Juan David Laserna en #LeerLaEscena

El artista Juan David Laserna lee en voz alta Despolitzarlo todo un texto del teórico y curador Miguel López en torno al debate sobre un performance de Tania Bruguera.

“Pero la situación del sábado fue profundamente incómoda por un motivo particular: la despolitización absoluta a la cual era llevada la discusión en la valoración moral del acto. La conversión permanente del debate en un juicio en busca de culpables, poco faltó -si es que no se insinuó ya- el imperativo sobre la artista cubana de una rendición pública de disculpas, de su total arrepentimiento.

No deja tampoco de pasmar que otros indignados comentadores, aunque parecen tener el tiempo para masticar lo acontecido, lo único que intentan es reafirmar su posición de superioridad humanista condenando la acción con fuertes e intensas dosis de nacionalismo y moralismo, mezclado con un poco de sensiblería despolitizada, domesticando a ciegas toda la dimensión conflictiva del asunto. Un aluvión de condenas, cuyas posiciones más conservadoras y reaccionarias provinieron sintomáticamente de gente joven -al menos en el debate del sábado-. La política convertida en policía, desgranándose en identificar significados, protagonistas, inmoralidades, nuevamente cada uno en su lugar para la tranquilidad del bienpensante”

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Antología de textos críticos (2004-2013) Carlos Salazar  

Este libro recopila buena parte de los escritos realizados por Carlos Salazar entre los años 2004 y 2013, y cuya cuasi totalidad se encuentra disponible en el sitio web de crítica Esfera Pública o en el blog del autor. Sin embargo, esta edición no pretende limitarse a llevar al formato físico los textos que ya están desperdigados en la red. Esta antología, que no es precisamente una recopilación exhaustiva de todos sus textos, es un intento por acercar al lector al pensamiento en el que se apoyan las posiciones críticas de Carlos Salazar.

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“Todo lo que publiquemos podrá ser utilizado en contra nuestra” Carlos Guzmán

Con esta entrevista a los artistas Carlos GuzmánAna Tomimori (Revista {emergencia}, Proyecto Cocuyo) concluimos la serie de entrevistas en torno a la crítica en el campo local en la que han participado Ursula Ochoa, Claudia Díaz, Elkin Rubiano, Carlos Salazar, Peio Aguirre, Guillermo Vanegas, Luis Camnitzer y Fernando Escobar.

[esferapública] En un contexto como el actual, donde las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente sobre todos los temas, ¿como percibe el ejercicio de la crítica en torno a situaciones y eventos del campo del arte?

Carlos Guzmán Bien, para hablar de lo actual me gustaría hacer un recuento desde mi experiencia. En mi etapa de formación universitaria existían pocos espacios de exhibición, pocas instituciones del arte local, una cierta precarización de la práctica artística que aún persiste pero que hace una década era más acentuada. Los artistas vivían un medio y un contexto sociopolítico algo convulsionado, una especie de situación de riesgo. Haciendo memoria de esta primera etapa puedo afirmar que la situación era realmente crítica. Y este nivel critico del contexto alimentaba un debate social intenso que en el arte colombiano se traducía en una centralidad de las prácticas asociadas a la reacción. De allí la emergencia de lo independiente, de los espacios de crítica, de las obras y narrativa del arte colombiano que muchos artistas ya venían construyendo desde los noventa. Existía una pulsión, no sólo de mi juventud y de quienes me rodeaban, de ir contra la corriente de situaciones. De igual forma estos debates y momentos se vivían en relación proporcional al desarrollo de las redes sociales. La red estaba en fase de crecimiento y exploración, mi generación creció bajo la idea del internet abierto y libre. Recuerdo el inicio de “Youtube” en los años en que comenzaba mis estudios universitarios, “Facebook” a mediados de esta etapa. Existían varios buscadores y plataformas que con los años fueron desapareciendo, muchas absorbidas por las grandes corporaciones que se fueron abriendo camino en el mundo virtual. Las leyes de derechos de autor y otro tipo de “policía”, en el sentido que Rancière le confiere en su oposición a la “política”, han reemplazado y transformado espacios de la esfera pública.

Hoy en día no es lo mismo ofrecer una opinión en la web. De antemano sabemos que todo lo que divulguemos, publiquemos, repliquemos, podrá ser utilizado en nuestra contra. Edward Snowden, Wikileaks y un largo etc. de situaciones en la macropolítica, nos hace sentir en el cotidiano que no estamos lejos del mundo propuesto por Orwell en la década del cuarenta del siglo XX. Mientras escribo esto Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook, ha acabado de ofrecer declaraciones al congreso de los Estados Unidos, respecto al papel que esta plataforma ha cumplido en la filtración de datos personales de sus usuarios con fines políticos.

Si bien las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente, se entiende que el ejercicio de esta libertad está sujeto a los tribunales del Gran Hermano. La inteligencia ahora lleva el ser “artificial” como adjetivo. Se ha creado un nuevo juego de opuestos, se barajan las cartas. Los que crecimos a la par del boom de las redes sociales sabemos que la situación cambia gradualmente. La tendencia indica que los espacios virtuales serán cada vez más controlados, al nivel de muchos espacios públicos que con el tiempo se tornan zonas de lo privado, como la educación, la salud y el agua.

Es por todo esto que los lugares actuales de la crítica son incipientes y poco transitados. El medio del arte local ha superado el que fuera ese umbral del riesgo y los cambios políticos locales y globales, físicos y virtuales, hacen que no todo se exponga abiertamente a través de los medios virtuales. Creo que existe un desplazamiento que aún no percibimos, un sutil movimiento de las comunidades hacia nuevos espacios de encuentro y crítica.

[esferapública] En el campo de las prácticas editoriales independientes que han venido publicando desde hace más de cinco años años (emergencia, esferapublica, Sablazo, etc.) ¿cree usted que se ha dado un relevo en términos de nuevas voces y proyectos?

Carlos Guzmán A la fecha existen pocos espacios de crítica, hace poco surgió el P.C.C – Periódico de Crítica Colombiana que se proyecta como un nuevo lugar para la circulación permanente de temas asociados al campo del arte. Sin embargo es muy reciente y de esta forma no es posible afirmar su impacto a largo plazo. También su formato es conciso y directo lo que facilita la circulación, sin embargo ciertos temas requieren trabajo de largo aliento y profundidad. A largo plazo será interesante observar las dimensiones que puede llegar a tocar. La revista emergencia, proyecto del cual formo parte desde sus inicios, atraviesa actualmente un proceso de revisión y actualización. Esperamos poner a circular nuevamente el material en archivo junto a nuevos temas importantes en el contexto actual. Otros proyectos de largo aliento como Sablazo cumplieron una función importante al mantener discusiones y temas en circulación durante periodos de tiempo importantes, abriendo el panorama hacia otros campos del medio cultural como el cine y la literatura. “Esferapública” es un espacio con el cual se formó una generación de artistas, estos junto a otros que quizás se me escapan, fueron un fenómeno de una serie de iniciativas de gestores, críticos y artistas que pusieron a circular información que alimentó una estructura en crecimiento, que generaron una red de escritores y lectores, un espacio esencial para entender el arte en Colombia. Pienso en estos espacios, incluso en la “Columna de arena” de José Roca, como archivos virtuales que guardan dentro de sí una base muy importante para conocer los diversos cambios y la historia del arte contemporáneo local, en su estrecha relación con los contextos regionales e internacionales.

Creo que sí existen cambios en los espacios de crítica escrita. El más claro es respecto a las figuras que anteriormente alimentaban la escena. Estas voces, quizás por los cambios sociales que devienen en nuevos rumbos personales, ya no protagonizan el debate. Albarracín, Vanegas y Ospina por ejemplo. Creo que ameritaría desde esfera pública abrir el archivo y ver si su contenido puede tener resonancia en el presente. Leer la escena es una iniciativa interesante en ese sentido. Sin embargo el fulgor y el nivel incisivo de ciertas voces creo que estuvieron siempre acompañados de una escena social que impulsaba un movimiento, una brecha importante en la que el conformismo y la pasividad no podían tener un lugar.

Ana Tomimori y Carlos Guzmán

[esferapública] En qué proyectos trabaja Carlos actualmente y de qué forma se relacionan con sus procesos previos?

Carlos Guzmán Esta pregunta quisiera responderla junto a mi compañera del Proyecto Cocuyo, Ana Tomimori. Esta iniciativa conjunta busca la reactivación de un espacio rural que vivió muchos años de embates económicos y sociales. Es una pequeña finca familiar localizada en el municipio de Cachipay, Cundinamarca. Viví en Sao Paulo tres años mientras desarrollaba un proyecto de maestría. Allí, muy lejos de los Andes, me encontré con un rincón de una montaña donde viví algunos años de mi primera infancia. El estado de Sao Paulo fue alguna vez el epicentro de la caficultura mundial y su geografía urbana esconde para mí, pedazos de una memoria que compartimos brasileros y colombianos. Viajar fue de cierta forma un retorno. En las calles de la capital paulista hallé la memoria de mis abuelos, cafeteros de las montañas del Tequendama. Este lugar recoge mi historia que es la historia de un país siempre al borde del abismo, entre ejércitos rebeldes de liberales radicales, de cafetales y monumentos detenidos en el tiempo como el tren y ese mundo rural que es pasado y es presente. Para muchos colombianos la historia comienza allí, en medio de una montaña perdida, selvática y agreste.

Ana Tomimori La historia de las inmigraciones del siglo XX en Brasil tuvieron que ver con el café. Así también he venido de un pasado agrario, del reemplazo de mano de obra esclava para mano de obra de inmigrantes de otros continentes, pasando por complejas cuestiones sociales. Mis bisabuelos y abuelos eran campesinos, pero criaron a mis papas para salir del campo, ir hacia la ciudad en busca de una “mejor vida”, del “progreso”, “la cultura”. Nascí y crecí en la ciudad de Sao Paulo, acostumbrada con la vida urbana, a moverme rápidamente por las calles y a disfrutar los cambios constantes y repentinos de la modernidad. Aunque veraneaba en una finca desde niña, entre un río, arboles, animales y piojos, siempre fui de una ciudad grande. Pero ya hace un tiempo que la cuestionaba, ¿por qué despertar a las 5:30 de la mañana para ingresar al trabajo a las 8:00, tener una hora de almuerzo, salir a las 5:00pm y llegar en la casa a las 7:00 de la noche? ¿Qué horas te sobran para vivir? Y cuando te encuentras con tus amigos ya estas tan cansada que no disfrutas ese tiempo. Como artista también me preguntaba por la cultura, que está en función de esta rutina tan desgastante, aunque existan muchas cosas interesantes, ellas se vuelven anestesia y alivio de este espacio sin tiempo. Ir a la finca e intentar un proyecto acá en Colombia, para mi tiene el propósito de salir de ese movimiento mecánico que envuelve la cultura, intentar comprender si existen otros modos de continuar siendo artista sin estar solamente enfocada en las convocatorias, aperturas de exposiciones, “el progreso” y las miles de novedades diarias. No rechazo lo que esta pasando en la ciudad, en el circuito artístico, el mundo agrario también tiene sus contradicciones y no esta siendo fácil, no tengo respuestas pero me pregunto.

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Entrevistas sobre el estado de la crítica

Ursula Ochoa “El silencio de la crítica se debe a que nadie quiere exponer el pellejo”

Guillermo Vanegas: “A los que hacen crítica, se les señala socialmente”

Elkin Rubiano: “Las redes sociales transforman la naturaleza del arte contemporáneo”

Los males de la crítica, Peio Aguirre

Claudia Díaz “Podríamos estar viviendo un cinismo sin precedentes a través de estas políticas de supuesta reivindicación de la igualdad de la mujer”

Fernando Escobar: “No me deja de sorprender hasta hoy el silencio de la crítica antes, durante y después del MDE15”


Recordación, información, reflexión y transformación

Lideresas de la comuna 13 de Medellín conversando con el público.

El día que visité la exposición Voces para transformar a Colombia, esperaba toparme con obras de Obregón o de Norman Mejía. Esperaba ver dibujos como Corte Franela del año 1916 por el caricaturista Ricardo Rendón. Obras de arte que dieran cuenta de la tradición de violencia, crimen, guerra y conflicto variopinto en Colombia.

Mis expectativas acerca de Voces para transformar a Colombia, sin embargo, no fueron satisfechas. En lugar del tipo de obras de arte que describí con anterioridad, me encontré con gráficos, líneas de tiempo, diagramas, fotografías, testimonios, documentales, material de archivo, etc. En suma, un trabajo de historiografía y «arqueología de la contemporaneidad» que logra compendiar en detalle los sucesos del conflicto armado en Colombia.

Creo que si esta primera puesta a prueba del Museo de Memoria Histórica de Colombia se hubiera llevado a cabo como yo esperaba, se habría quedado como una muestra más del arte referente a la violencia en Colombia. Algo que ha sido hecho y seguirá haciéndose en los museos de este país vez tras vez. La realidad de cómo se realizó esta exposición, en cambio, me hace pensar en la pregunta ¿Qué es Voces para transformar a Colombia? ¿Un museo de historia? ¿Un museo antropológico? ¿Un lugar de reflexión? ¿Un centro educativo?

Pienso entonces en «Museo», en «Museion», «La casa de las musas»; ¿Qué musas viven en Voces para transformar a Colombia? Clío, evidentemente; ¿Melpómene, Calíope y Urania? ¿Terpsícore? Ojalá Erató y Euterpe también. Me pregunto asimismo ¿Qué clase de museo quiere ser el Museo de Memoria Histórica de Colombia? ¿El que educa? ¿El que inspira? ¿El que muestra? ¿El que invita a reflexionar?

Las respuestas a estas preguntas son más complejas que las preguntas mismas; y las maneras de llevar a cabo estas respuestas son muchísimo más complejas. Es por esto que por el momento al menos, únicamente puedo hablar desde mi percepción y experiencia en la muestra instalada en la Feria del Libro.

Primeramente algo muy sencillo: Me conmovió. Me conmovió incluso aunque discretamente y con cierta vergüenza inicié el recorrido por la izquierda, identificándome con la respuesta «indiferencia» ante la pregunta inicial «¿Qué me ha dejado la guerra?». Es la única ocasión en la que he sentido el conflicto cercano, en la que he oído atentamente a las voces que narran los relatos de dolor en esos cortos documentales, en esas historietas, en esos audios y en esos textos.

La cercanía e intimidad entre el narrador y el visitante es en mi opinión, el valor preeminente que posee la exposición. Al oír los relatos de indígenas y campesinos, al ver los mundanos objetos que, rodeados de la historia que narran se envuelven en un aura trágica y emotiva, al leer las frases bordadas en las piezas textiles y observar las imágenes que dan cuenta del dolor femenino en la guerra, incomprensible para un hombre, me sentí recorriendo no un museo, sino un campo brumoso con miles de cadáveres a mi alrededor, miles de madres, padres e hijos sollozando, y ríos contaminados cruzándolo.

Ver los diagramas que en detalle relatan las historias de los que no tienen voz y de los que teniéndola la acallan por miedo o maldad, me hizo comprender aquellas palabras de Enrique Santos en su tango Cambalache. Palabras que tantas veces se han repetido pero que una gran minoría tiene que sufrir para poder narrar. Esta es una narración de miedo y dolor, de violencia, de egoísmo; una realidad desenmascarada que muestra el verdadero rostro de unos y de otros. De unos terribles y otros atroces; de nosotros, los colombianos.

Y estas dos primeras etapas de mi pensamiento a medida que recorría estos pasillos, la información y la recordación conllevaban una parte fundamental para el desarrollo de las dos siguientes, a saber, la reflexión y la transformación. El nombre de esta exposición Voces para transformar a Colombia, implica que lo que está comunicando tiene como objetivo lograr transformar al país; con este fin, es necesario conocer a partir de qué se debe transformar. ¿Qué es lo que deseamos cambiar? ¿Qué es lo que deseamos dejar atrás?

Por esto la información de todos esos gráficos, de esas líneas de tiempo, de esas narraciones y de esos documentales, es tan importante; porque a partir de esa información nos vamos a recordar, a recorrer ese pasado oscuro que deseamos transformar. Escuchar las voces, recordar sus vivencias, recorrer sus historias, es el primer paso en la transformación que tanto necesita este país.

Y entonces llega la reflexión. Claramente, este escrito hace parte íntegra de este tercer paso. La reflexión se construye a partir de la información que nos da a conocer la exposición, a partir de la recordación que incentiva en nosotros. Voces para transformar a Colombia no es solamente una exposición de historia, tampoco únicamente una gran infografía de 1200 metros cuadrados. Voces para transformar a Colombia es un espacio de reflexión, es el detonante de la discusión, del pensamiento orientado a responder a la necesidad de transformación que necesita Colombia. Es el primer paso en esta transformación, el inicio del camino, la invitación a empezar el camino de la transformación.

En lo personal considero que la muestra instalada en la Feria del Libro contenía muchísima información, tanta que podía resultar algo abrumadora. Ahora, sé que es la primera puesta en escena de lo que será un museo mucho más grande, con más espacio y mayor capacidad de distribución museográfica. Encuentro admirable la museografía y me permito destacar ciertos detalles que me impresionaron. El uso de barro seco en las paredes correspondientes a la Tierra, y su contraparte de costal en las paredes de Cuerpo; la línea azul y ondulada en Agua me pareció desilusionante, considerando el buen gusto y lo orgánico de las anteriores mencionadas.

El aprovechamiento de recursos tecnológicos, interactivos y audiovisuales hace del segundo piso de la exposición un lugar que incentiva la reflexión y la transformación de las que hablé previamente. Recordé en este punto al Exploratorium de San Francisco o a la Cité des Sciences et l’Industrie de la Villete en París; la reflexión se construye no únicamente a partir de la percepción de información y la introspección, sino antes bien, a través de la interacción con la información misma, con la puesta a prueba de los conocimientos previos, de la evaluación de opiniones y de la interacción con los personajes y los escenarios del conflicto.

En suma, Voces para transformar a Colombia es un muy buen comienzo para un proyecto de grandes dimensiones que a partir de este arranque se ve como prometedor. Los enfoques, métodos y propósitos que se describen en el catálogo y la propuesta curatorial, y que también se observan en la exposición demuestran que es algo muy bien pensado, investigado y puesto en práctica. Aún hay que mejorar, aún hay que reflexionar, aún hay que construir a partir de la memoria.

Espero con ansias, pues, la construcción del Museo de Memoria Histórica de Colombia; el desarrollo de estas investigaciones, la puesta en escena de más historias, sucesos, relatos que lleven a la construcción de nuevas transformaciones. Espero también, que su construcción conduzca a la constitución de nuevos espacios de discusión en todo el país y, de manera personal, insto a que dentro del proyecto de la construcción del museo, incluyan la restauración del Espejo Solar de Otero, ubicado sobre la 26, en el predio donde se construirá el museo y que hoy por hoy se encuentra en un estado lamentable.

Felipe Rocha


La crítica y el papel de los medios

Nota editorial

Este dossier propone una serie de artículos en torno a la crítica y el papel de los medios de comunicación a partir del análisis del archivo de [esferapública], portal de discusión en Internet donde artistas, críticos y curadores han reflexionado sobre la actividad artística, las prácticas institucionales y eventos como salones de arte, bienales y curadurías independientes e institucionales.

Como una primera aproximación a la crítica y el papel que han jugado los medios de comunicación en [esferapública], es necesario un breve repaso sobre la noción de lo crítico en este foro, el modo como se ha venido definiendo su política editorial, las formas de participación y la manera como las plataformas de publicación utilizadas han incidido en el tono de las voces, los modos de escritura y las dinámicas de discusión.

Esfera de la crítica

Desde los inicios de la década de los noventa me ha interesado participar en la articulación de espacios de discusión de carácter colaborativo[1], que permitan el encuentro, la coexistencia de distintos puntos de vista sobre uno u otro tema y el cuestionamiento de los procesos de mediación de las prácticas artísticas que ejercen las instituciones del museo, la crítica de arte y los medios de comunicación.

De ahí el interés en que estos espacios permitan una participación plural, donde la noción de lo crítico no se entienda únicamente como un juicio de valor en torno a obras y exposiciones, sino como reflexión en torno a asuntos de interés común del medio artístico, donde distintos modos de entender las cosas se comunican y, eventualmente, se transforman en opinión pública.

[esferapública] se ha definido como espacio de discusión en el que la crítica adquiere un formato participativo[2]. La reflexión crítica en los formatos electrónicos, así como el intercambio de información y opinión, permiten procesos dinámicos y espontáneos de interlocución y con ello, la articulación de una reflexión crítica colectiva ante situaciones y hechos del mundo del arte que difieren de las notas y reseñas que se publican en las revistas, periódicos y otros medios especializados.

De este modo se neutraliza la crítica como mirada unívoca, valorativa e incuestionable, y se replantea como detonadora de discusión que moviliza distintos puntos de vista sobre una situación, curaduría, obra y contexto artístico en el que se inscribe.

Desde su fundación en el año 2000 [esferapública] ha propiciado la participación de distintas voces, unas de forma habitual desde los inicios de esta plataforma, como es el caso de Carlos Salazar, Guillermo Vanegas y Lucas Ospina; otras se concentraron en temas o debates específicos: Claudia Díaz, Elena Sánchez Velandia, Elkin Rubiano, Francesca Bellini, Guillermo Villamizar, Halim Badawi, Lina Useche, Mónica Eraso, Jorge Sarmiento, Pablo Batelli, Víctor Albarracín y Úrsula Ochoa. Otras participaciones se dieron durante distintos lapsos de tiempo, como las de Andrés Pardo, Antonio Caro, Carlos Jiménez, Catalina Vaughan, Fernando Pertuz, Francois Bucher, Gina Panzarowsky, Gloria Posada, Isabel Kristina Díaz, Lina Castañeda, Mauricio Cruz, Katherine Parrado, Jorge Peñuela y Ricardo Arcos Palma, entre otros.

Esfera de la edición

La política editorial de este foro, así como los modos de participar, han venido transformándose con el paso del tiempo y las discusiones. En términos del uso de medios y tecnologías de la comunicación, este proceso se ha dado en tres épocas, cada una ligada a un tipo de plataforma utilizada por [esferapública], los cambios en términos de posibilidad de acceso a la red y el auge de las redes sociales.

Una primera época se puede situar entre el año 2000 y el 2005, cuando [esferapública] funcionó a través de una lista de correos de yahoogroups, de modo que las opiniones se enviaban al correo del moderador y luego llegaban al correo de cada afiliado[3]. Aquí la labor del moderador no es la de un juez que define el grado de pertinencia de las participaciones, sino la de alguien que le imprime un ritmo a la discusión -en momentos álgidos del debate circulaban entre tres y diez participaciones por día- complementando las intervenciones con enlaces a artículos relacionados con el tema en cuestión y, algunas veces, interviniendo como un participante más en la conversación.

La voz del moderador está en segundo plano en el sentido en que no participa como lo haría un moderador convencional, es decir, presentando las participaciones, opinando sobre ellas con el objeto de moderar la discusión y excluyendo las que no guarden pertinencia con la discusión en curso. Aunque esto ha posibilitado una participación libre y abierta –con sus falencias y sus aciertos- hay moderación en la forma y el ritmo en que se organizan y archivan las participaciones, las cuales se publican tal y como las envían los participantes[4]. Es aquí donde se diferencia el papel del moderador con el de editor convencional, quien decide si las participaciones se publican como son enviadas o, si es el caso, edita el contenido de las mismas o simplemente no las publica.

Una segunda época inicia a partir de 2006 cuando las participaciones se comenzaron a publicar en una plataforma wordpress, de modo que aquellos interesados en seguir la discusión no tenían que revisar su archivo de correos sino visitar el portal esferapublica.org. De esta manera, el archivo de intervenciones se trasladó de las casillas de correo de cada afiliado a un portal web de acceso público.

Desde este momento la figura del moderador comienza a perfilarse la de un editor que tiene a su cargo la política editorial de la plataforma web, su diseño y mantenimiento, la organización y cuidado del archivo de participaciones, así como las estrategias de divulgación de sus contenidos a través de las listas de correos y las redes sociales.

La extensión y el tono de las participaciones también fue cambiando. El texto conciso y espontáneo que circulaba por la lista de discusión de yahoogroups se fue transformando en artículo de opinión donde los argumentos tienen un mayor despliegue, la escritura adquiere otros tonos y matices que se complementa con el uso de imágenes y notas al final del texto. La discusión en caliente pasó de la lista de correos a la sección de comentarios de cada texto.

De la polémica al dossier

A partir de 2014 se inicia una tercera fase de [esferapública] cuando se dejó de utilizar la lista de correos con el ánimo de darle mayor visibilidad a la discusión que se venía dando entre los textos que se publicaban en el portal, que aquella que tenía lugar en la sección de comentarios de cada entrada. Paralelamente, con el auge de redes sociales, la discusión sobre temas coyunturales se va desplazando gradualmente a los perfiles de Facebook de distintos artistas, curadores y críticos.

En este contexto, y luego de varias fases de deliberación en las que la gran mayoría de los debates fueron propiciados por situaciones coyunturales, [esferapública] propuso una reflexión sobre este largo proceso de discusión. Por esta razón a partir de enero de 2017 la política editorial de [esferapública] se concentró en propiciar la reflexión en torno a debates y temas de discusión de este foro a través de entrevistas, lecturas en voz alta y análisis de debates.

A diferencia de los debates sobre situaciones coyunturales, cuya duración oscila entre dos días a dos semanas, hay debates que se han desarrollado en periodos más largos de tiempo, como es el caso del desencanto con el arte político, el auge y normalización de los espacios de artistas, la crítica y el papel de los medios, el arte de discutir sobre las curadurías del Salón y la crisis de entidades como la galería Santafé y el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Estas discusiones han dado forma una serie de seis dossiers que recopilan un historial a través de debates, textos relacionados, artículos de prensa e imágenes. A pesar de las diferencias temáticas, hay puntos en común entre ellos: por una parte, se trata de temas que han tenido repercusión en los medios masivos, haciendo que se sumen otras voces y modos de presentar el debate ante la opinión pública. Por otra parte, aunque tienen su origen en el campo local, abordan problemáticas que son transversales a otros casos y escenas del arte.

En este contexto, y con el ánimo de activar distintas líneas de reflexión sobre los problemas de fondo que aborda cada dossier, [esferapública] presenta este proyecto editorial que profundiza sobre distintos temas que permanecían dispersos en el archivo, ofreciendo a sus lectores, investigadores y público interesado, aproximaciones de fondo a debates que desbordan las fronteras del campo del arte local.

Cada dossier inicia con el análisis de un debate donde se busca identificar argumentos de fondo y su relación con situaciones y otros debates de la escena tanto a nivel local como global. Le siguen una selección de textos del archivo a partir de las problemáticas que se visibilizan en el análisis que abre el dossier. Vale la pena aclarar que la edición de los seis dossiers no se propone como una exploración exhaustiva del archivo, es apenas una aproximación inicial que ojalá se vea complementada con otras miradas y acercamientos.

Jaime Iregui

Editor

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[1] De 1993 a 1995 las discusiones tuvieron lugar en espacio físico a través del proyecto Tándem, proyecto que tuvo como objeto propiciar espacios de discusión a partir de conversaciones, publicaciones y exposiciones. Tándem se traslada al naciente Internet en 1995 bajo el nombre de Red Alterna y después pasa a llamarse Momento Crítico. Desde el año 2000 cambia su nombre a [esferapública]. Funciona como espacio de intercambio, archivo, documentación y difusión orientado inicialmente a documentar y divulgar conversaciones, encuentros y procesos de artistas que tienen lugar tanto en espacios no convencionales como institucionales.

[2] [esferapública] ha operado a través de plataformas editoriales que implican distintos grados de moderación, así como de relación con sus contenidos: El portal es el lugar donde se encuentran los resúmenes de las discusiones, así como artículos de sus participantes. La página en Facebook divulga los contenidos a cerca de 14.000 afiliados y el perfil en Twitter envía enlaces a cada entrada a 129.000 seguidores. A través de Instagram circulan imágenes y videos breves a 4000 suscriptores. La lista de correos distribuye las participaciones a una red de 2700 afiliados.

[3] Aquí vale la pena destacar que –tal como se informa en el portal– el hecho de publicar una opinión no implica que como editor apoye o me encuentre de acuerdo con la posición del autor[3]. Sí esto fuese así, [esferapública] sería un espacio homogéneo que reflejaría la posición del moderador y no habría lugar para la diferencia.

[4] El foro ha tenido desde su inicio unas reglas de participación que han venido cambiando con el tiempo y los debates, por esta razón aquellas contribuciones que no las cumplan, no se publican. Se pueden consultar en el portal en la sección publicar.


El fracaso de la axiomática del cluster. Claudia Díaz en #LeerLaEscena

Para esta nueva entrega de #LeerLaEscena, Claudia Díaz escogió el texto Fracaso de la axiomática del cluster de Pablo Batelli.

“La confianza –excesiva o moderada- en la condición permanente de un territorio digital desjerarquizado, o el deslumbramiento derivado de su excesiva brillantez, encierra grandes riesgos de los que el ser humano o bien no es conciente, o de los que, siendo conciente, no puede –o desea- escapar. El primero es una confianza –excesiva o moderada- en la ruptura de los filtros de monopolio de expresión que puede ser aprovechada eficientemente en la instauración de nuevos filtros aún más complejos y más difíciles de identificar y desmontar, precisamente gracias a que opera en el marco de una nueva fe nacida a partir de la ruptura “definitiva” de cualquier forma de interferencia sesgada (o filtro pre-existente). Así en el uso ingenuo de un buscador, parecería existir tan solo la asepsia matemática de un algoritmo matemático que es, en tanto pieza de software, totalmente neutro e incorruptible. No se trata de un cluster para crackear los filtros de la administración, sino de un duelo siempre a favor de la casa en donde la contraparte, controladores de los filtros, también ha encontrado su propio cluster para realizar los refinamientos necesarios para la permanente reinstauración de sus filtros”

 

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