Arte, conflicto y monumento

La relación entre arte y conflicto armado no se da únicamente desde el arte contemporáneo, también se da desde el Estado a través de monumentos, esculturas y murales que encarga a los artistas a modo de homenaje o reparación simbólica a las víctimas.

¿Qué diferencias existen entre aquellas obras que se proponen desde el arte contemporáneo y las que se generan desde el Estado?, ¿Cual es el papel del arte en la reparación simbólica?, ¿cómo reciben las víctimas estas obras y monumentos?, ¿qué tipo de prácticas desarrollan las víctimas para llevar su duelo?

En esta conversación con la investigadora Yolanda Sierra León* se intenta dar respuesta a estas preguntas.

Otras voces se propone como un espacio para complementar y, en lo posible, ampliar el panorama en torno a las textos, críticas y discusiones que se han dado en [esferapública].

 

*Abogada, Restauradora de Patrimonio Cultural, Doctora en Sociología Jurídica. Docente investigadora del Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad Externado de Colombia y Coordinadora del grupo de investigación en Derechos Culturales: derecho, arte y cultura de la misma universidad.

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Maqueta para el Dante, intervención de Jose Alejandro Restrepo en el Monumento a los Héroes, Bogotá.

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Monumento a los niños asesinados en Villatina, Medellín. Artista: Luz Marina Piedrahita.

 

 


William Kentridge: Fortuna

Video de la conferencia de William Kentridge con motivo de su exposición en el Museo de Arte del Banco de la República. En esta conferencia, William Kentridge presenta su obra realizada desde finales de los años ochenta hasta el momento, resaltando cómo sus técnicas y sus diferentes disciplinas artísticas se dilucidan y alteran mutuamente como parte de un proceso creativo marcado por una fluidez continúa de transformación y movimiento.

+ info de la exposición, aquí

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Sub-texto

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Jorge Acero, Sin Título (para Andrés Felipe Bernal), 2001-2010, 35mm. Imagen de la exposición El hueco que deja el diablo* Capítulo 1 (Jorge Acero, Herling Ferla, Verónica Lehner, curaduría de Érika Flórez). Sala de proyectos universidad de los Andes, marzo 26-abril 18 de 2014, Bogotá.

“… y tengo la impresión de que esos mensajes contienen letra pequeña en abundancia: la leemos en las inmediaciones del nuevo siglo.”

Alexander Kluge

“-¿Cuándo me va a regalar una pintura, mami, un bodegón bien lindo pa’decorar la sala-comedor?

“-Claro mami, cuando quiera. De una.”

Conversación entre Verónica Lehner y Erika Flórez

Como se aclara en varios de los dispositivos informativos del proyecto, éste hace parte de la investigación Desde el malestar (Érika Flórez-Juan Sebastián Ramírez, 14 Salones Regionales de artistas (zona Occidente)). Es decir, amplía un inventario de prácticas que comenzó hace dos años y se ha caracterizado por la reunión de propuestas –aun- no bastante explotadas por los promotores del arte-perpetuamente-emergente-del país. Y también parece la exposición de trabajos de un mismo artista.

En El hueco que deja el diablo* Capítulo 1, el minimalismo común a los trabajos seleccionados crea una mezcla homogénea que, de no seguir las fichas técnicas podría perder al espectador descuidado en la ilusión de estar escuchando el mismo tono. Un ruido blanco que funciona como estilo. Obras de tres productores de una ciudad no necesariamente en contacto permanente, pero con un mismo acento. Si quiere leerse desde una perspectiva pre-presimismo Peterbürguiano, habría aquí una escuela: un grupo artístico cuyo manifiesto se encontraría en los impresos que se exhiben como una obra más.

La mirada de Erika Flórez intenta mostrar trabajos que superen la literalidad y el sensacionalismo que algunos curadores le exigimos al arte producido en esa región. Reúne trabajos que “no retoman el gótico tropical, no hablan del terror de clima caliente, no hay vampiros ni mitos tropicales, ni tampoco usan coca y hojas de coca para hablar de la coca”, y a la vez traza las marcas de una cotidianidad con la que trabajan los productores seleccionados y que está en la ciudad: la metáfora cruel/pragmática del humano que acoge a un animal, le brinda cuidados y/o cariño para devolverlo a la calle.

Además, hay un enfoque sociológico que pareciera no haber sido contemplado. Flórez quiere entender la metodología de cada artista, examinando las acciones que condujeron a la realización de las obras. Y por esa vía termina indagando en torno a nociones caras a la sociología del trabajo (uso de la vida despierta, estrategias de producción, utilidad de la repetición, atención al destino de los productos). Pautas dirigidas a la realización de unas obras que efectivamente se desligan de la representación y lo representativo como lenguaje/camisa de fuerza temática del arte contemporáneo colombiano. De otro lado, un trueque con el formalismo que deriva en un reclamo político. Flórez y Lehner:

“F: Es muy loco la manera en que este proyecto se ha ido dando de una manera muy orgánica. Al comienzo yo sabía que quería hacer unas publicaciones de artistas en Cali, peor nada más. Lo único que tenía claro era que como en Colombia, y en Cali, hay una cosa muy fuerte de trabajar un tema político, explícito o pretender hacer denuncias o representar temas violentos…

L: Es que hay mucha representación.

F: Sí, exacto.

L: Y yo peleo mucho con eso.

F: Y con el proyecto Desde el malestar, se trató de subvertir un poco eso, peor todavía había mucho de representación. Lo que yo quería con esta serie de publicaciones era algo así como hacer una mini-compilación de ‘artistas del silencio’.

L: Ya entiendo porqué Herling y Jorge Acero.”

En el caso de las piezas, pueden notarse los encuentros respecto a las estibas y cajas pintadas y fotografiadas de Lehner, donde se propone el concepto “serialidad imperfecta” para definir su tarea de recoger un objeto elaborado para almacenar cosas, intervenirlo y botarlo. También, Flórez se implica en el desarrollo de la hipótesis sobre la utilidad del esfuerzo y en uno de los cuadernillos señala que presentará un mismo ensayo creciendo y siendo corregido a la vista del lector, con tachones, adiciones, palabras subrayadas y comentarios que mostrarán “capas nuevas que van apareciendo con cada nuevo intento.” (Como si pintara. Y lijara lo pintado. Y volviera a pintar. Y se le perdiera la pintura luego de un mes de no hacer nada con la obra. Y cuando la encontrara estuviera seca. Y comprara otra. Y a pesar de tener la misma referencia de fábrica, el color no coincidiera. Y pintara.)

Hizo falta el enfoque hacia el trabajo de Acero. (O no lo encontré o no busqué bien en la exposición). Pero éste es el capítulo 1, de pronto en los demás haya un análisis sobre su trabajo. Ojalá. O quizá ¿no basta con las fotografías?

 

–Guillermo Vanegas


Los 10 posgrados en arte más influyentes (y costosos) del mundo

Si está pensando en aplicar a una beca y/o endeudarse para hacer su maestría fuera del país, le puede interesar este top 10 de los posgrados “más influyentes del mundo” que acaba de publicar Artspace. Su autor aporta costos, profesores y alumnos destacados, y detalles de sus programas que los hacen tan influyentes y prestigiosos.

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10 of the Most Influential MFA Programs in the World

By Ian Wallace, April 24, 2014

With spring break already fading into a distant memory and graduation dates quickly approaching, we thought we would get an extra-long head start on back-to-school season by tallying up the top 10 Masters of Fine Arts programs in the world. While they may not be the cheapest avenues into the art world, these are, without a doubt, the top-ranked MFA programs for art students looking to add a gold star to the top of their CVs—and to build a ladder into the gallery sphere. Of course, there’s no “silver bullet” for instant post-graduate success. But there are certain programs that tend to spark the interest of curators, critics, and collectors alike.

YALE UNIVERSITY
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LOCATION: New Haven, Connecticut
SPECIALTIES: Sculpture, painting and printmaking, graphic design
TUITION: $33,500
TIME TO DEGREE: ≤ 3 years
NOTABLE FACULTY: Rochelle Feinstein (director of painting/printmaking dept.), Gregory Crewdson (director of photography dept.), Martin Kersels (director of sculpture dept.), Trevor Paglen, Shirin NeshatHuma BhabhaCarroll Dunham, Barbara London
FAMOUS ALUMNI: Robert Mangold, Eva Hesse, Wangechi MutuMatthew BarneyChuck CloseBrice Marden
BIGGEST SELLING POINT: The potential for connection-building is high here—there are rumors of second-year students in the program being signed with galleries and invited to participate in international exhibitions before they’ve even graduated. It’s reputed to have the best graphic-design and photography departments. Also, check out the Yale School of Art’s snazzy, GIF-heavy website, and the fact that its visual arts facilities are housed in a series of recently-built, cutting-edge eco-friendly buildings to get a sense of the progressively-minded nature of the program.

COLUMBIA UNIVERSITY
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LOCATION: New York City
SPECIALTIES: The program is interdisciplinary, but applicants apply to either painting, printmaking, sculpture, photography, or “new genres”
TUITION: $51,676
TIME TO DEGREE: 2 years
NOTABLE FACULTY: Gregory AmenoffSanford Biggers, Nicola Lopez, Rirkrit Tiravanija,Kara Walker
FAMOUS ALUMNI: Jon Kessler, Korakrit Arunanondchai, Georgia Sagri, Guy Ben-Ner, Lisi Raskin
BIGGEST SELLING POINT: As with many of the Ivies, in Columbia’s case, self-perpetuating exclusivity plays a major part here: only two percent of applicants to Columbia’s MFA in the visual arts are accepted. As of fall 2013, the highly selective program also offers a degree in Sound Art—so if that medium’s your thing, this is the place for you. Also, if you’re looking to enter the art profession, it doesn’t hurt to spend your formative years of training in the artistic capital of the world.

GOLDSMITHS COLLEGE
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LOCATION: New Cross, London
SPECIALTIES: The school offers a tutorial system, allowing students to choose their focus, but its known for teaching conceptually weighted work
TUITION: £3,330 ($5,600) for Brits; £8,650 ($14,500) for international students
TIME TO DEGREE: 2 years
NOTABLE FACULLTY: 
Suhail Malik, Mark Leckey, Lindsay Seers
FAMOUS ALUMNI: Malcolm McLaren, Lucian Freud, Yinka Shonibare, Bridget Riley, Damien HirstSarah LucasLiam Gillick
BIGGEST SELLING POINT: Goldsmiths offers a unique blend of studio practice, theoretical, and art-historical training that has made it the U.K.’s most notable and best-known graduate program. It’s this vigorous atmosphere that birthed the artists associated with the Young British Artists in the 1990s, among many other notable alumns.

THE SCHOOL OF THE ART INSTITUTE OF CHICAGO
saic

LOCATION: Chicago, Illinois
SPECIALTIES: Fiber and material studies, film/video/new media/animation, art and technology, sound, and performance
TUITION: $44,010
TIME TO DEGREE: 2 years
NOTABLE FACULTY: Michelle Grabner, Gregg Bordowitz, Joseph Grigely, Josiah McElheny,Glenn Ligon
FAMOUS ALUMNI: Tania Bruguera, Sanford BiggersClaes OldenburgJeff KoonsLeon Golub, Apichatpong Weerasethakul
BIGGEST SELLING POINT: For the true interdisciplinarian, SAIC has a unique program—its MA in Visual and Critical Studies—which, more than other interdisciplinary programs at comparable schools, embraces the crossover nature of contemporary artistic discourse. Based on the intersection of visual phenomena, critical studies, and creative production, the program combines aspects of a studio-based program and theoretical study, and can include art history, criticism, the general liberal arts, and studio practice.

THE SCHOOL OF THE MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON
smfa

LOCATION: Boston, Massachusetts
SPECIALTY: Interdisciplinary
TUITION: $39,020
TIME TO DEGREE: 2 years
NOTABLE FACULTY: Jim Dow, Chantal Zakari, Susan Jane Belton, Mark Cooper
FAMOUS ALUMNI: Jim DineJoan JonasDavid Lynch, Larry Poons, Nan GoldinEllsworth Kelly
BIGGEST SELLING POINT: The major draw for aspiring artists to choose the SMFA, which was itself founded by a group of artists in 1876, is the opportunity to exhibit work at the MFA Boston, one of the city’s most important cultural institutions. The school is also partnered with nearby Tufts University, where SMFA students can sit in on classes and take advantage of Tufts’s hardy academic resources.

RHODE ISLAND SCHOOL OF DESIGN
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LOCATION: Providence, Rhode Island
SPECIALTIES: Literally everything from furniture design to landscape architecture to painting, with the most popular majors being illustration, industrial design, architecture, and graphic design
TUITION: $42,622
TIME TO DEGREE: 1–3 years; most students finish in 2
NOTABLE FACULTY: Dike Blair, Naomi Fry, Dean Snyder, Patricia Treib, Henry Ferreira
FAMOUS ALUMNI: Ryan Trecartin, Roni Horn, Dan Colen, Do Ho SuhAndrea Zittel
BIGGEST SELLING POINT: While many MFA programs offer a post-studio mix of critical theory and interdisciplinary experimentation, RISD’s curriculum is firmly planted in the mastery of technical craft, with a curriculum that emphasizes traditional skill sets over conceptualism—in other words, this program is for those who like to get their hands dirty. RISD also benefits from a close relationship with its equally prestigious neighbor Brown University.

CALARTS
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LOCATION: Valencia, California
SPECIALTIES: Art, graphic design, photography and media, and art and technology.
ANNUAL TUITION: $41,700
TIME TO DEGREE: 2 years
NOTABLE FACULTY: Sam Durant, Charles Gaines
FAMOUS ALUMNIAshley BickertonMark BradfordMike Kelley, Jack Goldstein, Elad Lassry
BIGGEST SELLING POINT: CalArts was founded in 1960 by none other than Walt Disneyhimself. The media mogul merged Los Angeles’s Conservatory of Music with its Chouinard Art Institute, with the assistance of the conservatory’s chair, Lulu May Von Hagen, to form the new school. (The school was envisioned as a “CalTech for the arts”—hence the name.) As a result, CalArts still retains strong ties to Hollywood and California’s media industries. Under the direction of the late artist Michael Asher, the school also became famous for its durational “crits,” nothing-is-off-the-table discussions of students’ work that could go for 14-hour marathon stretches.

BARD COLLEGE
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LOCATION: Annandale-on-Hudson, New York
SPECIALTIES: Film/video, music/sound, painting, photography, sculpture, and writing
TUITION: $55,000
TIME TO DEGREE: a total of 2 years, with two summer sessions and two independent-study sessions
NOTABLE FACULTY: Amy SillmanUlrike Muller, Sadie Benning, Huma Babha, Thomas Eggerer, Zoe Leonard, Nick Mauss, R.H. Quaytman
FAMOUS ALUMNI: Amy Sillman, Paul ChanCarolee Schneeman, David Horvitz, Herb Ritts,Rachel Harrison, R.H. Quaytman, Trisha Baga, Zak Kitnik, Lucy Raven
BIGGEST SELLING POINT: Bard spearheaded the low-residency MFA program, with students gathering for sessions that are clustered in eight-week summer ‘residencies’ and divide up long periods of independent work lasting from two to three years. This means the focus is on creating art, rather than credits, grades, or classes. The program’s unique rhythm means that it has been able to secure a number of influential artists as visiting professors, as well—many of whom are alumni of the program themselves. The widespread influence of Bard’s program on the contemporary art scene has led some to speak of the “Bard mafia.”

THE SCHOOL OF VISUAL ARTS
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LOCATION: New York, New York
SPECIALTIES: Computer art; visual narrative; photography, video, and related media; fine arts (painting, sculpture, printmaking)
TUITION: $36,130
TIME TO DEGREE: 2 years
NOTABLE FACULTY: Mark Tribe, Marilyn MinterLaurel NakadatePolly Apfelbaum, Hannah Wilke
NOTABLE ALUMNI: Inka Essenhigh, Barnaby FurnasKeith Haring, Andrea Fraser, Sarah Sze,Sol LeWitt
BIGGEST SELLING POINT: SVA is more than the snazzy ad campaign you may have seen plastered around New York’s subway system. The school’s program in ‘visual narratives’ combines writing and visual art, for those interested in illustration, graphic novels, and other forms of ‘visual storytelling.’ Lately, however, there has been been substantial turnover among the school’s faculty.

UCLA
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LOCATION: Los Angeles, California
SPECIALTIES: Ceramics, interdisciplinary studio, new genres, painting and drawing, photography, sculpture
TUITION: $ 11,220 for California residents; $23,465 for everyone else
TIME TO DEGREE: 2–3 years
NOTABLE FACULTY: James Welling, Greg Lynn, Catherine OpieBarbara Kruger
FAMOUS ALUMNI: Sharon Hayes, Matthew Brandt, Xavier Cha, Shana Lutker
BIGGEST SELLING POINTS: As a public university, UCLA is much cheaper than some of the Ivy league options out there while offering a totally comparable experience in terms of the quality of its programs. It also is renowend for its highly competitive “New Genres” program, which immerses students in installation, video, film, audio, performance, and digital work, plus “hybrid and emerging art forms.”


El problema con Cuba del señor García

En 1999 el periodista Jon Lee Anderson escribió para la revista New Yorker un perfil titulado El poder de García Márquez donde daba cuenta del origen del problema, la posición  del escritor ante Cuba y su amistad con el dictador Fidel Castro:

“García Márquez ha tenido un “Problema con Cuba” desde 1971, cuando el  poeta cubano Heberto Padilla fue arrestado por ‘actividad contrarevolucionaria’. Un grupo reconocido de intelectuales, que incluyó a Plinio Apuleyo Mendoza, escribió una carta a Fidel Castro en protesta por el arresto. En vista de que García Márquez estaba de viaje y fuera de contacto, Plinio se tomó la libertad de sumar su nombre a la petición. Padilla fue liberado de su detención pero fue forzado a pasar por una grotesca confesión pública al estilo soviético y el espectáculo llevó a que muchos de los que habían apoyado el régimen de Castro rompieran con él. Una segunda carta de protesta fue firmada por todos los que habían firmado la primera misiva, excepto por Julio Cortázar y García Márquez. Luego, en 1975, García Márquez fue a Cuba, con la intención de escribir ‘el libro’ de la revolución. Nunca publicó el libro, pero escribió una serie de artículos y conoció e hizo amistad con Castro”.

García fue fiel a su “problema con Cuba” y por más de cuatro décadas recibió críticas negativas de otros escritores. Mario Vargas Llosa llamó a García el “cortesano de Castro”, Guillermo Cabrera le recordó los nombres de todos sus colegas cubanos que no gozaban de los mismos privilegios que tenía García en Cuba y que vivían en el exilio a riesgo de regresar a la isla y ser arrestados, Fernando Vallejo le dedicó una diatriba per angostam viam en El Malpensante. Enrique Krauze, en 2009, luego de publicada la biografía de García concertada con Gerald Martín, le hizo un análisis detallado al libro, a tono de crítica literaria y pronto pasó de lo formal a lo moral, dos fragmentos concluyentes:

“Gabriel García Márquez no es un escritor de torre de marfil: ha declarado estar orgulloso de su oficio de periodista, promueve el periodismo en una academia en Colombia y ha dicho que el reportaje es un género literario que “puede ser no sólo igual a la vida sino más aún: mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia —sagrada e inviolable— de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma”. ¿Cómo conciliar esta declaración de la moral periodística con su propio ocultamiento de la verdad en Cuba, a pesar de tener acceso privilegiado a la información interna?”

“Por lo que hace al juicio de la posteridad, es un tanto prematuro afirmar que García Márquez es el “nuevo Cervantes”. Pero en términos morales no hay comparación. Héroe de guerra contra los turcos, herido y mutilado en batalla, náufrago y preso en Argel por cinco años, Cervantes vivió sus ideales, dificultades y pobreza con una moralidad quijotesca, y la suprema libertad de tomar sus derrotas con humor. Esa grandeza de espíritu no se ha visto en las complicidades de García Márquez con la opresión y la dictadura. No es Cervantes.”

El “problema con Cuba” persigue a García y a la sesuda crítica se sumó un balbuceo cerril de la representante de una casta política colombiana, emitido a pocas horas de conocerse la muerte del celebrado escritor colombiano. La recién elegida representante para el congreso en representación de un partido de derecha trinó por Twitter: “Pronto estarán juntos en el infierno” y acompañó el mensaje con una foto de Fidel Castro y García muy acomodados en un plácido sofá.

El escupitajo de moralina celestial de la congresista fue un eco lacónico de lo que piensan muchos de sus votantes y seguidores del partido político al que ella pertenece. Gracias a este microrelato más oportunista que oportuno se dibujó un pensamiento tan políticamente incorrecto como esclarecedor, el de una parroquia mental de politiqueros que le exige a las mentes tolerantes, antes que una cómoda indignación, tolerancia ante esa intolerancia a riesgo de cercenar la libertad de expresión. La libertad que se tomó la futura congresista para opinar es la misma que cobija a los que en Venezuela, por ejemplo, le han hecho monumentos a los líderes de la guerrilla en Colombia, a no ser que ella y sus copartidarios quieran negarle a sus contrincantes los mismos derechos que los cobijan a ellos (o que cobijan a los que por estos días han criticado a la congresista y también la han mandado al averno).

Pero volviendo al señor García y a su “problema con Cuba”, el problema del escritor no parece haber sido insular sino continental: su patología se extiende a la personificación del poder en general. Al respecto escribía Anderson en su perfil de 1999:

“García Márquez niega que tenga una obsesión con el poder. ‘No es mi fascinación con el poder’, me dijo, ‘es la fascinación que tienen todos los que tienen poder conmigo. Son ellos los que me buscan, y confían en mi.’ Cuando le repito esto a uno de los amigos más cercanos a García Márquez en Bogotá, este se ríe y cierra los ojos, ‘Bueno, él puede decir eso, también es verdad. Todos los presidentes latinoaméricanos quieren ser sus amigos, pero él también quiere ser amigo de ellos. Hasta donde lo conozco, él siempre ha tenido ese deseo con el poder. Gabo ama los presidentes. A mi esposa le gusta molestarlo y le dice que hasta un vice-ministro le causa una erección.’”

Y claro, García no solo ha usado su poder para medir su hombría con la de los poderosos, sino que usó el poder para erigir, el poder para poder hacer y se pueden recordar sus conspiraciones por la paz (entre 1997 y 2000) y por la educación (Comisión de sabios en 1994). Pero tal vez la empresa en la que García se vio más comprometido con el poder a nivel de Colombia y que le granjeo más problemas fue la revista Alternativa (y no el proyecto más calculado de la Revista Cambio de años posteriores en el que García fue accionista mayoritario).

Alternativa publicó 275 números desde 1974 hasta 1980. García actuó en un comienzo como reticente fundador y decidido financiador pero terminó metido de cabeza y participó en su enfoque editorial, investigativo, gráfico y como columnista. Alternativa en sus seis años de vida sufrió por problemas externos —decomisos, atentados, bloqueos en su financiación, circulación restringida— y por problemas internos —sectarismo, sindicalismo, separaciones—. Es diciente de este país que la acción política de más largo aliento en la que García invirtió tanto tiempo y recursos sea la más ninguneada y que ahora que se rememoran los episodios de su vida en Colombia, su etapa más politizada a nivel nacional sea la más ignorada.

A pesar de que la muerte de García estaba cantada desde hace meses y que los obituarios y “presentaciones multimedia” ya estaban preparadas casi con años de antelación, la omisión de lo que representó Alternativa en la “gabologia” patriotera de estos días muestra que al periodismo no le gusta hacer periodismo sobre el periodismo. Además, ocuparse de una publicación como Alternativa implica volver sobre un contrapunto escrito y gráfico que hace ver al periodismo actual deslucido, apocado, aburrido. Incluso, se puede decir que el exilio de García en el año 1981 es un efecto claro de la labor de contrapeso al poder establecido que él, junto a tantos otros, hicieron en Alternativa. Su exilio fue una retaliación por parte del cuerpo político y militar y por parte de un sector del periodismo, encabezado por el periódico El Tiempo que colaboró con la fabricación de una carta anónima difundida en sus páginas que señalaba a García como colaborador de la guerrilla y lo ponía en lista de espera para el próximo allanamiento y detención por parte del aparato parajudicial del Gobierno de Julio Cesar Turbay. Al menos así lo denunció García en su época, y así lo ignoró El Tiempo en estos días, y en vez de pedir disculpas o de aclarar ese bochornoso incidente del pasado, prefirió pasar de agache, camuflar su error con un bufet variado de hagiografía multimedial y no explicar por qué colaboró en esta campaña de odio que obligó al escritor a decirle adiós a su país.

El “problema con Cuba” continuará persiguiendo al señor García y servirá para nuevas diatribas de más gramaje una vez desaparezcan los Castro de Cuba, cuando salga a la luz la dimensión real de su gobierno y se pueda hacer un balance de la corruptela del poder revolucionario cotejándola con las perversiones del embargo económico, cuando se pueda saber qué se hizo bien y qué se hizo mal. Las críticas a García, desde el aspecto ideológico, siempre tendrán que teñirse de moral, serán una planicie fértil para el cazador de inconsistencias y contradicciones que gusta de sumarle estampitas a la biblia que todo moralista pretende escribir e ilustrar. Pero a nivel del arte, el mismo terreno pantanoso de lo mundano es el lugar propicio para comprender en su complejidad la experiencia paradójica de vivir. El tiempo que García se compró para poder trabajar exclusivamente en Cien Años de Soledad vino de lo que pudo ahorrar por trabajar durante varios años al servicio de franquicias norteamericanas de publicidad o haciendo guiones, y claro, toda esa experiencia laboral de tinte mercantil en vez de depreciar su obra, la alimentó, le dio al artista una educación práctica y sentimental, un arsenal de trucos narrativos que jamás le habría dado la literatura “pura” (aunque nunca dejó de ser un lector insaciable de todo lo escrito por una tropa mundial de literatos vivos y muertos).

El artista, a riesgo de hundirse lentamente en las arenas movedizas de la inmoralidad, gracias a esas experiencias mundanas ganó una comprensión que le permitió hablar con propiedad de la vida y de sí mismo:

“Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuan poco me importa el tiempo ajeno.” (Memoria de mis Putas Tristes)

Más que andar haciendo discursitos empalagosos sobre García plagados de mariposas amarillas o de andar engolosinados con la categoría de “realismo mágico” que parece salida de la misma encuesta que dictamina que los colombianos son los seres más felices del planeta, habría que ver que lo escrito por García nunca estuvo tan cargado del didactismo aleccionador con que ahora se lo pretende inmunizar, al menos en sus obras iniciales, antes de que pasara de la metralleta rítmica de la máquina de escribir a la cajita de música ambiental de un computador Mac.

El poder de García se mide, al menos como artista, en esos momentos en que supo capturar al mundo, hacerlo suyo y de todo el que se arrime a interpretarlas. Todas esas obras o fragmentos de obras en que logró darle concreción formal a ese estado inmanente entre la tragedia y la comedia donde se define lo humano. El poder de García puede verse reflejado en la casa llena de lujos que tenía en Cuba junto al desnucadero secreto del patriarca Castro, o en jugar tenis con los expresidentes de Colombia y departir con el Rey de España en el islote presidencial cerca a la siempre colonial Cartagena, pero el poder revolucionario del artista está en el lenguaje, en esa quimera que supo servir, alimentar, nutrir incluso con inmoralidad, con infamias efímeras que se transformaron luego en pasajes hipnóticos que le dieron una brizna de inmortalidad:

“La verdad es que yo no gano nada con ser santo después de muerto, yo lo que soy es un artista, y lo único que quiero es estar vivo para seguir a pura de flor de burro con este carricoche convertible de seis cilindros que le compré al cónsul de los infantes, con este chofer trinitario que era barítono de la ópera de los piratas en Nueva Orleans, con mis camisas de gusano legítimo, mis lociones de oriente, mis dientes de topacio, mi sombrero de tartarita y mis botines de dos colores, durmiendo sin despertador, bailando con las reinas de la belleza y dejándolas como alucinadas con mi retórica de diccionario, y sin que me tiemble la pajarilla si un miércoles de ceniza se me marchitan las facultades, que para seguir con esta vida de ministro me basta con mi cara de bobo y me sobra con el tropel de tiendas que tengo desde aquí hasta más allá del crepúsculo, donde los mismos turistas que nos andaban cobrando al almirante trastabillan ahora por los retratos con mi rúbrica, los almanaques con mis versos de amor, mis medallas de perfil, mis pulgadas de ropa, y todo eso sin la gloriosa conduerma de estar todo el día y toda la noche esculpido en mármol ecuestre y cagado de golondrinas como los padres de la patria.” (Blacamán el bueno vendedor de milagros)


El archivo de Gabriel García Márquez: anotaciones para un proyecto de repatriación

En este pueblo no hay ladrones-1

Por: Halim Badawi

La muerte reciente de los escritores Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, permite poner sobre el tapete una discusión que todavía no se ha dado públicamente en Colombia: el destino de los archivos personales de los escritores y artistas nacionales. ¿Qué papel ha cumplido el Ministerio de Cultura en la adquisición y preservación de este patrimonio? ¿Existe una política pública de adquisición de archivos privados? ¿Los homenajes a García Márquez, a causa de su fallecimiento, incluyen la adquisición de los manuscritos de sus obras por parte del gobierno? Aquí, una revisión al asunto.

 

Y es entonces cuando peso mi exilio

y miro la irrescatable soledad de lo perdido

por lo que de anticipada muerte me corresponde

en cada hora, en cada día de ausencia

que lleno con asuntos y con seres

cuya extranjera condición me empuja

hacia la cal definitiva 

de un sueño que roerá sus propias vestiduras,

hechas de una corteza de materias

desterradas por los años y el olvido.

[Fragmento del poema Exilio, del escritor colombiano Álvaro Mutis].

 

I. El mercado de los manuscritos de Gabriel García Márquez.

Antes de entrar en materia, vale la pena revisar la situación actual de los manuscritos de Gabriel García Márquez y la forma como estos han circulado. Es altamente probable que la profesionalización del mercado de los manuscritos de García Márquez iniciara en 1994, circunstancia a la que fue ajena la Biblioteca Nacional de Colombia y el Archivo General de la Nación, abierto al público apenas dos años antes. En el artículo “Papeles de oro”, publicado en la revista Semana el 18 de julio de 1994, se cuenta que el librero y periodista Mauricio Pombo, entonces propietario de la librería-anticuario El Carnero, compró un paquete de manuscritos de García Márquez que habían sido propiedad de su hermana Ligia García Márquez, y luego de su primo en segundo grado, el poeta José Luis Díaz-Granados. El paquete incluía el manuscrito original de Los funerales de la mamá grande, así como “un borrador de La siesta del martes, copias al carbón de tres relatos más y una sinopsis de La mala hora”. Según la revista, por necesidades económicas, Díaz-Granados vendió el lote a la Librería El Carnero en un millón de pesos de la época (aproximadamente 1242 dólares de 1994 ó 1922 dólares de 2013).

El comprador, Mauricio Pombo, revendería el paquete de manuscritos (junto con algunas primeras ediciones firmadas) a un coleccionista y librero estadounidense, Ken López, quien aún tiene, en Hadley (Massachusetts), una librería especializada en primeras ediciones literarias modernas. La reventa se llevó a cabo por la suma de 16 mil dólares. Luego, hubo otra reventa realizada directamente por el librero norteamericano. Según Semana:

El original de Los funerales de la mamá grande lo vendió hace poco [Ken López] a un coleccionista privado en 15.000 dólares, mientras los demás están cotizados cada uno por encima de los 8.000 dólares. Además, la primera edición de Cien años de soledad, que en el mercado estadounidense se consigue por un promedio de 2.000 dólares, López la tiene tasada en su catálogo en 7.500. La razón es sencilla: el ejemplar que Pombo le vendió al librero está firmado por Gabo y dedicado a un amigo. 

El artículo concluye haciendo un análisis sobre los precios de los manuscritos de García Márquez y cierra con una afirmación significativa: “el mismo López considera que el original a máquina de Cien años de soledad puede llegar a valer igual que unos manuscritos de Proust o Joyce, es decir, unos 100.000 dólares”. Sin embargo, el boom económico de finales de los noventa depararía grandes sorpresas al mercado internacional de libros raros y manuscritos. El manuscrito de Por el camino de Swann, la primera parte de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, con correcciones a mano del autor, sería vendido en Christie’s en julio de 2000 por la suma 663.750 dólares; y en diciembre del mismo año, la misma casa de subastas vendería un capítulo manuscrito del Ulises, de James Joyce, de 27 páginas, por 1,57 millones de dólares.

Unos meses después, el mercado internacional decidiría tantear a las instituciones y coleccionistas latinoamericanos. El 21 de septiembre de 2001, se subastaron en España las galeradas de Cien años de soledad, obra maestra del nobel de literatura Gabriel García Márquez. Por “galerada”, se entiende la primera prueba impresa de un texto original, sobre la cual el autor y los impresores hacen correcciones antes de la impresión definitiva. Estas galeradas contaban con 180 folios y 1026 correcciones hechas a mano por García Márquez y constituían una de las pocas pruebas de la evolución creativa de la obra cumbre del Nobel. Según El País de España (del 20 de noviembre de 2002), estas galeradas eran “lo más cercano al original de Cien años de soledad, cuyo verdadero manuscrito, acribillado de correcciones, fue roto por Gabo y su esposa, Mercedes Barcha, en mayo de 1967”.

En una narración publicada por García Márquez, también en El País (el 15 de julio de 2001), titulada “La odisea literaria de un manuscrito”, el Nobel explica la razón por la que estas galeradas quedaron en su poder y no en poder de la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, que publicó la primera edición de la novela:

Lo que ha desconcertado a algunos es por qué las galeradas originales estaban en mi poder, si debía haberlas devuelto a Buenos Aires para que introdujeran las correcciones finales en la primera edición. La verdad es que nunca las devolví corregidas de mi puño y letra, sino que mandé por correo la lista de las correcciones copiadas a máquina línea por línea, por temor de que el mamotreto se perdiera en la vuelta.

Luego de conservar las galeradas en su poder, el escritor decidió obsequiarlas, en 1967, al matrimonio conformado por Luis Alcoriza y Janet Riesenfeld. Alcoriza había sido un director de cine español establecido en México, conocido especialmente por su colaboración en los guiones de Luis Buñuel, director de cine español. Su esposa, la austríaca Janet Riesenfeld, había sido escritora y actriz, menos conocida. Alcoriza murió el 3 de diciembre de 1992 y su esposa el 12 de noviembre de 1998, ambos en su casa de Cuernavaca (México). Un heredero y amigo fiel de la pareja, Héctor Delgado, las ofreció en venta en la Casa Velásquez de Barcelona, en 2001, con un precio de salida de 500 mil dólares. En su momento, el dueño avisó de la subasta a la Embajada de Colombia en España y el periódico El Tiempo (del 6 de julio de 2001) exhortó a las autoridades nacionales y coleccionistas privados a adquirir esta joya literaria:

La noticia de la venta no llega en el mejor momento de la economía nacional, pero el esfuerzo hay que hacerlo. Si no se puede comprar con dineros públicos, habría que buscar una iniciativa privada, a través de los grandes grupos financieros, quienes posteriormente se comprometan a donar el documento. El ideal es presentar una propuesta concertada, que permita competir con las millonarias ofertas que llegarán de todas partes.

Sin embargo, a pesar de la importancia del manuscrito, en un vergonzoso comunicado divulgado por la prensa nacional e internacional, el gobierno de Colombia, presidido por Andrés Pastrana Arango, decidió no comprarlas. Entonces, la noticia tuvo eco en la revista Cambio y en un medio costarricense, que el 17 de julio de 2001 publicó:

La ministra de Cultura colombiana, Aracely Morales, dijo, sencillamente, en un comunicado, que, el Gobierno “no tiene presupuesto” […]. La ministra Morales indicó que valoraba “profundamente” el material que pondrá en venta la casa de Subastas Velázquez, pero que el Gobierno, “vistas las condiciones económicas en que el país se encuentra y las grandes demandas del sector cultural, no podrá hacer presencia en la subasta”[1].

Según un comunicado de la agencia EFE, la subasta contaba con varios posibles compradores, incluyendo “un coleccionista privado francés, otros dos españoles y un par de universidades estadounidenses [que] estaban interesados en conseguir las pruebas de uno de los textos en castellano más leídos del siglo XX”[2]. Sin embargo, a la falta de iniciativa del Ministerio de Cultura, se sumaron los atentados del 11 de septiembre de 2001, luego de los cuales se evaporaron todos los postores. A pesar de la importancia de las galeradas y del llamado de los medios de comunicación, el manuscrito terminaría sin comprador. Si el gobierno de Colombia hubiera participado en la subasta, hubiera podido comprar las galeradas por el precio de salida, sin competidor alguno, una ganga que no fue dimensionada por las autoridades locales encargadas de la cultura.

A raíz de esta situación, las galeradas tuvieron un intento de reventa en la casa Christie’s de Londres a finales de 2002, con una salida de 320 mil euros, significativamente inferior al valor original. Sin embargo, ni el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, ni la Embajada de Colombia en Londres, ni la entonces ministra de cultura, Adriana Mejía, se pronunciaron sobre el tema. En esta ocasión, las galeradas tampoco encontraron comprador y su paradero actual es desconocido.

Una década después de este lamentable episodio, que pone en evidencia la falta de interés del gobierno colombiano (en cabeza del Ministerio de Cultura) por los manuscritos literarios y por los archivos personales de escritores y artistas, ocurrió otro desafortunado incidente patrimonial. El 21 de noviembre de 2012, la casa Christie’s subastó el manuscrito a máquina del cuento En este pueblo no hay ladrones, de 33 páginas, que incluía una sección revisada de la novela La mala hora, con un estimado entre 50.000 y 80.000 libras (ó 62.070-99.310 euros)[3]. Sobre este suceso, el periódico El Espectador del 21 de noviembre de 2012, publicó un artículo anunciando que el manuscrito de García Márquez había quedado sin comprador, en una puja en la que tampoco participó el gobierno de Colombia, en cabeza del actual presidente de la república Juan Manuel Santos. De nuevo, es necesario anotar que, si el gobierno hubiera participado en la subasta, hubiera podido adquirir el manuscrito por el precio de salida.

 

II. Hacia un archivo imaginario: La reunión de una colección dispersa.

La saga trágica de los manuscritos de Gabriel García Márquez y el desdén del gobierno nacional, continúan presentes a pesar del fallecimiento del escritor, ocurrido el pasado 17 de abril de 2014. El 22 de abril, el presidente del Senado Juan Fernando Cristo, radicó ante el Congreso de la República un proyecto de ley de honores a García Márquez. Según Cristo, “se van a decretar varios homenajes, bustos, estampillas, billete del Banco de la República y también [se va] a plantear que el edificio que se conoce como Edificio Nuevo del Congreso, lleve el nombre de Gabriel García Márquez”. Así mismo, según El Espectador del día siguiente, “la ley de honores incluye que el edificio nuevo del legislativo tenga […] un busto con su imagen [la de García Márquez], y que se realicen cátedras en las instituciones educativas con sus obras”.

Sin duda, la ley de honores que tramitará el Congreso de la República se parece mucho a leyes similares tramitadas durante los gobiernos de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro en tiempos de La Regeneración (1886-1902), encargando bustos, estatuas y retratos de raigambre academicista a artistas como Francisco Antonio Cano y Ricardo Acevedo Bernal, así como estampillas, lutos nacionales y minutos de silencio. La nueva ley pide hacer un busto (¿?) del Nobel para la entrada del Congreso, tal vez la medida más anacrónica de todas, seguramente lo último que habría querido el escritor y el último encargo que querría cumplir un artista contemporáneo; así como estampillas, billetes y homenajes solemnes, seguramente como el de la Catedral Primada, un homenaje que dista del elegante y sobrio laicismo de la ceremonia del Palacio de Bellas Artes de México. El homenaje de la Catedral, lejos del pueblo y del Caribe, cercano a la burocracia y al clero que tanto criticaba el Nobel en sus escritos, parece una afrenta a su memoria, un tipo de homenaje que seguramente el estado colombiano repetirá animosamente para salvar el alma del escritor Fernando Vallejo luego de su muerte.

Mientras esto ocurre, la Biblioteca Nacional de Colombia, templo del pensamiento ilustrado y refugio de la literatura colombiana de todos los tiempos, no es el epicentro de los grandes homenajes nacionales, físicos o simbólicos, y mucho menos lo será la Biblioteca de Aracataca Remedios La Bella. Por el contrario, la Catedral Primada y el edificio del Congreso se han llevado todos los honores: el clero y la burocracia han capitalizado políticamente la muerte de Gabo, todo un despropósito, más aún teniendo en cuenta el exilio del que fue víctima y su crítica pugnaz frente a las instituciones que hoy pretenden reivindicar públicamente su legado.

Entonces, como hemos visto, ni el proyecto de ley del Congreso, ni el Ministerio de Cultura, le prestaron atención al legado material más importante de García Márquez: su archivo de manuscritos, el que va camino a convertirse en objeto de culto e investigación, como ocurrió con otros escritores latinoamericanos como Jorge Luis Borges y Pablo Neruda. Seguramente, el archivo de Gabo incluye correspondencia personal con artistas, políticos e intelectuales, borradores de textos, correcciones, galeradas, anotaciones, obras inéditas, fotografías y libros anotados. Si extendemos el concepto de archivo literario al patrimonio digital, este incluiría, además, el disco duro de su computador personal y el cruce de correspondencia de su cuenta de correo electrónico, que viene a reemplazar, en el mundo contemporáneo, a los polvorientos archivos en papel, bits que, en el futuro, constituirán el principal repositorio de la memoria literaria e histórica. Estos elementos, que cualquier biblioteca patrimonial podría recibir estableciendo algunas cláusulas de privacidad de largo aliento, constituyen, de lejos, las fuentes primarias para la historia de García Márquez y de una parte significativa de la literatura moderna colombiana y latinoamericana, imprescindibles para cualquier estudio póstumo sobre su vida y obra, un archivo que ya podría estarse peleando más de una universidad norteamericana y europea, y que, en el contexto colombiano, parece no importarle a nadie.

Según algunos medios de comunicación, la familia del escritor entregará en donación a la Biblioteca Nacional la máquina con la que García Márquez escribió Cien años de soledad, así como la medalla y el diploma que recibió con el Premio Nobel en 1982. Estos objetos vienen a sumarse a la máquina de escribir Underwood que Gabo usó durante su trabajo en El Heraldo de Barranquilla y con la que escribió La hojarasca (publicada en 1955), máquina que había sido donada hace ya varios años al Museo Romántico de Barranquilla. Y también, se suma a otra pequeña donación realizada al Museo Nacional en 2003, con motivo de los 180 años de la institución, que incluyó el liki liki con el que Gabo recibió el Nobel y varios libros de su biblioteca personal con anotaciones de su puño y letra. Aunque la nueva donación es digna de admiración, estos objetos no trascienden su carácter de fragmento de un conjunto mucho mayor, constituido por un archivo que hoy se encuentra disperso, cuyo núcleo principal es conservado por los herederos del escritor en México. Así, estos objetos sueltos, sin contexto, no aportarán nada a la comprensión de la vida y obra de García Márquez, aunque sin duda, cobrarían otra dimensión si estuvieran en compañía del resto de su archivo personal.

Aunque es posible que una gran parte del archivo esté en poder de sus herederos cercanos, lo cierto es que reunirlo será una tarea mucho más compleja. Implica la adquisición (con dinero) por parte del Ministerio de Cultura o del Banco de la República de los manuscritos que se encuentren en manos de otros particulares, así como los manuscritos que ofrezca eventualmente el mercado nacional e internacional. Así mismo, en este archivo imaginario deben contarse los documentos en poder de parientes cercanos al escritor, los archivos de otros escritores amigos (como el de Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas o José Félix Fuenmayor, en Barranquilla) y archivos fotográficos independientes que den cuenta de la vida del Nobel, como el de Hernán Díaz, conservado en Bogotá por su heredero, un acervo que contiene 990 negativos relacionados con Gabo y su familia, fechados entre 1961 y 2000, tomados en México, Nueva York y Colombia.

Mientras la tendencia de los ministerios encargados de la cultura (en países europeos y americanos), universidades, archivos y bibliotecas patrimoniales, es negociar con los escritores antes de su muerte (o con sus descendientes, luego de la muerte) la custodia de sus archivos personales, esta tendencia parece ser bastante marginal dentro de las dinámicas institucionales del Ministerio de Cultura de Colombia. De esto dan cuenta los numerosos archivos particulares que se han perdido o que aún se encuentran en el exilio, como la biblioteca y archivo de Bernardo Mendel y Camilo Mutis Daza, los archivos de artistas que vivieron gran parte de su vida fuera del país (como Rómulo Rozo, Marco Ospina y Andrés de Santa María), el archivo de la violencia en Colombia reunido por monseñor Germán Guzmán Campos en la década del 60, o el archivo de Álvaro Mutis, escritor colombiano también fallecido en México el 22 de septiembre de 2013.

Otros archivos de escritores de los que apenas se conocen fragmentos son los de José Eustasio Rivera y Jorge Isaacs, que cuentan con pequeñas porciones en la Biblioteca Nacional de Colombia. Sería interesante plantear una alianza institucional entre el Ministerio de Cultura y el Banco de la República, que podría estar financiada con fondos obtenidos mediante una verdadera ley de homenajes (no como la que entrará a estudio del Congreso), teniendo en cuenta que la Subgerencia Cultural del Banco ha demostrado capacidad de compra, gestión e interés por este tipo de proyectos, una alianza que buscaría dar inicio a los trámites para incorporar este valioso fondo documental al patrimonio cultural de los colombianos.

Aunque, literalmente, Gabriel García Márquez no regresó al país “ni muerto”, su prolongado exilio no puede ser eterno. Colombia tiene una deuda histórica con su Nobel amado, expulsado del país en medio de una horrenda persecución política, un país que desterró a sus más valiosos hijos, artistas como Feliza Bursztyn, quien murió frente a García Márquez en un café parisino, o la crítica Marta Traba, hija adoptiva de Colombia, expulsada en 1967 por el presidente Carlos Lleras. La mejor forma de saldar la deuda de Colombia con García Márquez, no es mediante homenajes demodé, es mejorando el nivel educativo, la investigación y la capacidad lectora de los colombianos, es rescatando y difundiendo la memoria de García Márquez no mediante discursos bienpensantes y burocracia conmemorativa, sino con hechos concretos y efectivos como la adquisición, repatriación y conservación de su archivo personal en la misma tierra que decretó su expulsión. Si su cuerpo no regresa al país, lo más importante será recuperar su memoria de los brazos de la muerte.

 

[1]Revista Viva, San José de Costa Rica, 17 de julio de 2001.

[2] Publicado en Caracol. Bogotá: 20 de septiembre de 2001.

[3] Cf. ABC. Madrid, 16 de noviembre de 2012.


Cerveza & Arte Contemporáneo

“El video que está llenando a todos los colombianos de orgullo”

La relación entre arte y mercadeo ha sido objeto de intensos debates a lo largo de la última década, tanto global como localmente. Hay casos muy conocidos como el patrocinio de la BMW para una muestra de motocicletas en el Museo Guggenheim y el encargo que hizo a reconocidos artistas el vodka Absolut para trabajar en torno a su famosa botella.

En nuestro contexto, el hecho de que el arte cuente con patrocinios de una empresa licorera o que los artistas trabajen para valorizar la imagen de una marca (branding) ha generado varias discusiones, como fue el caso del Premio Johnnie Walker, enfocado a la llamada “generación intermedia”, o una exposición que patrocinó cigarrillos Kent, donde una serie de bellas modelos ofrecían cigarrillos en la inauguración de la muestra. Ha pasado el tiempo todo parece indicar que el branding con arte y artistas se ha vuelto un standard en el circuito del arte.

A partir de un proyecto curado y dirigido por Beatriz López y Gloria Saldarriaga, la cerveza Club Colombia produjo una serie de videos con los artistas Santiago Pinyol, Fredy Alzate, Esteban Peña, María Camila Sanjinés, Mateo Rivano, Colectivo 9 Voltios y el Colectivo Manila Santana, quienes desarrollaron obras en torno elementos de la marca Club ColombiaAquí los videos y sus textos de presentación, seguidos de un video de la campaña que la cerveza mexicana Indio lanzó el pasado mes de diciembre, donde también se invita a artistas y diseñadores a re-diseñar su etiqueta.

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Club Colombia y el artista Santiago Pinyol, hacen una representación del Tunjo de la botella, resaltando la creatividad que tenemos los colombianos a través de madera y papel oro, que conforman unas antenas como símbolo de la tecnología y de nuestro pensamiento. Porque nuestra creatividad va más allá de lo que es simple a la vista, es algo que trasciende en las relaciones sociales, los objetos y la realidad misma.

Creatividad, otra muestra de lo bueno que somos.

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Club Colombia y el artista Esteban Peña, hacen una representación del Tunjo de la botella, resaltando la herencia que tenemos los colombianos a través de técnicas indígenas Muiscas, como la cerámica, la orfebrería y el uso de la sal como elemento transformador para hacer una pieza que reflexiona sobre el peso de nuestra herencia precolombina.

Herencia, otra muestra de lo bueno que somos.

alzate

Club Colombia y el artista plástico Fredy Álzate, hacen una representación del Tunjo de la botella, resaltando la evolución que tenemos los colombianos a través de aros brillantes como simbología de la orfebrería precolombina y de la tradición que se mantiene viva en los orfebres Momposinos. Las ideas, los procesos y la vida evolucionan.

Evolución, otra muestra de lo bueno que somos

Club Colombia y el artista Mateo Rivano, hacen una representación del Tunjo de la botella, resaltando nuestra cultura colombiana a través de pinturas en aerosol, y arte que se convierte en un grafiti como símbolo de la cultura urbana. La cultura no es una construcción unidimensional, es el resultado de un sinnúmero de manifestaciones personales que juntas dan paso al tejido que forma una sociedad.

Cultura, otra muestra de lo bueno que somos.

Club Colombia y el Colectivo 9Voltios, hacen una representación del Tunjo de la botella, resaltando el progreso que caracteriza a los colombianos a través de música, video y un performance que componen una pieza que invita al público a sumergirse en las leyendas de nuestros antepasados. Los elementos que componen la pieza fueron tomados en lagunas, cavernas y nodos benditos para los Muiscas. Para ir adelante es importante mirar hacia el pasado.

Progreso, otra muestra de lo bueno que somos.

Club Colombia y la artista María Camila Sanjinés, hacen una representación del Tunjo de la botella, resaltando la dedicación que tenemos los colombianos a través de la mezcla de materiales contemporáneos e industriales como los tubos de neón, y orgánicos como la cebada, donde se plasma el dilema entre lo ancestral y lo contemporáneo, y a su vez se observa la dedicación en el proceso con el que fue construido; la misma dedicación con la que está hecha una cerveza Club Colombia

Dedicación, otra muestra de lo bueno que somos.

Este 2013, Cerveza Indio celebra nada más y nada menos que 120 años de vida y para ello continuarán con el proyecto de invitar a diseñadores, ilustradores, artistas y público en general a diseñar la gráfica de su siguiente colección de 120 etiquetas, esta vez la temática es: tribus urbanas o subculturas.