Oficio menor, labor mayor

oscar

Antes que nada debo decir que los vigilantes no son de mi agrado, quizá por eso la vida y el hecho de no pasar diciembre pelado, me llevaron a custodiar las obras en la exposición Protografías. Durante tres meses pasé mi vida entre polvo de carbón, cubos de azúcar, imágenes de Cali y una gripa que parece estar incubada en el aire acondicionado del museo.

Ser guía es algo que no esperamos hacer quienes estudiamos arte. La razón es que ser guía no es algo visto con buenos ojos por el mundo del arte, en realidad ésta labor es vista como un oficio menor, algo sin trascendencia ni valor. Aunque no soy un artista reconocido, estoy en el continuo ejercicio del hacer, de ver la producción caleña y cuando puedo voy a otros lugares a observar lo que acontece en el medio.

En mi experiencia en La Tertulia, presencié muchas situaciones que me hicieron reconsiderar algunos conceptos que tenía establecidos en mi pensamiento respecto a las actitudes que toman las personas cuando realizan el ejercicio de visitar el museo. En esos avistamientos descubrí cosas que antes no tenia presupuestadas, me di cuenta de otras que no sé que tan buenas son y corroboré algunas pocas que suponía.

Al iniciar mi trabajo tuve que darme a mí mismo la inducción, por razones laborales y personales me ausente del 20 al 25 de octubre que fue el tiempo en el que se inauguró la retrospectiva de Oscar Muñoz, debido a esto planifiqué una guía un poco distinta a la de mis compañeros de sala, ellos tuvieron la fortuna de hablar directamente con Maria Wills y José Roca, lo que hizo que recibieran indicaciones de primera mano. En mi retorno a Cali estaba un poco asustado por la falta de conocimiento respecto al trabajo de Oscar Muñoz. Pero si no pude escuchar a los curadores  para eso estaba Google, empecé a buscar hasta que encontré variada información y pude sacar la cosa adelante.

Situación curiosa # 1

Ingresan tres personas adultas y una menor de aproximadamente dos años de edad, el grupo de tres adultos se compone de dos hombres y una mujer, sus edades oscilan de  24 a 33 años. A lo lejos escucho a Claudia que dice: “Les recomiendo que a la niña la sujeten de la mano” minutos después frente a la obra Al Través Del Cristal mis compañeros de sala y yo, vemos aparecer a éstos visitantes en frente de nuestros ojos. La madre de la pequeña ha desatendido la recomendación de Claudia y la infanta anda pavoneándose de un lado a otro, de inmediato nos alertamos quienes resguardamos las obras, podríamos estar ante un caso de alto riesgo. En momentos así, uno no sabe bien como operar, yo en lo único en que pensé es el posible peligro que corrían los narcisos secos.

Mis compañeros y yo miramos a la madre de la pequeña, con nuestros ojos tratamos de indicarle que sujete a la chiquilla, la mujer sólo sonríe y no toma carta alguna en el asunto. Dicen los que saben del tema que en esos años tempranos el ser humano tiene la necesidad imperiosa de comunicarse con el mundo estéticamente para así desarrollar un conocimiento sensible respecto a su entorno. La niña sale corriendo mientras ríe, yo pienso en los narcisos nuevamente, por suerte no toma camino hacia éstos. Segundos después las carcajadas se detienen, lo único que se escucha en ese instante es un leve ruido que resulta similar al que se dá cuando una persona se lanza a una piscina.

Uno de los hombres corre, una pared no me permite ver, así que me desplazo para mirar lo ocurrido y allí está esa carita con un par de lagrimas en sus ojos, su boquita esta untada de agua carbón, la obra ha dejado de ser un simulacro y se ha convertido en una acción en tiempo y espacio real, el sentido que le puso Muñoz a su creación ha sido alterado por esta pequeña que decidió bañarse literalmente para recibir en su cuerpo el agua que emana de las llaves.

El riesgo para las obras no fue solo causado por la pequeña. En mis primeros días como guía tenia la idea de que los visitantes que estudiaban arte o que tenían algún acercamiento con éste, eran los más respetuosos con las obras, con el pasar de las horas, los días, y los meses me di cuenta que son los que mas tocan y lo peor es que se creen con licencia para hacerlo, piensan que sus toques son inmaculados. Olvidan continuamente que sus dedos producen grasa, mandan la mano a vidrios, a los marcos, traspasan las lineas puestas en el piso cruzando los límites establecidos por el museo, ignoran que están dentro de un espacio público de carácter privado.

En mi estancia al interior de las salas he visto que el Museo La Tertulia no ha muerto, también me di cuenta que a las exposiciones acuden mas de 5 o 10 personas por día. Antes de mi experiencia como guía pensaba que el museo había fallecido, según mis cálculos a la exposición de Protografias la visitaron más de 4000 personas durante el tiempo que estuvo abierta en Cali.

Situación curiosa # 2

Ingresa un personaje que ha visto mi cara por más de 6 años, recuerdo que el día que presente el trabajo de grado con mi compañero Jhon Ramos el tipo se ofreció para trabajar con nosotros, sus sonrisas y ofrecimientos de aquel día no coinciden en nada con su descortesía de hoy, pues el hombre no me ha dado tan siquiera el saludo, ha de ser por lo que les dije cuando empece este pequeño relato.

Situación aislada

Uno de mis compañeros de sala, David León, el jovenzuelo es un gran artista, diariamente se esmera en sus creaciones, veo sus trabajos y pienso en que merecen un lugar al interior del museo, verlo trabajar me hace cavilar sobre cuantos casos hay como éste en el mundo del arte. Lo más paradójico es que David crea al interior del museo, lo hace en los tiempos muertos, cuando tiene unos minutos va y retoca sus obras en proceso, sé que este muchacho en unos años dará de que hablar ampliamente.

Bueno pero volvamos a los riesgos mejor, para que esto adquiera nuevamente dinámica. El último día fueron más de 300 personas según mis cálculos, era domingo y en esos días el museo es frecuentado por personas que en su mayoría a mi parecer son bastante densas. Siempre tuve roces con gente los domingos. Sabiendo que nuestra labor terminaba ya, mis compañeros de sala y yo decidimos estar más atentos que nunca, yo me encargué del cuidado de los Narcisos Secos. Estuve pendiente toda la tarde, velé por el polvo de carbón hora a hora como un gendarme. A eso de las 5 pm se acercó una muchacha y sin mediar palabra despidió su mano con el dedo indice presto a tocar, afortunadamente logré verla a tiempo y le dije: NO, NO, NO, NO usted no puede hacer eso, cuidadito con tocar, a lo que la muchacha me dijo: “Que pena, es que yo quería tocar.” Después de esa situación me dije: ¡A buena hora se me ocurrió hacerme aquí, UFFF!

La verdad es que podría quedarme toda la vida relatando lo que fueron estos tres meses de mi vida, pero creo que los aburriría,  de allí que traté de ilustrar de modo global mas o menos como es este oficio de ser guía, muchas cosas se quedaron por fuera del  tintero pero la idea  es  no desgastarlos contándoles todas las lidias, risas, rabias y alegrías que pase en Protografías.

Cerraré diciendo que nuestra sociedad aún no está preparada para ver arte y que el papel del guía es vital  tanto para contextualizar a los visitantes  como para ayudar a que las obras se preserven.

 

P.S.

Saludos a mis compañeros rasos en el museo, a los que realizaban un oficio menor.

Espero que la próxima vez que vuelva a trabajar en un museo sea como curador y pues creo que ya no odio tanto a los vigilantes.

 

Jairo Alberto Cobo León



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