enmascarado

El jueves pasado en Cali, una artista en la calle, me entregó un dvd, con el video que está a punto de ver.

Mark Cox


primeras impresiones

A pesar de todo sigue siendo Cali: Estuve Soñando

En medio de la confusión de una ciudad agitada y en plena transformación llegamos a la capital del Valle del Cauca.

Pero de Cali nos acordamos mucho antes, de la mano de Andrés Caicedo, de Clarisolcita, “La Bella, bellita”, quien en sus andanzas por los rincones de su ciudad nos iba descubriendo y desnudando todos los caminos, secretos y recovecos, de los diferentes mundos y submundos urbanos de quienes transitaron la irreverente magia urbana de una ciudad cómplice.

Porque eso es Cali: la cómplice perfecta, sinuosa, esbelta y estrecha en sus calles del centro, como los cuerpos de sus mujeres; una ciudad de pieles a punta de luchas cotidianas e intensos tropeles con la vida; de rincones que vieron como se devoraba el centro las grandes moles de hormigón frente a esas hermosas casa de comienzo de siglo, las que incluso hoy se siguen cayendo como se deshace la piel por la tristeza que nos imponen la inexorable dureza del tiempo; así creció inusitadamente nuestra cómplice, por la llegada y la irrupción de los dineros del narcotráfico.

Sin embargo, “ella, ellita”, la Cali denodadamente sensual y absolutamente embriagadora, también se resistió en su momento; así como lo hicieron los corteros de caña frente a la esclavitud feudal a la que los condenan hoy los terratenientes conservadores de Asocaña.

Cali, mi atrevida, trasnochadora que por algunos momento nos dejo dormir, pero eso sí repleta de sus insomnios y maravilladas con de historias cotidianas que nos contaba en sus carteles y su caminantes nocturnos, que se hacen en medio de la tentadora oscuridad. Pero, al despertar su asombroso ruido mañanero, se confunde con sus sagaces ladrones que se mimetizan camaleónicamente en medio de la multitud y llenos de artimañas y señales de humos disonantes que poco se difieren de los de cuello blanco, esos que usan la plataforma tecnológica, con que los provee las oficinas de los edificios del centro, ocupadas por quienes tienen los mejores cargos y, tal vez, tomando las mejores decisiones, pero que no se diferencian en nada de los que nos esperaban ansiosamente en sus aceras.

-Business es business, me dijo la señora donde compre un par de mentas, al tiempo que señalaba una de las ventanas de edificio público; mientras me refugiaba temblando de miedo ante el perseguidor de mi cámara Nikon. En ese momento pensé en la nueva muda de mi perseguidor y el engaño al que nos somete el gobierno de Uribe Vélez frente a la neocolonización de nuestro país: ¡Viva España, que soy esclavo de sus servicios públicos y su manoseada información!

Cali, la que escucha los lamentos de Trujillo y sus motosierras. Allí esta adolorida la soledad de sus mujeres, como las todo el país; que siguen sobreviviendo en medio de sus masacres y bajo la sombra de los capos que mantuvieron el negocio y propiciaron su caída por avaricia o sed de su poder: la de los Rodríguez Orejuela, los Urdinola, Grajales y la del narcoparamilitarismo.

La Cali de rojo y verde, aún me pregunto porque Cali y Medellín se parecen tanto en esos colores, bueno y en otras cosas, pero se odian igual; Cali, ciudad que ve llorar a los hinchas jóvenes y viejos porque su equipo juega, porque pierde, porque empata, por todo, pero lloran. Al tiempo, que en la salida de los Estadios se matan con las miradas que apuñalan como sus navajas hasta la muerte. Cali de la pasión.

Mi bella, “bellita” que se dejo usurpar su “lugar a la duda”, como si no hubiera tantas en los rostro de sus gentes anónimas que afanosamente cruzan sus calles y escuchan los lamentos de lo que fueron sus ríos. La que se da el lujo de amamantar la piel sudorosa por los vientos del pacifico matiné, cuando yace la tarde para prender sus interminables noches. Esas mismas noches en que los policías motorizados persiguen incansablemente a los transexuales que deambulan entre las calles de Comfandi y el Banco de la República.
Pero, en el único lugar donde no hay dudas es “Lugar a Dudas”, donde una señora histérica, malgeniada y melancólica le hizo la vida imposible a quienes nos atrevimos a visitar, un espacio donde nunca saboreamos la polisemia infinita de las dudas.

Cali de Sofía, la de los “Territorios Ciertos-Territorios Inciertos”, recorridos afectivos y de apropiación que nos muestran y nos acercan a las múltiples miradas que desde sus ciudadanos re-construyen sus espacios y le dan sentido a su ciudad. En esta investigación curatorial realizada por Sofía Suárez, nos asoma a los abismos de los indecibles e indeseables. Mientras que siempre fue cierto, donde la Negra Margarita la que nos esperaba con el desayuno de calentao y sus villancicos afro del grupo Etnia y al mediodía en el Restaurante La Cabaña nos recibía Alexandra –de desconocida- con el menú del día.

Cali urgente, urgentemente Cali, la que acogió afectuosamente a las regiones, sin la grandilocuencia ni las pretensiones del Centro, sino con la de la ternura que aun cobijo en mi recuerdo, pero que nos probó que nada es necesariamente urgente sino premeditadamente cómplice. Con la misma complicidad que nos dejo deambular por sus calles y albergar las preguntas que sin dudas tenemos y hacemos desde las regiones del país. Si, esas mismas que tú te haces cuando ves el espectáculo del Estado derrumbarse en medio del altisonante autoritarismo que por estos días señala las entrañas de lo que están hechos quienes se encuentran hoy en el poder.

Cali que nos dejo celebrar en el Aristi, con “ellas, ellitas”, en medio del bacanal afectuoso y alucinante de los artistas, en el que menos mal no participaron los terratenientes de la hegemonía conservadora, dueños de la ciudad, desde tiempos inmemoriales; esos mismo que desplazaron a los verdaderos dueños de la tierra, los que esclavizaron y que se disputan parte del Cauca, los mismos que ocupan algunas curules en el Congreso y son Embajadores, los mismos conservadores que cargan entre sus baúles títulos y linajes. Los mismos culpables de la violencia del país, pero que nunca faltan a la misa del domingo para espiar sus culpas y conspirar contra sus ciudadanos. Ellos, menos mal que no participaron en nuestra fiesta, sino los titulares del Occidente denigrarían de los artistas, por liberales o estúpidos idealistas.

Cali… Mi hermosa y sensual mujer. De lo único que me arrepiento en esta noche, es no poder dormir entre tus brazos, “mi bella bellita”.

Victor Hugo Garavito
http://artistaszonaoriente.blogspot.com/2008/11/primeras-impresiones.html


Steve McQueen, Artista oficial de Guerra. Urgente…¿quién responderá al final?

“Yo se que la guerra es terrible con tantos muertos y eso, pero para mi ha sido una bendición”
Soldado Tully en el film “The Good German” (2006)

Desde la Primera Guerra Mundial existe en Inglaterra el “Artista Oficial de Guerra” del Imperial War Museum, cuyo papel consiste en dejar testimonio estético de la guerra imperial de turno que la nación tuviera en determinado momento.

El artista Steve McQueen (1969), ganador del Turner Prize en 1999, fue nombrado en ese cargo en 2003 y obviamente su trabajo en principio consistía en viajar a Iraq para, con base en su experiencia in situ, crear algún tipo de obra al respecto. El resultado del periplo fue que McQueen permaneció seis días encerrado sin prácticamente poder salir de su habitación debido al riesgo que corría si eventualmente lo hacía, como siempre lo hicieron sus predecesores, algunos de los cuales perdieron su artístico trasero en su labor. El artista regresó a Europa con unas cuantas fotos sin la menor importancia. En lugar de renunciar a su cargo, imaginamos que por poderosas razones monetarias, el artista decidió crear una colección de estampillas conmemorativas de jóvenes soldados ingleses muertos en combate para lo cual se puso, cual artista colombiano de guerra, “en contacto con los familiares”, con el fin de obtener de éstos fotos de las víctimas que le sirvieran para tal fin.

La naturaleza intrínseca de la estetización de la guerra es el abuso; a no ser que tal abuso sea genialmente ocultado bajo preguntas retóricas que nos permitan pensar que el arte de guerra tiene una oportunidad moral en la sociedad. Que es necesario, urgente, de vida o muerte. McQueen entonces prepara el terreno moral por si algo más adelante sale mal, por si pasa lo que inevitablemente va a pasar a largo plazo, es decir nada diferente a que la guerra sigue, a que la toma de conciencia que el arte dispara como un pequeño orgasmo no dura más que unos pocos segundos y se desvanece en la cotidianidad rutinaria y sobre todo, que lo único que logra un salto cualitativo es el prestigio moral del artista y el único salto cuantitativo es la acción sobre su mercado:

“Queen and Country is a particularly important and meaningful work for me in that it is a collaboration with the families of the deceased and potentially with the whole nation. It addresses our individual response to a face-to-face meeting with those who have died in our name. It is important to avoid euphemism. It is my hope that one day these portraits will be issued as stamps and will in this way enter the lifeblood of the country.”
http://www.biennial.com/content/Othercomplementaryprojects/SteeveMcQueenForQueenandCountry/Overview.aspx

Así pues y anticipándose al fracaso de la forzada cualificación del arte como acción sobre la realidad, el arte se cura en salud con lo que se ha vuelto la pre-justificación de si mediante la mayéutica retórica, la letanía eterna de las preguntas sobre la “función política” del arte más allá de la estetización:

” What are the capabilities and limitations of art? Do these stamps possess the agency necessary to reflect reality to the point that they could instigate action? Should these stamps come to fruition they would very likely infiltrate mainstream consciousness…and if they do not, then we shall see a reaffirmation of the definition of art”

http://smallswordsmagazine.com/articles/image/mcqueenstamps.html

Pero el fenómeno de ésta mayéutica retórica nos incumbe lejos del “British posmodern Imperial art spirit”. El texto curatorial de nuestro Salón “Urgente”, parecería en gran medida su reflejo metodológico. Los curadores tratan de anticiparse, mediante la evasión de la afirmación – que todavía en la bienal de Sao Paulo de Alfons Hug se podia emitir sin vergúenza- en favor de la pregunta, a cualquier desenlace al que su “urgencia” lo lleve cuando el telón se levante:

“¿Cómo aproximarse desde el territorio del arte a los problemas políticos, sociales, económicos y raciales, para resignificarlos? ¿Cómo transformar los modos establecidos de representación, muchas veces arbitrarios e impuestos, a partir de nuevas miradas críticas? ¿Cómo cuestionar la noción misma de la representación? ¿Qué rol cumple el arte ante una realidad compleja?”

“¿Cuáles son los modos posibles o deseables de participación? ¿Cuál es el límite entre el arte producido por artistas para y con las comunidades y un programa social? ¿Cómo resguardar al arte de los imperativos de lo políticamente correcto? ¿Cómo educar desde el arte? ¿Puede hablarse de una dimensión ética en el arte, y en tal caso, qué efectos conlleva? ¿Cuál es la relación entre pedagogía artística y obra de arte? ¿Cómo provocar la mirada artística? ¿Cuál es la necesidad de la acción?”
http://salonesdeartistas.com/41sna/posici%F3ncuratorial.pdf

Es de esperar que tales preguntas, al final del ritual equinoccial del evento artístico, sean respondidas por el curatoriado que las formuló y por los artistas que fueron involucrados en el proceso y ello por el bien de quienes se siguen preguntando si el arte puede llegar a tener un impacto sobre las estructuras sociales y el corpus constitucional más allá del “gusto comprometido” burgués que decora el “cubo blanco” y sentimentaliza la conciencia en vez de provocarla.

Para muchos de los que seguimos con gran interés el desarrollo del Salón, más que preguntas, tanto esas líneas curatoriales como el impacto que se nos asegura se generará sobre la comunidad política a través del Salón, son promesas por cumplir. Es de esperar que al final del evento no nos encontremos con un ritual más de “slumming” cultural del cual solo quede el salto cualitativo de mercado de la colectividad corporativa del arte de guerra oficial y que del “otro” cazado, usado y exprimido su tuétano estético, solo quede su ícono hipostático en una colección suiza, un museo o un hall de la City. Un “otro” que alienado de su ser social se quede pensando que la solución a su realidad son las reivindicaciones simbólicas prometidas por unos activistas estéticos que han supuestamente expropiado heróicamente a la política su “capacidad de acción”.

Las preguntas quedarán celosamente guardadas. Y veremos si se hicieron para ser respondidas o si fueron hechas para promocionar capital cultural.

Carlos Salazar


La región del mundo

¿Qué piensa de la internacionalización del salón?
Opiniones de Beatríz González, Franklin Aguirre y Ana María Millán.

Un video de María Posse


en torno al salón [3]

En su artículo Ascenso y caída del nuevo institucionalismo, la crítica y curadora Nina Möntmann analiza la forma como algunas “instituciones han internalizado la crítica institucional que fue formulada por artistas de los años setenta y noventa, habiendo desarrollado una autocrítica impulsada en primer lugar por los propios curadores y curadoras, quienes ya no se limitaban a invitar a artistas que ejercían la crítica sino que transformaban en primer término por su propia iniciativa las estructuras institucionales, sus jerarquías y funciones”.

Guardadas las proporciones y diferencias presupuestales con aquellas instituciones mencionadas por Möntmann, preguntamos a Ricardo Arcos-Palma sobre la internalización de la crítica en el caso específico del Salón Nacional.

[audio:http://museofueradelugar.org/sputnik/audio/entrevistarcospalma.mp3%5D

(se recomienda escuchar con audifonos)

puede bajar el archivo de audio (0.3 megas) pulsando aquí

sputnik°


en torno al salón [2]

La curadora Mariangela Méndez nos habla sobre distintos aspectos del Salón Nacional como lo son la plataforma curatorial, su incidencia en los proyectos curatoriales de las regiones, la ausencia de nuevos nombres, obras recientes…

[audio:http://museofueradelugar.org/sputnik/audio/entrevistamariangelamendez.mp3%5D

(se recomienda escuchar con audifonos)

para leer la plataforma curatorial del Salón, pulse aquí
puede bajar el archivo de audio (1 mega) pulsando aquí

sputnik°


en torno al salón [1]

Para la antepasada versión del Salón Nacional, Dominique Rodriguez y María Soledad García trabajaron en torno a este evento como tema para lanzar la revista electrónica Paquita. Hablamos con Dominique sobre las diferencias que presenta el Salón actual en relación con las últimas versiones.

[audio:http://museofueradelugar.org/sputnik/audio/dominiquerodriguez.mp3%5D

(se recomienda escuchar con audifonos)

puede bajar el archivo de audio (0.5 megas) pulsando aquí

sputnik°


Sábado de Minga en la Universidad Nacional

Como bien lo escribe Cristian Valencia en la edición dominical del periódico El Tiempo, desde su columna Cortinas de Humo, el gobierno y los medios, cadenas radiales, noticieros de TV, periódicos, lograron poner en primer plano, y con toda la espectacularidad y technicolor, el escándalo de DMG, invisibilizando con ello “los graves problemas del país en materia de derechos humanos, de agresión y ocupación territorial, de legislación de despojo, y de un sinnúmero de acuerdos incumplidos con distintas organizaciones sociales”.

La Minga Nacional de Resistencia Indígena, que llegó a Bogotá con 15.000 indígenas para reclamar el cumplimiento de la ley por parte del gobierno sigue acampando en los predios de la Universidad Nacional de Colombia con un plazo perentorio para salir hoy domingo, acuerdo que muy seguramente cumplirán.

Las condiciones en que se encuentra el improvisado campamento presagian las dificultades que para ellos y para la Universidad se presentarán si este fin de semana el gobierno no resuelve favorablemente la petición de sus derechos para que ellos puedan regresar a sus sitios de origen.

El número de indígenas en el campus ha crecido y ayer seguían llegando más. La concha acústica, está repleta de carpas iglú, de tendidos de colchones y cobijas, aún en el escenario, donde también hay mesas para la reunión de sus dirigentes.

Sobre el techo de las carpas se ha improvisado un telón para proyectar cine. En la puerta hay dos estufas a gas para hacer comidas y calentar aguas de yerbas y café. Una familia embera katio ha puesto un tendido en el piso y allí mismo fabrican y ofrecen en venta sus hermosos diseños de manijas, collares y pectorales de coloridas chaquiras.

Dos hombres atienden un necesario y solicitado servicio: bajaron cable e instalaron varias multitomas donde tienen conectados cargadores de pilas, cámaras y celulares.

Por fuera de la Concha, en los nichos donde se practica tenis, varias familias han levantado sus cambuches y cocinas de gas y leña pero no pueden dormir allí pues las lluvias han inundado el pavimento.

El estadio Alfonso López mantiene sus puertas cerradas y los dirigentes han colocado allí lo que parece ser un sitio de abastecimientos. Veo salir a algunos mayores con metros de plástico negro para reforzar el campamento y hay muchos indígenas pegados a la reja, según dicen, en espera de alimentos.

Sobre la calle que va a la rectoría está instalado un largo tubo horizontal agujereado que dispara al piso agua fría; allí los indígenas, hombres y mujeres, se bañan al aire libre con alegría. Al otro costado se ha parqueado un furgón de la Cruz Roja y otro de la Secretaria de Salud para atender casos de emergencia. Hasta ahora, afortunadamente, solo se han presentado algunos casos de diarrea y un joven estudiante pasado de yagé.

En el cruce entre las canchas de tenis y el Jardín de Humbolt, que también está repleto de toldos, hay dos carros de bomberos cuyos maquinistas juegan a la lleva. Los indígenas han organizado allí una improvisada plaza: varios tenderetes pequeños, un parasol de arco iris, dos paraguas y lonas en el piso, sirven para vender cigarrillos y galletas, dulces, bolsas con todo tipo de pasabocas, litros de gaseosas y maltas.

La calle que conduce a la Concha está sembrada de sanitarios de plástico que ya empiezan a oler feo a pesar del hostigante perfume que les echan. También hay una serie de inmensos tanques de agua donde los indígenas recogen agua para la comida y lavan la ropa.

El área del Círculo de Piedras está repleta de cambuches, y las formas orgánicas de estas rocas, que sobresalen sobre el insistente plástico negro que cubre media Universidad, son como extraños totems que protegen el campamento de los malos espíritus.

La entrada al edificio de Cine y Televisión desapareció entre medio centenar de chivas y camiones que permanecen parqueados y el enjambre de cambuches que cubre todos los prados. Sobre las canchas de básquet y de fútbol que hay al frente las autoridades instalaron varios inmensos hangares de plástico blanco, que están repletos de tendidos y de gente que dormita.

La vía principal de este campamento está entre el Observatorio Astronómico y Veterinaria. A lado y lado de esta vía están parqueados la mayoría de camiones y chivas que sirven, tanto de sostén para las carpas puestas sobre ambos andenes, como para comer y dormir. Sobre los andenes de cada costado, en los prados, bajo los árboles, están instaladas las estufas a gas y los fogones de leña, que no se apagan, pues, siempre se está cocinando algo en inmensas ollas ennegrecidas y grandes palanganas: sancocho de pollo, sopa de arroz con carne o hueso, coladas con leche en polvo, guisos de carne, frituras o aguapanela y café.

Por este camino va y viene gente; y un solitario hombre en zancos que alegra a todos junto con la algarabía de un grupo de estudiantes que ha improvisado una murga de música andina con un tambor, flautas y botellones de agua que golpean con palos.

Los indígenas se sientan al pie de los fogones a calentarse y esperar. Aparentemente, no falta comida, por todos lados de las improvisadas cocinas se ven regueros de papas, yucas, plátanos, mucha cebolla, cilantro y calabazas. Pero estos alimentos no están frescos, bien porque los han traído consigo y porque las remezas que les regalan ya están dañadas. Veo en el sitio de la basura muchos bultos de comida que ya no sirve, especialmente tomates y frutos de cactus.

Algunas comunidades han organizado bien sus despensas y amarrado trípodes para colgar tiras de carne a orear. Por todos lados se han tensado cuerdas para secar la ropa, pero también se ven muchas prendas tiradas sobre el piso de cemento.

Alrededor de la oxidada escultura de Ramírez Villamizar se han instalado también varios cambuches, y su base de cemento, que ayer usaban los mayores, hoy está copada por jóvenes que conversan y fuman entre esa metálica geometría protectora.

El nuevo edificio de Ciencia y Tecnología, esa inmaculada arquitectura de cemento y vidrio sin estrenar, tiene el cupo de su primer piso lleno de iglús y toldos.

Lo mismo sucede con la entrada al edificio de Ingeniería y el de Física. En ambos sitios los cambuches y los tenderetes de ropa no dejan ver las puertas de entrada.

La plazoleta de Bellas Artes, conocida como Plaza Sésamo, se la tomaron los estudiantes como espacio de acción cultural. Convirtieron las escaleras de entrada a Arquitectura en escenario para las presentaciones de títeres, teatro, capoeira, talleres de pintura y lúdicas para niños y adultos. El edificio de Artes tiene sus puertas sembradas de sanitarios portátiles grises.

El camino que va de Artes a Música está tomado. En el cruce con al Auditorio León de Greiff hay uno de esos inmensos tanques de agua y levantaron toldos varias familias, al parecer de las más pobres, y colgaron allí su ropa de colores que contrasta con las fotos digitales del telón de fondo que ofrecen los carteles plásticos de la programación cultural. Todas las vallas, postes, paredes y vidrios están grafitiados con vivas a la marcha, pintas puestas por los estudiantes.

El rincón que ofrece la entrada a la librería está ocupado con una familia que tiene la ropa secando sobre el andén del auditorio.

El entorno de entrada a la plaza Che parece una descuadernada instalación de arte: los ladrillos rojos con aroma a Salmona que enmarcan los jardines, los carteles digitales, los pegotes de fotocopias, las estatuas de yeso al interior del León, las pintas, la ropa de todos los colores y formas, colgada o tirada, y una línea de cabuya con cientos de hojas de cuaderno con escritos, dibujos y collages hechos por niños, que empieza en la librería y, apoyándose en las columnas, termina en la puerta del edificio de Enfermería.

Detrás de Enfermería, ese edificio que un día empezó a inclinarse hacia el norte remedando mal a la torre de Pisa, está la otra parte de la Minga. El corredor está repleto de iglus, y en los jardines no hay más cupo para cocinas y cambuches.

En el parqueadero hay varias chivas, embellecidas con sus coloridos diseños de dibujos, bocelaría, Cristos y ninjas. En la mitad, más allá de la inundación habitual, se han instalado las cocinas de los indígenas que acamparon detrás del Museo de Arte.

La plaza Che es un hervidero de indígenas, estudiantes y visitantes que, sentados y acostados en el piso, escuchan informes y arengas de sus dirigentes por los altoparlantes instalados en un camión que ésta parqueado a la entrada al Auditorio. Varios hombres sostienen sus banderas que el viento agita. La mayoría lleva con orgullo y dignidad sus bastones adornados con chumbes multicolores. Los médicos portan collares de pepas y dientes y sus ruanas de colores. Varios hombres y mujeres llevan la cara pintada con diseños o coloridas manchas.

Alrededor de la plaza, que parece destruida por un temblor, pues, la torre y la Biblioteca están en remodelación y muestran su esqueleto de columnas y varillas, hay muchos estudiantes con cara de cansancio, pero también los indígenas acusan en sus rostros las largas jornadas.

En medio de los gritos y discursos, una pareja de jóvenes, trepada en un andamio recostado contra la fachada del auditorio, repinta lentamente la cara roja de un indígena que desde ahora le hace compañía a la silueta negra del Che.

Bajo ellos una muchacha, sentada en un pupitre escribe a toda carrera en un portátil lo que dicen los oradores. Los extranjeros, que imagino pertenecen a ONGS conversan con los indígenas y van de un lado a otro. Los fotógrafos de cámara que he visto desde que se inicio la Minga son estudiantes, pero hoy veo un extranjero de algún medio ambientalista. También hay hoy un profesor de la Universidad, de la carrera de Cine y TV, que está filmando detalles del almuerzo.

Es sábado por la tarde, la lluvia amenaza, y en las humeantes cocinas se sigue repartiendo, en platos, ollas, totumas y vasijas de plástico las sopas con carne o el arroz del almuerzo. Una gran parte de la Minga está el la plaza de Bolívar apoyando el encuentro de sus lideres con los ministros y van llegando graneados a comer. Muchos llegan con bultos de ropa y comida, y con los zapatos gastados.

A pesar de que el ambiente del campamento sigue siendo alegre y el espíritu está en alto, el agua que ha caído en estos días empieza a ser un problema para el asentamiento. Los pastos están anegados, más en esa zona que siempre ha sido fangosa, y marcha de miles de personas sobre ellos los está convirtiendo en lodazal.

Hasta ahora no hay nada grave que lamentar. Esperamos que hoy domingo las conversaciones sean positivas para que estos 15.000 indígenas, compatriotas invisivilizados, “gente de paz porque son de paz “que caminó desde tan lejos para “exigir sus derechos, cosa que no hemos logrado el resto de colombianos”, puedan retornar a trabajar sus tierras.

-·La letra inclinada fue tomada sin permiso del texto: Escándalo mata escándalo de Cristian Valencia. El Tiempo 23 de nov.

Dioscórides-

Profesor Titular

Escuela de Artes Plásticas.

Nov 23 de 2008


urgente! (imágenes del salón)

+ info >
http://urgentecali.org


la doble negación


Los esquimales usan la palabra apud para nieve en general. Nieve en forma de partículas de sal es pukak. Nieve suave, akkilikipok. Nieve suave y profunda, mauja. Nieve aguada, mangokpok. Trozos de nieve en movimiento sobre el agua, sikut iqimaniri. Nieve mojada que cae del cielo, imalik. Un parche de nieve en una montaña, aputitaq. Nieve en la punta de un pedazo de hielo, putsinniq. Nieve dura, mangiggal. Nieve que se mete a la entrada de una casa, sullarniq. Así parezca un poético trabalenguas, la gran variedad de nombres que tienen los esquimales para referirse a la nieve tiene finalidad práctica: se le dice a un niño que puede jugar en la akkilikipok si limpia la sullarniq.

Y si el lenguaje tiene tantas palabras para la nieve, ¿qué podemos decir ante una pintura?: pigmentos de color esparcidos sobre una superficie, o para hablar como ficha técnica genérica: óleo o acrílico sobre lienzo. ¿Nada más?

La exposición La doble negación, de Delcy Morelos en Alonso Garcés Galería, es una oportunidad para experimentar los límites de esa respuesta. Pero no se trata de inventar nuevos términos o frases críticas (y crípticas) que sirvan para nominar cada gesto, no, sólo basta con observar. Una sucesión de estructuras rectangulares de entramados sostienen, línea tras línea, pequeñas gotas condensadas de color. Y así como la nieve tiene gradaciones, el conjunto de La doble negación responde con tonos claros y turbios a ese vasto espectro que va del rojo al blanco. Habrá quien sólo vea una simple reiteración, un estilo o una firma, pero esta obra paradójica consiste en lo contrario: tras un mundo infinito de grafos, una repetición regulada y limitada de normas y variables produce la alteración de un código habituado a la monocromía y se abisma en las infinitas posibilidades de una línea de color. La doble negación hace experiencia vital lo que el estéril ejercicio académico de teoría del color enseña como gradaciones; ha sido capaz de intuir todos los colores a partir de un solo juego binario y esta composición explota toda la simbología de una gramática irregular: un mundo tan rico y poderoso como aquel que afirman los esquimales en su interpretación de la nieve. Y no es sólo nieve (o rojo). Y no es sólo pintura.

La doble negación es una exposición concreta, física, y como lo dice Gustav Januch al referirse a la obra de Kafka, otro artista de la repetición en la alteridad, aquí “la forma no es la expresión del contenido, sino su poder de atracción”.

—Lucas Ospina

http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/lucas-ospina/columna92178-doble-negacion