Bicentenario Y Artistas, Arte E Independencia (parte 1)

1. “¡Usted no sabe quien soy yo!”

“¿Quieres hacer plata conmigo malparido?”, le dice José David, un niño-hombre que flota en medio del río Magdalena al camarógrafo que lo filma a corta distancia; luego, el niño-hombre que flota con botellas que recicla entre la basura del río le arroja fango a la cámara, ahí termina el video.

Al comienzo de la filmación, antes de meterse al agua, se oye un diálogo en que el niño y otro compañero hablan de su pueblo ribereño y de cómo ahí todos los visitantes que llegan son “malparidos blancos hijueputas”. El camarógrafo no les filma la cara al par de impúberes, apenas los conoce, escoge filmar el suelo como señal no invasiva de respeto, un humilde gesto de reflexión del que filma. Se meten al agua, la cámara registra por momentos el fondo turbio, los tres personajes flotan con las botellas recicladas y el paseo finaliza antes de llegar al punto donde se vierte la mierda del pueblo al cause del río, es ahí donde el viaje termina y el niño-hombre suelta su rabiosa y aguda proposición.

Esto fue José David, uno de los videos breves que presentó el artista Elkin Calderon el viernes 13 de agosto pasado en la Fería del Libro en el Pabellón del Bicentenario, en una de las tertulias programadas en el “Café Bicentenario” en medio de ese parque temático organizado por la Alcaldía Mayor de Bogotá para estar a tono con el “invitado de honor” de la Cámara del Libro para este año: el “Bicentenario de la Independencia”.

No es casual que la palabra “bicentenario” se repita una y otra vez. Este año esa conjunción ha sido el “ábrete sésamo” de la gestión cultural: cualquier proyecto parece posible siempre y cuando se le meta “bicentenario”, y además, si a esto se le suma la palabra “artistas”, la gesta parece estar garantizada y ante tan oportuna alegría discursiva la boca de la cueva presupuestal queda jetiabierta, se descubre el tesoro y todo está listo para la ejecución presupuestal.

El año pasado ya hubo un abrebocas de esta situación cuando el 20 de julio la Alcaldía Mayor de Bogotá, para celebrar la independencia, se puso a echar globos en la ciudad y el poeta William Ospina, miembro del comité asesor, justificó el acto diciendo que “los globos son suficiente símbolo de fiesta, de lo que pueden el ingenio humano, y su capacidad de superar las limitaciones y de soñar con libertad.” Pero no eran “suficiente símbolo” y tocó invitar a “24 de los más importantes artistas plásticos de hoy” para que fuera suficiente. El resultado fue un fotogénico ballet de globos por algunas zonas de la ciudad, sobre todo del norte y hacia el norte, y unas insuficientes “curitas” donde iban estampadas las imágenes hechas por los artistas: en cinco millones de pesos valoró la Alcaldía la reflexión invisible de cada artista y el costo por los globos, financiados por la empresa pública y privada, fue de 3.500 millones de pesos. Para este año el poeta Ospina había prometido que iban a hacer entrar la Bogotá “al ejército libertador, esculpido en barro”, una emulación de los guerreros de Xian hechos en barro de Ráquira, pero la posible embarrada artesanal se quedó en arte conceptual.

Tal vez a la Alcaldía le quedó sonando esto de asesorarse de poetas y por eso la Secretaría de Recreación y Deporte contrató, vía la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, a otra musa, a la poeta Ana Mercedes Vivas y a su empresa Comunicaciones Vivas para que se cranearan algo. Ella salió con una expedición “multimodal” por el Río Magdalena, a bordo de un “barco creativo” cargado de “artistas, seleccionados por convocatoria pública, que desarrollarán un proyecto artístico alrededor el río y la celebración del Bicentenario”. La nave también iría cargada de “historiadores” y “representantes de algunas áreas artísticas que han desarrollado proyectos sobre los procesos de independencia”.

A la poeta Vivas se le hizo un contrato inicial de 50 millones que se modificó hasta llegar a 74 millones de pesos para que se encargara de ofrecer los “servicios para realizar el desarrollo del documento de venta, promoción, consecución de asociados, consecución de patrocinadores y proceso de acompañamiento en comunicaciones antes y durante la realización de la Expedición artística del Bicentenario (unir los dos gritos de independencia de Mompox a Bogotá)”. La poeta Vivas fue quien también moderó la tertulia con Elkin Calderon en el Café Bicentenario. Los acompañaba el historiador Giovanni di Filippo que hizo una larga y atractiva digresión sobre el río Magdalena, el correo oral de los bogas y algunos movimientos de independencia, como el de Cartagena, que actuaron con independencia de la independencia centralista de Santa Fe.

La poeta Vivas dijo en su introducción a la tertulia que la expedición era “un símbolo de reflexión multicultural que nos permite trazar la relectura de lo que fue la independencia”,  y no dudo en autocalificar su gesta cultural de empresa “titánica”, afirmó que había pasado nueves meses junto al historiador Carlos José Reyes empapándose de historia.

Elkin Calderon mostró ese día otro video llamado Perrita Criolla. Contó que lo había filmado en Barrancabermeja, al atardecer, a solas mientras el resto de la comitiva cultural pasaba la tarde con el Gobernador Horacio Serpa que según la agenda iba a conversar sobre “los gritos sociales y movimientos comuneros”. Calderón, menos gregario, prefirió ir al río y ahí se encontró con otro tipo de gritos y movimientos: en la orilla filmó un grupo de perros, dos de ellos pegados por la cola, que se contoneaban, luego, en la edición, sumó al video un audio escogido para amenizar ese perreo: la canción Río Magdalena, interpretada en inglés por Lyda Zamora, un alusión cáustica pero guapachosa a la sodoma imperialista y al vasallaje nacional, un tonada bastante apropiada para una tierra de fálos petroleros y bases militares colombianas y extranjeras.

Calderón condimentó sus proyecciones con breves reflexiones sobre el viaje, destacó el orden, la logística, los cronogramas, la organización, pero manifestó dudas sobre la comitiva acompañante donde no solo había artistas junto al historiador di Filippo sino una serie de personas que daban cuenta de la realidad “multimodal” de la expedición: la directora de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, su secretaria, el Gerente de Artes Plásticas, el Gerente de Audiovisuales, el encargado de exposiciones, el encargado de literatura, la jefe de prensa, el fotógrafo oficial, dos representantes de la filarmónica, un jurado de selección, una curadora alemana, una documentalista, un recreacionista cultural, un periodista de Canal Capital y su camarógrafo, un costeño que nadie supo quién era o que representaba (tal vez a la costa) y, finalmente, dos asistentes de Comunicaciones Vivas junto a su jefa, la poeta Vivas.

Calderón destacó la iniciativa de viajar por el río, la experiencia, la convocatoria abierta para participar, pero señaló que la andanada de eventos sociales y el paracaidismo cultural al que fueron sometidos durante los siete días de la expedición mostraba un escaso conocimiento de las condiciones para crear y hacer pública su producción (además de verle los bigotes a Serpa, asistieron a un homenaje a la fuerza a un homenaje a la Fuerza Aérea en la base militar de Palenquero y a un ágape con la alcaldesa de Cartagena). En vez de cócteles y salpicones culturales con la oficialidad de cada puerto un artista necesita de tiempo para vagar, mirar y comprender; en vez de asistir a eventos coreográficos donde las comunidades hacen gala solemne de su autoexotismo ante los ilustres visitantes, la expedición necesitaba de muestras itinerantes que le mostraran a los habitantes de esos lugares lo que los artistas habían hecho luego de la visita, un contacto posterior, a pesar de nueve meses de planeación y preproducción, se pensó en el rodaje pero poca cabeza se le echó a la postproducción.

“¿Quieres hacer plata conmigo malparido?”, el eco de la pregunta de José David, resaltada por Calderón, molestó a la poeta Vivas, que recurrió al sentimentalismo lírico para menguar la crítica. Ella afirmó que cada comunidad habló, que “las ciudades dijeron”, que por ejemplo todos habían podido ver como Barrancabermeja era “la tierra de la pollera colorá” y concluyó que ellos, todos los miembros de la expedición, habían “pagado la deuda” y que en términos de cumplimiento no había nada más que objetar. Además, ante algunas inquietudes de Jaime Leonardo Comba, uno de los artistas que participó, que estaba entre el público, que dijo haber disfrutado del viaje pero que le faltaron recursos para terminar su proyecto Tras las ondas del Mohán, la poeta Vivas le pidió que por respeto al público asistente no discutieran esos pormenores del asunto y le dijo: “espero que hayas encontrado al Mohán”.

Al final del boletín de prensa de la Expedición del Bicentenario Gritos que cambiaron la historia se afirmaba que el “resultado de esta exploración histórica dará como resultado un conjunto de obras que se expondrán en Bogotá el marco de la celebración del Bicentenario de la Independencia en el 2010. Un regalo de los artistas Bogotá a esta celebración nacional.” El “regalo” fue una decepción. Calderón y Comba dijeron que el montaje de la exposición era bastante precario y que a pesar de que durante la expedición si había recursos para llevar a los acompañantes, al momento de pedir ayudas para terminar sus obras, los artistas recibieron un magro apoyo, apenas un dinero para unas impresiones, el préstamo de unos videoproyectores y unos televisores.  Esto hizo que muchos de los participantes se resignaran a mostrar un boceto de lo que pudo haber sido, otros no exhibieron, aparte de la experiencia, no tenían nada que mostrar. Tal vez por eso mostrar el “regalo” que prometía el boletín de prensa o las “obligaciones” que exigía el contrato firmado por los artistas, se volvió opcional, bajo estas condiciones no era mucho lo que la institución podía exigir. La exhibición del “regalo” quedó para más tarde, por cuenta y riesgo de cada uno.

En ese momento hizo su intervención en la tertulia un funcionario de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, el encargado de exposiciones que había estado en la travesía; acepto que había problemas de coordinación en el montaje pero intentó justificar la abortada exposición, el reguero de propuestas inconclusas en un maltrecho corredor, con el sofisma de que “la indignidad” de las “condiciones museales” hace “que las obras buenas se defiendan solas”, además afirmó que ellos habían cumplido con alquilar los videoproyectores. Alguien entre el público afirmó que eso era lo mínimo, pero la poeta Vivas, micrófono en mano, moderó y repitió que “por respeto al público” dejaran de lado esas discusiones y que lo importante era que la expedición “había pagado la deuda” con todos, con las comunidades y con los artistas convocados.

Una vez terminó la charla, alguien del público se acercó a la poeta Vivas y la felicitó comedidamente pero no sin ironía por “haber pagado la deuda”, en ese momento, la contratista del erario público, la que firmó el contrato por los 74 millones de pesos, perdió la compostura y decidió lanzar su grito de independencia. La poeta Vivas salió con una frase que merecía otro video de Elkin Calderón, una expresión que muestra como a pesar del bicentenario y de mucha “reflexión” y “relectura”, es poco lo que ha cambiado en la mentalidad de muchos criollos ilustrados que hace 200 años dependían de la corona real y que ahora son vasallos del clientelismo cultural de la administración de turno. La poeta Vivas le gritó amenazante al miembro del público: “¡Usted no sabe quien soy yo!”, y muy “independiente” se fue.

(Publicado en Periódico Arteria #25)


10 comentarios on “Bicentenario Y Artistas, Arte E Independencia (parte 1)”

  1. Dimo Garcia dice:

    Supongo que el objetivo del artista – y del columnista que habla sobre el primero – es mostrar lo feo, la basura sobre los ríos y la pobreza de la gente, y de paso causar controversia o molestia presentando el video.
    Mi pregunta es : ¿dónde está el arte en esto?

  2. Jorge Peñuela dice:

    PERRANGOLÉS

    El texto de Lucas Ospina es esmerado y hábilmente estructurado. Ospina se ha destacado en nuestro medio por lo que los teóricos suelen llamar crítica institucional, la cual es una de las formas utilizadas por las/ los artistas contemporáneos para expresarse. Ospina usa dos videos de Elkin Calderón para articular y realizar una crítica demoledora a las prácticas clientelistas que se han empoderado en el Distrito Capital. Su texto evidencia tal cúmulo de irregularidades administrativas, por lo menos indelicadezas, que difícilmente podemos evitar sentir pena por aquellos/aquellas involucradas en su crítica.

    Voy a llamar perrangolés a los trabajos artísticos que miran con crueldad a sus interlocutores, que exaltan las miserias del mundo sin ninguna mediación, que de manera inclemente hacen uso despiadado de las cosas que salen a su encuentro. Los perrangolés ilustran la siguiente tesis: los poetas también matan. “José David” y “Perrita Criolla” son perrangolés. Carecen de mediaciones que nos ayuden a comprender las miserias de nuestra época.

    Es demasiado temprano para abordar la discusión que ha planteado Ospina, pues, antes debemos esperar los descargos que el gerente de artes plásticas de la Fundación Gilberto Alzate realizará ante Arteria. Presumo que así lo han entendido los habitantes de Esfera Pública. No obstante, realizaré dos preguntas en torno a los videos de Calderón: ¿cuál fue el proyecto presentado para ser seleccionado en esta convocatoria para celebrar el Bicentenario de los mismos con las mismas en el Tren de la Alegría y el Despilfarro? ¿Calderón fue el único artista honesto que no se acogió a la dispensa institucional de no presentar ningún resultado medianamente respetable, después de haber usufructuado dineros públicos? ¿Esta contingencia y desgreño administrativo es la excusa para justificar la carencia de mediaciones formales de las cuales se jactan los videos?

    Ospina ha sobreinterpretado los videos de Calderón. Si existe alguna metáfora en “Perrita Criolla” es para hablar del grupo que conformó el Tren de la Alegría, y no para aludir al Imperio Contemporáneo. Si las sugerencias de Ospina se corroboran, o si lo demandan a la manera de la señora Iovino, lo que nos sugiere el video mencionado es otra cosa: los artistas y los intelectuales del Paseo del Despilfarro, putiaron al Estado, es decir, están ad portas de convertirse en Chulos. Hoy es el Estado. Mañana un reciclador y pasado cualquier perrita callejera.

    Glosario al texto de Ospina:
    Cranear algo: hacer un torcido.

  3. Muy pertinente y lúcida la crónica de Lucas Ospina – Bicentenario Y Artistas, Arte E Independencia (parte 1), y mientras esperamos la parte II de esta calurosa y folklórica travesía por nuestro contexto histórico contemporáneo cultural y fluvial, les invitamos a ver la exposición “Termópilas Flotando” de Elkin Calderón, inaugurada el 8 de septiembre, que hace parte de la cuetionada “Expedición artística del Bicentenario”.

    Estará abierta en Valenzuela Klenner Galería hasta el 16 de octubre.

  4. Bibiana Oñate dice:

    No soy artista ni me muevo en este medio, pero me indigna que en Colombia, un país donde los servicios minimos faltan en l mayoria de las poblaciones olvidadas de la mano de los politicos y de el resto de ciudadanos que vivimos en Bogotá o en otras ciudades, se despilfarren 74 millones de pesos de una manera tan desvergonzada.

    Y que con la disculpa del Bicentenario (nada que celebrar) una poeta se aproveche para llevar a cabo un evento-paseo sin sentido y sin pensar en la miseria, que me imagino habra visto a lo largo de todo su recorrido y con lo que no se ha conmovido ni una pizca (por su comportamiento en la charla), me hace preguntar: ¿que le ha quedado a las poblaciones visitadas?.

    Todo esto demuestra que si hasta un poeta es capaz de dirigir un acto de politica corrupta, de principio a fin, significa que estamos peor de lo que imaginaba, pues para mi, que soy cientifica, los artitas, poetas o musicos serian quienes nos mostrarian otra manera ver y actuar.

    … Y todo se repite ciclicamente. La actitud del señor Jairo Valenzuela, que debe tener una galeria, de aprovechar el barullo para hacerse propaganda tambien es para ponerse a pensar. ¿Es que todo lo que rodea el arte se puede corromper? o ¿Es que en nombre del arte todo vale? o ¿Es que en arte todo puede ser una parranda o un chiste?

  5. Dimo Garcia dice:

    ¿Este artista es de primer semestre de artes? De otro modo no me explico estas grabaciones improvisadas y ediciones tan precarias…

    No me digan que es muy inteligente y lo hace de adrede…

    Según lo que dicen, supongo que el artista es alumno de Lucas Ospina y de Jorge Peñuela, porque parece que sus feas experimentaciones – donde la fealdad es virtud – se adaptan a la definición de arte que tienen estos profesores. Definición siempre incierta, lo que permite entender párrafos como este:

    “Voy a llamar perrangolés a los trabajos artísticos que miran con crueldad a sus interlocutores, que exaltan las miserias del mundo sin ninguna mediación, que de manera inclemente hacen uso despiadado de las cosas que salen a su encuentro.”

    El asunto es que si todo fuera mostrar imágenes feas y justificarlas más o menos poéticamente, el arte y la teoría del arte serían cosas muy fáciles de hacer. No creo que sea el caso, a pesar de que aquí pretendan lo contrario.

  6. Jorge Peñuela dice:

    PERRANGOLÉS II

    Hola Dimo. Saludos. Tenían razón los antiguos en declarar a las palabras entidades en las cuales el pensamiento no se puede confiar. El pensamiento concibe algo y el lenguaje común entiende otra cosa. Usted tiene razón, en algo… Su trabajo, a diferencia de los videos de la discordia, tiene muchas mediaciones plásticas y conceptuales. Esta característica hace que un trabajo pueda en determinado momento de su proceso, devenir poético, es decir, ser esclarecedor, iluminador. Este devenir algo más de lo que pensó el artista, quiere decir que en el proceso de comprensión un trabajo artístico puede alcanzar el rango de la poesía.No antes. Como se puede dar cuenta, pensé todo lo contrario de lo que usted comprendió, pero es más una falla en mi expresión que una deficiencia de su intelecto.

    Ahora, dudo mucho que alguien hoy en día se atreva a decir que fulano o zutano son sus alumnos. No porque este concepto esté revaluado –alumnos, los sin luz– sino porque los aprendizajes contemporáneos van en doble vía. Pocos artistas pedagogos se privan hoy en día de aprender de sus estudiantes. Por lo tanto, tampoco podemos decir de alguien que es nuestro estudiante, a no ser que el maestro tenga el don de la verdad en sus manos.

    Debo aclarar, entonces, que perrangolé es un concepto despectivo. En mi opinión los poetas no matan, así la práctica artística contemporánea me contradiga permanentemente. Considero que el artista contemporáneo no debe renunciar sin más a las mediaciones poéticas y conceptuales, aunque no debe excederse en ellas, porque debe evitar a toda costa que lo concreto se le escape. La situación inversa también debe evitarse, pues, lo concreto también escapa cuando el artista se le acerca demasiado. Existe un pudor en la realidad que artista no puede violentar. Calderón se acercó demasiado a la realidad, es decir, alteró demasiado y creó esa confusión que aman los creadores de espectáculos inocuos para el pensamiento. Dimo: esto no es una definición de arte. Es sólo un apunte, y, como tal, transitorio.

    Respecto a Elkin Calderón, de manera elegante, Jairo Valenzuela ha realizado una moción de orden. Nos ha dicho, inclusive a Ospina: “¡ojo muchachos! Antes de continuar con la crítica al trabajo de Calderón pasen por la Galería y juzguen su propuesta en todo su contexto, no sea que se priven de comprender”. Más razonable no puede ser su alerta. Acojo esta moción de orden.

    Para terminar, el problema que plantea el texto de Ospina no es una crítica a la obra de Calderón. Esta fue la razón por la cual dije que Ospina había usado dos trabajos de Calderón como materia expresiva, como el elemento que requería su pensamiento para decir que lo dijo y debía decir. Su interés desde el comienzo fue realizar una crítica a la institución que instrumentaliza a los artistas, que ingenuos, no alcanzan a prever que algunas participaciones en eventos de extraña naturaleza, lejos de favorecerlos, los pueden perjudicar. Por lo tanto, en mi opinión, considero que la discusión debe volver al campo de la crítica institucional. Así tendremos tiempo de visitar la Galería VK.

  7. Dimo Garcìa dice:

    Ante semejante elocuencia, no queda sino rendirse. En todo caso Jorge, ¿qué quieres decir cuando hablas de mediaciones plásticas y conceptuales? supongo que tiene que ver con conocimientos preestablecidos para acercarse a una obra, los cuales interfieren en su comprensión, ¿es eso?
    Un saludo.

  8. Jorge Peñuela dice:

    ARTEMISA EN CUEROS

    Hola Dimo. La pregunta que usted ha planteado expresa la necesidad de continuar con el diálogo, por lo tanto, no existe rendición alguna, solo una oportunidad que propiciamos para tratar de aclararnos lo que hacemos en esta época, ese hacer plástico y poético que a la mayoría de los/las mortales no les importa, porque, al igual que los dioses, han huido de la bestialidad en la expresión contemporánea. Tratemos de aclararnos el problema que usted ha visibilizado.

    Aunque usted lo ha expresado muy bien, ha realizado una pregunta muy difícil de abordar. Por supuesto, el asunto tiene que ver con la comprensión. Sólo que esto que usted denomina “preestablecido”, no es apropiado llamarlo ni “preestablecido” ni una interferencia, pues, mediante la acción de la comprensión necesariamente debemos desplegar prótesis (la idea es de Toni Negri), ayudas para no violentar la realidad; estas ayudas nos preparan para lo contrario, para que “lo real” preserve su intimidad al revelarnos alguna verdad. Dicho más claramente, estas prótesis constituyen una condición indispensable para que “lo real” presentado ante el artista, nos devele algo de importancia para la comprensión de aquello que le ha interesado desde siempre al arte: el sentido de nuestra condición de humanidad (recuerdo ahora a Antígona.

    Cuando nos acercamos demasiado a “lo real”, es decir, sin esa mediación conversada que usted denomina “preestablecida”, lo embestimos con salvajismo y se nos esconde. Por lo tanto, debemos conformarnos con la realidad, con lo obvio que caracteriza a lo superficial en lo cual colapsa la comunicación mediática. Aunque, debo aclarar que el uso del anterior “debemos” es sólo un decir que aborda el problema muy generalmente, lo cierto es que el pensamiento responde con repugnancia ante la brutalidad y como respuesta se margina de la realidad que se le presenta fusilada. Goya sería repugnante sin estas mediaciones. En la esfera pública este sentimiento se manifiesta como el hastío que percibo en el último correo de Esfera, un hastió útil porque tiene repercusiones políticas, pues, la renuncia a la realidad que suscita el rechazo de la bestialidad en todas sus manifestaciones, facilita la gobernabilidad de los gobernantes que no aprecian la riqueza de las prácticas sociales que instaura el pensamiento en la vida democrática.

    Dimo, usted que ha elaborado mediaciones plásticas y conceptuales con base en la potencia del mito, conoce bien la leyenda de Acteón, la cual es una alegoría de la verdad: ¡a Artemisa no se la contempla en cueros! Por desgracia para las prácticas artísticas, hemos olvidado esta lección de los pensadores antiguos. Pero, las impiedades no se realizan en vano, con ellas desaparecemos el mundo y el interés por lo público. Esto es lo que acontece con los neorrealismos desinformados, no mediados, los que están zarandeando la contemporaneidad. Como Acteón, algunos artistas contemporáneos son devorados por las imágenes que roban a la realidad violentamente sorprendida en cueros, silenciada con la arrogancia tecnocrática, así estos productos encuentren compradores sensacionalistas.
    Entiendo la mediación como un velo necesario para comprender la realidad, al menos para las prácticas artísticas que están respondiendo al llamado de “lo real”, aquello que aún no tiene voz. El artista media la exploración de “lo real” a partir de elementos que la realidad misma nos ofrece, un carboncillo, un color, un pincel, un concepto, una cámara fotográfica. La elaboración plástica o conceptual de estos materiales le permite al artista ver a Artemisa en Cueros, pero mediante un velo, el cual nos permite apreciar sus secretos sin avergonzarla inútilmente. Ésta es la única posibilidad que tienen los secretos que preserva cuidadosamente “lo real”, lo aún sin voz, para fluir libremente hacia nuestro entendimiento.

    El artista no debe renunciar al saber que ha ganado en su encuentro con los materiales orgánicos y conceptuales que la realidad le ha ofrecido, sólo con el único propósito de que el artista y el poeta le den voz, realidad. La distancia prudente propiciada por estos saberes le proporciona al artista y a “lo real” la distancia apropiada para que en la conversación se develen sus secretos mutuamente.

    Dimo, finalmente, como se puede dar cuenta, estamos volviendo a hablar de autonomía, pero, por supuesto, de manera diferente. También volvemos a pensar el sentido encarnado en lo humano, el cual sólo es expresable mediante las elaboraciones plásticas y conceptuales de los artistas. En el pensamiento artístico se ha configurado un saber que el artista interesado en la realidad no puede tirar al bote de la basura. El gran secreto de los artistas contemporáneos más reconocidos consiste en hacernos creer que han visto a Artemisa en Cueros, cuando lo cierto es que “lo real” en sus obras aparece completamente velado por mediaciones sofisticadas que el común de nosotros no alcanzamos a ver. Esta es la razón por la cual sus obras nos dicen cosas que no sabemos, pues, esto, precisamente, es lo que trata de realizar toda práctica artística: lograr que las cosas nos digan algo verdadero y que nosotros les correspondamos de la misma manera.

  9. Agradezco el tratar de direccionar este debate por parte de Jorge Peñuela (a quien nunca tuve de profesor) y entender que lo importante es enfocarse en la crítica institucional que hace Lucas (a quien si tuve de profesor hace mas de diez años y para quien lo mas destacado que hice alguna vez, fue no llegar a su clase por estar enguayabado. Ese mismo día tenía que exponer sobre dadaísmo, y sin querer me saqué 5 pues la actitud de no ir fue tomada como un acto dadaísta). Pero dejando a un lado las anécdotas que tanto gustan, vuelvo al punto inicial y es abordar este debate por donde se debe. Si quieren criticar la obra, los invito a ver el 60% restante en la Valenzuela Klenner, y luego si atreverse a poner calificativos de cualquier índole.

    Con respecto a la Expedición del Bicentenario, existieron ‘lunares’ bastante grandes y peludos. Lanzo preguntas específicas, las primeras con respecto al proyecto y las que para mi son sus falencias.

    – ¿Durante la Expedición se pensó en como trabaja un artista? en el tiempo que necesita para entender una situación, para digerir, explorar, perderse, interactuar con las personas, con el paisaje mismo?
    – ¿Se pensó en cómo los artistas, podrían llevar a feliz término las obras pensadas, cual era la ayuda que iba a brindar la Fundación? Si no, ¿Para qué escogieron obras que estaban pensadas como instalaciones, largomentrajes, grabaciones en cine de 8mm, ediciones de libros y cuadernos, si no había una bolsa destinada al desarrollo de éstas obras?
    – ¿Cual fue el impacto real sobre las comunidades ribereñas del río? ¿En que se vieron beneficiadas con respecto a los trabajos que desarrollamos los artistas allí si no existió ningún plan de retroalimentar experiencias?
    – ¿Por qué o cual era la necesidad de llevar a tanto directivo e invitado y como se escogen,y por qué un proyecto de este tipo gira mas entorno a las dinámicas de éstos personajes y su mundo (invitaciones, recibimientos institucionales y cocteles) y no entorno a los artistas que deberíamos tener el papel relevante?

    Finalmente preguntas a personas específicas?
    – El señor Sergio Becerra (Director de la Cinemateca Distrital y de Medios Audiovisuales FGAA) durante la estadía en el barco reunió a los ganadores de la convocatoria por Medios Audiovisuales, entre los que me cuento, y nos habló de una bolsa de 6 millones de pesos que por persona estaban destinados para el desarrollo posterior de la obra de cada artista. Al final esos 6 millones se fueron ‘achicando’, primero a 3 millones con el argumento que la plata se iba a destinar al montaje y luego a nada, 0 pesos, ninguno fue finalmente el aporte económico que nos brindaron. Si pensamos de buena fe y esa plata no existía, ¿Cómo un director del área de Medios Audiovisuales de la FGAA, director de la Cinemateca Distrital promete dineros con los que no cuenta? Si pensamos de mala fe, ¿Que pasó con esa plata? Y no me digan que se gastó en el montaje que como bien lo dijo Lucas no era mas que un reguero de maquetas y obras cambiadas o inconclusas de unos pocos artistas que quisimos mostrar en el Pabellón del Bicentenario.

    Elkin Calderon
    Video Head Cleaner


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.