debates e imágenes en [esferapública]

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debates en [esferapública]

  • 2007.12 curaduría, crítica y taxonomía
  • 2007.11 los rebeldes del sur
  • 2007.11 el perro de Habacuc
  • 2007.11 apartir del premio de crítica
  • 2007.10 crisis en la tadeo
  • 2007.10 los derechos al revés
  • 2007.10 en torno a esferapública
  • 2007.09 los rostros de la globalización
  • 2007.09 festival malpensante
  • 2007.09 ¿arte primario o primero?
  • 2007.08 ¿quien es el otro?
  • 2007.07 fernando Uhía ganador del Premio Luís Caballero
  • 2007.07 caro y la amazonía
  • 2007.07 crítica sobre las exposiciones del Premio Luís Caballero en Esfera Pública
  • 2007.07 preferiría no hacerlo
  • 2007.06 endogamia discursiva en la crítica de arte actual
  • 2007.06 paisaje, poética y metafísica
  • 2007.05 la modernidad como antiguedad
  • 2007.05 en torno a la donación botero
  • 2007.04 vacío y fantasmagoría
  • 2007.03 falta de rigor en Arcadia
  • 2007.02 premodernismo e ilustración
  • 2007.02 razones circundantes
  • 2007.02 del IDCT a la Secretaría de Cultura
  • 2007.01 exposiciones sin catálogo

  • recorrer la exposición (kara walker en el whitney)

    Un recorrido por la exposición de Kara Walker en el Whitney Museum a cargo de James Kalm, quien semanalmente toma su cámara de video y sale en su bicicleta a recorrer exposiciones en Nueva York.

    pensar el museo


    juegos mentales III

    Alguna vez leí en éste foro por parte de Lucas Ospina decir que “el lugar menos propicio para encontrar la obra de algunos autores es en sus declaraciones”. Aún así siempre me ha parecido interesante rastrear contenidos “para artísticos” en las declaraciones, opiniones y escritos que eventualmente haga el productor.

    Hoy en día se ha tornado en clisé decir que el concepto de la obra es cualquier cosa que tenga concordancia metafórica con la ocurrencia objetual de turno en que haya caído la arbitrariedad del proponente, sin que la filiación entre idea y objeto sea demostrable, precisamente porque el arte no es ciencia exacta.

    Pere Salabert, profesor español, contaba una anécdota interesante de José Ortega y Gasset, resumida en el siguiente aforismo: “En un tiempo se pintaban cosas, después se pasó a pintar emociones, ahora se pintan ideas…”

    Tenemos que Lucas desaprueba o disocia mejor, cualquier vínculo entre lo que piensa el artista por medio de sus declaraciones o escritos sobre su propia obra, pero insiste el artista en exhibir por todos lados conceptos y conceptos que atiborran la experiencia del observador con ideas, antes que con percepciones, por lo que resulta evidente que todo pasa por ese filtro mordaz del pensar antes que el sentir las obras, y si algo nos deparan en el terreno emotivo siempre estamos lejos de dar con el eje conceptual que propone el artista.

    Digo todo esto porque – repito – a menudo encuentro fascinante leer, oír y ver las declaraciones de los artistas sobre sus propias obras, ó sobre cualquier cosa -la vida, la muerte, la risa, el arte, las estrategias, etc.-, y éste tercer ejercicio de crítica pirata alrededor de net art gira precisamente sobre las preguntas y declaraciones depositadas por los artistas invitados, de acuerdo a un cuestionario elaborado por Juan Devis.  

    Seis preguntas formuló JD, discriminadas así:

     

    • ¿Está Colombia preparada para el Net Art?
    • ¿Internet como espacio público en Colombia?
    • Las tecnologías digitales han creado un mundo paralelo en donde la manipulación y el remix toman precedencia sobre la realidad física. Algunos teóricos han dicho que este estado post-humano (o desembodiment) ha creado formas más sofisticadas e intrusas de racionalismo.  En otras palabras, según ellos, los que trabajan con herramientas digitales han encontrado más posibilidades de categorizar y transformar el mundo físico, creando una brecha aún mas basta entre el cuerpo y la mente, el europeo y el inmigrante. ¿Cuál es su opinión al respecto?
    • ¿Cuál es el papel del artista colombiano en el naciente mundo del web 2.0?
    • ¿Producir o consumir?
    • ¿Código como lenguaje artístico? ¿Cómo traducir ese concepto en Colombia?

    No todos los net artistas respondieron el cuestionario. Algunos respondieron parcialmente el cuestionario y otros simplemente omitieron cualquier referencia al respecto. Juan Fernando Ospina – verbigracia – auto validó su participación con tan solo la propuesta de algo que sucedió pero sin rastro alguno de lo que ocurrió, quedando un sabor amargo, porque hubiera dado cualquier cosa por haber visto éste streamimg, y la página donde apareció el evento fue hackeada. La cámara amante se transformó en un sugestivo site porno (www.comportamientoysalud.com). Y para desafiar aún más al espectador quedó debiendo las respuestas al cuestionario. Inaugurando una nueva categoría estética, se le puede calificar de “Artista porno fantasmático”.

    La primera inquietud que surge tiene que ver con el espinoso tema del lenguaje informático, cuando perfila temas en el terreno de la producción estética. Ya no se podría decir “la imaginación al poder” sino “la Ingeniería al poder”.

    Pensaba abordar el tema del código, los lenguajes de programación, las implicaciones técnicas y culturales del asunto, pero Hernando Barragán lo tiene previsto en un lúcido texto que se puede consultar en http://www.artenlared.org/sccs/02/barragan.pdf En éste ensayo Barragán deja ver sus inquietudes que trascienden el laboratorio de programación para acercar al lector inquieto por éstas nuevas narrativas, que indudablemente están a la orden del día en el presente y futuro inmediato, y deja ver de paso, que hallar una mente lúcida en los terrenos de la ciencia y el arte simultáneamente es una rara casualidad ó será la virtud indispensable en tiempos próximos, virtud del genio ó simplemente éste último sustantivo es sólo la buena capacidad de administrar efectivamente la bipolaridad creativa?

    A lo largo de la historia del arte son variadas las intersecciones en las que arte y ciencia convergen. La historia y evolución de los pigmentos es una de ellas. En tiempos memoriales el artista no tenía que entendérselas con la ingeniería de sistemas sino con la ingeniería química y física. Los pigmentos hallados en las pinturas rupestres son todos de origen natural, pero el negro v
    egetal no se encontraba en la naturaleza fácilmente, a menos que fuera el resultado de un fuego accidental y carbonizara sin llegar a calcinarse.

    Ferdinand André Fouqué (Geólogo y Petrólogo Francés) publicó en 1884 la fórmula del azul egipcio, pigmento tan antiguo como la civilización que le da su nombre: CaCuSi4O10 o CaO-CuO-4SiO2, un tetrasilicato de cobre y calcio. Cuando no existía una industria organizada, era el propio pintor quien los fabricaba ó artesanos especialmente dedicados a ellos. En algunos casos la materia prima no se hallaba en estado puro, lo que hacía necesario en algunos casos purificarla previamente, sometiéndola a procesos físicos y químicos adicionales. El código era el pigmento.

    Si las propiedades químicas eran una consideración especial a la hora de luchar con los pigmentos, qué decir de las propiedades físicas de la luz, tan vital para el pintor.

    Otra relación estrecha entre arte y ciencia se da con la anatomía, apéndice importante de las ciencias naturales. Las anécdotas sobre Leonardo Da Vinci comprando cadáveres en el mercado negro para sus investigaciones anatómicas son famosas, además que le gustaba presentarse como Ingeniero y Arquitecto antes que como pintor.  

    Igualmente las indagaciones de la perspectiva que realizan los grandes arquitectos y pintores del Renacimiento corresponden a la vez a la evolución de la ciencia geométrica de aquella época, y el experimento es practicado por primera vez en la pintura y en la música, previamente a su empleo sistemático en la ciencia de la naturaleza.  

    Son por lo tanto, arte y ciencia, caminos separados que indagan por el ser y estar de la naturaleza humana en sus múltiples facetas y comportamientos; y digo caminos separados en cuanto las metodologías aplicadas en la búsqueda de las razones que motivan sus intereses, porque curiosamente ambas comparten un origen común: la magia.  

    Por medio de la indagación, la pregunta, la hipótesis, la ciencia objetualiza la realidad, independiente de cualquier subjetividad posible. No se confronta sino de tarde en tarde con el mundo actual.[1]

    Por otro lado el arte, haciendo uso de la fantasía, construye significados, afecta el tejido emocional público o privado, reivindica la elaboración perceptual de contenidos, todos ellos sin ser sometidos a criterio alguno de verificación. Ya lo sostuvo Kant al afirmar que el juicio estético no puede ser dictado a partir de reglas, y que expresa una actividad reflexiva libre del peso del discurso demostrativo o preceptivo.

    Diríamos entonces que el arte, durante un buen trecho de su propia historia, configuró aditivamente un modelo científico en sus propias construcciones, que se vinculó con la ciencia en objetivos comúnes de conquista y apropiación de un prototipo de realidad.  Ese lazo estrecho por desarrollar un modelo de representación se mantuvo hasta la irrupción del arte moderno, roto mediante un dispositivo que la misma ciencia le ofrece al arte para que indague las razones íntimas de su propia razón de habitar el mundo: la fotografía.

    Las dos guerras mundiales del siglo XX terminan por acabar con las utopías del progreso y la ciencia, en las que el mismo arte depositó sus propias esperanzas; el triunfo de las potencias las arrastró a una guerra fría que mantuvo en vilo al planeta con la amenaza del holocausto nuclear, fenómenos éstos que se tradujeron en el desprecio manifiesto por parte de algunas vanguardias hacia los recursos técnicos que un mundo industrializado le ofrecía a los productores de artefactos sensibles. La aventura del pensamiento ilustrado terminó por desanimar cualquier efervescencia hacia las promesas de un mundo mejor y más justo gracias al dominio de la naturaleza por parte del hombre, alentado por el evolucionismo científico. La vuelta de tuerca culmina con el arte conceptual. El arte deviene en objeto mental, cerrando un ciclo que alguna vez pronosticó el mismo Leonardo al decir que el arte “era cosa mental”. (l’arte é cosa mentale).

    Es en medio de éstas circunstancias que la producción simbólica encuentra un nuevo objeto de operaciones: Las ciencias sociales. Un interesante abrevadero que soporta la continuidad de un pensamiento que construye gnoseologías en los intersticios que cualquiera de éstas disciplinas deja, desde una perspectiva que desafía todo formalismo. El arte señala aquellos lugares que las metodologías propias de las ciencias sociales se ven obligadas a pasar por alto, ante la imposibilidad de reseñarlas como objetos válidos de estudio e investigación.

    El arte deposita su mirada en los lugares opacos de la sociedad contemporánea, apoyado en cualquier referente de las múltiples especializaciones que aglutinan las formas del saber académico, utilizados como simple instrumentación libre y aleatoria. Sólo el pintor tiene derecho de mirar todas las cosas sin algún deber de apreciación. Se diría que para él las palabras de orden del conocimiento y de la acción pierden su virtud.[2]

    La eclosión multidisciplinar de cuerpos de investigación que se transforman en sujetos de observación para el artista, son gestos permanentes a lo largo de toda la historia del arte. Cuando se dice que no todo es arte, pero el arte pareciera ser todo, incluimos en ésta aseveración la tesis que permite al arte husmear en todos los rincones de la actividad humana. Allí dond
    e el hombre establece un lugar para ubicar la curiosidad que devela secretos, el arte instala su carpa para correr el velo que revela lo insospechado. Ése último y más reciente misterio es la cultura de las nuevas tecnologías, con sus códigos, algoritmos, software y lenguajes de programación, que como una babel inexpugnable e incomprensible, levanta su torre ante los ojos sorprendidos de la sociedad análoga. Un nuevo modelo de representación, intangible, entra a formar parte del arsenal de modelos de representación que durante la mayor parte de la historia de la civilización ha estado exclusivamente apalancado en la pintura y el dibujo. De ahí que tan fácilmente asociemos arte con pintura, cuando ésta última es apenas un modelo más de representación invocado por el arte.

    En el texto citado de Barragán hay una línea que me parece interesante: “la computación nos permite, a diferencia de otros medios, construir posibilidades en las que las reglas que aplican a nuestro universo se pueden evadir… cada una de sus líneas escritas tiene un propósito, acercarnos a una solución de un problema en el mundo de los bits,  independiente de su posibilidad en el mundo de los átomos”.

    Se puede decir que de nuevo el arte halla un factor de relación a partir de la ciencia – ciencia informática – después de recoger la desesperanza frente a la guerra, la política, los relatos ecológicos, etc., incursionando en ellos desde la perspectiva de las ciencias sociales y humanas. Después de un lapso que arrancó en el siglo pasado vemos que las oportunidades se abren sobre un futuro extraño que encuentra un nuevo renacimiento desplegado en lenguajes que controlan las máquinas y hace evidente un mundo cada vez más despersonalizado, más público, menos humano y más cibernético.

    Es en éstos agujeros de la tecnocultura que se ubican las preguntas de JD y las respuestas de unos artistas que aunque Colombianos, desafían estos viejos esquemas cartográficos de identidad para hablar de un lugar y una geografía necia, terca en su accionar violento y obstinadamente esperanzada en sí misma a pesar del dolor.

    Algunos artistas ó mejor, el arte y la parte teórica para evitar “concepto”, que manejan respecto de sus producciones generan dicotomías insospechadas. Una obra puede ser fría y distante, pero cuando nos enteramos del ruido teórico que la sustenta, éste despierta asociaciones que nunca se habían considerado. Igualmente ocurre en el caso contrario. Corresponden las buenas obras de arte con mentes agudas e inteligentes? No siempre.

    La primera pregunta se refiere a la eventual preparación de Colombia frente al net art, término que aún produce imprecisiones respecto de su etimología, ya que habitualmente se equipara con el resultado de un fallo de software ocurrido en diciembre de 1995 durante la transmisión malograda de un e-mail anónimo enviado al artista esloveno Vuk Cosic. Asunto que es más mítico que real. Desde ahí ha corrido bastante agua bajo el puente en éstos doce años. Para no entrar en una discusión larga respecto del origen y aplicación, significados y proyecciones del net art, consideremos el término simplemente en el conjunto de expresiones on line diseñados como emplazamientos de ruptura depositados en el subjetivo espacio del arte.  

    El grueso del conjunto de las respuestas destaca la necesidad de impulsar políticas públicas para fortalecer la cobertura de Internet a nivel institucional y académico, con procesos de traducción de éstos medios. Otros como Santiago Ortiz, se despachan condenando al net art como si fuera un exclusivo club que pertenece a un mundo cultural específico de orden Europeo ó Americano, lo cual considero desproporcionado. Siguiendo un poco las sugerencias de Santiago Echeverry, lo que se debe buscar es mejorar las políticas arancelarias para estimular el ingreso de tecnología que la haga más asequible al público en general, e insistir académicamente en una mejor dotación de salas informáticas, en todos los niveles de escolarización.

    Es mínima la migración que se presenta hacia éste tipo de formatos por parte de los artistas  que trabajan en medios tradicionales; un fenómeno que es prácticamente universal. En Colombia el más visible y quien ha mantenido una línea consistente en esa dirección, desde su trabajo en salas y museos con obra física hacia los espacios de la red es Jaime Iregui. Existe una generación más jóven que tiene formación en artes visuales con énfasis en medios audiovisuales o electrónicos, pero en ésta muestra son minoría. Abundan eso sí los Ingenieros y Diseñadores, lo cual no debe ofrecer ninguna resistencia, pero sí provoca interrogantes en la medida en que se debe entender la posible y necesaria relación entre una historia del arte y el manejo de neo discursos artísticos por parte de comunidades con formación ajena en éstos temas.     

    Una pregunta como ésta primera del cuestionario tiene elementos adicionales que por sí sola no bastaría para responderla. Está preparado el conjunto de la sociedad para abordar la problemática de las tecnologías y las insalvables brechas del momento, y la respuesta reside en qué tan dispuesta esté la academia, las políticas estatales respecto de masificación del fenómeno y de pronto cada uno de nosotros frente a éstos retos.

    La segunda pregunta del cuestionario considera al Internet como espacio público en Colombia, y revisando las respuestas surge de nuevo el reiterativo señalamiento de la cobertura. La pregunta es interesante en la medida que hablamos de una sociedad fracturada, donde el pensamiento antagónico siempre es visto como peligroso, permitiendo al grafitero decir con certeza: “Pienso luego desaparezco”. Sin embargo la pregunta trasciende por sí sola el aspecto exclusivo de la cobertura y señala las posibilidades de la red para crear y generar opinión pública independiente, más allá de la corriente pública institucional representada en unos medios controlados en muchos casos por el mismo poder económico o plegado al poder del estado. Sin embargo, ésta corriente independiente puede caer fácilmente en manos
    de un club exclusivo que cuente con los medios tanto físicos como intelectuales para crear otras corrientes de opinión por fuera de las ya establecidas por la prensa escrita, radial o televisiva.

    Alejandro Duque señala que los medios masivos de comunicación anestesian toda capacidad de argumentar, criticar y discutir, pero en este caso particular preferiría ir un poco más lejos y señalar que el estado de guerra interna con actores como la guerrilla, el paramilitarismo y fuerzas estatales que no se pliegan al respeto de los derechos humanos, son antídotos soterrados y efectivos que neutralizan a la producción crítica porque su pensamiento es defendido desde la discusión civilizada y no mediante el poder de las armas. Pero claro, no por ello se debe pasar por alto la enorme posibilidad que ofrece la red para construir opinión y espacio público. Ésta forma de reflexión – como dice Mauricio Arango – ha faltado en la arena pública de nuestro país y es interesante cuando la gente se tiene que sentar a pensar por unos minutos y escribir sus opiniones.

    La tercera pregunta es bastante sugestiva. Aparentemente es un tema de ciencia ficción y pocos artistas respondieron y quienes lo hicieron fue con prevención y sorpresa ante ésta posibilidad que abre la red. Con más de veinte artistas que respondieron el cuestionario, sólo seis le dieron una consideración importante a ésta pregunta, todos con prevención excepto uno. Santiago Ortiz rechaza esta eventualidad de entrada, señalando que al separar cuerpo y mente estámos separando naturaleza y cultura, entronizando la obsolescencia del cuerpo para la cultura. No creo que el cuerpo desaparezca, lo que desaparece es una forma de cuerpo con la opción de crear otros organismos, artificiales o nó, depende de la cultura que los aloje ó la que éstos neo cuerpos ayuden a construir.

    En la respuesta del colectivo Slow aparecen dos afirmaciones; de una parte considera la imposibilidad física de ésta hipótesis por decirlo de alguna manera, pero de otra parte asevera que éstas mediaciones operan como coyotes, conectando de un modo poco común el cuerpo, la mente y la realidad.

    Quien da una respuesta interesante en éste caso es Juan Ospina González, conocido también como Piter Wilson. En la mente de ésta artista la descorporeización cumple un papel que le permite reconfigurar la geografía, la cultura local, la apariencia física  y los prejuicios propios como extraños.

    La web 2.0 se puede definir básicamente por el desarrollo participativo que le brinda al usuario la modalidad de colgar fotos, videos y discursos en el espacio público de la red con una sorprendente facilidad. Web 2.0 es participación, mediante la dinamización de redes sociales que la convierten en una plataforma de base de datos, que permiten al usuario añadir, alterar o eliminar información personal.

    Las preguntas 4 y 5 mantienen una clara simetría y se refiere al papel del artista colombiano en el naciente mundo del web 2.0, donde el dilema surge entre ¿Producir o consumir?

    Dado ese carácter de seductora participación, consumo y producción se transforman en una autopista de doble vía, disponible para el variado gusto del visitante, activo o pasivo. Será entonces – como dice A. Duque – tarea de los programadores y los artistas de lo simbólico apropiársela.

    Finalmente el código como lenguaje artístico y su manera de traducir este concepto en Colombia cierra el ciclo de preguntas.

    Voy a escribir dos párrafos a partir de lo que todos los artistas respondieron a ésta pregunta:

    No es necesario traducir, basta con mostrar y ver a quién le interesa y para ello se debe proyectar hacia fuera textos como los de Juan Reyes respecto a la proximidad entre los hackers (piratas informáticos) y los artistas; tal vez lo más importante sea liberar un poco las mentes de los programadores de las taras de producción que la academia y la industria les impone y la única forma de “traducir” este concepto es a través de canales educativos, charlas, conferencias académicas, programas académicos, exhibiciones, etc. Con exposiciones como artenlared.org, con iniciativas educativas en escuelas y universidades que puedan generar trabajo interdisciplinario  entre las ciencias y las artes, se robustece el concepto del código.

    El código es algo más semiótico y significante que algo meramente funcional, minimalista y transparente que desaparece detrás de un producto cualquiera. Así como puede ser entendido como un tipo de poesía, el código hay que verlo también como una serie de comandos que otorgan instrucciones a una máquina, es la manera íntima de aproximarse a las máquinas, que busca moldear su comportamiento siguiendo un deseo personal. Obviamente, hay múltiples maneras de escribir un mismo comando, maneras que los programadores llaman “elegantes” (mayor eficiencia con menos líneas/instrucciones). Desde ese punto se podría considerar que mientras más elegante el código, más artístico será, ¿pero para quién? La belleza del código está en que aunque constituye un lenguaje abstracto al momento de “decodificarse ó compilarse”, su resultado final es una entidad que puede reaccionar al interactuar con ella. Es por lo tanto un medio, es el sonido, el óleo, el cuerpo y el material para trabajar. El código es arte más allá de las fronteras de una nación. No pertenece a nadie y es de todos.

     

    Colorario

    Es claro que las tecnologías digitales han puesto sobre el stand de ofertas unos novedosos recursos en cuanto a producción y distribución de contenidos se refiere e igualmente redefinen la recepción y creación de conocimiento. La Universidad –
    por ejemplo – verá en muy poco tiempo unas inesperadas competencias privadas por arrebatarle su papel tradicional en la estructura educativa y como éstas, diferentes actividades irán cambiando, permeadas por una lógica de intereses estratégicos de economía y mercadotecnia digital.
       

    Debo confesar que no fue tarea fácil emprender éste ejercicio de piratería crítica. Lo que mas me sorprendió es la inversión de categorías y relaciones perceptuales que la obra en la red pone sobre el tejido sensible del espectador, y en el caso de aquel que quiere trascender el papel de simple espectador y emitir algún tipo de juicios, crítica o valoración de éstos contenidos sensibles la dificultad se amplía al confrontarse con un lenguaje de códigos informáticos. Espero que los agentes institucionales se muevan a nivel transdisciplinario, de distribución y colaboración para que esa promesa de la tecno cultura no se convierta en otra consabida debilidad propia de la condición emergente.

    Para el caso de la comunidad artística es de especial oportunidad pragmática apropiarse de unos medios con una profunda capacidad de comunicación y transformación a una escala insospechada, con un valor agregado de bajos costos, pero igualmente revestidos por una distancia que provoca en muchas ocasiones rechazo. Ojalá no terminemos recitando ese viejo aforismo clásico del ingenio Colombiano: “la tecnología nos atropella”.

    Resulta ineludible recordar esa tercera pregunta de JD relativa a la separación entre mente y cuerpo extrapolándola al organismo social. Es deseable que éstas tecnologías no dramaticen sino acorten y abrevien las terribles diferencias y contradicciones que persiguen nuestro destino como nación, frente a nosotros mismos y el conjunto de unas sociedades pretenciosamente globalizadas.

    Para la mente inquieta, madurada en la certeza de que los juegos y roles que propone la imaginación son vergonzosamente intraducibles en el cuerpo físico  que la habita, internet es y será la ventana indiscreta por donde filtrar esa otra mirada aguda que posee el ojo y el espíritu del artista.

     

     

    Gina Panzarowsky


    [1] El ojo y el espíritu. Maurice Merleau-Ponty. Editorial Paidos. 1ª edición. 1977. Pág. 9.

    [2] El ojo y el espíritu. Maurice Merleau-Ponty. Editorial Paidos. 1ª edición. 1977. Pág. 12.


    explicar el chiste

    Si hay que explicar un chiste es porque no era gracioso o no se dio a entender. Hace varios años alguien dijo en Viena que un chiste moviliza contenidos discursivos que no podrían ser tramitados discursivamente de otra forma: un chiste es un acto logrado del inconciente. Así, el chiste tiene el problema de que quien lo cuenta debe entender a sus escuchas, tanto que no debe hablarle a la atención manifiesta de ellos, sino a su escucha latente. Igual sucede con la ironía: por momentos, y dependiendo de la atención y capacidad de leer entrelíneas del auditorio, suele volverse contra quien la enuncia.

    En el caso del señor Quinche, él toma como propias las palabras que escribí en mi último mensaje. Aunque siento vergüenza ajena por hacer esta explicación, la creo necesaria para explicitar la defensa que quería hacer del espacio donde suelo poner a circular mis apreciaciones a menudo. En este sentido, reenvío el mensaje anterior “bien escrito”, para que el señor Quinche comprenda mis intenciones (a pesar de que considere que no algunas de ellas no merecen comentario):

    Postdata

    Para comprender el sentido de este mensaje hay que imaginar por un momento que es la postdata (imaginaria) de un mensaje (real) escrito por Álvaro Medina donde ataca el espacio e discusión conocido como esferapublica. Es decir, hay que imaginar que esta postdata la escribió Álvaro Medina, no que la escribió Guillermo Vanegas mostrando su consonancia con la posición de Álvaro Medina. Por esto, las aclaraciones irán en cursiva.

    “Es posible que a veces yo (Álvaro Medina) no hubiera hablado de arte. Recuerdo cómo, en los años setenta, por ejemplo, incluso me atreví a acusar de plagio a una artista (Feliza Busztyn), porque en uno de mis viajes a Nueva York (también conocida como La Gran manzana) ví el trabajo de una escultora (Irene Krugman) que, según me pareció en ese momento (pero ahora ya un poco menos), trazaba una línea transparente como un calco entre la obra de aquella mujer colombiana de origen judío y aquella norteamericana de origen judío. Recuerdo también que yo discutía con el curador del Museo de Arte Moderno (Eduardo Serrano) sobre el uso descarado que yo veía que hacía de su poder e influencia para demarcar el rumbo del arte contemporáneo de esa época. Recuerdo que inclusive le acusaba de manipular, a favor de la galería que apadrinaba (Galería Belarca), la tasación de los artistas que exponían en el museo dentro del mercado de arte local (o sea, Colombia).

    Sí, recuerdo con nostalgia que en esa época (los años setenta) se hablaba más de cierta economía política del arte (una versión latinoamericanizada y estructuralmente inofensiva de la sociología del arte) que de teoría del arte (estética). Lamento que esos tiempos se hayan ido y ahora nos quede este remedo de ágora (es decir, esfera publica, según se desprende del último mensaje que se conoció de Medina en esferapublica) donde todo el que cree que tiene algo que decir (es decir, todos los que escribimos en esferapublica) lo diga sin reparo alguno (es decir, sin que se note la presencia de una política editorial).

    ¡Ya basta de tanta desinformación y falta de rigor! ¿Por qué su editor (Jaime Iregui) no se atreve a limitar las participaciones a lo que realmente vale en el mundo de los discursos sobre el arte: la retórica que emana de las obras? Es necesario controlar de una vez por todas semejante flujo de información (como sucedería en el ejemplo de magazines virtuales citados en mensajes anteriores firmados por Álvaro Medina), para que la oralidad no se tome por asalto el buen feudo de la estética, y los verdaderos maestros (los críticos y teóricos que hablan con fluidez y autoridad de las obras de las obras, según se desprende del último mensaje que se conoció de Medina en esferapublica), vuelvan otra vez a orientarnos con sus sabias palabras (o sea, sus juicios y discursos aparentemente desobjetivizados y conducidos por un supuesto bien común: la difusión de un conocimiento correcto y singular de las obras y los eventos donde se presentan). Se extraña en este país sometido al autoritarismo mediático (y mediatizado), la presencia de una voz cantante (es decir, una voz que marque el rumbo y evite la dispersión de la reflexión sobre arte), que indique el camino, que baraje tendencias y calcule las apuestas formales de nuestros artistas. …” etc.

    El resto del mensaje sigue como en la versión anterior. Sin embargo, si hay más confusiones, no dudar en hacerlas saber, para resolverlas, de ser posible.

    Guillermo Vanegas

    participaciones relacionadas:

    nostalgia del padre (¿o de la madre traba?)
    para leer >
    http://esferapublica.org/nfblog/?p=1138
    postdata
    para leer >
    http://esferapublica.org/nfblog/?p=1136
    ausencia de crítica de la obra
    para leer >
    http://esferapublica.org/nfblog/?p=1134

    carta a alvaro medina

    Apreciado maestro Álvaro,

    Quiero agradecerle mucho su mensaje y me siento muy honrado al recibir su carta. La misma me ha dejado pensando desde antes de ayer, en medio de estos días fríos y oscuros de invierno.

    Entiendo y comparto profundamente sus ideas. Desde el 2001, siendo estudiante en Francia, he observado que, en el campo de la producción de conocimiento, aquí rigen criterios y valores que no logro relacionar muy bien con lo que veo que se produce en nuestro país, en escritos y reflexión sobre arte.

    Como usted sabe, lo que se pide en las academias y en las editoriales francesas pasa por unas normas bastante simples, que son la claridad de las ideas, la concisión, síntesis y precisión expositiva de las tesis que se avanzan, el uso correcto del lenguaje como medio de comunicación.

    Estando aquí también he ido notando que una propuesta teórica o crítica no suele valorarse en relación a que la misma se encuentre en afinidad con tendencias o ideas en auge, sino, a partir de cualquier posición posible, lo que se juzga es que esta posición tenga solidez y coherencia.

    Como usted dice resulta difícil no hacer comparaciones, pero pienso que en Colombia lo que suele resaltarse y lo que veo que se premia muchas veces es que las propuestas artísticas y teóricas estén de acuerdo a unos parámetros de moda, que son estrechos, y que generan posiciones poco sólidas.

    De lo que usted me indica, también he notado que efectivamente aquí, en la escritura, suele hacerse mucho énfasis en la necesidad de explicar el Porqué de las valoraciones que se hacen. Al que escribe se le exige tener mucho cuidado en ser lógico y legible, incluso buscando que las ideas más complejas puedan llegar a ser entendidas por cualquier estudiante de colegio.

    A veces, cuando salgo a recorrer las librerías de esta ciudad, es apabullante encontrar la cantidad de textos que se publican a diario en todos los dominios y que se encuentran, a la vez, tan bien escritos.

    Pienso, como muchas personas, que tal vez lo más difícil de escribir sea, precisamente, llegar a hablar con la mayor profundidad de la forma más simple posible.

    Recuerdo que cuando llegué a estudiar Artes en Estrasburgo, los profesores me desbarataban todos mis textos por carencia de lógica expositiva, ya que en mis escritos la utilización de un lenguaje confuso solía generalmente esconder fallas.

    Yo creo que esa es un problema visible en la actual producción escrita ligada a las artes en nuestro país.

    A veces siento que tanto en los quehaceres artísticos como en los textos que se escriben sobre arte, en Colombia se privilegian tendencias, se suelen realzar preguntas y se mitifican posturas, que, en realidad, no contribuyen, ni van enfocadas al desarrollo y consolidación colectiva de nuestra cultura.

    De pronto en Colombia, por el hecho de tratarse de una cultura joven, solemos cuestionarlo todo, llegamos fácilmente a pensar que no existe ningún tipo de jerarquías o valores comunes, o incluso caemos en el facilismo de creer que todo puede ser medido de igual manera.

    Lo malo es que ese espíritu de cuestionamiento no logra encausarse aun de una manera constructiva, que sirva, para edificar y afincar verdaderamente una cultura; meta en la cual los artistas tenemos un papel fundamental por jugar.

    Cuando existe un interés por reflexionar sobre el arte colombiano, escribiendo también he notado que uno suele llegar a problemas difíciles de abordar; los textos históricos dan pistas que muestran que llegamos muchas veces a las mismas preguntas que tenían las generaciones precedentes.

    Sin embargo, frente a los problemas reales de nuestra cultura, hoy siempre es más fácil salirse por la tangente, y terminar asumiendo términos, jerga y posturas esnobistas. Algunos terminan hablando de cuestiones superficiales sobre la manera como se expone y no se hacen análisis relevantes sobre los contenidos que es, en suma, lo importante.

    En ese sentido, siento que muchas veces terminamos en discusiones que aportan muy poco al entendimiento de lo que somos, como individuos pertenecientes a una comunidad que comparte una historia, una lengua y un destino común.

    Maestro Álvaro, quiero decirle que su carta me da muchos ánimos para continuar trabajando en los diferentes quehaceres ligados a la carrera que elegí como profesión. La misma me alienta a seguir buscando la calidad, en todos los sentidos.

    Igualmente aquí si estamos efectivamente interesados en ir poco a poco perfilando posiciones para librar la batalla que atañe a nuestra generación.

    Le deseo que pase muy felices fiestas de fin de año y agradeciéndole nuevamente me despido muy respetuosamente,

    Dimo García


    VI. los diplomáticos del sur: lazos familiares

    Los “lazos familiares” que tiene el embajador Carlos Medellín con el periodismo, en especial con el periódico El Espectador, y que lo favorecieron ante la prensa -que cubrió de manera condescendiente el acto de secuestro y censura que cometió el funcionario público con la obra “Los rebeldes del sur” del artista Wilson Díaz-, son los mismos que el fin de semana pasado obligaron al embajador ante La Haya a renunciar. El suegro de Carlos Medellín era Guillermo Cano, director de El Espectador, asesinado en 1986. La saga de esta historia de arte, estado y poder, que involucra a toda una serie de actores -reyes, ministros, sacerdotes, doctores, apóstoles, profetas, teólogos, políticos, bribones, charlatanes, artesanos de ilusiones y una gran tropa de mercaderes de esperanzas y temores-, y que comenzó como una comedia de errores, toma ahora la forma de la tragedia griega: el opaco Carlos Medellín sale con pena de su puesto y busca, ante los ojos de su familia política, algo de gloria.

    “[.] El sábado en la mañana, su esposa María José Cano le dijo [a Carlos Medellín] que estaban invitados a la casa de su madre, Ana María Busquets de Cano, donde se reunirían con sus hermanos Juan Guillermo, Fernando y Camilo. Después del almuerzo, Medellín y su esposa salieron a reunirse con la familia y ya allí, al final de la tarde, llegó un ejemplar de El Espectador. El artículo de primera página titulado Lazos familiares, sobre el estado de la investigación por el asesinato hace 21 años del entonces director, Guillermo Cano, por orden de Pablo Escobar, llamó la atención de su viuda y sus hijos.

    El periódico pasó de mano en mano, cada uno lo leyó en silencio hasta que le llegó el turno a Medellín, quien por las caras de su esposa, su suegra y sus cuñados advirtió que algo distinto a lo que ya todos sabían los había dejado prácticamente congelados. El ex ministro leyó el artículo y tras un largo silencio les dijo que el contenido lo obligaba a renunciar a la Embajada en Holanda, país que ya le había dado el beneplácito.

    CAMBIO pudo establecer, con una fuente cercana a la familia Cano, que Medellín encontró especialmente grave en el artículo el hecho de que Carlos Alberto Gaviria Vélez, hermano mayor del asesor del presidente Uribe, José Obdulio Gaviria, apareciera mencionado al lado de Luis Carlos Molina Yepes, el hombre que administró el dinero de la mafia para asesinar a Cano, el 17 de diciembre de 1986, cuando salía de la sede del periódico.

    El artículo revivió en la familia Cano todo el horror y el dolor por el asesinato de quien, con valentía, desde su columna Libreta de Apuntes, se convirtió en uno de los principales cruzados de la lucha contra las mafias del narcotráfico, al lado del entonces Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, que había empezado una lucha frontal contra el fenómeno en 1983. “¿Dónde están que no los ven?”, se preguntó Cano muchas veces, refiriéndose a los jefes de los carteles de la droga.”[.]”

    http://www.cambio.com.co/portadacambio/755/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-3867233.html

    -Lucas Ospina


    nostalgia del padre (¿o de la madre traba?)

    Pobre del señor Vanegas y su nostalgia del padre (¿o de la madre traba?)… oigámoslo: “Es necesario controlar de una vez por todas semejante flujo de información, para que la oralidad no se tome por asalto el buen feudo de la estética, y los verdaderos maestros vuelvan otra vez a orientarnos con sus sabias palabras.” Vayamos por partes:

    1º El señor Vanegas quiere control. En general, todos desearíamos mayor control. Por ejemplo, control sobre la muerte, el dolor o el secuestro.. pero… ¿también queremos control sobre el lenguaje que habla acerca del arte?,

    2º El señor Vanegas quiere que la oralidad no asalte el “buen feudo” de la estética… ¿cuál “buén feudo” señor Vanegas?, ¿acaso un feudo puede ser “bueno”?… Claro, si uno es el señor feudal, o por lo menos el conde, el feudo es bueno para uno, pero… luego de unos cuantos siglos de haber abandonado el régimen feudal de producción… ¿quién indica cuáles son las marcas del feudo? … acaso eso lo marca: ¿un Rey?. Parece que sí: porque por otra parte el señor Vanegas critica fuertemente la oralidad: ¿cuál oralidad? veo que el señor Vanegas se ha tomado muy en serio al señor Ong (“Oralidad y escritura”).

    3º Desea el señor Vanegas que “los verdaderos maestros vuelvan otra vez a orientarnos con sus sabias palabras” ¡Habrase visto! (¿es con hache o sin hache?) ¡Los “verdaderos maestros”!.. yo no sé: de pronto sea un verdadero maestro Confucio o el neo Sócrates o que vuelvan a la vida los antiguos (sería muy bueno: espectros del pasado-presente orientan nuestros caminos, al fin hemos encontrado la senda, ya no estamos más perdidos en esta barahunda oral y nos encontramos en el seguro camino fijado por la senda escrita del arte que reconocen los “buenos maestros” el arte de verdad verdad, no esta cosa a la que se refieren los de esfera pública.)

    4º Queremos que se detenga el “flujo” de la información, y deseamos sentir la extrañeza: esa que quiere el señor Vanegas: “extraña en este país sometido al autoritarismo mediático (y mediatizado), la presencia de una voz cantante, que indique el camino, que baraje tendencias y calcule las apuestas formales de nuestros artistas. Creo que esferapublica es un sitio de encuentro de disconformes y desadaptados, que nada bueno podrá salir de ella y que si no es saludablemente reconducida, sus perspectivas de futuro se verán reducidas de manera preocupante” Esta es una tarea para el moderador de la esfera: y yo lo conmino a ejecutar la salutífera tarea que ha encontrado para él el señor Vanegas: encontrad ¡oh moderador de esta esfera! la “voz cantante” (creo que para esto se podría hacer un concurso entre los miembros de la esfera mejor dotados en sus dotes y entonaciones), ubicad en vuestra sana sabiduría aquel elegido que “indique el camino”, no modereis… ¡conducid! ¡guiad! ¡barajad las tendencias! ¡calculad las apuestas! ¡sacad a los desadaptados (entonces os quedareis solos, pero esa soledad será aclamada por siglos enteros de señores feudales)

    5º El señor Vanegas es un hombre de “buen gusto” o sino leamos sus sabias enseñanzas: “Si todo el que quiera hablar sobre arte, o sobre teoría del arte, o sobre instituciones que tratan con arte, o de personas que tratan con arte, puede hacerlo ¡Qué infierno de disonancias agrediría nuestro espíritu!”. En esto estoy muy de acuerdo: dejemos que la gleba inane e ignara calle sus bastardos discursos, que tan solo los ilustradores de esta sagrada república del arte hablen de ella cuanto apetezcan. ¡Que se moderen los juicios!, ¡que se determinen las tendencias! ¡que alguien -por favor- nos indique el camino!… ¡hemos estado tan perdidos! (¡0h malvada oralidad,que confundes a los hombres!)

    6º El señor Vanegas, como todo buen geómetra o topógrafo, desea límites: “Este tipo de experimentos debe ser limitado al máximo, para proteger la buena fe del público nacional, tan desorientado en cuestiones de arte nacional” (creo que esto no amerita ni siquiera un comentario)

    Víctor Quinche