Diamantes y látigos


Reseña sobre VIRES: Poder, Fuerza, Elección.

Un ciclo de performances de la artista María José Arjona.

I.

 

llegué faltando un cuarto de hora para que abrieran las puertas de la galería. me fumé un cigarrillo mientras tanto, luego vi que abrían y algunas personas que esperaban sentadas en los bolardos del andén o parados en frente, entraban cuando el guarda les daba paso. crucé la calle camino a la entrada mientras terminaba mi cocacola. el guarda me saludó y me dijo que podía seguir, indicándome en donde tirar la lata.

dentro de ese edificio que por fuera parece una casona republicana pero que por dentro está

totalmente renovado en un minimalismo brutista y práctico, habían telones colgados desde el segundo o tal vez desde el tercer piso, cubriendo el interior de ese hall grande al cual se accedía por un pasaje a cuya entrada uno era bienvenido por unas jóvenes de camiseta blanca con estampado de videoarte de maria josé arjona fotomontada con animal, que no sé cómo se llama ese video, y que en la espalda decía poder, fuerza, elección; ellas daban las instrucciones mientras le ofrecían jabón antibacterial para las manos. por cierto las instrucciones pretendían ser claras, pero en realidad, creo yo, su verbalización nunca lo era lo suficiente: vas a entrar y vas a ver a la performer en una tarima a la que podrás subir para lanzar un dado. el número que te salga en el dado será el número de acciones que podrás hacer (la misma acción x número de veces? x número de distintas acciones?) a mí me dijeron que era alguna acción que tuviera que ver con el cuerpo, repetida x veces según el número que obtuviese en el dado.

entiendo, les dije a las jóvenes, no sin sentir cierta confusión.

yo tenía en mente una sola cosa para hacer con maria josé. por alguna razón creía que un abrazo, un abrazo mantenido, un abrazo largo, de unión de cuerpo y cuerpos, entre desconocidos; creía que un abrazo era una acción que valía la pena hacer con ella. abrazarla no fuerte, ni apasionado, sino un abrazo lento, no sé… tal vez mi abrazo no fue el mejor, igual qué importa.

pero hasta el momento no la había abrazado porque apenas entraba al lugar dispuesto con reflectores de luz cálida enfocados al centro del espacio donde estaba una tarima cuadrada de más o menos dos metros de ancho, forrada en tela verde, en donde se erguía con esa presencia de marilyn manson delicada y femenina, ella. así me pareció la primera vez que la vi, semanas antes en el museo del banrep, aquella vez de blanco vestida y uñas negras y con unos ojos que como que quería sacárselos a penas miraba a los asistentes de esa noche de inauguración mientras doblaba papelitos de origami, no sé si en conejos como los de las fotos grandes que había montadas en la pared del lado, y que volvía a desdoblar con paciencia y técnica, presencia, seriedad, elegancia. eso me gustó cuando la conocí.

ahora que entraba en esa cueva en la que se había vuelto esta galería nueva, ella estaba allí, con sus botas negras de suela reforzada, bajo esta falda un poco tubular negra también, parte de su vestido enterizo, sin mangas, escotado. particular atención causan siempre esos amarres de cuero que llevaba sobre el vestido y que caían desde sus hombros, cruzándose en el pecho, y que mediante argollas tejiéndose caían un poco más abajo de su cintura, terminando en lo que parecían ser unos ganchitos de metal adelante y tal vez también atrás. cuero negro, desde luego. peinada hacia atrás con alguna especie de sustancia que le mantenía el pelo en su lugar, dejando ver perfectamente su rostro pálido, que creo debe ser previamente maquillado con algo de base muy clara, como debe ser originalmente su piel, pero que bajo las luces no brilla, ni brilló en aquella noche en el museo del banrep, en donde creí verla más de cerca aunque no lo fue así.

en su pedestal verde, esta mujer con rasgos tan afilados como las de una actriz de película de terror, recibía a la gente que ella misma iba llamando. 1. ella misma iba llamando a la gente para lanzar los dados. ella elegía en principio. el elegido, hombre o mujer (incluso vi a una niña participar) que se veía llamado por el dedo de maria josé, extendido desde la misma mano con la que sostenía un dado blanco, acudía al pedestal verde aceptando la invitación. claro, cualquiera que fuera a una galería a ver un performance previamente publicitado tendría que llegar con cierta actitud participativa. creo que más de uno tenía previamente meditada su intervención con ella, incluso un señor le llegó con una rosa, y un bombón rojo, y se lo puso a chupar en un momento, y le metió la rosa entre el arnés sadomaso de una forma bastante aparatosa. aclaremos aquí que parte de la instrucción que daban las señoritas jóvenes a la entrada del espacio era que no se podían usar objetos. ah, y que tampoco se podía hacer registro fotográfico. no que no se podían tomar fotos, sino que no se podía hacer registro fotográfico. así me dijeron.

por mi parte siempre supe que lo que quería era abrazarla. no tardó demasiado en apuntarme con el dado. en ese momento no habían más de quince personas en aquella sala de cemento fría y oscurecida. más o menos quince por mucho, creo yo, contando unos dos fotógrafos que movían trípodes y cámaras de allá para acá muy aplicados, muy profesionales, las señoras de la gestión galerística, claro, emocionadas pero sobrias revisando un poco todo lo que pasaba, otro par de jóvenes féminas de camiseta de poder, fuerza, elección, que igualmente asistían el suceso en su logística, y algunos pocos visitantes, público que como yo fue a ver a maria josé hacer acciones con la gente.

me quité la chaqueta y la guardé en el bolso. dejé el bolso en el piso junto a una columna y me quedé mirando qué le hacía a alguna persona que estaba en la tarima con ella. no recuerdo a quién vi en principio, recuerdo que antes de mi intervención, noté como una joven dudaba luego de haber lanzado el dado, y que la tocaba tímidamente, de la misma manera, poniendo sus manos sobre los brazos de maria josé, unas cuatro veces igual. luego creo que maria josé lanzó el dado y acto seguido tomó la mano de la chica esta y se la metió dentro de su arnés de cuero, y pensé que iba a ponérsela en la teta pero luego me di cuenta que iba para el corazón. y allí le dejó la mano mientras respiraba, por algunos segundos. terminó cuando le retiró la mano y asintió con su cabeza dejando ir a la joven.

luego me señala con el dado. bien, camino hacia la tarima. me subo. la miro a los ojos, momento emocionante ese en que uno quiere ser totalmente certero en sus actos, y que cree que la está mirando de una forma hipercomunicativa, pero que mientras escribe esto se da cuenta que la miró muy corto, que no le observó sus pupilas lo suficiente para hacerle entender algo que no podría escribir aquí porque seguramente no sé ni cómo llamarlo. lancé el dado: tres. yo quería que me saliera uno, porque quería darle un solo abrazo durante todo el día, quería quedarme con ella allí abrazándola hasta el final. la miré y creo que ella se acercó, porque luego vi que ella se acercaba a la gente luego de que la gente lanzara el dado, como enfrentándoseles. abrí los brazos y la atenacé por el cuello, no sin dejar de ser delicado, dejando caer mi cabeza en su hombro desnudo y no tan frío. en algún momento noté que era yo quien me estaba abrazando a mí mismo porque mi brazos se encontraban de vuelta, de forma que mi mano izquierda reposó sobre mi hombro derecho. yo sólo podía intentar sentirla a ella, era detestable sentirme a mí mismo. habiéndola abrazado me enfoqué en controlar mi respiración, relajarme, tranquilizar la adrenalina que saboteó la primera mirada y de paso mi modo de asirme.

ella que era ese cuerpo delgado vestido de negro, yo que quería quedarme allí todo el día, respiraba concentrado. era difícil sentirla. sentía más el dilatarse de mi pecho abrazado a un hilo, inmóvil hasta que noté que movía su mano en mi espalda, casi como una caricia. luego mi pierna derecha empezó a temblar, mi postura debería mejorar si quería controlar esos temblores involuntarios, pero dejé que temblara en parte porque maria josé reaccionó apretando su abrazo. claro, no mucho después noté que ella empezaba a despegarse, a empujarme suavemente con sus manos, de adentro hacia afuera. no. me resistí manteniendo mis brazos en su lugar, forcejeando como cuando uno sabe que ha perdido a una mujer querida y no quiere dejarla ir, pues sabe que no volverá a tenerla nunca más, pero dejándola finalmente por no querer lastimarla con esa fuerza que dicen tenemos los hombres.

pocos segundos después de su primer rechazo volvió a presionarme con sus manos  y haciendo palanca con los brazos, de repente ese cuerpo grácil y astuto se apartó de mí con una rapidez pausada, con decisión.

me miró de nuevo a los ojos de pie a una distancia media y lanzó su dado: cuatro. se me acercó, pasó sus manos descendiendo por mis ojos para cerrarlos, apuntó su boca hacia mi frente y puso allí su beso carnudo y blando, que sonó más o menos al chasquido de tres emes minúsculas. luego hizo lo mismo en mi mejilla derecha y luego en la izquierda y luego con la misma calma, me apuntó al pecho para darme otro besito. gracias, susurró muy delicadamente, asintiendo con su cabeza, dándome a entender el fin.

más personas iban llegando al lugar. el turno siguiente sería para cualquier otro. recuerdo que un tipo la tomó de la cintura y la levantó, dio un giro con ella entre brazos, ella sonreía sorprendida. creo que le respondió de nuevo poniendo la mano de este tipo en su corazón por otros varios segundos. o tal vez le dio otro besito en la cabeza, o en las manos, o como a esta otra señora, que le besó cada dedo de su mano izquierda. debió sacarse cinco en el dado para hacer eso, creería yo. de hecho 2. no sé si importaban, o si importaron tanto los dados. muy probablemente eran tan sólo una excusa para intercambiar roles de poder en el escenario, aunque también eran una regla advertida desde el principio por terceros, como parte de un libreto.

me molesté cuando la vi darle besos a otra persona, a la que le besó la cabeza, igual que a mí. entonces me pareció que lo mío había sido tan ordinario como saludar a un extraño en unas condiciones muy particulares de protocolo.

qué cosa más ordinaria dar un beso.

toda vestida como una dominatriz neobarroca, manipulable hasta cierto punto, se despide con besitos y dice gracias. a otras personas se les veía en un diálogo muy tímido en la voz más baja, porque no entendían qué hacer. y ella les guiaba lacónica e inaudible.

abandoné el lugar luego de unos veinte minutos. salí, fumé, llamé y no me contestaron. antes de almuerzo volvía a entrar a mirar en qué iba. un tipo le cantaba con voz frágil algo en inglés, una balada. terminó y ella le susurró algo al oído, y le tomó como para empezar a bailar un vals muy tranquilo. el tipo cantó de nuevo mientras bailaban. después sucedió esto del señor de la rosa y el bombón rojo.

luego una mujer la abrazó por la espalda y parecía que le decía cosas al oído, algo hasta cierto punto eran una imagen lasciva.

de pronto también se despidió de besitos de ella.

otra señora entró a la tarima, lanzó el dado, ni idea del número, pero reventó en llanto. maria josé la abrazó consolándola, conmovida y sonriendo de ternura. posiblemente también le dio besos.

es que me parecía muy vulgar darle besos a todo el mundo. o tocarles la cabeza en esa cosa sacerdotal, ritual. cosas así de inesperadas sucedían cuando no les llevaba la mano al  corazón, o cuando no les daba besitos. aunque tampoco es que a todos les diera.

la feria del beso, me dijo una amiga que fue también a verla. otra amiga no quiso subirse a la tarima a jugar dados. la gente seguía llegando ¿qué más se puede decir? tengo entendido que el evento iba de 11am a 7pm.

en el segundo piso de la galería habían fotografías registros de acciones pasadas y el video del retrato transformándose en animal, en lobo o perro. no sé bien. desde un pasillo del segundo piso podía verse la pantalla de tv que estaba abajo en el recibidor. mostraba el registro de la acción del diamante. no fui ese día. pero las aproximadamente veinte fotos que mostraba la pantalla en secuencia repetida, no daban cuenta de lo sucedido. ni sugerían siquiera ese chismorreo que luego se extendió sobre el maltrato que sufrió al exponerse a la gente con un diamante dentro de su boca, desafiándolos a sacárselo. y eso de que alguien le propuso que por las buenas le entregara el diamante, que él le prometía que al final se lo devolvería, para que dejara de estar ahí a la merced de los violentos buscatesoros. me dijeron que ella lo entregó entonces y que el trato se cumplió. después me dijeron que ella había entregado el diamante pero que lo había hecho definitivamente, sin recibirlo de vuelta.

esto no tiene que ser necesariamente cierto.

 

II.

la programación de la jornada de acciones que haría la srta. arjona en bogotá estaba disponible desde luego en alguna red social, en el periódico y también en afiches. los afiches estaban impresos con la fotografía en que tiene puesto un accesorio de cuero en la cabeza,

una especie de cosa que no sé cómo se llama de las que le ponen a los caballos para que no miren hacia los lados. la foto es chuzca, con ese perfil y esa cosa amarrada, en blanco y negro inmaculado. curioso porque uno no sé imagina qué está haciendo mientras tiene eso puesto, aunque creo que ya habrá más tiempo para investigarlo. ayer era el día final de su jornadas de acción.

remataba con esta que titula “sobre el conocimiento y la liberación”. ya lo tenía anotado en la agenda, pensaba asistir. por fortuna alguien me arrastró hasta el centro en donde, luego de clase, pude dirigirme a la galería de nuevo. alguien dijo que ya había empezado, cosa que me extrañó porque el cronograma decía que iba de 5pm a 9pm. en cromos.com leí que si la acción llegaba a extenderse por más de cuatro horas, maria josé habría de ser desamarrada, pues correría riesgos de salud por efectos de su auto-tortura. la descripción de la acción va más o menos del siguiente modo:

ella está acostada sobre una mesa blanca, en este caso, ha estado sobre otras mucho más imponentes según se ve en catálogos. pero igual, amarrada. atada prisionera a la mesa, ligera de ropa, apenas unos calzones negros y un brassier de banda, negro también. en otras fotos la he visto del todo sin bra. debe ser la altura. obvio, las uñas de los pies estaban negras. mmmmmmmmmmm no me acuerdo de las de las manos, tal vez no. y como decía, estaba prisionera dentro de este otro dispositivo de correas de cuero bondage/sm que le va tan bien a ese perfíl femme fatale.

contemos las correas: 21. una en cada empeine de cada pie. una justo encima de cada tobillo. una justo bajo sus rodillas y otra justo arriba. otro par un poco bajo la cadera, una en cada pierna, claro. una amarrándole la cadera. otra en la cintura. otra más en el abdomen. luego otra a la altura del pecho. tres en cada brazo: parte superior del brazo, codo y muñeca. y desde luego una en el cuello. o serán 22? y tiene una amarrándole la frente? es que no alcanza a verse bien la foto de la guía de estudio 111 de la colección de amigos del banrep.

bueno. seguro también tenía otra más. de hecho no me imagino cuantas debe tener en su colección.

entonces está amarrada con estos cueros negros, sellados con candados plateados, muy metalero todo. chevre. la chica está amarrada a la mesa, en esa caverna oscurecida que se ha vuelto la galería, bajo los reflectores enfocados justo al centro donde antes estuvo la tarima forrada de tela verde.

cuando llegué ya había mucha gente al rededor. bastante más que el sábado. un anillo de personas enfocando toda su atención al cuerpo de mariajosé prisionero a voluntad. es una imagen muy de lección de anatomía, si se me permite la referencia, pero la gente no está mirando hacia el pintor, sino hacia el cuerpo de mariajosé.

claro que antes había que pasar por el filtro antibacterial. una chica de camiseta poder, fuerza, elección me dosificó el jabón e impartió las instrucciones: que uno tenía que liberar un candado intentando las treinta llaves, y que no sé, algo más dijo sobre el cuerpo y tal. bueno, yo no quería abrir candados en esta ocasión y no le puse atención.

para el momento en que logré entrar al círculo de observadores ya habían soltado la mayoría de los amarres. las correas de los pies, piernas y cintura, posiblemente también las del pecho ya estaban sueltas. faltaban los bazos y el cuello. me sorprendió la velocidad. me imaginaba que uno solo tenía una oportunidad de sacar una llave, como en un programa concurso de ganarse un carro, pero no había premio, no había diamante; estaba ella, había que ganarse entre todos la liberación del cuerpo de maria josé.

junto a la mesa habían dos chicas, digo mujeres jóvenes con camiseta de poder, elección y fuerza, cada una sosteniendo dos vasijas de porcelana blanca, con cierto diseño austero. en una de las porcelanas el voluntario de turno debía buscar una llave, y acto seguido ir a abrir el candado que cerraba alguna correa. si no servía la llave esta era depositada en el otro recipiente, dejando escuchar su sonido metálico sumado a la vibración cristalina de la porcelana, en medio del silencio producto de la tensión de todos los espectadores medio invisibles por la penumbra de la sala. entonces se debía intentar con otra.

ahora que lo pienso esa iluminación era muy romántica. o muy barroca? no. romántica. bueno, pero era también como de espectáculo sobre todo por el foco central sobre el artista.

el detalle simpático de las correas amarradas se revelaba cuando se abrían: una punta metálica, un tache punk vuelto hacia adentro cosa que se enterraba presionándose y sin penetrar realmente en la carne de maría josé. el detalle sadomaso del dispositivo de cuero se repetía en cada uno de los amarres; en algún momento se me informó, tal vez por chisme

o por leerlo, no sé bien, que estos taches presionaban ciertos puntos energéticos del cuerpo, chakras, meridianos o como se llamen. se enterraban entonces en veintidós talones de aquiles. maria josé se ofrecía indefensa de nuevo, semidesnuda, a la expectante sociedad local, así como lo ha hecho en el Teatro Anatómico de Bolonia, y seguro en algún par de otros lugares bien específicos.

con la ceremoniosidad del caso, con cuidado, mucho misterio o delicadeza, toda una tensión como de película cuando están desarmando una bomba, intentaban con las llaves abrir los candados. desde luego unos se demoraron más que otros, cosa que se sumaba a la adrenalina colectiva. había un señor muy grave que sudaba como cirujano, y con gesto de severo compromiso buscaba llaves al azar en el recipiente para luego intentar girarla, y apretaba sus labios preocupado al sentir la negativa de la cerradura. algunos de los que alcancé a ver abrir candados, ponían sus manos sobre la parte de cuerpo liberada, en actitud de sanación, aliviándole el tache con caricia cálida.

digamos que la última correa haya sido la del cuello. desde luego alguien la soltó, más temprano que tarde, pues antes de las 5:45pm ya todo había terminado. cuando estuvo libre noté una ligera sonrisa en su rostro, un poco de satisfacción, descanso y éxito. se levantó lentamente, recogió sus brazos y se los llevó al pecho, flexionó sus rodillas, posando la planta de los pies sobre la mesa. luego giró sus hombros ladeándose y apoyando luego las manos sobre la superficie ya podía girar su cadera y sus piernas para intentar bajarse de la mesa. logró bajarse con pericia y seguridad. los movimientos estaban ya sin duda ejercitados y aprendidos.

al bajarse de la mesa no es que se pudiera ver mucho el cuerpo de maria josé en esa tiniebla y con tanta gente. no se pudo observar más que el arnés sadomaso, mostrando sus puntas metálicas, revalando otras tantas alineadas en la correa que recorría la espina dorsal, sobre la mesa iluminada; porque maria josé fue recibida inmediatamente por una señora que le puso una bata negra, de seda o en todo caso tela fina, sobre sus hombros, guardando su espalda. de repente un señor atacó con aplausos súbitamente, tactactactac y entonces se vino cierta avalancha de aplausos no demasiado estridente. la imagen de esta señora poniéndole la bata de seda me causó verdadero escozor. bueno, yo quería ver qué pasaba. me fui bordeando el montón de gente y la vi caminar descalza por la penumbra. por ahí vi que le llevaban agua y que se quedaban hablando con algunos asistentes, amigos del arte sin duda, fanáticos del performance.

 

III.

arrojo aquí una serie de conclusiones posibles sobre todo lo que hizo suceder arjona en NC-Arte:

creo que arjona logra que nos interesemos en ella. sin duda. de algún modo nos mete su cuerpo en la cabeza, idea que no me molesta en absoluto. me interesa. me inquieta mucho más la forma en que lo hace, sus acciones y porqué no sus omisiones.

en principio podría decir que arjona se expone al público (como inevitablemente lo hacemos los artistas) o en fotos o en videos, o en carne propia. respecto a las acciones vistas en NC-Arte, creo que se puede decir que además de exponerse en sí misma, lo hace acompañada de un discurso bastante atractivo, de pronto interesante pero delicado: discurso que consta con una entrada a base de “Soy tuya” con una pizca de “Hazme lo que quieras”; súmese a este discurso la puesta en escena, la vestimenta de tortura y el lugar en dónde lo hace, siempre tan aséptico, tan elegante, tan controlado. la osadía de ofrecerse así la podría ubicar dentro de un cierto heroísmo de mártir filántropa (mi cuerpo es el cuerpo social), y al mismo tiempo funciona como un cuerpo (y una persona) que concede premios que van desde el gesto cariñoso a la donación económica en especia.

hablando de especias, creo que el diamante sí es un signo del deseo, correcto. pero creo también que más que del deseo –así ligeramente, dulcísimamente nombrado- es un signo de un deseo de poder económico. y no sé si el deseo económico sea el más poderoso dentro de los cuerpos (incluso yo creería que es un poder que está afuera de los cuerpos, por más diamantes que uno se meta en la boca); aunque sin duda, este poder, esta política es la que más cuerpos aniquila.

igualmente creo que si bien ella tiene un diamante en la boca para regalar dado sea el caso, ella también es el diamante que una galería tiene por dentro. y por algunas razones ese no se regala, se vende.

creo que le encanta el show sadomaso. cosa que no tiene nada de malo, todo lo contrario. salvo por el show, que es imagen vendida de antemano. de paso es posible pensar en los contenidos de política corporal que se pueden connotar de ese gusto, o en todo caso ese uso de ciertas herramientas de tortura (tortura espectacular o más o menos real); y entonces estos contenidos los podamos enlistar junto a la misma política de dominación y aniquilación nombrada arriba: dominación, tortura, esclavitud, explotación: diamante.

creo que quiere compartir su sufrimiento y la cura del mismo. creo que quiere encarnar ciertos dolores y proponerlos como experimentables para el colectivo. socializar sus experiencias de auto-victimización, y sin duda en todo el espectáculo de cortinas negras y luces de escenario, posicionarse como una actriz interactiva valiente, llena de fuerza y coraje; ella abierta y disponible hasta cierto punto.

pero también creo que si bien quiere encarnarse como víctima, todos los objetos y los códigos que acompañan a estos, terminan siendo parte de una compleja estrategia de estética-poética que confunde sus significados de tal forma que lo que aparece al final es un espectáculo contradictorio entre el sadomasoquismo (léase dominio, sumisión, humillación de los cuerpos), y aquella liberación enunciada por la propia maria josé.

creo que ella elige, sin duda. elige hacer a la gente elegir al respecto de ella y su cuerpo. elige ofrecerse a la gente como materia con respuesta recíproca. la gente fascinada acepta su invitación y bajo sus reglas juega con ella. finalmente, si los dados planteaban un parámetro de acción, entonces creo que ella me quedó debiendo dos abrazos.

creo que la imagen al final de todo, de esta señora poniéndole la bata encima, inevitablemente me recuerda la conclusión de una pelea de boxeo. en esta ocasión, un deporte femenino, una lucha contra sí misma en donde ella y sólo ella (muy a pesar de todas las referencias a los cuerpos tácitos implicados) puede salir triunfante.

.

Andrés Felipe Uribe Cárdenas

Anuncios

La dilación Parque de la Independencia se traslada al Concejo

E l 26 de septiembre fue otro 1 de junio para el Parque de la Independencia. El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, IDPC, volvió a hacernos perder el tiempo, esta vez en el Concejo de Bogotá. La vez anterior había sido en el Planetario Distrital, para darle contentillo a “la comunidad”. Esta segunda vez, en busca de hacerle creer al Concejo que el proyecto actual sí hace parte de un plan, y que este plan es nada menos que de Rogelio Salmona.

Ante la imposibilidad de responder por la falta de un Plan Piloto que respalde el proyecto de Giancarlo Mazzanti para el Parque del Bicentenario, el director del IDPC, Gabriel Pardo García-Peña, nos aburrió durante media hora mostrándonos, entre otras necedades, el Plan Piloto de Salmona y el posterior de Juan Camilo Santamaría. Durante la exposición de Pardo, el nombre Salmona fue mencionado diez o veinte veces, como un mantra, para insuflar en los Concejales la idea de que Salmona tiene algo que ver con un “nuestro” proyecto.

Proyecto sobre el cual ni se vio ni se oyó nada, aparte de que el proyecto inical tenía algunos errores que eran atribuibles a él, a Pardo, pero que el nuevo proyecto “ya los corrigió”.

Evidentemente, no se trataba de explicar ningún proyecto sino de cumplir con una citación rutinaria, mientras avanzan en el afán de conseguir una autorización -que no tienen- por parte del Ministerio de Cultura, y una licencia -que tampoco tienen- por parte de Planeación Distrital.

Plan no hay y por eso y para eso estaban citados al Concejo: para explicar porqué no lo hay. El arquitecto, como de costumbre no apareció, y el IDU mandó un funcionario que tampoco pudo responder nada acerca de las irregularidades con las que se ha intervenido el parque, porque “yo soy sólo un ejecutor”.

Para continuar con el tema sin preocuparnos por el arquitecto, propongo olvidarnos de Mazzanti -quien cada vez resulta más evidente que no es más que un intermediario sin importancia en manos del IDPC y de CONFASE- y pasar a tomarnos en serio el tono y el carácter posesivo del Director del IDPC cuando habla de “nuestro” proyecto.

Como dueño del proyecto, Pardo hubiera podido reconocer la ilegalidad en la que están y llamarla por ejemplo, “un pequeño problema”. También, hubiera podido aceptar que se encuentran en el proceso de “aclararlo todo”; y aprovechando la oportunidad, hubiera podido seguir de largo y explicarle a los Concejales que la incomprensión hacia el diseño del parque surge de la genialidad de un proyecto que, por su brillantez, podría tomar otros cien años en entenderse; pero que él, no obstante, como Director de Patrimonio de la ciudad y como experto en el tema, puede dar fe que la ciudad obtendrá lo que se merece para celebrar el Bicentenario, así sea con un par de años de retraso.

Además, Pardo perdió la oportunidad para hacerle ver al Concejo de la ciudad, que quienes insistimos que hay un atropello patrimonial estamos cortos de visión y perdidos en asuntos de historia y cultura. Falta de visión y de comprensión que es precisamente lo que muchos reclamamos al IDPC. Y desde luego, también al Ministerio de Cultura; así los dos posen de lo contrario.

Si uno cree en lo que hace y en lo que tiene, lo dice, lo muestra y trata de convencer a quien corresponda. Pero así no fue. Tal vez porque eso no se hace en administración pública, o tal vez porque el IDPC no tiene con qué, o tal vez porque como funcionarios públicos que son, estaban cumpliendo con la citación, y nada más. De ser así, para los registros burocráticos, cumplieron. Sin embargo, ante los que estamos enterados de qué se trata el asunto y esperando respuestas hace ya no sabemos cuánto, volvieron a hacer el ridículo.

Dentro de su exposición, el Director del IDPC soltó un par de falacias que no pueden pasar inadvertidas:

1. “A nosotros nos parece muy importante el eje norte-sur”.
Lo cual significa que para pasar de un lado al otro de la 26, en sentido norte-sur, no basta que el Parque del Bicentenario cubra la 26 y que su diseño resuelva los flujos peatonales correctamente, sino que tiene que ocupar una parte del Parque de la Independencia.
El nuevo parque, por definición, tiene que unir uno y otro lado de la 26, y esta unión es en sentido norte-sur. No hay más opción. Ello no implica que para hacerlo haya que tumbar más de un centenar de árboles, ni ocupar una parte del espacio de un parque existente, ni imponer una arquitectura para la cual cuando un árbol se atraviesa, se tumba el árbol.
Lógica torpe y equivocada, por decirlo caritativamente.

2. “Como la reserva vial para Transmilenio le quitó al Parque de la Independencia 1.200 metros2, nosotros le vamos a restituir a la ciudad más de 5.000 metros2”.
Un poco más de tiempo y el cinismo de Pardo lo lleva a decir que le salimos debiendo al Instituto por su magnanimidad.
Lo que significa este retorcimiento lógico es que la reserva vial de la 26 le quitó al parque mil doscientos metros y que el proyecto del IDPC le va a quitar cinco mil y pico metros adicionales. Tenían que cubrir la 26 y aunque no se sabe bien ni cuándo ni por qué, en algún momento y por algún motivo decidieron duplicar el área del proyecto y ocupar el “lote” vecino.
De modo que, atribuyéndose un derecho que no tienen, y porque se trata de un espacio que no entienden, decidieron, como quien invade un baldío, ocupar una parte del Parque de la Independencia.

Mientras tanto, el plan IDPC-CONFASE sigue su marcha,. Ya le presentaron el nuevo proyecto al Ministerio de Cultura y están a la espera que el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural lo “autorice” para pasar a buscar la “aprobación” por parte de Planeación. Aprobación después de la cual asumo que debemos esperar otra adición presupuestal, similar a la que ya pasó CONFASE, por $1.300.000.000 para “diseños arquitectónicos”. 1.300 millones, no 130 millones. Y no para la obra civil sino para diseño arquitectónico.

Quien quiera que vea desde afuera esta cifra, se puede imaginar que en Bogotá se juega Monopolio en serio; o que en la ciudad se va a diseñar un nuevo parque Simón Bolívar; sin entender que en Bogotá, y en Colombia, ser contratista en los tiempos actuales, equivale a ser miembro de la Iglesia durante la Edad Media.

Con el oportunismo del caso, el IDPC sigue invocando a “la comunidad” para justificarse. Pero “la comunidad” lo único que ha dicho son dos cosas, producto de dos opiniones diferentes dentro de la misma “comunidad”.

Los más radicales piden que se cumpla la orden judicial que obliga a suspender las obras hasta que toda la cadena de irregularidades, ilegalidades, mentiras y dilaciones, esté resuelta.

Los menos radicales, pedimos que el nuevo diseño se limite al área que cubre el túnel de la 26, que dejen de tumbar árboles y que dejen de insistir en hacernos ver una gran arquitectura donde no hay más que un capricho formal.

En lo que sí estamos de acuerdo unos y otros es en reclamar que los funcionarios asuman su papel de protectores del patrimonio y dejen de engañar al público. Y ahora, además, concordamos que con esta última intervención del IDPC, a quienes pretenden engañar es a los Concejales de la ciudad.

 

Juan Luis Rodríguez

 

publicado por Torre de Babel


La Bienal del Mercosur (2)

La liberté raisoneé, video. Cristina Lucas, 2009

Hacer que un Delacroix tenga el comportamiento de un Goya es una empresa arriesgada, de la cual Cristina Lucas ha salido victoriosa.

Uno de los videos de la artista (justo a la entrada, mano izquierda, del primero de los galpones), se encarga de escenificar el clásico lienzo “La Libertad guiando al pueblo”, para hacer que esa avanzada, legada a las generaciones posteriores como un triunfo detenido, acontezca. De esta manera, la Libertad continua su ruta hacia delante y, entrando al instante posterior al que fuera pintada por Delacroix, es asesinada.

El espectador asiste perplejo a la escena. De un lado, porque un cuadro (que, en su condición de pintura, debería permanecer detenido) se encuentra en movimiento, lo que de inmediato hipnotiza, produce ese encanto que despierta el artificio y la atención se fija descubrir el truco, los detalles del milagro. De otro, porque si Delacroix sabe pintar, Lucas ha sabido copiarlo.

El tiempo se disloca entre el instante y el devenir: el arte de pintar se mezcla con el arte del teatro, a través de un tercer arte: el registro del video. Así, no sólo es un cuadro aconteciendo, sino que es un acontecimiento repetido: termina para volver a empezar, mostrando, con esto, esa naturaleza del video, el digital, el que puede volver a empezar ad infinitum, sin desgastar ¿qué? ¿Su información? ¿Su proyector? ¿Su materia?

De esta manera, y como en toda obra de arte, esa naturaleza del medio no se da como algo ajeno, sino que conforma la obra misma: y, así como la duración del óleo no es gratuita en la tela Delacroix (concordaremos en que “La Libertad guiando al pueblo” no podría ser una acuarela), el video (y su miles de veces) tampoco es casual es en la obra de Lucas.

La liberté raisoneé de Lucas, al repetirse, comparte el “re” con su tema: la revolución, esa vuelta y re-vuelta sobre el orden del mundo, ese reordenar los mapas (como futuro) y reordenar la historia (como pasado). Ese “re” que indica que sólo se levantó para caer nuevamente, pero también que sólo se cayó para volver a levantarse.

+

Más adelante, en el mismo galpón, está instalada una obra de Fernando Bryce consistente en dibujos, copias de páginas de periódicos posteriores a la Revolución Cubana, con diferentes noticias sobre tal revolución o sobre hechos relacionados a ella. Y copias frente a las cuales el espectador vuelve a quedar perplejo, sin embargo, aquí el artificio es otro.

De una parte, está la habilidad del dibujante esos dibujos que, tal como un Klee, son tan ingenuos como solemnes; de otra, está el absurdo de copiar manualmente algo que fue producido de manera mecánica. Y, por último, está la magia tranquila, ya no estruendosa, de que en cada una de esas hojas, letra y dibujo no tengan la menor de las divergencias técnicas, lo que supone una total indiferencia frente a la especificidad de sus categorías, o sencillamente la anulación de cualquier categoría, pues el tipo y el trazo son, en Bryce, una y la misma cosa.

+

En la 8º  Bienal do Mercosul, no toma más de unos cuatro minutos ir del la Revolución Francesa (versión Lucas) a la Revolución Cubana (versión Bryce). En la Historia, el asunto llevaría unos ciento cincuenta años, cosa que, al modo de los faraones, tendríamos que legar ese desplazamiento ya no a nuestros hijos sino a nuestros tataranietos, pero siempre con la certeza de que llegarán a un único y mismo punto. En efecto, el devenir entre una revolución y otra, no costaría el menor de los esfuerzos, aun cuando sus esfuerzos hayan sido sobrehumanos.

 

Revolución, Fernando Bryce, 2008

Sin embargo, esto es sólo una imagen retórica, pues ir del Lucas al Bryce no exige desplazamientos, basta cerrar los ojos, para verlas conversar entre ellas, dado que sus temas están habitando el presente, el aquí y el ahora; la Bienal sólo se ha encargado de trazar con un lápiz muy fino la posibilidad de asistir a esa charla.

Entro en los pormenores. Los temas Revolución Francesa/Revolución Cubana, compartiendo la misma especie, están siendo narrados por géneros diferentes, como ya señalé: “video” (resultado de: óleo + teatro) y “tinta china sobre papel acuarela” (resultado de: linotipo + offset). El video (original múltiple venido de un original único) y la tinta (original único venido de un original múltiple) mantienen un diálogo en virtud del asunto, del tema a ser tratado, pues, en todo lo demás, divergen.

No obstante, esa divergencia sólo es aparente. Sólo es superficie. El verdadero encuentro que las dos obras, como tantas otras de la Bienal, están teniendo (aquello que se dicen con el gesto pero no con el relato) se encuentra en la mezcla que han conseguido realizar entre unos géneros o categorías que ya no caben en sus definiciones.

Dibujo, escena, etcétera, impresión, óleo, offset, original, pintura, teatro, texto, tipo, trazo, tridimensional, video; todo el orden del mundo se pierde en el andamiaje de estas obras, porque no podemos establecer a cuál conjunto pertenecería cada una de ellas. Lo que nos lleva a una explosión natural en la forma, en el medio, cuyas características sólo es posible indagar volviendo sobre el tema: la revolución.

En esta ocasión: la francesa y la cubana (pero también la mexicana y la rusa), hijas del proyecto ilustrado del siglo XVIII: La Enciclopedia.

Me explico. Los Enciclopedistas del XVIII intentaron organizar el mundo eliminando cualquier jerarquía, sin que ningún orden fuera establecido de antemano: ni de lo superior a lo inferior (ni de lo que está arriba a aquello que está abajo), ni de lo grande a lo pequeño, ni de lo fuerte a lo débil, para lo cual encontraron una solución inconcebible, irse a un tipo de secuencia que no estuviera dado ni por la naturaleza ni por la tradición, sino por los signos, esto es, por el alfabeto. De esta forma, nada arbitrario (arbitrio) interferiría en la secuencia de las partes, lo que daría la libertad para que cada uno de nosotros pudiera ejercer su propio arbitrio, generar su propio juicio. Lo que, según una primera hipótesis llevaría a: una libertad individual y una fraternidad colectiva.

Una tentativa de belleza inusitada, sin embargo, lo que sucedió fue que una vez la Enciclopedia acabó de dar su mayor fruto: Google, los hombres habían dejado de conversar entre ellos y de tener cualquier posibilidad de grupo: la libertad se convirtió en soledad y la fraternidad en intercambio.

Y esa fragmentación, esa desolación por no ser grupo, por ser uno y no ser todos, está implícita de las más diversas formas en los recorridos de esta 8º Bienal. Otro espíritu ilustrado está presente en la muestra. La voluntad de cambiar el mundo entre todos: el ingenio de Simón Rodríguez y el tesón de San Martin, la valor de Manuela Sáenz y la creatividad de Miranda, la osadía de George Washington y la inteligencia de José Bonifacio Andrada e Silva se pasean por la ciudad y los galpones. Todo lo que ellos hicieron es lo que tendremos que cambiar nosotros, pero son ellos, y no otros, los que van a enseñarnos el cómo.

 

Julia Buenaventura


Zapatitos rosados


Nicolás Gómez, En Blanco y negro. Bogotá, Universidad de los Andes, 2008. Imagen tomada de http://www.lugaradudas.org/archivo/2008/centro_de_documentacion/imagenes/en_blanco_y_negro.jpg

No sólo la generación que heredó su imposición del canon modernista la adora. A la actitud penosa de llamarla con esa familiaridad de quienes creen haber sido sus íntimos, hay que anudarle dos tendencias: la renovación periódica de herencias intelectuales que se cumple cada vez que alguien se refiere a ella en algunos círculos bogotanos y una patética ausencia de crítica sobre lo que hizo. Sobre tooodo lo que hizo.

No sé si fue aquí o en otro foro –y si no es así, ofrezco disculpas por mi desmemoria exhibicionista-, donde recordaba que en la primera versión de la cátedra que organiza la Universidad Nacional en Bogotá con el nombre de esta crítica de arte argentina, hubo quienes la ungieron con el don de la certidumbre total. El balance era emocionantísimo: un grupo transgeneracional de seguidores se reunió para invocarla como diosa de La Versión Definitiva. Y para rematar esa desastrosa glorificación no hay que descuidar la pulsión de ciertos personajillos de la gestión en el campo artístico local para avalar cualquier actuación apelando a su influencia postmortem: “Marta comenzó con…”; “Lo que hizo Marta es muy difícil de …”; “Marta nos enseñó que no se puede…”;“Creo que lo único que hice fue continuar la labor que Marta…”; “Conduzco este Museo hacia su ruina absoluta haciéndolo desaparecer de la manera más humillante porque cuando era una joven jacarandosa Marta me puso a escribir en una revistica…”, etc.

*

Entonces, releer la tesis de pregrado en artes de Nicolás Gómez le dedica a Marta Traba puede servir de alivio transitorio. E incompleto. Comencemos.

No hay que descuidar el interesante fenómeno de que el objeto de estudio de este trabajo sea algo inasible. Según afirma Gómez, se le desvanecía cada vez intentaba un acercamiento, terminando por seguir una estela de suposiciones: se quería investigar una serie de trabajos en televisión y se terminó leyendo revistas y entrevistando gente. Borgiano y kafkiano al tiempo, qué cosas.

Tras terminar con el libro, no sobra recordar cuando el infaltable Pierre Bourdieu decía en Sobre la Televisión, que bajo el esperanzado surgimiento de este medio como nivelador de distinciones sociales se ocultaba una imposibilidad para percibirla como mecanismo capaz de “transformar a quienes la producen” gracias a su extraordinaria influencia “sobre el conjunto de las actividades de producción cultural”. De hecho, esta afirmación viene a la memoria cuando Gómez sostiene que “desde la televisión, Marta Traba construyó una figura que conjugó una presencia física específica, una gestualidad característica y un amplio capital intelectual”. Entonces, ahí hay un atisbo de análisis sobre el semblante que proyectó la crítica en el país: se construyó a sí misma como un personaje.

Pero durante la lectura del documento se nota más bien lo contrario. A medida que se lee, el nuevo acercamiento pierde fuerza. Ni siquiera el interés de Gómez por la gesta televisiva nacional y el inventario de acciones con que nos muestra que la cuestión iba más de paternalismo a filantropía sin amarre con políticas económicas por parte de un sector letrado y semiletrado de la clase dirigente colombiana de mediados del siglo XX, sirve para contrastar lo que Marta Traba hizo aquí y de qué manera. Es decir, si vemos cómo una generación intentó subsanar la brecha económica usando los medios de comunicación como vehículos de alfabetización y encontramos que aquella pléyade de pioneros culturales cumplía con una serie de rasgos identitarios, no se sabe muy bien qué pasa con Traba. Es decir, ella queda como una gran afortunada.

Los rasgos:

1.- Grand Tour por Europa –siguiendo procesos simultáneos de profesionalización e iluminación espiritual-

2.- Retorno a Colombia

3.- Juicio negativo sobre la situación del país que se encuentra.

4.- Decisión de intervenir.

5.- Implantación de un modelo pedagógico configurado a partir de una rara mixtura de clasicismo semihumanista que simplifica la historia de la cultura occidental en cápsulas de fácil digestión y busca mostrarse junto con lo más excelso de la cultura regional colombiana (no sobra revisar el listado de productos que se presentaron en la programación de la primera noche de la televisión colombiana).

6.- Hablar de sus viajes. Siempre. (De hecho, Gómez destaca que el primer programa que le ofrecieron a Traba trataba sobre este complejísimo asunto).

 

La fortuna:

Tal como se lee, la crítica de arte argentina tuvo suerte: se casó con un intelectual viajero, volvió al país cuando la pareja no tenía qué ingerir en el extranjero, tres meses después de su regreso tenía su programa sobre arte y a los pocos años ya era una “perseguida política”.

Sin embargo, cuando se enfrenta a este tema, el filo formalista que Gómez aplica a la manera como se consolidó el fenómeno cultural de la televisión local resulta ser una herramienta de análisis oxidada. Cuando nos quiere mostrar las razones que sustentaron la pérdida de la curul televisiva de Traba, el investigador dice y no dice (como debe ser, ¿no es una tesis elaborada en un Departamento de artes?):

1.- “Los primeros programas de Marta Traba fueron vistos durante casi dos años pero, según ella en entrevista, fueron suspendidos en 1956 por cuestiones políticas del gobierno de Rojas Pinilla”. Entonces fue una persecución política.

2.- Citando a María Elvira Iriarte: “… una crónica de Alfredo Trendall en La República, ‘explicó’ las diferentes facetas del arte abstracto, especialmente todas las manifestaciones no geométricas, entonces dominantes, incluyendo en el calificativo de ‘abstraccionismo’… al expresionismo figurativo, al surrealismo, la dadaísmo y hasta el arte de Gaudí! Semejante confusión fue denunciada enérgicamente por Marta Traba, en su espacio de la T.V. la crítica no dudó en tratar de irresponsable al articulista de La República. Dos meses más tarde, ella tuvo que enfrentar la acusación de intervención en política (sostenida con entusiasmo por el periódico conservador) que llevaría a la cancelación de sus programas televisados…” Entonces fue una persecución estético-política.

3.- En una nota a pie: “Debe considerarse que hacia los mismos días de la suspensión de los programas de televisión de Marta Traba, el gobierno también canceló la transmisión de los programas de Gloria Valencia de Castaño, quien comenzó a desempeñarse como presentadora de televisión al tiempo… Uno de sus programas […] fue suspendido al considerarse foco de subversión, dado que en éste la realizadora y presentadora invitaba y entrevistaba a escritores e intelectuales que en su mayoría defendían un pensamiento político de izquierda.” Entonces, se trató de un ataque contra toda una generación.

Así, lo único que nos queda de esta enumeración fue que a Traba le cerraron un programa y luego pudo tener otro (guiño, guiño), que su labor fue la aplicación juiciosa de los procesos básicos de la Educación a Distancia, que tuvo muchísimos seguidores, que era glamorosa, joven, intelectual, que habría podido llegar a ser una gran actriz (y en cierta medida lo logró), que era –se repite a cada momento-, elegante… en fin, que difundía la cultura sin meterse en problemas, que era muy bien educada (en Europa) y defendía un tipo de práctica discursiva que alegaba la autonomía artística mediante el seguimiento de unos epígonos nítidamente delineados. Toda una novela. Exitosísima, además.

 

Guillermo Vanegas


Mincultura aclara que la Quinta de Bolívar no se transformará en conjunto residencial

26 de septiembre de 2011

La aparente promoción de un proyecto inmobiliario es, en realidad, una propuesta artística que busca llamar la atención para salvaguardar el patrimonio del país.

El autor es el artista Jhon Aguasaco, residente en Barcelona (España), que ideó este simulacro de venta de la Quinta de Bolívar para construir allí el condominio ‘Quintas del Libertador’, a través de todos los mecanismos propios de una venta inmobiliaria in situ.

Por decisión del director de la Casa Museo Quinta de Bolívar, Daniel Castro, se planteó que esta obra de Aguasaco coincidiera con septiembre, Mes de Patrimonio Nacional, justamente como una llamada de atención que contribuye a compartir el mensaje del Ministerio de Cultura de proteger y valorar el patrimonio colombiano.

Todo hace parte de la serie de convocatorias que viene organizando la Casa Museo Quinta de Bolívar en asocio con la Universidad de los Andes, desde comienzos del 2010, denominada ‘Arte en la Quinta’. Su objetivo es dar continuidad a los proyectos que se realizaban con el antiguo Instituto Distrital de Cultura y Turismo (hoy Secretaria de Cultura de Bogotá) usando el Museo como espacio alternativo de proyectos artísticos, desde el año 2007.

En esos momentos y a partir de una convocatoria pública similar a la propuesta hace un año por ‘Arte en la Quinta’, artistas contemporáneos realizaron interpretaciones de diversa índole sobre los temas y espacios de la Quinta de Bolívar, un Bien Cultural de Interés Nacional.

El año pasado, para ‘Arte en la Quinta’, fueron presentadas más de 70 propuestas, pero un jurado conformado por la artista plástica Leyla Cárdenas, el artista y curador Lucas Ospina y el director de la Casa Museo Quinta de Bolívar Daniel Castro, Director Casa Museo de la Quinta de Bolívar, eligió seis que recibieron una bolsa de trabajo de la Universidad de los Andes.

Esas obras fueron ‘Alegoría de Bolívar, Padre de la Patria’, Luisa Carolina Vélez;  ‘Jardín de Luz’, Mario Opazo; ‘La Quinta mía’, Juan Manuel Ramírez; ‘Quintas del Libertador’, Jhon Aguasaco; ‘Una serie de recuerdos translúcidos’, Natalia Valencia y  ‘Monedas 20 pesos’ de María Paola Sánchez y Juan Peláez.

En 2010, se expuso la propuesta de Sánchez y Peláez, y en 2011 se han exhibido las de Opazo y Ramírez. El turno ahora es para la de Aguasaco, y quedan pendientes las otras dos.

‘Quintas del Libertador’
La propuesta de Aguasaco consiste en anunciar que ‘Quintas del Libertador’ será “un exclusivo conjunto cerrado que se construirá en el sitio que hoy ocupa la Casa Museo Quinta de Bolívar”. Y lo hace bajo el sugestivo eslogan de ‘El hogar que un héroe merece; un lugar nuevo con mucha historia’.

El imaginario proyecto inmobiliario constaría de 160 apartamentos distribuidos en tres torres. “Estos edificios serán una verdadera obra de arte que renovará el centro histórico de Bogotá y lo situará a la altura de las grandes capitales del mundo”, dice el anuncio publicitario.

Pero al lado de datos tan precisos como el tamaño de los supuestos apartamentos tipo A y tipo B (“Áreas: desde 170 m2 hasta 246 m2”), Aguasaco da una pista que permite inferir que el supuesto proyecto no es realidad: al sumar el número de unidades por cada una de las tres torres (40) no da los 160 anunciados.

De otro lado –y ahí se puede encontrar el verdadero espíritu de la obra de Aguasaco–, el anuncio publicitario tiene una invitación para quien lo lee: “La Constructora INARTCONST S.A. te invita a recorrer la Casa Museo Quinta de Bolívar para que te despidas de este museo que en Octubre de 2011 dará paso a una de las más importantes obras de renovación del centro histórico de Bogotá”.

Se trata de una propuesta para llamar la atención de los colombianos en solo uno de los bienes que conforman el patrimonio del país, que en muchas ocasiones desaparece de manera indiscriminada por intereses comerciales y de otra índole.

Basta con recordar que en 1919, Alfonso Robledo Jaramillo, Presidente de la Sociedad de Mejoras y Embellecimiento de Bogotá (hoy Sociedad de Mejoras y Ornato) salvó la Quinta de una muy segura destrucción, cuando se pensó venderla para su demolición, dado el estado ruinoso en el que se encontraba en ese momento.

Robledo la compró con recursos propios, pero los recuperó un año después cuando el Gobierno Nacional realizó una suscripción en la que varios departamentos aportaron 24.000 pesos de la época, que fue lo que costó el inmueble. Eso permitió que luego se destinara a museo bolivariano, función que ha tenido desde entonces y que celebrará cien años en el año 2021.

El vínculo con la Sociedad de Mejoras y Ornato se ha mantenido hasta el presente. De hecho, ese organismo acometió la restauración integral del Museo entre 1992 y 2000, y, junto con el Ministerio de Cultura, se encarga de trabajar mancomunadamente por su preservación y procesos misionales.

Más informes:
Vocero único: Daniel Castro Benítez
Director Casa Museo Quinta de Bolívar:
Celular: 310-8704294
dcastro@mincultura.gov.co
dcastroben@yahoo.es
Otros contactos:
Lucas Ospina
Director del Departamento de Arte
Universidad de los Andes
311 8125197
luospina@uniandes.edu.co
Jhon Aguasaco
aguasacojhon@gmail.com
Celular: 34+ 633759398
publicado por el Ministerio de Cultura


Soy pirata y navego en los mares

El video puede verse en YouTube y dura poco más de seis minutos. En él aparece Pablo Arrieta, un simpatiquísimo arquitecto devenido en el principal forofo de la tecnología en Colombia, hablando de un sinnúmero de asuntos. Lo primero que menciona es un informe de la Fundación Ford aparecido justamente esa mañana; de ahí pasa, sin fórmula de transición, a explicarnos que la Universidad de los Andes tuvo la primera página web con imágenes en Colombia y que tan rompedora innovación se debe a él mismo. Lo anterior le da pie para meterse en el tema de Twitter y manifestar que ha “cambiado las cosas”; de allí salta a recordarnos que hoy en día (según otro informe aparecido también esa mañana) el 20% de las ventas editoriales en Europa y Estados Unidos son digitales, mención que lo lleva (no sabemos por qué oscuro vínculo asociativo) a poner en su iPhone un fragmento de la banda sonora de La guerra de las galaxias, lo cual le recuerda que actualmente los niños de Ciudad Bolívar en Bogotá están “haciendo cine con iPods y distribuyéndolo en canales alternativos”, lo cual también le recuerda los paseos de su adolescencia en los que discutía con el cantante Jose Gaviria sobre grupos ingleses de vanguardia. Esos tiempos, nos dice, equivalían a una Edad Media cultural pues entonces “lo único que podía promover el talento de los chicos era tener los recursos necesarios para poder acceder”, reflexión tras la cual nos habla de Spotify, Last.fm y Hulu. Acto seguido nos informa que “un paquete de software vale para un estudiante colombiano diez veces lo que su equivalente norteamericano puede pagar”, dato que le trae a la mente a Tavi Gevinson, una niña norteamericana que a los once años creó un página de internet llamada http://www.thestylerookie.com y que, según Arrieta, es “una de las más importantes blogueras a nivel mundial del mundo de la moda”. De allí pasa a los impuestos diferenciales al cómic en Colombia, y de ahí a las novelas gráficas de Powerpaola, artista colombiana que “está triunfando en Argentina”. La intervención de nuestro informado amigo se cierra con algo parecido a la guinda del pastel: una cita de Mahatma Gandhi. ¡Sí, Mahatma Gandhi!:

Si uno se acerca a la gente con confianza y afecto, recibirá a cambio diez veces más confianza y mil veces más afecto.

Para quienes no lo sepan, el video al que aludimos reproduce la intervención de Arrieta en el Senado de la República a propósito de la Ley Lleras. Sería muy fácil burlarse de la total desconexión entre el tema de discusión y el caótico discurso de este “experto en cultura digital”; se le podría mamar gallo por su tendencia a hablar –no solo en el Senado– como si estuviera pinchando vínculos en un computador –lo que él llama “cultura del linking”–; podría uno sacar a relucir las mentiras que dice –no es cierto que en Colombia un programa de software valga diez veces más que en Estados Unidos– o incluso, si no diera tanta flojera hacerlo, se le podrían desbaratar con un soplido la mayoría de las teorías que enuncia. Eso de que a finales de los ochenta “lo único que podía promover el talento de los chicos era tener los recursos necesarios para poder acceder” no pasa de ser una solemne tontería.

Sin embargo, mucho más interesante es preguntarnos por qué un personaje así, impulsor de teorías tan peregrinas, goza de una no desdeñable credibilidad entre el público. (Agenda samaria, una página web del Magdalena, llegó a calificarlo de “profeta en un país de ciegos”.) La respuesta, reducida a su versión más compacta, tiene mucho que ver con el formato de sus exposiciones. En ellas Arrieta no solo presenta una imagen audaz –ropa invariablemente negra, botas militares, anillos en los dedos–, sino que siempre, al margen de lo que vaya diciendo, muestra algún artefacto tecnológico de última generación: un Android, una tableta, un programa para identificar canciones. En un contexto de profesores grises, cuya capacidad histriónica y de seducción es nula, esta mezcla le produce efervescencia al público, pero también borra los límites entre el experto en cultura digital y el vendedor de productos electrónicos. A veces resulta difícil saber si Arrieta está reflexionando sobre los cambios que la era digital ha traído consigo o promocionando la última guaracha producida en Silicon Valley. (No se olvide que tuvo un trabajo en Microsoft y ahora es consultor de Apple.) Por estar atentos al último gadget, los asistentes a sus charlas pasan por alto lo que Arrieta dice. Y eso que dice a menudo no solo es inexacto, no solo es contradictorio, no solo demuestra poco o nulo conocimiento del terreno, sino que elude, quien sabe si con deliberación, los aspectos más espinosos de ciertos temas.

Demos un ejemplo. A raíz de los debates iniciales sobre la Ley Lleras, Arrieta les concedió un par de entrevistas a la revista Semana y al portal confidencialcolombia.com. En la primera le dijo a María Jimena Duzán que “Xpectro –su nickname en el mundo digital– no cree en el todo gratis. Cree en un mercado libre global que beneficie a los consumidores y defienda a los autores. Más tiendas, menos leyes. Ése es mi lema”. En la segunda, sin embargo, no solo le permitió a Alonso Sánchez Baute titular la entrevista “El adalid de la piratería”, sino que puso sobre la mesa todas su cartas: “En realidad, la piratería digital es muy beneficiosa… en un futuro muy cercano, las editoriales optarán por regalar sus libros, los que se convertirán en vías de publicidad para sus autores y, en adelante, ellos podrán capitalizar su popularidad con charlas, seminarios y eventos en los que su público interactúe con ellos”.

En estas declaraciones lo de menos es la insinceridad, el fomento de fórmulas demagógicas como “más tiendas, menos leyes” o la idea, irritantemente estúpida, de que la gente escribe libros como “vía publicitaria”, pues en realidad lo que les interesa es dar conferencias o salir en televisión. Preocupa mucho más que para Arrieta la piratería sea una actividad romántica, algo que podemos aprender en los libros de Emilio Salgari o en algunas películas de cine. Para él, un pirata es un tipo cool, rebosante de glamur y misterio, como Sandokán o, mejor aún, como Jack Sparrow interpretado por Johnny Depp. “A quienes amenazan con esa Ley Lleras –le dijo en la citada entrevista a Alonso Sánchez Baute–, les recomiendo ver Pirates of the Caribbean (y no precisamente en Cuevana), pues históricamente los bucaneros han destilado algo que es tan valioso como escaso en ciertas industrias: creatividad”.

Lo problemático es que en este mundo real la piratería está muy lejos de tener ese encanto pop que le atribuye Arrieta. En Colombia, como se lee en algunos informes de la Federación Internacional de la Industria Discográfica, la falsificación de libros, discos y software ha sido una actividad asociada a los paramilitares. Gente, claro está, a la que te puedes acercar con confianza y afecto, seguro de que te devolverán a cambio diez veces más confianza y mil veces más afecto. Son ellos, no unos pelaítos encerrados en un cuarto bajando canciones, los que de verdad importan para esta discusión.

Sin duda, la Ley Lleras tiene aspectos muy conflictivos y será necesario debatirlos a fondo, en aras de lograr un equilibrio entre los derechos de autor y el derecho de la gente a disfrutar de la cultura sin que se les trate como criminales. Pero nunca llegaremos allí si hasta los dizque expertos insisten en mantener un punto de vista absolutamente naíf.


Runhama: un referente para volver el Arte Latinoamericano un Esperpento Poscolonial

Ruhnama es un delirante libro propagandístico del régimen de Turkmenistán. El autor o promotor del Ruhnama fue el primer presidente de Turkmenistán tras su independencia en 1991, Saparmyrat Nyýazov. La obra reescribe la historia del país al gusto de su ideólogo y adoctrina a una mayoría suní de clanes nómadas en los extravagantes principios cívicos que en él se recogen, como parece ser entre ellos el culto ilimitado que impone a su persona, autoproclamada Türkmenbasy, líder de los turcomanos. Los cuales se topan con su imagen lo mismo en la bandera y los billetes de banco que en las botellas de vodka, en los edificios públicos que en la apoteosis de la fiesta nacional del 19 de febrero, que no por casualidad coincide con el día de su cumpleaños. El conocimiento del Ruhnama es obligado incluso en las universidades y hasta para obtener el permiso de conducir.

Ruhnama, un esperpento del pensamiento único

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=72436