de los “grandes señores” y “señoras” que manejan los museos, las ferias, las universidades, publicaciones y toda esa escenografía del gran circo de la cultura.

Para darle cuerpo a este texto se pueden escribir los siguientes términos en el buscador del portal de esfera pública:

Museo de Arte de Bucaramanga, Museo de Arte Moderno de Bogota, Banco de la República, Artbo, La Otra, Universidad Jorge Tadeo Lozano, Universidad Nacional, Universidad de los Andes, El Tiempo, Arteria, El Malpensante, Arcadia, Eduardo Serrano, Gloria Zea, Dario Jaramillo.

3.
¡El gran teatro de Oklahoma llama hoy por única vez!
¡Quien hoy deja pasar la oportunidad la pierde para siempre!
¡Quien piense en su futuro es de los nuestros!
¡Todos son bienvenidos!
¡Quien quiera llegar a ser artista que se presente!
¡Nosotros somos el teatro que puede necesitar cada uno!
¡A quien se decida por nosotros le damos la bienvenida ya aquí mismo!
¡Pero apúrense, se cerrará todo y nunca más se volverá a abrir!

—América
Franz Kafka

—Lucas Ospina


protervia doble en el 12 salón regional de artistas de la zona oriente

Ahora llueve terriblemente sobre la ciudad de Bucaramanga, son las 19 horas con 29 minutos, pero esta mañana el aspecto de la ciudad bonita en realidad invitaba a recorrerla, todo sol y calor, de ese que acostumbramos a añorar. En la madrugada de este día sábado contrastadísimo, cuando me dispuse a sacar a mi perro ” roco” a su habitual recorrido lúdico letrínico por la concha acústica, el parque más cercano, tuve un poderoso impulso de escritura sobre las obras que hacen parte de nuestra curaduría “región Imaginada” para el 12º Salón Regional de Artistas, ya que a decir verdad, lo tenía todo, toda la crítica fresquita y, por ende, sabía que iba a decir de cada obra, pese a toda la interferencia de la multitud y el show mediático de caracteriza las inauguraciones artísticas.

Ese impulso tan sentido de escritura crítica casi justiciera, me lo reservé hasta tanto, no pudiera, a través de una revisión cuidada y diagnóstica del salón, incursionar con detalle sobre cada obra- hay que aclarar que vivo fuera de la ciudad y disponía de esta tarde para visitar las exposiciones-. Mi pretensión era inocente y si se quiere académica: ver las obras y escribir, obra por obra, lectura por lectura mis impresiones sobre lo que seleccionamos por fotos y el resultado de la obra montada y puesta en escena. Nada de esto se pudo hacer por la segunda de las protervias que al final del texto comentaré.

Primero, la primaria y en ese orden de ideas haré referencia a la primera de las protervias que surgieron en este 12º Salón de Artistas Regionales. Se trata de la obra del artista Jorge Torres Gonzáles, instalación del exceso, atropello de posibles buenas ideas, performance débil y desfigurado, pero rescatable en ella la declaración que el artista rabiosa, estridente, lúcida, tremenda y libertariamente dijo: “TODOS LOS DIRIGENTES DE ESTE PAIS SON UNOS HIJUEPUTAS”. Yo, me reservé esta valiente declaración como un acto de resistencia puro al cual le asiste toda la razón y en todo sentido; su idea de voz retumbó en mi celebro con una fuerza tenaz, develando en mi propia interioridad el desgaste que implica vivir en un país con tanta inequidad y abuso de poder, en este caso vinculado al manejo del hambre nacional e internacional. El poder sirve por su abuso, ese fue el mensaje intrínsico del grito perforador del artista, y este poder, chiquito y pobre lo ejercemos todos los colombianos frente a todos los colombianos. Pero lo feo y lo chiquito se convierten en manos de directores de museos y malformados asistentes de museología en ridícula expresión de guetos e histerias mesiánicas. Desde aquí, doy paso a la segunda de las protervias prometidas.

La segunda protervia, duplo exegético de la nada en la certidumbre ramboide de Torres, se materializó cuando nos acercamos, el artista Emel Meneses y Yo, al Museo de Arte Moderno de la ciudad de Bucaramanga, una de las sedes del 12º Salón regional de Artistas, con la intención de visitar la exposición en pleno día y horario laboral. La sorpresa fue que el celador del Museo no nos dejo entrar a ver las exposiciones. Para mí y creo que para buena parte de los Bumangueses y turistas que visitan la ciudad, la idea de un museo debe ser sinónimo de un lugar apacible, abierto, generoso, confortable, amable, luminoso, espacioso, planificado y lleno de cosas que ver; es decir, un museo representa en el subconsciente colectivo un espacio a descubrir frente a la opacidad y absurdo de la vida cotidiana. El museo es un organismo viviente y en constante interacción con la sociedad, de lo contrario no queda de él sino un contenedor, que contiene, una nada no ontológica, que ni siquiera es contingente del vacío. Ya, en una de mis visitas a Bucaramanga, creo haber renunciado a la idea de visitar el Museo de Arte Moderno por empezar a asociarlo con un lugar que siempre se encuentra cerrado con rejas altas y grises, de candados grandes y obras, sí obras, que nadie puede a la final observar. Este Museo con exceso de miedos y desconfianzas, ya no cumple la función primaria y poética que nuestra nostalgia sin memoria le ha depositado; No pudimos, simplemente, artista participante y curador de la muestra, entrar en esta oportunidad al Museo, la directora señora Lucila Gonzáles había ordenado a un asustado y escuálido vigilante que, nadie, a excepción de la señorita Diana Martínez (la actual coordinadora de Artes Plásticas del MAMB) podía ingresar al recinto. No bastaron las insistentes llamadas a Diana, para que ella a su vez llamara a Lucila a pedirle permiso, la cual fríamente y por teléfono no autorizó nuestro ingreso; no bastó el argumento de mi regreso inmediato a Pereira, total, ahora me veo forzado a escribir mi diagnóstico y reflexión critica de las obras, otra vez a través de fotografías, como si se tratara de un anunciado secuestro de la imagen, de las obras. Si Jorge Torres declaró que todos los dirigentes de este país son unos HIJUEPUTAS, yo declaro abiertamente y sin rodeos que me sentí humillado, ultrajado, maltratado y menospreciado por el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga. Me pregunto Diana, si en esas desesperadas llamadas que le hice para entrar al Museo le hubiera dicho, que venía acompañado de Javier Gil u otro personaje que nos suene de afuera, del Mincultura, el destino de mi visita hubiera sido otro. Parece una tontería esto que nos pasó, y que la vaina no da para tanto, pero yo por lo menos estoy “mamado” de tanta paranoia, intransigencia, maltrato y puertas cerradas. La segunda protervia amigos, la dije con rabia en el taxi que me llevaba a casa: ESTO ES UNA MIERDA.

Oscar Salamanca.


entre la ironía y la pared

Antes que nada, le agradezco los cumplidos, y por mi parte quedan aceptadas todas las disculpas (De mi parte, no se los demás). No se si realmente le he dedicado el tiempo suficiente a conocerlo a usted y a examinar las palabras que usted a expresado al respecto de todo lo acaecido hasta ahora alrededor del tema de Natalia Ávila, su tesis y proyectos reprobados, y las dificultades que experimenta nuestra facultad, pero no podría nunca, haber ignorado toda esta situación como hace la mayoría, y de manera algo apresurada decidí darle mi opinión al respecto, no solo a usted, si no a todos los que le hallan dado alguna importancia al asunto. Después de ver su entrevista, nunca espere tanta consideración de su parte, por lo cual me siento “muy agradecido”.

Ese reducido grupo de estudiantes que asistieron a la presentación del trabajo de Natalia Ávila, me cuenta entre sus integrantes. Estuve allí y observe la documentación, mucha de la cual ya había leído por la más que exhaustiva difusión del problema al que hace referencia. También tuve oportunidad de observar el video en el segundo piso, donde se nos mostraba la sustentación del proyecto anterior de Natalia Ávila, del cual no pude desgraciadamente obtener toda la información que hubiera querido, por el sonido sin editar, cuyo valor comprendo, pero que no era el ideal a la hora de tratar de entender completamente lo que allí paso, cosa que creo podría ilustrar muy bien a muchos de los que no tienen idea de lo que esta pasando.

Por otra parte, entenderá, que lo que usted solicita de nosotros los estudiantes, no es algo que valla a realizarse antes de que este semestre acabe. Personalmente, he intentado solo una vez, recoger el colectivo de opiniones de los estudiantes involucrados en un problema anterior, relacionado con un cambio en la metodología con la que se imparten las historias del arte (las materias) No estuve de acuerdo entonces con la nueva manera en la que se busca dictar dichas clases, y aun ahora sigo sin estarlo. Pero mí llamado a por una puesta en escena de nuestro descontento frente a la facultad de humanidades o de bellas artes no fue respondido más que por dos estudiantes. En ese sentido, me quedo una dura pero muy practica lección, tratar de convocar a los estudiantes aquí, adentro, es mas complicado de lo que parece, tal vez por falta de interés de la mayoría, o por un miedo, que creo totalmente injustificado, frente a la institución. Reitero lo que había dicho antes, tengo varias cosas que decir al respecto de temas que me parece no son tratados de la mejor manera (Sobre la facultad y sobre la universidad en general), pero todas esas cosas requieren tanto una documentación extensa y clara, como de tiempo para hacérselo saber a los estudiantes y demás involucrados.

Por ende, las propuestas que usted hace, van a requerir bastante trabajo y tiempo. No pretendo ser quien lleve a cabo toda esta tarea, porque eso es imposible. Creo que antes que nada, se debe examinar cuantos estudiantes interesados en llevar una tarea tan ardua hasta sus últimas consecuencias existen, y he allí la primera gran dificultad en esto. Pero nada de eso es imposible, y mirare para al menos por mi mismo recoger la información necesaria para no dejar espacio a lagunas, en cuanto a la situación real de la facultad y todo el proceso que esta ha tenido en los últimos años hasta el día de hoy.

Finalmente, le aclaro la duda con respecto al nombre citado. Cuando digo “Silvia”, si, hablo de la misma “Sylvia Escobar” que usted conoce.

Nicolá Castro Plested


nobleza obliga

Estimado Nicolás:

Tras leer su mensaje se ha abierto a mis pies un abismo.

No tengo el gusto de conocerlo, pero el examen que hace usted de mis intenciones y de lo que he dicho en este foro no me deja más que la seguridad completa de que usted a mí sí. Su riguroso examen de mis afirmaciones, todas y cada una de ellas citadas al pie de la letra en su carta, revelan en usted una humanidad ante la que sólo puedo bajar la cabeza.

Lo primero que debo conceder es que me excedí al afirmar que todos los estudiantes y profesores del departamento son, justo como usted lo ha dicho “unos mediocres incapaces de generar conocimientos” o que se trate, en su totalidad y según mis palabras, apenas de “niñas bien vestidas.” Y sí, no me caben dudas de que se sigue generando conocimiento en diversos espacios académicos del Departamento. No dudo que en los márgenes de los talleres hay iniciativas valiosas y vocación crítica. No dudo del hecho de que profesores como Milena Bonilla, Guillermo Vanegas o Humberto Junca mantengan una postura ética intachable, ni dudo tampoco de que sus aportes al proceso educativo de los estudiantes sean valiosos en la construcción de un pensamiento sólido y una práctica coherente con las particularidades de nuestro contexto. Nicolás, como de usted no conozco más que la grandeza de espíritu que fluye por su texto, tampoco puedo afirmar que usted, particularmente se vista bien o mal. Le ofrezco disculpas de antemano y de rodillas por mis afirmaciones sobre el buen vestir, que tanto han herido a la comunidad docente y estudiantil, y prometo hacerlo ante todas y todos los que me envíen fotos de cuerpo entero con sus pintas promedio de la semana.

Luego, Nicolás, debo mostrarle mi más sincero reconocimiento por haber por fin dicho que es peligroso tomar bandos de entrada en esta discusión, pues veo, al igual que usted lo hace, que esta satanización del otro no conduce más que a un callejón sin salida que lleva, tal cual usted afirma, a “un ambiente de malestar he (sic) insatisfacción (Aun mayor del que ya hay) que solo puede conducir a mayores males, y a ninguna solución.”

Por eso, y no pudiendo estar más de acuerdo con usted me permitiré, eso sí, sabiendo que no tengo el honor de pertenecer a esa selecta categoría del “nosotros” tan bien aprovechada en su texto, abandonar el árido campo de la crítica para intentar hacer propuestas que hagan viable el futuro de ese proyecto académico en el que usted está inscrito:

1. Como mecanismo fundamental para evitar la polarización del debate, y en vista de que sólo se ha hablado mal de la administración Escobar, recomiendo que usted y otros estudiantes nos permitan conocer los puntos buenos de ésta, sus actuaciones destacadas y los proyectos encaminados al mejoramiento de la calidad educativa en el Departamento. Una concienzuda enumeración de estos puntos es el recurso por excelencia para la desarticulación de toda crítica tendenciosa.

2. Propongo que los estudiantes se documenten sobre la historia de los alumnos involucrados en la transición del sistema semestralizado al de créditos, muchos de los cuales aún siguen con sus procesos de tesis estancados. Propongo que investiguen en torno a los múltiples intentos fallidos de colectivización, protesta, debate público, foro y queja formal a los que ellos acudieron sin recibir nunca respuestas ni oídos. Para más detalles sobre esta situación les propongo que soliciten una aclaración pública de las directivas a este respecto. Usted excusará que haga gala de una cita tan mamerta, pero “quien desconoce la historia está condenado a repetirla.”

3. En la misma dirección, propongo que se pregunten por qué, precisamente en este momento en el que la carrera de Bellas Artes debe ser nuevamente acreditada, solo ahora y no desde la acreditación pasada, los profesores y estudiantes se afanan por producir textos para proyectos editoriales del Departamento, realizar curadurías tendientes a revivir el hasta hoy desaparecido Salón Tadeo y dar la impresión de estar ocupados realizando importantes investigaciones. Propongo que ustedes, en calidad de estudiantes, exijan la implementación de mecanismos que garanticen la continuidad de estos proyectos, y una postura ética institucional sobre el manejo de los derechos intelectuales de las investigaciones y procesos. Propongo que sean consultados los resultados de las anteriores investigaciones llevadas a cabo dentro de la exFacultad y que, a modo de ejemplo se interrogue a quien sea preciso sobre casos como el de la investigación en dibujo que sostenía la maestra Nathalie Dussan.

4. Conmino a los estudiantes a que consideren las implicaciones de conceptos como “Diferencia”, “Disenso”, “Otredad” e “Identidad”, que antes eran claros gracias a talleres y espacios de reflexión como los ofrecidos por Fernando Escobar y que hoy, a pesar de la seriedad del Programa de Estudios, veo tan ausentes en su formación. Quizás a eso se deba la percepción que ustedes tienen de que estudiantes como Natalia Ávila y Edwin Sánchez, entre otros, no hacen parte de ese “nosotros” que tanto lo enorgullece.

5. Por último, estimado Nicolás, propongo que la Universidad responda por las consecuencias originadas por su abandono de los procesos de tesis de los estudiantes de la transición entre sistemas. En vista de que, al momento de la primera acreditación, el programa no contemplaba el espacio de tesis como componente fundamental del proceso formativo, decidiendo desligarse de su obligación frente a los estudiantes, negándose a ofrecerles tutores o espacios de discusión en torno a sus necesidades, pero a la vez, interviniendo de manera errada sobre los contenidos y posibles desarrollos temáticos de los trabajos, creando confusión y apatía entre los afectados, me permito sugerir que se indemnice moral y económicamente a los estudiantes perjudicados, en tanto se les hicieron exigencias que no se corresponden con ninguna forma de equidad contractual, dejando a los tesistas como ruedas sueltas dentro de la armazón interna del Programa.

Como posdata al margen ya, me sorprendió no haber visto ayer, miércoles 24, a casi ningún estudiante o profesor del Departamento en la nueva presentación de la tesis de Natalia Ávila, quizás el proyecto de grado más difundido de la historia reciente del arte en Colombia. De igual manera, me sorprendió la cancelación, a última hora, de la sustentación con jurados, solicitada desde hace casi dos semanas para las 4 pm de ayer. Nicolás, no dudo de que usted y todos sus compañeros y maestros se encontraban inmersos en actividades importantísimas, pero la Cultura General y la simple curiosidad deberían hacer parte del espíritu del artista. Por otro lado, créame, por los lados del Bodegón no atracan tanto y ya pavimentaron la calle para que no se les embarre la ropa.

En todo caso, perdóneme por las torpes maneras de mi escritura y por la vileza de mis acusaciones sin fundamento. Sé que usted sabrá detectar con agudeza e ingenio todos mis vejámenes argumentativos y me dará luces para cambiar.

En este desesperado intento de memoria, justicia y reparación, reciba un saludo cordial de

Víctor Albarracín.

(Una cosa más… cuando usted se refiere a “Silvia”, ¿se refiere a Sylvia Escobar, o está hablando de otra persona?)

participación relacionada:

“donde no hay ni villanos ni héroes…”
para leer, pulse >
http://esferapublica.org/nfblog/?p=1056


OFF THE RECORD: “No nos patiemos la lonchera”

Hace poco tuve una charla muy amena y esclarecedora con un profesor de artes en la que opinamos, discutimos diferencias críticas y uno que otro punto en común sobre nuestra institución (la Tadeo), se trató de un diálogo cordial que terminó sin incidente alguno. Al otro día en la mañana, el mismo profesor llama a mi casa muy preocupado porque una fuente le contó que la charla que tuvimos el día anterior había sido grabada. Él temía que el registro se hiciera público o fuera manipulado con oscuros intereses.

(Señor profesor, no se preocupe, porque no hice tal grabación y, en esa medida, ésta sólo existe en la cabeza de su informante y (en el ambiente paranoico que se ha generado en la Tadeo)

La situación es muy diciente: “te cuento pero si me preguntan no sé nada.” En el programa de artes de la Tadeo hay miedo y paranoia, su comunidad artística (salvo casos muy particulares), no es capaz de tomar una posición crítica frente a la dirección del Programa y esto es comprensible cuando de cuidar el puesto o graduarse se trata. No es mi intención aquí recriminar al cobarde o al ingenuo y premiar al que habla y denuncia. Más bien, se trata de preguntarse: ¿qué hace posible tal zozobra? ¿Por qué no se permite la crítica hacia la misma institución? ¿Por qué no hay confianza entre las partes?

El caso de Manuel Santana es un síntoma silenciado. Tras 10 años de ser coordinador académico de la (entonces aún) Facultad de Bellas Artes, de un momento a otro su figura, al igual que su cargo, literalmente desaparecieron, su oficina fue desocupada y en el lugar que ocupó su ausencia sólo quedó pesar e incertidumbre. Nadie dijo nada, no hubo pronunciamientos, los estudiantes quedamos perplejos pues Manuel era una figura fuerte y respetada (por docentes y estudiantes) dentro y fuera de la (otrora) Facultad. Lo único que quedó fue ese rumor de pasillo que repetía…. “Manuel no renunció, lo echaron.” Al ver sus testimonios (1) se evidencian manejos despóticos que se traducen en un retiro injustificado. La verdad es que a Manuel lo echaron por ejercer oposición, por incentivar y ejercer la crítica institucional, por buscar un espacio de discusión y confianza acorde a las necesidades del programa y sus estudiantes. Manuel, después de tantos años de servicio consagrados a la Facultad salió por la puerta trasera, al igual que otros ya cansados de la situación o que se atrevieron a hablar de frente.

Lograr un espacio de discusión implica una plataforma equitativa, un interés común, poner en evidencia un enunciado para ser reflexionado por las partes. Cuando hay incompatibilidad de saberes, prepotencia o simple apatía, la discusión no se logra y en su lugar sólo se sitúan pronunciamientos atrofiados que recaen en incomprensión y silencio, generando agotamiento y molestia. Desafortunadamente, en sistemas autocráticos, cuando quien ejerce el poder no logra diferenciarse de la institución en nombre de la cual gobierna, todo debate termina por situarse en la esfera personal y una especie de anatema con el sello de “persona no grata” recae en la figura que se le opone, o que, más bien, se opone a los modos de su ejercicio, y entonces, para evitar el agotamiento del gobernante, sólo queda la supresión de quien se resiste a su seducción.

La verdad es una, estudiamos en una universidad privada y las cosas pasan así. No existen espacios para la discusión ni la crítica institucional. Estudiar en un sistema supuestamente acreditado no es garantía de nada. “Si uno no está conforme con la universidad es libre de abandonarla” (2). En la universidad privada todo está establecido, los opositores son “personas no gratas” o “hipócritas” y tienen que irse. Aquí los altos cargos se definen por el número de acciones en manos de determinados núcleos familiares antes que por méritos, por lo tanto no hay una legislación clara, las decisiones son improvisadas y responden al momento y la conveniencia, afectando la estructura curricular y la calidad académica.

En la universidad privada la educación es sólo un simulacro amorfo, pues el negocio es otro, el superdecano (muy capaz pero ya jubilado), no se entera de lo que pasa abajo, o de pronto ni le interesa. Los docentes de planta no tienen voz propia, son manipulados a conveniencia, pregonando el bienestar académico a los nuevos estudiantes que ven sólo lo que se les muestra. Evidentemente, el dinero prevalece sobre la educación y hasta la arquitectura de sus instalaciones reproduce las formas de esa vocación de poder: sólo aquí el lujoso penthouse del vicerrector se construye sobre la biblioteca (ver Fig. 1, Imagen adjunta).

Fig. 1, Imagen adjunta

Por todo lo anterior, profesores de artes: si quieren mantener su puesto, limítense a dictar sus clases, a mantener cómodo al estudiante promoviendo el buen nombre de la universidad y de sus directivas, a cuidarse de sus comentarios y a desvirtuar a cualquier “persona no grata.” Sigan el consejo sabio de la directora de programa, antigua decana, y…”no se pateen la lonchera.”

Edwin Sánchez
Representante académico 2007 (No avalado)
Programa de Bellas Artes UJTL

(1). http://enpuntodequiebre.blogspot.com/
(2). Grabación no autorizada #5, “Charlas con Sylvia Escobar”, 5-10-2007, casette N-3, Lado A, 45:14 min.