¿En qué consiste el Museo Efímero del Olvido?

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One Comment on “¿En qué consiste el Museo Efímero del Olvido?”

  1. Don Nadie dice:

    A continuación, otras preguntas importantes que a pesar de haber quedado por fuera de esta charla y a su vez, hablan de lo mismo de siempre, son definitivas para nuestra posible participación, así como la de una minoría a punto de ser inexistente, olvidada, desconocida, invisibilizada y hasta desaparecida.

    Porque primero, la manera tan extrañamente reiterativa como este Salón Regional, afirma ser: “planteado de la manera más amplia posible“, da pie a preguntar sobre los límites de esa amplitud; si por ejemplo sus términos se extienden aún al terreno ya casi baldío de la crítica sobre la gestión “pública” que se comete a nivel local en las instituciones “artísticas”, o si por el contrario serán recibidas en este evento del olvido, exclusivamente, las propuestas que obvien asuntos tan comprometedores, pasando así a convertir en algún grado en cómplices, a sus autores, por acción u omisión de la corrupción institucional al asumir acríticamente la hegemonía de sus “propietarias”, ante su propia práctica. Y es que ya hablando a nombre propio, aquí este es el primer problema que se nos plantea; si acaso dentro del lugar específico que crea esta convocatoria, habría otra forma de participar que no sea advirtiendo tal estructura.

    A diferencia de varias ocasiones anteriores, resulta hasta difícil no suponer que dentro del marco tan amplio con el cual insistentemente se quiere presentar este Salón, aún quienes estamos en “malos términos con la administración” podemos participar; ello asumiendo que idealmente para un evento curatorial financiado con recursos públicos no se hacen relevantes las relaciones personales, privadas, de su curadora líder (por ejemplo), como relaciones de poder aún por encima de la calidad de las propuestas mismas. De tal manera, ya que para esta oportunidad se espera “ojalá, recibir propuestas muy diversas, voces muy distintas“, pues no queda otra que aplicar o de lo contrario, objetar que tal invitación ¿realmente se sirve de la misma verborrea políticamente correcta que siempre habla de amplitud, inclusión, etc. pero en la práctica resultará ser todo lo contrario?, ¿y de allí, que aparezca aquella sospechosa insistencia en tales valores, pues en ocasiones se hace necesaria para menguar algún perfil adverso, que pueda ser contraproducente para ese necesario aura de integridad que por principio requiere un evento como este?

    Llendo a lo específico, nos preguntamos si lógicamente ¿serán entendidos como “temas patrimoniales“, por ejemplo, las denuncias reiteradas sobre el mal manejo de los recursos distritales a manos de ciertas funcionarias “públicas” con el perfil prototípico de Las Damas de la Cultura?, siendo su práctica tan característica de la gestión cultural a nivel local. Consecuentemente a lo que se enuncia aquí mismo, como una máxima de esta convocatoria: “la memoria es una forma de resistencia“, ¿será aceptable que de darse aquí la “recuperación de una memoria“, esta pueda ser la de los hechos obviados de aquella gestión tan particular de las legatarias de Gloria Zea, y sus cuestionables manejos detrás del buró de las instituciones públicas?. Lugares donde se guarda ese erario que tanto buscan gastar estos personajes, de una forma u otra, ya sea como funcionarias voraces y lapidarias a la cabeza de las mismas instituciones, fundaciones y museos, así convenientemente aparenten ser efímeros y del olvido, o como beneficiarias del mismo capital, a la manera de un ciudadano que en parte por necesidad así lo requiere.

    Además, tratando de seguir las palabras de la propia curadora se puede inferir con entusiasmo que ahora es posible que el campo de la crítica sea abordado desde la práctica artística porque: “¡mejor dicho! es que ya como la práctica artística explotó y tantas prácticas caben, con lenguajes que están cercanos a la práctica artística“. Y, digamos dada así la oportunidad, hablando de prácticas tan dinámicas y explosivas, pero saliendonos en algo del tema nos preguntamos; ¿que pasaría con aquel proyecto de la sede permanente de la Galería Santa Fe anunciado ya hace dos años como “un contenedor para una multiplicidad de expresiones y de prácticas que se pudieran hacer ahí. Que fuera, digamos, que involucrará todas estas nuevas dinámicas; que fuera un volumen que en la medida que se, que las prácticas van cambiando se pueda ir… digamos, pues pueda irse transformando, que la práctica va mucho más rápido y los cambios que se han visto en los últimos diez años van más rápido de lo que puede ir una administración distrital en la construcción de unos espacios para esas prácticas. Entonces, ideal tener un lugar muy, heee, digamos hee, muy fácil de convertir y de volver una cosa u otra.” Puede venir al caso este espacio perdido porque así como el presente Salón Regional del olvido se abre para la participación de “temas patrimoniales“, como los nuestros, de pronto en una sede permanente de la Galería Santa Fe, si nos sea permitido participar a diferencia de las dos Sedes Temporales, la primera y la actual.

    Por último y en resumidas cuentas, a pesar de estas palabras de bienvenida a este nuevo museo, ofrecidas por su dueña y señora, para que artistas y no-artistas hagan allí “activismo”, “pedagogía”, “huertas”, “dibujo super tradicional”, etc. persiste la pregunta: ¿será bien recibida una propuesta, dentro de este Salón efímero, que no sólo asuma los fundamentos críticos anteriormente descritos, sino que además, sea presentada bajo cierta condición excepcional que nos mantiene en “malos términos con la administración“?, ¿podemos hacerlo sin temor a que nos bloqueen la entrada, como a nadie más, y respondan nuestra propuesta con: silencio conveniente, mentiras evidentes, exclusiones directas de las iniciativas públicas, cancelaciones intimidatorias de las propias en sus territorios, vetos no anunciados pero explícitos, amenazas de cárcel y multas?.

    Afortunadamente, estas preguntas alrededor de un caso particular que cuestiona la posibilidad misma de la crítica como parte de la práctica artística en un contexto público que deviene privado, apropiado por Las Damas de la Cultura, ¿sólo nos incumbe a nosotros: Juan Bocanegra y Jorge Sarmiento. Don Nadie?


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