primeras impresiones

A pesar de todo sigue siendo Cali: Estuve Soñando

En medio de la confusión de una ciudad agitada y en plena transformación llegamos a la capital del Valle del Cauca.

Pero de Cali nos acordamos mucho antes, de la mano de Andrés Caicedo, de Clarisolcita, “La Bella, bellita”, quien en sus andanzas por los rincones de su ciudad nos iba descubriendo y desnudando todos los caminos, secretos y recovecos, de los diferentes mundos y submundos urbanos de quienes transitaron la irreverente magia urbana de una ciudad cómplice.

Porque eso es Cali: la cómplice perfecta, sinuosa, esbelta y estrecha en sus calles del centro, como los cuerpos de sus mujeres; una ciudad de pieles a punta de luchas cotidianas e intensos tropeles con la vida; de rincones que vieron como se devoraba el centro las grandes moles de hormigón frente a esas hermosas casa de comienzo de siglo, las que incluso hoy se siguen cayendo como se deshace la piel por la tristeza que nos imponen la inexorable dureza del tiempo; así creció inusitadamente nuestra cómplice, por la llegada y la irrupción de los dineros del narcotráfico.

Sin embargo, “ella, ellita”, la Cali denodadamente sensual y absolutamente embriagadora, también se resistió en su momento; así como lo hicieron los corteros de caña frente a la esclavitud feudal a la que los condenan hoy los terratenientes conservadores de Asocaña.

Cali, mi atrevida, trasnochadora que por algunos momento nos dejo dormir, pero eso sí repleta de sus insomnios y maravilladas con de historias cotidianas que nos contaba en sus carteles y su caminantes nocturnos, que se hacen en medio de la tentadora oscuridad. Pero, al despertar su asombroso ruido mañanero, se confunde con sus sagaces ladrones que se mimetizan camaleónicamente en medio de la multitud y llenos de artimañas y señales de humos disonantes que poco se difieren de los de cuello blanco, esos que usan la plataforma tecnológica, con que los provee las oficinas de los edificios del centro, ocupadas por quienes tienen los mejores cargos y, tal vez, tomando las mejores decisiones, pero que no se diferencian en nada de los que nos esperaban ansiosamente en sus aceras.

-Business es business, me dijo la señora donde compre un par de mentas, al tiempo que señalaba una de las ventanas de edificio público; mientras me refugiaba temblando de miedo ante el perseguidor de mi cámara Nikon. En ese momento pensé en la nueva muda de mi perseguidor y el engaño al que nos somete el gobierno de Uribe Vélez frente a la neocolonización de nuestro país: ¡Viva España, que soy esclavo de sus servicios públicos y su manoseada información!

Cali, la que escucha los lamentos de Trujillo y sus motosierras. Allí esta adolorida la soledad de sus mujeres, como las todo el país; que siguen sobreviviendo en medio de sus masacres y bajo la sombra de los capos que mantuvieron el negocio y propiciaron su caída por avaricia o sed de su poder: la de los Rodríguez Orejuela, los Urdinola, Grajales y la del narcoparamilitarismo.

La Cali de rojo y verde, aún me pregunto porque Cali y Medellín se parecen tanto en esos colores, bueno y en otras cosas, pero se odian igual; Cali, ciudad que ve llorar a los hinchas jóvenes y viejos porque su equipo juega, porque pierde, porque empata, por todo, pero lloran. Al tiempo, que en la salida de los Estadios se matan con las miradas que apuñalan como sus navajas hasta la muerte. Cali de la pasión.

Mi bella, “bellita” que se dejo usurpar su “lugar a la duda”, como si no hubiera tantas en los rostro de sus gentes anónimas que afanosamente cruzan sus calles y escuchan los lamentos de lo que fueron sus ríos. La que se da el lujo de amamantar la piel sudorosa por los vientos del pacifico matiné, cuando yace la tarde para prender sus interminables noches. Esas mismas noches en que los policías motorizados persiguen incansablemente a los transexuales que deambulan entre las calles de Comfandi y el Banco de la República.
Pero, en el único lugar donde no hay dudas es “Lugar a Dudas”, donde una señora histérica, malgeniada y melancólica le hizo la vida imposible a quienes nos atrevimos a visitar, un espacio donde nunca saboreamos la polisemia infinita de las dudas.

Cali de Sofía, la de los “Territorios Ciertos-Territorios Inciertos”, recorridos afectivos y de apropiación que nos muestran y nos acercan a las múltiples miradas que desde sus ciudadanos re-construyen sus espacios y le dan sentido a su ciudad. En esta investigación curatorial realizada por Sofía Suárez, nos asoma a los abismos de los indecibles e indeseables. Mientras que siempre fue cierto, donde la Negra Margarita la que nos esperaba con el desayuno de calentao y sus villancicos afro del grupo Etnia y al mediodía en el Restaurante La Cabaña nos recibía Alexandra –de desconocida- con el menú del día.

Cali urgente, urgentemente Cali, la que acogió afectuosamente a las regiones, sin la grandilocuencia ni las pretensiones del Centro, sino con la de la ternura que aun cobijo en mi recuerdo, pero que nos probó que nada es necesariamente urgente sino premeditadamente cómplice. Con la misma complicidad que nos dejo deambular por sus calles y albergar las preguntas que sin dudas tenemos y hacemos desde las regiones del país. Si, esas mismas que tú te haces cuando ves el espectáculo del Estado derrumbarse en medio del altisonante autoritarismo que por estos días señala las entrañas de lo que están hechos quienes se encuentran hoy en el poder.

Cali que nos dejo celebrar en el Aristi, con “ellas, ellitas”, en medio del bacanal afectuoso y alucinante de los artistas, en el que menos mal no participaron los terratenientes de la hegemonía conservadora, dueños de la ciudad, desde tiempos inmemoriales; esos mismo que desplazaron a los verdaderos dueños de la tierra, los que esclavizaron y que se disputan parte del Cauca, los mismos que ocupan algunas curules en el Congreso y son Embajadores, los mismos conservadores que cargan entre sus baúles títulos y linajes. Los mismos culpables de la violencia del país, pero que nunca faltan a la misa del domingo para espiar sus culpas y conspirar contra sus ciudadanos. Ellos, menos mal que no participaron en nuestra fiesta, sino los titulares del Occidente denigrarían de los artistas, por liberales o estúpidos idealistas.

Cali… Mi hermosa y sensual mujer. De lo único que me arrepiento en esta noche, es no poder dormir entre tus brazos, “mi bella bellita”.

Victor Hugo Garavito
http://artistaszonaoriente.blogspot.com/2008/11/primeras-impresiones.html


One Comment on “primeras impresiones”

  1. Juan Manuel Garcés dice:

    Cali esta maravillosa. Es sabado, las salas que acogen al salon estan llenas de gente de muchos lares que quieren ver lo que Cali les tiene reservado. Cali esta alegre, el rio truena alegre. Las mujeres, el cielo, las palmas, la musica.
    Que bueno que estuvieran aqui!.
    Imaginen que esto es un Salon, solo un Salon.


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