Barbies: Nueve años después

La polémica de las Barbies en el MAM Bogotá evidenció en su momento un cambio de modelo en cuanto a la situación de las artes en el país y al manejo de las instituciones que deben realizar la exhibición, investigación y conservación de las artes plásticas en Colombia. Ese cambio de modelo, que a todos nos sigue afectando, implica el paso de un modelo donde la financiación estatal de las prácticas culturales y artísticas es necesaria e indispensable para el desarrollo de actividades artísticas, a un modelo que obliga a la autogestión y autofinanciación de los programas, proyectos e instituciones artísticas. De esta manera, desde los artistas hasta los museos, pasando por los grupos humanos, los centros culturales, las galerías, los curadores, en fin, todos los del sector de las artes visuales, nos vemos avocados a la presentación de proyectos rentables, autosustentables y pertinentes, que cumplan además con los requisitos de las dudosas leyes que regulan la salud y la educación del país. O sea, lo primero es que se debe cumplir la ley, hacer los proyectos que cumplan con los requisitos estatales y gubernamentales (la pertinencia es a discreción del funcionario gubernamental de turno) y luego vemos es del arte

La situación plantea varios problemas. En primer lugar nos enfrentamos a instituciones (los museos en este caso) anquilosadas, en muchos casos con personas retrógradas, torpes y sin iniciativa, que no han podido plantear de manera inteligente y acertada, dinámicas que permitan responder a las actuales circunstancias, que han convirtiendo los espacios que regentan en lugares anodinos y en algunos casos inservibles, y que entienden la autogestión y la autofinanciación desde lo económico única y exclusivamente. Todo parece indicar que algunos museos pretenden depender de la venta de entradas a los visitantes, que son muy pocos. Por ejemplo, el MAM La Tertulia de Cali publicó, como gran cosa, en su primer boletín de 2011 la cifra de visitantes del año 2010: Apenas superaba los 10 mil. Si bien parece una cifra importante para esta institución, no lo es para una ciudad de 2 millones y medio de personas, ya que su cobertura (o sea, un indicador cuantitativo propio de la gerencia) no llega ni al 0,5% de la población. Comparada con el ingreso a instituciones similares del ámbito nacional (caso Museo Nacional), el resultado, más que preocupante es ridículo. Y si lo ponemos en relación con lo internacional, da pena (i). La situación se agrava ya que no hay eventos que atraigan a públicos mayoritarios y que permitan una mayor difusión y reflexión sobre lo artístico. Si se han presentado exposiciones masivas, al estilo de las Barbies, como la famosa exposición de Da Vinci o la de Bodies, estas con unos costos de boletería altísimos, presentando, la primera, reproducciones de algunos de los objetos del personaje renacentista y, la segunda, cuerpos “congelados” por un hábil médico alemán (una mezcla de nazi regenerado y Beuys auto-reencauchado), ambas operadas por una “fábrica de sueños” privada y que deja dudosas rentabilidades a la institución. Un problema fundamental es que al parecer los administradores y directivos de las instituciones creen que la rentabilidad se mide sólo en pesos y mientras se ganan algunos billetes, pierden millones en credibilidad y representatividad.

El segundo punto a revisar es la privatización descarada de la cultura en Colombia, sin que se presenten mayores debates o críticas al asunto. Por el contrario, lo que se percibe es la sumisión o, peor aún, el sometimiento del sector artístico nacional. Este ha sido un proceso largo y tedioso, al cual nos hemos visto sometidos en los últimos 3 lustros, desde mediados o finales de la década de 1990. La idea de trabajar por proyectos de la convocatoria del salón de 1997 (que además incluía el tema del patrimonio) siguió el hecho de hacer un salón por proyectos curatoriales (en un país que no ha formado curadores) y nos ha llevado a las industrias culturales, que como toda industria, deben buscar rentabilidad casi que por encima de cualquier otro factor. No estoy en contra de los procesos artísticos y culturales rentables. Considero que como cualquier profesional, los del medio de las artes merecemos reconocimientos económicos y sociales a la altura de nuestras pretensiones. El problema es que no creo que todas las prácticas artísticas y culturales puedan convertirse, de la noche a la mañana, en proyectos productivos. Aquí encuentro al menos dos problemas: 1) el carácter de las prácticas artísticas y culturales de las comunidades menos favorecidas o diferentes a las aceptadas socialmente, que requerirían de apoyos y subvenciones estatales que garanticen su práctica y continuidad como patrimonio de los grupos humanos y 2)la falta de una infraestructura real, que implique, entre muchas otras cosas, a) la formación de todos los profesionales de las artes que requiere un campo artístico dinámico y productivo (desde guías, montajistas, asistentes administrativos para espacios expositivos, periodistas especializados, gestores y vendedores, curadores, museólogos e historiadores del arte), b) políticas de apoyo a la creación de empresas productivas (talleres de artistas, fábricas de productos e insumos para la producción) y comerciales (galerías, apoyos a importadores y exportadores y centros y eventos de negocios para las artes), así como políticas que incentiven el turismo cultural y que desplacen el narco-turismo y el turismo sexual.

A partir de la Barbies de hace nueve años, se hace que las instituciones replanteen sus políticas y dinámicas, pasando de lo excluyente a lo incluyente y de la mera comercialización de sus espacios, servicios y bienes, a una real gerencia, que implique un mayor desarrollo del sector de las artes en su conjunto. Por parte del gobierno, se requiere de políticas claras y que ataquen de mejor manera el sector de las artes visuales, aterrizando a la realidad del país en su diversidad, generando espacios de verdadera representatividad, políticas transversales que afecten la educación, la economía, la salud, la seguridad y las diferentes esferas del ámbito nacional.

 

 

Carlos Fernando Quintero Valencia


(i) Como, se pueden comparar las cantidades de visitantes que han asistido a las exposiciones itinerantes, organizadas por el Museo Nacional de Colombia, en diferentes ciudades del país y de América en la página http://www.museonacional.gov.co/exposicionesitinerantesinformaciongeneral. Allí se puede evidenciar la poca afluencia de público a la exposición Colección Botero 2004-2005 en las salas colombianas, frente a las internacionales.


2 comentarios on “Barbies: Nueve años después”

  1. “Up on a hill is where we begin
    this little story, a long time ago
    Stop to pretend, stop pretending
    It seems this game is simply never-ending”
    The Strokes,
    “Modern Age”

    La revisión del affaire Barbie por [esferapública] parece querer proponernos una cartografía nacional de las instituciones que se encuentran bajo sitios ideológicos. Esto parece evidenciarse en la pregunta a Ana Maria Lozano (AML) de la entrevista Barbie de ayer: “¿cómo [el aprendizaje que queda del proceso del caso Barbie se] relaciona con otros museos y lo que sucede actualmente en ese campo?”

    Personalmente, de la entrevista a AML por Jaime Iregui, lo que llamó poderosamente mi atención fue la dureza (merecida o no) con que AML se refería la dirección del Museo La Tertulia (ver http://esferapublica.org/nfblog/?p=24431 min. 28:13) en una intervención aislada -¿un hint a la gente de esfera?- no directamente relacionada al “asunto” -yo prefiero llamarlo anécdota- Barbie MAMBO. Puede que, sea mi (¿malintencionada?) interpretación pero, me despierto hoy y, ¡chazam!, un post dirigido (en buena parte) al Museo La Tertulia. ¿Mera coincidencia? ¿Planeación editorial? ¿Posicionamiento de las “fichas” de quienes han validado su poder simbólico en [esferapública]? ¿Cómo se está jugando este behind the scenes?

    Sobre el behind the scenes del Barbie Tertulia, posiblemente haga la tarea y lo amplíe mas adelante. Aunque, ¿no seria mejor que los propios reyezuelos se desnudaran y pusieran las cartas sobre la mesa? ¿Será que persistirá la ya eterna modalidad de una guerra de guerrillas de baja intensidad en el Barbie Tertulia y nos privan del espectáculo del ataque frontal?

    Juan Sebastián Ramirez

    PD: En Facebook no me esperen por un tiempo. Más delante regresaré con mis “deditos”. Seguramente en otro thread, porque el del agudo comentario de Carlos Salazar, aunque divertido, ya no iba para ningún Pereira –¿hint?– cuando los “abandoné”.

  2. Carlos Quintero dice:

    Mera coincidencia… curiosa coincidencia… algo seguro con La Tertulia, o mejor, muchas cosas no pasan con ese museo, ese triste y abandonado museo…