Wilson Díaz: La flor caduca de la hermosura de su gloria (y su raíz)

MGREBELDES

La información es maleable. Puede ser impresa en periódicos y anunciada en televisión, o puede ser materia prima de obras de arte. El dato encuentra un tono cuando es insertado en un discurso y se entreteje con otros datos para crear un sentido, que muchas veces se pretende objetivo. La mayoría de las ocasiones se trata de un mensaje dirigido bajo una intención consiente o no, que delimita sus posibilidades, haciendo que las noticias y lo que sucede no tengan más razón de ser que aquella que las reduce a un momento de enunciación, por ello el rostro consternado de los presentadores de noticias, se transforma casi instantáneamente en una sonrisa, cuando dan paso al espectáculo; (olvidan).

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Wilson Díaz aborda la información con un tono diferente al del noticiero, ya que trasciende “la noticia de última hora” pero mantiene “el lugar de los hechos”: consolida la territorialidad, sosteniendo la memoria (colectiva), y se niega a crear una polaridad entre buenos y malos. Díaz reitera su presencia, como testigo directo que no sale de un momento histórico, atrapado como el resto del país en un territorio llamado “del post-conflicto” y una zona de distensión dilatada.

La flor caduca de la hermosura de su gloria. (y su raíz)”, remite a la experiencia del artista en el Caguán, específicamente es una exposición que se desenvuelve y se enrolla, como una espiral, en torno al video “Los Rebeldes del Sur”, “…un video tomado en la zona de distensión, en donde aparecen unos guerrilleros tocando vallenatos, haciendo una especie de coreografía con armas…” (Revista Semana – 2007), video que además fue censurado en Displaced: arte contemporáneo de Colombia, exhibición realizada en Reino Unido en el 2007. Sin ahondar en esta polémica, de la que se ha hilvanado bastante, vale la pena pensar en el tratamiento de la información, con el que el artista logra mantener a flote un archivo, transmutándolo en memoria cuando vuelve a él, una y otra vez.

RUENETAS

Las pinturas, los dibujos y los discos hacen referencia a un centro que no existe, porque toda la información está licuada, los datos están centrifugados desde diversos ángulos para formar una nueva enunciación, que no tiene los matices de una investigación sociológica, no tiene tesis sino obras. El carácter documental y referencial de las piezas da cuenta de la permanencia de los problemas esenciales a través del tiempo, manifestados en archivos históricos de diferentes contextos, que van desde producciones disqueras, libros de planes de gobierno, hasta el seguimiento exhaustivo de personajes como Guillermo Torres, quien cambia su identidad a Dr. Julián Conrado, cuando empieza a componer canciones en la guerrilla. Wilson Díaz va de un dato a otro usándolo como excusa de una imparable energía artística, valor fundamental para entender su obra más allá del tema y del sentido que logra con lo que hace.

“Amarillismo”, una compilación de discos producidos por medios de comunicación, y la serie sobre Julián Conrado, relacionan la música popular con la circulación ideológica, trayendo a un primer plano todo aquello que pasaba por el rabillo del ojo en los ochenta y noventa. Las relaciones radicales de una cosa con otra demuestran que no son del todo descabelladas. Los discos y las caratulas implican posturas políticas, estados del inconsciente colectivo que no son evidentes, hasta que la información y el objeto cultural son expuestos como arte o bajo una mirada crítica, por fuera de la inercia del día a día. Corporaciones, medios de comunicación, bancos y la guerrilla (instituida) tenían en circulación sus propias compilaciones musicales. La política y la vida cotidiana poseían una banda sonora, que al ritmo de vallenatos, cumbias y boleros, no dejaba escuchar las balas que sonaban por atrás, implicando una lucha por el poder, una lucha por la oreja ajena.

La música que “entra” por los oídos, sentido que no parpadea, es parte también de un programa institucionalizado, propaganda a veces disimulada de un paradigma. Las pinturas, ampliaciones exageradas de las caratulas de los discos, evidencian lo que para muchos era invisible hace años, relaciones de poder a la luz de un desarrollo histórico paradójico, altamente corrupto y violento. En el sur todos son rebeldes, la polaridad de la información congela los enunciados en maniqueísmos que impiden su maleabilidad. Las noticias son reiteraciones de una gama de conflictos predefinidos, con breves zonas para el entretenimiento (zonas de distensión). Por tal razón es necesario que los datos que parecen objetivos y se invisten de verdad, sean abordados por un artista que revele su subjetividad y juegue con ellos, algo que ha hecho Wilson Díaz en toda su carrera artística: jugar.

(Y nada más serio que estar inmerso en un juego).

 

Breyner Huertas*

 

*Publicado en Le Pulpo, en torno a La flor caduca de la hermosura de su gloria (y su raíz) que tuvo lugar el pasado mes de septiembre en la Casa Proartes en Cali.

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Ferias de Arte. La Transescena del Arte

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Introducción

La Feria de Arte se consolida como el escenario sintético del Arte en que confluyen arte y mercado, en que es imposible deslindar lo específico del arte, en que el observador se acerca al coleccionismo y el artista abandona definitivamente su ingenuidad. Se opera la mutación del espacio y del tiempo en esa transescena que cobra su propio significado como tiempo espacio divergente del tiempo y el espacio ordinario. Así transpuestos, el tiempo y el lugar originan esta nueva situación en que la mixtura hace realidad tal intercorporeidad. Así coexisten Arte y Mercado, público y coleccionismo, curador y art-dealer. Arte y espectáculo. El arte es entonces una política de su propio acontecer y tiene lugar como el estatuto de nuestra contemporaneidad.

Día 1. ArtBo

Estoy sentada en el café Illy. Un hombre mayor acompañado por un joven pide poder compartir la mesa conmigo. Lo reconozco. Para él en cambio yo soy una extraña. Y empiezan su conversación. En realidad se trata de una primera aproximación informal. El hombre mayor escribe en unos papelitos amarillentos. Son pequeños y en cada uno caben apenas unas notas. Escribe con meticulosidad mientras va dibujando cada letra. Repite para si la nota que escribe. El joven parece dictarle. Reconozco al hombre mayor. Es un crítico de vieja data. Interroga al joven minuciosamente. El joven es un artista. Cabello rubio ensortijado, ojos azules. El joven va equipado para la ocasión. Saca un catálogo y va describiendo al crítico cada una de sus obras. Presumo que son obras de ingenio por los comentarios del crítico. Como estoy a corta distancia puedo observar cada uno de sus gestos y puedo apreciar la aproximación. Cada tanto, el crítico le dice al joven que es muy inteligente. El joven impávido prosigue con la exhibición de su talento. Puedo suponer que sus obras son una especie de gadgets, de objetos de ingenio. Parece que la entrevista está motivada por una exhibición a futuro en una galería por montar. El crítico ha sido encargado para aproximarse a los artistas que conformarán la primera muestra. Y esta parece ser una primera aproximación para un texto futuro que el crítico está por escribir. El crítico dibuja meticulosamente las apreciaciones que el artista va haciendo de su obra. En determinado momento comienza el dictado de lo que el joven artista llama sus “categorías”: “objetos intervenidos”, “ensamblajes”…Me sorprendo con la decidida aplicación del crítico, con su postrarse ante el artista. Llevo una hora escuchando esta conversación. El joven sigue imperturbable ante la adulación desmedida. De tanto en tanto el crítico pregunta por los precios. Las tarjeticas de papel periódico que lleva escritas se van acumulando. -“Eres muy inteligente”, “Te felicito”- Es tal vez la cuarta vez que escucho esta frase. Los dejo a solas en la mesa y me levanto. Así es como se escribe la crítica. No acierto a dar con el nombre del artista. No importa. Es uno más de los cientos de artistas que replican el modelo. ¿Y el crítico? Es un pez mayor. Sobreviviente a los viejos y a los nuevos tiempos. Un verdadero mutante.

Día 1. Artbo

En las fotografías de prensa ella aparece como una mujer altísima. Más femenina y joven, más glamorosa.

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Día 3. Sincronía

Las Carpas. La escala del edificio de feria ha sido notablemente reducida de suerte que el observador visitante carece de toda perspectiva y la relación con las obras se hace promiscua. Ninguna notoriedad, ningún efecto estético.

La obra escueta y mísera está en la cercanía de una presencia que la incorpora sin ningún obstáculo. Mirar se transforma en deglutir literalmente la obra. El suceso estético se ha hecho mísero. Pornomiseria. La art-dealer ha envejecido notablemente. Los nóveles artistas de ayer arrastran ahora el peso del tiempo. La caducidad. La decrepitud. Los visitantes aprovechan la entrada gratuita de esta tercera feria. En su mayoría son mujeres mayores, quizá pensionadas, habitués de este tipo de espectáculos pseudoculturales. En el centro de la escena El Director. El crítico de toda esta farsa. Hay un estand donde se muestra él mismo como objeto de exhibición. (Es el hombre mayor del otro día, el que entrevistaba al joven artista en el café ILly, el viernes en Artbo) Detrás suyo una cita de Andy Warhol que intentaría darle notoriedad a todo esto. En una pequeña vitrina sobre un pedestal un muñequito a escala que lo representa. A pocos pasos de allí, de este centro, el estand del Arte Político. Y un nombre, el del artista en cuestión. Solíamos vernos para conversar sobre estos problemas antes de su más reciente mutación. El dolor humano es ahora un motivo más para el arte. La crítica ha mutado hasta transformarse en objeto. Y las víctimas son sólo personajes de esta maqueta artística. Un nombre. ¿Un collage? Una silla. Un computador. Una joven asistente. Un crítico detrás de sus lentes y su aire de notoriedad. Una mutación imposible. También la crítica se oferta en la feria.

Una metamorfosis. La crítica deviene arte. El arte deviene crítica. La causa es pura anarquía. Un juego. La gravedad de las consecuencias ha cedido hasta transformarse en un estand de feria. Nombres de artistas. Nombres de galerías. Me pregunto si Arte Político- G. V. es un nombre más. Un lugar más para el arte. Entonces el grupo de curiosos de domingo se detiene y el crítico artista exhibe sus artilugios.

En el pasado existió un poeta que habló del crítico artista. Luego fue acorralado en una cárcel por ser homosexual. Alguna vez presintió esta decadencia en sus notas sobre América.

Evito mirarlo. Evito entrar en contacto físico con este espacio. Entonces elijo un ángulo en el stand vecino, un lugar para testificar todo esto. Y oigo su voz: -“Las víctimas del asbesto”- .

Pasos atrás el crítico curador, el del viernes en Artbo, un semidios de la escena del arte en Colombia. (Recuerdo el Fausto, al hombrecito vestido siniestramente de rojo). Sonríe maliciosamente. Quizás los nombres en estas carpas crean haber podido optar por una condición diferente a la de ser artistas contemporáneos. Así lo manifiestan algunos. El viejo Mefisto lo ha prometido y ha sucedido la transacción. El dinero les hace pensar en una supuesta consistencia. En realidad se desintegran y su escala se ve reducida a esta desproporción de la escena del Arte. El corredor en Sincronía difícilmente permite deambular.

¿Lo saben? Aquí todo parece querer cobijarse con la indiferencia, con la ignorancia. Los artistas se ofertan directamente. El glamour del juego sucio desaparece. La transacción es directa. Literal. Un objeto de ferias.

Los compradores glamorosos evitan este lugar. Hacen una omisión expresa. Es el tercero, sin existencia real.

Por momentos recuerdo la vieja carpa remendada de un circo. Los payasos obsoletos. El león enfermo. Y un director gordo y pintarrajeado que intenta persuadirnos de reír. Y reímos, es lo menos que podemos hacer.

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Día 1. Artbo

Glamour. Una mujer delgadísima habla a las cámaras. Un vestido con volantes. Maquillaje excesivo. Y ocurrencias. Ninguna tesis fundamental. Al entrar, un locutor intentaba disertar frente a una obra. Nuestros ojos se encontraron. Un nuevo intento. Inicio del ejercicio de la persuasión crítica.

Llegada al pabellón central. El lugar del concurso. Una semipenumbra. Un grupo de curiosos sigue al guía.-“ La obra de hoy prescinde del aparato crítico”, un curioso asiente-“sí, podemos decir lo que se nos ocurra”. Ninguna certeza. Cualquier discurso se sostendría. Cualquier ocurrencia. Final del juego, final de la interpretación. La obra carece de sentido. El guía exhibe una escarapela que cuelga de su cuello. Una suerte de distintivo que pese a todo su discurso sobre la insuficiencia crítica, lo diferencia de su público. Entonces recuerdo la casa de reposo donde los visitantes llevan zapatos y estos los diferencian de los enfermos que arrastran sus chanclas.

Sigo al grupo fundiéndome en esa multitud ávida. Entonces los veo venir. A los tres.

Caminan con determinación y por momentos dirimen un veredicto. Son casi reconocibles para esta masa anónima de curiosos. Se los ve a otra escala de la escala humana con que se los suele representar en los medios. Aquí el glamour cobra su justa proporción. Son más bajitos, más gordos, más insípidos, más reales.

Por momentos se encuentran en un acercamiento irreal en que el encuadre de observación es casi imposible. Respiran a mi lado. Y presiento su olor, la escala humana. Las arrugas de un traje vencido por el desgaste del día.

Día 1. Artbo

Granizo. A pocas cuadras de la entrada de Artbo hay un paradero de buses. Estoy subida en la silla de espera de este lugar provisional. Todavía no alcanzo la entrada de la feria. A mi lado dos o tres estudiantes que también se han resguardado de la tempestad. Con nuestros paraguas abiertos protegemos nuestros cuerpos. Los carros pasan velozmente. El peatón nada significa. Quizá ni existe. Se promedia al lado del mobiliario urbano. En el baño, me seco el pantalón bajo el chorro de aire caliente a presión. Otra pareja de visitantes hace lo mismo en el baño contiguo. Los vi caminar bajo la lluvia en medio de la tempestad. Ella pelo rosado, el sombrero. Vestidos negros, casi grises. Vestidos los dos como una unidad indiferenciada. Reconozco ese estado, esa indiferencia en que creemos estar en una performancia continua. Pero pereceremos. Somos espectadores y nada más.

Día 1. Artbo

Intento situarme en el espacio para establecer un recorrido. Pero es difícil intentar establecer un método de visita. Rápidamente mi deambular se hace irregular. Como si un capricho extemporáneo lo alejara del recorrido. Encuentro que los otros visitantes también intentan ordenar sus recorridos. Gastamos tiempo infructuosamente para lograrlo. Entonces desistimos y nos entregamos a un simple deambular. Pero rápidamente llega la saturación. Un cansancio producido por esta sobreimposición de nombres, de luces, de títulos, de ruido. Alguien a mi oído:- “El arte cansa”-

En realidad esta visita se parece a un trabajo al que no sabemos cómo responder. Hay dificultad en la adecuación. En el intentar acomodarse.

En sus mesitas, vendedores glamorosos me sonríen. Ninguno parece local. Rememoro el intento de asepsia con que se inició todo esto. La nueva época. El blanco y el negro. La impecabilidad. El cuerpo sin apenas rastros de precariedad. El orden. La sensación de objeto recién adquirido. Por momentos camino flotando por esta pasarela. En la Berma, los cientos de obras abriéndose un lugar.

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Día 2. Odeón

Recuerdo las proyecciones de cine a medianoche, aquí en el antiguo TPB. Después salir y caminar bajo las estrellas hasta La Nueva Santa Fe. Ahora es un edificio abandonado. Una ruina cultural. El fruto de la desidia de las varias generaciones de funcionarios que han sucedido desde entonces.

Día 2. Odeón

Idéntico glamour al del día primero en Artbo. Por alguna razón nuestra precaria ciudad se resiste a caer en el olvido. Atrás fue cuna de los poetas, ahora de artistasy galeristas, de exposiciones, de ferias, de curadores. De compradores abriéndose camino en el viejo edificio abandonado.

Día 2. Odeón

Un patio, columnas desnudas. Restos de baldosín blanco. La humedad se reviste con el dorado con el que algún instalador intervino estas ruinas. Euforia. Un joven artista celebra una venta. Abrazos, risas. Camino sin detenerme en la escena anterior hasta la entrada donde compro el catálogo. Me interesa hacerme a los catálogos. Uno amarillo, otro neón, otro carmelita. ¿ Contarán los colores, la diagramación? Cuenta el lugar. Cuentan los espacios. La organización. Cuenta la escala.

Con los catálogos podré establecer una zona de abstracción donde pueda captar los entreactos.

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Día 1. ArtBo

Mesas de editoriales. Libros, revistas. Camisetas. Ojeo un pequeño librito, son cartas entre un padre artista y su hija. Algo en esa escritura me detiene. Un tono que creo reconocer. Entonces los nombres. Hernán y Tamara. Algo del pasado regresa. Su llegada a Bogotá desde Buenos Aires. El pequeño apartamento de la 22 con tercera. Una cita pospuesta. Desencuentros. Reuniones. Comidas, encuentros. Literatura, después la distancia. El silencio. Compro el librito. La hija del artista me habla de un proyecto. Creí reconocerla mientras anotaba en su Moleskine. El tiempo ha pasado. La vi alguna vez cuando era una niña y estábamos de visita en su casa. Se abrió una puerta y vimos una niña jugando con cientos de muñecas. Para mí fue una sorpresa ver las barbies en la casa de mi profesora de filosofía. Las paredes eran negras, los techos de vidrio, como ventanas abiertas al cielo. También los vestidos eran negros. En una mesa de trabajo adosada a un costado del salón, recortes sobre Leonardo da Vinci. Me asalta el recuerdo. El diminuto apartamento de la Nueva Santa Fe a donde llegaron. Buscaban algo singular, el grupo entero de artistas entró en la casa, venían tras algo para ilustrar el más reciente significado de la posmodernidad. En principio parecían interesados por algunos objetos nuestros, el pulpito con las teteras amarillas. Se hacían señas, miraban, luego se fueron. Y la época siguió sus rutas. Sus desarrollos y evoluciones. Nacía algo que prometía renovación.

La joven sigue hablando de su proyecto, en otra mesa reconozco a su padre. Este es su estand. Lo rodea un estaff completo de colaboradores. Faltan ellos, habrán de llegar. Hernán y Tamara. Guardo el librito de cartas junto a los catálogos y la revista Matera para ojearlos en la noche.

Día 3. Sincronía

Domingo. Reúno fuerzas para esta tercera salida. Algo me impide llegar con entusiasmo. Quizá la certeza de un espectáculo que deseo evitar. Hace frío. Algo del desencanto dominical me permea, pero es necesario esto tercero. Esta perspectiva.

No me cobran al entrar. Hay poca gente, todavía es temprano. Los curiosos no tardarán en llegar.

Reconozco a algunos artistas. Generaciones entradas en relevo a pesar de la resistencia. En el centro un hombre sentado sonríe. Es el hombre del café, el que entrevistaba al joven artista en el día primero.

Me habría gustado no venir.

No hay un Museo para esta falta de lugar. Un lugar que dé cuenta de lo que simplemente caduca y se pierde en la transescena.

Notas de Feria tomadas en una libreta

-La crítica se ha hecho inconsistente, apenas un tambalearse sobre y de la palabra sobre sí. Lo demás es la pura ficción de la crítica, su novela. Pero el ser ya no es un accidente (Beuys) sino una sucesión de patrones anticipados. Toda supuesta espontaneidad ha sido suplantada por lo superfluo. La cinta sin fin de unos estados en red en que se nos cuenta quiénes somos llamados a ser. (En Artbo)

-¿Por qué este maremágnum de escrituras? Esta ansia de pictografías ¿ De dónde la necesidad? ¿O es una moda? (Luego de la tercera visita)

-Novela en tres actos. Tres días. Escritura en tres espacios. (El domingo en la tarde)

-lo banal que no tiene significado se presta a querer ser interpretado. Lo que queda es el espacio. La feria. Este deambular incesante frente al “arte”. La sala del museo también contiene adosada a ella una mesita donde cómodamente se ha instalado el vendedor quien hace las veces de crítico o de curador. De impulsador de la obra. Entonces el visitante no está solo. Pero puede exhibir su capacidad y transformarse súbitamente en comprador. En coleccionista. Así la feria propicia la fantasía del observador amateur al ofrecerle la posibilidad de investirse por un instante de coleccionismo y cumplir esa fantasía. (Viernes, en Artbo)

-Novela del arte. Nada para decir, nada para entender salvo la necesidad del intercambio. Del valor. De la transacción. De la necesidad de entrar en la colección. (Sábado, en Odeón)

-Puede prescindir de una interpretación porque su afán es no decir nada. Pretende sólo circular. Hacerse evidente en el mercado. Existir. Y sólo puede existir en ese intercambio. Ese intersticio de la transacción monetaria. La obra no es mercancía en espera sino precisamente cuando la expectativa de la espera se ve satisfecha plenamente con el valor. (En Artbo)

-No posmodernidad sino submodernidad, dice Heriberto Boeder, su pensar anárquico. El de la submodernidad. Todo en esa submodernidad se desprende del representar. También el observador. El supuesto observador. Sólo hay ocurrencias, por ejemplo, en la mesa del crítico. Nada puede representar. Siguiendo a M. Ponty Boeder afirma, Intercorporeidad. Es eso, la feria es eso. (Sábado de madrugada, preparándome para salir de Feria)

– El comprador de obra, el futuro coleccionista parece ser el único que logra configurarse, que logra consubstanciarse. El público en general se desfigura. Por eso juega a ser también coleccionista. No basta con mirar. (Sábado, en Odeón)

-Supuesta emancipación social mediante la crítica política. El crítico jugaría con esa promesa, con esa expectativa. Allí radica su valor. También el del Arte Político. Arte y Crítica Política suspenden la fe. Crean la promesa. Despliegan un tiempo suficiente que daría consistencia a su ser relativo. El necesario para suspender el juicio y disuadir momentáneamente a su público. (Sábado antes de la segunda salida)

-En la época del deshacimiento del juicio estético, de su imposibilidad, se nos lleva a seguir pensando en la posibilidad de ese juicio. Así nuestra escritura debería suceder en los márgenes de una crítica imposible. Llamados a un orden del discurso perdemos de vista el engaño. (Sábado en la mañana)

-Entonces la crítica deviene desecho. Una redundancia innecesaria. (Sábado en la mañana)

-Recordar las mesas de los art-dealer: computador, esquelar, fotos. Su impecabilidad al vestir. (Sábado en la tarde)

-Boeder habla de los sin sombra. Condición del hombre de la submodernidad. (Sábado)

-Desprovisto de todo sentido, de todo significado el arte ha dejado de ser interpretable. (Tener en cuenta esto antes de empezar a escribir sobre la Feria)

-El Arte es ahora una reducción de su significado hasta el punto de hacerse asignificante. Boeder retoma a Wittgenstein.

-Valor de las entradas, $ 25.000 Artbo, $ 15.000 Odeón, entrada gratuita Sincronía. La escala de valores es proporcional a la escala de los espacios. La feria es un lugar. Y un tiempo. (Domingo en la noche)

 

Claudia Díaz, octubre 26 de 2014.

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Los 100 más poderosos del arte contemporáneo (versión revisada y comentada)

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El 2014 ArtReview Power 100, desglosados ​​por región del mundo (diagramas de infogr.am)

ArtReview publicó su lista anual de las 100 personas más poderosas en el mundo del arte contemporáneo y, una vez más, lo único sorprendente de la lista es lo absolutamente poco sorprendente que es. El director de la Tate Nicholas Serrota se lleva los máximos honores de este año (subió del sexto al primer puesto), mientras Sheikha Al-Mayassa, encargada de compras de los Museos de Qatar, cayó al 13. Los megadealers globales David Zwirner y Iwan Wirth se mantienen en el segundo y tercer puesto respectivamente.

El artista con mejor posición o mujer en la lista, Marina Abramovic, subió al puesto número 5 desde el puesto 11 que ocupó el año pasado. Larry Gagosian y el director del MoMA Glenn Lowry intercambiaron lugares, aterrizando en el número 8 y 4, respectivamente. Hay una docena de novatos en la lista de este año, siendo el de más alto rango el presidente y la directora del Centro Pompidou, Alain Seban y Bernard Blistène. Cuatro personas no ganaron ni perdieron poder, y siete personas que no aparecen en la lista de 2013 volvieron a entrar en el ranking.

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El mayor salto de este año lo dio Jeff Koons, quien saltó 49 lugares al número 7, impulsado por su retrospectiva en el Museo Whitney. El magnate del acero y coleccionista ucraniano Victor Pinchuk tuvo la mayor caída en el ranking de este año, cayó 47 puestos y quedó en el número 85.

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El 2014 ArtReview Power 100, desglosados por género, incluyendo grupos de dos, tres y cuatro personas

Como en años anteriores, los individuos y los grupos con sede en Europa y América del Norte son los que ejercen más poder en el 2014, y los hombres continúan manteniendo las posiciones consideradas más poderosas por ArtReview. De todas las personas que figuran en la lista (117 teniendo en cuenta todos los dúos, tríos, cuartetos y) el 72% son hombres.

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En conjunto, Europa y América del Norte tienen 70 puestos, mientras que el resto del mundo (donde residen 5.850.000.000) cuenta con sólo 30 lugares. América Latina tiene sólo cinco representantes en la lista (vienen de Brasil, México y Venezuela). El único representante de África, el senegalés Koyo Kouoh, aparece en el número 96. Brillan por su ausencia Canadá, Australia e Islandia – al parecer una gran cantidad de exposiciones individuales de Ragnar Kjartansson y una próxima retrospectiva del MoMA para Björk no fueron suficientes para conseguir un lugar en esta lista del ArtReview. (A efectos de este análisis, las personas que trabajan en los Emiratos Árabes Unidos, Líbano y Turquía se cuentan como basados en Asia.)

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El número total de personas que aparece en el 2014 ArtReview Power 100 por género

Para revisar el tema de la diversidad, echemos un vistazo a la lista en términos de oficios, en el que, a pesar de la ausencia de un único crítico de arte (no more love for The Smiths?), las cosas se ponen un poco más interesantes. Un buen número de artistas aparecen en el ranking (22 en total), con tres irrumpiendo entre los mejores 10 (Cindy Sherman, logra el número 10).

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Las ocupaciones de las personas que aparecen en 2014 ArtReview Power 100

Poco más de una cuarta parte de los poderosos de este año son dealers (27 en total), aunque para este sector del mercado resulta sorprendente el poco número de personas (3) relacionadas con las subastas y el gremio de los consultores de arte. Después de los dealers y los artistas, los curadores y directores de museos (18) y los coleccionistas (14) son los más fuertemente representados en la 2014 Power 100.

En términos de empoderamiento de esta lista, es necesario resaltar una de sus omisiones: Damien Hirst está ausente por segundo año consecutivo de la lista que encabezó en dos ocasiones (en 2005 y 2008).

***

Traducido para esferapública por Iris Greenberg. Publicado en Hyperallergic el 23 de octubre de 2014.


El mercado de arte contemporáneo

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¿Quiénes son los artistas líderes del arte contemporáneo en el mercado de hoy? ¿Cuales son los 500 artistas más cotizados del mundo? ¿Quiénes son los artistas emergentes más buscados? ¿Dónde se juega el mercado, y dónde está desarrollándose? ¿Cuáles son las últimas tendencias? ¿Cómo se cotiza a un artista?

En esta 8a edición del informe sobre el mercado del arte publicado a comienzos de octubre, Artprice.com analiza los remates de las casas de subastas internacionales (entre julio 2013 y principios de julio 2014).

https://www.scribd.com/embeds/244663787/content?start_page=1&view_mode=scroll&access_key=key-GGoo8HVRk5j6y7htKLmf&show_recommendations=true


#HayQueVer estas cinco exposiciones

[esferapública] está publicando imágenes de exposiciones y proyectos que #HayQueVer por estos días en Bogotá. Iniciamos con estas cinco muestras. #NoSeLasPierda. Puede seguirnos por nuestros perfiles de Instagram, Twitter, Facebook o Tumblr

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Gabriela Pinilla | Probablemente el diablo | Faro del tiempo | + info

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Paulo Licona | Probablemente el diablo | Faro del tiempo | + info

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Anatomía del encargo | Galería La Mutante | ArteCámara | ArtBO | + info

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Miler Lagos | Cosmopolítica | Museo de Arte de la Universidad Nacional | Texto de Elkin Rubiano

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MITO o el resplandor de las ideas | Biblioteca Nacional | + info

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Con Wilson…dos décadas vulnerables locales y visuales | Galería Santafe | + info

 

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Herida y curación: una exposición en clave cosmogónica

En el campo cultural colombiano no es frecuente que una institución comisione proyectos artísticos para un especio específico y, mucho menos, proyectos de grandes dimensiones. Esta es una labor que el Museo de la Universidad Nacional de Colombia viene realizando desde hace algunos años. Basta recordar, por ejemplo, “El Camino corto” de Miguel Ángel Rojas, “datamatics” de Ryoji Ikeda o “Variaciones sobre el purgatorio” de José Alejandro Restrepo. A partir de mayo de 2014, el museo comisionó a siete artistas la intervención del espacio para la realización de la exposición “Selva cosmopolítica: naturaleza, cultura y capitalismo en la macro cuenca amazónica”, cuya curaduría estuvo a cargo de María Belén Sáenz de Ibarra.

La exposición está conformada por instalaciones, esculturas, video, archivos sonoros, dibujo y pintura. Aunque estos trabajos son diversos desde el punto de vista material y formal, están agrupados bajo un mismo registro: la naturaleza en contacto con la civilización o, de modo más específico, la cosmogonía en contacto con la urbe global. En ese sentido, algunas de las obras expuestas se adentran en la fisura estructural que queda en tal contacto; otras, buscan reconciliarse mediante la potencia vital presente en la propia naturaleza, su capacidad de regenerarse a sí misma, su carácter autopoiético.

En el primer grupo (la fisura), podríamos mencionar los trabajos de Miguel Ángel Rojas (“El nuevo Dorado”) y Miler Lagos (“Nómadas”). En la obra de Rojas -una instalación de gran formato ubicada en la sala principal del museo-, vemos un container en medio de un lago cubierto por victorias regia; un accidente, un container volcado en un lago amazónico. Parece una imagen fantástica, pero no lo es: estamos acostumbrados a ver buques petroleros volcados en medio del mar. Un accidente y, desde luego, una herida. Cuando pasamos de la parte trasera a la parte frontal, vemos el contenido del contenedor: un largo estropajo, semejante al cauce de un río, cubierto con hojilla de oro. El contenido no es otro que la extracción del río, el nuevo Dorado despojado de cualquier referencia mítica y ritual: el oro mercantilizado que desacraliza el oro vital (“La vida es un tesoro”). Y, desde luego, la herida como resultado.

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Miguel Ángel Rojas, “El Nuevo Dorado”. Instalación. Lámina de acero, fibra de vidrio, varilla 
y estropajo con laminilla de oro de 24 quilates.

Contiguo a “El nuevo Dorado” se encuentra “Nómadas” de Miler Lagos, una monumental obra escultórica que ocupa gran parte de la sala: 40 toneladas de papel periódico convertidas en troncos y raíces, un regreso al origen, un viaje de ida y vuelta (acaso de allí el título). La obra de Lagos es asombrosa, no sólo por su carácter monumental sino por el efecto perceptivo que produce: de un solo golpe nos percatamos del origen del material. Aunque lo sabemos intelectualmente, que cuando tenemos en nuestras manos un libro la procedencia del papel son árboles, no logramos hacernos una imagen que equipare su presencia natural con su transformación industrial. Y eso es lo que “Nómadas” logra de un solo golpe: señalar la fisura e intentar una forma de restitución. La vuelta al origen.

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Miler Lagos, “Nómadas”. Instalación. Apilamiento y talla de 40 toneladas de papel periódico.

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Mientras se recorren las salas, los pasillos y el patio central del museo, unos sonidos acompañan la visita del público: cantos chamánicos y sonidos selváticos. Esta experiencia auditiva une todas las obras y crea una atmósfera inquietante, que aunque no nos atreveremos a llamar mística o sagrada, logra generar una forma de recogimiento, un acompañamiento apropiado para los trabajos de Abel Rodríguez y Fabián Moreno, pertenecientes al segundo grupo (la reconciliación). Rodríguez y Moreno, indígenas del Caquetá, cartografían la selva, pero su cartografía, desde luego, no es cartesiana; más bien, cosmogónica, unida a la experiencia de las comunidades que se reconocen como parte territorio. Sus obras, que sin temor podemos llamar bellas, manifiestan la unidad cosmológica; no hay arriba y abajo, sino una unidad (es necesaria la redundancia). “Árbol de la vida” de Rodríguez y “Cananguchal” de Moreno son eso, una naturaleza reconciliada y sin división. En “Cananguchal” el río, la superficie, la tierra y el cielo son UNA en esa pintura plana y frontal (de gran dimensión) que uno quisiera mirar por largo tiempo. “Árbol de la vida”, por una vía semejante, muestra que arriba es abajo y que abajo es arriba: del gran árbol cae aquello que va a la tierra y de la tierra algo va hacia el cielo: JatysmeFaibe-Colibrin (el colibrí, ave sagrada del Amazonas, que se ve en un detalle del dibujo). Es un ciclo. Es la unidad y la clave cosmogónica para la curación.

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Fabián Moreno, “Cananguchal”. 

Pintura de caballete. 6,0 x 3,5 m. Óleo sobre lienzo. 

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Abel Rodríguez, “Árbol de la vida”. 

Dibujo. 2,2 x 1,5 m. Tinta china sobre papel.                                                                 

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Las obras de los cuatro artistas reseñados dan cuenta de lo que acaso pueda ser el propósito curatorial de la exposición: entre la cosmogonía y el capitalismo queda un lugar para la política. La cosmopolítica tal vez sería eso: un intersticio en el que, como una posibilidad (utópica, en todo caso), se vaya de la herida a la curación: la vuelta hacia el origen sin desechar lo recorrido, tal como opera la obra de Miler Lagos en la que con el desecho se da la restitución: “Ahí donde está el peligro, crece también lo que salva” (Hölderlin).

 

 

Elkin Rubiano

 

Texto escrito para lasalomónica.com, nuevo portal de periodismo cultural especializado en artes visuales.

 


Una presentación formal a la medida

(Experiencias de mediación parte II: un preámbulo de ArtBo 2014 con mucha ingenuidad)

Bien hicieron la Cámara de Comercio de Bogotá y Arcadia en formular un “debate” como preámbulo a un fin de semana que está a punto de explotarnos en la cara inaugurando un sinnúmero de ferias que son el producto de ese tan llamado “Boom del Arte Colombiano”. Desde ya los ojos están puestos en las dinámicas de mercado que ha consolidado y establecido la Feria Internacional de Arte de Bogotá hace 10 años. Hasta ahí, todo muy bien. Sin embargo, la desazón no está en la discusión si hay un voraz mercado del arte en Colombia o si existe o no un boom del arte nacional que se debe aprovechar.

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La desazón está en el debate mismo, en las intenciones “pedagógicas” de un evento que supone (inventa) un contexto académico para analizar lo que está pasando y en la ausencia de voces distintas. ¿Quienes están liderando las discusiones? ¿Quienes están explicando las dinámicas de los acontecimientos más recientes? ¿Quienes, como lo mencionó José Roca, están tirando la piedra y escondiendo la mano (refiriéndose a la crítica de arte)? Hay una diferencia fundamental entre proponer una discusión relevante sobre la producción artística local y su circulación y coordinar un evento en el que se describen sofisticadamente perspectivas muy generales en torno a “el ahora” del arte colombiano. Un ahora que es brillante y que va a terminar de consolidar el branding del arte colombiano.

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Si bien pareció haber todo un planteamiento para iniciar la discusión “El mercado del arte colombiano ha vivido una revolución parecida al auge del arte brasileño hace una década”, el debate favoreció una camaradería descriptiva de las formas como los agentes del arte (específicamente Ana Sokoloff y José Ignacio Roca) se mueven en la escena internacional y observan el panorama que ha planteado María Paz Gaviria con la feria. Una vez más nos preguntamos ¿Quienes están definiendo las dinámicas del arte colombiano ahora, por lo menos en el ámbito del mercado?

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La experiencia nos ayuda a entender que estos agentes (Roca y Sokoloff) han hecho desde los noventas un trabajo arduo, serio y recursivo para ingresar a las dinámicas del mundo del arte a nivel internacional y lo han logrado. Ese tampoco es el problema. Hay cierta esperanza en sus apreciaciones, sus perspectivas y sus evaluaciones sobre las condiciones que los artistas y gestores estamos preparando desde la academia y los espacios de circulación para que la producción artística se mueva y crezca. Escuchando la conferencia cuasi debate me preguntaba: definitivamente ¿Dónde están los que quieren debatir temas tan álgidos como el ahora del Salón Nacional de Artistas; la apertura y relevancia de la producción artística local para la mirada latinoamericana representada en el debate por Eduardo Brandao; el verdadero boom de un circuito del arte joven autogestionado en espacios independientes; la flaqueza y poco empoderamiento de las instituciones y museos para fortalecer el sistema artístico; o las implicaciones de una internacionalización del arte colombiano?

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Hay una ausencia casi autodestructiva de agentes que permitan crecer el debate, una falta de voz reflexiva que ofrezca múltiples perspectivas además de las contundentes que ofrecen Roca o Sokoloff, hay un descontento general que es anónimo y que no se conoce sino en las condiciones de un comentario sarcástico con el compañero de al lado o con el amigo que casualmente uno se encuentra en la inauguración de ArtBo. (Me preguntaban ayer precisamente en la inauguración de ArtBo con cierta malicia y según los acontecimientos: ¿Crees en el arte? Y yo me dije: Claro que creo en el arte, no se puede prescindir ni dudar de la potencia que tiene el arte para mover esquemas, transgredir parámetros y construir lenguajes. En lo que no creo es en los que asisten con credencial VIP y se pavonean para que la prensa los pesque y los monte en primera plana al siguiente día; y contesté: Estoy empezando a creer porque estoy empezando a entender el mercado)

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El debate no fue propiamente debate, las acciones amigables y las perspectivas conjuntas no formularon una discusión de la tesis ni una contraposición con ninguna de las perspectivas de los panelistas, no se abrió un espacio de preguntas al final del encuentro, la mediación de Dominique Rodriguez sirvió más para reiterar y redundar en temas poco propositivos y conciliar aún más a los ponentes. No fue un debate, pero si fue un indicador de las condiciones que nos proponen estos agentes y sus plataformas de acción: primero, hay un mercado latente que sí está buscando arte joven que en su discurso vaya más allá del mercado, una fórmula entre lo estético, lo conceptual y lo irreverente; segundo, no se puede negar que las formas de circulación autogestionadas o independientes además de fomentar el reconocimiento de lo que están haciendo los artistas emergentes, también están posibilitando una apertura del arte joven a la plataforma de mercado que nadie teme, porque hay una necesidad inmediata e innegable de vender y vivir del arte; y tercero, hay una urgencia por educar públicos capaces de generar criterios para dar autenticidad a los espacios de arte, las prácticas artísticas y las instituciones que gestionan el sistema de la cultura.

 

Así que

  1. Asista, por favor, a todos los eventos en estos días. Si no sabe, visite el mapa Circuito Bogotá http://www.bogotartecircuito.org/
  2. Si es muy cositero y le encantan las apps para su celular, descargue http://www.periodicoarteria.com/#!app/cmfj
  3. No es más transgresor ni va en contra del sistema si decide ignorar lo que está pasando en estos días con el arte en Bogotá. Documéntese y si le indigna los acontecimientos, puede dar su opinión con conocimiento.
  4. Y finalmente, disfrute de lo que pueda y quiera ver. Se trata de reconocer que si hay un boom del arte colombiano, hay formas de participar y validar la escena artística que se está construyendo.

 

 

Katherine Parrado

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