Apuntes para una crítica inoperante. 45 Salón de artistas nacionales

“En las obras variadas, pautadas y señalizadas del 68, la figura aparece al revés de la trama, casualmente, como si no fuera más importante que una bocina de fonógrafo”. Marta Traba, Hombre americano a todo color

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Estado de la unificación del Estado del Arte o el cese de la tensión entre la mercancía y el objeto simbólico

La Feria de Arte y el Salón Nacional de Artistas. ¿Cuál, en este entre dos, es el estado del arte? ¿Comparten el mismo estado o hay fronteras que los separan y los hacen antagónicos? ¿Se diferencian en algo sus convocatorias, curadurías, espacios  críticos y de discusión? ¿Son los artistas convocados dos especies diferentes de artistas? ¿Qué relación guardan estos dos estados con los dineros públicos? ¿Cómo gestionan estos dos estados su idea de espacio público, cultural, ferial, comercial, etc.?¿Se habrán preocupado estos dos espacios por diferenciar ante su público uno y otro estado del arte? ¿Cómo será mediatizada esta duplicidad en los medios que cubren estos dos espacios y momentos? ¿Tendrá lugar como punto de partida de la discusión, cómo será encuadrado el espinoso asunto bursátil, el valor de cambio que se oferta? ¿Para un público no cautivo, serán verdaderamente diferenciables, podrá el público entender esa diferencia, si existe en realidad esa diferencia?

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El crítico autorizado

El crítico, micrófono en mano, recorre el edifico Pastas El Gallo, acompañado por los curadores, con quienes dialoga sobre la intervención del  viejo edificio ubicado en la Plaza España de Bogotá. Su meticulosa descripción de las obras en el espacio, nos lleva a preguntarnos por la posibilidad misma de esa lectura. Y de esa supuesta intervención del espacio del edificio. Como si la época permitiera todavía esa lectura y esa acción. Y pudiéramos obviar los problemas inherentes a esa lectura y a esa supuesta posible instalación de obra en un espacio. Primero, presumir que se puede todavía hablar de un espacio del arte o para el arte, que estaría separado del espacio total, de ese espacio total que es radicalmente un espacio totalitario en que no caben las diferencias de algo así como eso a lo que nos seguimos refiriendo como Arte. Como Estado del Arte. Segundo. Aludir que efectivamente un artista y su arte puedan tocar  espacio totalitario y lo puedan subvertir. Con lo que estaríamos hablando de la posibilidad de existencia de un poder simbólico que todavía ostenta algún poder en ese espacio unificado y totalitario. Tres, presumir que curadores, críticos y artistas son autónomos, cuando en realidad son piezas del andamiaje de ese estado totalitario, en que al arte y demás, funcionan como mecanismos que cumplen una función dirigida o comisionada.  Cuatro, ¿puede un crítico pretender ser un hermeneuta de obra en la época de no realización simbólica del arte, cuando el arte habla inevitablemente ese único contenido y tiene esa única función de mercancía ? Función en que, anulado definitivamente el poder de significación, o valor de uso, queda clausurada cualquier posibilidad de enunciación ? O cualquier presunción de que sea efectivo poder ostentar algún valor que pudiera revertir ese sur económico ? Esto último, en alusión a la razón señalada por el curador y por el crítico, de trasladar el estado del arte en esa dirección.

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Artes Vivas

La sobresaturación de ferias, premios y salones, busca crear la ficción de una dinamización de la escena del arte. Dinamización que en cierto sentido contribuye a construir y respaldar la vitalidad de la economía nacional. Serían más de 150 eventos simultáneos en la ciudad de Bogotá. También se construye la ficción de la libre elección entre propuestas a las que se hace ver como antagónicas, el salón de artistas y la feria. Lo que contribuye a construir el mito de públicos divergentes y de comunidades de públicos de obra, que habrían de identificarse con una u otra propuesta. Cuando en realidad se trata de meros consumidores de cultura.

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La representación por el arte

La política entendida como realización de la economía política, funda la época de la totalidad de un mundo cuyo único sentido es la realización de la acumulación. Una acumulación que no prevé o posibilita ninguna alternativa que pudiera erigirse como disyuntiva a esa acumulación. En este estado de cosas la política es una ilusión más. También el Arte. Cuando desaparece la ilusión de la política como representación, desaparece también en consecuencia, cualquier posibilidad de representación estética. Por lo menos, esa instancia de un mundo de capital donde todavía era plausible la representación de ese modo de vida, el burgués, acorde con el orden capitalista, al que hacía contrapeso, en la otra orilla, planteando una crítica a esa economía y a ese orden social y estético, la puesta en marcha de una economía de redistribución y cese de la desigualdad. Hoy en cambio, en el cesar de toda ilusión política, de toda ideología, asistimos al final de la ilusión de la representación. La representación ha venido a ser suplantada por un hecho sin doblez, por una literalidad absoluta, en que se nos da a mirar la mercancía, el arte como mercancía de la economía creativa. Hoy llamada a un acusamiento mayor, con el imperativo de la “economía naranja”y sus teorías del emprendimiento. El Arte Político en cambio, supondría la existencia de la política, supondría la viabilidad todavía de un escenario de partidos, votantes, ideologías, programas, colectivos, etc. Tenemos sin embargo, únicamente y de manera global, la gestión totalitaria del poder económico. En este nuevo orden ontológico ¿cómo hablar de la posibilidad de un poder simbólico, es decir, de un Arte Político que refutaría ese orden y que obraría en consecuencia, evitando a toda costa ser subsumido por el poder de los grandes capitales y de las grandes corporaciones, que es el que hace posible su visibilidad y su devenir obra en el escenario de esas mercancías de la industria creativa?

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El poder del crítico

La crítica no autorizada y la crítica autorizada. El carromato crítico me desvia con alguna distracción y sin darme cuenta caigo de tumbo en tumbo como un trompo estrujado en medio de la tierra yerma. Capítulo de la mesa. Instrucciones. Pararse ante la mesa. Señalar la mesa. Y hablar autorizadamente sobre la mesa.

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Arte político y diletancia

Es presumible que las recientes alineaciones que vimos en la política nacional se repliquen en la escena artística local. Observemos de cerca el comportamiento político de César Gaviria Trujillo máximo líder ¿liberal? Gaviria a su vez está considerado por la revista Dinero como el mayor coleccionista del país, mientras su hija, María Paz Gaviria dirige, supervisa y controla el mayor circuito del arte nacional al que se han ido agregando los circuitos emergentes del reciente centro de arte de Bogotá, las galerías del barrio San Felipe. En relación con los dineros públicos de las actividades culturales del país, contratos al salón y demás movimientos están controlados por la Fundación Arteria. Es importante supervisar esta mediación y poder conocer quiénes controlan la fundación. En los papeles de la fundación no aparecen los nombres que la conforman. O no se tiene acceso a ello. La única cabeza visible es su Directora Nelly Peñaranda.

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Censura. Filosofía del Pasaje

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Filosofía del Pasaje

“Mallarmé. “Había atravesado la plaza y el puente de Europa, con la tentación, casi cada día, según le confió a Feorges Moore, de lanzarse desde lo alto del puente a las vías férreas, bajo los trenes, a fin de escapar por fin de esa mediocridad de la que era prisionero.”Daniel Halévy. Países parisinos, París, (1932), p.105.” Walter Wenjamin. Libro de los pasajes. Madrid : 2011, p.447.

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El Salón de los artistas

Si hablamos de estado del Arte del Salón Nacional de Artistas tendremos necesariamente que preguntar por la Fundación ARTERIA. La hasta ahora abstracta y anónima Fundación que maneja y administra y decide los destinos y decisiones de una gran porción, podría ser más que eso, de los dineros destinados a la cultura del país. A la cultura de Colombia. En un Salón  Nacional de Artistas por otro lado, el modelo de concurso de las curadurías, cuyos curadores ganadores deben curar al salón y a los mismos artistas, desdibuja lo que debiera ser un Salón. O lo que debió ser un Salón. Como muestra de la buena salud de la representación del arte de todo un país. Sólo así se explica el que el artista se deba o no a la generosidad del curador. Se deba o no a la visibilidad que quiera brindarle el curador. Al final el artista termina siendo casi una última pieza. Como un objeto puesto a prueba. Aunque algunos de estos artistas en cambio no son piezas del curador y sus curadurías. Entran en la categoría de pares que nivelan la estratificación. Mientras por otro lado se cumplen las consecuentes cuotas a la solidaridad.

 

Claudia Díaz, jueves 31 de octubre del año 2019


De la crítica, las obras y las curadurías del 45 Salón Nacional de Artistas



¿Se puede reflexionar del Salón Nacional a partir de sus obras?, ¿por qué despierta mayor interés la crítica institucional que la crítica de arte?, ¿es posible hablar de las obras sin recurrir a la reductiva lista de “obras destacadas”? A partir de estas preguntas se generó una muy interesante discusión sobre el 45 Salón Nacional de Artistas. En esta conversación abierta del seminario “Escenas del arte”* participaron con opiniones, críticas y autocríticas: Julia Buenaventura, Carlos Camacho, David Julián Cortés, Maria José Dávila, Mario Omar Fernández, Jaime Iregui, Juan Mejía, Miguel Moyano, Lucas Ospina, Paola Peña, Elkin Rubiano, Sylvia Suárez, Giovanni Vargas, Guillermo Vanegas y los curadores del Salón: Maria Sol Barón, Alejandro Martín, Ana María Montenegro, Camilo Ordóñez, Adriana Pineda y Luisa Ungar.

Adelante, de izquierda a derecha: Dominique Rodriguez, Ana María Montenegro, Luisa Ungar, Paola Peña; Maria Sol Barón. Atrás de izquierda a derecha: Julia Buenaventura, Carlos Camacho, Juan Mejía, Giovanni Vargas, Alejandro Martín.

De izquierda a derecha: Mario Omar Fernández, David Julián Cortés, Miguel Moyano, Maria José Dávila.

Juan Mejía, Giovanni Vargas, Alejandro Martín.

Intervención de Paola Peña

Sylvia Suárez, Julia Buenaventura

Intervención de Alejandro Martín

Elkin Rubiano, Guillermo Vanegas y Lucas Ospina

Intervención de Adriana Pineda (atrás, a la derecha)

*Escenas del arte” es el tema del seminario Modus Operandi, organizado por el Departamento de Arte de la Universidad de los Andes. Consta de una serie de charlas, presentaciones y acciones que se presentan en tres sesiones durante los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2019.


El 45 Salón Nacional de Artistas: de la polémica al asombro

La escritora Melba Escobar escribe hoy sobre el 45 Salón Nacional de Artistas en El Tiempo. Se refiere tanto al caso del mural como a obras y curadurías.


Obra de Adrián Gaitán en el Museo de Artes Visuales de la Tadeo

El 45 Salón Nacional de Artistas: de la polémica al asombro

Hace 79 años se inauguró el primer Salón Nacional de Artistas. Entonces era presidente Eduardo Santos Montejo, y Jorge Eliécer Gaitán, su ministro de Educación.

El objetivo era tomarle el pulso al arte colombiano, visibilizar nuevos artistas, generar un diálogo en torno al oficio. Desde entonces han pasado por él figuras como Fernando Botero, Eduardo Ramírez Villamizar, Doris Salcedo, Beatriz González, Víctor Laignelet y Juan Mejía. Sus obras han generado controversia, como lo ha hecho en el actual Salón la disputa por el muro borrado con las pinturas del Colombo Americano hechas por Powerpaola y Lucas Ospina.

El mural destruido “en un acto de vandalismo institucional”, como lo denomina el artista Bernardo Ortiz, en una carta publicada en Esfera Pública, deja el desconcierto sobre quién dio la orden de arrasar con una pintura que mostraba a Enrique Peñalosa sin pantalones y con camisa de leñador tumbando un árbol con un hacha o a una figura de Trump con el expresidente Uribe e Iván Duque como títeres. Si fue “una orden de arriba” o la decisión de un mando medio poco importa mes y medio más tarde, a escasos dos días de que el Salón termine su exhibición en Bogotá, después de 13 años sin tener como sede a la capital del país.

Pero más allá del hecho concreto y desafortunado del mural, poco se ha hablado del 45 Salón Nacional de Artistas como el esfuerzo que reúne 9 espacios, 160 artistas y varios grupos de curadores bajo el título ‘El revés de la trama’. Espacios como el MamBo, Odeón, la galería Santa Fe, el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el Parqueadero, Casa Lía o la Cinemateca Distrital, exhiben dibujos, comics, escultura, pintura, performance y happenings, además de ofrecer talleres y conversatorios con artistas nacionales e internacionales sin ningún costo.

El revés de la trama

Para Liliana Andrade, museógrafa del 45 Salón Nacional de Artistas, algo por destacar de esta muestra es la diversidad de registros, formatos, géneros y técnicas que se ven representados. Lo cierto es que después de visitar la muestra queda claro que el hecho de ser un programa de arte en Colombia, no nos limita a pensar en problemáticas sociales, política, desigualdades, territorio o poblaciones. Si bien todas estas temáticas se ven representadas en las exposiciones, también vemos la concepción de una idea de futuro, el manejo del tiempo, el espacio, la ciencia, la tecnología, el medioambiente.

Como una espectadora ajena al mundo del arte, esperaba encontrar una narrativa en torno al país, sus conflictos sociales, su identidad de nación, su concepción política. Quizá porque esa ha sido una tendencia del arte colombiano en obras como las de Beatriz González, Fernando Botero o Doris Salcedo, me sorprendió encontrar tantos registros, temáticas y formatos heterogéneos.

Al comienzo, esa diversidad de voces mayoritariamente nuevas y jóvenes la percibí como una ausencia de lo conocido o esperado. Luego de dos visitas pude percibir que acaso mi desconcierto obedecía al hecho de estar viendo algo nuevo: un arte plural, diverso, donde el artista colombiano se concibe más como ciudadano del mundo, sin que su localización geográfica o temporal determine una corriente, un modo de representación o una temática particular.

El revés de la trama, el otro lado de las cosas, la tras escena, aquello que ocurre tras bambalinas, el relato oculto tras la obra, las costuras que suelen permanecer ocultas, el proceso de realización. Para Alejandro Martín, director artístico del Salón, la intención era mostrar la ciudad como una gran trama sobre la que ocurren muchas cosas, heterogéneas, inconexas, pero al mismo tiempo unidas desde esa relación única que cada uno construye con la otredad: “No deja de ser paradójico que todos tenemos una mirada distinta sobre lo otro, sobre lo diferente”. En ese sentido, también ‘lo otro’ es algo único, irrepetible y subjetivo.

Del afro futurismo a la ciencia ficción

En el MamBo, La Usurpadora, un proyecto de investigación curatorial integrado por los artistas María Isabel Rueda y Mario Llanos, le ha dado forma a la exposición ‘Universos desdoblados’. Como bien lo dice Dominique Rodríguez, jefe de comunicaciones del Salón y periodista cultural, “la exposición problematiza lo que todos damos por hecho”.

Lo cierto es que en este acto de “problematizar lo que damos por hecho”, me sentí como si me hubiera perdido en la traducción. La sensación de no captar el mensaje me hizo por momentos dar, en sentido literal, tres pasos hacia atrás de aquello que me resultaba incomprensible. Sin embargo, después de visitar varias de las obras, me fui relajando. A veces queremos que todo tenga una lógica, una estructura, un código que podamos descifrar con rapidez. Pero el arte puede ser a menudo un elogio a la dificultad, nos exige mirar despacio, repasar.

En este ejercicio de suspender el juicio automático que solemos emitir sobre lo desconocido, sobre aquello que vemos por primera vez y no comprendemos de la manera en que creemos comprenderlo todo, llegué a captar la ironía en el lenguaje, el juego, su habilidad para afilarnos la mirada. En más de una obra, el tiempo hace una contorsión para mostrarnos ese futuro que imaginábamos hacía un siglo y que nunca fue. Un futuro que ha envejecido y ahora revisitamos burlones encontrando en él un destello de la imaginación humana, sus ilusiones, su afán de capturar la grandeza, el sentido de la vida y del universo, todo desde nuestra efímera existencia.

Para Alejandro, el revés de la trama implica también pensar el arte como un proceso inacabado. Acaso las obras solo cobran vida bajo los ojos de los espectadores que nos fijamos en ellas. El sentido de cada obra se lo da entonces el espectador. Cada obra es tantas como espectadores la visiten y le den un sentido único e irrepetible.

Del desconcierto al asombro

En las exposiciones se encuentra dibujo, cómic, nuevos medios, instalación, performance, escultura, pintura. Hay muchísimos artistas jóvenes, se sabe por las fechas en las que nacieron, bastantes no han cumplido los 30 años. Los temas parecen ser todos: el tiempo, el espacio, la idea de futuro, la política, el territorio, el cuerpo, la palabra, la sexualidad, el género, la violencia, la historia, la memoria. Quizá eso me sorprendió. Como dije antes, esperaba una narrativa de país, quizá del posconflicto. Esperaba ver las regiones, el territorio. Esperaba ver algo de lo que ya he visto.

Entonces se topa uno con el desconcierto. Como muchas de estas obras en registros tan diversos y a menudo confusos que nos dejan sin palabras. El desconcierto puede repeler. Y, sin embargo, si se sostiene la mirada, quizá se llegue a conquistar el asombro. Como cuando se tiene una epifanía. Es un momento emocionante. Me reí con los videos de Alma Sarmiento, donde muestra a artistas colombianos como ella hablando desde un sofá en 2066 con el pelo blanco y el arrepentimiento de los errores cometidos en un pasado que es este presente.

Obra del artista Jason Castro. Foto:  Prensa Salón Nacional de Artistas

En el mismo museo, el observador atento encontrará huesitos sueltos de la patasola regados en las esquinas. Me cuentan de una niña que se pasó toda la visita intentando juntar huesos dispersos para darle forma a la difunta. Lo cierto es que tras esta obra de Mónica Restrepo, al mismo tiempo un juego de niños y una reflexión brutal, se oculta una interpretación de la patasola que no habíamos visto: un feminicidio en forma de leyenda infantil.

Recuerdo también las imágenes de videos tomadas aleatoriamente de YouTube por Sofía Reyes para tejer una colcha de retazos de fragmentos de historias audiovisuales que componen una nueva narrativa. Imágenes circulares que producen tanto empatía como angustia en una narración hecha de otras narraciones.

En una esquinita del segundo piso está la obra de José Orlando Salgado, una fotografía donde se lo ve subiendo al cerro de Monserrate vestido de astronauta y con una bandera de Bogotá para conquistar el cerro, tal como el hombre en su momento conquistó la Luna. El traje espacial parece hecho de papel aluminio, tubos de aspiradora y otros chécheres domésticos. Esta parodia nos hace pensar en ese concepto tan grandilocuente y a la vez fortuito de la ‘apropiación geográfica’. Nunca había pensado en ese lado cómico, casi ridículo, de conquistar la Luna con una bandera. Al ver la parodia del hombre que ‘coloniza’ Monserrate como un cerro que entra a hacer parte de Bogotá, resulta inevitable pensar el gesto de conquista intergaláctica como uno de tantos actos pueriles de la vanidad humana. El revés de la trama es entonces también el acto de cambiar el punto de vista. Ver lo que siempre hemos dado por sentado con una mirada refrescante y renovadora. Dejarnos sorprender por eso que siempre había estado ahí, pero que no habíamos visto más que una manera oficial e incuestionable.

Se me acaba el espacio y solo les he hablado del MamBo, apenas he mencionado un puñado de los cerca de 160 artistas que participan del Salón. Solo les puedo decir que me encantó lo que vi. No en la primera, en la segunda visita. Porque me costó esa vuelta de tuerca sobre la mirada que exigen muchas de las obras. Y, sin embargo, valió la pena.

El imaginario colectivo del progreso, los mitos fundacionales sobre la existencia, nuestras creencias más ancestrales puestas del revés, todo parece flotar a nuestro alrededor como el colchón que Adrián Gaitán pone a ondear por los aires en el Museo de Artes Visuales de la Tadeo Lozano. Me quedan ocho exposiciones por mencionar. Se me acabó el espacio. Tengo en la punta de la lengua tantas imágenes, recuerdos, artistas que quisiera mencionar, que merecerían aparecer aquí porque me enseñaron algo, me sorprendieron, me dejaron perpleja, me sacaron un gesto de asco, una carcajada o una pregunta que llevaba años atascada en el sótano de la cabeza.

El arte es una máquina de generar pensamientos y emociones, tal como la máquina de fe que encontramos en el MamBo, obra de Jason Castro. Máquinas que no son máquinas sino fabricaciones humanas hechas de deseo, miedo y necesidad. Pensamientos puestos patas arriba que nos enseñan el revés de las emociones.
Esta creación colectiva es un esfuerzo en el que participaron artistas, curadores, instituciones públicas y privadas. Al final del recorrido se encontrarán con un coro monumental, armónico en su heterogeneidad y asimetría, expectante a la llegada del público, cómplice y testigo en el tránsito del desconcierto al asombro.

Hasta el 4 de noviembre

Once sedes y 166 artistas.
Todos los espacios son gratuitos
Espacios:
– MamBo
– Museo de Artes Visuales, Universidad Jorge Tadeo Lozano
– Cinemateca de Bogotá
– Centro Colombo Americano
– Espacio Odeón
– LIA
– Galería Santa Fe
– El Parqueadero, Mamu
– Facultad de Artes, Asab
– Pastas El Gallo
– Biblioteca Nacional de Colombia


NO a la Censura en el Centro Nacional de Memoria Histórica

Las últimas elecciones no solo son un indicador de un viraje en el mapa político colombiano, también resulta ser un reclamo al gobierno nacional frente a políticas que han resultado complejas como la reforma tributaria (plan de financiamiento), el desgaste del país y las instituciones del Estado alrededor de las objeciones a la JEP (Justicia Especial para la Paz), la desfinanciación del Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición surgido de los Acuerdos de Paz con la exguerrilla de las FARC –EP y la frustración de las expectativas de la ciudadanía en general, así como de las víctimas del conflicto armado en particular sobre aquella búsqueda de la paz y la reconciliación.

Miramos con gran preocupación que las palabras paz y reconciliación desaparezcan de los discursos oficiales y en cambio palabras que atizan la polarización y el odio entre los colombianos estén al orden del día.

Como ciudadanos colombianos queremos llamar la atención que en instituciones como el Centro Nacional de Memoria Histórica, creado por la Ley 1448 de 2011 o Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, el señor Dario Acevedo, su director desde principio de 2019, oriente la entidad con sus sesgos ideológicos, manejando a su antojo un espacio que como pocos fue y representó escenario de dialogo, debate, encuentros, desencuentros y disensos importantes, aun así, un lugar de orden investigativo y acompañamiento a las víctimas, que se acercaba a las formas de democracia participativa alrededor de la puesta en marcha de las políticas de memoria y reparación en el país.

Pedimos que se investigue un mal manejo de dicha institución bajo la dirección de Darío Acevedo por los siguientes motivos:

Administrativamente sus recursos están subejecutados, por ello la baja producción de calidad durante 2019, a diferencia de la realizada en años anteriores, de hecho, lo único para mostrar para este año fueron compromisos y productos dejados de la dirección anterior en cabeza de Gonzalo Sánchez.

El señor Acevedo de manera irresponsable e irrespetuosa ha querido hacer borrón y cuenta nueva de lo dejado en años anteriores, juzgando sin mayores argumentos la producción, trabajo y cercanía a las regiones, organizaciones y comunidades de años anteriores. Basta recordar sus pretensiones de cancelar u obstaculizar parte de los compromisos generados por el CNMH antes de su llegada:

La ralentización que Acevedo aplicó al lanzamiento del Informe A la vida por fin daremos todo, so pretexto de complementar con otras versiones los contenidos del informe, sin embargo, hasta el momento no se conocen esas otras versiones, finalmente el informe fue lanzado con apoyo de la Universidad de los Andes.

La animosidad e intenciones de censura con que dirigió cartas a los rectores de algunas Universidades del país reclamando por las inquietudes presentadas por algunos de sus docentes, preocupados por los sesgos que podrían afectar la marcha del CNMH, lo que está siendo comprobado en las acciones de censura que ha adelantado el señor Acevedo durante el 2019.

La inequidad de participación de las víctimas en el CNMH frente a la participación de las Fuerzas Militares, que no es más que otro indicador de las preferencias ideológicas del nuevo director y de las exclusiones que ha generado.

El intento de cancelación de la exposición Voces para transformar a Colombia en la ciudad de Cali, y de lo que tuvo que recular dado los compromisos ya adquiridos por el CNMH en 2018.

Como se sabe, esta es una muestra piloto de lo que será el contenido museográfico del futuro Museo de Memoria de Colombia, un espacio de dignificación de las víctimas del conflicto armado en el país, víctimas que en el discurso de los últimos tres presidentes son el centro de los procesos de justicia transicional. No obstante, una contundente evidencia es divulgada por la revista ARCADIA en su edición número 68 titulada Censura en el Centro Nacional de Memoria Histórica, donde señala:

“Acevedo eliminó los textos introductorios de la exposición, cambió el contenido del folleto impreso y suprimió palabras como “guerra”, “despojo”, “resistencia” y “resiliencia”. En Cali pretendía borrar el capítulo entero sobre la Unión Patriótica. Eso finalmente no pasó, porque el equipo [del área de Museos del CNMH] se opuso con fuerza”

¿Si esto no es negacionismo qué lo es? Como bien se sabe en una guerra lo primero que se pierde es la verdad, lo mismo podría decirse de las actitudes negacionistas de Acevedo, pues la censura va en contravía de la verdad y la memoria. Sus decisiones arbitrarias e individuales no tienen respaldo de la Academia y se basan solamente en sus posturas ideológicas y la intención manifiesta de modificación del guion museológico y los lineamientos conceptuales del museo.

Ello debe ser rechazado en honor de la dignificación de las víctimas quienes deberían ser el centro de las políticas de memoria y reparación en Colombia. Pero además debe ser rechazado porque los enormes recursos que la Nación invirtió en el diseño de ese guion museológico se estarían desperdiciando y exigirían al CNMH y a la Nación una nueva inversión en otro nuevo guion museológico, lo que va contra le ley.

Como organizaciones defensoras de Derechos Humanos, organizaciones de víctimas, Red Colombiana de Lugares de Memoria y organizaciones de la sociedad civil consideramos un negacionismo que Darío Acevedo censure en dicho guion museológico palabras como guerra, despojo, lucha, resistencia y resiliencia.

Por lo anterior ratificamos nuestra resistencia a aceptar como director del CNMH al señor Dario Acevedo, él no representa a las víctimas en el país. Nos preocupa su permanencia en el cargo y la influencia sobre lo que sería el Museo de Memoria de Colombia, este no debe ser un lugar de medias verdades y lenguajes suprimidos y silenciados. La discusión aun está abierta sobre la composición de la junta directiva del Museo y la participación de las víctimas que se definirá en el Plan Museológico y en la ley regulatoria del museo que está próxima a discutirse en el Congreso. Pedimos a los congresistas que la Junta Directiva de ese museo esté compuesta en un 50% +1 por organizaciones de víctimas y lugares de memoria para evitar una memoria de Estado.

Al señor presidente de la República Iván Duque Marquez, le instamos a revisar con tesón y sin miramientos ideológicos cuál debe ser la dirección del CNMH, una dirección legítima y que cumpla con sus deberes legales de colocar a las víctimas, comunidades y organizaciones sociales victimizadas en el centro de la política de memoria y reparación.

Para apoyar esta petición, firme aquí


En el fértil suelo, La travesía de María Elvira Escallón – Crítica sin Cortes

Segunda entrega – X Premio Luis Caballero. Elkin Rubiano recorre la exposición “En el fértil suelo – La travesía” con la artista María Elvira Escallón, nominada al Premio Luis Caballero. Esta propuesta es la continuación de un gesto que la artista inició en 2016 al encontrar en La Ilíada un párrafo que describe un episodio: el momento en que los líderes de los ejércitos toman a decisión de detener esa cruenta guerra. Aqueos y Troyanos después de 10 años de lucha se desarman en el campo de batalla. Describe la situación en que dos enemigos históricos están frente a frente sin armas, igualmente expuestos y vulnerables:

Detuvieron los corceles,
bajaron de los carros
y dejando las armaduras en el fértil suelo
se pusieron muy cerca los unos de los otros

Durante su búsqueda, Escallón encontró una imagen que le llamó poderosamente la atención: dos seres que, a pesar de grandes impedimentos, han sabido encontrarse para poder avanzar. De otro modo, ambos estarían confinados, inmóviles en su dificultad. Esta imagen milenaria cambia según la época y es interpretada de distintos modos según el contexto, en esta propuesta, como antiguos adversarios que vuelven de la guerra.


La crítica: lo próximo y lo distante

Compartimos con los lectores de Esfera Pública un aparte del texto de Elkin Rubiano con el que participó en el seminario “Escenas del arte – Modus Operandi”, organizado por el Departamento de Arte de la Universidad de los Andes. Septiembre 4 de 2019

“Dibujamos a Mahoma para defender el principio de que uno puede dibujar lo que quiera. Es extraño: se espera que ejerzamos una libertad de expresión que nadie se atreve a ejercer. Hemos hecho nuestro trabajo. Hemos defendido el derecho a la caricatura”[i]. Estas palabras las pronunció el editor de Charlie Hebdo algunos meses después de la matanza de enero de 2015. Ante la masacre, el mundo occidental proclamó al unísono “Je suis Charlie”, en una clara defensa de la libertad de expresión. En un mundo secularizado la libertad de expresión es un asunto “sagrado”, independientemente de que en las culturas no secularizadas la caricatura de un profeta se convierta en una ofensa de orden mayor: manchar el rostro sagrado de Mahoma. De hecho, en el arte islámico Mahoma suele aparecer con el rostro cubierto por un velo, o simbólicamente representado como una llama. Desde luego, este es un dato insignificante para el crítico occidental, cuyo emblema es la libertad de expresión. Como señala Slavoj Žižek, “…hoy percibimos como una amenaza a la cultura a todos aquellos que viven directamente su cultura, aquellos que carecen de la distancia que nosotros establecemos” (cursivas mías 2006, 16). El “nosotros” es occidente; los “bárbaros” siempre son los “otros”. Desde luego es un acto de barbarie masacrar a unos caricaturistas, pero esto es inseparable de la certeza de que nosotros, finalmente, no somos talibanes. Por eso, los creadores de South Park caricaturizan a Cristo pero se autocensuran con Mahoma, pues son conscientes de la distribución desigual o jerárquica de la ofensa. Frente a esto, los cristianos exigen un trato igualitario, como se lee en el portal InfoCatólica:

Los creadores de la serie animada South Park han decidido reemplazar el personaje de Mahoma (…) después de que una web de jóvenes musulmanes amenazara de muerte a los responsables de este programa. Sin embargo, lo mismo no sucedió con Cristo o con Buda, pues en un reciente episodio el primero apareció mirando pornografía y el segundo esnifando cocaína.[ii]

Por un momento los reporteros de InfoCatólica se percatan de las ventajas del talibanismo, o al menos de su eficacia. Antes que a la amenaza directa el mundo secular recurre a la demanda, incluso en casos de presunta ofensa religiosa, como el caso de “Mujeres Ocultas” (2014) en el Museo Santa Clara en el que la relación vagina/custodia resultó ofensiva para algunos grupos católicos: la artista María Eugenia Trujillo quería mostrar “que Dios era una vagina”, según uno de los voceros. La demanda legal, en todo caso, parece más eficiente si va acompañada de algunas amenazas divinas:

Si usted no es católica no creen en nada respete a los que sí lo somos. A usted la va a vomitar Dios porque Dios vomita a los tibios. Un engendro del diablo como usted no merece dirigir un museo como es el de santa clara y mañana se hará manifestación frente al museo. Porque los católicos somos más y no vamos a permitir que una maldita feminista disfrazada de artista plástica destruya nuestra fe así que aténgase porque los católicos somos más [se conserva la escritura original de la carta].[iii]

Estas amenazas producen miedo porque el grupo de católicos que se moviliza carece de la distancia que nosotros tenemos frente a un espacio hoy en día desafectado o secularizado como el museo Santa Clara. Para “nosotros” creer de verdad es cosa de fundamentalistas, musulmanes o cristianos, que confunden la inserción de una vagina en una custodia con el ojo de Dios. Nosotros somos distanciados, gozamos y ponemos en práctica la “distancia irónica”. Podemos gozar con la caricatura de alguien convertido en cerdo, sabiendo que el susodicho no pertenece, en verdad, a la subespecie porcina. Es decir, tenemos la suficiente inteligencia para percatarnos de la distancia entre la cosa y su representación. Pero también para gozar del intersticio donde creemos ver que una verdad sale a flote (It’s funny because it’s true), desde el parecido físico del entonces candidato presidencial con la figura de un cerdo, hasta la “probabilidad” estadística según la cual muy pocos uribistas son probos. Si alguien pone en duda nuestro derecho al goce de la caricatura mediante una demanda o la amenaza directa lo consideramos… un talibán, pues atenta contra el intocable derecho de la libertad de expresión. El demandante de Matador señalaba lo siguiente:

La osadía del caricaturista de llamarnos a los uribistas cochinos, constituyó una manifestación denigrante, orientada a señalar con expresiones derogatorias, a quienes seguimos las orientaciones del expresidente Uribe y a influir por la vía de la ofensa y la descalificación en la conciencia de los electores.[iv]

Por su parte, la Fundación para Libertad de Prensa señaló que “La sátira, la crítica y la parodia son ejercicios legítimos de la libertad de expresión. Una decisión judicial de censurar a Matador, sería una afrenta grave contra su derecho fundamental a opinar”. La demanda, por fortuna, no prosperó. Aquí hay que recordar las palabras del editor de Charlie Hebdo, “Dibujamos a Mahoma para defender el principio de que uno puede dibujar lo que quiera”. Y podríamos extenderlas a Matador: “Dibujo a Duque en forma de cerdo para defender el principio de que uno puede dibujar lo que quiera”, y debería agregarse: independientemente de que doña María Juliana Ruiz, infatigable promotora de los jóvenes científicos colombianos, se sienta lastimada de ver en la figura de un cerdo al hombre que cada noche duerme a su lado. Parece que el discurso de la caricatura muchas veces pasa por la ofensa: que se ofendan el directamente implicado y sus cercanos. Eso es lo que defendemos y los talibanes no entienden: que gozamos viendo que el presidente eterno le limpie el trasero al subpresidente, que nos divierte ver al maestro de la superación del deseo metiendo perico y al ascético Yisus viendo pornografía. En parte esa es la gracia de la sátira y la parodia. Desde luego los que defendemos esto no somos ni uribistas ni budistas ni cristianos… Por el contrario, este auditorio está repleto de inteligencia crítica. Los talibanes siempre son los otros. Y voy a referenciar, precisamente, a un “Talibán”, a un tal Iván Navarro, dibujante transmutado en caricaturista. Mientras tanto, transcribo una defensa muy lúcida sobre la libertad de expresión, realizada por Halim Badawi:

El New York Times se muestra preocupado por la libertad de prensa en Colombia (con el despido de Daniel Coronell de Semana), pero al mismo tiempo decide cerrar, en un acto radical, ejemplarizante (como cuando en el pasado quemaban brujas en la hoguera), su espacio dedicado a la caricatura política, esto, porque dos de sus caricaturistas publicaron un dibujo que ya fue sentenciado (por los bienpensantes y los correctísimos) como “antisemita”. Este dibujo muestra al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como perro guía del presidente Donald Trump. Yo pensaba que la blasfemia había dejado de ser un delito en la mayoría de las democracias de Europa y las Américas, al menos desde la Revolución Francesa, pero veo que todavía despiden gente por blasfema, aunque ahora lo llamen “ofensa al sentimiento religioso” u “ofensa a los símbolos religiosos”, un cargo ridículo teniendo en cuenta que los símbolos religiosos también son políticos (y al moverse en ese territorio ambiguo, estos símbolos son susceptibles de ser reapropiados, cuestionados o revisados críticamente). Así mismo, la caricatura, lejos de las interpretaciones o sentidos diáfanos y únicos, se mueve en un territorio inestable, líquido, pleno de alegorías, metáforas, dobles sentidos e indefiniciones, y así puede decir cosas que no podrían decirse de otra forma. Ninguna sociedad que se precie de democrática (y ningún medio de comunicación enfilado hacia este horizonte), puede permitirse condenar a dos artistas, a dos caricaturistas, por blasfemia, y menos juzgar con un rasero lo que pasa afuera y con otro rasero lo que ocurre adentro. #TheNewYorkTimes[v]

La censura de la que fueron víctimas los caricaturistas es infame, pues ellos estaban ejerciendo su derecho a dibujar a Netanyahu como perro para defender el principio de que ellos pueden dibujar lo que quieran. De esta reflexión me interesa la distinción que Badawi hace entre el afuera y el adentro. La misma que de alguna manera propongo con el título de esta charla: lo próximo y lo distante.

 

Artículo completo, en el blog de Escenas del Arte


Defendamos la libertad de expresión: NO a la censura al Salón Nacional de Artistas

El lunes 23 de septiembre una directiva del Centro Colombo Americano de Bogotá atacó el arte: ordenó tapar con pintura blanca un mural hecho a mano por dos artistas del 45 Salón Nacional de Artistas, el programa estatal con mayor tradición para el arte en Colombia y que en la actualidad es organizado cada tres años por el Ministerio de Cultura.

Este acto de censura ejecutado por la directiva del Centro Colombo Americano se hizo sin mediar palabra con los artistas y destruyó una obra que todavía estaba sin terminar y abierta al diálogo. Dos días luego de este acto de censura, el Centro Colombo Americano, bajo la dirección de Janet Van Deren, emitió un comunicado falaz que no ha tenido una réplica firme por parte del Ministerio de Cultura.

El equipo curatorial del  Salón Nacional de Artistas interpuso un derecho de petición ante el Ministerio de Cultura para obtener una respuesta en firme contra este acto de censura: Amalia de Pombo, Directora de Artes, se desentendió de esa responsabilidad. El Ministerio de Cultura justificó su evasiva bajo el sistema de contratación usado y transfirió la responsabilidad a un tercero: la Fundación Arteria, una entidad que recibe recursos públicos por su labor de intermediación en la ejecución presupuestal. Hasta ahora la Fundación Arteria tampoco ha querido admitir que hubo un acto de censura y ha sido evasiva con respecto a una de sus obligaciones legales con los artistas: “velar por el cuidado en la exhibición de la(s) pieza(s)”.

Mediante esta petición le pedimos al Ministerio de Cultura y a la Fundación Arteria se pronuncien de forma inequívoca en contra de este acto de censura a la obra de los artistas Power Paola y Lucas Ospina. De igual manera le pedimos a la directiva del Centro Colombo Americana que rectifique su posición, admita que se equivocó, y emita una declaración inequívoca en contra de la censura con la que haga honor a la misión educativa y cultural que la directiva de esa institución traicionó.

Este caso hace parte ya de una historia de censuras al arte en Colombia. A la luz de los hechos tres casos cobran relevancia: en 2009, el mural del Harold Trujillo, “Chocolo”, en el Salón Regional de Artistas del eje cafetero, fue censurado por una directiva ante una visita del Ministerio de Comunicaciones. En 2010 una directiva del Centro Colombo Americano de Medellín ordenó tapar de blanco un mural hecho en su fachada por el artista Carlos Uribe y lo censuró. En 2018, el alcalde de Villa de Leyva, Victor Hugo Forero, rompió el acuerdo de exhibición que tenía con la curaduría del Salón Regional Zona Centro y censuró las obras de Edgar Guzmanruiz, Carlos Castro, José Alejandro Restrepo y el Colectivo Interferencia.

La libertad de expresión es un derecho garante de otros derechos: el silencio, la omisión y tergiversación de los hechos, hacen cómplices al Ministerio de Cultura, la Fundación Arteria y el Centro Colombo Americano de un estado de cosas que alimenta el miedo y la violencia. Normalizar la censura tiene consecuencias directas en el arte y en la vida de los artistas activos en la esfera pública en todo el país.

Este caso puede ser un aprendizaje colectivo que fortalezca las instituciones, los lazos de comunicación y solidaridad entre artistas, y permita que las próximas versiones de estos eventos y demás expresiones artísticas se beneficien de la memoria que deja este revés en la trama del Salón Nacional de Artistas. Pedimos que el Ministerio de Cultura y la Fundación Arteria se pronuncien, como es su deber misional hacerlo, y que el Centro Colombo Americano emita una disculpa. El artículo 20 de la Constitución Política de Colombia dice: “No habrá censura”.

―Equipo Curatorial del 45 Salón Nacional de Artistas

Luisa Ungar
María Isabel Rueda y Mario Llanos (La Usurpadora)
María Sol Barón y Camilo Ordóñez. ( Equipo Trans(H)istoria)
Alejandro Martín
Ana María Montenegro
Manuel Kalmanovitz
Adriana Pineda
María Buenaventura
Carolina Cerón
William Contreras-Alfonso

Para apoyar esta petición, firme aquí


Provocarse el Archivo de Eduard Moreno – Premio Luis Caballero – Crítica sin Cortes

Primera entrega – X Premio Luis Caballero. Elkin Rubiano recorre la exposición “Provocarse el archivo” con el artista Eduard Moreno, nominado al Premio Luis Caballero. Con esta propuesta, Moreno busca que el público se acerque a la relación que se establece entre el arte y la mediación. Para ello, interviene la colección del Museo Santa Clara (asumida por al artista como archivo) que, gracias a su condición religiosa y posterior secularización, manifiesta una serie de condicionamientos en los que la mediación ha pasado por reactualizaciones. Mediante un dispositivo de telas colgantes, el espacio intervenido permite velar y revelar las imágenes sagradas, al tiempo que un grupo de mujeres realiza una acción en la que el público puede solicitar un servicio que activa la conversación (la escucha, como como una forma de confesión). Por último, en una acción de “minado”, el artista recolectó vestigios minúsculos del museo (insectos, moneda, lentejuela…) que pueden visualizarse mediante microscopios conectados a pantallas.

Eduard Moreno. Peso Muerto. Clorofila y Materia vegetal. Provocar el archivo.


Esfera crítica. Sobre la necesidad de pensar críticamente en Colombia, una respuesta a Sandro Romero Rey

Considero preocupante cómo una opinión descalificadora de la crítica se lanza a la ligera sin medir las consecuencias que este tipo de afirmaciones pueden traer a las mentes de lectores, alumnos y amigos de Sandro Romero Rey.  (Profesor del programa de artes escénicas de la Facultad de Artes escénicas de Bogotá, ASAB. Escritor. Crítico y columnista en reconocidas revistas del país)

Veo como este tipo de afirmaciones suscitan de inmediato las simpatías de muchos y ningún tipo de comentario que interponga una cierta duda ante semejante afirmación.

Es cierto el esfuerzo que un creador realiza en su obra. Los años de dedicación. La dificultad en un país como Colombia para cristalizar cualquier actividad creativa. Pero también es cierto que toda obra emite pensamientos. Que toda obra es un lanzarse de un pensamiento poético a la esfera pública.

Este lanzarse supone siempre un salto en el vacío. Un riesgo.

Un no poder controlar en adelante los alcances que pueda tener este pensamiento. Esta Política del autor.

Precisamente la obra es un diálogo que se abre y que no cesa. Esto significa que la obra está viva y suscita preguntas. Desencadena el pensamiento. Quizá también genere alguna confrontación. Alguna fractura. Alguna descalificación.

Un autor no puede, sin embargo, pretender detener, controlar o evitar el curso de ese pensamiento. Aunque creo que como van los tiempos, estamos ingresando en un momento en que mecanismos de control modelan mentes en que este tipo de preguntas son vistas como peligrosas suscitaciones a las que se les tilda como altamente destructivas, siempre con ese lema que es ya una letanía, ese de considerar a la crítica como teniendo únicamente una dirección y es la de la afirmación. Lema y política de una crítica que desvía toda comprensión del sentido de un pensamiento crítico. Y que se torna altamente nociva y cultivo de las peligrosas políticas fascistas que intentan modelar el pensamiento de las futuras generaciones.

Precisamente el Arte es nuestra esfera de libertad que nos llama a pensar y no solo a replicar la obra.

Un pensamiento no es un acto de repetición sino precisamente un acto de conciencia en que se pone a prueba esa capacidad de resistencia por no querer detener el curso de una libertad desplegada ante nuestras conciencias.

La crítica no es una construcción afirmativa o constructiva. No es una adherencia a nada.

Es la libre indagación de un pensamiento que ha sido tocado por la obra y por su poder de irradiación.

Habrá sí tipos de críticas y de críticos.

Unos serios y comprometidos. Unos estudiosos o ligeros. En fin perfiles que ningún pensamiento debiera poder pretender controlar, o lo que es peor, querer alienar y aconductar.

Serán los lectores y alumnos y mentes libres quienes sepan reconocer el talante de una crítica. Su acierto o desacierto. Su pertinencia. Seriedad. O ligereza. Su necesidad. O su prescindencia.

Precisamente ese lector pondrá a prueba a su vez su propia capacidad crítica para dirimir estos asuntos.

Considero que este tipo de afirmaciones, como las realizadas por un profesor, quien tiene a su cargo la conducción de metes y libertades en una escuela de formación, debiera considerar que sus palabras tienen un alto poder de irradiación, en este caso la de señalar la disuasión sobre la necesidad de la crítica, descalificando  así sin más el pensamiento crítico.

En un país como Colombia, donde se están  cerrando a pasos agigantados los caminos de la libertad de no consenso (cf. Pablo Batelli), del libre pensamiento crítico, este tipo de apreciaciones envía una señal tergiversada sobre lo que significa para un país forjar y cimentar un pensamiento crítico. A todas luces urgente. Para los tiempos que corren en la más devastadora inercia crítica.

Colombia y la escena del Arte colombiano necesitan contemplar la necesidad de un pensamiento crítico libre lanzado al terreno de una esfera pública en donde sea posible y necesario un diálogo aún en el disenso.

Claudia Díaz, octubre 17 del año 2019


CRÍTICA DE LA CRÍTICA CRÍTICA

Por: Sandro Romero Rey

Por estos días me han escrito algunos mensajes en los que me reclaman “la falta de crítica teatral” en nuestro medio. Pero leyendo a los pocos, a los poquísimos que la ejercen, me pregunto si es esa clase de escribidores que necesitamos.

El asunto es como sigue: un grupo de creadores se reúne durante varios meses, alquila hasta los riñones para poder sacar adelante su montaje. Lo estrenan contra viento y marea, desangrándose por expresar su sensibilidad.

Y aparece el crítico. Un señor que pone una estrellita descalificadora, que despacha el montaje con un chiste de cantina, un epistemólogo que anota cómo el montaje no se acomoda a su propio canon, o simplemente un arrogante que pudo asistir al pase de prensa y, para demostrar su privilegio, se adelanta a todo el mundo y desbarata el trabajo de un plumazo con una frase para divertir al gallinero.

El lector, que siempre es perezoso, se guía por la estrellita, por el chiste desobligante, por la consolación filosófica o por el comentador que publica en cualquier medio. El lector saca sus propias conclusiones, sin ir a ver el montaje: “la obra es mala”, dirá sin argumentos, el que no se toma el trabajo de salir de casa sino que repite lo que dice el irresponsable. Hasta ahí llega el esfuerzo de los creadores. Sean buenos o malos. No importa (por lo demás: ¿quién o qué determina si una obra es “buena” o “mala” en estos tiempos tan poco maniqueos?)

Es cierto: el mundo del arte está expuesto a esta siniestra corrida de toros en la que los esfuerzos no justifican los resultados. Pero se necesita odiar un oficio para tratarlo de semejante manera, hasta el punto de acabar con todos aquellos que se pasan horas, días, meses, corriendo riesgos que luego los desbarata un escrito realizado a la carrera, mal redactado, con pésimas intenciones y con una aureola de superioridad que solo devela la triste frustración de aquel que nunca pudo aletear en los cielos de la creación.

No. En Colombia no se puede hacer una crítica de francotirador, disparando con tres aguardientes en la cabeza. El teatro es muy frágil, el público no existe y quienes comentan deben saber estimular y no darle argumentos a los enemigos fáciles de un oficio para que terminen de pisotear lo que se construye con las manos, con el alma, con la vida misma.

¿No te gustó el espectáculo? Cállate, crítico presuntuoso. O monta tu propia obra. En lo que a mí respecta, solo comento lo que parte mi vida en dos, lo que me desbarata las tripas, lo que me hace salir cantando bajo la lluvia. Si no, lo ignoro. De lo contrario, me estaría prestando al peligroso juego de la censura camuflándome en una sapiencia de sepulturero.

Bienvenidos todos: los del teatro de barrio y los del Teatro Colón. Los del Centro Comercial Los Ángeles y los del Julio Mario Santo Domingo. Los del Jorge Eliécer Gaitán y los del TEC de Cali. Los del Matacandelas y los del Teatro Villa Mayor. Todos cabemos. En un país de asesinos acabar con las manifestaciones artísticas desde la comodidad de un escritorio es un deporte muy peligroso. Como disparar contra las aves en vías de extinción.

Sandro Romero Rey. Comentario en su muro de Facebook. Jueves 17 de octubre, 2019


¿Salón Nacional de Contratistas? Respuesta del Ministerio de Cultura al Equipo Curatorial del 45SNA

¿El Salón Nacional de Artistas se transformó en un Salón Nacional de Contratistas? El pasado 9 de octubre el Equipo Curatorial del 45 Salón Nacional de Artistas le envió el siguiente derecho de petición al Ministerio de Cultura:


Bogotá D.C., 9 de octubre de 2019

Señora Ministra
CARMEN INÉS VASQUEZ CAMACHO
Ministerio de Cultura
República de Colombia

 

Copia a:
AMALIA DE POMBO
Directora de Artes – Ministerio de Cultura

ANDRÉS GAITÁN
Asesor Artes Visuales – Ministerio de Cultura

Asunto: Derecho de petición situación de censura 45 Salón Nacional de Artistas

Respetada Ministra,

Tras habernos manifestado como curadores sobre el episodio de censura del mural que realizaban Lucas Ospina y Powerpaola en el Centro Colombo Americano, solicitamos que sea el Ministerio, como garante del Salón quien haga una pronunciación oficial en la que reitere la defensa del derecho de libre expresión, rechace la censura, respalde la institución del Salón, la labor de la dirección ejecutiva y artística, de los curadores y de los artistas participantes en el 45 Salón Nacional de Artistas.

Tras conversar con los artistas involucrados, ellos señalaron que esperan una disculpa pública por parte del Centro Colombo Americano, solicitamos su intermediación para que tenga lugar.

Atentamente,

Equipo curatorial 45 Salón Nacional de Artistas:
María Buenaventura
Manuel Kalmanovitz
Ana María Montenegro
Adriana M. Pineda
Luisa Ungar
Equipo TranHistorIA: Maria Sol Barón y Camilo Ordoñez
La Usurpadora: Maria Isabel Rueda y Mario Llanos
Pastas el gallo: Carolina Cerón y William Contreras Alfonso
Alejandro Martín, director artístico


El 15 de octubre el Ministerio de Cultura envió la siguiente respuesta donde delega su responsabilidad de exigir una disculpa pública del Centro Colombo Americano a sus contratistas: