Curaduría ecuatorial

1.
Estimado X:
Te pongo al tanto de la situación que esta viviendo el Salón Mariano Aguilera 2008, en el cual todos los artistas ecuatorianos, incluso los preseleccionados, hemos sido rechazados por una curaduría colombiana. Te envío las comunicaciones y espero tu opinión y comuniques a la comunidad artística ecuatoriana este lamentable suceso.
Saludos,
Y.

2.
Estimado Y:
Estoy totalmente de acuerdo con tu opinión acerca de la nefasta resolución de la curadora del Salón Mariano Aguilera. Te adjunto la comunicación que envié a los organizadores y su respectiva respuesta en la que manifiestan que esta vez ni siquiera publicaran un catálogo de esta improvisada exposición. Concuerdo contigo en que debemos reunirnos todos los artistas afectados y convocar a los medios de prensa para informarles de estos sucesos; además, hay que pedirle a los artistas que participaban por primera vez en el Salón, que se unan a nosotros para hacer respetar nuestros derechos. El año pasado la elección del primer premio fue un verdadero desacierto de los organizadores, no tenía base ni fundamento, provocó muchas protestas y la única mención fue inventada y no estaba dentro del plan original. Este año se trató de renovar el Salón dejando el tema libre y contratando a una curadora extranjera (cuando pregunté la razón me manifestaron que para hacer la curaduría del salón habían convocado a expertos ecuatorianos pero que nadie se presentó). La anulación de nuestras obras por parte de la curadora colombiana radica en la diferencias que hay entre la situación social que vive el vecino del norte con la mentalidad de los ecuatorianos; en las obras que pude ver, nuestros compañeros, en su mayoría, hacen referencias lúdicas y no recurren a temáticas sobre violencia y erotismo, que son ya habituales en los salones de arte de los otros países, como es evidente en el caso colombiano. Y entonces, yo me pregunto, ¿cómo una curadora colombiana podía comprender las temáticas propias de nuestro país? Espero que me indiques la fecha y hora a la que nos podemos reunir para conversar sobre este asunto y sugiero que todos los artistas retiremos las obras luego de la charla que se ha convocado con la curadora colombiana.
Saludos, X.
Artísta Plástico

3.
Señor X:
Presente y Atento saludo.
En respuesta a su e-mail, quiero aclararle que este año no habrá Salón, lo que se está planteando es una exposición con la participación voluntaria de los artista que presentaron sus obras a la Convocatoria de este año, la misma se abrirá al público sin inauguración el 10 de junio. No se realizará catálogo. Atentamente,
Z.
Miembro del Comité Organizador

4.
Estimados Organizadores:
Con mucha pena he leído esta comunicación en la que la curadora colombiana ha descalificado a todos los artistas ecuatorianos que participamos en el Salón de este año. Ella dice que “Las propuestas que respondieron a la convocatoria no se desempeñan en niveles de excelencia, que puedan constituir referencias contundentes de ejercicio creativo y reflexivo para el medio del arte y para el público que asiste a estas exposiciones”. ¿Quién es responsable de esta situación tan negativa? Creo que la curadora debería responder a cada uno de los participantes indicando las falencias y virtudes de las obras, y así al menos podríamos entender cuáles son los requerimientos necesarios para alcanzar un nivel de excelencia. Les recuerdo que el tema de este Salón era libre y no se pedía nada en específico. El curador del año pasado al menos se tomó la molestia de hablar con cada uno de nosotros personalmente. Además, el tiempo que paso entre la aprobación de los proyectos y la presentación de estos fue demasiado extenso y provocó un gasto de recursos intelectuales y económicos muy alto; en mi caso particular, mandé dos proyectos y nunca supe cual fue el de más agrado de la curadora colombiana, por lo que terminé haciendo el más complicado y costoso. Me parece que las charlas y reuniones a las que están invitando son a destiempo, estas debían haber sido realizadas antes del Salón y con la misma curadora y las autoridades respectivas. No veo el objeto de hacer la exposición alterna pero espero que al menos, en esta ocasión, si elaboren unos catálogos dignos del Salón. Además deberían abrir nuevamente la convocatoria para que los demás artistas presenten sus obras y así enriquecer este evento de tradición para las artes plásticas ecuatorianas y que según la curadora colombiana careció de valor.
Atentamente,
Licenciado M.

5.
A todos los artistas pre-seleccionados y no preseleccionados del Mariano Aguilera 2008:
No podemos permitir este atropello, este irrespeto. Esta es una invitación para retirar todas las obras presentadas y no ser parte de la exposición alterna que ofrecen los organizadores y que pretende ser un acto de beneficencia. Nos negamos a mostrar nuestras obras como fenómenos de circo, como una muestra de arte degenerado sobre lo que NO se debe hacer en arte. No permitamos que nos exhiban como ratas de laboratorio. Reunámonos. Organicémonos. Pongámonos de acuerdo para el conversatorio del 28 de mayo, para intervenir de a uno por uno, para acabar y acribillar a la curadora colombiana. Esta es una protesta frente a esta acción atrabiliaria contra el arte ecuatoriano contemporáneo.

—Lucas Ospina

Salón Mariano Aguilera
http://www.centrocultural-quito.com/ccmq.php?c=1217


Pompadour preocupada por el silencio de Beatriz González

Tenía la forma de un chiste para ser escenificado en Sábados Felices. Una ciudad que apenas hace un año tenía a miles de sus estudiantes en la calle exigiéndole a la administración distrital mayor respeto por la educación pública, que denunciaba la condición de precariedad a que han sido reducidos sus estudiantes y maestros, concede una gracia a la comunidad artística, la convoca hoy para que elija un duque o una duquesa de las artes.

El principado promete restaurar su viejo palacio en la calle de San Francisco y cedérselo a los elegidos por la corte artística convocada. Todo esto acompañado de un presupuesto para su sostenimiento, el cual será mayordomado por una condesa cercana al principado. A cambio, el ducado de las artes se compromete a organizar una fiestecita para la nobleza capitalina, el próximo 20 de julio de 2010.

Al ducado de las artes se le han encomendado las siguientes funciones. Debe corroborar con imágenes bellas y estusiastas, de buen gusto, las cifras que filtrará oportunamente el Departamento Administrativo Nacional de Estadística a su periodista de cabecera. Debe mostrar que los 200 años de indiferencia social que le indilgan los republicanos al principado, en verdad han sido de progreso para los más pobres. Debe hacer énfasis en que ha sido respetuoso de la voluntad de la divina Providencia, la cual le ha encomendado la tarea poco grata de gobernar a tantos patirrajados. Debe demostrar que ha sido generoso cuando se trata de entretener a los súbditos y justo en la administración de sus bienes. Muy especialmente, el ducado debe mostrar su lealtad al Príncipe, desmintiendo los rumores insidiosos que circulan marginalmente en Esfera Pública, de que el Principado no tiene idea de lo que son las artes, de que le molesta el pensamiento en todas sus manifestaciones. Debe resaltarse, finalmente, que es falso de toda falsedad que sólo está interesado en disfrutar con sus íntimos del discreto encanto de la cacería del zorro.

La información divulgada por Catalina Vaughan en Esfera Pública desmiente la primera percepción que tuvo Madame de Pompadour. Está convencida de que no es un chiste para Sábados Felices. Madame, ¡quién lo creyera!, sinceramente cree que con el derecho a la educación artística no se puede traficar, mucho menos hacer populismo. Le critica al principado y al comité de marras, que ignoren que el Palacio de San Francisco es el más blanco de todos los elefantes blancos que posee en sus predios.

Hablando de buen gusto, Madame de Pompadour ha manifestado algunas dudas en su prestigioso Salón. Le parece increíble que Beatriz González, la apologeta del mal gusto de los bogotanos que suelen frecuentar el Pasaje Rivas, haga parte de este comité de tan buen gusto. Le aterra que de pronto a doña Beatriz, le dé por instalar alguna de sus camas –mamotretos los llama ella– en las regias estancias del Palacio del buen gusto. A la corte, de la cual la Pompadour hace parte, le comienza a preocupar el silencio de doña Beatriz, espera que desmienta categóricamente esta información y que prometa mantenerse al margen de estas fiestas patronales. Ha advertido la Pompadour que ejercerá toda su influencia en la gente de buen gusto que cree en la restauración de los intereses estéticos de las familias nobles bogotanas.

Madame de Pompadour ha preguntado: ¿por qué será que los políticos de mal gusto cuando quieren una fiestecita se acuerdan de que las artes existen? ¿Será porque creen que todos los artistas son comediantes y se les puede tratar como tales? Esto no le parece de buen gusto. Madame considera que estas fiestecitas terminarán por banalizar aún más la percepción que la corte tiene de las artes; cree que es más provechoso para el principado invertir en la educación artística de todos los desheredados culturales de este pequeño pero turbulento reino. Es más, ha hecho especial énfasis en que tanta turbulencia tiene su origen en la marginalidad cultural que le ha sido impuesta a los súbditos de nuestro amado y popular príncipe.

Madame de Pompadour

participaciones relacionadas:

política distrital
http://esferapublica.org/nfblog/?p=1275

debate alzate
http://esferapublica.org/nfblog/?p=1230


política distrital

“El brillo urbano y el lujo no eran nuevos en la historia, pero si lo era el acceso secular, público. El esplendor de la moderna ciudad podía ser experimentado por cualquiera que paseara por sus bulevares y sus parques, o que visitara sus grandes tiendas, museos, galerías de arte y monumentos nacionales. París, ‘una ciudad-espejo’, deslumbraba a las multitudes, pero al mismo tiempo las engañaba.”

Susan Buck Morss

En días pasados circuló por Esfera Pública un artículo donde el columnista de El Tiempo Enrique Santos Molano resaltaba la necesidad de crear un Palacio de Bellas Artes para Bogotá, cuya sede podría ser el Palacio de San Francisco, en plena Avenida Jiménez y a pocos metros de la carrera septima.

En principio, el asunto tiene sentido si vemos que desde aquel Pabellón de Bellas Artes inaugurado en 1910 como parte de las celebraciones del centenario de la independencia (para luego desaparecer tras años de abandono), no se ha construido en la ciudad otro espacio que cumpla con estos fines. Aunque bastante tiempo después se crearon instituciones como el Museo de Arte Moderno y la Biblioteca Luís Angel Arango, esa función le ha correspondido desde hace un par de décadas a la Galería Santa Fe como sede del conjunto de exposiciones y estímulos promovidos por la alcaldía a través del IDCT y, desde el año pasado, de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (cuyo Director de Arte y Patrimonio tuvo la maravillosa idea de trasladar temporalmente las funciones de ejecución del presupuesto y producción de exposiciones a la Fundación Alzate, con las consecuencias que todos conocemos)

Parece que efectivamente el proyecto para construir el mencionado Palacio de Bellas Artes es algo que se viene pensando desde la Secretaría de Cultura, más como un Instituto de las Artes en el que tomarían forma las labores de la Gerencia de Artes Plásticas y su programa de exposiciones, luego de una temporada en la Fundación Alzate, entidad que cumple un papel transitorio en la administración de los recursos de las artes para Bogotá.

Sin embargo, dada la proximidad de las celebraciones del bicentenario de la independencia, el proyecto de un Instituto de las Artes ha adquirido el espíritu rimbombante que caracteriza este ritual oficial, que hace cien años tomo la fantasmagórica forma de una feria universal (todo un símbolo de “progreso” en el momento) con pabellones de la Industria, las Máquinas, la Luz y, como no, de Bellas Artes (foto).

Habrá que ver si el Instituto de las Artes es poseído por el mencionado espíritu fantasmagórico y se va transformando en un mega proyecto donde intervienen todo tipo de actores: la Alzate, el alcalde, el Comité de Notables propuesto por Enrique Santos (Juan Cárdenas, Piedad Bonnet, Marta Senn, Gustavo Zalamea…) y los honorables concejales que tradicionalmente apoyan la cultura de la ciudad a cambio de auxilios y otras especies (a la fija inauguran con una gran retrospectiva de algún maestro o una curaduría blanda en torno a las ballenas en la Plaza de Bolívar, el Departamento de Arte del Congreso, la emergencia o la independencia).

Pero más allá de los festejos, habrá que ver si en el corto plazo la Secretaría de Cultura logra crear el mencionado Instituto de las Artes no como sede de exposiciones y celebraciones oficiales, sino como entidad autónoma (de la Alzate, de las adiciones presupuestales para el MamBo, Fotográfica Bogotá y otras Glorias distritales) y terminar con la transición que tiene a la Gerencia de Artes Plásticas operando desde una institución que a pesar de la profesionalización del sector del campo del arte, continúa trabajando de acuerdo a la cultura política que la ha caracterizado y que todavía hace parte de su misión institucional (no sólo está el caso de Berna Chique Chique, la respuesta al derecho de petición permite leer entre líneas que así haya profesionales formados para coordinar la Galería Santa Fé, prevalecen otros criterios. Me viene a la mente aquel refrán atribuido a la godarrea política: Es mejor malo conocido, que bueno por conocer).

Y bien, antes de que haya un pronunciamiento oficial de la Secretaría de Cultura sobre el tema del Palacio de Bellas Artes, sobre la fecha en que finaliza su temporada en la Alzate la Gerencia de Artes Plásticas, y en momentos en se alinean columnistas, notables y demás personalidades en torno a los festejos del Bicentenario, quisiera concluir señalando que existen otras entidades que buscan liderar el tema, como es el caso de la Academia Colombiana de la Cultura (¿alguien la conocía?) que ya abrió su grupo en Facebook para apoyar la construcción del Palacio de Bellas Artes.

El presidente de la mencionada Academía es el artista Juan Niño López, con estudios en el Instituto Súricov de Moscú y la Universidad de Bogota Jorge Tadeo Lozano. El vicepresidente es el artista Armando Villegas, cuya obra tuvo un gran éxito comercial en las décadas de los setenta y ochenta. También son miembros de la Academia Colombiana de la Cultura: Martha Susana Niño, Esteban Morales Cantor, Juan Sebastián Niño, Pilar Rengifo, Mauricio Ordoñez y Maruja Esther Floréz, entre otros.

El artista Juan Niño López ha realizado para la Academia que fundó y dirige las investigaciones “Construcción Histórica del Concepto de Cultura” y “El Arte como Carácter de Relación del Conocimiento Intuitivo y Lógico” (credenciales suficientes para asegurarse un puesto en el Comité Pro Palacio de Bellas Artes que no demora en constituir la Alzate)

Una de las primeras participaciones (19 de mayo) en este grupo de Facebook dice:

“El proyecto tiene que integrar todos los espacios culturales como la escritura, la actuación, la música, las dancas, etc.; pero a su vez el proyecto debe (en caso de ser apoyado por el Gobierno) otorgar clases a todos los jovenes que quieran incorporarce y aprender acerca una actividad cultural como la escritura, la actuación, etc. Firma: Jhon Mejía Anaya. Aspirante – Junta Directiva..”.

El mismo día responde el director de la Academia, quien tambien parece oficiar como lider del proyecto:

Excelentes ideas Jhon.
El propósito de nuestra institución es ABRIR ESPACIOS SUFICIENTES en el PALACIO DE LA CULTURA O PALACIO DE BELLAS ARTES para las actividades propias de TODAS LAS FORMAS DE LA CULTURA (Ciencia, Arte, Tecnología, Humanismo, varios deportes apropiados para el escenario, actividades recreativas, etc). Dentro de las formas del arte no podemos dejar al lado a ninguna; seguramente tendremos festivales gastronómicos, expresiones literarias, música, pintura, dibujo, escultura, etc.

Quiero poner en RELEVANCIA LA PROPUESTA DE JHON en el sentido del obligado servicio social que debemos prestar a todos los colombianos, muy especialemnte a niños y jóvenes. FELICITACIONES. Estoy seguro que todos nosotros LO ACOGEMOS COMO UN COMPROMISO MORAL DE PRIMER ORDEN.

JHON YA HACE PARTE DE NUESTRA JUNTA DIRECTIVA DEL PROYECTO. BIENVENIDO.

Juan Niño


Para rematar el asunto y otorgar un mayor grado de legitimidad a su cruzada, Juan Niño publica el pasado 24 de mayo una carta de agradecimiento a Gabriel García Márquez (pero, misteriosamente, no publica la carta de apoyo del Nobel):

Comunicación pública:

El Presidente y los Miembros del Consejo Directivo de la Academia Colombiana de la Cultura expresan al Maestro en Literatura, escritor, Gabriel García Márquez, de manera muy respetuosa, con profundo afecto y admiración, sus agradecimientos por aceptar nuestra invitación para ser Amigo de esta institución.

Comuniicamos que por unanimidad proponemos su nombre como ACADEMICO DE NUMERO Y PRESIDENTE HONORARIO DE LA INSTITUCION.

Esta comunicación será enviada, en nota de estilo, al honorable señor y escritor colombiano Gabriel García Márquez.

Juan Niño López
Presidente Consejo Directivo de la Academia Colombiana de la Cultura.

El domingo 25 de mayo Edilberto Guerrero Ramos dice:

Pienso que se debe reconstruir el que existió.


Guerrero se refiere al Pabellón de Bellas Artes de 1910, construído en el Parque de la Independencia, a pocos metros del MamBo que, como ya lo saben, tiene por estos días tremenda rumba para celebrar sus 45 años y, de paso, buscar fondos para construir su nueva sede (“Samuel, cuentame ¿para qué construir un Palacio de Bellas Artes si con la nueva sede del MamBo la ciudad puede celebrar como merece el Bicentenario de la Independencia?, no malgastes esos fondos!!”)

Mejor dicho, como vamos, vamos mal.

Catalina Vaughan


Blog y la comunidad de lo incomodo

a propósito de www.lacoctelera.com/libidoherida

Un espacio virtual de participación libre y espontánea es simplemente un lugar donde se materializan las expresiones, opiniones y maneras de entender el mundo. En este espacio gratuito de Internet, y por ende ajeno a compromisos institucionales, no caben prohibiciones ni censuras, ya que la misma virtualidad convierte, en últimas, lo que pudo ser un discurso excesivamente articulado, cuidadosamente enmarcado en la forma, en mecánica efectiva de extracción directa, como si se tratara de una pulsión interna y necesaria. Así las cosas, un blog representa desde el mismo corazón el pensamiento en sus intersticios del que aporta un comentario central o defiende bajo seudónimo muchas veces naturalezas ajenas a él mismo, asumiendo otras, dibujando, o mejor, explorando la cantidad de seres que podemos ser. Lo que me ha parecido relevante en esta experiencia de indagación a partir de un blog durante estos dos años desde su creación, ha sido principalmente el grado de poder de transformación de criterio y la tendencia violenta y tensionante del lenguaje utilizado en él, visible tanto en los contenidos como en los mensajes. En la primera de las características, la posibilidad de expresar lo que se piensa sin miramientos ni temores, ha podido transformar efectivamente una comunidad, la cual como todas las comunidad, se encuentra representada en afirmaciones, resentimientos, miedos y respetos, algunos de ellos infundados bajo la tutela de la autoridad. El poder de transformación es básicamente un cambio en los modos de ver y asumirse en el mundo, exentos de lineamientos rígidos o cegueras hereditarias por la malformación del conocimiento, o el abuso mismo de una personalidad. Un blog aglutina en un pequeño-inmenso espacio la miseria humana, la degradación, el valor humanoide y el gesto patricida, alternando con la belleza de sublimidad invertida, el calor de una conversación, o la sutileza de una imagen con serios problemas ególatras. Un blog es manipulación en todos los sentidos y direcciones: liberación para unos, persecución y señalamiento para otros, pero en todos los casos prima el principio de la libre expresión de las ideas, algo que muchas veces la academia o sus aparatos de gobierno olvida o soslaya a conveniencia. Sobre la segunda tendencia, que no es otra que una constante desiquilibrante entre emoción y sentimientos encontrados, también la virtualidad termina consumiendo y convirtiendo en naturaleza lo que una vez fue grito irremediable o pataleta de niño acorralado por las propias travesuras de jugar al poder. Mi espacio blog, no es ni mucho menos un espacio blog art, porque mi propósito no es el arte como fin, por lo menos en la virtualidad (entendida en mi proceso de comunicación en red), sino reflexionar sobre el fenómeno de la trasmisión de intuiciones, aunque muchas de ellas nos incomoden, como incomoda el arte por su capacidad, como dijo Jairo Montoya, de sacar a flote, de develar, yo le sumo, de hacer visible lo invisible.

Oscar Salamanca


Los artistas de cali en Valenzuela Klenner, vé

Claramente en Colombia, como en la gran mayoría de países del mundo, vende más el escándalo y la polémica que la seriedad y el trabajo continuo. Y más, si la discusión está inscrita dentro de la amplia definición de la palabra ‘política’. Para la muestra, un botón. Hablo de la recién inaugurada exposición colectiva de la Valenzuela y Klenner en la cual participaba Wilson Díaz. Ese que hace unos meses muchos desconocían y que hoy día está en boca de todos. El caso es que para ser un evento artístico en un día lluvioso de la capital, la afluencia de gente fue casi masiva (guardando las proporciones). En otras palabras: “La casa estaba llena” y el lugar “abarrotado”. Y es que ahí estaban todos y cada uno de los caricaturescos personajillos que conforman el diminuto ámbito artístico de esta ciudad. Inclusive yo, que estoy en contra de lo político, no me pude resistir. Ahh… y para asegurarse del todo la asistencia, Jairo no brindó sus usuales ponches con jugos exóticos sino que regaló whisky. Como quien dice: la fórmula del éxito, chisme barato y alcohol fino.

Lo digo muy en serio y sin ánimo de risas. A nadie pareció importar que se tratara de una colectiva de artistas caleños. De hecho muchos pensaban que todo era de Díaz. Nadie reconoció la obra de Mónica Restrepo, ni la de Ana María Millán o la de Leonardo Herrera (que por cierto, fue de lo mejor de la noche). Claro que no. Todos se morían por ver el trabajo del artista que había sido víctima del tan comentado atropello de parte del anterior embajador de Colombia en el Reino Unido, Carlos Medellín. Y es que no podía ser para menos. Porque aquí lo que vende es el drama, la telenovela, el llanto, la calumnia y el atropello. No se sabe entonces quien es más ignorante. Si el embajador por asumir que una obra de arte compromete el estatus político de nuestro país o el artista plástico que pretende hacer de un folclórico documental, una usurpada polémica en un foro, unos mamarrachos a la coca y una pintura popular, unas contundentes obras de arte contemporáneo. Y por si fuera poco tanto el uno como el otro reciben el enardecido apoyo de sus respectivas partes. Como quien dice, el mundo está patas arriba, así que si por estos días ven a un pájaro muy afinado disparándole desde el cielo a las escopetas no huyan necesariamente despavoridos. De seguro sólo es otra de estas hilarantes ocurrencias. Es más, alguien debería hacer una pintura que se titule: “Ahí estamos pintados”.

-Paso la página-

La puesta en escena y el realismo de la coreografía que se proyectó en el primer piso, junto con esa vitrina tipo miscelánea me pareció interesante. Siento que la artista rescata de manera consciente la abominable estética del comerciante de barrio.

En el segundo piso Herrera propone una sarcástica reflexión que nos hace ver los borrosos límites entre lo socialmente moral e inmoral, entre lo real y lo ficticio, entre lo políticamente correcto e incorrecto. Esto yuxtaponiendo símbolos muy fuertes que se contradicen pero a la vez se complementan. Es además muy valioso que recurra a diversas técnicas entre las que se cuentan el dibujo in situ, la fotografía, los objetos e incluso los grabados. Ojala pasen a verlo.

Pronto…. Versión impresa de Lolita y convocatoria para hacer reseñas breves de crítica de arte. 😉

Lolita Franco

(enviado a esferapública por rodrigo leyva)


Oráculos y fantasmas en el auditorio de la Facultad de Artes

Respuesta a la invitación del profesor Juan Diego Caicedo

a participar en la mesa de debate de la Asamblea de Bellas Artes.

Oráculos y fantasmas en el auditorio de la Facultad de Artes

Inventar ritmos

Al paso trepidante

De cien corceles.

Philip Potdevin

Lamento no responder a tiempo su invitación pero el demonio de Google, árbol virtual del conocimiento con quien todos tenemos un pacto fáustico, me tiene inquina por mi poca velocidad de conexión y se ensaña al ocultar mis mensajes de correo con un código de error intraducible que no me permitió declinar a tiempo su invitación.

Declinarla porque después de salir de la asamblea del viernes pasado y ponerme a escribir rememorando la primavera del Paris 68, suceso me cogió bajo de la estatua del Bolívar desnudo de Pereira en una época en que no había cometido pecado mortal, me sentí culpable de no cumplir con un postulado sufi que me prohíbe juzgar al vecino. Y de no atender el código de conducta chamánica que enseña a cada hombre a observar su mapa interior, cuidarlo, y definir su arma o instrumento de creación.

El arma que recibí en mi posgrado de artes en China es la mano vacía del taichi, y mi instrumento el lápiz. Por eso paralicé la lengua para el discurso, y me puse encima una camiseta que tiene bordado en el pecho un mandala para tratar de recuperar, como zapatero a sus zapatos, la conducta taoísta de la no acción y el estado del corazón vacío bajo la sombra del sauce.

Además, como las circunstancias políticas que vive la Universidad Nacional han colocado toda la pirámide entre la espada y la pared o bajo la espada de Damocles, decidí consultar el oráculo, que no el arte de la guerra de Sun Tzu, para poder avanzar con la debida estrategia. Recuerdo que en la pagoda de la Nube Púrpura “el monje anciano se acerca al discípulo y escucha atento. 1

Estando en esas, la sincronicidad me atravesó el libro de Zohar, cuyo cabalístico resplandor aconseja hacer acciones positivas sobre el árbol de la vida para atraer la energía celeste para sí y para el entorno. Consultando el I Ching, los exagramas me indicaron que no era propicio atravesar las grandes aguas, pues, “los santos sabios regulan la armonía tañendo el laúd”.2

Actuando en consecuencia, como lo anunciaba en mi crónica, estoy incitando a mis estudiantes a una acción yin yang que consiste en asistir en la mañana a las discusiones y reflexiones para aceptar o proponer conscientemente los contenidos de la reforma para la universidad pluralista y de alta calidad académica que queremos, y a retomar en la tarde las acciones creativas en los talleres de la escuela y en casa. “Desliza el pincel como un trueno seco y capta el cosmos”. 3

Pero agradezco su amable comentario sobre mi crónica de la asamblea del pasado viernes, donde menciono el retardado efecto mariposa de los sucesos de Mayo del 68 en Paris, cuyos vientos traen hoy sus consignas surrealistas al oído del movimiento estudiantil.

También agradezco su amable invitación al escenario del auditorio Carlos Martínez, para fungir de juglar con el relato de las luchas estudiantiles y los actos creativos de tiempos idos, que por suerte me toco vivir como estudiante de esta facultad.

Entiendo que la idea era hacer surgir de viva voz las imágenes que en este mismo espacio sucedieron durante los combativos años 70, como resultado del hervidero de duras y enriquecedoras discusiones, retóricamente expresadas por beligerantes líderes estudiantiles y sesudos profesores de todos los pelambres políticos.

Como usted sabe, estas memorias ya están escritas en mi crónica del Boceto para un desnudo de memoria que escribí para la celebración de los 120 años de la Escuela de Artes Plásticas, máquina de imaginar que mueve sus piñones gracias al aliento de jóvenes profesores que enseñan oficios e incitan a nuevos imaginarios, entre pinos, eucaliptos y urapanes. También envuelta en el olor a yerba punto rojo que sube hoy desde el patio trasero, entre cuyos árboles se instaló un colorido circo de bolicheros, tragafuegos, funámbulos saltimbanquis, y perros.

Para los soñadores de esa época, y para todas las generaciones que desde el siglo pasado han puesto la cola en sus sillas, los ojos en el escenario, y abierto el cerebro para pensar y el corazón para sentir, el auditorio Carlos Martínez ha sido una histórica caja de resonancia donde la historia, los ideales, las utopías, y los imaginarios, se amplifican y transfiguran. Desde allí los soñadores parten con su carga de semillas de estética y política, para embarcarse en la nave de los locos de la sociedad, y viajando por distintos escenarios y mapas, hacen germinar árboles con diferentes estructuras y follajes, donde anidan fantasías de todos los colores.

No hay que olvidar que aquí, en medio de estas paredes de ladrillo rojo y sobre las tablas de este escenario, aparte del discurso que en cada momento histórico ha transformado para bien la vida universitaria, flota todavía el espíritu de los directores Santiago García, Dina Moscovich, Carlos Duplat, Carlos Perozo y Ricardo Camacho. Y de todos los estudiantes de arte dramático dirigidos por ellos, que hace 36 años, ponían en escena obras del teatro clásico, pero a la vez se inventaban la técnica de la creación colectiva, dramas realistas que reivindicaban el derecho de los campesinos a la tierra, las luchas sindicales y estudiantiles, denunciaban la represión, el desalojo, y las desapariciones, y que estaban políticamente comprometidas con la hoz y el martillo o con la estrella roja de la gorra verde de Mao.

Pero, gracias a que fueron lamentablemente expulsados por una rectoría inquisitorial que acabó con el teatro universitario, entre todos, y partiendo de ese teatro revolucionario, lúdicamente panfletario, se arriesgaron a ensayar otros tipos de representación que siguen vigentes en las tablas de la Candelaria y del Teatro Libre. La Universidad perdió para siempre a estos dramaturgos, hasta que llegó desde Harlem Enrique Vargas para enseñarnos a anudar el Hilo de Adriana, una experiencia performatica y laberíntica para los sentidos, y sembró una semilla que germinó y está tomando forma como la Maestría en artes vivas.

Si hacemos silencio, paramos oreja, y cerramos los ojos, podremos verificar la resonancia y ver escenas de esas obras y escuchar sus diálogos; también los movimientos de cuerpos en la danza, desde la folklórica hasta los saltos marciales y los gestos cotidianos de la danza moderna. Todavía flota aquí el discurso académico de las artes, elaborado sobre diapositivas, que empezaba con las pinturas rupestres en las cuevas de Lascaux y la escritura cuneiforme de los sumerios, e iba hasta el momento en que unos jóvenes, inspirados en el rabo de una vaca sagrada, se bautizaban dadaístas como símbolo de rebelión y negación, mientras los surrealistas construían cadáveres exquisitos y conjuraban sus sueños con la escritura automática.

Inevitablemente, verán a Marcel Duchamp heredando para todos el karma de sentido de su orinal y de su gran vidrio, reciclaje que ha hecho a las generaciones de estos días exclamar, para bien o para mal: ¡Por fin Duchamp es del siglo pasado!. Escucharán el réquiem que anuncia la muerte del arte, y el nacimiento del postmodernismo, entre sonidos de nueva era y de los ruidos de la música concreta.

Sobre el telón de boca, verán las imágenes que proyectaba el tembloroso celuloide de 16 mm en blanco y negro; así verán navegar entre témpanos al Acorazado de Potemkim, se asombrarán con las torcidas escenografías expresionistas del Gabinete del Dr Caligari, y ojo, porque el encorvado vampiro Nosferatu puede saltar al cuello pálido de algunas chicas emo. Ya en tecnicolor y cinemascope de 35 mm, quedarán perplejos viendo como un orangután, cascándole a un hueso, los lleva flotando por el cosmos a 2001 Odisea del espacio, acompañarán jadeantes las tres carreras de Lola, y se darán cuenta que, gracias a los audífonos, también son fetos probeta de la ilusión colectiva y fluorescente de Matrix.

Además, verán desfilar, desde los personajes de sombrero y de toga, convocados para el discurso o el homenaje, hasta los muchachos de yines, que suben para recitar el informe o gritar la arenga, y los encapuchados que arremeten armados con sus papas para la amenaza.

Verán a Antanas Mokus repartiendo las didácticas imágenes de sus “anfibios culturales” para propiciar traducción y recontextualización del conocimiento, y presenciaran el momento en que muestra al auditorio sus nalgas pálidas y pecosas. Los atrapará el teatrino de los títeres que les recordará su pertenencia a la generación de Plaza Sésamo. También percibirán, entre nebulosas, mujeres y hombres desnudos para las presentaciones performaticas; a un grupo de monjes tibetanos recitando sutras y curando a todos con palabras sagradas. A un círculo de cabezas rapadas tocando címbalos y recitando su canto a Hari Krisna. Y como marionetas de un teatro de sombras chinas, verán las siluetas de una pareja de estudiantes haciendo afanosamente el amor detrás de la temblorosa tela del telón.

Algunos verán ceremonias de grado, y la repartición de cartones a muchachos obligados a ponerse el paño y la corbata, y a niñas vestidas de minifalda de satín que por primera vez muestran sus piernas en público. Pero en medio de ellos, verán a un artista que subió cojeando para recibir su cartón vestido con la trusa azul y los calzoncillos rojos de Superman.

Escucharan la música rock de Jesucristo Superstar, los cantos espirituales negros de Gospel, la guitarra de Santana, los lamentos de los Quilapayu por el asesinato de los obreros en su Cantata de Santa María de Iquique, el halito mágico de la voz chilena de Víctor Jara, La lora proletaria de Jorge Velosa, hasta el Gozo poderoso de Los aterciopelados, y el Me gusta tu ringtone, me gustan los aviones, me gustas tú en Radio Bemba internacional de Manu Chao.

Olvide pedir a la mayoría que se quitaran los audífonos que los conectan a la máquina musical, el matrix de la manzanita, pues, los berridos vomitados del heavy metal, el Livin la vida loca de Ricky Martín, y el desmadre rechingado de la mosca cojonuda gritada por los casposos de Control Machete, distorsionan las imágenes que invoco. Pero como dicen los jóvenes: de malas los que vieron torcidas estas memorias.

Como ve, las imágenes de mi discurso son como hojas sueltas de color ambarino que caen al piso en un deslucido otoño, anunciadas del canto de las cigarras, que, como bellamente canta Mercedes Sosa, son la sonora señal de que todo retorna. Cantando al sol como la cigarra/ Después de un año bajo la tierra/ Igual que sobreviviente que viene de la guerra.

La serpiente se muerde la cola una vez más.

Pero, “la flor arraigada no siente nostalgia de mariposas” 4, aconseja el exagrama 61 invocado para cerrar.

Dioscórides Pérez
Profesor Titular
Escuela de Artes Plásticas
Universidad Nacional de Colombia
Viernes 16 de mayo de 2008

Citas.

1-2-3: Tomado de, 25 Haikus, de Philip Potdevin, Ediciones Opus Magna 1997.

4: Otras mutaciones del I Ching, de Arturo Gonzáles Cosio. Fondo de Cultura Económica. 1999.


El Analfabeta Comprometido

La política analfabeta, o sea despojada de la función argumentativa y de referencias explícitas al futuro. es la forma en que hacen política los grupos interesados en estrategias de reproducción o de generación de cambios solo adaptativos; útiles en los momentos de continuidad, en que se trata de que la sociedad siga la trayectoria ya trazada”

Tomás Moulian. De la Política Letrada a la Política Analfabeta.

Un salón de clase de 11o. Grado. 10 niños. La maestra pregunta quien era Marx. Nadie responde. Alguien se atreve. Tan solo dos manos, con temor, se alzan. La maestra pregunta uno por uno a los 8 restantes, nadie sabe. Se acaba la clase y en el recreo tenemos una nueva “banda de hermanos” de 8 niños. La solidaridad a través de la ignorancia ha creado un grupo, la génesis de algo futuro. Los dos niños que sabían la respuesta, sin mucho espíritu guerrero, son unos parias ahora. ¿La razón? Colombia es un país donde la ignorancia crea solidaridad entre los individuos, ésprit de corps: guerrilla, paramilitarismo, estado, prensa, son comunidades, “bandas de hermanos”, creadas con base en la solidaridad que crea la ignorancia mutua y la preferencia por la astucia.

Hasta ahí hay algo de previsible. Pero que la ignorancia sea tambien la condicion para ser aceptado y motivado en el mundo de la cultura y las artes es ese punto donde el rio de lo preocupante desemboca en el mar de lo patético.

La cultura política de los “artistas comprometidos” y “políticos” es, al no existir una catedra de filosofía politica o historia política en las facultades de Bellas Artes, una sub cultura aprendida oralmente en la rumba, en la cafetería o en la opinión encontrada en la prensa, en la televisión, en Pirry y eventualmente, en conferencias de curadores o artistas europeos que, – a su vez y siguiendo la idea de que como las utopías han llegado a su fin, – piensan y difunden la idea de que disciplinas como la teoría o historia de las ideas politícas ya no tienen validez alguna.

Es decir el ésprit de corps creado por la ignorancia es global, pandémico. Teorías como las de Rancière no son más que la consagración académica de que la ignorancia es una cosmovisión (1) desde el momento en que la mítica sensibilidad analfabeta que ya promovió el proto-posmoderno Rousseau en su Contrato Social

“la ignorancia y la igualdad son la pura esencia de la felicidad, la garantía de su preservación y la esencia de su moralidad”…

es el nuevo motor de la historia y el “cambio”. El artista y el filósofo posmoderno saben muy bien que la única manera de secuestrar la política para la causa que les ha encomendado el capital neoliberal es redefiniéndola. Y nadie mejor que Rancière para completar ésta misión ocultativa al decir que

“La política no es el ejercicio del poder”

sino la lucha por el “reconocimiento”. La lucha para que “lo que se dice” y “lo que se muestra” pueda ser enmarcado por el Estado en la cultura nacional.(2) Qué más da que esas capas sociales candidatas al reconocimiento sean explotadas por sus patrones, que no alcancen a la media diaria de calorías o proteínas, o que los niños tengan que trabajar para equilibrar la canasta, si finalmente han logrado gracias a la labor del artista, del periodista, a las políticas culturales del Estado y a la ideología slummer dominante, obtener el reconocimiento cultural de sus bailes, sus fiestas o de los deportes autóctonos que practican…pero sobre todo de sus desgracias que son el valor de su reconocimiento cultural, el espectáculo con contenido moral, en Inglaterra, Suiza y el resto de Europa (3)

Lo que ha sucedido en éste punto es una redefinición de la política que busca conservar el capitalismo tal y como está. Hablando claro, es una redefinición reaccionaria de la política. Gracias a esa redefinición el capitalismo ya no corre el riesgo de que nada amenace su PODER, puesto que la única arma que le queda a la sociedad para usurpar, bien sea una parte o la totalidad del poder, es una noción inútil, un símbolo inútil. Y lo que es peor. Si la sociedad quiere encontrarlo de nuevo, deberá iniciar una expedición a los museos, las galerías y las bienales. Y si quiere encontrar alguna herramienta teórica deberá escarbar en declaraciones de artistas, catálogos de galería y textos curatoriales.

Existe un ejemplo muy simple de cómo se redefine un concepto para hacerlo inútil. Tomemos la palabra TIGRE. Vamos a redefinirla para suene con la misma fuerza, pero de tal modo que todo el que no sepa cómo comportarse frente a un tigre crea que, a partir de ésta nueva definición, es de hecho es un maestro en lidiar con tigres.

tigre1.

(Del lat. tigris).

1. m. Mamífero carnívoro de la familia de los Félidos, digitígrado, doméstico, de unos cinco decímetros de largo desde la cabeza hasta el arranque de la cola, que por sí sola mide dos decímetros aproximadamente. Tiene cabeza redonda, lengua muy áspera, patas cortas y pelaje espeso, suave, de color blanco, gris, pardo, rojizo o negro. Es muy útil en las casas como cazador de ratones.

Es, en efecto, mediante un sistema casi perfecto de permutaciones tramposas como ésta que la política ha logrado ser redefinida por el posmodernismo. El peligroso tigre es ahora un gato. Lo único que queda es el terrorífico nombre; es como si el Cálculo hubiera sido redefinido como aritmética o como si el fútbol hubiera sido redefinido para que los troncos y los torpes ganen siempre, ( que es a menudo lo que pasa también, nietzscheanamente, en el arte). La cultura politica del artista no es otra cosa hoy dia que un acto de superstición y de magia y como magia está basada en la repetición de ciertas palabras con poder mágico y mántrico: político, comprometido, denuncia, urgencia, desplazado y asi ad nauseam.

Es decir, el artista utliza el metodo de saturación de la publicidad. Repetición y saturación oral y escrita. En el video de la presentacion de la nueva Alzate que circuló alguna vez la palabra política se repite unas 20 veces en 3 minutos y seria un… ejercicio divertido… examinar las declaraciones “teoricas” de nuestro artistas comprometidos para hacer algun tipo de estadistica de la frecuencia del uso de dichas palabras. La palabra politica es, finalmente, el valor publicitario promocional agregado que vende la mercancia. La palabra politica es al arte politico lo que la palabra fluor es a la crema de dientes.

La redefinición posmoderna de la politíca es el desmonte de la politica. Y el desmonte de la política se logra separándola de su efecto sobre la ley y el poder como quiere Rancière. La politica ya no representa un obstáculo para la expansion de los negocios puesto que tiene que ver con el arte y la sensibilidad y no con la ley. Y cada día que un artista “analfabeta/comprometido” habla hoy de política, no hace mas que apretar un poco mas el corsé, la tuerca que permite que el capitalismo viva un dia más y es en ese sentido que podemos llamar al “arte comprometido” una nueva forma de colaboracionismo pomposo, pedante y reaccionario.

Carlos Salazar

—–

(1) “En el año 1818, Joseph Jacotot, revolucionario exiliado y lector de literatura francesa en la Universidad de Lovaina, empezó a sembrar el pánico en la Europa sabia. No contento con haber enseñado el francés a los estudiantes flamencos sin darles ninguna lección, se puso a enseñar lo que él ignoraba y a proclamar la palabra de orden de la emancipación intelectual: todos los hombres tienen igual inteligencia. Se puede aprender solo, sin maestro explicador, y un padre de familia pobre e ignorante puede hacerse instructor de su hijo. La instrucción es como la libertad: no se da, se toma. Ella se aleja tanto de los monopolios de la inteligencia como del trono explicador”
Ver Rancière. El Maestro Ignorante. Laertes, 2003

(2) “Politically, Rancière favors the concept of equality. “Politics exists when the figure of a specific subject is constituted, a supernumerary subject in relation to the calculated number of groups, places, and functions in a society” (p. 51). Translated into layman’s English, Rancière is saying that politics is the struggle of an unrecognized party for equal recognition in the established order. Esthetics is bound up in this battle, Rancière argues, because the battle takes place over the image of society — what it is permissible to say or to show.” Ben Davis. Rancière for Dummies. Artnet Magazine. Aug 17, 2006

(3) “El pueblo, que es el sujeto de la democracia, y por lo tanto el sujeto matricial de la política, no es el conjunto de los miembros de la comunidad o la clase obrera o la población. Es la parte suplementaria en relación a cualquiera de las partes contables de la población que hace posible identificar la cuenta de los incontados con la totalidad de la comunidad.” Jacques Rancière.11 Tesis sobre la Política. 2001


¿Qué es lo que le falta a estos seis para convertirse en comida de tigres?


Con tuba y saxo seis suboficiales de la Fuerza Aérea tocan pasillos y bambucos

El sexteto Cinco más Uno representará al Valle en el Festival de Música Andina Colombiana ‘Mono Nuñez’, uno de los más importantes del país, que esta versión reunirá a 28 concursantes.

Cuando la gente ve llegar a los seis militares, incluida una mujer, con clarinetes y bombardinos, creen que lo que van a escuchar una papayera. Pero ¡Oh sorpresa! Lo que oye son bambucos y pasillos.

Todos son pertenecientes a la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez y tendrán la responsabilidad de representar al Valle del Cauca en la versión 34 del Festival de Música Andina Colombiana Mono Núñez, en la modalidad Instrumental.

Todo un reto pues se le miden a uno de los más insignes concursos de música andina colombiana, que parece acoplarse mejor a los sonidos de las cuerdas del tiple, la bandola y la guitarra.

Cinco más Uno, como se llama la agrupación, está integrado por cinco hombres y una mujer aerotécnicos, que no paran de ensayar desde diciembre pasado.

Incluso, el coronel Manuel de Jesús Guitarrilla, quien los tiene bajo su mando, los ha relevado por estos días de las funciones que deben cumplir dentro de la Escuela para que se dediquen solo a su música.

La meta es una: conseguir el primer puesto en el Festival. “No descansamos ni sábados ni domingos”, dice el director, Alfonso Ocaña, quien desde los 12 años toca el clarinete bajo.

En el bombardino lo acompaña César Hernando Páez, en el saxofón Luis Felipe Sánchez, en el clarinete Carlos Alberto Sierra, en la tuba Jhon Alexánder Mosquera y en la flauta, Adriana Paola Espinosa.

“Mezclar esos seis instrumentos de viento y sacarles ese sonido andino, es lo novedoso del sexteto”, recalca Ocaña.

Mosquera, el tubista, fue el ganador del concurso Jóvenes talentos de la Filarmónica del Valle, y Páez, Espinosa, Sánchez y Sierra, terminaron sus estudios en la Escuela de Música del Tolima.

Estos músicos son ya unos veteranos: el año pasado clasificaron al Festival Mono Núñez, también por el Valle, y el grupo fue uno de los finalistas, y en el pasado Festival Cotrafa, en Bello (Antioquia), donde ganaron el gran premio en la modalidad instrumental para el Valle.

Además son parte de la banda sinfónica de la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez. Participan en actos protocolarios y en ceremonias militares.

Cuando lleguen a Ginebra, la sede del Festival, (del 27 de mayo al primero de junio) buscarán convencer al jurado con San Pedro en el Espinal, de Milciades Garavito; La gata golosa, de Fulgencio García; Ricitos de oro, de Emilio Murillo; Bambuquísimo, de León Cardona; Berenice, de Joaquín Arias y Viejo dolor, de Luis E. Nieto.

“Es complicado llegar a coger ese sonido andino, la gente suele pensar que va a sonar una papayera”, comenta Ocaña.
Sus compañeros los molestan, les dicen que apenas pase el Festival, prestarán guardia las 24 horas y les advierten que si no ganan los mandarán al Batallón de Montaña.

GLORIA INÉS ARIAS
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
CALI

debate relacionado:
Los diplomáticos del sur >
http://esferapublica.org/nfblog/?p=1249

(enviado a esferapública por mauricio cruz)


Celebración

La muerte de Robert Rauschenberg suena a paradoja: a medida que el mundo se deleita cada vez más con actuar, interactuar, producir y reproducir más y más imágenes, este mezclador impenitente de íconos, medios, géneros y tendencias desaparece.

En los años setenta el crítico de arte Leo Steimberg dijo que Rauschenberg “había dejado que el mundo entrara de nuevo” como reacción al dogma excluyente del “abstracto expresionismo” que dominó el panorama norteamericano de posguerra. Rauschenberg y su “dejar que el mundo entre” rompen con el código canónico y purista de la “planeidad” que instituyeron los artistas que hacia 1955 el crítico de arte Clement Greenberg (en el ensayo American-Type Painting) propuso como abanderados de la última avanzada moderna; Jackson Pollock, Willem de Kooning, Hans Hofmann, Barnett Newman, y Clyfford Still, y todos aquellos que usaban la pintura con un énfasis radical: afirmar la “planeidad”, es decir, hacer pinturas llanas donde no fuera determinante una alusión directa al volumen, a figuras o a referentes anecdóticos, proponer una narración de “arte avanzado” que lograra sintonizar a Norteamérica con un estado sublime, un sueño de autonomía donde a través del arte noble de la pintura se plasmara esa voluntad histórica que aspiran concretar todas las vanguardias del arte (y también los nacionalismos).

Rauschenberg parecía ser un joven soldado desertor de una nueva guerra iconoclasta. ¿Cómo lo hacía?: “Yo tenía una regla de la casa” dijo, al explicar su método de trabajo durante la época en que vivió en el centro de Manhattan, en Nueva York, en medio de un barrio destartalado y todavía ajeno a la especulación inmobiliaria, “Si le daba una vuelta a la manzana y no encontraba suficiente basura para trabajar, seguía a la otra cuadra y caminaba en cualquier dirección… eso era. Los trabajos que hice tenían que ser al menos tan interesantes como las cosas que yo veía que pasaban afuera de mi ventana”. Este método de trabajo ya había sido anticipado por Charles Baudelaire con su imagen del flaneur, ese “botánico del asfalto” que callejea por la ciudad, observa y luego escribe. La “escritura” de Rauschenberg no se limitaba a “pintar” imágenes, sino a construirlas, era un “cazador recolector” permanente y, por ejemplo, como lo describe de manera pintoresca y bajo el cliché de la bohemia la agencia de noticias EFE, el trabajo podía comenzar desde tempranas hora de la mañana y con lo que tuviera a mano: “Entre sus trabajos más famosos se destaca Bed (cama), creado tras despertarse con ánimos de pintar pero sin dinero para comprar un lienzo. Su solución fue quitarle a su cama el edredón y usar pintura, pasta de dientes y pintura de uñas.”

Las composiciones producidas entre el periodo de los años cincuenta y sesenta, partían del género de la pintura pero ponían en duda las duras etiquetas con que las galerías, los museos, la historia o las aduanas y aseguradoras clasifican los objetos de arte. A pesar de que el collage ya había sido sacralizado dentro de la práctica de la pintura por Picasso y por Braque, la escala, materiales y despropósito de las obras de Rauschenberg excedían los límites de las categorías establecidas, generaron una nueva clasificación: “Combines” (para muchos sólo un eufemismo con que una elite intelectual se refería a un conjunto de basura o “basurarte”). Con la categoría vino el reconocimiento oficial por parte del mundo del arte y con ello las muestras individuales, los premios y toda una serie de tempranas, y muchas veces grandilocuentes, exposiciones retrospectivas; Rauschenberg no sólo pertenecía a una nueva tendencia, el arte Pop, sino que además instituía una de sus particularidades más esenciales: ser popular.

Rauschenberg cuenta que en los años sesenta, la obra Monogram, una pintura de tamaño mediano, puesta sobre el piso y que sirve de pedestal a un carnero atravesado por entre el hueco de una llanta, ofendió a una espectadora: “Para ella todas mis decisiones parecían absolutamente arbitrarias —como si yo hubiera escogido cualquier cosa— y por eso nada tenía sentido y eso hacia que el conjunto fuera horrible. Le dije que si yo describía como ella estaba vestida, mi conclusión sería similar. Por ejemplo, ella tenía un sombrero con plumas en su cabeza y un pequeño broche sobre su pecho con una imagen de una pintura clásica; alrededor del cuello tenía un chal de mink que también podría ser descrito como la piel de un animal muerto. Al comienzo ella se ofendió con mi respuesta, pero luego regresó y me dijo que ya comenzaba a comprender”. No sólo ella, también el mundo comenzó a comprender, y cada vez más: durante un tiempo el uso de la obra Rauschenberg sirvió incluso para hacer bromas: al ver a un reciclador en la calle, ataviado con su mezcla variopinta de ropa y objetos, era prueba de ingenio decir “Mire, ahí va un Rauschenberg”. Y a través de los años setenta, ochenta y comienzos de los noventa, antes de que la popularidad de las máquinas y medios digitales de reproducción hicieran de la imagen algo totalmente manejable, dúctil, Rauschenberg fue un referente claro para la actividad del arte; los historiadores y críticos veían en él a un precursor de esa cosa que algunos llamaron postmodernidad; los estudiantes y artistas envidiaban, más que los contenidos, el manejo plástico que le daba a las imágenes en sus obras: coloridas impresiones múltiples a una escala monumental, carros de lujo estampados, ensamblajes que medían más de un cuarto de milla. Rauschenberg era mundial y esta noción se reforzaba con proyectos como la Rauschenberg Overseas Cultural Initiative, donde el artista invirtió de su bolsillo millones de dólares para viajar a la China, a Rusia, a Sur América para producir trabajos interactuando con grupos numerosos de personas (artistas, artesanos y no artistas), un asistencialismo estético que no lograba producir obras interesantes pero que si mantenía vital al artista: “La pintura relaciona al arte y la vida. Ninguno puede ser logrado, yo trato de trabajar en ese espacio”.

Pero ese espacio se ha llenado cada vez más: de cosas, de imágenes… atiborrado, lo hemos perdido de vista. Ahora son los diseñadores en todas sus modalidades, y no los artistas, los que con gran eficacia nos convencen de su exitosa capacidad para religar arte y vida a través de la “imagen” (imagen corporativa, diseño genético). A medida que los medios digitales y de reproducción fomentan y elevan a frecuencias inusitadas la promiscuidad y comunión (o confusión) entre la imagen y las cosas, Rauschenberg, como artesano de la representación, pierde fuerza día a día, y hoy es raro encontrar a un artista o a un estudiante que lo usen o mencionen explícitamente como influencia. Los “Combines” de Rauschenberg han encontrado, finalmente, su lugar en la historia y con ello han perdido la provocación con que asaltaban al espectador, sus obras se han visto menguadas ante una avalancha enmudecedora de posibilidades de mezcla, edición y canales que ofrecen otros astros de mayor relumbre.

La desaparición de Rauschenberg y su obra hace que sea importante releerlo de otras maneras y revisar toda una serie de obras “menores” que quedaron ocultas bajo la parafernalia abundante y elevada del mercadeo, o bajo la pobreza de algunas narraciones sin imaginación que propuso la Historia del arte. Entre el conjunto de estos gestos, que van desde escenografías para teatro, música y performance, uno sobresale con claridad: la obra Dibujo de De Kooning borrado (Erased de Kooning Drawing,1953). En la transcripción de una visita guiada reciente, hecha por Rauschenberg, en el Museo de Arte Moderno de San Francisco, el recorrido se detiene en la serie White paintings, hecha en 1951 —que según la interpretación de su colega John Cage son “aeropuertos para luces, sombras y partículas”, y en ningún caso un llamado apocalíptico sobre “la muerte de la pintura”—. Estas pinturas blancas de Rauschenberg son obras en potencia, espacios en blanco listos para ser “pintados” por contingencias joviales: la luz del sol que se cuela por entre la ventana de una galería, la sombra de un espectador, la mosca que habita el museo. Continúa Rauschenberg en la visita guiada:

"Acabamos de pasar al lado de una pintura blanca. Yo estaba trabajando sin imagen. Yo amo dibujar, estaba tratando de encontrar una manera de hacer dibujos para estas series —son todas blancas—. Pensé que la única manera de hacerlo era con un borrador. Cuando terminé de borrar mis propios dibujos, no eran arte todavía. Y entonces pensé, "¡Aja! Tiene que ser arte." Y Bill de Kooning era el más conocido y aceptado artista norteamericano que podía ser, indisputablemente, considerado arte. Y entonces compré una botella de güisky… yo tenía la esperanza de que él no estuviera en su casa cuando golpeé a la puerta. Y él estaba en casa. Nos sentamos con el güisky y le conté en que consistía mi proyecto, él lo entendió y dijo, "O.K., no me gusta, pero voy a participar en esto porque entiendo la idea.". Él revisó un portafolio y dijo, "No. Tiene que ser algo que yo logre extrañar." Y yo pensé "¡No tiene que ser algo que usted tenga que extrañar!" [Risas] Y él miró un segundo portafolio, y yo pensé que era interesante —cosas que él no iba a extrañar y cosas que él iba a extrañar—, y luego él dijo, "Yo voy a hacer que a usted le sea muy difícil borrarlo." Y él tenía un tercer portafolio que tenía crayolas, lápiz, carboncillo, y… eso me tomó como un mes, y no sé cuantos borradores para hacerlo. Pero, al otro lado de esto [señala el dibujo], si hay alguna vez una duda acerca de esto, hay un dibujo precioso hecho por Bill. Y cuando le puse título, era muy difícil saber como escribir eso, y Jasper Johns estaba viviendo en el piso de arriba, y le pedí que hiciera el texto… No es una negación, es una celebración. Es sólo… la idea.”

La muerte de Robert Rauschenberg no será una paradoja en la medida que sus gestos se mantengan vivos; olvidar su imagen entronizada es tal vez lo mejor que se puede hacer para rememorarla; eliminar los trazos que han dejado los hábitos reaccionarios de lectura con que pensamos el arte; borrar la sensibilidad acomplejada producto de la admiración por lo “culto”; remover los rastros de patetismo y de nostalgia; desechar los titulares con que la prensa demostró una vez más su inocuo “compromiso con la cultura”: “Muere Robert Rauschenberg, calificado de Titán del arte estadounidense por el New York Times…”; “El Popart pierde a uno de sus padres, murió Robert Rauschenberg…”; “Rauschenberg, el último mito del arte moderno…”; “Murió Robert Rauschenberg, revolucionario del arte”; “Muere Robert Rauschenberg, el reinventor del arte del siglo XX…”; “Expertos alaban el legado de Rauschenberg, pionero del pop …”; “Muere el precursor del popart Robert Rauschenberg”; “Robert Rauschenberg, una tradición moral…”

Esta labor de aprender a desaprender requiere de unos hábitos de lectura difíciles de propiciar; pero con algo de esfuerzo es posible llegar al encuentro de una idea: material en blanco, borrado, espacioso, listo para celebrar sobre esa superficie una nueva vida.

Rauschenberg creció en una zona alejada de Estados Unidos donde era posible pasar una vida entera sin ver muchas imágenes, unos de los pocos iconos disponibles eran las ilustraciones al reverso de las cartas del naipe. En su juventud, entró por azar a una exposición de arte, vio una pintura, la reconoció porque la había visto reproducida en el naipe. Rauschenberg fue asaltado por una idea que lo motivo a hacer arte: ese objeto había sido hecho por un ser humano.

 

—Lucas Ospina

 

 


Artistas caleños en Bogotá: arte de ensayo


La Galería Valenzuela Klenner muestra en sus instalaciones tres propuestas de artistas contemporáneos caleños, las cuales podemos comprender como arte de ensayo. La escritura de estos artistas no está interesada en pensar y elaborar argumentos de la misma manera que operan los ensayistas filosóficos o literarios. Igual que éstos últimos se diferencian de los primeros, esta escritura artística toma distancia respecto a los dos, aunque conserva su vocación subjetivista.

El Arte de ensayo despliega una voluntad de arte crítico, por lo tanto incorpora palabras, frases y de cuando en vez algún aforismo, ya sea dentro del texto o al margen, como citas. El Arte de ensayo corrobora la idea tradicional de que la palabra  es una instancia privilegiada para establecer maneras de pensar el mundo, para introducir diferencias, o, como dicen los filósofos, determinaciones. Los signos relacionados de esta manera y con  propósito crítico, tienen la virtud de propiciar un choque en nuestro sistema anímico; éste le resulta favorable cuando el artista elige con cuidado los signos que construye o moviliza, y a los cuales confía su angustia por pensar. Abro un paréntesis. La angustia surge con la huida del pensar que ha caracterizado a nuestra época. Cierro el paréntesis.

El video-emplazamiento Cali Choreography dancing show de la Liga femenina de Baile, recibe a los transeúntes en el primer nivel de la Galería. Leonardo Herrera emplaza el Ojo del Diablo en el segundo; Wilson Díaz reflexiona sobre la represión de la libertad de expresión a propósito de Displaced, en el tercer nivel. Junto con su colectivo, Mónica Restrepo y Ana María Millán registran unos fenómenos locales que se manifiestan como gesto, algunas veces como mueca, otras como angustia mal reprimida; –nos muestran las adicciones de  la vida, sus cegueras corporales, sus compulsiones mecánicas y cómicas, con el propósito de resaltar las cursilerías que constituyen  las sub-culturas femeninas; las parodian para quitarles su influencia sobre la psicología femenina, –para tratar de arrancarle a Popea el velo con que se oculta y muestra  a la mirada masculina. Herrera reflexiona sobre una problemática nacional que ha sido tematizada por otros artistas, –asume el riego de volver a pensar lo ya pensado y que ha pasado a engrosar nuestro voluminoso expediente de clises impuestos. Díaz trata de comprender y pensar los acontecimientos estético-políticos de 2008, la obstrucción de la libertad artística, condición indispensable para pensar iluminaciones mediante signos; y la consolidación del diálogo y la crítica virtuales como una de las características de las prácticas artísticas contemporáneas.

Restrepo y Millán relacionan lenguajes diversos de manera aparentemente espontanea: música popular, pseudocoreografías, arquitecturas interiores privadas y exteriores públicas. Algunos de sus signos son compilados y expuestos en una vitrina. Las cosas-signo dispuestas balbucean  las adicciones y las frustraciones del cuerpo: un aparato de televisión, una botellita de ron; collares, manillas, zarcillos, construidos con tapas de cerveza –unas son nacionales, otras internacionales–;  propaganda de granos de café embalado en un saquito típico; algunos platicos decorativos; tres casetes pirateados, uno de Joe Arroyo y dos del grupo Niche; un LP de los Speakers y otro de Ana y Jaime,   entre muchas otras cosas-signo. Sobre el mostrador de vidrio, en el extremo izquierdo, un perro rottweiler modelado en una fibra sintética, vigila la entrada a este hotel, al que, como dice una vieja canción, todos podemos entrar, pero del cual nadie puede salir. Sobre la parte central de la vitrina, el televisor reproduce unas pseudocoreografías que nos muestran cómo domesticar el cuerpo en nuestro tiempo libre.

Las letras de la música que reproduce el televisor, expanden el entorno que abren las pseudocoreografias que constituyen este emplazamiento, –simulan el ambiente de feria exposición llevado a una sala de exposiciones simulada, –convierten la misma galería en un receptáculo de carnes pulpas y jugosas.  Sobre la parte inferior de la vitrina cuelgan unos banderines con reflexiones filosóficas, sugiriendo, quizá,  que el pensamiento puede liberarnos de las adicciones mediante las cuales nos vemos obligados a socializar el cuerpo. Pegados sobre la pared, dos carteles con arengas políticas, y otros cinco que simulan la promoción del colectivo.  En una estancia adyacente, un video reproduce canciones de los años setenta, algunas de ellas pseudocoreografiadas paródicamente en  espacios  claustrofóbicos. La mayoría de las dieciséis canciones evocan la opresión psicológica que padece el cuerpo en las arquitecturas.zip para hogares contemporáneos.

En la Liga Femenina de Baile apreciamos un grupo de mujeres que tiene muchas inquietudes y que simulan divertirse en el tobogán de nimiedades  que ha sido construido para el mundo femenino. Quieren llamar la atención  de mujeres y hombres sobre estos clises, aunque no incentivan su reflexión. Relacionan fenómenos que han vivenciado en su cultura, pero se niegan a elaborarlos, a pensarlos, esto es, a transformarlos, a convertirlos en ideas, –en pensamiento, para mejorarlos por medio de una resignificación. No es ésta su pretensión, lo cual es legítimo, como decisión artística. No obstante, la ambigüedad con que es construida su escritura puede inducir a equívocos. Por ejemplo, que se comprenda que su interés es reforzar nuestros clises más machistas.  

La Liga es consciente de que los fenómenos culturales de nuestro país son multiversos y que están a la espera de iluminaciones que les proporcionen ideas sobre lo que significa ser ésto o aquéllo, aquí y ahora, en especial todo lo que concierne a las mujeres. No obstante, su escritura es vulnerable por la
debilidad de los criterios para
 seleccionar e intervenir sus cosas-signo, asunto  remediable si sometieran sus inquietudes a un proceso de mayor elaboración formal. De no hacerlo corren muchos riesgos, por ejemplo, que sus inquietudes sean simplificadas por alguna lectoría a la ingrata categoría de retro-kitsch. Dejan claro que su propuesta no pretende ser  feminista porque las feministas han optado más por lo trágico que por lo cómico, y porque  no se han gozado sus frustraciones, entre otras cosas porque las han padecido en carne propia.  Tampoco es simulacionismo, pues, los artistas que practican esta modalidad artística muestran un amplio conocimiento de la historia del arte.

Institucional es el ensayo de Wilson Díaz. Mediante una serie de dibujos en carboncillo de coca, trata de comprender ese acontecimiento que animó la opinión y la crítica virtuales, especialmente. Abro otro paréntesis. Lo virtual es el ágora real para la contemporaneidad, simultáneamente en el sentido de existencia y jerarquía. Cierro el paréntesis. Obsesivamente, los dibujos de entes anónimos frente a su computador, vuelven una y otra vez sobre el zarpazo del Estado al arte que no embellece lo imbellecible, que no hace quedar bien lo que se percibe mal, –tratan de cerrar el hueco que dejó abierto  la agresión que experienció el tejido frágil de la sensibilidad artística en nuestro país. Cada dibujo ha sido relacionado arbitrariamente, tal y como sucede en los sueños traumáticos, con frases que circularon en los medios electrónicos a propósito de la puesta en escena internacional de lo que son y significan los desplazamientos  forzados en Colombia.

Díaz cita textos de Lucas Ospina, de Pablo Batelli, de Carlos Salazar y de otros pensadores de arte habituales de Esfera Pública. Al tratar de reparar los daños a su sistema anímico y estético, Díaz reconoce la importancia que tuvieron los medios electrónicos especializados para equilibrar la información ideologizada que circuló por los medios masivos de comunicación colombianos. Sus dibujos nos muestran que la soledad del pensamiento artístico es aparente, –que el aislamiento a que ha sido sometido se puede burlar con la ayuda de los medios alternos que el mismo régimen económico ha puesto a nuestra disposición, –que el arte puede ser rescatado de la soledad por la que ha deambulado en pos de lo que queda del fantasma de la vida. El artista parece haber comprendido que la calle no es ningún refugio para nadie, que la soledad de aquélla estrangula al más fuerte.  

Un dibujo se destaca de manera especial. Universidad nos recuerda las iluminaciones sarcásticas del medievo: la Universidad enseña las sagradas escrituras del neoliberalismo a tres homínidos que sólo quieren bananas, coca,  café, aguardiente, fútbol y televisión, –a los que sus adicciones los dejó ciegos, o sordos, o mudos, o ciegos-sordo-mudos. La Universidad contemporánea urgida a participar en la Esfera Pública, con toda su para-fernalia teórica, parece decirnos Díaz, no sabe o no responde.

El ensayo de Díaz tiene un pie de página; las declaraciones registradas en video de Carmen Hernández, quien habla de la polarización estético-política por la cual atraviesa Venezuela. Entre otras cosas, la curadora plantea que el arte venezolano experiencia un vacío; –que los grandes maestros o se han marchado, o, en su oposición al gobierno, han optado por no  mostrar trabajos en lugares públicos. Afirma que su ausencia ha dejado a los jóvenes venezolanos sin rumbo, –que los jóvenes se han quedado sin referentes estéticos y que no logran articular propuestas claras.

Díaz quiere comprender los riegos del compromiso político y explora lo acontecido en un país que ha sido dividido por la disputa sobre lo sensible, como  llama Rancière a los reclamos que exigen  un replanteamiento para la distribución de los bienes primarios. En cuanto a la ausencia de grandes maestros en los espacios artísticos públicos,  Hernández parece hablar de Colombia –salones regionales y nacionales–, no obstante, aquí son muchos los jóvenes que tienen ideas claras sobre  lo que quieren como arte, quizá gracias a la ausencia de los grandes maestros en los eventos públicos artísticos: otra paradoja estética. Para complementar, en un friso bajo, Díaz nos ha relacionado unos signos adicionales, los logotipos de las instituciones que estuvieron involucradas o que fueron incriminadas en el juicio a su obra más reciente.

Abro otro paréntesis. Un lector que ejerce de manera privada la lectoría de arte,  contrariado argumenta que la técnica de Díaz es deficiente. Un entusiasta espontaneo   interviene y le responde que el propósito del ensayo de Díaz no es la técnica, que tampoco es el propósito de ningún artista que se precie de serlo,  –que él está más interesado en suturar sus heridas de guerra que en satisfacer la pedantería de los academicistas. El lector  escéptico replica que pintar con carboncillo de coca es compulsivamente pueril, y el entusiasta termina diciéndole que los artistas tienen claro que la gracia no es la técnica, y que los dibujos de Díaz albergan  gracia, asequible a quien quiera y sepa escucharla. In extremis, el lector alcanza a preguntar: «¿la gracia»? «¿Acaso los artistas contemporáneos, imitando a Rimbaud, no han denostado a la gracia?» «No todos», respondió el entusiasta por Díaz, «no todos», reconfirmó. Cierro este último  paréntesis.

El ensayo de Leonardo Herrera es el más denso de los tres textos. Su emplazamiento parece reflexionar sobre una Filosofía de la Historia que ha sido determinada por la mirada universal del diablo. Nos pl
antea de manera sugestiva un acertijo. Muestra el libro de artista White Lady, dispuesto en un escaparate.
 En otro entrepaño permite que observemos la portada de un supuesto Trabajo Final de Historia Universal, elaborado aparentemente por Gilberto Rodríguez Orejuela y presentado, supuestamente, en la Universidad Santo Tomás de Aquino de Palmira, en 2001.  In situ, sobre el muro del lado en que está dispuesta la vitrina, justo al lado, Herrera parece graficar las rutas filosóficas de una Filosofía de la Historia, aparentemente uno los  ojos del diablo. Kant, Heidegger, Marx, Dussel, Nietzsche, Maquiavelo, Savater. Nos hace notar que debemos extrañar la ausencia del cocodrilo de  Hegel.

A esta filosofía de la historia centro-europea, Herrera parece plantearle otra: en el origen era el verbo y  éste se encarnó en coca. Herrera obvia graficar las rutas de la coca: ¿el otro ojo del diablo? Nos deja la tarea de establecer cómo las rutas de estas dos filosofías han modificado la percepción que Occidente tiene de sí mismo: quizá no sea obvio plantear que la coca ha transformado las formas de vida de los europeos, casi tan dramáticamente como ha desgraciado las nuestras.  Este encuentro de filosofías, parece concluir Díaz, ha determinado la historia que padecemos los colombianos y colombianas contemporáneos, pues unas se impusieron como amos y las otras se resignaron a la condición de esclavas. Herrera cita a Lacan, a Wilson Diaz y a Hélio Oiticica. ¿También a Miguel Ángel Rojas? Un enigmático sofá color rojo aguarda la llegada del Diablo. Parece que está ausente porque le ha salido un orzuelo en su ojo universal. El acertijo termina sugiriendo que, como Polifemo, quizá el diablo sólo tiene un ojo. Herrera  nos despide con una consigna: say good night to the bad guy.

¿Quién es el chico malo del White Lady Western Colombiano? La respuesta no es obvia, pues, son muchos los que quedan incriminados en el acertijo que ha construido Herrera: ¿Marx, Nietzsche, Heidegger, Lacan? ¿El notable ausente? ¿Hegel? ¿Quizá Maquiavelo? ¿Savater? ¿La noble tradición visigoda que graciosamente ha gobernado a Colombia? ¿Rodríguez Orejuela? ¿Tan obvia es la respuesta? ¡Quizá sí! Pero, entonces, ¿para qué encriptar un pensamiento que no va a suscitar mayores suspicacias?

La propuesta de Herrera despierta algún interés, pero encripta, quizá por seguridad, demasiado su pensamiento. No obstante, si parece mantener alguna afinidad con Oiticica, ¿no podría orientar el entusiasmo de su pensamiento artístico al desmonte del taparrabos de hojas de coca con que nos ha disfrazado la cultura anglosajona en su baile de máscaras globalizado?

 

Jorge Peñuela