“El país que tenemos, es el que hemos creado”

Arte Público, espacios in-dependientes, proyectos financiados…

¿El arte público debería ser asociado al concepto de ESPACIO PÚBLICO? En la constitución colombiana se lanzan un par de enunciados sobre lo público con  relación al uso que los ciudadanos le dan a un bien común. Bien Común es una idea burguesa que se fundamenta en el concepto de igualdad social, establece en el pensar del ciudadano común la idea del uso compartido, de administración conjunta.

¿El término bien aplicaría para hablar de obra? Sí, la obra es un bien en el sentido de ser propia de alguien y de que tiene un valor dentro del mercado o circuito artístico, lo que estipula su valor comercial al ser  posible su transferencia mediante acuerdo económico. Este concepto de lo público es tomado actualmente por quienes realizan algún tipo de obra en el espacio público. Muchos intuyen que si una obra está dispuesta en un lugar abierto (de libre tránsito) entonces inmediatamente su carácter es público.

Si lo público tiene que ver con el uso de un espacio, en ese caso sería pertinente mirar de qué modo la obra es utilizada por la comunidad. La pregunta es ¿el arte se usa? podría decirse que sí, pues socialmente se le han otorgado un par de actitudes que tienen que ver  con la generación de reflexión. El arte en su forma básica, como lo ve el común denominador de la población no iniciada, es un medio activador del conocimiento sensible.

Cabe observar el modo como se desarrolla la idea de ese conocimiento sensible del término a la práctica. La verdad es que el arte no tiene un uso continuo de la ciudadanía para su formación intelectual, el arte es desvinculado de la práctica del conocimiento y lo único que se genera en el pensamiento de la población respecto a este, es la idea de que es importante, mitificándose el concepto dentro de la sociedad sin un uso claro que permita una valoración de la obra de arte dentro de la vida del ser humano. Teniendo como referencia el concepto “propio”  de la palabra uso: hacer propio algo en pro de un beneficio (puede superar las condiciones morales establecidas en un contexto), lanzaré el postulado entonces de que la inserción de la obra en el espacio público no trae como consecuencia que el arte sea público.

Para hablar de los espacios independientes así como de los museos pensé necesario realizar la anterior interpretación sobre lo público, pues considero  que el modo como se plantea la función de estos lugares, en la mayoría de las veces, obedece a un sentido público a nivel discursivo netamente.

El interés estético culpa al desinterés estético de no hacer posible que surja la experiencia artística. Detrás de esta culpa aparece el museo como autor intelectual de semejante crimen cometido con el ciudadano del común. Muchos acusan a los museos de no brindar las garantías necesarias para atraer hacia sus interiores una buena cantidad de público. El sueño de muchos en Cali es que los museos tengan 1000 visitantes por día y que todo el tiempo en las calles se den debates sobre arte, estética, política y problemáticas sociales.

¿No os parece un sueño demasiado inocente?

Los artistas una micro-sociedad más que se establece. Las micro-sociedades buscan solidificarse y fomentar  su autodesarrollo a partir de un conglomerado de ideales que superan la realidad. Cada una de estas pequeñas organizaciones argumenta su importancia en el mundo mediante el beneficio comunitario (más allá del bien y del mal, como diría alguien). Dignidad, conocimiento, pensamiento, son la estructura que solventa mentalmente el Mundo del Arte. No solo de ideas vive el hombre, es importante que todo ese capital conceptual sea traducido a un capital económico. El artista no puede seguir siendo el andamiaje suelto en la economía de la sociedad colombiana, el pensamiento debe ser retribuido a nivel económico. (En las iglesias los pastores y los curas viven de la palabra).

¿Dónde está la relación entre los dos párrafos anteriores? El vínculo se da en la contradicción: por una parte se habla de visitantes, del afán de conmover a la gente desde cierta idea de inclusión. En el primer párrafo se hace una especie de crítica a este tipo de propuestas que surgen desde un ámbito no oficial y que están encaminadas a la generación de públicos en el Mundo del Arte. En el segundo párrafo se habla de micro-sociedades que se establecen y que buscan un funcionamiento basado regularmente en ideales, se dicen también un par de cosas sobre la economía y la importancia del vivir de las ideas. Si se piensa vivir de la palabra, se hace necesario un público que esté dispuesto a escuchar a quienes piensan subsistir de la emisión de sus ideas.

Propuestas y propuestas son las que realizan los críticos de los espacios museísticos; algunos de estos detractores se han dado a la labor de crear espacios expositivos con miras mucho más lejanas a las de los museos.  Postulados como “el arte debe ser para todos”, aparece así un proselitismo que busca el fortalecimiento de un espacio en beneficio propio. Surgen  nuevas ideas  promovidas por seres distintos, gente que posee un pensamiento más amplio que el de muchos, nacen las críticas sobre lo establecido en el Mundo del Arte.

Estos pensadores crean espacios y contagian a unos cuantos para que les sigan la cuerda, sus grandes ideas los convierten en esperanzas para algunos que contemplan la posibilidad de que su arte pueda ser impulsado por estos personajes  y sus nuevos espacios. Lo triste es cuando todo ese proselitismo se ve debilitado en el ejercicio real. Nace entonces un espacio que emula las prácticas del museo, eso sí, de un modo  más triste y denigrante… Quienes exponen son artistas con mediano reconocimiento en el mundo “under” del arte. El pago de cuentas de telefonía y  servicios de agua y energía  hace que  Los discursos se rompan,  aparece el sudor en las caras de quienes crean estos espacios,  cada gota es una preocupación económica.

Los progenitores de estos espacios alternos luchan hasta ultimo momento y arguyen que sus  hijos  promueven la experiencia estética y la formación de públicos debido a que tienen un carácter abierto y de inclusión en sus fundamentos. La realidad es: círculos reducidos, pelos pintados, lenguajes indescifrables que no se relacionan de modo directo con el posible público, terminan haciendo que las ideas de inclusión con las que se fundan este tipo de lugares se vean desvirtuadas. Los visitantes son y serán los mismos muchachos y muchachas que se asombran de escuchar que alguien de los presentes no sabe por ejemplo el significado de juicio estético. El espacio se convierte así en un templo del “saber”, un lugar en el que se le cierra la puerta al desconocimiento y se le mira por encima del hombro al que dice manifestarlo.

Cuando los espacios adquieren fuerza, cosa que rara vez pasa, sus fundadores empiezan a buscar obras importantes y a artistas medianamente reconocidos para que hagan parte de exposiciones planteadas como alternativas a las vistas en el museo. Queda demostrado con esto que los ideales planteados para la fecundación de estos lugares no son más que una carta de presentación  usurpadora  del mito de la revolución en el mundo del arte. El decir que el arte es público solo contribuye a colocar más peso sobre sus hombros y lo obliga a lidiar con la responsabilidad de ser un agente del cambio social. De allí procede el mal uso de la palabra cuando se vincula el término Arte a prácticas superficiales de tipo social encausadas solamente a una cuestión técnica para resocializar personas (cursos de pintura, fotografía, escultura)

Otra de las cosas que no termino de entender es: ¿por que los espacios independientes organizan inauguraciones paralelas a las de los museos, el mismo día, a la misma hora? no sé si es una directriz competitiva que busca dar la pelea, o si por el contrario el oficio  de esta acción es pasivo y lo único que espera es recoger migajas de público agotado por la visita a la exposición oficial (del museo)

Todo este andamiaje que estructura a los espacios independientes hace posible que se tejan metas concebidas para  la formación de públicos, lo que consiguen este tipo de ideas es que el transeúnte del común sea referido como posible capital económico, transformándolo en la excusa perfecta para enviar proyectos al Ministerio o a instituciones privadas que financian proyectos culturales y sociales en el país.

Desafortunadamente pocas veces el transeúnte del común oficia gusto por el arte. A mi entender, uno de los problemas para que no surja la anhelada formación de públicos es que los agentes pertenecientes al mundo del arte Subvaloran las prácticas cotidianas  de  la ciudad. A la gente le gusta es “TRES CAINES, PABLO ESCOBAR EL PATRON DEL MAL, LAS MUÑECAS DE LA MAFIA Y CHOCAMELO MAMI”.  Encausar las prácticas culturales de la ciudad no es tarea fácil, ni para los artistas, ni para los fundadores de los espacios independientes, se ha convertido en un reto grande y casi que imposible porque el asunto no es tan simple como se plantea a nivel discursivo. Tiene que darse un proceso cultural serio que supere las coyunturas del momento (salones regionales, nacionales, bienales…). La efectividad de este proceso debe reflejarse en una reestructuración que vaya desde la educación hasta la televisión que vemos a diario.

Cerraré diciendo que no es una situación solamente de Cali, pues en mis pocas visitas a otras ciudades es lo que he visto. A partir de mi experiencia hago mi especulación.

 

Jairo Alberto Cobo León

 



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