El Inmenso Poder del Sinpoder Absoluto

Gustavo Buntinx vuelve a postear sobre el caso de Yoani Sánchez luego de que, en un acto tan cobarde como el anterior, su esposo fuera también amedrentado en el espacio público. Como se comentó algunos días atrás la propia Yoani fue secuestrada y golpeada por mantener un espacio de discusión independiente y crítico con el régimen a través de su blog Generación Y.Reproduzco el post de Buntinx en su integridad.

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El Inmenso Poder del Sinpoder Absoluto: Una Solitaria Bloguera Desestabiliza a la Dictadura Cubana

Impresionante: la dictadura cubana no encontró mejor manera de responder al solitario reto de una discusión verbal en la vía pública que movilizando a sus propias organizaciones regimentadas para hostigar al disidente y reprimir cualquier posibilidad de intercambio libre o de debate.

Resumen: el 6 de noviembre, casi a vísperas del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, la bloguera cubana Yoani Sánchez fue brevemente secuestrada y golpeada por presuntos agentes encubiertos del régimen, en represalia aparente por el contenido crítico de sus comunicaciones electrónicas y en circunstancias en que se dirigía a una manifestación por la paz y la libertad de opinión (causas “contrarrevolucionarias” para el paraíso socialista). Como respuesta no violentas a esa agresión, informa el periódico español El País, Orlando Escobar, esposo de Yoani, “retó a un ‘duelo verbal’ al seguroso que golpeo a su mujer, un tal ‘agente Rodney’. La cita era el 20 de noviembre a las 17.00 en la misma esquina de la ciudad [en que Yoani fue agredida], pero días antes fue convocado en el lugar un Festival Universitario del Libro y la Lectura. La cosa acabó como se sabe”: es decir, con el espacio público bloqueado por cientos de secuaces del gobierno “que zarandearon al bloguero con saña e impunidad”. Orlando Escobar, dicho sea de paso, es un hombre mayor que frisa ya los 62 años de edad.

Cuelgo abajo el video que registra parte de esos hechos. Particularmente revelador y patético allí es el lema coreado con insistencia por los agitadores oficiales: “esta calle es de Fidel”. ¿Para convertir a un país entero en propiedad de un caudillo vitalicio (y de una dinastía familiar) es que se brindaron tan heroicamente tantas vidas ejemplares? La ilusión y la promesa revolucionarias parecieran hoy encarnarse más bien en quienes, como Yoani y su esposo Orlando, enfrentan desde la precariedad total a un poder totalitario que ni siquiera admite la posibilidad de una confrontación de palabras. Cualquiera sea el emblema bajo el que se justifiquen esas opresiones ellas identificarán siempre a un sistema fascista.

Fascista: atención a la otra, torpísima, consigna voceada a gritos por el capataz de esa manifestación “espontánea”: “con este muro no van a acabar”, en alusión evidente al Muro de Berlín cuya caída por la presión popular de las masas alemanas es una de grandes gestas liberadoras de nuestros tiempos. Bien podrían vociferar “vivan las cadenas”.

Reitero la inquietud planteada en mi post del 11 de noviembre sobre el tema: ¿cuántos de los que hoy reclaman una transformación progresista en nuestras sociedades tolerarían no poder publicar siquiera un fanzine propio, no poder mantener sin graves costos y riesgos personales un blog crítico, no poder optar por más de una opción partidaria al momento de elegir y ser elegidos? Aunque se multiplican las respuestas personales a ese requerimiento, pocas de ellas optan por hacerse públicas. Destaco ahora la intervención de Miguel López, publicada el 14 de noviembre en su bitácora Arte Nuevo.

Estas y otras actitudes me despiertan la fantasía romántica de una nueva y distinta revolución en la revolución, por utilizar la frase de Régis Debray subvertida en el título del post mío anteriormente mencionado: una red crítica en la web que efectivamente contribuya a terminar con esta y otras tiranías que hoy tergiversan y empantanan las luchas legítimas por la emancipación y la ciudadanía total en América Latina. Hay un enorme aliento para ello en ejemplos como el de Yoani: la serena rebeldía de una cubana infinitamente débil, radicalmente digna, provoca el temblor y la agitación del aparato estatal en toda su omnipotencia y dogmatismo.

El inmenso poder del sinpoder absoluto.

Gustavo buntix

http://www.youtube.com/v/8xRc2Q-z_PA&hl=es_ES&fs=1&

Publicado por Arte Nuevo


Forjadores de Belleza

La encuesta de artistas en la recta final

Museo Arte Erótico Americano MaReA y Con-Fabulación Periódico Virtual

A dos semanas de culminar la gran encuesta que busca determinar los 33 artistas plásticos de la historia colombiana, hemos recibido 287 listas, provenientes de todas las regiones del país y que representan las distintas sensibilidades estéticas y puntos de mira. Ya se hacen sumas y restas sobre la identidad de estos forjadores de belleza que trabajaron en distintas épocas y han logrado cruzar, sigilosos y arteros, las aduanas que imponen los años.

Esperamos las listas de quienes aún no han enviado la selección de sus 10 artistas plásticos preferidos.

ASÍ VA LA ENCUESTA:

1) Alejandro Obregón

2) Luis Caballero

3) Fernando Botero

4) Débora Arango

5) Ángel Loochkartt

6) Andrés de Santa María

7) Leonel Góngora

8) Eduardo Ramírez Villamizar

9) Edgar Negret

10) Armando Villegas

11) Juan Antonio Roda

12) Darío Morales

13) Epifanio Garay

14) Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos

15) David Manzur

16) Enrique Grau

17) Rodrigo Arenas Betancourt

18) Omar Rayo

19) Jim Amaral

20) Pedro Alcántara Herrán

21) Gonzalo Ariza

22) Guillermo Wiedemann

23) Carlos Granada

24) Pedro Nel Gómez

25) Fernando Maldonado
26) Ricardo Acevedo Bernal

27) Doris Salcedo

28) Ignacio Gómez Jaramillo

29) Santiago Cárdenas

30) Oscar Muñoz

31) Carlos Rojas

32) Heriberto Cogollo

33) Miguel Ángel Rojas

Con cuantiosa votación y muy próximos a clasificar entre los 33 elegidos se encuentran: María Teresa Hincapié, Olga de Amaral, Lucy Tejada, Álvaro Barrios, Feliza Bursztyn, Darío Ortiz, Gregorio Cuartas, Ricardo Borrero Álvarez, Manuel Hernández, Lorenzo Jaramillo, Germán Londoño, Juan Cárdenas, Augusto Rivera, Alfredo Araújo Santoyo, Eduardo Esparza. Nicolás de la Hoz.

A CONTINUACIÓN UNA SELECCIÓN DE LAS NUMEROSAS LISTAS RECIBIDAS DURANTE LA ÚLTIMA SEMANA

Armando Villegas (pintor y escultor colombiano)

1) Alejandro Obregón. 2) Guillermo Wiedemann. 3) Eduardo Ramírez Villamizar. 4) Guillermo Silva Santamaría. 5) Edgar Negret. 6) Leonel Góngora. 7) Pedro Alcántara Herrán. 8) Lucy Tejada. 9) Ángel Loochkartt. 10) Antonio Samudio

Álvaro Suescún Toledo (Crítico de Arte, investigador cultural).

1) Gustavo Zalamea. 2) Orlando Rivera (Figurita). 3) Leonel Góngora. 4) Ángel Loochkartt. 5) Pedro Alcántara. 6) Alejandro Obregón. 7) Rodrigo Arenas Betancourt. 8) Omar Rayo. 9) Grupo El Sindicato. 10) Cecilia Porras.

Piedad Contreras (Pintora y publicista colombiana, BArcelona).

1) Fernando Botero. 2) Lorenzo Jaramillo. 3) Saturnino Ramírez. 4) Manolo Colmenares. 5) Feliza Bursztyn. 6) Eduardo Esparza. 7) Carlos Rojas. 8) Guillermo Wiedemann. 9) Enrique Grau. 10) Maripaz Jaramillo

Luis Javier Ochoa (Pintor Colombiano, París)

1) Fernando Botero. 2) Alejandro Obregón. 3) Enrique Grau. 4) Gregorio Vásquez Arce y Ceballos. 5) Andrés de Santa María. 6) Epifanio Garay. 7) Luis Caballero. 8) Eduardo Ramírez Villamizar. 9) Rogelio Salmona. 10) Juan Antonio Roda.

Manuel Jiménez (Profesor universitario de arte)

1) Leonel Góngora. 2) Fernando Botero. 3) Nicolás de la Hoz. 4) Pedro Nel Gómez. 5) Luciano Jaramillo. 6) Heriberto Cogollo. 7) Juan Cárdenas. 8) Jim Amaral. 9) Pedro Alcántara Herrán. 10) Gonzalo Ariza.

Jorge Consuegra (escritor y periodista colombiano)

1) Luis Caballero. 2) Epifanio Garay. 3) Edgar Negret. 4) Gustavo Zalamea. 5) David Consuegra. 6) Darío Morales. 7) Limberto Tarriba. 8) Alejandro Obregón. 9) David Manzur. 10) Omar Rayo.

Carlos Fajardo Fajardo (Escritor y crítico de arte)
1) Luís Caballero. 2) Alejandro Obregón. 3) Débora Arango. 4) Lucy Tejada. 5) Augusto Rivera. 6) Juan Antonio Roda. 7) Pedro Alcántara Herrán. 8) Walter Tello. 9) Eduardo Esparza. 10) Augusto Rendón.



Amalia Sánchez Ardila (escultora)
1) Rodrigo Arenas Betancourt. 2) Jim Amaral. 3) Edgar Negret. 4) Eduardo Ramírez Villamizar. 5) Manolo Colmenares. 6) Feliza Bursztyn. 7) Guillermo Wiedemann. 8) Carlos Granada. 9) Ignacio Gómez Jaramillo. 10) Juan Cárdenas.

Elías Zambrano Ortiz (arquitecto)
1) Leonel Góngora. 2) Fernando Botero. 3) Enrique Grau. 4) Edgar Negret. 5) Alejandro Obregón. 6) David Manzur. 7) Ricardo Borrero. 8) Leopoldo Richter. 9) Rogelio Salmona. 10) Armando Villegas.

Humberto Cuan

1) Luis Caballero. 2) Débora Arango. 3) Andrés de Santa María. 4) Epifanio Garay.
5) Alejandro Obregón. 6) Humberto Cuan. 7) Darío Morales. 8) Juan Antonio Roda. 9) Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. 10) Lorenzo Jaramillo.

Elisa Piedrahíta (Socióloga)

1) Guillermo Wiedemann. 2) Alejandro Obregón. 3) Armando Villegas. 4) Ignacio Gómez Jaramillo. 5) Luis Caballero. 6) Darío Morales. 7) Alfredo Araújo Santoyo. 8) Doris Salcedo. 9) Hernán Díaz. 10) Rodrigo Arenas Betancourt.

Mauricio Sotomayor (Profesor de Ciencias Sociales UIS)

1) Alejandro Obregón. 2) Fernando Botero. 3) Edgar Negret. 4) Luis Caballero. 5) Darío Ortíz. 6) Lorenzo Jaramillo. 7) Augusto Rendón. 8) Alfredo Vivero. 9) Hernán Díaz. 10) Fabiana Peña.

Héctor De Francisco (Médico)

1) Leonel Góngora. 2) Pedro Alcántara Herrán. 3) Omar Rayo. 4) Carlos Tulio Suárez. 5) Elma Pignaloza. 6) Pedro de Lugo Albarracín. 7) Epifanio Garay. 8) Darío Ortiz. 9) Hernán Díaz. 10) Fabiana Peña.

Horacio Martínez Guerrero (Profesor y anarquista)

1) Alejandro Obregón. 2) Débora Arango. 3) Pedro Alcántara. 4) Jorge Mantilla Caballero. 5) Jorge Elías Triana. 6) Carlos Granada. 7) Ángel Loochkartt. 8) Leonel Góngora. 10) Nereo López

(enviado a esferapública por Lucas Ospina)


Arte fuera del mercado ¿Sostenimiento o disidencia?

Propuestas que escapan, flirtean, juegan o se amotinan frente a lo establecido

El mercado en el sur del sur tiene sus propias reglas. La idea de innovación, mezclada con cierta “calidad” y base conceptual, parece ser la base para el mercado del arte contemporáneo. Al mismo tiempo, un número importante de plataformas y proyectos decide buscarse la vida por otros derroteros y marcar sus propias reglas del juego.

En el sur del sur la idea de mercado es una estructura vulnerable y con un sentido hacia el vaciamiento particular. “Nuestro” mercado no funciona de ninguna manera en forma similar al que se conoce en Europa o América del Norte; las variables son diversas: prima mucho el canje como moneda ficticia de relación, los precios suelen ser de diez a seis veces menores que en los otros continentes y el cash escasea para poder ejecutar propuestas.

Dentro de estos parámetros la idea de mercadotecnia cultural es bastante disímil. No es mi intención hacer un análisis económico sobre los bienes culturales y sus capacidades económicas, ya que no soy economista, pero sí puedo dar cuenta de cómo las producciones artísticas juegan una suerte de brecha de supuesta negación al mercado conocido como tal.

El bien mas preciado por estas tierras es la idea innovadora, si eso se logra puede ser que exista una venta. El arte tradicional circula en los canales que todos conocemos y aunque la crisis mundial se encuentra muy dura es, en realidad, el menos lastimado al respecto. El arte contemporáneo las está pasando rojas en relación a sus favorables lugares de antaño.

¿Qué es una propuesta innovadora en el sur del sur? Es una suerte de ejercicio intelectual artístico que mezcle en una batidora (sin estropear los componentes del todo) efectividad técnica y concepto inteligente. Así, por ejemplo hizo brecha en Argentina el Club del Dibujo, una suerte de des-institución que lo que pretendía – hoy grandemente logrado – era que el mundo del arte se acordase que el dibujo existió siempre y que es necesario “no olvidar” lo importante que es él en el arte. El club es eso, un grupo de gente que le gusta lo mismo, que intercambia sus producciones, que pone mesas o pizarras en cualquier lugar y se lanza a dibujar. (http://clubdeldibujo.wordpress.com)

Acompañando el no mercado siempre se encontró la Revista Ramona, que cuando el árido campo del arte local no tenía donde pensar, ni escribir, ni nada, propuso hacer una revista sin imágenes y con solo contenido letrado para avivar las intensas llamas internas del pensamiento crítico. (http://www.ramona.org.ar)

Al frente de estos dos proyectos, dos artistas, el Club la tiene de madre a Claudia del Río y Ramonita tiene dos padres, el vanguardista Roberto Jacoby y el coleccionista incentivador de artistas Gustavo Bruzzone. Y tenemos más casos: Germina Campos en la ciudad de Santa Fe, ciudad patricia si las hay en este país, tuvo la osadía de producir un grupo de artistas y gestores contemporáneos (http://www.germinacampos.com.ar) En un lado mas bizarro crítico el grupo de arte Chimbolo se ríe todo el tiempo de todo, del arte culto versus el popular, de los premios, del mercado, de ellos mismos, de todo. (http://artechimbolo.blogspot.com) Estos grupos de artistas o ideas de artísticas son solo un ejemplo de construcción de campo cultural fuera del mercado. Lo analizable de la relación de estas producciones con el mundo del capital es pensar cuáles de ellas son de alta calidad estética porque no están directamente en el mercado, o sí al estar un tiempo fuera de él éste mismo las ha incluido para debilitarlas.

Es decir, si una producción artística o un colectivo de productores se reúnen con una buena idea de arte y comienza a ejecutarla, inmediatamente el mercado del sur del sur, que ama la idea de cualquier producción “nueva” ejecuta la sentencia de incluirlos y eso puede llegar a debilitarlos o, en algunos casos, fortalecerlos.

En el caso del Club del dibujo, el mercado paralelo del cono sur los ha beneficiado difundiendo la actividad, vendiendo obra de pequeño formato y construyendo una amplia red de intercambio. En cuanto a la Revista Ramona, que es un caso más complejo de analizar, el mercado presionó sobre ella demandándole muchas veces más de lo que los editores pretendían consiguiendo que la publicación haya decidido terminar.

Ramona acabó convirtiéndose en un monstruo necesario de consultar, varió su génesis desde escritos de artistas hacia artículos de especialistas o números especiales temáticos. Su creador (Jacoby), que además de artista es sociólogo siempre ha generado proyectos inclusivos y cuando el mercado los ha succionado, con una gran inteligencia decide terminarlos (otro caso del mismo autor es el Proyecto Venus).

En cuanto a Germina Campos o Arte Chimbolo son grupos de menor trayectoria en relación a lo temporal, lo cual les permite bucear y divertirse más dentro de las difíciles reglas del mercado. Estar supuestamente fuera del mercado genera una tensión crítica para poder analizar la relación entre estar de acuerdo con él o disentir.

Recordando la teoría de Bourdieu me pregunto si es realmente posible estar fuera del mercado, ya que cualquier actor del mismo genera tensiones o relaciones que pueden debilitarlo o acrecentarlo. Sabemos que vivimos en un mundo de relaciones, ellas son indiscutibles. O, como dice un crítico argentino: hay que desconfiar de Bourdieu, porque es una teoría que explica demasiado todo el campo del arte.

A la producción artística del sur del sur el mercado comúnmente conocido casi la tiene sin cuidado, ya que para ella es un fantasma de ferias internacionales o de galerías muy instituidas. En el sur del sur, la sangre productiva busca sus canales y siempre los encuentra, después de eso el mercado hace de las suyas.

Marcela Römer
http://www.a-desk.org/spip/spip.php?article414


contra el goce

ENTREVISTA: SLAVOJ ZIZEK

Candidato a presidente por Eslovenia y pensador de renombre mundial, Zizek critica el dictamen social que impone al individuo la “obligación de disfrutar.”

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(Zizek con su joven esposa)

A 20 años de la recuperación de la democracia en la Argentina, se afianzaron las libertades, pero la mitad del país se hundió en la pobreza. Este contraste no es sólo local ¿A qué atribuye esta tensión contemporánea entre libertad e igualdad?

— Si lo que entendemos por democracia es su variante liberal, hoy dominante, la triste conclusión es que en general está produciendo mayor desigualdad. Las razones son complejas. Tras la desaparición de la izquierda como fuerza política que pretendía un cambio de sistema social surgió una nueva izquierda, que en Europa se denominó “tercera vía” (con Blair, Schröeder y otros). Irónicamente, se basa en lo siguiente: el capitalismo ganó, por eso no nos tenemos que meter con la economía. Recuerdo que en una época se hablaba del socialismo con rostro humano; ellos ofrecen un capitalismo con rostro humano. Dicen que pueden mejorar la salud, por ejemplo, sin perturbar el funcionamiento del mercado. Esta nueva izquierda es la que mejor representa los intereses del conjunto del capitalismo. En contraste, y para decirlo de manera tosca pero cierta, por lo común la nueva derecha sólo representa los intereses de ciertos sectores del capital. En EE.UU. es evidente que Clinton fue mejor vocero del interés general del capitalismo que los republicanos, quienes están mucho más vinculados a ciertas industrias de visión mas conservadora. Aunque para llegar al poder estos conservadores deben también apelar a algunos sectores de los trabajadores; “vamos a proteger a nuestros obreros, al trabajo nacional contra los inmigrantes”. Esta es actualmente la primera gran paradoja. En la segunda paradoja ustedes, los argentinos, no son una excepción sino la regla. La democracia, para volverse popular, tuvo que flirtear un poco con cierta forma de populismo autoritario. Esta fue la experiencia que ustedes tuvieron hace medio siglo con Perón. Si se quiere ir un poco más allá en las reivindicaciones populistas, incluso cuando sean apenas demágogicas, surge de inmediato una tensión con la democracia liberal. Creo que el mundo está llegando de nuevo a esa situación. Ya logramos la democracia liberal estándar, pero esto no conduce de manera automática a una mayor igualdad. Desde una mirada histórica, pareciera que las reivindicaciones sociales —un mejor sistema de salud y demás— se conquistaron de un modo algo más violento y muy raramente mediante la formas normales de la democracia. Esto no descarta a la democracia. Sólo quiero señalar que, para mí, la experiencia latinoamericana es crucial, y que la igualdad no es un componente esencial del proyecto liberal de democracia, como lo es, por ejemplo, la libertad individual.

En el socialismo real, según escribió usted, el ideal era la construcción de un “hombre nuevo”, pero quienes creyeron honestamente en él terminaron siendo considerados como individuos peligrosos por el sistema, que en realidad exigía ciudadanos complacientes.

— Claro. Hay gente que cree que en este sentido el socialismo fue un enorme fracaso. Nadie se tomó en serio el verdadero propósito. No fue un fracaso: verdaderamente querían eso. Eslovenia es un pequeño país, una especie de pueblo grande donde nos conocemos todos. Dos o tres personas próximas a mí perdieron su trabajo en el comité central del partido por tomarse demasiado en serio el ideal de “hombre nuevo”.

¿Y cuál sería el ideal humano que corresponde a nuestra democracia liberal y a su cultura posmoderna? ¿Y qué es lo que se pretende con ese ideal?

— Está muy de moda decir que la desintegración del comunismo en 1989 significó el fin de la utopía y el ingreso a un mundo “post-ideológico”. Sin embargo, los años 90 señalaron el surgimiento de una auténtica utopía. Con el capitalismo liberal ya tenían la fórmula. Todo lo que necesitaban entonces era difundir una actitud posmoderna: nada de identidades fijas. Esa fue la utopía. Si el 11 de setiembre de 2001 tiene un significado simbólico, es justamente el de marcar el final de esta utopía. De manera que, para mí, la verdadera utopía fue la de los años 90. Teníamos todas las respuestas. Debíamos olvidar la revolución porque vivíamos en el mejor sistema posible. Lo que nos hacía falta era más tolerancia, multiculturalismo, libertad sexual. Esto terminó el 11 de setiembre. Pero hay otro aspecto importante. Muchos izquierdistas, bajo la influencia del posmodernismo, piensan que estos valores —multiplicidad, libertad para elegir y reinventarnos a nosotros mismos— constituyen actitudes subversivas y revolucionarias, como si el poder defendiera aún valores conservadores.

¿Y no es verdad?

— No. Para decirlo de una manera pasada de moda, todos esos valores posmodernos son los de la ideología dominante: olvídate de los viejos objetivos políticos, ahora eres libre de dedicar tu vida al sólo propósito de realizarte a todo nivel, desde llenarte de dinero hasta hacer el amor más seguido, pero también en un sentido espiritual. Miremos un poco hacia el campo del arte: ¿Adónde quedaron aquellos buenos tiempos en que el arte oficial era conservador y la vanguardia se dedicaba a provocar a la gente? En la colección Saatchi de Londres, que integra el circuito cultural establecido, se pueden ver obras perturbadoras como videos de colonoscopías, mierda, lo que se nos ocurra. Mi ejemplo preferido es el de esa pequeña ciudad estadounidense, cuyo nombre no recuerdo, donde domina una izquierda que defiende esa idea de potenciar todo tipo de deseos personales. ¿Es que acaso los necrófilos no son víctimas de una clara marginación? ¿No es nuestro deber como sociedad facilitarles ciertos cuerpos para su placer? Esta es una falsa permisividad en mi opinión. Falsa en dos niveles. Primero, resulta evidente que en nuestra vida personal somos libres de hacer lo que nos venga en gana, pero ¿qué decisiones son las que realmente importan?

¿Y cuáles son?

— Por ejemplo, si tratamos de nacionalizar un banco descargarán sobre nosotros los peores insultos: populistas, comunistas, es decir que no serán tan permisivos en ese plano. Segundo, ¿no hay acaso en esta supuesta permisividad un mandato oculto proveniente de lo que en psicoanálisis llamamos el “super yo”? Se trata de una verdadera obligación: “¡debes gozar!”. Se impone la diversión, porque de lo contrario nos sentimos culpables. Es como una moral kantiana al revés. En otros tiempos la obligación moral era llevar una vida “decente”. Si traicionabas a tu esposa, te sentías culpable por buscar el placer. Ahora se trata de lo contrario, si no buscas el placer, si no estás dispuesto a gozar, te sientes culpable. Y no estoy hablando de una hipótesis abstracta. Me encuentro todo el tiempo con psicoanalistas que me dicen que ésa es la razón por la cual la gente acude a la consulta. Se sienten culpables de no gozar lo suficiente. La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: “gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar”. La paradoja de la sociedad permisiva es que nos regula como nunca antes. Yo no confío en esa idea liberal según la cual el Estado fue superado por el mercado, por las grandes compañías. Nunca antes un aparato estatal fue más fuerte ni tuvo un control más absoluto sobre su propia población que el de EE.UU. hoy. No digo que sea tan malo como el estalinismo, sino que dispone de nuevas tecnologías. ¿Sabe cuál era el problema del estalinismo? Aplicaban un terror ciego porque el gran trauma de los dirigentes era que no sabían lo que estaba pasando, no lo podían controlar todo. De allí la demanda por encontrar traidores y hacer purgas todo el tiempo. Se hallaban en pánico permanente; en los años 1930 se encontraban en medio del caos total y por eso aplicaban el terror arbitrario. No hay necesidad de algo así en EE.UU., porque saben qué está pasando. Encuentro un poco ridículo todo ese discurso sobre la desaparición del Estado. Desde luego que desaparecen algunos servicios, como el de salud por ejemplo, pero el aparato represivo, la inteligencia, la policía son más fuertes que nunca.

Enviado por Mauricio Cruz
http://fedebillie.blogspot.com/2006/10/entrevista-zizek.html


Dos caricaturas (tan efímeras como los hechos)

Cuenta Beatriz González en su ensayo Visiones paródicas: risas, demonios, jocosidades y caricaturas que la palabra caricatura fue impresa por primera vez después de la muerte de su inventor, Annibale Carracci (1560-1609). González muestra como Carracci y sus hermanos después de trabajar arduamente en las imágenes que les exigía el arte por encargo que le hacían a la causa de la Contrarreforma, usaban su tiempo libre para salir a la calle a dibujar las figuras que veían en la esfera pública. Carracci encontraba gran motivo de placer en los dibujos ociosos que rayaba, todos esos mamarrachos en que las figuras sufrían una “alteración de su forma por medio de la acumulación de defectos, sin quitar nada de su parecido”.


González menciona que la raíz de la palabra caricatura en italiano es “caricare”, es decir “cargar”, y reflexiona “¿Qué se carga? Se carga la fealdad sobre la belleza.”. A la vez, en su ensayo hace un recorrido por la caricatura en Colombia para terminar con tono escéptico en una pérdida de fe en la acción que ejerce este medio sobre la opinión pública; cita a Adolfo Samper, que enfrentó al poder conservador en la década de 1940 y que consideró que esta expresión gráfica era “tan efímera como los hechos”. Para probar la convivencia actual donde a gran parte de la fauna del poder no le importa copular abiertamente con el descaro, González menciona el caso de un político colombiano al que le preguntaron, “¿Qué es lo que más falta le va a hacer del poder?” y contestó sin titubear: “Las caricaturas de Osuna”.


Sobre Osuna no solo se pronuncian políticos, también lo hacen otro tipo de personajes, por ejemplo, el editorialista y columnista de El Tiempo, Enrique Santos, en la última edición de la Revista Credencial, que incluye un especial sobre el caricaturista, dice: “Osuna me dibuja muy bien, pero muy feo. En realidad nunca me ha molestado: hay que entender que los caricaturistas son por esencia malévolos y vergajos. Él es el mejor y mordaz, aunque a veces es demasiado sutil. Hay que estar tan informado como él para entenderlo mejor”. A Santos le importa si lo dibujan feo, que se cargue de fealdad su “belleza”, tal vez por eso, en alguna entrevista, otro caricaturista, Antonio Caballero, definió a este periodista como “un tipo muy inteligente y muy frívolo”.

Santos también tiene algo de razón al decir que Osuna es demasiado sutil, sus caricaturas, además de ser una causa de placer, son cápsulas de información que requieren algo de contexto para ser entendidas; pero tampoco son jeroglíficos, basta con hojear los dos libros antológicos de Osuna y leer las breves leyendas que acompañan sus “rasgos y rasguños” para tener un panorama completo de la historia de Colombia desde 1954 hasta la actualidad; no sobra, si se quiere tener un visión del siglo XX, empatar el ejercicio de Osuna con el de otros caricaturístas, en especial con el de Ricardo Rendón cuyas obras han sido bien compiladas en la antología hecha por Germán Colmenares titulada “Ricardo Rendón, una fuente para la historia de la opinión pública”.

Hay que ver la historia a partir de la mirada de los caricaturistas, la importancia de esta óptica radica en que la caricatura “carga” la historia de manera diferente a como lo hace el periodismo y la academia. Cuando Colmenares se refiere a “opinión pública” señala el origen de donde brotan las ideas a las que da forma la caricatura: usa como material desde los comentarios “malévolos y vergajos” hasta el aspecto físico de los protagonistas; el académico y el periodista no pueden hacer uso de estas fuentes públicas, de hacerlo deberán responder ante la ley por injuria, ante sus pares por falta de rigor y sus señalamientos serán clasificados como “ataques personales”. Pero es precisamente este el espacio donde actúa la caricatura que por vía del arte —del dibujo y la literatura— adopta una forma bufonesca para cargar de fealdad la belleza del retrato oficial. La caricatura usa anécdotas y figuras para hacer visible un situación crítica, general, pero furtiva, es por eso que años después de sucedido un incidente la exposición de los hechos hecha por un buen caricaturista resultará fundamental para contar todo aquello que el informe periodístico y el tratado académico omitieron. Detalles que, por carecer de fundamento o que por corrección y coacción política se quedaron por fuera la historia, son convertidos por el caricaturista en íconos que permanecen, monumentos al ridículo que reciben primero una ofrenda repetida, la risa, y que luego de este jovial anzuelo pueden ser leídas a contrapelo para esculcar en la gaveta de la historia lo que se quedó por decir. La caricatura, en estos casos, es la venganza de la verdad.

Para la muestra dos caricaturas de Osuna, tan efímeras como los hechos:

1.
La libertad de impresión

14 de octubre de 2009

José Obdulio Gaviría  azuza a Roberto Pombo, editor de El Tiempo, para que despida del periódico a la columnista Claudia López. El señor Gaviria, en su columna “Quien les va a creer”, publicada en ese mismo periódico el día miércoles 16 de septiembre, lo había pedido: “¿Por qué, para hablar de EL TIEMPO de ayer, por ejemplo, una señora cuya sabiduría es repetir agravios, tiene espacio preferencial semanal, mientras que Saúl Hernández, un analista que roza la genialidad, sólo merece espacio marginal y quincenal?”. Su sugerencia fue oída y dos semanas después se hizo efectiva con una nota de la dirección, añadida al final de la columna de López, en la que le comunicaban su despido. Es importante señalar que uno de los argumentos de Pombo para despedir a la columnista fue que las afirmaciones López en su última columna eran “falsas, malintencionadas y calumniosas” y que descalificaban el trabajo periodístico de esa casa editorial. También, en una carta dirigida a López, con un tono sentido, como de bolero, Pombo le escribió lo siguiente: “…a mi juicio, tu columna no fue una crítica al manejo que le dio El Tiempo a determinada información ni una invitación a reflexionar sobre los conflictos de interés. Fue una bárbara descalificación ética de todos los periodistas que trabajamos aquí, redactores y directivos, bajo el señalamiento reiterado de fabricar información con el fin de obtener beneficios políticos para algunos socios y económicos para los accionistas mayoritarios. Esta y no otra es la razón del rompimiento, y tiene que ver con los mínimos sentimientos comunes que debe haber entre compañeros de viaje. Si piensas que somos lo que tu dices, no tiene sentido que sigamos juntos. Lamento mucho que haya sucedido de esta manera y te agradezco haber expresado todo este tiempo tu pensamiento independiente en estas páginas.”

Sin embargo, revisando las páginas editoriales, el columnista Gaviria sería alguien más cercano a incurrir en afirmaciones “falsas, malintencionadas y calumniosas” y a no compartir “los mínimos sentimientos comunes que debe haber entre compañeros de viaje”, cuando en su columna del mes de septiembre se refiere a Rodrigo Pardo, director de la Revista Cambio (también suscrita a la Casa Editorial El Tiempo)  como “líder actual de la bigornia” (el diccionario define esta palabra como “gente pendenciera que anda en cuadrilla para hacerse temer”). Lo raro es que la dirección de El Tiempo sí se indignó con las afirmaciones de la columna de López,  muchas de ellas bien sustentadas, pero las de Gaviría las ha dejado pasar sin más ni más. Pombo ha dicho que “no son cosas comparables”, que lo que describió López en su columna, la fabricación de una noticia por parte del periódico, no es “la descripción de un comportamiento periodístico criticable” sino “una sindicación de algo que es delito”, “una bárbara descalificación”. Lo gracioso es que Pombo, con sus declaraciones, se caricaturiza a sí mismo como delincuente y se descalifica como editor, pues los argumentos expuestos por López no pudieron ser refutados por el periódico y son el modus operandi con que se hacen muchas de las noticias que ahí se publican: “la fabricación sesgada empezó con una pregunta en un foro en el tiempo.com, siguió con una nota que destacaba lo dicho por los foristas y concluyó con un supuesto artículo de análisis”, dijo López en su columna. Tal vez por esos giros de sofista es que Osuna le dibuja a Pombo al lado de la pantalla del computador, no un crucifijo sino la imagen de Hernando Santos, director fallecido del periódico: es una estampita gordinfleta, medio hombre y medio trompo, que gira  y cambia de dirección: redacta las notas de dirección al compás que le marca el gobierno de turno.

2.
La estrella del planetario
4 de noviembre de 2009

A la izquierda aparecen tres jueces de la Corte Suprema de Justicia que son interpelados por el presidente Alvaro Uribe para que no se ensañen con su asesor, y ahora “periodista” estelar de El Tiempo, José Obdulio Gaviria. Al novel “periodista” lo dibuja como un impúber, con traje de escolar y parado sobre una página que da cuenta de su repentina intelectualidad, la Wikipedia. Osuna reproduce el mote caricaturesco con que Uribe se ha referido a la Corte Suprema de Justicia; “Sepulcros” los llama, para invocar la voz de Jesús en el Evangelio de San Mateo en sus invectivas contra los escribas y los fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre!” El burro hablando de orejas, podría decir uno para pasar del salmo bíblico a la metáfora rural, un contrapunto afín al lenguaje de predicador chalán que usa Uribe en su estrategia de comunicación.

La defensa que hace Uribe de su acólito se debió a una noticia fabricada en la página de Internet de la emisora La W: “Columnistas denuncian abusos por parte de la Corte Suprema de Justicia contra la libertad de prensa”. Se informaba ahí que en una reunión en El Tiempo “El presidente de la Corte Suprema de Justicia , Augusto Ibáñez y sus acompañantes reclamaron por los escritos del ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria, el ex ministro Fernando Londoño Hoyos, Mauricio Vargas y María Isabel Rueda”, y se afirmaba que el “interés de los magistrados era lograr que el periódico retirara las columnas del ex asesor José Obdulio Gaviria y al parecer las de los periodistas María Isabel Rueda y Mauricio Vargas”. Las conclusiones de la noticia fueron desmentidas tanto por los miembros de la Corte Suprema de Justicia como por El Tiempo. Los jueces afirmaron que habían asistido al periódico invitados por el medio para analizar “cómo veían la información que se publicaba sobre la Corte”, y que al final un comentario de uno de ellos, sobre la extrañeza que le causó el despido de Claudia López en relación a las afirmaciones desmedidas que hacía José Obdulio Gaviria, fue lo que produjo el chisme, recogido con prontitud por los columnistas Rueda, Vargas para vindicarse como víctimas a luz de un ataque que resultó infundado. Al final solo quedó en evidencia la extraña intención que hubo tras la publicación de esta nota quince días después de sucedida la reunión, y que le permitió a Uribe, como lo muestra Osuna, una nueva invectiva contra las instituciones, esta vez como defensor de la libertad de prensa: “No es admisible que jueces de la República vayan a las direcciones de los periódicos a pedir que descabecen periodistas, porque esos periodistas son críticos de decisiones de jueces de la República”. Otra vez el burro hablando de orejas, basta cambiar jueces por Presidente de la República y ver como salen a relucir las calificaciones y afirmaciones de Uribe en relación a los periodistas y críticos de su gobierno, ( “cómplices del terrorismo”, “cobardes”, “mentirosos”, “canallas” , “difamadores profesionales”, “comunistas camuflados”, los ha llamado).

Presidente y novel “periodista” están parados ante la puerta giratoria del periódico El Tiempo: una representación literal de la poca firmeza de esa casa editorial que afirmó enfáticamente que los miembros de la familia Santos que abandonaran el periodismo por la política no podrían volver a entrar por la puerta del periódico. Osuna usa la puerta giratoria no solo para mostrar la política giratoria editorial puesta al servicio de la política sino para mostrar como el nombre del periódico es una veleta que presta su franquicia al mejor postor: el Grupo editorial español Planeta que adquirió el 55% del periódico (en la caricatura, José Obdulio Gaviria podría estar vestido con la ropa prestada de su hijo, Juan José Gaviria, que trabaja para Planeta como director editorial). Un par de zapaticos de tacón, uno de ellos volando, es lo único que queda de Claudia López en El Tiempo, cuyo despido intempestivo pudo ser producto de una orden superior venida desde España, pues en su última columna mencionó lo inmencionable: uno de los negocios más importantes que busca concretar el Grupo Planeta en Colombia, ganar la licitación de un canal de televisión. Dice Claudia López: “La calidad periodística de EL TIEMPO está cada vez más comprometida por el creciente conflicto de interés entre sus propósitos comerciales (ganarse el tercer canal) y políticos (cubrir al Gobierno que otorga el canal y a su socio en campaña) y sus deberes periodísticos.”

Al fondo de la escena, Roberto Pombo sonríe con astucia, un gesto extraño en él que casi siempre posa en las fotos con una cara solemne y de aletargada benevolencia, la caricatura deja ver el orgullo que siente el editor al poder impartir una lección bien aprendida: uno no muerde la mano que lo alimenta.

Lucas Ospina
http://www.lasillavacia.com/elblogueo/lospina/5395/dos-caricaturas-tan-efimeras-como-los-hechos


En Rojo

rojo









Bucaramanga: desde su 27
Por. Victor Hugo
Los colores eran para nosotros cartuchos de dinamita.
André Derain

Sobresaturada e inerte, pero meditabunda y transeúnte sobre la orquestación de sus colores, en medio de una obsesión que fluctúan entre el martirio y su pretendida alegría de vividero, que se excusa frente a sus propios lamentos, esos que se ocultan como la pobreza de sus angustias; mientras, que en sus rincones se transpira la perturbación del insomnio que nunca se detiene, así es Bucaramanga.

Arribista por naturaleza, la tendencia, la que siempre se esconde tras la simulación y el desencanto, que produce su afán consumado por mantener la fachada de tranquilo parque solariego, donde puede transcurrir la vida y en la que se han jubilado el 80% de los trabajadores petroleros que vinieron de Barrancabermeja y otros del frente, los que se dejaron seducir por el encanto apacible de una economía que levita entre lo legal y lo ilegal, que hoy se sostiene subterráneamente a punta de ser la mejor lavandería abierta y prospera que desinfecta hasta el alma y en la que se puede ser el perfecto anónimo sin que nadie lo advierta. Ahí está la meseta y sus perpendiculares que delimitan con el cañón, el del Chicamocha, con portería y rejas, lejos del plebeyo mundo que hierve en sus estrechas calles: el suicidio del crecimiento.

Bucaramanga, su lugar de “Payacuá”, la de “La culebra pico de oro” y donde se escenificó la matanza de jóvenes liberales a manos de los conservadores durante la Guerra de los Mil Días, la que era de los andinos e inmigrantes extranjeros a comienzos del Siglo XX, donde se producía la música de la fría montaña, esa que recorría el torrente sanguíneo y deliraba a José Morales y Luis A. Calvo, pasó a ser la metrópolis del vallenato y la tecnocumbia por cuenta de los medios de información, los de la imposición de la estética mercantil; la ciudad del olor a tabaco que inundaba la Carrara 27, es hoy el escenario escandaloso donde las iglesias cristianas se disputan a sus seguidores, como los almacenes del centro, donde atalayan a los consumidores en la rapaz tarea de atrapar la conciencia y el diezmo de los demás, que sirve para construir la obra de dios y la de sus elegidos.

Esta ciudad que vive bajo el caos de su parque automotor y en espera de un fantasma que rediseño la ciudad, a partir de los intereses del capital privado, con el prurito de que llegó la hora del progreso en el Siglo XXI, con el sistema de trasporte masivo, pero que se convirtió en la frustración por dónde camina y se oxigenan sus sicopatologías sociales, las del acecho y donde se subasta la vida por un peso de más.

Bucaramanga, la invasión en rojo, esta ciudad que sólo cuenta con cuatro carreras para des-embotellar su trafico, la 15, 21, 27 y la 33, en las que se debate la enfermedad del tiempo y la espera, donde se consume lo poco que queda de vida y el espejismo de su propia entelequia. La misma que se enamoró y se convenció que era La Ciudad Bonita, como la bautizara a finales de los años 80´s, el entonces director de la noticias de Caracol Radio, Don Yamit Amat; mientras, hoy su gente está empeñada por los que imponen el orden en los barrios, los que visten de negro, la paraestatal de la seguridad, esa misma que ha cobrado la vida a algunos de sus ciudadanos andariegos y habitantes de la calle, bajo la mano negra de la “limpieza social”.

Esta es la ciudad de rojo, la de la carrera 27, no la del intenso color que definía al radicalismo liberal, de ese que ya ni la historia misma de la joven urbe se atreve a narrarlo ni reconocerlo en estos tiempos de la dictadura antioqueña.

Esta es mí Bucaramanga, a la que le apostamos a develar y desmantelar en imágenes, la misma que ya es otra, no la que conocí en la estación del tren en Café Madrid, la del parque Centenario repleta de vendedores y merqueros, la de nuestros económicos almuerzos con sabor de tierra en la antigua Plaza de Mercado Central que descubrimos con Mauricio García; la del Cine Club El Hormiguero los martes en la noche en el teatro Santander, la de las tardes de ensayo en el Teatro la Culona de Juancho Torres, y la de las primeras andanzas, queriendo ser artistas con Oscar, por allá en 1985, cuando la Ratona era ella y, ahora, la misma ciudad de Camila, Gabriela, Paula y Ana María, las que hoy no me esperan en casa, aunque yo no las olvido.

Fotos: Hugsh, 2009©

Publicado por Zona Oriente


Salones Regionales de Artistas exhiben la crisis socioeconómica y ética

Esteban Zapata, ‘Pablo en comercio’ (izq). Saúl Sánchez, ‘La grandeza del regente’ (der).

La retoma de las estaciones de ferrocarril de Sogamoso y Armenia para los Salones Regionales de Artistas de sus respectivas regiones -zona centro y zona centro occidente, respectivamente- no respondía solo a que las obras se veían bien en esos lugares. Caídas como están, estos escenarios de techos altos y paredes enmohecidas revelaban el estado del alma de las propias exposiciones. Y aunque fueron remozados, no dejaban de producir nostalgia esos espacios muertos y cargados de piezas de arte que señalan tantos problemas.

Un pueblo fantasma a manera de instalación y que semeja una invasión repentina de desplazados que modifica la morfología de una región (Santiago Escobar); un mural de bombas de jabón, pero cuyo líquido es sangre de mujeres violadas (Liliana Estrada); un video de la disección del cuerpo de un paramilitar (Álvaro Cardona); una estrategia para devolverles la plata perdida a las víctimas de las ‘pirámides’ (Víctor Muñoz); dos tomas de video del grito inaudible de una mujer que está a punto de subir al cadalso (Pablo Sigg); un letrero bordado que dice ‘esperando un milagro’ (Giovanni Vargas)… Así, siguen y siguen las obras de estas dos regiones.

Para Fernando Arias, cocurador de la muestra MicroMACRO que reunía los trabajos de artistas del Eje Cafetero, “todo empieza en la célula”. A partir de allí, de lo minúsculo, de lo íntimo, puede abrirse el universo, entenderse el entorno como un organismo vivo, enfermo, vigoroso o amenazado. Siguiendo este símil, Arias y Jonathan Colin expusieron trabajos que indagaban sobre lo que no necesariamente se quiere ver.

Esto se reflejó, por ejemplo, en una instalación realizada por la artista antioqueña Libia Posada, que infestó el cuarto de electricidad de la estación de hilos que se trepaban por las paredes hasta llegar al techo descascarado, invadiendo, como una enfermedad, los cables estirados por todo el piso. Pese a la belleza de la obra, se sentía cierto escalofrío por la metáfora de destrucción expuesta.

Otra sutileza fue lograda por la misma curaduría en otro de los galpones de la exposición. Al entrar, el espectador pisaba un enorme tapete de fibra de plátano, tejido por desmovilizados bajo la conducción del quindiano Vladimir Cortés, y al fondo estaban 12 fotografías de las piernas de víctimas, con los mapas dibujados de sus propios desplazamientos por la violencia, también de Libia Posada. Las dos obras, con la víctima y el victimario en un mismo espacio silencioso, entraban en un diálogo sin resolución.

La otra curaduría de la zona centro occidente,  Inver$ione$,  arte + intercambios + transacciones, conducida por Adriana Ríos, Carlos Uribe, Femke Lut-gerink y Análida Cruz, asumía la economía como el factor que atraviesa a todo ser humano y lo afecta.

Así, por medio de cartas, Luis Fernando Arango buscaba convencer a los 512 empresarios más ricos del mundo para que donaran el 4 por ciento de sus fortunas y así aliviar la pobreza; Víctor Muñoz, con su constructora en forma de pirámide, le pedía a la gente que donara ladrillos para que quienes perdieron sus casas con DMG y DRFE pudieran reconstruirlas; y Juan Fernando Ospina ironizaba sobre cómo los colombianos invierten más de un salario mínimo al año en veladoras y ungüentos de la buena suerte.

Esteban Zapata, por su parte, puso al espectador en aprietos al crear una figura coleccionable de Pablo Escobar vestido de Robin Hood, a la que se le podían prender veladoras siguiendo la tradición venezolana del culto a los ‘santos malandros’. Con esta obra el artista planteaba la reflexión sobre los límites de lo coleccionable y la relación entre el comercio y el arte.

En Sogamoso y Tunja, por su parte, pueden contemplarse actualmente las curadurías que hacen referencia a la zona centro de Colombia, con la participación de artistas de Bogotá, Boyacá y Cundinamarca. La primera propuesta, del grupo investigador La Oreja Roja -Mariangela Méndez y Verónica Wiman-, se denomina Yolanda o Magdalena, una exposición de arte sobre la vida, obra y milagros de un personaje, y la otra, coordinada por Guillermo Vanegas, lleva por nombre Preámbulo, ejemplos empíricos de identidad nacional de baja intensidad en Cundinamarca y Boyacá.

Expuesta en un galpón alterno a la estación del ferrocarril de Sogamoso, Yolanda o Magdalena… es una propuesta abierta a la interpretación, pero en absoluto apacible. “Por ahí dicen que al que se le pone la oreja roja es porque están hablando de él a sus espaldas. Alguien está hablando de usted… y nosotras queremos oír”, anotan las curadoras de La Oreja Roja.

De allí que la muestra invite a seguir a un hogar campesino en el que falta el padre, según se intuye por la foto que decora el vestíbulo. Adentro, obras como La hilandera, de Leonardo Ruge, revelan que hay todo un mundo por inventarle a la mujer que habita la casa. En uno de los extremos se exhiben imágenes de fachadas de casas construidas por etapas (Héctor Patiño) y en otro, un paisaje que deja pensar que aún hay espacio sin huellas de ciudad (Miguel Jara y Denise Buraye).

Dentro de la casa, un video muestra la preparación de un cocido boyacense (Ángela Reyes), se refleja la convivencia de la pareja (Katherine León) y se observan, a manera de aspiraciones futuras, una casa en maqueta (Juan Mejía) y otra que flota (David Anaya). La experiencia termina, sin embargo, con la casa que se fue, donde se observan tejidos inconclusos, una silla desvencijada y huellas de candelabros que ya no están (Leyla Cárdenas). Aparecen también obras que manifiestan el miedo que hace que uno se agazape (Manuel Calderón) o sienta peligro (Marcela Cadena), así como el anhelo de la compañía (Adriana Cuéllar), o la angustia por la ausencia de un ser amado (Juan Carlos Calderón).

Preámbulo es una curaduría que puede apreciarse en el Palacio de la Cultura, ubicado en la plaza principal de Tunja. No es fortuito que en la capital de Boyacá -el ‘Departamento Bicentenario’- los curadores hayan seleccionado obras que abordan preguntas sobre la construcción de la identidad nacional, varias de ellas cruzadas por el humor e incluso la burla. “Se trata de saber cómo resuelve este grupo (de artistas) la cuestión de hacer parte de un Estado nacional”, señala el documento de la curaduría.

Entre otras obras, se observan los retratos de los presidentes colombianos sobre cajitas de fósforos El Rey (Sául Sánchez); la reconfiguración del escudo nacional con un buitre en lugar de un cóndor (Chócolo); una marcha de protesta multitudinaria cuyos letreros carecen de letras (Juan Peláez); un video con un grupo de extranjeros que entonan el himno borrachos (Lecca-Lecca Estudio); una animación donde se percibe la fusión de la frontera colombo-venezolana gracias a Simón Bolívar (Milena Bonilla), o la acción de un artista que se tatúa dolorosamente el logotipo de ‘Colombia es pasión’ mientras a su lado circulan gratas imágenes turísticas (Andrés Felipe Uribe).

Al comparar los Salones Regionales de este año con los previos, queda claro que el propósito inicial se está cumpliendo. Cada región llega con una oferta que da cuenta de sus problemas y revela una identidad propia. En suma, la Colombia de la periferia está cada vez mejor representada.

Vea varias de las obras.

Arme paseo a Tunja y Sogamoso

Para ir a ver los Salones del Centro habrá transporte gratuito e ilimitado los días 28 de noviembre y 12 de diciembre. Esos días habrá visitas con los curadores y artistas. Informes en el Ministerio de Cultura, Dirección de Artes, 3424100.

publicado por Cambio
http://www.cambio.com.co/culturacambio/856/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-6672988.html

(enviado a esferapública por Gabriel Merchán)