Vernissage

vernissage


Tania, la hermosa.

capablanca1927

“No sientas que te falte
el don de hablar que te arrebata el cielo,
no necesita tu belleza esmalte
ni tu alma pura más extenso vuelo.”
Martí. A Emma.

“Artist must be beautiful” Marina Abramovic. 1975.

Con Tania me pasa lo que me pasa desde que tengo memoria respecto al cine. Nunca me ha interesado el argumento tanto como si hay una mujer hermosa sosteniendo lo que quiera que sea la película. Existencial? Romántica? Un musical? Una historia colegial de fraternidades? De samuráis? Una tontificacion política en los Balcanes o La Habana? Una grosería colombiana sobre la cocaína? Nada como una película tonta con una mujer hermosa. Hedy Lamarr en Ecstasy. Marilyn Monroe en “Los Caballeros las prefieren rubias”, Kete Beckinsale en” Underworld”.

El performance con hombres nunca me ha interesado salvo que algún austriaco se corte el cuerpo o se suicide en directo. Ya lo decía Renoir a la hora de hablar de los hombres en los cuadros y que aplica perfectamente para el performance. “Ils sont trop lourds, ils pensent trop”. No. Para que un perfomance valga la pena tiene que haber una mujer hermosa metida en él .

Marina Abramovic se ve radiante con su respiración agitada debajo de ese esqueleto. Nikki de Saint-Phalle es sublime, una Deneuve del arte contemporáneo disparándole a ese lienzo con su rifle calibre 22 de verdad, con balas de verdad y casquillos de verdad humeantes y vacíos cayendo al piso cada vez que el arma de verdad es descargada de verdad y vuelta a cargar de verdad. Una belleza de verdad que el arte expropió a Vogue.

Andrea Fraser vendiendo su cuerpo cual Ishtar bajada desde un púlpito anglicano para nuestro deleite voyeur. Y esa Martha Rosler, zurda para más, tan sexy a pesar de su calculado hieratismo de indignación espartana, con su cuchillo de cocina asesino y su delantal de anestesista y que invitan a romper su ventana con una flor y una nota amarradas a una piedra. Porque como en Eva Hesse, detrás de toda artista radical, solo hay una mujer que quiere ser amada.

Y las mujeres rollizas y francesas de Ives arrastradas cavernícolamente por entre la pintura azul Klein que nos hacen querer volver a lo mas “hot” de la edad de piedra. ¿Qué tal Ana Mendieta haciendo el amor con sus voluptuosas caderas cubanas “on top” sobre otro esqueleto que pidió prestado a Marina Abramovic?…¿O es al revés? ¿Esqueleto Don Juan? No importa…Ana… ¿Cómo se puede tirar semejante hermosura por una ventana?

Eso me pasa con Tania. No me importa si es inteligente o no. Si es coherente o no. Es viva como Lilith, es la fuerza pelirroja que enamoró al primer Adán. Tania es hermosa. Ese aura Borgia con que invade todo el escenario es fascinante. Sin que haga falta el cuello de brocado flamenco, ese aire imperial y pelirrojo isabelino.

La belleza unida a la viveza, al “ésprit”, siempre ha causado escozor entre el público puritano de la docencia y los sin ingenio. Eso es atávico. Lilith, Morgana, Livia… Tania. Eso, esa capacidad para molestar hace que su belleza sea aún mas lejana, mas críptica. Existen otras artistas con el “twist” Borgia pero les falta la belleza caribe-catalana de Tania. Y es que la naturaleza no se esmeró demasiado con ellas.

Pero por sobre todas las cosas les falta el soplo mágico y animal de la deliciosa arrogancia: ese, “lo tengo todo controlado”, ese, “mientras tu le has dado una vuelta a la manzana yo le he dado cuatro” tan andaluz, tan cubano, tan árabe, esa herencia grácil de la picaresca española del encantador buscón que controla el tráfico del barrio entero. Esa chulería tan Master Mind. Tan Pimp.

Tania americanizada. Tania Capablanca:

“Capablanca, la ardiente sangre cubana se ha convertido, bajo la influencia del americanismo práctico, en el milagro de la técnica ajedrecística. Su juego es perfecto. Trabaja con la precisión de un horario de trenes de pensamientos. Un examen rápido y claro le revela los secretos de posiciones complejas, y encuentra la jugada capaz de transformar el cuadro ajedrecístico más romántico en una posición desnuda y lógica. Capablanca no es un estratega profundo como Lasker, ni está embriagado por la ciencia del ajedrez como Tarrasch. En él se agolpan las ideas más geniales. Es un ajedrecista práctico. La característica típica de su juego es la de encaminarse en cada posición hacia la mejor jugada, no desde un punto de vista filosófico, sino práctico. La sencillez de su juego no carece de riqueza. La fuerza de Capablanca -¿No será eso, al mismo tiempo, su debilidad?- se basa en el descubrimiento de la prosa en la fantasía del ajedrez, si bien al final no se proyecta de la fantasía a la prosa.” (Tartakower)

Tania Livia…Tácito y los “cepos y las artes” de Livia…

“Acribus namque custodiis domum et vias saepserat Livia, laetique interdum nuntii vulgabantur,” Annales 1.3

Germán Arciniegas nos enseñó a los colombianos que la historia no es más que un collar de anécdotas y ¿Qué se podía esperar de ese parvulado que consume arte social en Colombia? Reducir el acto de Tania a la anécdota.

A quien le importa si Tania se levantó ese día tarde y llegó a hacer la tarea de biología al colegio, si cazó una mosca mientras la gente hacia la fila de la mañana o si se arrancó “on the spot” uno de sus hermosos rizos rojo-irlandés Palette para su clase de microscopio. Si antes de entar compró cocaína o una colombina o un chocolate. Si la tarea fue un encargo del rector y habían acordado previamente que, si alguien preguntaba, el no conocía a Tania. Tania sola, Tania independiente, Tania improvisando como Picasso con un timón de bicicleta haciendo un toro en tres minutos. Tania haciendo sumas y haciéndolas pasar por ecuaciones de tercer grado en clase de cálculo. Tania demostrando la cuadratura del círculo: Pi.R a la 2 se convierte en B a la 2…Fácil. Obvio.

¡A quién le importa!. ¿Ese es todo el nivel político del debate artístico en Colombia? ¿En la esfera publica? El pais del chisme y el materialismo anecdótico. De la izquierda derechosa y la derecha izquierdosa. Tania declarada heroína, vicariamente, por el parvulado de kínder. Tania Luxemburgo. Tania Cano. Tania Salavarrieta.

Digan lo que quieran de Tania, Tania es la mujer hermosa que a sus 40 años andaba de performance. Tania con la sangre Capablanca, Tania Dios relojero, Tania Leibniz del cálculo conductual, “Disertación del Arte Combinatoria”. Pavlov del arte. Tania como Dios que no juega a los dados. Tania a quien las parcas, diosas del destino quieren imitar.

Okey. El artista contemporáneo, Sierra, Alÿs, tiene el complejo de Dios calculador, de ajedrecista, de Duchamp, pero suele ser físicamente poco favorecido. Más aún, suele ser silvestremente feo. Tania no. Tania es hermosa.

A quién pues le importa si el perfomance era barato o caro. Importante o no. Una mujer hermosamente despistada, que debe ser mas hermosa en este momento, riéndose sola en un avión de un mundo que cree en sus prestigitaciones, tuvo que lidiar por una semana con éste país cacofónico sin perder la compostura. Y es que el verdadero performance no fué la tarea de la alumna desaplicada que luego fué calificada por el maestro “pervert” con un 10. Fué la alumna misma con su incomparable porte de princesa colonial, su pelo de Magdalena y su espectacular talento para existir. Esa era la parte del performance que Tania no tenía calculado: verse bella, radiante como Gradiva y ser una mujer hermosa y deseada. Porque al final, solo la belleza queda. Como tiene que ser.


Terror en la 26

Del caballete al espacio público – sin dar mayores explicaciones – esta nueva película de las productoras de “Estética mortuoria II”, para que las buenas conciencias se deleiten con este bocado de probada conservación urbana!! Los muertos están aquí para quedarse!! TERROR EN LA 26


Utopía

cooptania

Tania Bruguera recibe una carta de invitación a un encuentro internacional de performance en Bogotá. Se siente tentada a realizar una acción en la cual estén juntos los “actores del conflicto colombiano” y la sustancia que, ha visto en CNN, lo impulsa. Se dice entonces que podría contratar a guerrilleros, paramilitares y víctimas para que dieran un discurso que ella misma podría libretear, en una mesa frente a un público que los escucha mientras huele coca. Sin embargo, Tania se queda pensando, apenas un minuto, y se da cuenta de que eso no tendría chiste, porque, habiendo entrado en relación con varios artistas colombianos y habiendo visto un montón a Angela Patricia Janiot en CNN, cae en cuenta de que eso es lo que ocurre todo el tiempo: que hay alguien que le paga a un grupo de paramilitares, víctimas y guerrilleros para enunciar un discurso libreteado que distrae la atención del público y genera un halo de falsa moralidad que empuja el consumo de coca. Tania se da cuenta de que en Colombia las víctimas, los guerrilleros y los paramilitares producen discursos para mojar pantalla en televisión, mientras los colombianos que no se sienten víctimas, guerrilleros ni paramilitares, cansados de tanto discurso manoseado, ven esa televisión y huelen perico en las fiestas a las que los invitan.

Entonces se dice: “coño, chico… lo que yo debería hacer entonces es, ya que soy una artista política que busca generar un espacio de utopía que disloque las metanarrativas de lo político (o bueno, quedemos en que dice apenas “coño, chico…”), y procede a darle la vuelta a su acción.

Como le siguen interesando los mismos elementos, se decide a conservarlos, pero cambiando la función de esos actores, por no decir decorados, que constituyen su obra. Entonces se va a Freud, compra media libra de perico, busca a un paramilitar, una víctima y un guerrillero y lleva en una maleta, digamos, cinco mil dólares. Dispone una mesa en un recinto de la universidad nacional, invita a un montón de personas, manda poner unas sillas para que estén cómodas, pone al para, el guerrillero y la víctima alrededor del mesa y les da, a cada uno, un tercio del perico que compró. Luego, va sacando plata y les va pagando (a precios de París) las líneas de coca que estas personas le van surtiendo y que ella huele con voracidad.

Tania Bruguera, una artista amante del riesgo y de la auto exposición cumple a cabalidad su tarea, oliendo perico frente al público hasta que se le acaba la plata o, mejor, hasta que muere, convulsionando de sobredosis ante un grupo atónito y morboso de personas que acudieron a verla performar. La víctima, el guerrillero y el paraco se reparten la plata que queda en el maletín y guardan la coca que les sobró. Salen tranquilamente de la universidad, pensando en que por fin el arte social les dio algo con qué poder hacer un mercado y con qué montar una microempresa.

La raíz del conflicto no radica en las posturas ideológicas de los actores, sino en el acceso que, como personas, estos tengan a unos medios que les garanticen su supervivencia, es decir, a la plata que artistas e instituciones derrochan en arte político.

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La Cooperativa Multiactiva Tania Bruguera es una inicitiva de emprendimiento colectivo formada por víctimas, paramilitares y guerrilleros de base, quienes se han unido para formar una microempresa de producción, distribución y venta al menudeo de estupefacientes de alta calidad y precios democráticos, que busca garantizar el digno sostenimiento de sus miembros y la ruptura de las cadenas de distribución que hacen del comercio de las drogas un mercado de capitales inflados y, en consecuencia, productores de violencia. La cooperativa propende por la creación de cadenas sociales que se distribuyen de manera equitativa las utilidades desprendidas de su negocio, reinvirtiendo los excedentes en programas de desarrollo social y reeducación política de comunidades vulneradas por la inhumana explotación de la que han sido víctimas a manos de estamentos diversos de poder.

¡Por la plata para mi mercado y el de los otros, Presente, presente, Presente!

Víctor Albarracín


La saga de Bruguera en Bogotá

Iván Rickenmann nos ha hecho notar oportunamente que no es bueno debatir en caliente porque fácilmente podemos caer en ingenuidades. Pero, ¿cómo callar? ¿Cómo no debatir los asuntos vitales para nuestra existencia? La crítica, así sea ingenua, es la vanguardia de la historia: abre horizontes de interpretación. No es un secreto para nadie que la supresión política de la crítica en Colombia ha debilitado el arduo trabajo de las artistas y los artistas colombianos.

La crítica que hemos realizado en Esfera Pública, algunos ingenuos, sin embargo es muy diferente a la crítica que fue realizada en el pasado. Es una crítica polifónica en la cual con igual legitimidad muchos ciudadanos y ciudadanas intervenimos en los textos de los demás: es una crítica a muchas manos: la crítica de arte contemporáneo en Colombia es un Colectivo. Por esta razón los aportes de Rickenmann reconfiguran toda la crítica que hemos venido realizando en torno a Bruguera en Bogotá, nos ayudan a esclarecer, todavía en caliente, el happening cuestionado. La pregunta que debemos resolver es: ¿acierta Rickenmann cuando nos sugiere que la performancia de Bruguera fue una representación teatral neorrealista para mostrar cómo funciona nuestro país? Mientras una parte del país está en guerra, la otra mitad se encoje de hombros y se pone a meter perica. ¿En verdad estamos tan ciegos que no vemos esta realidad? Yo, ingenuamente, me resisto a creerlo. Por supuesto, sin desconocer el consumo de drogas ilícitas, de todo tipo, lo cual acontece urbi et orbi por cuenta de la mano invisible.

¿Teatro, Performance, Happening, Acción? ¿De todo un poco? ¿De qué se trata la modalidad de expresión escogida por la señora Bruguera para Bogotá? ¿De qué hablamos cuando hablamos de perfomancia? ¿De realizar cualquier cosa en público y de cualquier manera, sin restricciones éticas? Es cierto que en las performancias el artista debe improvisar para poder incorporar las respuestas de la audiencia, pero, no obstante, la improvisación artística es, paradójicamente, no debemos olvidarlo, la modalidad más rigurosa de creación. Otra cosa es chapucear para divertir a la aristocracia comercial que gobierna nuestra época y nuestros Institutos. Razón tiene Fernando Pertuz, al haber reformulado sus ideas sobre la performancia. Quería suprimir la idea gratuita de que el performancista es un payaso: un bufón del rey. (El Hemisférico ha eclipsado, injustamente, aunque por el momento, su propuesta en el Luis Caballero). Esperamos, entonces, que la performancia artística no sea un comodín para justificar cualquier actividad que dé de que hablar, sólo por chatear.

Iván, su idea respecto a que los comentarios hacen parte de la performancia no aporta mucho a la discusión y no alcanzan a reivindicar la propuesta de la señora Bruguera en Bogotá. ¿Quiere decir de la misma manera que la crítica de arte complementa otras modalidades de expresión? Si es así tendríamos que decir que todas las modalidades artísticas que reseña la historia del arte son performancia, lo cual me parece reductor. Estamos seguros que realizar una performancia artística no es manipular cualquier cosa. ¿O, es precisamente este su encanto para muchos artistas contemporáneos? No creo que el facilismo sea su atractivo.

Iván, estoy tentado a compartir con usted la idea de la mitad en guerra y la otra mitad metiendo perica, pero lo que estamos discutiendo ahora son los límites que nos impone la responsabilidad pública, la ética en nuestras acciones, cuya carencia afecta tanto a nuestro país. Esta es una lucha silenciosa que muchos artistas contemporáneos en Colombia están dando. La he llamado sacar la Ética del closet de la Estética. Otra cosa son los asuntos privados. La distribución o consumo de cocaína en un contexto privado es otro asunto. Lo que algunos hemos criticado respecto del happening de la señora Bruguera en Bogotá, es la falta de rigor en la concepción de su improvisación, el no haber tenido en cuenta la especificidad de nuestro contexto. Con seguridad, esta experiencia en Bogotá le servirá a la señora Bruguera para mejorar la culminación de su saga. Recordará con agradecimiento que Colombia no es el Templo de la Perdición, ni ella Indiana Jones.


Presentación de Tania Bruguera y discusión con el público

public-speaking.low

El sábado 29 de agosto tuvo lugar un panel de discusión donde hicieron breves presentaciones los artistas Tania Bruguera, Wilson Díaz, Guillermo Gómez Peña y Rocío Boliver. Al final hubo discusión con el público (en su mayoría invitados de otros países al Encuentro Hemisférico). Reproducimos aquí el audio de la presentación de Tania Bruguera (15 minutos) así como las intervenciones del público (20 minutos).

Presentación de Tania Bruguera

[audio:http://esferapublica.org/presentacion.mp3%5D

Discusión

[audio:http://esferapublica.org/discusion.01.mp3%5D

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Se recomienda escuchar con audífonos

publicado por Sputnik°


Primero apunta y después pregunta

He visto las imágenes de los performances de Tania Bruguera. A estas las preceden los comentarios, opiniones y juicios de todos aquellos que fueron y vieron la obra de la artista, al igual que de aquellos que lo vieron por captaciones y transmisiones. Como es de esperarse, internet, al igual que el museo y que los otros cubos (e hipercubos) blancos, no es neutro ni objetivo, por lo cual he decidido leer la mayor parte de las documentaciones publicadas, con el fin de perfilar mis lecturas y preguntas generadas por la pasada de la raya de la artista cubana en Bogotá.

Primera pausa. Qué espera usted de la mano del artista (extranjero)?
Apropiándome e interviniendo el título de la obra de Humberto Junca, mis primeras reflexiones se posan sobre la pertinencia de obras POLITICAS hechas por artistas extranjeros, cuando los contextos locales no les tocan directamente. Antes de Tania Bruguera (el satánico menage-à-trois guerrilla, paramilitares y droga), estuvo Pierre Pinochelli (el diabólico trio farc-autodefensas-Ingrid Betancour), y Gianni Motti (sus mensaje telepáticos dirigidos contra Ernesto Samper para que dimisione de la presidencia). Estos tres ejemplos de obras, y de las reacciones despertadas en el público, desembocan en el mismo punto: un rechazo de los colombianos por una intromisión en la vida del país.

Estas tres obras, fuera de ser ejemplos de intervenciones artísticas muy pobres (simples reciclajes simbólicos hipermediatizados de coyunturas sociales, reducciones formuladas por el furor de lo anecdótico y de lo informativo de último momento), me enfrentan a preguntas como: Es legítima la exclusividad de estos temas para los artistas nacionales? O, refomulando, por qué los espectadores (artistas o no) reaccionan solo con las intervenciones internacionales y no con las nacionales?

Es típico ver que frente a las adversidades siempre se levanta ese falso y envidioso espíritu de nacionalismo. Es el sentimiento de rechazo cuando se confronta y reconoce la imagen estereotipada del conflicto colombiano en el resto del mundo. Al mismo tiempo me pregunto si no es la reacción que despierta aún ese complejo de inferioridad del colombiano frente al extranjero reconocido (de éxito). Hay que recordar o informar que una de las estrategias de Tania Bruguera, utilizadas en sus últimos performances, ha sido de hacer reaccionar el público para que este sabotee su obra. Estas reacciones solo han afirmado la metodología de una obra poco interesante que busca inscribirse en la historia del arte por el heroísmo de su creadora.

Queda por preguntarse por qué la curaduría del evento aceptó este proyecto, sabiendo las suceptibilidades que iba a despertar. Se buscaba un efecto pantalla para llamar la atención de la gente? Por qué su reación de desaprobación después del acto llevado a cabo? O aún mejor, hubieran sido capaces de hacer lo mismo con un artista colombiano?

Segunda pausa. Legalidad versus Legitimidad.
Si la mano del artista hace arte, podremos llamar esta acción artistear. Pero cómo artistear y en dónde? Sabemos que toda artisteada tendrá una justificación bien o mal alimentada por su creador. Provocar un encuentro entre une representación de la guerrilla, una de las fuerzas paramilitares y LA COCAINA, en otros términos, reunir los criminales internacionales latinoamericanos por excelencia sin explicar sus vínculos, en un ámbito constructivo, de diálogo y de formación como la Universidad, tiene la insulsa intensión de pasar la raya, el límite, gratuitamente. Es una reducción más del pensamiento artístico al poner objetos ilegales en exhibición (incluyendo en objetos los discursos de los sujetos). Hacer de esta ilegalidad, un consumo visual, cultural, olfativo, entre otros.
Creo que hacer un ready made con estos elementos amputados de un contexto desconocido es muy decepcionanate por parte de un artista de Reputación internacional, pero al mismo tiempo no me sorprende, cuando vemos en Europa y en América, el insaciable hambre de la esfera artística por exponer obras sensacionalistas y que ponen en primer plano los conflictos sociales de los países menos favorizados, o los problemas políticos internos de estos (corrupción, nepotismo, tiranías, dictaturas, asesinatos, etc). La artista cubana ha sabido jugar con sus orígenes, para posicionarse como alguien que tiene el peso moral y la pertinencia para hablar de estos temas, si tenemos en cuenta sus orígenes. Pero creo que hay que ver más lejos y hay que preguntarse si el mundo del arte ha reemplazado la exhibición del arte aborigen por quella del arte de los desfavorecidos, y que muchos artistas sacan provecho de esta desigualdad jerárquica y humana como estrategia de mercado.

Ahora, pasando del otro lado y sirviendo de abogado del diablo, o peor aún, de sembrador de cizaña, cuestiono la posición de los organizadores del evento. Ellos, con el pleno conocimiento de la obra en mención, intentaron excusar (o hacer comprender o simplemente advertir) la legitimidad de la obra y del artista antes de abrir las puertas. Después, de forma bastante hipócrita condenaron en frente de todos el performance, sirviéndose de la excusa de la legalidad del contexto. Utilizan un artista para atraer gente y después niegan las artistadas que ellos han patrocinado? Es cierto, la producción de droga ha generado muertes, conflictos bélicos, desplazamientos humanos, mulas, arrestos, etc, etc, pero estas razones no justifican la actitud del comisariado del evento, el cual quedó, como se dice popularmente, tirando la piedra y escondiendo la mano.

Frente a la encrucijada legitimidad artística y legalidad normativa, las instituciones (organizadores de eventos, galerías, museos, independientes, underground, etc), podrán algún día dejar de lado la excusa de la legalidad para poder dar un espacio ajeno a los prejuicios morales y cívicos, y aceptar proyectos sin que el razgamiento de vestiduras se imponga frente a la calidad de la obra o de su lectura. Y si se llegara a esta utopía, los artistas podrían aceptar el desafío de hacer artistadas menos sensacionalistas o amarillistas?

Pero, siguiendo los comentarios de Andrés Matute, mas allá de mi apreciación negativa de la obra, asimismo de la posición del público del performance y de la institución organizadora durante el mismo, son los efectos de ésta, y esta serie de cuestionamientos las que marcan una eficacia del proyecto: la obra que sale de sí misma, y de su autor, un accidente del o en el proceso.

Carlos Franklin