La Plástika Rayada: Crónica de un arte joven sin escenario

La era del vacío en la Sucursal del Cielo

La entrada del nuevo milenio causó todo tipo de sensaciones globales, desde el apocalíptico Y2K que amenazaba un caos digital sin precedentes. Mientras otros —los más embriagados de optimismo conocidos como los fanáticos de las  comunidades carismáticas— esperaban la llegada del nuevo mesías y en casos más extremos se esperaba la llegada de alguna civilización más avanzada.

Los anteriores acontecimientos, propios de un capítulo de los Expedientes X, fueron la causa para que muchas personas soñaran que los iban a llevar en sus naves a un paraíso interestelar. Pero igual que el milenio anterior, nada pasó, el Y2K no mató a nadie, el mesías y las naves nunca llegaron (Se vieron en la necesidad de aplazar la apocalíptica cita para el 2012, pero al parecer lo Mayas también se equivocaron en la fecha del fin del mundo) y en conclusión: Todo sigue igual, no pasó nada y nada seguirá pasando, y solo por esta última frase es que ha existido La Plástika Rayada (LPR).

“Quien camina a alguna parte llega, sin importar a donde sea, pero llega”,  esta frase es la mejor manera de entender un proceso de gestión artística, de terquedad inquebrantable y permanente de Ana María Rosero y Arley Candamil. Con ocho años de labores y diez exhibiciones auto gestionadas en su haber. Anuncian esta nueva muestra como parte integral de su primera experiencia de cooperación internacional entre Cali, Colombia y Río de Janeiro (Brasil), llevando una selección de propuestas de jóvenes artistas de ambos países, con el  título: Brasil Colombia Digital 21 Décima Plástika Rayada.

Desde su primera versión, con el apoyo del Colectivo Fresh, la “Fiesta Plástika Rayada” da inicio da uno de los procesos más inestables, irregulares y resistentes de inclusión del arte joven y  sus prácticas estéticas en una ciudad, que para la época (2005) aún contaba con un solo museo  y una sola galería, ambas ajenas y un tanto distantes de los procesos estéticos de artistas jóvenes locales, dejando un panorama desolador para los artistas en procesos de formación. Esta sensación de vacío en la ciudad de alguna manera es asumido por espacios que les preceden como el Festival de Performance de Cali de Helena Producciones y a Casa Tomada, siendo éstos los referentes directos de LPR.

En esa primera versión exhibieron trabajos realizados en su mayoría por estudiantes de artes plásticas del Instituto de Bellas Artes,  vídeos, acciones, instalaciones, pintura, grabado, y dibujos nuevamente tenían un nuevo Sin-Espacio (termino con el que señalo proyectos de exhibición y circulación que no cuentan con una sede debido a lo precario de su economía), que obedecía a la circunstancia y no contaba con un criterio curatorial. Pronto este ingenuo accidente, sería una consigna recurrente de liberación.

Ante la falta de políticas de estado para las artes visuales en Cali, estos fenómenos de carácter efímero y nómada son una alternativa de acción para enfrentar una ciudad que margina los procesos en artes visuales. Esto es evidente en el actual Plan de Desarrollo de la ciudad de Cali, el cual no contempla -en ninguno de sus puntos- una política estatal frente a la juventud con respecto a las artes visuales, ni se reconoce el aporte que esta área de la cultura provee a la sociedad.

Vemos en Cali como un proceso aparentemente pequeño de auto-gestión realizado por dos jóvenes toma trascendencia en el tiempo. Los eventos realizados por LPR van desde alucinantes fiestas electrónicas hasta exposiciones  de arte joven que viven en una búsqueda de ser contemporáneos a ultranza, a pesar de que sus contenidos y formato de exhibición son abiertamente anacrónicos, puesto que celebran con optimismo la no tan reciente unión entre arte contemporáneo y cultura popular. LPR ha sido un Sin-espacio activo y resistente, importante para visibilizar algunos de los artistas invisibles, que ruedan por las calles de nuestra ciudad.

Posterior a la “caída” del Cartel de Cali a manos (armas) del Bloque de Búsqueda, la ciudad vivió un fenómeno que los economistas en su momento denominaron: La caída de la “Falsa Economía”. La consecuencia de éste fenómeno socio-económico, que sacudió al país, fue la quiebra de una serie de galerías privadas que habían surgido en los noventas gracias a las especulaciones de mercado. Tenían que cerrar inevitablemente para siempre, dejando la ciudad con más interrogantes que respuestas para la circulación de las artes visuales, las cuales habían vivido un narcoesplendor, ahora opacado por la falta de circulación de dinero de la narco-economía que entraba en decadencia.

Con este escenario local, surge el interrogante: ¿Cómo hacer circular a los artistas invisibles que no le importaban a nadie?

La respuesta de este Dúo Dinámico Rayado fue buscar el apoyo de algunos artistas de la generación intermedia, que ya eran visibilizados en diferentes circuitos de la plástica y que tenían intereses de apoyar estos espacios de inclusión para los nuevos talentos artísticos de la ciudad y la región.

El primero en tender la mano fue Espacio Temporal (2003-2008), proyecto dirigido por José Horacio Martínez. El cual ofrecía llevar al escenario de las artes visuales, procesos artísticos destacados producidos por estudiantes de artes. Proyectos de exhibición que en un inicio surgían de los seminarios realizados por José Horacio Martínez, quien fungía como docente tanto de la Facultad de Artes de la Universidad del Cauca y la Facultad de Artes Visuales y Aplicadas del Instituto de Bellas Artes de Cali. Proyecto dentro del cual fue albergada la convocatoria abierta de dibujo contemporáneo, propuesta por LPR.

Este proyecto independiente ha colaborado con otros personas e instituciones como:  Lugar a dudas, el Museo La Tertulia, Casa Proartes, Oscar Muñoz,  Guillermo Marín Rico y Bernardo Ortíz, quienes han creído en esta pareja de Rayados y han podido difundir el trabajo de jóvenes artistas, entre los cuales se encuentran: Liseth Balcazar,  Adrián Gaitán, Sergio Zapata, Henry Salazar, David León, Edinson Quiñonez, Sandra Patricia Navia, Juan Pablo Solarte, Rened Varona, Gustavo Romero, Alejandra Gutiérrez, Precarius Tecnologicus y muchos otros más. LPR ha socializado propuestas de artistas jóvenes en diferentes exhibiciones gestionadas con poco recursos, ante todo por la necesidad visceral de Ana María Rosero y Arley Candamil empeñados hasta lo absurdo para que: “Suceda algo”, donde casi siempre: “Pasa nada”.

Pero como todo proyecto cuenta con otras iniciativas que lo anteceden entre ellos Casa Tomada (2005-2011). Colectivo independiente integrado por Luis Mosquera, Mónica Restrepo, Lina Hincapie, Carolina Ruiz y Juliana Jimenez. Estudiantes de Bellas Artes que desarrollaron con su espacio itinerante una importante dinámica en sus exposiciones con una idea más fresca  sobre el arte joven, donde convergen las prácticas estéticas, el punk rock  y la venta de cerveza para autogestión de las exposiciones, todo ello con pogo incluido; una reacción situacionista a la falta de espacios de circulación.

También emerge el trabajo de otros proyectos de jóvenes colectivos  que han coexistido en el tiempo con LPR como: Casamata, Kabaret Machine, La Convulxion Party, La Cubeta Pentaprismática que al igual que LPR han sido espacios y sin-espacios independientes importantes en el circuito local, herencia de un fenómeno que nace, en la década del setenta, con Ciudad Solar.  Espacio que contó con la presencia activa de Andrés Caicedo, Luis Ospina, Fernell Franco, Carlos Mayolo, Pakiko Ordoñez, Hernando Guerrero, Miguel Gonzales, entre otros. Más recientemente debemos resaltar el trascendental trabajo de Helena Producciones y la consolidación del Festival de Performance de Cali, que se han posicionado desde 1997 como uno de los eventos más importantes de la plástica nacional, que aún hoy en día es auto gestionado por Wilson Díaz, Ana María Millán, Claudia Sarria, Andrés Sandoval y Gustavo Racines.

La mayoría de los jóvenes artistas que empiezan a emerger en la ciudad y que han participado de LPR han surgido bajo un modelo que ha ganando espacios de participación que le corresponde a las instituciones culturales(Museos, galerías, entidades públicas o privadas), y que presuntamente deben asumir estos compromisos con los jóvenes de la ciudad interesados en las artes visuales.

Juan Melo

Cali 8 de septiembre de 2013

 



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