La Destrucción del Arte

INDICE

Introducción

1. Problemas y contratiempos

2. Consideraciones sobre la destrucción del arte

2.1     Técnicas de agresión y medidas de seguridad

2.2     Motivaciones principales

2.2.1  Psicología del agresor

2.2.2  La sensualidad de las imágenes

2.2.3  Credos e ideologías. Motivaciones políticas y religiosas

2.2.4  ¿Quién teme al arte contemporáneo?

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Introducción

El arte es un símbolo, un signo esencial y material de nuestra cultura y memoria que debemos preservar, porque es belleza de la creación humana y porque es un documento indispensable para explicar la historia. Sin embargo, no todo el mundo piensa igual; a menudo hemos oído o visto una fugaz y efímera noticia sobre la agresión a una obra de arte importante pero, curiosamente, el evento no ha trascendido o no se ha especificado la información, y el ataque queda relegado al olvido hasta que, un buen día, la obra vuelve a aparecer expuesta y ya nadie se acuerda del tiempo en que fue más bella de lo que es ahora. Quizá esta afirmación suene algo poética y generalizadora, pero bajo ella se encuentran algunas de las incógnitas que nos han llevado a elaborar esta pequeña investigación. El arte es venerado, apreciado y valorado por un gran sector de la sociedad. Pero, ¿qué pasa cuando esto no es así?

Al margen de nuestro conocimiento sobre las obras destruidas durante el S. XX, el fenómeno del vandalismo artístico no es contemporáneo, sino que remite hasta la Antigüedad, tiempo en que tanto los mismos artistas como detractores de la situación histórica y social en que el arte se creaba y evolucionaba, decidieron que esos objetos no eran arte, o no eran bellos, o no se correspondían con el mundo en que se ubicaban. Por enumerar algunos ejemplos de la destrucción en la Antigüedad, el desorden político, la pobreza y la acumulación de riquezas en las tumbas y templos del antiguo Egipto, dio lugar a desórdenes civiles que trajeron la destrucción de archivos, templos y tumbas que hoy son considerados grandes obras de arte desaparecidas. La falta de confianza en los reyes y la riqueza del clero provocaron oleadas de ateísmo entre la población, mermando así el patrimonio cultural del Primer Imperio Intermedio (2175- 2040 a.C.). Otro ejemplo distinto en su naturaleza se enmarca en la antigua Grecia, donde Erostrato destruyó el templo de Diana en Éfesos porque pretendía pasar a la historia y ser siempre recordado. No hay que olvidar otros casos en que la gente destruía las firmas de obras que representaban a los ganadores ilustres de los Juegos Olímpicos o a los soldados muertos en combate, esculpidas todas por artistas importantes de la época.

Por tanto, podemos contemplar ejemplos en diferentes periodos históricos en que la iconoclasia era espontánea o incluso estaba legalizada. La gente ha hecho añicos imágenes por razones políticas, teológicas, por vergüenza o ira hacia las obras de arte, y esta motivación ha sido tanto personal como inducida. ¿Qué motivaciones llevan a su destrucción y bajo qué circunstancias históricas? ¿Existe algún nexo entre la mutilación artística y la agitación social, o cada acción responde a causas psicológicas, religiosas 3o políticas concretas? ¿Por qué el secretismo entorno a estas acciones? ¿Qué vínculo existe entre todas las obras agredidas y sus agresores? ¿A caso todas son antiguas, o también se ataca al arte contemporáneo? La intención de esta investigación no es abarcar el fenómeno destructivo en su totalidad ni trabajar como detectives en busca de todas las obras atacadas, pues ello daría como resultado una pequeña tesis y, aunque resulte tentador, no disponemos de tiempo para elaborarla. No hay que olvidar que la agresión al arte no se produce solo en los museos, sino en la calle, en las bibliotecas y archivos de memoria histórica, sobre las efigies o esculturas que evocan líderes pasados, etc. Sin querer ir demasiado lejos, los conflictos bélicos serían un ejemplo de pretexto para destruir la memoria cultural del enemigo con el fin de debilitar su espíritu nacional y poder conquistar su territorio. Por otra parte, la misma sociedad apoya algunos actos de vandalismo social contra el arte para destruir referentes artísticos de una memoria que se quiere desterrar para empezar de cero.

Dejando de lado estas consideraciones, queremos centrar nuestra reflexión en la agresión a las obras de arte que se ubican principalmente en los museos e intentar resolver las preguntas formuladas anteriormente mediante cuestiones teóricas y el uso de algunos ejemplos. Para no recargar nuestra reflexión con demasiados casos, proponemos un apéndice al final del trabajo con los más controvertidos y mediáticos, con el fin de completar esta memoria a nivel documental. La tarea no ha sido fácil por la falta de información en general; sin embargo hemos podido sacar algunas conclusiones interesantes, mientras que otras preguntas continúan todavía en el aire. Es nuestro deseo comentarlas en clase e intentar entre todos entender la dimensión destructiva de la sociedad contra el arte y sacar a la luz este fenómeno tan desconocido y a la vez obviado por todos.

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Beatriz Yoldi y Dimitra Gozgou, “La destrucción del arte”, Master en Estudios Avanzados de Historia del Arte, Universidad de Barcelona, 2009.

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publicado por No tocar por favor


One Comment on “La Destrucción del Arte”

  1. Magali Reales dice:

    Existe un sentimiento tan primitivo y viceral, que hace que los hombres no toleren la belleza de los árboles, por sentir que ellos compiten con su presencia.., un sentimiento tan irracional que hace que Picasso trate de ahorcar una paloma para poder pintarla mientras que otros (menos marcianos que venusinos) contemplan y co-crean, reinventan y juegan. 

    Los artistas son de venus… los demás marcianos.

    con lo que cuestiono algunas veces las obras de Picasso 🙂