Performance con grillos y gusanos causa pánico en el metro de Nueva York

Una performer que ofrecía para la venta grillos y gusanos vivos en un vagón de metro de Nueva York lleno de gente, terminó lanzando accidentalmente los insectos a los pasajeros y generando una situación de pánico.

Cuando un adolescente golpea el cubo lleno de insectos, 600 grillos y gusanos salen volando y los pasajeros empiezan a gritar horrorizados hasta que alguien tira del freno de emergencia y el tren queda atrapado en el puente de Manhattan durante media hora. En ese lapso Zaida Pugh, la auto proclamada performer, orina en el suelo cubierto de gusanos.

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La artista fue detenida por la policía de Nueva York y le imputó a Pugh cargos de obstrucción a la administración, conducta inapropiada y falsa denuncia.

“Ella estaba golpeando las puertas y tratando de treparse por las ventanas. Todo el mundo tenía grillos en sus brazos. Mi novia estaba llorando” le dijo un pasajero al New York Post.

La detención de Pugh este martes se produjo poco después de que Pugh publicó un video en Facebook en el que se disculpa por lo sucedido y afirma temer por su vida. “Hay gente que realmente me odia… probablemente me quieren muerta. Ese no es el tipo de atención que quería”, dijo Pugh. “Yo realmente tenía un sueño y quería llegar lejos. Quería difundir una serie de mensajes, pero no quería que sucediera así. “Algunos internautas expresaron simpatía por Pugh, mientras que otros la acusaron de ser una attention seeker llorando “lágrimas de cocodrilo”.

Los “mensajes” que la performer quería difundir buscaba que los neoyorquinos reflexionaran sobre el trato que se le da a en el metro a personas sin hogar y enfermos mentales: “Hice esto para mostrar cómo la gente reacciona a las situaciones con las personas sin hogar y las personas con problemas de salud mental”, dijo Pugh.

Zaida Pugh afirmó que ha hecho más de 50 actos similares, incluyendo uno en el que simula apuñalar a un bebé en un vídeo que se hizo viral, y que ella se reivindica que se entiende como “una llamada de atención para todos”

vía @hyperallergic

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Un Salón con Ambiente Familiar

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A partir de la publicación de la lista de artistas invitados es posible darse una idea de la escala del Salón Nacional, de la procedencia de los artistas, del tipo de obras que podremos ver, su relación con los intereses particulares de cada curador, y la pertinencia con la plataforma curatorial.

Discreto, acogedor y sin grandes discusiones, así parece que será el Salón Nacional de Artistas a inaugurarse en Pereira el próximo 16 de septiembre.

Conversación con Guillermo Vanegas, curador del #44SNA con énfasis en la investigación regional.

 


La Caza

La historia de un Lucas que se parece a la de nuestro Lucas

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Lucas está divorciado, vive solo, tiene una perrita llamada Fanny y es profesor en un pequeño pueblo danés. Con esta premisa inicia la película Jagten (The Hunt en inglés o La Caza en español).

Un día una de sus estudiantes escribe un texto y realiza una acción –seguramente con la idea de llamar la atención de su maestro–, la situación se maquilla y descontextualiza, sale del círculo de lo privado y entra en la esfera de lo público donde un profundo desconocimiento de la inocencia estudiantil y la susceptibilidad a la histeria en masa desemboca en una epidemia de miedo y odio.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

No es asunto de nadie mas que de Lucas Ospina y Piedad Bonnett el malentendido que un texto –y la consecuente acción de compartirlo– pudo generar, incluso si luego es Bonnett quien decide recurrir a un conducto regular para hacer público el asunto; cada quien lidia con aquello que no tiene nombre a su manera. Sin embargo nos encontramos con una situación similar que en Jagten: todas las estructuras de poder (una facultad, un medio de prensa, la directora de una escuela) publican lo sucedido para evitar ser cómplices de una conspiración de silencio, y a su vez exaltan el testimonio de la perjudicada como escudo moral para evitar parecer insensibles ante la tragedia; esta combinación funciona a la perfección para satanizar a una persona inocente.

En la película la cacería escala rápidamente, y ante la incertidumbre de si creer en el estudiante o en el profesor los números importan, el momentum de la masa dicta la verdad, y aflora todo ese miedo y salvajismo que se esconde debajo de las estructuras burguesas, lo que termina reduciendo a Lucas a su mínima expresión: es golpeado, restringido, atentan en contra de los suyos y no le queda mas que cavar un hoyo donde esconderse a la espera de un destino mejor.

Esperemos que luego del matoneo público Ospina no tenga que cavar un hoyo propio.

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Por Nicolás R. Melo

(Imágenes parte de la película Jagten de Thomas Vinterberg)


Apoyo

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Lucas Ospina en una presentación que hizo en Bogotá y en bogotano para un emprendimiento cuyos dueños creen que deben titular en inglés y subtitular en castellano.

Yo no estudié con Lucas Ospina. No habría podido. La universidad donde trabaja es, en realidad, innecesariamente cara. Pero él fue quien me ayudó a resolver esa gran duda que tuve cuando gasté las primeras etapas de mi inscripción profesional. A pesar de que en  2005 gané dos premios por escribir crítica, académicamente era nadie: había terminado mi carrera de psicología a patadas (con una tesis fatal), no acabé mi segundo pregrado en artes (de hecho, había abandonado un plan de estudios lamentable), apenas había ingresado al grupo de guías del Museo Nacional (como voluntario), me sostenía como mesero (llegando a servirle a curadores que antes admiraba y ya no), a veces era montajista de exposiciones (algunas muy buenas), y sólo escribía en esferapublica (cuando la gente se limitaba a ver ese medio como un patio de colegio útil para casar peleas –algunas  muy buenas–).

Entonces, sin fijarse en que yo carecía de esa talanquera de validación de la tontez que suele ser la titulación en posgrado en nuestro país, me invitó a dictar clase en la Universidad de los Andes. En serio, por haber tratado un tema en público con rigor, me ofreció una cátedra. De no haber sido por él y su criterio no apendejado por las mordazas derivadas del Tratado de Bolonia, jamás habría podido iniciar mi labor como docente en artes. Ni habría podido conocer a muchos de los mejores artistas del país antes de que se alejaran triunfantes, o habría perdido la oportunidad de discutir en ese foro privilegiado que es un salón de clases. Habría carecido de enriquecedoras discusiones sobre política cultural que sólo así pude sostener con artistas y gestores más experimentados, o no habría entendido las implicaciones de hacer curaduría. No habría podido discutir sobre las taras de mi escritura ni había recibido recomendaciones puntuales sobre modos de investigar, etc.

Posteriormente, participamos en la discusión sobre la crisis que representó para las artes visuales de Bogotá la desgraciada gestión de la alcancía de Samuel Moreno Rojas. De hecho, hizo parte de una exposición malita que organizamos en El Bodegón sobre ese tema; de hecho, fue el único que opinó en público sobre ese sitio –en el mismo periódico donde Piedad Bonnett acaba de exigir venganza implacable en su contra–; de hecho, fue el primero que comentó la necesidad de que el Estado apoyara los Espacios Independientes; de hecho, fue uno de los pocos que me ayudó a entender en breves discusiones esos fenómenos chistositos que eran las primeras ferias de arte contemporáneo del siglo XXI en Bogotá; de hecho, fue alguien que me enseñó que el acto de burlarse de sí mismo es una labor que sólo sirve si se da de manera sostenida; de hecho me recomendó amablemente, y en más de una ocasión, que abandonara opiniones simplemente estúpidas. De hecho, en ocasiones me enseño y en otras, sólo me escuchó.

Lamento que hoy sea objeto de unos de los arrebatos cíclicos de furia que alteran las corrientes de opinión de este país. Lamento que haya entre sus colegas quienes estén aprovechando la ira de Bonnett para sacar a relucir su encono. Lo acompaño en este momento, de lejos, pero sinceramente.

-Guillermo Vanegas


Lista de Artistas Invitados al Salón

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Podcast con una versión resumida del lanzamiento de la lista de artistas del #44SNA con apartes* de la presentación a cargo de Carolina Ponce de León, quien se refiere a la importancia de la internacionalización del salón y el hecho que se realice por curadores locales. El equipo curatorial, compuesto por Rosa Angel, Víctor Albarracín y Guillermo Vanegas (e Inti Guerrero, quien no estaba presente en el lanzamiento) hablan de su propuesta curatorial y la forma como entran en relación los artistas invitados. El audio cierra con algunas preguntas del público.

* versión resumida de la presentación (se omitieron presentaciones formales, agradecimientos, créditos, reiteraciones argumentales…)

El jurado del Salón en el momento de votar a favor de una obra (levantando el bastón como signo de aprobación)

El jurado del Salón en el momento de votar a favor de una obra (levantando el bastón como signo de aprobación) Paris, 1903.

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El jurado del Salón en el momento de votar a favor de una obra (rodeados por una cuerda, para evitar que se dispersen o dañen alguna obra) Paris, 1880.

Lineamientos curatoriales, entrevistas y dossier del #SNA >

http://esferapublica.org/nfblog/entrevista-con-rosa-angel-directora-artistica-del-44sna/


Yo También Soy Estudiante de Lucas Ospina

Lucas Ospina se equivocó, él lo sabe, se disculpó públicamente ante los medios, pidiendo perdón a Piedad Bonnet. El punto de este llamado no es para olvidar el error, sino para que no se cometa otro: el dejar que la representación satanizada que se está generando desde los medios masivos y las redes sociales sea la única representación de Lucas Ospina. Eso es lo que estamos pidiendo, nada más. Es importante hacer estos gestos micro-políticos dentro de nuestra misma comunidad, para que la instrumentalización de la moral, la “vuelta al orden” y el conservadurismo que están caracterizando ésta década, no gobiernen nuestros cuerpos e instituciones. Queremos hablar de cómo Lucas Ospina fue y ha sido un interlocutor, un tutor, un oyente y especialmente un amigo. Queremos hablar de cómo Lucas fue relevante para nosotros cuando fuimos sus estudiantes, para nuestra formación como artistas, curadores, profesores, y especialmente ciudadanos.

Carolina Cerón, Inti Guerrero y María Angélica Quiroga.

“En relación al post de Lucas: A lo largo de mi paso por la carrera de arte en los Andes tuve clase con Lucas en repetidas ocasiones, desde el primer hasta el último semestre. Lo veo en retrospectiva no como un agregado de distintas clases, sino como un proceso formativo unificado, que se complementó además por las veces en las que lo asistí con la clase de Arte y Cine. Si algo me quedó de todo este tiempo, más allá de los contenidos puntuales que se esfuman facilmente, diría que es una actitud crítica desinteresada. No una crítica necesariamente productiva, sino una crítica en sí misma, autosuficiente, necesaria. La necesidad de hacer crítica por hacer crítica, de confundirse y confundir, no casarse con absolutos ni definitivas, en nada. Espero que no se zanje más en este tema, si se quiere saber de la calidad de Lucas como maestro y como persona más allá de su persona en el patíbulo basta con ver los testimonios de sus alumnos.

Antonio Castles

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Es difícil pensar a lo largo de mi vida en un mejor profesor que Lucas Ospina. Siempre que pude meter alguna de sus clases lo hice y sigo agradecida con él por haber sido tan generoso con su conocimiento y su tiempo, una persona justa, parcial, inteligente, sarcástica, tranquila, directa. Recuerdo que su grupo de trabajo de grado era el que primero se llenaba, me inscribí el primer día que se abrían las inscripciones y como iba en bicicleta a la Universidad, salí de mi casa un poquito antes de que amaneciera para poder llegar a tiempo, con todo y eso no fui la primera en inscribirme pero pude hacerlo y a raíz de haber compartido ese año tan de cerca con él logré dar un paso importante en mi carrera y 11 años después sigue siendo un referente significativo””

Liliana Vélez

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Yo también fui estudiante de Lucas Ospina y compañera de clase de Daniel. Las clases de Lucas eran fascinantes. Te llenaban la cabeza de preguntas sobre el lugar y el valor del arte y te hacían cuestionar hasta dónde llega éste. Lucas admite su error desde un arrepentimiento profundo y quiero destacar que un error no borra una vida entera de logros y proezas. Por otro lado, debo decir que siempre sentí un aire de soberbia de su parte. Sacó lo mejor de mí como asesor de mi proyecto de grado y valoro mucho sus enseñanzas, pero también me hirió con comentarios despectivos y con tono de burla que sobran en un maestro. Creo que esta mala experiencia ha sabido humanizar a un profesor que se alimentó de la admiración de sus estudiantes y colegas y si esto lo vuelve más humilde, podemos sacar algo positivo”

Erika Ferreira

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Yo no estudié con Lucas Ospina. No habría podido. La universidad donde trabaja es, en realidad, innecesariamente cara. Pero él fue quien me ayudó a resolver esa gran duda que tuve cuando gasté las primeras etapas de mi inscripción profesional. A pesar de que en  2005 gané dos premios por escribir crítica, académicamente era nadie: había terminado mi carrera de psicología a patadas (con una tesis fatal), no acabé mi segundo pregrado en artes (de hecho, había abandonado un plan de estudios lamentable), apenas había ingresado al grupo de guías del Museo Nacional (como voluntario), me sostenía como mesero (llegando a servirle a curadores que antes admiraba y ya no), a veces era montajista de exposiciones (algunas muy buenas), y sólo escribía en esferapublica (cuando la gente se limitaba a ver ese medio como un patio de colegio útil para casar peleas –algunas  muy buenas–).

Entonces, sin fijarse en que yo carecía de esa talanquera de validación de la tontez que suele ser la titulación en posgrado en nuestro país, me invitó a dictar clase en la Universidad de los Andes. En serio, por haber tratado un tema en público con rigor, me ofreció una cátedra. De no haber sido por él y su criterio no apendejado por las mordazas derivadas del Tratado de Bolonia, jamás habría podido iniciar mi labor como docente en artes. Ni habría podido conocer a muchos de los mejores artistas del país antes de que se alejaran triunfantes, o habría perdido la oportunidad de discutir en ese foro privilegiado que es un salón de clases. Habría carecido de enriquecedoras discusiones sobre política cultural que sólo así pude sostener con artistas y gestores más experimentados, o no habría entendido las implicaciones de hacer curaduría. No habría podido discutir sobre las taras de mi escritura ni había recibido recomendaciones puntuales sobre modos de investigar, etc.

Posteriormente, participamos en la discusión sobre la crisis que representó para las artes visuales de Bogotá la desgraciada gestión de la alcancía de Samuel Moreno Rojas. De hecho, hizo parte de una exposición malita que organizamos en El Bodegón sobre ese tema; de hecho, fue el único que opinó en público sobre ese sitio –en el mismo periódico donde Piedad Bonnett acaba de exigir venganza implacable en su contra–; de hecho, fue el primero que comentó la necesidad de que el Estado apoyara los Espacios Independientes; de hecho, fue uno de los pocos que me ayudó a entender en breves discusiones esos fenómenos chistositos que eran las primeras ferias de arte contemporáneo del siglo XXI en Bogotá; de hecho, fue alguien que me enseñó que el acto de burlarse de sí mismo es una labor que sólo sirve si se da de manera sostenida; de hecho me recomendó amablemente, y en más de una ocasión, que abandonara opiniones simplemente estúpidas. De hecho, en ocasiones me enseño y en otras, sólo me escuchó.

Lamento que hoy sea objeto de unos de los arrebatos cíclicos de furia que alteran las corrientes de opinión de este país. Lamento que haya entre sus colegas quienes estén aprovechando la ira de Bonnett para sacar a relucir su encono. Lo acompaño en este momento, de lejos, pero sinceramente.”

Guillermo Vanegas

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Camine hasta la fotocopiadora. Escoja  un texto (fuera del área de las humanidades) y expóngalo frente a la clase.” Ese es un ejercicio de Lucas Ospina. Ejercicio que induce a describir, interpretar y poner en crisis el material escogido. El día que expuse y escuche a mis compañeros, entendí que esa acción  servía para señalar el bagaje, la mirada de cada lector, de cada estudiante. Me di cuenta que siempre que uno se acerca a otra disciplina, uno sabe algo. Todos teníamos algo que decir. Más aún, la posibilidad, la imaginación  y las dudas  cobraron  importancia. Nada se podía dar por sentado. La alegría fue pensar diferentes maneras de mostrar, de expresar un mensaje. De encontrar un mensaje si se quiere. Quizá por ello y porqué conversamos capítulo a capítulo “El Maestro ignorante”, de Jacques Rancière, yo me he dado la oportunidad de  escribir una tesis en español en un lugar el que el quien no habla alemán, habla ruso, en general se habla polaco y yo no hablo ninguno de los anteriores. Quizá por eso se me ocurrió que podía aprender a leer notación musical medieval. Quizá por eso he saltado de país en país, de sistema educativo en sistema educativo, de universidad en universidad, por departamentos de teatro, historia del arte, música, literatura comparada, filología. Mi supuesta valentía viene de entender la importancia de la posibilidad.  Porque si yo hago el esfuerzo conceptual y físico, en palabras de Ospina: “Ahí hay algo”. 

Carmen Elvira Brigard

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Hace poco me tomé un café con un amigo cercano y hablábamos de lo que era ser profesor hoy y de los profesores que tuvimos cuando estudiábamos arte en la Universidad de los Andes. Hablamos que lo que propiciaba Lucas Ospina como profesor y como asesor de proyectos de grado era un espacio de confianza en lo que uno estaba haciendo cuando uno no tenía idea de que estaba haciendo. Y que esa confianza –que no es confiancita con el profesor, sino confianza en que uno está en una búsqueda y eso está bien- fue tal vez lo que activó el haber podido hacer un proyecto de grado con el que al final uno como estudiante culmina un proceso y queda contento. Hablamos sobre todo que ojalá uno pudiera llegar un día a generar ese espacio de confianza en sí mismo y en lo que hace,  que supo generar Lucas en nosotros como estudiantes. Los que hemos sido estudiantes de Lucas Ospina, generación tras generación hemos querido reaccionar frente al juicio moral mediatizado de su labor como profesor, porque  es justo decir que sus clases, sus palabras, sus lecturas y lo que nos dio marcaron el camino de muchos de nosotros.”

Carolina Cerón Castilla

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Tuve el gran privilegio de haber sido estudiante de Lucas Ospina en Los Andes del 2001-2006. Sus sabias palabras y consejos dentro y fuera del salón de clase marcaron mi carrera como curador: En cada proceso de escritura de ensayos publicados, en cada conceptualización de una curaduría”

Inti Guerrero, Curador Adjunto Estrellita B. Brodsky de Arte Latinoamericano, Tate Modern, Londres

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Estudiar arte en los Andes y estudiar con Lucas Ospina son dos cosas muy diferentes. Lucas, en vez de ser un profesor, fue un interlocutor para todos quienes decidimos ser estudiantes de arte y aun así no nos conformábamos con esa decisión. Estudiar arte no era una decisión fácil, recuerdo que vivíamos entre un ambiente de crítica violenta a cualquier intento de producción, y sin ninguna perspectiva de futuro después de la universidad (la más cara del país). Y antes de ese abismo estaba Lucas, que supo aprovechar esos años de incertidumbre para instigar el pensamiento crítico. En vez del bodegón emocional, el Final Cut y los mismos ejercicios de dibujo de mediados de los noventa; Lucas nos hablaba del artista del hambre, de Bartleby, que prefería no hacerlo, nos enseñó a organizar nuestras precarias ideas y a imprimirlas en una gráfica, una reliquia de la universidad. Nos permitió en medio de esa guerra de seudo conceptuales a darnos el beneficio de la duda y oír nuestras digresiones, inclusive a oír a quien erra cuando escribe. Cruzarse con un Lucas Ospina es tan improbable como cruzarse con un Seth Seigelaub o con un Michael Asher, porque hasta en los departamentos de arte existe la normatividad, y poco importa lo que se pueda hacer con un diploma que dice Maestro en Artes cuando ya han facturado la matrícula.”

María Quiroga, Directora, Galería Luisa Strina, Brasil

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“¿Qué es lo más importante de haber sido alumna de Lucas Ospina? ¿Qué es esa cosa que más recuerdo de sus clases y, más importante en este caso, de él como profesor? Probablemente de una cosa que (creo) decía: ‘Ahí hay algo’. Esa capacidad que Lucas tiene de ‘ver algo’ en lo que hacen sus estudiantes, de identificar cosas que podrían ser relevantes, que podrían ser algo más –u otra cosa–, que podrían arrojar indicios de algo más. Al graduarme y salir al mundo real, me di cuenta del privilegio que había perdido: había perdido al lector ideal, al espectador ideal, al interlocutor ideal. Alguien dispuesto a ver cosas en todos lados; dispuesto a leer con atención, a ver con atención, a oír con atención. De golpe me doy cuenta que algo de eso se quedó conmigo, que el privilegio no lo perdí del todo; me encuentro tratando de simular ese tipo de atención en la profesión que escogí, pues es precisamente de la atención atenta, de querer ver cosas ahí, de lo que más requiere un traductor.”

María Natalia Paillié

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 “Afortunadamente tuve el placer de cruzarme en mis años de estudiante en los Andes con este personaje al cual no era fácil satisfacer con los proyectos propuestos en clase si no al contrario, retaba a sacar lo mejor de mí en sus clases. No pondría en duda jamás su importancia como profesor y persona que escucha y exige. Errores los cometemos todos y disculparse demuestra la gran persona que  es Lucas Ospina.”

Maya Guerrero

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“Tengo que confesar que yo nunca entendí a Lucas Ospina. Nunca entendí su sonrisa, ni sus observaciones, ni sus comentarios y mucho menos sus silencios. Tomé dos clases con él y por supuesto me dejaron más preguntas que respuestas. Incluso hoy, cuando leo sus textos y de repente me alegro porque creo que lo voy entendiendo, me encuentro con la frase siguiente, justo después del punto y quedo . Pero ha sido precisamente la frustración de no entender la que me ha llevado a ser lo que soy. Él es sin duda, no solo un excelente maestro (de esos bien “agridulces” que duelen al principio y que con el tiempo, los años en mi caso, cuando uno por fin entendió alguito y uno dice “Aaaaaaaah, ok!” y sonríe), sino también una excelente persona.”

María Esmeral Henríquez, Historiadora de Arte, investigación Arte en el siglo XIX, La Sorbonna, París.

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“Fui estudiante de Lucas Ospina entre el 2004 y el 2007. Con Ospina aprendí a ser crítica, rigurosa con mi trabajo, a no quedarme con lo que me sentía cómoda y a explorar temas complejos con sensibilidad y humor. A descubrirme y descubrir de manera creativa en un salón de clases, pero sobre todo a expandir los límites del aula a la vida cotidiana. Gracias a Lucas aprendí que una persona puede enseñar en la medida que ha tenido buenos profesores, y si cuenta con mentores que le ayudan a pulir y mejorar cada día. Para mi él ha sido ambos.” 

María Estrada-Fuentes. Candidata a Doctorado en la School of Theatre, Performance and Cultural Policy Studies, University of Warwick. Early Career Fellow (2016-2017) en el Institute for Advanced Studies, University of Warwick.

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

He intentado no escribir alrededor del asunto por que conozco a las partes implicadas y al intentar balancear una posición, la imagen de mi última conversa con Daniel se sobrepone a cualquiera de mis opiniones. Debo afirmar aquí que su ausencia aun me pesa. Los encuentros con Daniel, normalmente en el intermedio de las conversas sobre las tesis con Lucas y eventualmente en el taller de Pardito, eran espontáneos pero profundos y vitales para la practica. Sin embargo, a pesar de haber tomado lo que considero una posición más adecuada para la situación, enviando algunos mensajes internos, me deparo ante la masa de información un poco confuso y asustado, por eso me veo en la función de escribir como compañero de Daniel y como alumno y colega de Lucas. Ha Lucas le envío “aquele” abrazo y le agradezco y le agradeceré siempre la formación como artista y ser humano que me dio. Su papel como profesor sobrepasa tales funciones, es uno de mis interlocutores y colegas que más admiro y aprecio. Sus opiniones, sugestiones y criticas fueron y siguen siendo valiosas para cada acción que realizo como artista, educador y ser humano. Digo ser humano pues eso que llamamos de vida es ejercicio de lo que es ser artista y eso me lo enseño muy bien Lucas, entre otros docentes. Todos los procesos artísticos y profesionales en los que he trabajado en mis 13 años de vida profesional fueron y serán influenciados por sus enseñanzas, su sentido del humor y su posición crítica. Lucas esta lejos de ser el monstruo mediático con profunda falta de empatía, imagen atribuida por los medios y las opiniones parciales de un cantidad de extraños, a él y a todo el contexto, que hoy opinan. Veo asombrado la capacidad y la parcialidad de todos aquellos que hablan sin conocer más que lo otorgado por los medios y me asusta pensar que al cometer un error hoy ya no hay redención que salve, aun admitiendo la culpa y explicándose. Se que Dani apreciaba la función y el papel de Lucas tanto como yo y todos los que han escrito. Dicho esto la ausencia de Dani me alcanza y sobrecoge nuevamente.

Carlos Monroy, artista

#yotambiensoyestudiantedelucasospina

“En mi posición de estudiante de la Universidad de Los Andes, nunca he sentido mayor frustración que cuando suceden “escándalos” que “manchan” la “imagen” de la institución. En parte porque los medios son morbosos al respecto. Del dolor del caso Colmenares pasan al supuesto matoneo a los becarios, grupo al que pertenezco desde el 2011, basados en una página de rumores de Facebook…¡de la universidad de la Sabana! Luego, los medios denuncian una página de humor negro al mejor estilo de las que pululan en la internet constituida por alumnos y externos de la universidad, de apenas un año de creación. Ello, aun cuando los estudiantes de la universidad nacional también hicieron una página similar consolidada hace más de un lustro . En fin, parece que a los medios de éste país les encanta poner a la universidad de Los Andes en la palestra por un extraño placer. Y eso que hablamos de los medios y no de las personas que los comentan en internet, porque para hablar de los últimos habría que hacer un estudio sobre qué motiva al comentarista colombiano de noticias promedio a escribir cosas tan cargadas de odio, de revanchismo y de mala gramática. Ambas conductas, la morbosa y la curiosamente llena de odio hacía una institución y personas enteramente desconocidas, resurgen hoy con el nuevo escándalo: La columna “Historia de un oprobio” del 20 de agosto de Piedad Bonnet sobre el caso de Lucas Ospina, profesor de Los Andes y el desafortunado incidente que ocurrió a raíz del texto de un estudiante que Ospina le envió a la Bonnet hace ocho meses. Descifrar las motivaciones. Descifrar las motivaciones detrás de la Sra Bonnet, de Lucas y del Alumno que escribió un texto tan cargado de malicia es más complejo de lo que pareciera. La columna tiene un aire a revancha de una mujer herida y cómo no estarlo, después de algo tan terrible; algo que “No tiene nombre”.

Pero la respuesta de Lucas deja entrever a un hombre que sabe que cometió un error y que lamenta el dolor que generó en alguien a quien consideraba cercano . De fondo queda el estudiante que escribió el texto que le generó el oprobio a la reconocida escritora por el actuar de Ospina; un estudiante que ahora debe estar aterrorizado ante el temor de verse sometido a la palestra de una sociedad tan presta a juzgar pero tan pronta a olvidar. El alumno, de acuerdo a lo que deja ver Ospina en su respuesta y por la naturaleza de la clase que dicta, sabía que su texto podría ser más o menos público dentro del campus en algún punto. Pero creo que nunca esperó que fuera tan público. Y menos cuando es un texto tan íntimamente desagradable como dejan entrever los escritos de Bonnet y Ospina. Más aún, no creo que creyera que su texto iba a ser parte de las charlas inquisitoriales mañaneras de Julito y compañía en la “W Radio” que muchas veces le dan importancia nacional a cosas demasiado triviales; ni que el equipo del periodista de radio llegara a exigir una “sanción” a un estudiante que, a pesar de escribir algo que nos resulta tan perverso, está amparado por la libertad de expresión. Pero bueno, esto último es un valor en desuso para los claroscuros desagradables de nuestra bananera sociedad colombiana, que interioriza nombres y no ideas.

Sin embargo, a pesar de que las intenciones detrás de los textos no sean claras y que parezcan variar según el que opine, es evidente que éste es un asunto más íntimo que público y que, por el poder mediático de la columna de Bonnet, sumado al consabido morbo con Los Andes; adquirió ipso facto importancia nacional. Atrás quedó, por ejemplo, la subida del caño y muerte de más de una veintena de indigentes la semana pasada en la ciudad de Bogotá, los niños de la Guajira, la minería ilegal, o los twits de Uribe: Hoy es Lucas Ospina nuestro villano favorito.

Pero el problema es que los medios, la gente y el texto de Bonnet construyeron un Ospina distinto al que yo conozco. Al que me ha dado clases. Yo originalmente no iba a ser estudiante de Arte de los Andes. Yo iba a ser un abogado, graduado de la Facultad de Derecho; que estudiaba más por practicidad que por placer. En una época de mi vida llena de dudas y preguntas al darme cuenta que mi carrera no era mi pasión, empecé a explorar otras disciplinas hasta llegar a una clase llamada “Artista, Obra y Espacio” que era dictada por Lucas Ospina, Mariángela Méndez y Jaime Iregui. Fue nada más al estar en esa clase, oír a Lucas y a los demás profesores, cuestionarlos, inquirirlos, retarlos y dejarme retar que me di cuenta que había algo en mí que se había encendido. Una pasión inexplorada de un joven que nunca pensó ser artista porque consideraba que el acto creativo del que habla Deleuze se reducía a lo plástico. Fue esa clase la que me motivó a empezar a estudiar Arte a la par que Derecho. Porque eso es algo que permite la universidad: estudiar dos carreras al tiempo, no importa cuán descabellado sea esa mezcla. Con el tiempo fui conociendo más a Ospina. Supe que era un profesor con un gusto por escuchar a sus estudiantes, bastante desorganizado y muy caustico en su crítica sarcástica al status quo del arte y del mundo en general; del que no se niega como actor, sino que se reconoce y acepta en contradicción. Conocí a un tipo que estaba a gusto en los Andes, no por la institucionalidad burocrática, acartonada y aterrada de ser diferente; sino por sus estudiantes, a los que siempre les tuvo las puertas abiertas. Nada más el viernes, antes de que surgiera el texto de Bonnet, Ospina y yo hablamos de un proyecto que tengo entre manos. Me ofreció su apoyo y darle seguimiento a mi trabajo; no porque sea una tesis o similar, sino porque soy su estudiante y las iniciativas estudiantiles le resultan valiosísimas. Pareciera, por el tono, que lo estoy adulando; pero no tengo otra forma de expresar cómo es el Lucas Ospina que yo he conocido.

Sé, por una experiencia personal que no quiero ventilar aquí, lo que se siente perder a alguien de la manera en que la señora (sra.) Bonnet perdió a Daniel Segura. No entiendo, sin embargo, lo que es perder a un hijo. Al recordar a esa persona que perdí siento un nudo brutal en el estómago y el mundo se me vuelve ceniza y sombra, vacío y dolor. Ahora, ¿no se sentirá una madre Cien mil veces peor? Por eso encuentro justificable el texto, la ira y el deseo de un castigo justo a un oprobio como el que sufrió la sra Bonnet. Sin embargo, al leer la respuesta de Ospina, no encuentro al torturador pintado por los medios sino a un hombre que se sabe equivocado, que no consideró el efecto que tendría el texto que envió en relación con los sentimientos de una madre y que lo hizo pensando en un ejercicio de memoria, de recuerdo, (aunque terrible) de Segura; el hijo de Bonnet. Si Lucas fuera un monstruo cruel, no habría organizado la exposición que hizo alrededor de la obra de Segura. No habría tenido consideración con Bonnet; ni siquiera le hubiera respondido. Los sádicos no suelen ser empáticos con los objetos de su deseo cruel. Pero Lucas respondió afectado, compungido y terriblemente arrepentido. Respondió a la altura del Lucas Ospina que me ha dado clase, al que he conocido, al que llamo “profesor”.

Sabiendo esto, entiendo el desahogo, la queja, la denuncia de la sra Bonnet. Entiendo a Ospina, su arrepentimiento y su tristeza. Nunca entenderé al estudiante del texto; para él mi infinito disgusto, pero respeto su libertad de expresarse de la manera en que lo hizo. Y para los medios de éste país a los que aspiro pertenecer algún día (pues también adelanto la opción en periodismo del CEPER de la universidad de los Andes): nunca entenderé su morbo con mi universidad. Nunca comprenderé por qué les fascina tanto inventarse historias sobre los Andes, convertirnos en noticia nacional, hacernos ver a becarios y estudiantes como yupies, ricachones o niños mimados. Nunca entenderé por qué insisten en la noticiabilidad de Los Andes, una universidad de la señorial Bogotá, cuando hay noticias (muchas) allá donde no van: la Guajira, el Meta, el Amazonas, el Chocó…Nunca entenderé su gusto por crear monstruos de papel, partiendo de personas de carne y hueso. Por eso, me seguirán frustrando las noticias que hagan sobre mi universidad. Y por eso hoy digo, que yo, al igual que muchas personas, fui y soy alumno de Lucas Ospina. No del Lucas que ustedes crearon; sino del que yo he conocido.

A modo de colofón, debo admitir que me indigna la demora en la respuesta del Comité Disciplinario del Consejo Superior de la Universidad. Creo que si hay un fallo, es ahí. Entiendo que hayan concluido que no hay una sanción disciplinaria, pues estos actos son más íntimos que públicos; por las razones expuestas anteriormente. Entiendo que adelantarán una investigación juiciosa; pero ¿era necesaria tamaña espera en silencio? Ahí coincido con la Sra. Bonnet en lo oprobioso que resulta esa conducta. Pero considero que ese fallo no tiene importancia nacional. Dudo mucho incluso si regional o de ciudad. Considero que muchas instituciones educativas tienen esos y otros fallos administrativos profundamente peores, sin que se les considere noticia. Por eso, entiendo que la Bonnet haya publicado la columna que publicó; pero no comprendo el eco que le dieron los medios nacionales.”

David Agudelo

#yotambiensoyestudiantedelucasospina


La Biblioteca y la Muralla China, estética del intersticio

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A propósito de Andrés Caicedo: devorador de libros, Conversación  entre Rosario Caicedo y Sandro Romero Rey en San Librario Libros

“Es posible que ni aun estas consideraciones adversas a la construcción de la muralla hayan sido pasadas por alto por la Conducción al decidirse el sistema de construcción parcial. Sólo deletreando las disposiciones de la Suprema Conducción hemos llegado-hablo aquí ciertamente en nombre de muchos-a conocernos nosotros mismos y a encontrar que sin la Conducción, no habrían alcanzado nuestra sabiduría escolar y nuestro entendimiento para el modesto cargo que teníamos en el gran conjunto. En el cuarto de la Conducción -nadie de los que interrogué supo decirme dónde estaba y quiénes se sentaban allí-, en ese cuarto giraban seguramente todos los pensamientos y deseos humanos y en círculos contrarios todas  las metas y realizaciones. A través de la ventana caía sobre las manos de la Conducción que dibujaban planos, el reflejo de los mundos divinos. “

De la construcción de la muralla china, Franz Kafka

Vienen viajando en una maleta. Durante mucho tiempo estuvieron en un viejo baúl donde dejó resguardado prácticamente todo su archivo y parte de su biblioteca más cercana. Reconozco algunas carátulas en la fotografía que ha compartido San Librario esta mañana. Las olas, Ecce Homo, Historias dos veces contadas, Golpe de Dados, Bajo el volcán , Film 71-72, Adán Buenosayres, Billy the kid, Barrio de broncas, El llano en llamas, El corto verano de la anarquía, Billy Wilder: The apartment and the fortune coke, La naranja mecánica. Una edición de El atravesado con una dedicatoria a su hermana Rosario firmada en Cali en septiembre 29 de 1975.

Sabemos que habría de construirse una muralla, pero su noticia ha llegado demasiado tarde a las playas de este río y en medio del calor. El Pance sigue implacable su curso aún a sabiendas de la espera, en su margen derecha él descansa mientras pasa otra página y otra. Lee a Kafka. Y después entrecortadamente se anima a leer en voz alta para oirse y oir su propia cadencia. Oir a kafka en su voz. A solas, al viento y al sol de aquella tarde.

La muralla china, el cuento de la biblioteca interminable. Los intersticios. Los espacios en blanco que habrán de dejarse para que llegue Dios. Se inhala lentamente pero no se exhala inmediatamente. Es necesario que el aire lo invada todo suavemente y luego sí la exhalación. La palabra completa.

En los intesticios no había nada, sólo el vacío, pero pocos podrían adivinarlo. Todo el mundo caminaba a lo largo de la muralla con la certeza de su continuidad. La gente tomaba vistas allí arriba y luego las revelaba y confirmaba su trayecto, y contaba animadamente a sus parientes y amigos el largo trayecto que había hecho, recorriendo la muralla. Pero era sólo una apariencia, la gente en realidad no recorría el largo trayecto que equivaldría a atravesar todo el país, la larga trayectoria de la muralla.

Los recorridos eran sólo nominales. Así que se apeaban del taxi y caminaban apenas un pequeño trayecto, lo suficientemente convincente para dar a sus vistas fotográficas un aire de credulidad. Pero no era así y jamás nadie podría saberlo.

Para encontrar esa verdad los caminantes ocasionales tendrían que haber hecho el recorrido de verdad. Y haberse cerciorado de los intersticios, de las brechas de la muralla en que no hay nada. Sólo un vacío que es preciso sortear.

Era necesario descender del trecho de muralla y comenzar a caminar por los desfiladeros, lo que haría de la travesía un recurrente tentar a la muerte. Los vacíos eran profundos y no se conocía de ninguna patrulla de caminos que estuviera por allí atenta a los accidentes de la travesía.

Era evidente que los textos quedarían sin terminar. Entre uno y otro se instalaba un vacío. Una pausa en que quedaba suspendido el desarrollo para más adelante. Supeditado a la terminación de un nuevo texto que acababa de comenzar. Y así fueron apareciendo nfinidad de nuevos comienzos que apenas avanzaban unas pocas cuartillas. Luego venía el desaliento, la pesadumbre de no saber continuar. La sensación de fatiga infinita , de despropósito. Era una especie de molicie emocional. Llegaba el desierto, la aridez. Entonces pasaba a las críticas de cine, contaba con material suficiente para esconder el desgano a la trama mientras la crítica de cine avanzaba. Podría esperar otra semana más mientras aparecía otra crítica luego del estreno de la película y luego vendría otra  y otra, y así la  novela tendría que aplazarse un poco más todavía. Estaba el pretexto de la crítica, de un público ávido que esperaba su reseña. Las reseñas aparecían puntualmente cada domingo antes del matinal.

Entonces se le ocurrió una forma de escritura parcial. Se trataba de escribir un sin número de fragmentos cada uno obedeciendo a su propio ritmo y a su idea. De manera que la novela podría avanzar sin necesidad de un centro motor o de alguna continuidad argumentativa. Las piezas se sostendrían por sí solas y desde afuera tendrían una apariencia de continuidad. Nadie notaría las grietas, los intersticios faltantes entre un fragmento y otro. Desde afuera el lector apenas si notaría un pequeño bache pero lo más probable es que lo atribuyera a su propio ritmo de lectura. A su propia respiración. Así podría escribir en cualquier lado sin necesidad de recordar el hilo conductor. Los fragmentos se ensamblarían por efecto de esa apariencia de linealidad proporcionada por el libro impreso. Nadie notaría los faltantes. Y desde afuera sería apreciable el volumen, entones sería factible la novela.

El sueño de la novela cobraba realidad pero no serían más más que una serie infinita de anotaciones incongruentes, ensambladas para dar la apariencia de un relato. Sería necesario recordar la autoridad política y la notoriedad que tenían los poetas en el país.  Por eso el riesgo de aparentar con sus fragmentos el ser apenas un aprendiz. Un recién aparecido.

El crítico en cambio, años después de la desaparición del escritor buscó una pista para poder ensamblar los fragmentos. Desde la universidad su ojo experto fue entrenado en la penosa labor de ensamblamiento. De noche. Bajo la lámpara, iba ensamblando los fragmentos aludiendo a una unidad que pensaba existía tras de todo eso. El crítico estaba armado de un enorme arsenal de conceptos, pero ninguno aludía de manera concreta a los intersticios. En realidad, jamás encontró ninguna alusión a esta problemática en los años que completó su formación. Tampoco oyó acerca de ellos en los coloquios. Era un problema subterráneo que él también desconocía. Salvo por la frecuente sensación de interrupción que se iba imponiendo en su lectura de la novela.También los cientos de notas del final eran apabullantes y no sabía cómo lidiar con ellas ante la tarea de tener que dar cuenta de todo el material en su reseña.

La novela tenía cerca de 2000 páginas y las notas sumaban otras 300. Tendría poco tiempo para asmilarlo. Por otro lado estaban las críticas de cine y el asunto espinoso de su desaparición. Se trataba de asmilar los fragmentos y de reconducirlos de alguna manera hacia la idea.  El problema primero era entonces dar con la idea. Después ensamblaría las piezas de manera intuitiva. Su ojo había sido entrenado en cientos de hojas de pruebas escritas aleatoriamente. La idea tendría que aparecer. Pero daba vueltas en derredor de los fragmentos y cada vez más se sentía en el vórtice de la narración. El maelstrom. Algo lo alejaba del centro.

Y sucedió que el crítico encontró el método de lectura parcial , con lo que lograba superar el problema de los intersticios. Se trataba de someter a examen cada fragmento y luego reasumirlo sumándolo a la totalidad. El método aseguraba una continuidad y el crítico podría esbozar su visión de conjunto sobre cada zona parcial. Con lo que crearía la ilusión de un corpus organizado alrededor de la idea.

Sí. El crítico sabía que lo que estaba en juego era la unidad de la obra. Por eso hizo varias tentativas sobre los fragmentos a fin de que el resultado diera esa apariencia acabada y pudiera subsumirse una unidad. Sin embargo, se trataba sólo de una idea porque la unidad se había consolidado sólo en la mente del crítico. Ya se ingeniaría un mecanismo que lograra crear la ilusión de totalidad en sus futuros lectores.

Hay algo que se llama la Conducción y es la guía del crítico. La Conducción es un sistema de valores subsumido en otro de tal manera que su emergencia va sucediendo subrepticiamente y de manera parcial. El lector apenas si logra notar las coordenadas de semejantes valoraciones. El crítico en cambio las tiene muy presentes porque a través de esos valores casi imperceptibles es como puede ir previendo esa unidad.

Se trata de un valor casi insustancial, pero como de todas maneras es un valor, el crítico habrá de sostenerlo con su armadura conceptual. El crítico sin embargo lo roza sin alcanzarlo . Más allá de la idea el intersticio permanece como un centro inabordable. En realidad es el pico de la cresta de una ola. Los picos a los que asciende cada idea, y luego el declinar irremediable. El intersticio media entre esas dos inmensidades abismales. Apenas un punto antes del abismo. Del vacío conceptual. Allí donde la idea no logra su asiento es por tanto una zona infranqueable para toda caracterzación conceptual.

Y sin embargo Andrés Caicedo era consciente de la existencia de esos baches. Sugiriendo ncluso en una de sus notas que lo mejor de su obra descansaba en esos puntos terminales. Te separabas del manuscrito y sobrellevando la euforia lograbas calcularlo. Un atisbo apenas de esa zona inalcanzable incluso para ti.

Hasta aquí las anotaciones del crítico.

Mientras tanto te imagino cargando el peso de tu biblioteca a cuestas. De arriba hacia abajo mientras un gordo se burla impunemente de tu vicio. Entonces triste y un poco malogrado te encoges de hombros y decides refugiarte otra vez, por tercera vez en este día, en la sala oscura de una sala de cine.

 

Claudia Díaz, agosto 20 del año 2016