Museos que curan la sexualidad

Caja de preservativos que se vendió en la exposición Lágrimas de Eros del Museo Thyssen Bornemisza, de Madrid.

Mientras que los museos europeos coquetean con el sexo para atraer público, en Colombia la necesidad de generar más visitas no parece ser tan apremiante

Fue la primera vez que se vendieron condones en la tienda del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Se agotaron en una semana. La caja de seis preservativos Durex costaba ocho euros (casi diez veces más de lo habitual) y exhibía la imagen de alguna de las 120 obras que compusieron la exposición Lágrimas de Eros, que se presentó entre octubre del 2009 y enero del 2010.

Esta fue tan solo una de las muchas transgresiones inocentes que desencadenó la muestra curada por Guillermo Solana, director artístico del Thyssen. Otras: nunca antes se habían presentado fotografías e instalaciones de video en uno de los museos más conservadores de Europa; por primera vez en España una exposición de arte trataba directamente el tema del placer sexual. Y otra más, generó un despliegue mediático más extenso que cualquier otra muestra en su historia. Incluso recibió elogios de Mario Vargas Llosa en su columna “Piedra de Toque” del diario El País.

Lágrimas de Eros fue un arte de la fuga: la exploración de un mismo tema, el erotismo, en sus variaciones temporales del siglo xvi al xxi.

La curaduría estuvo sustentada en una propuesta teórica, la del filósofo francés Georges Bataille. De ahí el nombre de la exposición, pues Las lágrimas de Eros (1961) fue su último libro publicado en vida. “Lo que Bataille cree haber hallado –afirma Solana– es un fundamento para la identificación entre Eros y Tánatos: tanto en la muerte como en la consumación erótica regresamos, desde la discontinuidad de la vida individual, a la continuidad originaria del Ser”.

También cabe la opción de que la propuesta teórica haya sido una excusa elaborada para buscar un aumento en el número de visitantes. Está más que comprobado: el sexo vende, y el 2008 produjo para el Thyssen un agujero financiero de dos millones de euros que debió ser solventado por el Estado español.

En una entrevista concedida a Diario Público, el señor Solana afirmó que si la exposición no superaba los 200.000 visitantes, la consideraría un fracaso. El total de visitantes superó la cifra que Solana impuso como límite del fiasco por 45.126.

El marketing sexual para atraer público también se vio en Berlín durante el verano del 2008, cuando la ciudad se inundó de afiches que exhibían a una prostituta con senos descomunales. El aviso rezaba: “¡Fuera putas! Babilonia no era Babel”, y era la imagen de una videoinstalación de Douglas Gordon que se presentó en el clásico Museo Pergamon. La exposición contrapuso, por un lado, la muestra más completa hasta el momento de piezas arqueológicas del Imperio babilónico, que fueron reunidas de las colecciones del Museo Británico, el Louvre y el mismo Pergamon, y por el otro, obras elaboradas desde el Medioevo hasta nuestros tiempos que se apoyaron en la leyenda negra de Babel.

La controversia que rodeó a la campaña publicitaria ayudó a aumentar el número de visitas, que en cuatro meses superó las 560.000, y el afiche fue premiado como uno de los 100 mejores avisos publicitarios del 2008 en Alemania, Austria y Suiza.

Curar los cuerpos

Los curadores y directores culturales en Colombia suelen ser menos cándidos con su interés por aumentar el número de visitantes a los museos. “No medimos el éxito de nuestras exposiciones con una ecuación que divida el presupuesto invertido por el número de visitantes que pagaron la entrada –afirma Cristina Lleras, curadora del Museo Nacional–. Nos importa un impacto más amplio en medios de comunicación y opinión pública. Hay varios indicadores, y hay exposiciones que no tienen tanta visibilidad como otras”.

La relación con los medios de comunicación también genera territorios grises. La exposición temporal Un país de telenovelas, que exhibe las representaciones que se han hecho de Colombia a través de las telenovelas entre 1984 y 1994 fue financiada por Caracol Televisión. Aunque hay un sustento teórico sobre el que se realiza la exposición, también es cierto que el Museo Nacional corre el riesgo de convertirse en espacio para promover el consumo de telenovelas, con lo cual ganan sus inversionistas.

Existe también el otro lado del espectro: “Yo no creo que las exposiciones se deban hacer fáciles para atraer al público”, dice Ángela Pérez, subgerente cultural del Banco de la República, al referirse a Habeas corpus: “que tengas (un) cuerpo (para exponer)”, que se inauguró el pasado 18 de marzo en el museo del Banco de la República. El mismo título ya supone un reto, pues para comprender por qué hay tres palabras entre paréntesis es necesario adentrarse en el estudio teórico que sustenta la muestra. Pone de relieve la controversia de si en nuestros tiempos la teoría es cómplice del artista y hostil al espectador desprevenido.

Fue curada por Jaime Humberto Borja y José Alejandro Restrepo: enfants terribles en sus respectivos campos por su exploración de lo sórdido en el catolicismo. El primero es un historiador con una fijación por el arte, el segundo es un artista obsesionado con la historia: “Tenemos puntos de cruce desde hace bastante tiempo”, afirma Borja. “Uno es el cuerpo. Hacer historia y arte pensando el tema del cuerpo, y el otro es la cultura barroca colonial”.

El aporte curatorial es novedoso: generar un contrapunto entre el cuerpo como tema en el arte barroco y en el arte contemporáneo, y la exposición es hermana gemela de otra que se inauguró en el Museo del Oro: Cuerpos amerindios. Esta exhibe las distintas intervenciones que las tribus nativas americanas hacen sobre sus cuerpos: tatuajes, pinturas y perforaciones, prácticas que recuerdan a las tribus urbanas contemporáneas.

Quizás el tema sea más accesible para el público general que Habeas Corpus, esto se podrá medir con el número de visitas, pero hacer una exposición popular puede no ser el propósito de Borja y Restrepo. “Es una exposición especializada –afirma Ángela Pérez–, para un público académico”.

El objeto de un museo

Un paso adicional que ha tomado la curaduría contemporánea es sacar a la exposición del museo. En Inglaterra se ha convertido en una serie de radio que estimula la imaginación con el poder de los objetos.

Una historia del mundo en 100 objetos (A History of the World in 100 Objects) es una alianza entre el Museo Británico y la bbc. Cada capítulo gira en torno a una pieza del museo, y desde que salió al aire el 18 de enero del 2010 las visitas se han disparado exponencialmente.

“Todos los objetos hacen parte de la colección permanente –afirma J.D. Hill, el principal curador del proyecto–. La idea es motivar a la gente para que visite la colección y relacione los objetos de la serie con otros que están en las mismas salas”.

La serie goza de la calidad excepcional que distingue a la bbc y la curaduría fue ante todo un trabajo académico: “Nosotros desde el museo somos responsables de todo el contenido intelectual. Escogimos los objetos y participamos en la escritura de los guiones”, dice Hill.

Tomó dos años depurar la lista de objetos que conformarían la serie, y los curadores procuraron equilibrar la distribución geográfica de su colección, “aunque hubo una mayor cantidad de objetos europeos por la naturaleza de nuestra audiencia”, aclara el curador.

Los podcasts y la disponibilidad de la serie en internet, sin embargo, han permitido que los oyentes sean de cualquier parte del mundo. De hecho, durante los últimos dos meses se ha mantenido como el podcast más popular de la BBC. Además, la página web permite que los usuarios propongan sus propios objetos, de manera que en el mundo virtual se ha generado una historia paralela a la de la serie, que resulta igual de ambiciosa.

Parecería lógico pensar que en estos tiempos de dificultades económicas la asistencia a los museos disminuiría. Sin embargo, según J.D. Hill, “el aumento en la cantidad de visitas que tienen los museos es una tendencia que se ha incrementado durante los últimos diez años y que se ha mantenido ascendente en medio de la recesión”.

La divina trinidad de los museos la constituyen el espectador, los objetos y el curador, siendo el tercero una mano invisible. Sin duda, su creatividad ha sido el motor de aquella tendencia que acontece a pesar de otra mano invisible: la de la crisis económica y la recesión. Y mientras que el Pergamon y el Thyssen, dos de los museos más clásicos de Europa, jugaron una carta que coqueteaba con el sensacionalismo y ganaron la partida, en Colombia el manejo publicitario del cuerpo es más conservador. Quizás no se han visto en la necesidad de elevar sus apuestas.

Santiago Villa Chiappe

publicado por Arcadia


One Comment on “Museos que curan la sexualidad”

  1. Carlos dice:

    Puro marketing y una exposición poco interesante. ¿Sabían ustedes que un vigilante de sala del museo Thyssen – muchos son chicos/as con carreras universitarias – cobran 4.70 euros la hora? ¿Sabían que estos vigilantes de sala hasta hace muy poco no tenían representación sindical?

    Miseria de cultura que explota a sus trabajadores…

    ¿Pacer sexual? Sí, mientras en turnos de 9 horas auxiliares sin silla vigilan de pié la función.

    Un saludo.


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