Juan David Laserna en #LeerLaEscena

El artista Juan David Laserna lee en voz alta Despolitzarlo todo un texto del teórico y curador Miguel López en torno al debate sobre un performance de Tania Bruguera.

“Pero la situación del sábado fue profundamente incómoda por un motivo particular: la despolitización absoluta a la cual era llevada la discusión en la valoración moral del acto. La conversión permanente del debate en un juicio en busca de culpables, poco faltó -si es que no se insinuó ya- el imperativo sobre la artista cubana de una rendición pública de disculpas, de su total arrepentimiento.

No deja tampoco de pasmar que otros indignados comentadores, aunque parecen tener el tiempo para masticar lo acontecido, lo único que intentan es reafirmar su posición de superioridad humanista condenando la acción con fuertes e intensas dosis de nacionalismo y moralismo, mezclado con un poco de sensiblería despolitizada, domesticando a ciegas toda la dimensión conflictiva del asunto. Un aluvión de condenas, cuyas posiciones más conservadoras y reaccionarias provinieron sintomáticamente de gente joven -al menos en el debate del sábado-. La política convertida en policía, desgranándose en identificar significados, protagonistas, inmoralidades, nuevamente cada uno en su lugar para la tranquilidad del bienpensante”

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El fracaso de la axiomática del cluster. Claudia Díaz en #LeerLaEscena

Para esta nueva entrega de #LeerLaEscena, Claudia Díaz escogió el texto Fracaso de la axiomática del cluster de Pablo Batelli.

“La confianza –excesiva o moderada- en la condición permanente de un territorio digital desjerarquizado, o el deslumbramiento derivado de su excesiva brillantez, encierra grandes riesgos de los que el ser humano o bien no es conciente, o de los que, siendo conciente, no puede –o desea- escapar. El primero es una confianza –excesiva o moderada- en la ruptura de los filtros de monopolio de expresión que puede ser aprovechada eficientemente en la instauración de nuevos filtros aún más complejos y más difíciles de identificar y desmontar, precisamente gracias a que opera en el marco de una nueva fe nacida a partir de la ruptura “definitiva” de cualquier forma de interferencia sesgada (o filtro pre-existente). Así en el uso ingenuo de un buscador, parecería existir tan solo la asepsia matemática de un algoritmo matemático que es, en tanto pieza de software, totalmente neutro e incorruptible. No se trata de un cluster para crackear los filtros de la administración, sino de un duelo siempre a favor de la casa en donde la contraparte, controladores de los filtros, también ha encontrado su propio cluster para realizar los refinamientos necesarios para la permanente reinstauración de sus filtros”

 

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#LeerLaEscena: el encuentro entre dos mundos – Adriana Martínez

Para esta nueva entrega de #LeerLaEscena, Adriana Martínez escogió el texto Encuentro entre dos mundos de Andrés Felipe Uribe.

Ewaiponoma Rihanna en Kunst-Werke, 9. Berlin Biennale
“I want you to homicide it”
Rihanna
Yeah, I Said It. Anti 2016.

“Cerca de Arui hay dos ríos, el Atoica y el Caora. En este último existe una nación que se distingue por que las cabezas de sus gentes no aparecen sobre sus hombros y aunque se crea que esto es una fábula, yo he resuelto creerlo porque todos los de la Provincia de Arroima y Canuri afirman lo mismo. A estos hombres los llaman los Ewaiponomas y se dice de ellos que tienen los ojos en los hombros, la boca en medio del pecho y una trenza de cabello que les nace atrás en la espalda. Me dijo el hijo de Topiawari, a quien traje conmigo de Inglaterra, que son los hombres más poderosos y fuertes del mundo…”*

Un pirata se instala en la capital global de lo políticamente correcto, centro blanco generador del discurso multikulti, estrategia de green wash con teoría del color complementaria de posguerra, es el pirata del Photoshop.

Artista después del Internet, después de la fotografía, después del desempleo, después del hambre, después de la prestación de servicios mal pagos, después del trabajo colectivo, después de la ilegalidad, después del pop, después de la lógica especulativa del mercado; solo había que darle la oportunidad de llevar su idea al frente para ver brillar toda esa su gracia y potencia, innegable para quienes tenemos la suerte de conocerlo.

Berlín cae de nuevo, esta vez ante un ser fantástico, tan real como la historia. Hecho doblemente relevante no solo en su escala desproporcionada, típica de la evolución avanzada del Capital=Arte=Imagen, sino por su ser-ahí, con los demás, para los demás, ser-ahí-justo-en-la-cara de los demás; monstruo de la conquista, de la estupidez del hombre blanco bautizando indios para la dominación violenta, el genocidio y el saqueo crónico. Una obra tan mestiza como nuestra esquizofrenia.

 

Andrés Felipe Uribe

*en El descubrimiento del grande, rico y bello imperio de Guyana, por Sir Walter Raleigh, citado por Carolina Calle Sandoval, en El Encuentro de Dos Mundos, 2006.


#LeerLaEscena: Contra la cultura. Una entrevista [en extenso] a Bernardo Salcedo

El artista y curador William Contreras escogió el texto Contra la cultura. Una entrevista [en extenso] a Bernardo Salcedo para esta nueva entrega de #LeerLaEscena. Con el apoyo de una obra de Carlos Alfonso. Aquí algunos fragmentos de la entrevista:

Visitamos en su estudio del Bosque Izquierdo de Bogotá al artista y escultor, Bernardo Salcedo, para preguntarle acerca de temas de la actualidad. Salcedo, bisnieto del ex presidente colombiano Eustorgio Salgar, y a quien su padre —un famoso médico bogotano— rapaba la cabeza cuando perdía una materia en el colegio, entendió que la única forma de exorcizar sus demonios y fantasmas infantiles era a través del arte, del humor sangriento y de la diatriba. Salcedo es una personalidad que reafirma cada vez esa reciente sentencia de un conocido político colombia­no según el cual es muy raro encontrar gente con carácter en nues­tro país. Porque precisamente Bernardo Salcedo es esa rara excepción, no solamente en el ejercicio de su lúcida obra plástica, sino también en sus juicios periódicos sobre la realidad de nuestra cultura.

¿El arte es una práctica solitaria?

Ser solitario es un romanticismo impracticable. De la capacidad de entrega de uno hacia otra persona, de­pende la capacidad de expresarse de uno. Cuando esto falla, el arte se vuelve pragmático; excesivamente racionalis­ta. Cuando el artista no tiene capacidad de manifestar amor, se refugia en la razón, que es el mejor vehículo para aclimatarse a la muerte. Hay mucho qué pensar. Para que las manos trabajen es necesario hacernos un lavado de cerebro constante. De otro modo, es muy difícil ser claros, comunicar algo, volvernos un medio de información. Esa es nuestra tarea: un diálogo. Sin duda, es el fin del mundo. Menos mal. La gente dejará de pensar en el mundo. Eso era una locura. Nadie puede tener conciencia de una es­fera en su totalidad, eso es un principio de la geometría del espa­cio. Ahora que parece haberse acabado el mundo, nos queda la alentadora perspectiva propia, la única verídica. Casi todo el mundo está convencido de ser un perfecto volumen, pero la realidad es sólo lo que podemos ver. Nadie puede ser abso­lutamente consciente de totalidad alguna. Si, por ejemplo, usted está casado hace diez años, o más, puede estar seguro de que no conoce a su mujer, pues siempre la ha visto de frente, o de lado, o por detrás, pero jamás totalmente.

[…]

¿Qué piensa de la polémica que se ha armado por los desfalcos de fondos que ha detectado una auditoria fiscal al Museo de Arte Moderno de Bogotá?

Aquí no les interesa edu­car a la gente para que entienda las cosas, sino polarizar todo. Todo quieren volverlo bipartidista; decirle a la gente: usted, está en con­tra de Coca Cola o en pro de Pepsi. No tiene sentido. Por eso en el caso de Gloria Zea yo detesto las gaseosas. En Venezuela no hay una Gloria Zea sino seis o siete y coexisten todas sin que la estabilidad democrática sufra mengua. Aquí las peleas son de barrio. Los de la cien contra los de la veintiséis, son la gallada de Gloria contra el clan de los Iregui. Nada se ha sofisticado. Somos un país pobre. No me interesan ni la sociedad actual ni la pasada. Vivo contento, me parece que todo lo que estoy viviendo está bien. Co­lombia no puede ser distinta ni el mundo puede ser distinto de lo que es. Simplemente, uno debe vivir y trabajar, no pretendo cam­biar nada. Mi arte es para recrearme, no estoy enviando mensajes. Hay gente que puede leer en mi obra crítica, ensoñación, eso es válido, pero ninguna de esas interpretaciones me impulsan a ha­cer mis cosas.

¿Cuál es la razón para que los homosexuales manejen y dirijan las galerías de arte? ¿Acaso tienen más sensibilidad que los heterosexuales?

Esos son temas que trató en los años 50, Pedro Restrepo Peláez. Es muy raro que el Ministerio de Cultura, que es un organismo que influye en el arte e indirectamente en las galerías, no haya editado aún ese volu­men.

Entrevista completa aquí

 


#LeerLaEscena | Sobre la discusión en esferapública

Con motivo de la participación de esferapública en Documenta 12, se publicaron una serie de entrevistas y textos como contribución a Documenta 12 Magazines, donde participó activamente con distintos proyectos editoriales independientes de Asia, Europa y América.

Una de estas contribuciones fue una entrevista a José Roca (para entonces Jefe de Exposiciones Temporales y Museología de la Biblioteca Luís Ángel Arango de Bogotá) con el título Dentro y fuera del cubo blanco. En la entrevista  se abordaron distintos temas relacionados con la noción de cubo blanco como espacio expositivo, el cambio que trajo para el Salón Nacional de Artistas el hecho de que los artistas participaran como parte de un proyecto curatorial y no como resultado de la selección de un jurado, así como las implicaciones que enfrentaba para ese momento abrir los museos y espacios patrimoniales a propuestas y curadurías de arte contemporáneo.

A partir de esta entrevista se dio una discusión en torno la dimensión política del arte contemporáneo en la que participaron Carlos Salazar, Lucas Ospina, Francois Bucher y José Roca. Una de las participaciones de Jose Roca es la que escogió el artista Sergio Ramírez para #LeerLaEscena.

#LeerLaEscena es un proyecto de [esferapública] que propone una serie de aproximaciones a su archivo de debates y textos. Como uno de estos modos de acercamiento, se ha invitado a un grupo de lectores a escoger un aparte de un debate o texto del archivo y leerlo en voz alta.

 


#LeerLaEscena | Amiguis, no hay amiguis

Amiguis, no hay amiguis
Andrés Felipe Uribe lee en voz alta la intervención de Víctor Albarracin en el debate en torno al texto “Los Hijos Bobos“, de Carlos Salazar Wagner.

#LeerLaEscena es un proyecto de [esferapública] que propone una serie de aproximaciones a su archivo de debates y textos. Como uno de estos modos de acercamiento, se ha invitado a un grupo de lectores a escoger un aparte de un debate o texto del archivo y leerlo en voz alta.


Meditaciones en el fértil suelo

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La política editorial de [esferapública] está enfocada para 2018 en propiciar la reflexión en torno a temas de discusión de este foro a través de entrevistas, podcasts, lecturas en voz alta y análisis de debates.

Meditaciones en el fértil suelo

Sistemáticamente repetida como un estribillo incansable, la mano y su iterado deambular, esparciendo las cenizas del olvido, la arena del tiempo.

Debajo del tiempo, de la arena del tiempo, yace la palabra. Acción del olvido, la página.

Recordé a Valery, a Mallarmé. Aunque hoy recordarlos sea considerado anacrónico. Los  recordé porque pensé que precisamente la poesía es algo que no se puede enunciar. Porque es lo que aparece o desaparece. Lo que se borra o es borrado por la acción del tiempo, o por la desmemoria.

La arena me lleva a esta paz. ¿Cómo decirla sin que suene a arenga, o sin que la política se interponga y ya no sea posible esa mano  que descorre la palabra para leer el poema?

La paz no es enunciable ni aún como poema. Permanece oculta. Su aspiración. Su deseo y necesidad. Permanece como deseo bajo la arena aún si el poeta sintiera la tentación de hacerla surgir a la superficie como una página en blanco.

Pero ese deseo nos lleva al encuentro. Las palabras no son la circunstancia narrada ni son la experiencia narrada pero quieren ser lo narrado.

Se detienen y bajan de sus caballos, se encuentran en el libro, en las palabras. Sucede el encuentro que habrá de acercarlos en el muro  sobre la fachada de un edificio, de una biblioteca, bajo la mano que descorre la arena para poner otra vez al descubierto la inscripción que luego vuelve a cubrirse y luego otra vez la mano descubre, hasta que descubierta, la inscripción en la loza, en el muro, en el libro, se hace legible, y leemos del encuentro. Y los guerreros se detienen y se encuentran.

En la página. En la loza, en la pared de la biblioteca.

Basta que una mano, la mano del artista, del humano, del guerrero, del niño, ponga al descubierto la inscripción que se ha cubierto de la arena quizá acumulada en el paso de los días y que ha cubierto completamente la inscripción hasta hacerla desaparecer.

Pero ahora la mano se acerca y pone al descubierto la inscripción en la piedra hasta lograr remover toda esa arena que persistentemente cubre la inscripción pero finalmente, cuando la mano logra despejar esa arena, la inscripción se hace otra vez visible y podemos leer que los guerreros se detienen como nosotros nos detenemos ante la inscripción que ha sido sacada a la luz por esa mano y podemos leer cómo se encuentran efectivamente en ese momento en que deciden detenerse para el encuentro.

Y la mano puede limpiar completamente la loza y podemos leer la inscripción. Y podemos presenciar ese encuentro en la loza donde se han escrito las palabras del Canto III de Homero que ahora por fin cuando la mano ha logrado retirar toda la arena que en su persistencia insiste en cubrir el resto de esas palabras del Canto III, finalmente cesa, y por un instante podemos leer el Canto III y asistir al encuentro de los guerreros que por un instante se han detenido. Y podemos ver el encuentro en la inscripción que leemos de Homero en el Canto III de La Ilíada.

Porque no se trata de una alegoría sino de un encuentro con el muro de un edificio público que nos detiene cuando distinguimos la inscripción que habla de héroes que por un momento se han detenido como nosotros ante el muro.

Y por un momento los guerreros se detienen y se encuentran como nosotros que hemos sido detenidos por la inscripción en el muro que nos lleva a leer de ese encuentro de los guerreros que se han detenido en el campo de batalla y se encuentran.

Leemos del encuentro y nos detenemos en el muro y volvemos a la calle o seguimos en la calle después de haber leído del encuentro y de sentir que los héroes también se detuvieron en el campo de batalla y sucedió el encuentro.

Pero son apenas unos renglones los suficientes para detenernos frente al edificio y leer del encuentro donde los guerreros se han detenido y se encuentran.

En el muro está inscrito el Canto que escribió Homero acerca de los guerreros que se encuentran cuando se detienen y el lector se detiene y lee el Canto de Homero donde se cuenta de los héroes que se han detenido y sucede el encuentro.

Pero la artista habría de detenerse frente al muro para esculpir el Canto de Homero que habla del encuentro y se encontraría deteniéndose en el muro para esculpir el canto del poeta que habla del encuentro en que los hombres se bajan de sus caballos deteniendo la guerra, para encontrarse.

Lo que tendría que suceder es el encuentro mismo del muro cuando pasamos y nos detiene la inscripción y leemos del encuentro cuando los guerreros detienen la guerra.

Y entonces es verdadero el encuentro cuando caminando nos detiene la inscripción en el muro y leemos del encuentro de los héroes que han detenido la guerra para encontrarse. Y muchos transeúntes como yo se detienen y leen la inscripción que habla de ese encuentro.

Y el transeúnte se encuentra de cara al muro y se detiene cuando comienza a leer la inscripción que habla del encuentro y el transeúnte lee. Y se detiene. Y por un instante olvida su prisa y la calle se hace semejante a ese campo de batalla y el transeúnte ve el campo. Ve los soldados detenerse y sucede el encuentro. Y el tiempo de su detención frente a la inscripción en la fachada es el mismo tiempo en que el héroe se baja del caballo para encontrarse con los otros héroes que también se han detenido. Y en ese momento el transeúnte lee el Canto III de la Ilíada. Y el Canto lo detiene. Y sucede el encuentro.

Y por un instante cesa, la guerra.

Claudia Díaz, 1 de junio del año 2017, a la espera de la paz

En el fértil suelo, María Elvira Escallón, realizado  entre el año 2016 y el año 2017.  Texto de La Ilíada, Canto III, instalado en la fachada de la biblioteca Luis Ángel Arango, afiches, video (5´24”)