La saga de Bruguera en Bogotá

Iván Rickenmann nos ha hecho notar oportunamente que no es bueno debatir en caliente porque fácilmente podemos caer en ingenuidades. Pero, ¿cómo callar? ¿Cómo no debatir los asuntos vitales para nuestra existencia? La crítica, así sea ingenua, es la vanguardia de la historia: abre horizontes de interpretación. No es un secreto para nadie que la supresión política de la crítica en Colombia ha debilitado el arduo trabajo de las artistas y los artistas colombianos.

La crítica que hemos realizado en Esfera Pública, algunos ingenuos, sin embargo es muy diferente a la crítica que fue realizada en el pasado. Es una crítica polifónica en la cual con igual legitimidad muchos ciudadanos y ciudadanas intervenimos en los textos de los demás: es una crítica a muchas manos: la crítica de arte contemporáneo en Colombia es un Colectivo. Por esta razón los aportes de Rickenmann reconfiguran toda la crítica que hemos venido realizando en torno a Bruguera en Bogotá, nos ayudan a esclarecer, todavía en caliente, el happening cuestionado. La pregunta que debemos resolver es: ¿acierta Rickenmann cuando nos sugiere que la performancia de Bruguera fue una representación teatral neorrealista para mostrar cómo funciona nuestro país? Mientras una parte del país está en guerra, la otra mitad se encoje de hombros y se pone a meter perica. ¿En verdad estamos tan ciegos que no vemos esta realidad? Yo, ingenuamente, me resisto a creerlo. Por supuesto, sin desconocer el consumo de drogas ilícitas, de todo tipo, lo cual acontece urbi et orbi por cuenta de la mano invisible.

¿Teatro, Performance, Happening, Acción? ¿De todo un poco? ¿De qué se trata la modalidad de expresión escogida por la señora Bruguera para Bogotá? ¿De qué hablamos cuando hablamos de perfomancia? ¿De realizar cualquier cosa en público y de cualquier manera, sin restricciones éticas? Es cierto que en las performancias el artista debe improvisar para poder incorporar las respuestas de la audiencia, pero, no obstante, la improvisación artística es, paradójicamente, no debemos olvidarlo, la modalidad más rigurosa de creación. Otra cosa es chapucear para divertir a la aristocracia comercial que gobierna nuestra época y nuestros Institutos. Razón tiene Fernando Pertuz, al haber reformulado sus ideas sobre la performancia. Quería suprimir la idea gratuita de que el performancista es un payaso: un bufón del rey. (El Hemisférico ha eclipsado, injustamente, aunque por el momento, su propuesta en el Luis Caballero). Esperamos, entonces, que la performancia artística no sea un comodín para justificar cualquier actividad que dé de que hablar, sólo por chatear.

Iván, su idea respecto a que los comentarios hacen parte de la performancia no aporta mucho a la discusión y no alcanzan a reivindicar la propuesta de la señora Bruguera en Bogotá. ¿Quiere decir de la misma manera que la crítica de arte complementa otras modalidades de expresión? Si es así tendríamos que decir que todas las modalidades artísticas que reseña la historia del arte son performancia, lo cual me parece reductor. Estamos seguros que realizar una performancia artística no es manipular cualquier cosa. ¿O, es precisamente este su encanto para muchos artistas contemporáneos? No creo que el facilismo sea su atractivo.

Iván, estoy tentado a compartir con usted la idea de la mitad en guerra y la otra mitad metiendo perica, pero lo que estamos discutiendo ahora son los límites que nos impone la responsabilidad pública, la ética en nuestras acciones, cuya carencia afecta tanto a nuestro país. Esta es una lucha silenciosa que muchos artistas contemporáneos en Colombia están dando. La he llamado sacar la Ética del closet de la Estética. Otra cosa son los asuntos privados. La distribución o consumo de cocaína en un contexto privado es otro asunto. Lo que algunos hemos criticado respecto del happening de la señora Bruguera en Bogotá, es la falta de rigor en la concepción de su improvisación, el no haber tenido en cuenta la especificidad de nuestro contexto. Con seguridad, esta experiencia en Bogotá le servirá a la señora Bruguera para mejorar la culminación de su saga. Recordará con agradecimiento que Colombia no es el Templo de la Perdición, ni ella Indiana Jones.


3 comentarios on “La saga de Bruguera en Bogotá”

  1. traplev dice:

    Tengo tentado acompanhar la discussión en volta de la “performance con la coca y los personajes del conflicto” aqui en esfera publica, desde fuera de Colômbia (en Brasil) y me quedo muy sorpreso por la intensa y dinamica discussión – la critica – a cerca de una peça artística. concordo con las ultimas opiniones, que lo tiempo esta haciendo perceber un poco mas de lejos o que se sucedió en la Universidad para el evento de Performance. De alguna forma, por malo o por bien creo que algo se desarollo en esta acción “perica”. Y las discussiones acá en eferapública son un bueno reflexo de una análise dinâmica y colectiva de la crítica como se disse “polifônica” por Peñuela, que se evidencia positivamente, a meu ver.
    Creo también que esta discussión ya se translado y la análisis se pluralizó (o que es muy bueno!), de su instancia inicial por una artista que simplesmente – como descreven las criticas – reproduziu exactamente o que la prensa y la “información de devoración” “loopa” todo tiempo por todos los continentes. Me gusto de pensar lo que ocorrió por este nível de interpretación.
    Esta otra mirada por la acción, performance, chiste, o reprodución de lo óbvio o todavia otras denominaciones que van a llegar, me hace perceber la nueva forma que se queda y cada vez más se firma en nuestro tiempo (y que se diferencia demás mismo de la crítica de antigamente que era realizada en cualquier país) que contribui mucho para una plataforma misma de discussión viva que hace la participación general y, no uno entendimiento, pero várias possibilidades que hacen siempre rememorar la intensividad del tiempo.

  2. A nosotros, los investigadores en arte, nos resulta muy difícil escribir. Sometidos al rigor que requiere la investigación en ciencias humanas hemos aprendido lo difícil que es redactar un solo párrafo que transmita ideas nítidas y apreciables. Todo aquel que este acostumbrado a circular por las bibliotecas así como por las vías honestas del pensamiento humano sabe que elaborar una sola idea propia a veces es cuestión de toda una vida.

    Lo mismo ocurre con cualquier profesión que requiere dedicación, paciencia y trabajo. De ello es consciente el pintor, el cineasta, el dibujante de comics. Los artistas y escritores honestos, serios y creativos saben que pasan sus días en actividades en las que es sumamente difícil alcanzar un mínimo grado de calidad.

    Para el que conjuga la investigación y la práctica artística es ofensivo que hoy se valoren actos como el de Tania Bruguera, en la Universidad Nacional de Colombia y que estos se hagan pasar como trabajos artísticos. Que se valoren episodios de desprecio hacia nuestra profesión ofende a los que elegimos el difícil camino de trabajar en artes plásticas.

    Sobre las opiniones, reflexiones y textos pseudo – teóricos o pseudo – académicos en defensa de la propuesta de la artista, hay que valorarlos en su justa medida. En la mayoría son escritos por estudiantes y profesores de arte que es claro que no conocen lo que es realizar una investigación en artes plásticas.


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