Gran Debate Sobre El Salón Nacional De Artistas

Durante la rueda de prensa que ofreció la Ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba, en las horas de la mañana, con motivo de la inauguración en Santa Marta del 42 Salón Nacional de Artistas, tuvimos la oportunidad de preguntarle sobre el Salón Nacional y de otras preocupaciones sobre el campo artístico del país.

Artistas Zona Oriente: ¿En estos momentos en el país, en los diferentes ámbitos del sector de las artes plásticas y visuales, se suscita una interesante y álgida discusión alrededor de la metodología y el formato del Salón Nacional de Artistas. Cuál es la percepción que tiene el Ministerio?

Mariana Garcés Córdoba, Ministra de Cultura: El Salón Nacional de Artistas es un proyecto de 70 años; sin embargo, queremos invitar a una serie de artistas, productores culturales, la academia y a los diferentes actores del campo artístico, para realizar un gran debate sobre el Salón Nacional de Artistas, porque tenemos toda la percepción, que es compartida por un grupo significativo del país, que los Salones Nacionales de Artistas ya no son propiamente de artistas, que son más de curadores.

Por esta razón, el Ministerio se tomará el espacio para reflexionar y ver que hay que redireccionar, pero de ninguna manera para debilitar sino fortalecer, porque cada día los diferentes programas del Ministerio deben robustecerse más, pero si con nuevas miradas sobre el Salón Nacional de Artistas. Esta tarea la acometeremos muy rápidamente, dado que el año entrante es año de regionales.

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publicado por Artistas Zona Oriente

foto Víctor Hugo Garavito


6 comentarios on “Gran Debate Sobre El Salón Nacional De Artistas”

  1. Gina Panzarowsky dice:

    Lo mejor que pueden hacer es acabar con este dinosaurio de la modernidad llamado “Salón Nacional de Artistas” y redireccionar ese rubro hacia programas de largo plazo.

    Doy un ejemplo: Un proyecto como el bodegón murió por su inviabilidad económica (…una ficción no puede ser mantenida sin algún nivel de referencia material…), y me pregunto, ¿qué pasaría si proyectos de este tipo ganan sostenibilidad económica desde el Ministerio? Pero ojo: que no se vuelvan centros de poder que reciclen las mismas prácticas del salón.

    La política del Ministerio no debe ser aparecerse cada dos años con una platica debajo el brazo, para menguar la mendicidad económica y espiritual del medio!!

    Antes que hacer salones ¿no es mejor invertir en espacios que le garanticen a los artistas formas y modos de producción estables en el tiempo, por fuera del mercado?

    No más sutanos y perencejos haciendo ochas y panochas con un billete que es de todos y todas!!

    El Salón se ha vuelto un fin y no un medio y como medio es un sistema obsoleto, caduco y burrocrático.

    GP

  2. La ministra anuncia que van a repensar el Salón, como se viene haciendo desde hace décadas, como se seguirá haciendo mientras el Salón siga convocando tanto el interés de los artistas y la atencion del público, como la decisión de los gobiernos de mantener abierto ese escenario de exposicion del arte en Colombia. El Salón complementa los objetivos y los logros de espacios como el Mambo o la Fundación Alzate Avendaño – para hablar sólo de Bogotá- que aunque tienen gestion privada se alimentan esencialmente de dineros públicos.

    Me sorprende, en cambio,la afirmacion de que es un ‘salón de curadores’ porque la tendencia de las últimas ediciones es la de que se han hecho cargo del mismo artistas desdoblados en curadores. Que yo sepa, Rafael Ortiz era pintor antes de convertirse en curador…

  3. Desde el comienzó y durante los preparativos del 42 SNA Agenda Samaria sin estar en el ojo del “huracán” de los debates ha captado la trascendencia de lo que se cocinaba y de cómo se fué construyendo el mensaje que llega a los medios, por ejemplo en el desarrollo de Geoestéticas del Caribe, un taller del Ministerio en donde se mostró casi que un un consenso alrededor de la propuesta de Maldeojo e Independientemente 42SNA: Ya venía la experiencia del 41 Salón en Cali y la fortaleza de Archipelia, la propuesta académica, componente pedagógico de todo el movimiento por los nuevos escenarios que el lenguaje del arte debia activar en la sociedad y luego de la inauguración del Salon 42 en Barranquilla se llega al de Santa Marta -la segunda estación del 42SNA- con un detonante muy fuerte en las declaraciones de la Ministra sobre un Salón de Curadores Vs. Un Salón de Artistas…
    La rueda de prensa de la Ministra estaba centrada sobre la no menos importante razón de su visita a la ciudad como la primera reunión con los responsables de la cultura en las regiones y sobre la implementación del IVA para el sector deporte/cultura en lo regional, y de cómo la transferencia de este recaudo depende de la seriedad y planeación de las gestiones de cultura que proyecten las regiones (Departamentos y Municipios) Y sobre ello interrogó Agenda Samaria dado que en la ciudad, no existen políticas claras de cultura en esas instancias lo que suponemos influirá en los recaudos de esas transferencias , que como lo manifestó la Sra. Ministra es una gestión que deben optimizar las regiones mancomunadamente con el Ministerio.

  4. Diego Marín dice:

    La mala jugada del Salón Nacional de Artistas

    ¡Ay, mi madre!, sé que me meteré en camisa de once varas, pero, como dicen en E, en plena bacanal de esos Wild on que hasta envidia le dan a uno, oye, “that’s life and Entertainment”.

    De entrada, para calentarnos, eso ni es un salón, ni es nacional, ni yo vi ningún artista por parte alguna, sino más bien unos niños y niñas como paliduchos, con cierto aire aterciopelado, sí, en cualquier momento hasta entraba Andrea Echeverri y se armaba la ‘coletera’, y con unas ínfulas aquellas ingenuas criaturas, qué te digo, divertidísimas, de demostrarle al mundo entero que ellos son una especie de seres superiores, que casi levitan, y cuyo arte nadie entiende –pero, ¿me entiendes, Méndez?– y se la pasan juiciositos, eso sí, todo el día teje que teje alambritos con alambritos, y más alambritos, teje que teje, y haciendo perros electrónicos –“perreo, perreo”, cantaría Daddy Yanquee en mi obra de arte conceptual– dizque para explicarnos a nosotros, la pobre chusma imbécil que se debe declarar seguidora sumisa, sí, como en misa, de aquellos niños y niñas que seguramente tienen problemas con papá –me lo dijo Freud, anoche, en un sueño azul donde también salía Marcelo Del Campo, digo, Marcel Duchamp, y Álvaro Barrios se moría de la risa con el período rosa de Picasso– de explicarnos a ti y a mí, lector, mandan cáscara, oye, como si hubiéramos nacido ayer y estuviéramos pa’ tragarle cuento a nadie, qué es exactamente lo que debemos entender bajo el concepto de arte.

    ¡Ay, niña!, se ve que no han juga’o dominó en ninguna esquina de la vida.

    En esto último, se les sirve la razón en bandeja de plata, son seres superiores, genios incomprendidos con una capacidad portentosa para el enredo trivial, la incomprensión adolescente, el galimatías de espanto y el autismo estético, ah, y sus curadores pedantes, los responsables en últimas de esta patraña, de este fraude artístico, necesitan con urgencia un seminario de redacción, que yo los dicto a buen precio, o a un precio conceptual.

    Y ahí está el quid del asunto, en el folleto del Salón se habla de “extensiones curatoriales”, en buen uso de ese lenguaje pedantesco que pretende descrestar y pisotear con conceptos eunucos a la audiencia, que busca esconder las íntimas deficiencias mentales, la ausencia de sangre y nervios, de una auténtica vocación para el arte –una cosa es el artista y otra el castrati que echa carreta sobre arte porque no sabe cómo hacerlo, que nunca ha estado en el Wild on, y se le nota en lo paliducho, en lo conceptuoso, ay niña– porque asistimos al despliegue egótico, narcisista, de los curadores, otros niños y niñas con aire aterciopelado, quienes en uso y abuso de una carreta intelectual de tercera mano, que viene de España, que viene de Europa, que se parece a Mambrú, se fue a la guerra, pero no volvió, o más bien nunca fue, nunca estuvo en la guerra del arte, una carreta que viene de décadas, mi hermano, cuento viejo y mal echa’o, como que me gusta la mañana y me gustás tú, ¿qué voy a hacer? Je ne sais pas, ¿qué voy a hacer? Je suis perdu, en otras palabras, que es una manifestación castrada y para castrados de una profunda incapacidad para comunicar el arte con el público.

    ¿Paramos? ¡No! ¿Seguimos? ¡Sí!

    ¿Qué voy a hacer? Je ne sais pais, ¿Qué voy a hacer? Je ne sais plus. Me gusta el sol, me gustas tú, pero no me gusta el Salón Nacional de Artistas, no me gusta ese arte que ni siquiera es conceptual, sino conceptuoso, que atribuye a la mediación –o, mejor, a los mediadores– un estatus superior, por encima del público, en incluso del mismo artista, y concede a los repetidores de discursos a la moda, a los epígonos de al tres por cuatro, a esos niños paliduchos que no saben siquiera redactar un párrafo con alguna claridad, y entonces cómo va a confiar uno en su claridad conceptual, si, como decía el matemático Blas Pascal: “lo que se piensa bien, se escribe bien”.

    No estoy hablando por hablar, se trata de graves dolencias sintácticas, de esas que dan pena ajena: desafío a cualquier lector medianamente culto a que encuentre por lo menos seis errores gramaticales obvios, y eso para no hablar de barbarismos y anacolutos, de redundancias y pleonasmos, nada más en un parrafito, un miserable parrafito que no dice na’, de seguro escrito por alguno de los sesudos curadores, el cual está en la pared, a la entrada del Museo de Arte Moderno de Barranquilla.

    Te desafío, lector barranquillero, mi pana, mi brother, familia, a ver si nosotros participamos en el proceso, ya que les gusta tanto la palabra, si nosotros somos curadores de los curadores, mejor dicho, los que le ponen el cascabel al gato, y le hacemos arte conceptual a su inoperancia disfrazada de prepotencia, y digámoslo claramente, sin ambages, a calzón quita’o, para esconder su falta de inteligencia –ay, dizque conceptuales–detrás de la palabrería vana.

    Pa’ los bobos, aquí no se le echa cuento al cuentero, mi hermano.

    Pero se creen más inteligentes que Einstein, y están tan habituados a vivir del cuento y la parodia, que jamás se imaginan que alguien pueda en verdad leer el tamaño de su ignorancia, que alguien se dé cuenta que nos han dado gato por liebre ¿Qué voy a hacer? Je suis perdus. Me gusta el mar, me gustas tú, pero no me gusta el Salón Nacional de Artistas, que vaina, ¿no?

    En el siglo XVII, el barroco literario español se abrió en dos ramas: cuteranismo, con Luís de Góngora, y conceptismo, con Francisco de Quevedo.

    El primero enredaba las cosas con las palabras; el segundo, con los conceptos.

    Claro, ambos eran geniales, no curadores. Decía Quevedo, por ejemplo: “diréis, por disculpar lo que bebistéis, que son las opiniones como zorras: que uno las toma alegres, y otro tristes”.

    Y entonces don Francisco, en la partida de dominó, se sacó un doble seis contra el arte conceptual trescientos años antes, posmoderno que era Pacho.

    ¡Ay, mi madre!, me habré metido en camisa de once varas, pero, como dicen en E, “that’s life and Entertainment”, y quien lo vive es quien lo goza.

    Así, los que no viven el arte, tampoco pueden gozarlo, entonces viven experiencias curatoriales –suena como inquisitoriales, y me parece que por ahí va la cosa, pero, mi hermano curador, parcero, ¿usted si cree que a alguien, aparte de usted mismo y sus tres espejitos complacientes, como el de la madrastra, que hablan con voz meliflua a espasmódicas miraditas bogotanas llenas de desprecio por los que “no son como nosotros”, esas palabrejas le dicen algo, usted si cree que ese negocio tiene algo que ver con el arte? Chico, tocará entonces abrir en los manuales de psicología un capítulo que hable de la extensiones curatoriales como una forma de autismo.

    Mientras tanto, yo seguiré cantando: “me gusta la brisa, me gustas tú. ¿Qué que voy a hacer? Je ne sais pas ¿Qué voy a hacer? Je ne sais plus ¿Qué voy a hacer? Je suis perdu. Lo que no me gusta, para nada, es el Salón Nacional de Artistas.

    Diego Marín
    http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/L/lamalajugadadelsalonartistas/lamalajugadadelsalonartistas.asp?CodSeccion=27

  5. Menos mal el Ministerio nos está escuchando; eso me parece muy bueno. Ya venía yo diciendo desde hace un buen tiempo, que el Salón Nacional de Artistas se ha convertido en el Salón Nacional de CURADORES, los artistas (y sus obras) han ido desapareciendo poco a poco de las escena del arte local; nos tomamos muy en serio lo de “la muerte del autor”, que desencadenó en la muerte del artista y la emergencia del curador como figura hegemónica de poder.

    De la muerte del autor a la muerte del artista: reflexión crítica para un debate en torno a la figura del curador.
    http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3232731

    El Salón Nacional de (Artistas) Curadores.
    http://esferapublica.org/nfblog/?p=11417&cpage=1#comment-30258

  6. El Liceo Celedón

    Esta es la crónica de cómo supe cuál era mi colegio ideal, de lejos el más incluyente de Colombia entera.

    La proyección era en uno de los salones del Liceo. Uno de esos de techos altos, con ventanas pequeñas y altas que dejan filtrar la luz desde arriba y pinta los espacios y los rostros como si fueran santos. El salón también tenía un pequeño altillo y, bajo las escaleras que conducían a él, había un cementerio de pupitres, arrumados unos sobre otros, desangarillados y chuecos, como estudiantes castigados. Había también un aire acondicionado de los años 80 archivado exactamente donde alguna vez lo instalaron nuevecito. Y las paredes pintadas de amarillo y amarillentas estaban garabateadas a lápiz, lapicero y marcador con nombres y lemas. Uno de ellos rezaba: ‘Amérika Nova más’.

    Esa noche llovía en Santa Marta, copiosamente. Y en el patio central, presidido por un frondoso almendro enano, estaban las sillas de plástico volticabajeadas para evitar que se encharcaran demasiado. Y las sillas y el patio, y los salones del Liceo, y esas columnas, y esas balaustradas que limitan los pasillos, y ese color mostaza en la mitad del Caribe eran una verdadera obra de arte. Una que contenía una muestra del 42 Salón Nacional de Artistas en su aniversario 70. Ese salón, que se fue a cumplir años en el centenario Liceo Celedón para darles un espaldarazo a sus estudiantes y a su historia. Y reconocer, de paso, la importancia que ha tenido su presencia en el Caribe y en esta República.

    A pesar de la lluvia, había gente en los pasillos conversando. Y gente en los pequeños salones dejándose impactar por la obra de Libia Posada, por ejemplo, que trabajó durante varios días con madres de estudiantes del Liceo. Madres cabeza de familia desterradas por la violencia. Y allí estaban, en medio de un salón con goteras, los mapas de su ruta de desplazamiento pintados por ellas mismas. Y estaban también, en otro salón, unas fotografías en blanco y negro de piernas de hombres y mujeres que tenían pintado sobre las venas su penoso periplo de abandono. Y el ambiente tenía un aire místico. De cotilleo de iglesia.

    Estábamos allí para ver la aproximación poética al arte del transformismo que llevaba Rolf Abderhalden, el de Mapa Teatro, que esa noche tendría la forma de un reinado. Entonces se paseaban ellos convertidos en divas de lentejuelas, y veíamos llover en Macondo con simpatía. Había extranjeros, cachacos y costeños. Y todos admirábamos esa bella construcción del Liceo, y lamentábamos en silencio ese estado de abandono tan tenaz en el que se encuentra. Así que, cuando me topé con el rector, un samario bonachón y sonriente, me le fui encima con los reclamos.

    -Tienes razón -dijo.

    Luego supe que durante 15 años el colegio estuvo a merced de la desidia. Que si hubieran destinado un par de millones al año, el Liceo estaría buen mozo. Y me enteré, también, de que, desde que Simón Esmeral fue nombrado rector hace un año y medio, comenzó una nueva época en el glorioso Celedón. La biblioteca, por ejemplo, ya está restaurada. Y el año que viene comienzan las obras en todo el plantel. Que será dentro de poco tiempo el centro cultural más importante de Santa Marta. Me atrevo a decir, sin temor ni vergüenza, que será el más importante del Caribe colombiano. Porque en el Liceo Celedón cabe Colombia entera. Allí conviven hijos de este variopinto país que nos tocó en suerte. De desplazados y ex guerrilleros, de ex paramilitares, de mujeres y hombres que hacen lo que pueden para que sus hijos recuperen la dignidad perdida.

    Cuando escampó esa noche, comenzó el reinado. Y aplaudimos a reventar.

    Salimos de allí en estado de gracia, reconciliados con nosotros mismos y con la patria. Desde ese momento, supe que ese era mi colegio ideal, de lejos el más incluyente de Colombia entera.

    Mi Liceo es tu Liceo.

    http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/cristianvalencia/el-liceo-celedon_8526546-4


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