Eso, definitivamente, no fue un incidente aislado

Sobre la muestra de proyectos de grado de arte de la Universidad Nacional

“Es que este edificio es historia”, pensé, apenas pisé la entrada del 301, el edificio de Bellas Artes de la Universidad Nacional. No pensé en que era historia únicamente por su estado actual, evidente y similar al de muchos otros edificios de la Nacional, sino porque esa estructura habla por sí sola y, al entrar en ella, nos da indicios del sinfín de anécdotas y sucesos que alguna vez tuvieron lugar en sus pasillos.

Pensé también que los artistas que presentaban esta vez sus obras tenían, además de la presión de ser sus proyectos de grado, el peso de ser las últimas obras que se apoderarían de una forma tan absoluta de esa estructura que lleva ahí desde 1940. La responsabilidad de despedirse de forma digna de ese edificio que albergó más de seis generaciones de artistas y sus trabajos. Seguro por eso fue que el recorrido se sintió un tanto nostálgico, esperando, de pronto, que alguna obra resaltara el espacio que habitaba, que lo pusiera en diálogo y que de pronto le diera al espectador una idea –así fuera vaga- de lo que el edificio o, más bien, la facultad de Bellas Artes representaba para alguno de los artistas.

La muestra, que se titulaba Esto no es un incidente aislado, fue en su totalidad una respuesta a los sucesos que desembocaron en el estado actual del edificio (a punto de colapsar) y, a la vez, una especie de homenaje al mismo, como si el grupo de artistas también entendiera el presentar sus proyectos de grado como una responsabilidad con la estructura y la facultad.

Maira Montenegro, Tegumento 2017

En muchas situaciones las obras y el edificio funcionaban como un sólo suceso, se complementaban. En unos casos, por ejemplo, con Tegumento de Maira Montenegro, las piezas y el espacio conformaban una unidad a partir de elementos completamente opuestos. La limpieza de los dibujos de tejidos humanos y la gran textura blanca que caía en cascada desde el techo -que funcionaba como un segundo tejido, uno textil-, se contraponían a la madera desgastada en el suelo y las ventanas descuidadas. Se generaba así un diálogo entre cada uno de los elementos, donde inevitablemente el espacio ayudaba a potenciar la obra y sus pequeños detalles, pero las piezas no opacaban a su contenedor, más bien, ayudaban a contar su historia resaltando sus texturas y su edad. No me imaginaba la obra en otro lugar porque tampoco quería hacerlo.

Mónica Quijano .06, Cuántos Pájaros 2017

Las fuertes texturas del edificio, sin embargo, no siempre se anteponían a las obras. .06. Cuántos Pájaros de Mónica Quijano López, lograba conjugar lo experimental de los medios y formatos utilizados con la estética de la habitación, a diferencia de las otras obras, su falta de limpieza iba de la mano con el espacio en el que estaba dispuesta. Libros rayados, rocas, huellas de visitantes pintadas en el suelo, una vieja máquina de escribir y telas raídas, contaban otra historia de ese edificio, probablemente la parte más real de la vida del artista: lo experimental, lo no-culminado. En otros casos, se supieron aprovechar las pequeñas habitaciones para crear un nuevo espacio mucho más íntimo y sensorial para el visitante, instalaciones donde el espectador debía acercarse a cada objeto para entenderlo, como es el caso de los divinos niños en Homolatría de Esteban Mariño, quienes tenían tallado de una forma casi imperceptible “afeminado” o “marica”.

Esteban García Mariño, Homolatría 2017

Cada una de las obras contaba un rincón del edificio, una historia de tantas. Unas acogedoras y otras más inquietantes, sin embargo, todas lograron apaciguar la incertidumbre sobre cuál sería el futuro de las artes plásticas, al menos en Bogotá, cuando la mayoría de facultades de arte parecen estar teniendo un auge y un mayor interés por los nuevos medios.

Pero la realidad es que cuando el arte plástico se da a la tarea de tener una función clara -en este caso de hablar por la facultad y homenajear a su más antiguo contenedor- adquiere cierto misticismo o magia que, si se quiere, difícilmente otro medio podría lograr. Objetos y texturas que apelan a los sentidos y que tienen el potencial de no pasar desapercibidos, de dejar huella y mostrar que, claramente, el arte plástico no es un incidente aislado.

 

Lina Useche


#NoFilter Crítica de medios con Antonio Caro

“La televisión ha ido perdiendo pertinencia…”

#UribeTV #NoFilter


#CríticaEnDirecto: Nicolás Consuegra en NC-arte

https://www.mixcloud.com/widget/iframe/?feed=https%3A%2F%2Fwww.mixcloud.com%2Fesferapublica%2Fradioesfera20-el-lugar-de-nc-arte-el-museo-sin-lugar%2F&light=1

¿Qué hace el Museo de Arte de la UN en NC-Arte?, ¿qué institución está fagocitando la otra?, ¿qué crítica plantea esta propuesta al formato site specific y las instituciones que lo promueven?, ¿los proyectos específicos para un lugar tienen sentido si se exponen en otros lugares y contextos?, ¿cómo doblega el mercado este tipo de propuestas? ¿por qué el silencio ante proyectos específicos que no funcionan en el espacio público?

En este episodio de #CríticaEnDirecto el artista Nicolás Consuegra nos habla sobre El espacio del lugar. El lugar del espacio, un site specific que presenta en NC-Arte que fusiona dos instituciones del medio local que fomentan la creación de proyectos específicos para sus espacios.

Nicolás Consuegra. El espacio del Lugar. El lugar del espacio. Un proyecto desarrollado para NC-arte Bogotá. Curaduría de Claudia Segura. Julio 22 a septiembre 16 de 2017. Imágenes, cortesía de NC-arte, Bogotá.

8 semanas para seis instrumentos. Composición de Rodolfo Acosta R. para el Ensamble CG (Colombia). Una pieza comisionada para El espacio del Lugar. El lugar del espacio. El ensable CG interpreta esta pieza que tiene la misma duración de la exposición. En esta imagen, Laura Cubides (Flauta). Imagen, cortesía de NC-arte, Bogotá

Texto curatorial de Claudia Segura, aquí

Programación de la intervención del Ensamble CG en NC-arte, aquí

Esta es una vista de planta con la intersección de la sala principal del Museo de Arte de la Universidad Nacional (en negro) y NC-arte (en blanco)


Los males de la crítica

La línea de producción de la crítica (consonni, 2014) es el título del libro de Peio Aguirre, crítico y curador vasco, donde además de presentarnos un panorama de la crítica en la actualidad, aborda varios de sus males y trata de ofrecer algunas respuestas. Inicia con temas como la crítica en ruinas, el problema del juicio, la lucha por la publicidad, Facebookritik, productividades de la negación y cierra con un punto que es a la vez apertura: hacia una crítica estratégica.

[esferapública] ¿Podrías hablarnos un poco de las razones que te llevan a plantear el libro de este modo y mencionar algunas relaciones entre este proyecto de orden teórico y tu práctica crítica desde tu blog Crítica y metacomentario?

Peio Aguirre El libro bien podría haberse titulado Crítica y experiencia. No trata sin embargo ni de situaciones vividas ni de anécdotas profesionales. Por experiencia entiendo una fuerza que nos vincula con la producción material y nos mantiene en continuo movimiento. El germen del libro es el capítulo sobre la publicidad, o el deseo de escribir un ensayo sobre la crítica en la esfera pública. Publicidad y público comparten la misma etimología. El trabajo más relevante aquí es sin duda La función de la crítica de Terry Eagleton, donde el autor realiza un análisis del origen de la crítica alrededor de los cafés, los periódicos y otras instituciones de la sociedad civil en los siglos XVII y XIX, y que prefiguran una esfera pública que combate al Estado absolutista. Desde ahí, y transportando ese análisis a nuestros días, los temas del libro se van ensanchando hasta cubrir la crítica desde todos los flancos, especialmente desde la ideología.

En la primera mitad del libro se abordan los males de la crítica, su dificultad en el capitalismo simbólico y financiero actual. La segunda parte trata de ofrecer respuestas y soluciones a esos males. Es ahí donde entra en juego la escritura, que para mí es indisociable de la crítica. Puede sonar anticuado, pero para mí el crítico es principalmente un escritor. Decidí escribir ese libro una vez llevaba varios años con mi blog, que nació y sigue siendo algo amateur y que sirve para dar cabida a intereses paralelos que al final determinan una subjetividad artística y cultural. Hacía el año 2006 compaginaba crítica al uso con ensayo, pero los espacios de publicación eran constreñidos y por eso creé mi propio espacio. Con el tiempo me di cuenta que el libro funcionaba como un tratado metodológico, y el blog como un espacio de crítica práctica. La teoría y la práctica parecían relacionarse.

[e] Es cierto que la crítica de arte ha dejado de ser una instancia de legitimación de producción artística y se ha convertido, como bien lo señalas, en “el instrumento por el cual la publicidad y la propaganda mediática se abren camino”. Mencionas también que el poder del crítico no le pertenece sino que surge del contexto donde el crítico es un mero instrumento. Si te refieres aquí a la crítica de arte (objetos, obras, exposiciones) ¿como percibes este problema con la crítica que se ejercen distintos agentes de la comunidad artística hacia políticas y curadurías institucionales, así como temas y situaciones que van más allá de la circulación de objetos? (¿La crítica a las instituciones también sería instrumento de la publicidad y la propaganda? ¿De la acumulación de capital simbólico en una lucha por el reconocimiento tanto de críticos como de instituciones?)

PA Cuando aludo a la complicidad de la crítica con el mercado me refiero a éste en un sentido amplio. No quiero decir solo intercambio de bienes o mercado del arte, sino más bien abarcar todas sus formas, desde el mundo editorial a la actual situación de la universidad y la academia, por no mencionar la “vida” institucional en museos y demás. Por decirlo con un punto de humor, el capitalismo es una forma de intercambio sólido, líquido y hasta gaseoso. Tanto Marx primero como Adorno después señalaron esta condición de la prensa como mercadeo. El crítico mismo necesita operar en esa esfera de la circulación que es la publicidad. Un ejemplo: el paradigma de la publicidad es ahora e-flux, y su revista e-flux Journal es el paradigma de la crítica teórica hoy (discursiva, rigurosa y hasta autónoma) que aparentemente no debe nada a la publicidad ni al mercado (galerías y museos), pero que existe únicamente mediante aquello que lo sostiene, esto es, la publicidad de e-flux.

Mi acercamiento es materialista, alejada del idealismo que rodea a la crítica como una instancia externa o afuera de cualquier intercambio. Partir de esta asunción es el primer paso para producir otro tipo de crítica. Evidentemente esto es algo complejo, y es lo que trato de explicar en mi libro. Además, tal y como se deduce de tu pregunta, la lógica se ha invertido y ya nadie parece interesado en escribir crítica sobre una obra de arte, un libro, una película o un disco porque ello parece una situación degradada, de publicidad encubierta, mientras que criticar ésta u otra política cultural nos parece más adecuado (o políticamente correcto). En muchos casos esto nos conduce a la figura del gestor cultural convertido en crítico de la cultura. ¿Pero acaso la crítica institucional no fue hace tiempo integrada al sistema mismo? ¿Y qué decir de la universidad? En términos generales, defiendo una crítica apasionada que subjetiviza la cultura y que gracias a esta subjetivización puede ofrecer claves para entender el presente, más concretamente el desorden mundial. El británico Mark Fisher ha sido uno de los representantes de esta modalidad de crítica, la cual que no se reduce a su “best-seller” Realismo capitalista. Desconfío de cualquier crítica que es solo crítica institucional, o crítica de la curaduría, o crítica de las políticas públicas, sin al mismo tiempo proponer algo o tomar partido por una subjetivización del arte y la cultura popular en otro lugar o espacio paralelo.

[e] Las redes sociales se han convertido en un lugar donde cada cual es editor, crítico, activista, publicista, etc. Se comparten enlaces e imágenes, se expresa indignación por la mala noticia del día, se hace autopromoción y se estimula el exhibicionismo y el narcisismo. ¿Qué posibilidades ves para la crítica en las redes sociales? (¿qué mutaciones, cambios, retos afronta?)

PA En mi libro acuñé la expresión “Facebookritik” para definir lo que le ocurre a la crítica en interacción con las redes sociales. Ahora comprobamos el modo en que la velocidad de lectura y el impacto de los titulares a expensas de cualquier contenido tiene efectos sociales y políticos a escala mundial. La pérdida de credibilidad del periodismo y la prensa es un hecho, y en ello juega un papel clave la viralidad de la circulación, el flujo, más que la información en sí. Las redes sociales tienen todavía ventajas colaterales, como es por ejemplo la distribución de contenido, más que la producción. Pero la distribución, que es un aspecto fundamental en cualquier proceso revolucionario, ha quedado subsumido en el que es el principal atributo de las redes, esto es, la creación de valor y capital simbólico (real o ficticio, según se vea).

Algunas redes han suplantado a los blogs, los cuales sí considero son herramientas para la autocreación o también para el debate público. Esto es, espacios para escribir, publicar y leer. Las redes sociales generan más bien una ilusión de producción y a la larga son espacios para el estrés y la ansiedad, pues únicamente resultan eficaces, es un decir, a través de la completa absorción de las energías y el tiempo de sus usuarios, a la vez consumidores de un producto global no transparente. Las redes sociales son más redes que sociales. Son espacios de control que ahora parecen girar hacia el puritanismo de lo políticamente correcto. Resulta en cualquier caso sintomático reducir todo el debate alrededor de la crítica, sus funciones y sus modos, a la cuestión de las redes sociales.

[e] En el capítulo de “e-fluxificación” mencionas que hoy cada vez se le pide más a los críticos que al leer sus textos lo hagan de modo performativo, de modo que el tono al leer y presentar un texto devienen en una suerte de performance. ¿Podrías ampliar un poco sobre este tema? ¿Tiene que ver también con la experiencia que tuviste con la artista Dora García donde se hicieron lecturas en grupo y en voz alta?

PA En términos generales la performance ha adquirido una condición contemporánea ineludible. La escritura tiene un componente performativo claro. Sin embargo, la escritura ya no es necesariamente el motor o vehículo crítico dentro de la actual discursivización de las artes, esto es, en la progresiva teorización del arte como solapamiento de teoría crítica y política, lo curatorial y la academia. El formato simposio, la conferencia, el seminario y el workshop han devenido espacios de representación para el despliegue de la criticidad, esto es, una posición o actitud crítica, y esto implica siempre una presencia de cuerpos en movimiento, la seducción y otros rasgos como el carisma, etc. De este modo hemos encumbrado a teóricos y a curators a la categoría de celebridades. El término “conferencia performativa” recoge este cuasi deber por performar y que a veces puede resultar un tanto cómico además de forzado pues, no se me ocurre conferencia que en sí misma no sea performativa de algún u otro modo (para lo bueno como para lo malo). La colaboración que he realizado con la artista Dora García, titulada igualmente Performance (2016), es una obra de teatro para seis actores que aborda, con un sentido del humor a lo Brecht, los múltiples significados que el término “performance” tiene en el presente (en el arte, el teatro y la danza, la propia historia de la performance, la actuación, el cine, el estrellato de Hollywood, etc.)

***

La esfera de la circulación. Capítulo de La línea de producción de la crítica (consonni, 2014)

Peio Aguirre es crítico de arte, escritor y comisario independiente. Vive en San Sebastián. Su escritura abarca la teoría, el arte contemporáneo y el diseño y otras expresiones de la cultura popular. Ha publicado en numerosas revistas y periódicos como el Cultura(s) de La Vanguardia, Mugalari, A-desk, Afterall, A Prior Magazine, Exit Express, Flash Art, El estado mental, e-flux journal entre otros. Ha escrito en catálogos y monografías de artistas como Philippe Parreno, Ibon Aranberri, Jon Mikel Euba, Annika Eriksson, Liam Gillick, Martin Beck, Apolonija Sustersic, Fernando Sinaga, Susan Philipsz, Wendelien van Oldenborgh, Willie Doherty, Fiona Tan, Txomin Badiola y otros. También ha comisariado las exposiciones Imágenes desde el otro lado, CAAM, Las Palmas de Gran Canaria (2007); Arqueologías del Futuro, sala rekalde, Bilbao (2007); Asier Mendizabal, MACBA, Barcelona (2008); Néstor Basterretxea, Forma y Universo, Museo de Bellas Artes de Bilbao (2013), entre otras. Desde 2006 escribe crítica cultural en su blog Crítica y metacomentario.