retratos de poder

The New Yorker

Pictures of power

*Para quienes leen las imágenes: Qaddafi, Mugabe, Uribe, Ahmadinejad, Berlusconi, Chavez, Evo, Oscar Arias…

(enviado por Mauricio Cruz)


4 comentarios on “retratos de poder”

  1. Juan Bernadó dice:

    El bueno (Fondo blando), el malo (Fondo negro) y el feo (fondo gris).

    No sé si la cosa sea tan obvia, pero no deja de ser curioso que tres “malos” tengan el mismo fondo. Y que algunos de izquierda estén en fondo gris. ¿Verdad?

  2. mauricio cruz dice:

    Su lectura de ‘buenos’ y ‘malos’, Juan, no deja de ser una distorsión confesional; cada cual ve lo que tiene en la cabeza. Lo que yo veo es gente importante mostrándole su rostro a un artista. Y ahí es donde comienzan las sutilezas, pues la precisión implacable de cada detalle esquiva y reajusta cualquier intención de verbalizar. O si no, cuál es la gracia que tiene la fotografía?

  3. Juan Bernadó dice:

    Claro, Solo vemos lo que comprendemos, así ver y entender forma parte del mismo proceso, es verdad. Entiendo que la gracia de la fotografía está en que es un detonante de sentidos, incluidos los intentos de verbalizar las ideas que propicia o las distorsiones confesionales.

    La imagen, cualquiera que sea, adquiere su valor cuando estimula el movimiento de la mente, hacia las múltiples lecturas posibles. La que enmarco con el título de la película de Clint Eastwood, forma parte de la lectura popular del carácter de los jefes de estado. Comprendo que los niveles de lectura abarcan multitud de estratos posibles, color, raza, formas, modos de sonreír o de mirar la cámara del artista. Para mí, En el fondo todos son iguales, las diferencias son sutilezas aparentes. Para confirmar esto, sirve la fotografía. O no?

  4. Ivan Rickenmann dice:

    Ninguna buena obra carece de intención.
    Al igual que ninguna obra fallida.
    La obra buena, toma forma al rato.
    La obra fallida, más rápido aún.
    Pero la obra buena, al final, nos confunde.
    Y eso es lo que le da presencia.
    La obra fallida, en cambio, no produce nada.
    Se entiende, simplemente.
    Entender, es el error.
    Y, en ese error, cae muy seguido el artista. Y el observador también.

    Ivan Rickenmann


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