Tapen, tapen: Mitos y ficciones del mercado del arte

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Desde el pasado 27 de junio, una discusión parece haber acaparado los pequeños espacios mediáticos tradicionalmente dedicados al arte colombiano. Desde distintos puntos de vista, muchas personas han hecho su contribución a la discusión sobre las dinámicas del mercado del arte contemporáneo y las verdaderas razones en torno a la venta en Christie’s Londres, el 26 de junio, de una obra del artista colombiano Óscar Murillo por la suma de 756 millones de pesos (precio con impuestos y comisiones). Con el tiempo, la discusión parece haberse decantado bajo el tamiz académico, crítico, económico y periodístico, y por qué no, también patriótico y sensiblero. Aquí, una revisión a las preguntas que han surgido en el camino.

Preámbulo: El mito del ‘arte inexplicable’.

¿Es correcto que al arte colombiano “le vaya bien en términos económicos” sin importar o analizar, en términos sociales o éticos, las razones y la sostenibilidad de su éxito aparente? ¿Hacia dónde conducen estas dinámicas de mercado? ¿Es correcto que todos debamos, simple y acríticamente, “darle una palmadita en la espalda” al artista exitoso comercialmente y convertirlo patrióticamente en “profeta en su tierra” sin analizar los procesos que se mueven en torno a su producción? ¿Es correcto pensar que criticar las dinámicas del mercado del arte significa odiar a determinado artista, cuando éste también pudo haber sido manipulado por las circunstancias y por los agentes? ¿De qué sirve analizar las estrategias como el arte es cooptado, una y otra vez, por los capitalistas más voraces? ¿Para qué hablar de dinero? ¿Para qué responder estas preguntas?

A decir verdad, en el arte casi todos prefieren lo inefable, el lugar común de los bienpensantes, quienes ante las anteriores preguntas seguramente contestarían: “No ¡Mejor disfrutemos el arte!”, “¡Sintamos sus chispazos de vida y color!”, “¡Apoyemos al artista!”, “¡Compremos su obra!”, “¡Envidiosos!”, “¡Apátridas!”, “¡Que viva Colombia!”. En otro contexto, los mismos afirmarían: “¿Fabricato?”, “¿Interbolsa?”, “¿Río Paila/Colombina?”, “No ¡Mejor deje así!”, “¡Tapen, tapen!”. En el mejor de los casos, los tradicionalistas conservadores exigirán que la obra de arte se explique por-sí-misma en todas sus dimensiones, como si existiera un único sí-mismo inherente de aquí a la eternidad, personas que exigen una explicación cerrada, tan circular como la imagen del uróboros, aquella serpiente que muerde su cola por la eternidad.

Como afirma el sociólogo francés Pierre Bourdieu: “por qué a tantos críticos, a tantos escritores, a tantos filósofos les complace tanto sostener que la experiencia de la obra de arte es inefable, que escapa por definición al conocimiento racional; por qué tanta prisa para afirmar así, sin combatir, la derrota del saber; de dónde les viene esa necesidad tan poderosa de rebajar el conocimiento racional, esa furia por afirmar la irreductibilidad de la obra de arte o, para usar una palabra más apropiada, su trascendencia[1].

La anterior situación parece estar más vigente que nunca en la discusión sobre el mercado de Óscar Murillo, especialmente cuando algunos comentaristas nos invitan a ponernos una venda, ser parte de la fiesta y clausurar la discusión, como si se tratara de dejar hablar al hijo bobo. La verdad es que resulta imposible analizar en clave autónoma la producción artística contemporánea, más aún cuando una gran parte del arte contemporáneo parece haber llegado para fundirse con la vida en todas sus formas, y cuando uno de sus campos de tensión más fuertes se da en relación al mercado y a la forma como éste convive con el arte, una convivencia que parece remontarse hasta la antigua Grecia, pero que en nuestro tiempo ha cobrado una nueva dimensión. Tal vez, la tensión arte/mercado es la discusión más vigente, sugestiva y poderosa del arte de nuestro tiempo. ¿Y quieren que nos callemos?

 

1. La ficción de la escasez.

El dealer Alberto Chehebar, luego de interrumpir a Felipe Restrepo (editor cultural de la revista Semana), afirmó vehemente en La W[2]: “[…] llevo como dos años y medio [o] tres años conociéndolo a él [a Murillo] como artista, y ¡No consigo obra! ¿Me entiende lo que le digo? ¡No se consigue obra! ¡En el mercado no hay obra! ¡Hay una demanda real! […]”.

A partir de esta afirmación de Chehebar, valdría la pena preguntarnos si realmente ¿Óscar Murillo es un “artista escaso”? Esta pregunta es clave porque en términos económicos, la “escasez” en la oferta de un producto acompañada por una “abundante” demanda, son elementos que podrían afectar notablemente las cotizaciones en el mercado del arte y justificar la trepada de precios de un artista.

En el verano de 2012, Óscar Murillo hizo una residencia de cinco semanas en la Rubell Family Collection de Miami[3]. Según información suministrada por una persona cercana a la Colección (quien prefirió no revelar su nombre), Murillo produjo alrededor de 50 obras en 35 días. Según las ilustraciones presentes en el catálogo de la residencia[4], Murillo habría producido 32 obras de gran formato[5], es decir, alrededor de una pintura por día, o más exactamente, 0,91 pinturas por día.

Haciendo una proyección temeraria, en seis años de producción artística[6], Murillo, de 27 años, habría producido alrededor de 1992,9 pinturas, esto, si sus obras tuvieran el mismo ritmo de producción durante toda su actividad artística y sin incluir bocetos, registros de performance y procesos conexos al hecho pictórico (así algunos consideren que Murillo no es un pintor), lo que también tiene mercado potencial. Lógicamente, la cifra de 1992,9 obras es susceptible de disminución, porque la producción de un artista comercialmente emergente, empieza lento y profundiza en velocidad conforme aumentan los agentes del mercado dispuestos a transar con ella y conforme aumenta el presupuesto del artista para comprar lienzos, óleos y pinceles, y hacer grandes fiestas.

Siguiendo con la proyección, supongamos que Murillo ha producido realmente sólo una tercera parte de las 1992,9 pinturas que, según este cálculo, ha debido producir. Esto significaría que habría creado 664,3 pinturas en seis años de producción[7]. Entonces, a partir de estas evidencias, valdría la pena controvertir algunas afirmaciones realizadas por Chehebar y preguntarnos nuevamente: ¿Realmente Murillo es un “artista escaso”? Claramente la respuesta es no, no lo es. Por el contrario, es un artista que, en términos de mercado tiene un problema grave de sobreproducción. En otras palabras, mucha oferta y poca demanda, y para aumentar ficticiamente la demanda (y con ella los precios, a la mejor manera de las acciones de Fabricato), nada mejor que hacerle un baño mediático en reiterados programas de radio, mostrar algunas subastas internacionales exitosas, tocar la sensibilidad patriótica de los colombianos (con su bolsillo ‘emergente’) y construir la ficción de la escasez de sus obras.

Todo esto nos lleva a otra pregunta ¿Qué hacer con un artista con sobreproducción? La respuesta también es fácil: acaparar su obra e intentar soltarla a cuentagotas. En efecto, esto fue lo que hizo la Rubell Family Collection al comprar las 32 obras que Murillo produjo durante el tiempo de su residencia. Estas no salieron al mercado, la familia las compró todas.

¿Para qué alguien quiere 32 obras de un mismo artista vivo y en producción? ¿Por estricto “amor al arte”? Todas estas complicadas estrategias nos remiten a la lección de los marchantes Mugrabi, una familia judío-colombiana que, en otro momento histórico, hizo lo mismo con el mercado de Andy Warhol[8], acumulando infinitamente sus obras y pujando en cada subasta, aunque la larga trayectoria y reconocimiento social y cultural de Warhol en Estados Unidos (y su muerte acaecida tempranamente en 1987), permitía hacer este ejercicio sin apelar a los intríngulis mediáticos y a las “sesudas perogrulladas”[9] críticas que se han hecho en torno a Murillo. Por desgracia, a pesar de los esfuerzos, cada vez más el mercado de Warhol parece incontrolable, en especial, por su enorme producción de obra gráfica, que es posible conseguir en el mercado internacional desde los 100 dólares.

Por otro lado, anticipándome a algunos posibles comentarios ¿Esta sobreproducción artística indicaría que Murillo es un genio como Picasso? Desde luego que no. La sobreproducción no es condición de la genialidad. Para la muestra basta ver la admirable escasez de pinturas de genios renacentistas y barrocos como Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel o Vermeer, y la abundante sobreproducción de otros genios modernistas como Pablo Picasso, Joan Miró, Salvador Dalí o Andy Warhol. En otras palabras, la ecuación “genialidad = volumen de producción” es demasiado simple y lineal, y claramente no se cumple. En cambio, un artista con sobreproducción sí es un sujeto atractivo para el mercado, porque sus marchantes pueden crear la ficción de la escasez, una escasez irreal, y con ella acaparar su producción, manipular a los incautos y alterar los precios de referencia.

2. El mito de la inversión segura: ¿Es inocuo especular con arte?

Para explicar la especulación, nada mejor que hacerlo con ejemplos, y el ejemplo de la pasada subasta de Christie’s amenaza con convertirse en arquetípico. Varios aspectos molestan de la aparentemente inocua especulación con arte y, el primero que mencionaré, parece apuntar como espada de Damocles directo a la cabeza del propio Murillo.

¿Cuál es el verdadero precio de sus pinturas? ¿Cómo se fija el precio de una obra de arte en el caso de Murillo? ¿Es lógico que alguien haya pagado en la subasta de Christie’s del pasado 26 de junio, la suma de 391.475 dólares y que, unos días después de la subasta, los galeristas y marchantes de la “escasa” obra de Murillo hayan vendido “por debajo de cuerda”, a clientes particulares bogotanos, “con precio antiguo”, obras del mismo formato y del mismo artista por debajo de los 80.000 dólares? ¿No es sospechoso? ¿Por qué en las próximas subastas de Christie’s, Sotheby’s y Phillips los cautelosos estimados de venta para obras de Murillo (cautela que siempre ponen en práctica las subastadoras ante una situación de precios erráticos) se encuentran en el rango 50.000/70.000, 60.000/80.000 y 30.000/40.000 dólares respectivamente?

Entonces ¿El mercado de la obra de Murillo es un mercado serio en el que vale la pena invertir? o ¿Es muy pronto para pagar tanto por una obra cuyos precios erráticos recuerdan el electrocardiograma de un corazón deficiente? ¿Obras que además pertenecen a un artista que apenas se encuentra en su fase de nacimiento y cuya valoración cultural todavía está por verse? ¿Hasta cuándo los especuladores soportarán los precios? Y para generar mayores inquietudes, bastará decir que la historia del arte colombiano está plagada de ejemplos que todos recordamos, artistas de Medellín, Ibagué, Bogotá o Cartagena. Aquí y allá.

En segundo lugar, la especulación afecta a otros artistas talentosos, en tanto hay un desvío de atención de los medios[10] y de los recursos económicos, más aún en un mercado relativamente reducido como el colombiano. Estos desvíos terminan distorsionando las dinámicas históricas, visuales y pedagógicas del arte, afectando sus singularidades, volviéndolo una víctima complaciente del gusto de la élite económica compradora (recordemos lo que pasó con el arte colombiano en la década de 1980), violentando su potente autonomía relativa, destruyendo su papel de faro de la sociedad, de amplificador de las fronteras de un mundo que parece cercado. En este sentido, vale la pena anotar que la valiosa singularidad del arte colombiano de los 90 (hoy exitoso internacionalmente) se dio sin las violentas presiones actuales del mercado, aunque ahora sea necesario insertarse en él, pero no sin antes reflexionar el cómo.

La tercera víctima de la especulación con arte son los coleccionistas e instituciones que lo compran, quienes movidos por cifras ficticias y pensando en una inversión segura y consolidada, son engañados invirtiendo importantes sumas de dinero en adquirir una obra que todavía se encuentra en proceso de consolidación, en territorios movedizos, una ficción que con el tiempo podría perder su valor económico y que aún está en proceso de adquirir significación cultural.

En palabras del mundo de las finanzas, equivaldría a dinero sin respaldo (como el de la Alemania de entreguerras) o a comprar acciones de una empresa quebrada pero con una hermosa fachada. En el caso del arte, se trata de inflarlo especulativamente a partir de las expectativas mediáticas y de los aparentemente efectivos números de un trío de subastas, para impulsar las compras y consolidar el mercado local de un artista pretendidamente global.

En el mediano o largo plazo, es posible que algunos de estos coleccionistas, además de haber sido usados en su buena fe por los especuladores, pierdan su dinero y terminen por resquebrajar un mercado del arte todavía incipiente, un mercado que aún está bajo la sombra de la crisis narc-decó ocurrida hace algo más de una década. Todos estos intríngulis, que en otros sectores de la economía serían ilegales, en el arte no, porque la creación artística ha tenido un tradicional estatuto de excepción que parece proyectarse a su propio mercado. Parece imposible vender un kilo de arroz en un millón de dólares, pero en arte no parece tan complicado.

La cuarta víctima de la especulación son los indicadores del mercado internacional del arte, esos que sirven de referencia no sólo a galerías y subastadoras, sino también a otros artistas jóvenes, quienes querrán vender su obra a precios mayores, sin que la torta alcance para todos, generando unas presiones que en algún momento colapsarán. Si este aumento de precios fuera transparente y “real”, sería legítimo el proceso, pero si es producto de la especulación, los precios dejan de obedecer a una dinámica real del sistema, a un campo de tensiones real, atendiendo a la voluntad de unos pocos que ganan con la especulación.

En quinto lugar, aunque no es el caso de Murillo, al menos todavía, la especulación tiene consecuencias patrimoniales para los países que son víctimas de ella. Para cualquier estado es imposible comprar y repatriar su patrimonio cultural si los precios que tiene que pagar son producto de una actividad especulativa. Aunque todavía Colombia parece no haber llegado a esta situación, los museos españoles, ingleses y franceses sí han tenido que vivirla con las obras de sus artistas más importantes.

3. El mito del artista global.

¿El mercado de las obras de Óscar Murillo es global? Si es así ¿Por qué la mayoría de compradores de sus obras viven o trabajan en Miami y Bogotá? ¿Por qué sus marchantes o galeristas vienen a Colombia a ofrecer en venta sus pinturas? ¿Para qué vienen? ¿Acaso no tiene suficientes clientes globales en Londres, Nueva York y Berlín? ¿Por qué la defensa a ultranza de un medio radial nacional como La W? ¿Por qué esta polémica se ha desarrollado en Colombia y no en el “mercado global” que lo rodea? ¿El hecho que sus pinturas se vendan en la “global” subasta de arte contemporáneo de Londres indica la globalidad del mercado del artista? O ¿Es otra ficción que quieren hacernos creer?

Tal y como lo indiqué en mi texto Precisiones: en respuesta a Francesca Bellini[11], el hecho que se ofrezca y venda una obra de Óscar Murillo en una subasta de “arte contemporáneo” y no en una de “arte latinoamericano”, no indica que su producción sea valorada globalmente, ya que las subastas de “arte contemporáneo” también están abiertas a los compradores locales, y de hecho participan muchos de ellos, ya sean procedentes del lugar de la subasta, del lugar de origen del artista o de su círculo privado.

4. Preguntas abiertas.

¿Cuántas pinturas ha realizado Óscar Murillo? ¿De verdad a alguien le importa la Rubell Family Collection? ¿Murillo se siente a sí mismo colombiano o un Young British Artist? ¿Murillo conoce los pormenores de la negociación de sus obras? ¿O sólo se dedica a pintar? ¿Por qué se anunció la participación de Óscar Murillo en el Salón (inter) Nacional de Artistas y no está presente en la exposición? ¿Si Murillo se corta el cabello, dejará de parecerse a Basquiat, al menos en términos de mercado? ¿La obra de Murillo es moderna o contemporánea? ¿La Galería Casas Riegner representará a Murillo en Colombia? ¿Cuáles son los vínculos entre Julito y Óscar? ¿Ejercer la crítica implica ser apátrida? ¿Quiénes se benefician de la polémica? ¿La crítica, el artista o los marchantes? ¿Christie’s inició internamente alguna investigación sobre lo sucedido en la pasada venta? ¿Los especuladores podrán soportar los precios en las próximas subastas? ¿Quiénes son los especuladores? Todo está por verse.

 

Halim Badawi


[1] BOURDIEU, Pierre. Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Barcelona: Editorial Anagrama, 2005, página 11.

[2] Ver la entrevista en La W: “Felipe Restrepo y Alberto Alberto Chehebar se refirieron a la obra de Óscar Murillo”. Bogotá: 2 de septiembre de 2013. En: http://www.wradio.com.co/escucha/archivo_de_audio/felipe-restrepo-y-alberto-alberto-chehebar-se-refirieron-a-la-obra-de-oscar-murillo/20130209/oir/1962062.aspx

[3] Ver: http://rfc.museum/current-exhibitions/oscar-murillo-work

[4] RUBELL FAMILY COLLECTION [AUTOR INSTITUCIONAL]. Óscar Murillo: work. Miami: Rubell Family Collection/Contemporary Art Foundation, 2012; ver páginas 108 y 109.

[5] Los tamaños de las obras producidas durante la residencia oscilan entre 477,5 x 525,8 cm y 82,6 x 80,3 cm.

[6] La cifra de seis años de producción artística fue tomada de la hoja de vida del artista en la página de la Saatchi Gallery. Ver: http://www.saatchigallery.com/artists/oscar_murillo.htm?section_name=shape_of_things2

[7] Para contrastar lo anterior con un ejemplo cercano a nuestra experiencia, Fernando Botero, un artista con más de 80 años, con una abundante producción de más de seis décadas, ha producido entre 6500 y 7000 obras durante toda su vida. Por otra parte, se estima que el abundante Pablo Picasso, durante sus 75 años de carrera artística produjo 13.500 pinturas, es decir, un promedio de 15 pinturas mensuales.

[8] Para mayor información, ver el documental La burbuja del arte contemporáneo: http://www.youtube.com/watch?v=JZCXp_s8FeY

[9] La frase se la debo a Lucas Ospina. Ver su último artículo en Arcadia titulado “La Interbolsa del arte II”.

[10] En este punto, vale la pena revisar el artículo de la crítica de arte Sarah Thornton titulado Diez razones para no escribir sobre el mercado del arte, republicado en Esfera Pública el 22 de octubre de 2012. Ver: https://esferapublica.org/nfblog/?p=49318

[11] Ver mi comentario en Esfera Pública, publicado el 28 de junio de 2013, titulado Precisiones: en respuesta a Francesca Bellini. Ver: http://esferapublica.org/nfblog/?p=62949

 


19 comentarios on “Tapen, tapen: Mitos y ficciones del mercado del arte”

  1. mauricio cruz dice:

    Muy claro y bien puesto lo que escribe Badawi como complemento a otras críticas que hemos leído a propósito del tejemaneje de cifras y jugadas astutas de valoración.

    Y pensar que todo este ‘enigma especulativo’ podría resolverse simplemente mirando dos o tres pinturas de este morocho suertudo, cuando es más que evidente que sus elementales collages hipertrofiados, cubiertos de analfabéticos y monótonos doodles enriquecidos con pintorescos e infantiles letreros de canasta familiar tercermundista, no dan la talla en el contexto de lo que ha sido la buena pintura.

    Otros dirán que esto de apreciar el arte es muy subjetivo y argumentan -como suele decir todo el mundo para comenzar a opinar- ‘pues yo de arte no sé nada, pero…’ Lo mismo que repite Julito W, quien cada mañana delata su insolvencia y encarte total con ‘temas culturales’, cuando metido en camisa de once varas voltea a mirar al culto Alberto, su referente y respaldo perpetuo en el quién es quién en las artes y otras intelectualidades, esperando como siempre a little help from my friend. El cual, sobre todo en esta ocasión, no ha logrado ir más allá de un admirativo y calculado ‘maestro Murillo’ … no se preocupe que aquí defendemos su éxito en euros y dólares de cualquiera que medio sepa de arte y se atreva a dudar de sus capacidades innatas -que es lo que termina diciendo, entre líneas, el angelical coro unánime.

    Aunque debo decir que Oscar me cae bien, pues parece un muchacho sencillo, relajado, inocente, carismático a nivel de portada, y muy trabajador. Condición, esta última (ya que lo de inocente no le va a durar mucho), a la medida perfecta de los tiburones que lo alimentan.

    • Luis Velez dice:

      ¨Y pensar que todo este ‘enigma especulativo’ podría resolverse simplemente mirando dos o tres pinturas de este morocho suertudo, cuando es más que evidente que sus elementales collages hipertrofiados, cubiertos de analfabéticos y monótonos doodles enriquecidos con pintorescos e infantiles letreros de canasta familiar tercermundista, no dan la talla en el contexto de lo que ha sido la buena pintura.¨
      -Con todo respeto señor Cruz,
      le informo que toda la pintura de Murillo es trabajada a partir de planchas de color que hacen las veces de papel carbón como el que emplean las señoras vendedoras de chance en su pueblo natal- todas esas rayas, garabatos responden a un proceso de atrás hacia delante y lo que usted lee como que no da la talla es muy relativo y denota su desconocimiento del artista al descalificarlo con tan pobres elementos de juicio- en su técnica está la sustancia de su obra, en el proceso y los eventos que acompañan su practica-
      Yo tuve la fortuna de conocer al morocho(como usted lo llama) y le aseguro que es bien inteligente, bien educado y sabe muy bien donde está parado, por algo esta donde esta- fue señalado por Roberta Smith, del N.Y time, antes que nadie se hubiese fijado en el, ella si entendió su hipertrofiada obra-

      • mauricio cruz dice:

        lo de las ‘planchas de color que hacen las veces de papel carbón como el que emplean las señoras vendedoras de chance en su pueblo natal’ me parece un argumento moral de lo más consistente en términos de pintura

        morocho, cha.
        (Del quechua muruch’u, variedad de maíz muy duro).
        1. adj. coloq. Am. Dicho de una persona: Robusta y bien conservada.
        2. adj. Arg., Par. y Ur. Dicho de una persona: Que tiene pelo negro y tez blanca.
        3. adj. Arg. y Perú. Dicho de una persona: Que tiene la piel morena.

        y a pesar del entusiasmo que exhibe Roberta por el pintor emergente, aprovecho para introducir algunas correcciones formales :

        Muy claro y bien puesto lo que escribe Badawi como complemento a otras críticas que hemos leído a propósito del tejemaneje de cifras y jugadas de valoración.

        Y pensar que todo este enigma especulativo podría resolverse simplemente mirando dos o tres pinturas de este morocho suertudo, cuando es más que evidente que sus elementales collages hipertrofiados, cubiertos de monótonos doodles enriquecidos con infantiles letreros de canasta familiar tercermundista, no dan la talla en el contexto de lo que ha sido la buena pintura.

        Otros dirán que esto de apreciar el arte es muy subjetivo, y argumentan, como suele decir todo el mundo para comenzar a opinar, ‘pues yo de arte no sé nada, pero…’ Lo mismo que repite Julito W, quien cada mañana delata su insolvencia total con ‘temas culturales’ cuando metido en camisa de once varas voltea a mirar al culto Alberto, su referente perpetuo en el quién-es-quién en las artes y otras intelectualidades, esperando como siempre a little help from my friend. El cual, en esta ocasión, no ha logrado ir más allá de un admirativo y calculado ‘maestro Murillo’ … no se preocupe que aquí defendemos su éxito en euros y dólares de cualquiera que medio sepa de arte y se atreva a dudar de sus capacidades innatas -que es lo que termina diciendo, entre líneas, el angelical dúo unánime.

        Aunque debo decir que Oscar me cae bien, pues parece un muchacho sencillo, inocente, carismático a nivel de portada, y muy trabajador. Condición, esta última (ya que lo de inocente no le va a durar mucho), a la medida perfecta de los tiburones que lo alimentan.

  2. Antonio Díez dice:

    🙂

    Buen análisis. Lo que estaría bien es que la gente que opina y admite no saber nada de arte lo leyera; Julio Sanchez Cristo nada sabe de arte, entonces nada debería importarle su opinión a quienes sí saben, así sea un poquito nada más.

    De lo dañino que termina siendo para el medio caer en manos de los especuladores, baste recordar a H. Badawi que, un artista cualquiera, no nació ayer; y sabe que es parte del oficio una paciencia casi ilimitada, por la cual se aprende a vivir con lo que haya sin entrar en desesperación.

    En últimas, la muerte decanta todo, y pensando en eso debe un artista seguir con su parcela de vida.

  3. Darío dice:

    Así va la “cautela” de los precios de Murillo $401.000 us en la subasta del 19 de septiembre en Phillips de New York.

    http://www.phillips.com/detail/OSCAR-MURILLO/NY010613/3

  4. Nathalia Azuero dice:

    Entrevista a Oscar Murillo de una revista dominical colombiana:

    Entrevista a Oscar Murillo

  5. Es increíble!!! Si Murillo descendiera de las tradicionales familias vallunas y no tuviera el pelo apretado estaría todo el sector artístico inclinado y hablando de sus genialidades,no soportan que alguien tan cerca a la mayoría pueda salir del eterno círculo,pensarán que eso es mucho pal “morocho” ala. Hay mucho artista blanco,macho y con apellidos de presidente o de intelectuales con obra tan floja y a nadie se le ocurre cuestionar,la invitación le llega por derecho propio. Pelamos el cobre con Murillo…

  6. mauricio cruz dice:

    Sí, ‘pelaron el cobre’ al traducir un problema artístico concreto (que si es buena, o no, su pintura) en la eterna lucha de clases o estratos que determina buena parte del lenguaje y las conductas socioculturales en este país (razones hay muchas). Identificarse con Murillo o cualquier otro, en el sentido racial o patriótico, y creer que nos representa, no es más que un recurso emocional, y en últimas, demagógico, para ocultar la falta de criterio al momento de decidir si hay algo en esa pintura que corresponda a los precios que algunos están pagando. Y la respuesta, como siempre, es no; ni en este caso, ni en otro (Botero, Doris, etc, para no poner ejemplos foráneos), los precios tienen que ver con el valor significativo de la obra en el contexto especializado (algunos dirán ‘elitista’) que representa. El arte no es un concurso de extravagantes a ver quién vende más caro, aunque eso sea lo que parezca. Y como nadie quiere ‘saber de arte’, ni tampoco les interesa (digamos la W, estándar del periodismo colombiano), prefieren atenerse a ese caprichoso y especulativo índice monetario como recurso ‘deportivo’ (quién va ganando) para no tener que apreciarlo y hacerse la ilusión de que están opinando.

  7. William Contreras Alfonso dice:

    También es notorio respecto a la imagen de Óscar la fascinación nacionalista y casi que facha por apoyar “el producto de la tierra”, “el compañero humilde” y “que se ha hecho camino a puro pulso”.

    Sus apariciones mediáticas y entrevistas concedidas suelen apuntar a crear la percepción de que el no tiene ni idea de lo que pasa a su alrededor en términos mercantiles, y que es muy inocente, y que todo lo coge de sorpresa.

    Pero esa imagen me la creo igual de poco que su supuesto talento y su golpe de suerte (¿aún creyendo en milagros de bondad en medio del capitalismo salvaje?). Pienso que el hecho de que tantas personas en Colombia estén felices por su triunfo comercial y califiquen de envidia cualquier suspicacia al respecto muestra un lado un poco lastimero también de nuestra sociedad que sólamente ayuda a perpetuar el mito de su inocencia, imagen que se sostiene en su supuesto origen humilde y sus alusiones escritas a la yuca, la arracacha, el arroz, la paila y tanta cosa “humilde y sincera” de su tierra de personas sencillas con valores humildes, una postura tan humilde y sincera que no deja de aparecer vistosa y textualmente una y otra vez en sus cuadros enormes, con letras gigantes atravesando de lado a lado sus pinturas.

    Como si Óscar se dedicara a pintar letreros publicitarios que dicen “VENGO DEL TERCER MUNDO”, “MI PAÍS PRODUCE LO QUE USTEDES SE COMEN”. Eso sí, todo untado con tierra y greda, como representando lo que es nuestro país visto desde Inglaterra, un tierrero inhóspito donde a veces, casi de milagro crece la Yuca, la arracacha y el arroz. Digna pintura de un artista tercermundista de alma noble, un espíritu puro víctima de las circunstancias, la versión más vendedora del buen salvaje capitalizado y “buena persona” que la gente con billetera enorme ama tener colgada en su pared.

    Porque claro, hay que apoyar a las negritudes. Sobre todo si se amoldan a la idea de negritudes que tenemos. Porque el hecho que alguien “blanco y de buen apellido” le compre a alguien su trabajo por ser negro y que su trabajo refleje la idea más cliché de etnia no es racismo.

    PS: Que lástima que sólo en situaciones así los artistas volvamos a discutir sobre los colores.

  8. DES-TAPEN, DES-TAPEN: LLEGÓ LA HORA DEL DESTAPE.

    Me da gusto estimado Halim que esté leyendo a Pierre Bourdieu, sin duda su reflexión se afinará cada vez más, no tengo la menor duda de ello. Me permito compartirle una imagen y una información tomada de la South London Gallery donde el artista Oscar Murillo (no pintor solamente), expone actualmente. Por lo visto sigue vendiendo y bien. Y también le comparto una información muy importante que también le aportará elementos de juicio que sacaran su reflexión del complot bogotá-miami-bogotá.

    Hay algo que es cierto en todo esto: es que el arte si hace parte de la especulación financiera: hasta los que venden muy poco deberían saber esto. ¿Pero esto es un pecado?

    François Ghebaly compró en el 2011 una buena cantidad de obras de Murillo si no estoy mal 15, y hasta donde sé Ghebaly no tiene ni un pelito de colombiano. Por lo tanto su tesis que los compradores de Murillo son solo colombianos no se sostiene ni de un pelo. Si de acuerdo en Miami, pero además es uno de los que abre el mercado en Europa.

    Además Murillo ya se estaba moviendo a un nuevo nivel muy alto, de la mano de Hans Ulrich Obrist quien lo invitó a la Serpentine Gallery en el 2012. Si señor nada menos ni nada más que ese magnifico espacio. ¿Será que nos atreveremos a meter a Ulrich Obrist en este complot especulativo? Por qué no. Aunque yo sería muy prudente al respecto. Esto si sitúa a Murillo en una esfera del arte globalizado y de Grandes Ligas mi querido Halim. Y hasta donde sé (fuente de alta confidencialidad), La Galería Casas Reigners, así esté detrás del artista, este no trabajará con ellos, pues en una ocasión le hicieron el feo, por que era un perfecto desconocido y hasta por negrito, quién sabe; en este país clasista y racista todo es posible. Claro esto antes de su buen momento económico.

    Pero ahora yo me pregunto estimado Halim: ¿por qué tanta insistencia y persistencia en este asunto de parte suya? Si se que lo del coleccionismo le preocupa mucho, pero ¿hasta este punto de tratar de invalidar el éxito de un artista (colombo-británico) al reducirlo a la ecuación arte=especulación financiera? Pura curiosidad. Lo de Murillo es bien real, para nada es un mito y mucho menos una ficción. Solamente el tiempo podrá decirnos si él es verdaderamente un artista de impacto y logró manejar los juegos del mercado. Por ahora es un poco prematuro afirmar lo contrario.

    Oscar Murillo, if I was to draw a line, this journey started approximately 400km north of the equator, 2013. Installation view at the South London Gallery. Photo: Mark Blower
    Image courtesy the artist and David Zwirner, New York/London.
    Ghebaly.

    Park Nights, Oscar Murillo. The Cleaners’ Late Summer Party with COMME des GARÇONS. Friday 14 September 2012
    http://www.serpentinegallery.org/2012/09/oscar_murillo_park_nights.html

  9. Guillermo Villamizar dice:

    A Hans Ulrich – Obrist lo veo cada vez más como un agente privado que busca en los sumideros internacionales del arte contemporáneo, aquellos artistas y obras que pueden encajar perfectamente en el mercado global del arte, del cual Londres –su plaza de trabajo- es un ferviente escenario desde donde se transa, promueve y estimula este mismo mercado. Un mercado totalmente inofensivo para aquellos que pensamos que al arte –todavía- le queda buena reserva en el tanque para patiar la lonchera!! Y no es problema de dinero, sino las pendejadas que nos ponen a ver!! El arte para dummies está en la cresta de la última nueva ola y HUO es su capitán…

  10. Hace dos veranos, Óscar Murillo era otro de los miles de colombianos que deambulaban en las madrugadas por las calles londinenses para limpiar las principales oficinas de la capital británica. Es un trabajo que pocos ven. Cuando todos duermen, ellos limpian, con paciencia, piso por piso, escritorio por escritorio. Antes de las siete de la mañana desaparecen. Muchos los llaman los invisibles.

    Hoy, uno de esos invisibles es un artista contemporáneo cotizado. Fue una de las estrellas de la última edición del ‘Miami Art Basel’, donde exhibió su trabajo en la galería de los destacados coleccionistas Donald y Mera Rubell. Antes, otro gran coleccionista, el publicista Charles Saatchi, ya le había comprado ocho de sus obras. Y este verano, que recién ha terminado, su éxito artístico también se volvió comercial: primero, en la subasta de arte contemporáneo de posguerra de la casa Christie’s, una pintura suya se vendió por US$ 391.475 dólares. Luego, unos días después, otro trabajo alcanzó US$ 177.456 en la otra gran casa de subastas de Londres, la Sotheby’s. Y para rematar, el verano terminó con otra espectacular venta, pero esta vez en la casa de subastas Phillips, donde la cifra alcanzó los US$ 224.145.

    En Colombia, solo artistas de la trayectoria de Doris Salcedo y Fernando Botero venden sus obras a estos precios. Pero Óscar Murillo todavía no tiene esa trayectoria. Su carrera apenas comienza. Y él, a sus 27 años, lo reconoce: “Todo esto que pasó es una anomalía”, me dice en su estudio en el este de Londres donde les da los últimos toques a los trabajos que presentará el próximo 20 de septiembre en la ‘South London Gallery’, en lo que se convertirá en la primera exhibición institucional en solitario que haga en el Reino Unido.

    Murillo llegó a su estudio en bicicleta, con un tarro vacío metálico y grande en una de las manos. Al tarro le quitó la etiqueta de tomates y lo soltó en el piso, en cualquier lado, como están en cualquier lado todos los objetos que recolecta: baterías de carro, piezas metálicas, tablas de madera, balones de fútbol, etiquetas de productos. También hay por ahí un taladro y una máquina de coser. Y por supuesto, sus lienzos. Casi todos en el piso, para que se impregnen de la vida del artista, para que dejen un registro, para que se queden ahí para ser trabajados, porque él trabaja en el piso. No hay ventanas, no hay reglas, no hay que tener cuidado por donde se camina. El olor a pintura y la informalidad del artista dominan el ambiente.

    A Óscar Murillo le gustan los juegos sociales, o más bien, la fricción social o el “shock social”, como él mismo lo describe. Y su vida y su arte son precisamente eso: una especie de provincialismo cosmopolita que se hace evidente en todo lo que dice y crea.

    Habla español como si nunca se hubiera ido de La Paila, ese pueblo vallecaucano donde nació el primero de febrero de 1986. Su inglés es más fluido. En español, por lo general, habla con su círculo íntimo de cosas de La Paila; mientras que en inglés lo invitan a conversatorios en el ‘Institute of Contemporary Arts de Londres’, el ICA.

    Murillo es un tipo tranquilo, descomplicado, atento y tan atento a los detalles que no utiliza el apellido de su padre, Caicedo, sino el de su madre: “Con esa sutileza le quise hacer un homenaje a mi mamá, Virgelina Murillo”. Saca una bolsa llena de bom-bom-bum para la primera entrevista de largo aliento que le proponen desde Colombia. “¿Una entrevista extensa para Colombia?, me gusta”, dijo.

    No hay arrogancia. Más bien lo que brota de él es atrevimiento. Dice que “no se come el cuento”, pero su virtud es que no le come cuento a nadie.

    Le gusta juntar sus dos realidades, sobreponerlas entre sí, hacer experimentos. Por un lado está su realidad de invisible, de ‘cleaner’, y por el otro, su realidad de artista contemporáneo que hace que se le abran las puertas de cualquier lugar del mundo. Toda esta historia empezó a finales de 1996, cuando su papá, Belisario Caicedo, decidió irse de Colombia a probar suerte en otro lado.

    ¿Por qué terminó su papá en Londres?
    Él se quiso venir a Londres porque le gustaba mucho esa serie de televisión que se llamaba El Santo. Por eso fue por lo que terminamos acá. En esa época no se necesitaba visa para entrar, fue fácil. Mi papá era sindicalista y se asiló. Había un sistema de apoyo social mucho más robusto y eso ayudó a que cinco meses después, en marzo de 1997, nos viniéramos mi mamá, mi hermana y yo. Llegamos a Londres con esa actitud tan nuestra de que uno se defiende como puede y no se deja varar…

    ¿Cuál es la primera imagen que tiene de Londres?
    Un túnel, justo al salir del aeropuerto. Y me impactó mucho verlo… En realidad me impactó todo, era muy distinto a lo que conocía, todo como muy antiséptico, limpio. A las pocas semanas yo le dije a mi papá que me quería regresar, que no me gustaba esto acá…, fue un cambio muy radical.

    ¿Cuándo le cambió esa actitud?
    Pues en la escuela. Aprendí inglés como en seis meses y fue ahí cuando el arte se me convirtió en una especie de terapia psicológica. La idea de comunicar algo, nada en el sentido conceptual de ahora, sino más bien como que me aferré a eso, a poder hacer cosas con mis manos, y el interés creció y se convirtió en interés académico.

    ¿Hay un momento puntual en su vida en el que usted decide convertirse en artista?
    Yo no quería estudiar arte. No era que quisiera ser abogado o doctor, pero tenía claro que si me iba por el arte no me iba a poder emplear en ningún lado. Así que al final me decidí por la animación, porque pensé que por ahí sí iba a poder conseguir un trabajo. Pero a las dos semanas no aguanté la intensidad y me pasé a la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad de Westminster.

    Pero un momento, ¿cómo fue esa vuelta? ¿Solo en dos semanas entendió que sí podía tener posibilidades?
    No, lo que pasa es que a mí el arte siempre me gustó y tenía mi portafolio, pero como le dije, nunca pensé que podía emplearme. Pero fue mi esposa, mi novia en ese entonces, la que al verme desesperado con la animación me dijo “pues si lo que te gusta es el arte, dedícate al arte”. Fue ella [la venezolana Angélica Fernández, con quien Murillo tiene una hija de tres años y medio que se llama Valentina] la que me empujó a dar ese cambio.

    ¿Qué tanto lo influenció Londres como ciudad para que se interesara por el arte? ¿Usted fue uno de esos estudiantes que aprovechaban el hecho de que casi todos los museos y galerías son gratuitos?
    No. De hecho, si no estoy mal, la primera vez que visité una galería fue a los 17 años. Lo que sí me acuerdo muy bien es que una de las muestras que más me impactaron fue la exhibición de Doris Salcedo en el White Cube en 2004.

    ¿Cuál? ¿Neither?, ¿la de las paredes que evoca a los desplazados?
    Sí, yo no conocía su trabajo y me interesé mucho. El trabajo de ella es una biografía nacional y me emocionó eso: el hecho de que ella es colombiana. Fue desde ahí cuando yo empecé a buscar mis garras. Me gustaba más el concepto, las ideas, la acción. Así duré tres años, desarrollando ideas y mi trabajo final en la universidad fue una instalación basada en una biografía personal. Ya en ese momento, en 2007, estaba convencido de que eso era lo que quería hacer.

    ¿De qué vivía? Supongo que el arte todavía no le daba para comer…
    No, para nada, conseguí un trabajo de asistente de profesor en un colegio en el departamento de diseño y tecnología. Alternaba mi trabajo con mi arte. Durante el día trabajaba y después me iba al estudio, pero estaba rendido mentalmente. En el descanso escolar del verano me di cuenta de que si yo iba a tomar la carrera artística en serio las cosas no podían seguir así. Ese trabajito de escuela que tenía era bueno, pagaba el arriendo, vivíamos bien, normalmente, pero de arte nada. Entonces lo que se me vino a la cabeza fue la limpieza, que es donde mi familia ha trabajado siempre desde que llegamos a Londres.

    Pero eso es más duro que el trabajo de asistente de profesor…
    No, la limpieza es perfecta porque en tres horas hago la comidita, el pan o la papita de cada día y el resto del día me queda libre. El trabajo es fácil. Yo la llamo una limpieza simbólica. La limpieza es limpia, contrario a lo que uno podría creer. Lo difícil es el sacrificio de la levantada. Especialmente en el invierno, cuando está a menos cinco grados centígrados nevando y uno se tiene que levantar a las tres y media de la mañana.

    Entonces su rutina cambió…
    Sí, eso me abrió los ojos. Se trata de una transacción: dinero por tiempo. Ya no tenía el poquito de dinero para ir al cine el fin de semana, pero tenía todo el día para mi arte, que eso en una ciudad como Londres es muy difícil de conseguir.

    ¿Y el balance le funcionó?
    Sí, porque mi estudio salió fortalecido en términos de trabajo e ideas. Eso me permitió tener un buen portafolio para hacer mi aplicación para la maestría al RCA (Royal College of Art), en el 2010.
    No es fácil conseguir un cupo ahí…

    No, no es fácil y de hecho yo tenía un poquito de resentimiento con la educación artística porque no se justificaba nada, no había un criterio claro. Unos entran, otros no, y no sabía muy bien cuál era la diferencia… Pero al final mostré mi portafolio y a los quince días me llegó la carta de invitación.

    ¿Lo becaron?
    Sí. En el Westminster saqué un ‘First class degree’. Traía buenas notas y me ofrecieron una beca, me pagaron la matrícula. Seguí con la misma rutina de la limpieza, porque de todas maneras tenía que pagar el arriendo y la comida.

    Se puede decir que esos dos años para usted fueron esenciales, porque si no estoy mal el RCA no solo le ofrece a uno estructura académica, sino que también le da una serie de conexiones con el mundo del arte y muchos coleccionistas se acercan al RCA a ver qué es lo que están haciendo sus estudiantes.
    El RCA me ofreció todo eso. Desde antes de entrar yo sabía que muchos de los artistas conocidos habían pasado por ahí. Pero al mismo tiempo me desilusionó un poco esa idea de ‘branding’ de ser de ahí, de que le dicen a uno “tú eres uno de los mejores”. Pero yo nunca me comí ese cuento. Además, porque antes de entrar ya me estaba moviendo también por el mundo del arte en la ciudad. Tenía mi propio estudio y siempre que podía me involucraba con galerías: hacía de asistente, de técnico y ayudaba a otros artistas y fui aprendiendo mucho qué era el mundo del arte y a entender que también hay otras ciudades importantes como Nueva York, Berlín. Es decir, a tener una visión más amplia que la del RCA.

    ¿Y fue ahí cuando empezó con la pintura?
    No, me interesaba más hacer como fricciones sociales. De ahí vienen los performances y eventos sociales que comencé a hacer porque hay que ser realistas, el arte es una carrera muy elitista. Entonces empecé a relacionarme con gente de otros estratos sociales. Incluso la ubicación del RCA en Londres, ahí es puro ‘middle class’, muy elitista, y yo siempre viví en una zona mucho más obrera. Siempre viví ese contraste.

    ¿Se sintió alguna vez discriminado?
    No, para nada, lo que sí era claro es que estaba en un medio que era ajeno al mío. Pero nunca me sentí intimidado. Yo creo incluso que eso me empoderó mucho más. Utilicé el momento y el medio en el que estaba para hacer trabajo, para experimentar…

    Y ese es, quizás, su sello artístico. Lo que yo he podido ver en su trabajo es que usted usa su contexto familiar, que no es artístico y lo sobrepone en el mundo del arte…
    Sí, se puede decir que el RCA fue el principio de todas esas ideas porque existía esa fricción social. No fue algo rabioso, lo tenía claro, pero no era una manifestación agresiva, sino más bien experimental. Todo empezó ahí y la pintura siempre se quedó en el segundo plano…

    Hay algún momento en especial en el que usted se dio cuenta de que todo su plan de vida podía convertirse en algo mucho más grande…
    Todo empezó en realidad en una muestra colectiva que hice en el 2011 en Los Ángeles en la galería ‘Mihai Nicodin’. Mis pinturas se vendieron y comenzaron a generar interés. Yo seguí con mi trabajo de limpieza, que además disfrutaba mucho, pero después llegaron otros trabajos y proyectos en EE. UU. que me hicieron abandonar mi trabajo de ‘cleaner’.

    ¿Qué significó que un coleccionista de la talla de Charles Saatchi, que ha lanzado a la fama a muchos otros artistas, comprara sus obras?

    Pues eso fue antes, en la universidad, en el RCA. Saatchi es un coleccionista de talla mundial que tiene una colección que ha pasado por muchas etapas; pero yo ya tenía claro que Saatchi no era el coleccionista de hace treinta años o el de los noventa, que fue el catalizador de todo un movimiento artístico británico muy importante liderado por Damien Hirst. Pues sí, chévere enterarme de que Saatchi compró, pero eso no me iba a cambiar la vida, un honor que alguien de tanta trayectoria tomara interés en mi trabajo, pero no me iba a comer el cuento de eso.

    Pero ¿no tiene un momento que recuerde especialmente?
    Pues en realidad el momento más interesante de mi vida artística, y todavía lo es, fue cuando un artista que se llamaba Franz West, que se murió hace un año, me compró un trabajo.

    Y eso, ¿cómo fue?
    Eso fue cuando yo era asistente de profesor en la escuela. Con la frustración que tenía de no poder ir a mi estudio aproveché el taller tan bueno que había en el colegio y en mis ratos libres me puse a hacer cositas. A veces también trabajaba en una galería y una de las veces que llegué estaba West ahí preparando una exhibición. Yo había dejado mis cosas en el baño, pero él las vio y se interesó. Me preguntó si eso estaba a la venta. Le dije que no, que para mí era un orgullo que a él le gustara y que se lo regalaba. Me dijo que no, que yo no era un artista ni rico ni famoso y entonces me dio mil euros, en dos billetes de 500 euros, dos billetes que nunca había visto, no sabía ni que existían.

    Y hablando de billetes, el hecho de que una obra suya se venda por casi medio millón de dólares le tiene que mover el piso o por lo menos hacer sentir como una bofetada a la realidad.
    Yo estaba en Nueva York y en realidad no estaba pendiente de la subasta. Esas pinturas yo ya las había vendido y no tenían nada que ver conmigo, aunque sabía que estaban en el catálogo de la subasta. Pero de repente recibí un mensaje de texto con la cifra y yo pensé que eran 21.000 libras, y dije: “bien, no está mal”. Pero después volví a mirar y vi que eran 210.000, menos el impuesto, y dije “¡qué locura!”. Pero más que emocionarme me asusté y decidí tranquilizarme con un whiskey.

    Aunque nada de ese dinero le entró a usted.
    No, no, esa plata no es mía. Esas obras ya no me pertenecían…
    ¿Pero afecta su proceso artístico el hecho de que sus obras se vendan a un precio tan alto?
    Pues en realidad lo importante es mantener el proceso igual. Es fundamental que me siga desarrollando como artista y me olvide de lo comercial; ese es un tema más de los coleccionistas y los especuladores y yo no me debo meter ahí.

    ¿Lo logra?
    Sí, porque nada de esa plata me entró a mí. Y además soy consciente de que soy un artista joven, tengo 27 años y pienso ser artista toda mi vida. Si me pongo a pararle bolas a una subasta que es una anomalía y dejo que me afecte, se me va la carrera al carajo.

    ¿Siente que a partir de ese momento la gente se le acerca de otra manera, que lo empiezan a tratar distinto?
    No, yo siempre he sido una persona muy privada. Como usted ve, acá está mi tío y mi círculo es la familia, que la considero bastante extensa, y ahí es donde yo me muevo…

    De eso le quería hablar, porque pese a que usted llegó a los diez años acá, usted a Colombia no la ha soltado, parece que de alguna manera sigue viviendo en La Paila y esa es la gente con la que usted anda de arriba para abajo.
    Sí, más que colombiano yo soy paileño. Colombia es un país emproblemado, pero a mí personalmente nunca me afectó. En La Paila todo siempre fue muy sano, entonces la experiencia que tengo del país se basa en eso.
    Pero nunca ha pensado qué hubiera sido de su vida si su papá no se viene para Londres…
    Estaría trabajando para Colombina (empresa de dulces ubicada en La Paila), esa es la realidad. No había otra opción. Y lo sé porque es eso lo que hacen mis amigos de infancia. Y no se trata de personas que no estudiaron, sino que no hay más oportunidades. Es un problema que eso sea así. Pero también faltan más aspiraciones personales, que no dependen necesariamente del dinero que haya por ahí, sino de una aspiración más personal.

    Lo siento mucho más cauteloso cuando habla de esto, como que en su arte grita y acá no. En su obra desafía los contextos sociales, los compara, los pone en cierta manera a chocar, pero pareciera que no le gusta hablarlo.
    Pero es que no solo pasa en Colombia, pasa en todo el mundo. Y mi experiencia colombiana es la del microcosmos de La Paila, que es un pueblito estrato dos. En Colombia existe una élite y acá en Inglaterra también. El clasismo existe en todas partes, no es exclusivo de Colombia. Esas fricciones sociales suceden en muchas partes, no son exclusivas…

    Quizás es por eso por lo que uno debe catalogarlo a usted más como artista global que colombiano.
    Sí, hay una pieza que precisamente estoy trabajando en este momento que se llama ‘If I was to draw a line this journey started aproximately 400 km north of the Ecuator’. A lo que me refiero acá literalmente es que si voy a trazar una línea, esta aventura empezó 400 kilómetros al norte de la línea ecuatorial. No me veo como un artista colombiano, menos como un artista británico, sino como un artista que está interesado en la dinámica global…

    Volvamos a las fricciones sociales, me interesó mucho la que hizo este verano en la ‘Serpentine Gallery’ en Londres auspiciada por ‘Comme des Garcons’. ¿Cómo fue eso?
    Ellos me contactaron porque les gustó mi estética más que por mi idea de hacer choques sociales. Y cuando me llamaron yo me demoré en encontrarle la vuelta para que el proyecto tuviera relevancia en mi idea artística. Y se juntó todo. La ‘Serpentine Gallery’ está en Hyde Park, en una zona elitista, y lo mismo’ Commes de Garcon’, una marca de alta costura, muy exclusiva, individualista. Decidí entonces traer todo lo que soy yo y juntarlo con eso. Así nació ese proyecto que se llamó ‘The cleaners late summer party with Commes de Garcon’. Lo curioso es que me tocó cambiar incluso el título y agregarle el “late” porque la Serpentine también hace su ‘summer party’, que es superexclusiva y solo va gente de la talla de Mick Jagger y la rosca de la farándula de acá. En cambio, el ‘summer party’ que yo conozco es el carnaval del pueblo o las fiestas que hacían para los ‘cleaners’ en Navidad, cuando las compañías de limpieza les hacían fiestas a los trabajadores, aunque eso ya no existe más por la crisis económica. Invité a ese círculo de gente que ni sabía qué era la ‘Serpentine Gallery’, y dije, vamos a hacer esto como una fiesta, como un tipo de carnaval. La idea no era hacer ni un performance ni una acción sino convertirlo en una fiesta. Aunque el mundo artístico que asistió lo percibía como una acción, porque conocían el contexto. En cambio, el mundo de la limpieza lo veía como una fiesta, una rumba. Entonces la fuerza del momento no llegó por la gente del mundo artístico, sino por los que venían a rumbear.

    Pero usted también ya empieza a ser parte de esa rosca elitista. ¿Ha sentido la misma fricción de sus obras entrando ahí?
    Desde que entré al RCA entendí que el arte es elitista y que esas élites son parte de la conversación. Claro, conocer a una estrella del rock and roll o entrar en Los Ángeles a una mansión en Beverly Hills es algo impresionante porque yo precisamente conozco otra realidad, y son realidades que parecen extraterrestres cuando se comparan la una con la otra.

    Y como usted conoce esa otra realidad, cuando se entera que alguien pagó casi medio millón de dólares por una pintura suya qué piensa…
    Pues es relativo. Sin duda resulta extravagante, pero es el mundo en que vivimos. No es un shock. El shock es que me haya pasado a mí, porque en cada subasta de arte sucede. Lo que hace eso es demostrar el desnivel social tan grande que hay. Lo que sucedió con la subasta hay que verlo como algo de ayer y no concentrarse en eso. Espero que el trabajo se destaque por su mérito artístico y no por el económico.

    ¿Qué tanta atención les pone usted a los críticos?
    Pues todo el mundo tiene derecho a decir lo que quiera y eso no me influye, no me hace nada, no les pongo cuidado.
    Pero y cuando oye que todo lo que sucedió con su obra este verano es parte de una estrategia comercial, calculada milimétricamente por especuladores que inflaron el valor de su arte…
    Pues, ¿qué puedo decir yo? Yo llegué a donde estoy solo, no tuve ni un papá, ni una mamá, ni un artista padrino que me ayudara a llegar a este punto. No tuve una persona de conocimiento estratégico y financiero. No, todo esto fue una anomalía que sucedió y estoy lidiando con esto.

    ¿No le molestan que lo rotulen y que esos rótulos quizás hagan que su obra genere más interés? Usted viene de una familia humilde, que emigró a Europa, que trabajó en limpieza, en fin, todos los elementos de novela que terminan haciendo que interese más como personaje.
    Pues eso es farándula y es una cosa muy latina.
    Una cosa que también el mundo anglo explota…
    No, no tanto. Aunque en Estados Unidos sí y en el mundo latino sobre todo. Es como el sueño americano.

    Y aunque me hice la promesa de no hacerle esta pregunta, me siento ahora obligado a hacérsela: ¿le molesta que lo comparen con Jean Michel Basquiat?
    Pues el hecho de que sea moreno y tenga rasgos como los de él y de que en una época usé el pelo estilo afro, como rasta, pues hace que alguna gente diga eso. A mí me parece un truco barato en el que no estoy interesado. No me interesa ese sensacionalismo. No me considero un ‘celebrity’ y tampoco lo quiero ser.

    http://www.eltiempo.com/gente/entrevista-de-la-revista-bocas-al-artista-scar-murillo_13080127-4

  11. mauricio cruz dice:

    … si el caso murillo no estuviera enmarcado en coordenadas de telenovela (orígen humilde/fortuna en sotheby’s) dudo mucho que estaríamos discutiendo sus imágenes

    * suponiendo que sea eso lo que estamos haciendo

    • Moisés Gaitán dice:

      ¿Y si fuera de telenovela qué? ¿es acaso menos? Existe un animo destructivo en calificar de manera amargada el trabajo del otro en decir:
      ¨Y pensar que todo este ‘enigma especulativo’ podría resolverse simplemente mirando dos o tres pinturas de este morocho suertudo, cuando es más que evidente que sus elementales collages hipertrofiados, cubiertos de analfabéticos y monótonos doodles enriquecidos con pintorescos e infantiles letreros de canasta familiar tercermundista, no dan la talla en el contexto de lo que ha sido la buena pintura.¨

      ¿Es esto una critica? No, es un calificativo de lo más pobre rebajando al otro en su condición y aparentando criticar la obra, veamos; “morocho suertudo”, es decir que no lo logro con su trabajo sino que se lo gano, se lo encontró y no lo merecía. “elementales collages hipertrofiados” quiere decir que es tan sencillo pero que están inflados según usted señor Mauricio quien debe saber la justa medida. “infantiles letreros” cuando alguien quiere despreciar algo de manera facilista le acuña lo infantil pero esto no va a la obra es para referirse al trabajo del autor es decirle, pinta como niño, no merece atención. Y remata con “tercermundista” un termino tan despectivo que un también nacido en el supuesto tercer mundo lo use para referirse a su entorno, suena ridículo. El tercer mundo ya no existe, pues el que supuestamente era el segundo, dejo de serlo y hace mucho, y es tan despectivo como lo era al referirse a otro como morocho, no cabe y menos de alguien que esta de este lado de la cultura, si en el “tercer mundo” también.

      Señor Mauricio concéntrese en decir porque no es válido su obra pero argumentando porque ya se hizo antes, porque no es original y mostrando ejemplos, o por que se repite pero arriesgado una teoría sino es pura charlatanería aparentando que sabe de arte.

  12. [e] facebook dice:

    (function(d, s, id) { var js, fjs = d.getElementsByTagName(s)[0]; if (d.getElementById(id)) return; js = d.createElement(s); js.id = id; js.src = “//connect.facebook.net/es_LA/all.js#xfbml=1”; fjs.parentNode.insertBefore(js, fjs); }(document, ‘script’, ‘facebook-jssdk’));
    una publicación por Esfera Publica.

    Leonardo DiCaprio compra obra de Oscar Murillo por 401.000 dólares.

    La obra titulada ‘Untitled (Drawing off the Wall)’ se suma a las demás creaciones de Murillo que se ha convertido en un artista cotizado en Europa. (Lea aquí la entrevista de la revista BOCAS a Óscar Murillo)

    DiCaprio pagó por la obra de Murillo 401.000 dólares, unos 780 millones de pesos.

    Además del actor de Hollywood, otros coleccionistas como el publicista Charles Saatchi también le han comprado al vallecaucano de 27 años, oriundo del municipio La Paila.

    Otras de sus ventas han sido en subastas como la de arte contemporáneo de posguerra de la casa Christie’s. Allí, una de sus pinturas se vendió en US$ 391.475 dólares (761 millones de pesos)

    En la otra gran casa de subastas de Londres, la Sotheby’s, vendió otra de sus obras en US$ 177.456 (345 millones de pesos), y en la casa de subastas Phillips alcanzó una venta por US$ 224.145 (436 millones de pesos).

    http://www.eltiempo.com/gente/dicaprio-compro-obra-del-colombiano-scar-murillo_13081932-4

  13. Otro comprador de un Murillo: DiCaprio “desembolsilló” 401.000 dólares…. A este moreno, al parecer, nadie le quita su “Tumbao” como para tirarse al suelo y morderse de la envidia. Mejor dicho. ¿Y no era que no había obra de él?

    http://www.eltiempo.com/gente/dicaprio-compro-obra-del-colombiano-scar-murillo_13081932-4

    ¿Será que los coleccionistas colombianos dan la talla? A ver, déjeme ver. Claro que todo esto es especulativo, desde que el arte se independizó de la Iglesia, de los Reyes, de los Príncipes… y se convirtió en mercancía. Esto no es noticia. Es pura actualidad. Así de simple. Bravo por Murillo, que lo único que esperamos que logre sobrevivir a los embates del mercado del arte y siga su camino con el mismo éxito que lo ha comenzado.

    Otra notica que nuestros provincianos amigos, quizá no conocen de la obra de Murillo: Y sigue el DES-TAPE. Hablemos de su obra por favor. ¿Será que esto es posible?

    Un día Rosemberg Sandoval me dijo: “vino un coleccionista vinculado al MOMA y me ofreció una buena suma de dinero por mis trabajos”. Y luego me contó como a María Teresa Hincapié prácticamente le tocó declararse indigente para poder obtener un ataúd casi gratis, antes de su muerte, cuando ese terrible cáncer la atacó. Con esto el artista declaraba sentirse libre de todo mal y toda culpa por vender su trabajo o caso ¿esperamos que nuestros artistas se mueran de hambre y caigan en la indigencia? Son pocos los que logran vivir bien de su arte antes de terminar de profesores en universidades y luego denigrando de la academia y de la pedagogía incluso improvisándose en críticos y curadores. Por favor hay que terminar con esa pendejada de atacar al otro por el simple hecho de triunfar económicamente y no pertenecer a la “Sagrada Familia del arte nacional”.


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