Descentrando el Salón

En esta entrevista sobre los 16 Salones Regionales de Artistas (16SRA) el invitado es ¿Qué saben los artistas de…?, título de uno de los dos Salones Regionales de Artistas de la Zona Centro, proyecto curatorial a cargo de Claudia Salamanca y Nicolás Leyva.

Participantes mesa de trabajo #8: Nicolás Leyva, Jeisson Otálora, María Roldan, Andrés Buitrago, Mónica Torregrosa, Isabella Sánchez, Iván Jiménez, Camila Duque, Ricardo Toledo, Gabriela de Castro, Edisson René, Pilar Aparicio, Claudia Salamanca, Guillermo Londoño y Diego Enrico Madirola.

¿Cómo ha sido el proceso investigativo (exploraciones, reuniones con los artistas, casos o prácticas que les interesa destacar) que han venido trabajando y qué proponen en su proyecto curatorial?

La propuesta busca dejar de lado por un momento lo que los artistas hacen (oficios o prácticas), para preguntarles por otros aspectos de su existir en los territorios. Por medio de socializaciones (Tunja, Puerto Boyacá, Villapinzón, Bogotá y Duitama), entrevistas (a artistas, no-artistas e instituciones), el voz a voz y un cuestionario web; se propuso a los involucrados indagar por aquello que el artista no sabe que sabía, pero que resulta esencial para su manera de entender el mundo en un sentido amplio (agua, fronteras, residuos, autogestión, naturaleza, etc.). Este proyecto asume que el lugar desde donde surgen estos conocimientos obedece a una mirada diferente de las de otras disciplinas, por tanto, propia del arte y los artistas. A partir de las metodologías anteriormente explicadas realizamos un mapa que permite visualizar esas particulares inquietudes, y con base en dicho mapa, el equipo curatorial agrupó mesas de trabajo, encargadas de desarrollar colaborativamente una ‘Caja para (des)centrar’ que recorrerá de manera nómada Boyacá, Cundinamarca y Bogotá. Esta no es una caja con obras de arte o llena de conocimientos, sino una caja con estrategias artísticas para que otras personas se apropien de ellas y les permita pensarse críticamente en sus contextos.

A través de las mesas de trabajo configuradas bajo los intereses comunes de los artistas participantes, los artistas presentan lo que saben, lo comparten y debaten de manera grupal. Las mesas se desarrollan mediante una agenda de cinco momentos:

En el primero se hace una presentación conceptual de la investigación curatorial realizada en el segundo semestre del 2017, a cargo de los curadores; aquí se explican los lineamientos teóricos, cómo el grupo curatorial llegó a concebir la ‘caja para (des)centrar’ y los referentes del proyecto. Este espacio se diseñó para que los artistas puedan contribuir comentarios y criticas, como también ideas alrededor de la ejecución y circulación de la caja. En el segundo momento el moderador y asesor del proyecto condensa la filosofía presentando ejemplos y modos de interactuar entre los participantes. En el tercer momento los artistas hacen la presentación de sus propuestas en diálogo con los curadores, el moderador y los otros artistas, con miras a recibir retroalimentación. Durante ese espacio han surgido discusiones en torno al desarrollo de los instrumentos/objetos que han contribuido a alinear las propuestas con la filosofía del proyecto.

En la agenda, se abre un espacio en el que los artistas discuten posibles alianzas y resonancias en sus objetos. En este cuarto momento pueden unirse entre artistas para trabajar en conjunto el desarrollo de un objeto en común. A continuación, proceden a trabajar directamente con el equipo de producción de los instrumentos. Aquellos que han planeado el desarrollo de objetos, se dirigen a un artista especializado en materiales, y los que desarrollarán piezas impresas se dirigen a una artista gráfica. El resultado que se busca es definir compromisos de parte y parte, con un cronograma de entrega que no debe exceder las tres semanas posteriores a la respectiva mesa de trabajo, junto con un presupuesto aproximado.

Una vez se han establecido los compromisos de producción, los artistas se reúnen individualmente con los curadores y el moderador para revisar y cerrar el proceso del día, lo que concluye el cuarto momento. Así, se han llevado a satisfacción siete mesas de trabajo con más de 50 artistas, y la producción de los instrumentos que estarán en la caja.

No hay que olvidar que le Proyecto curatorial inicia sobre pregunta orientada hacia los modos de vivir en el mundo y no hacia los productos artísticos. En esa medida, el Proyecto ha ofrecido unas conversaciones dadas en las socializaciones bastante interesantes, cuando un artista se pregunta que sabe, la respuesta inmediata es que no sabe nada en términos de contenidos. Es decir, un estudiante de arte no adquiere un cuerpo de conocimiento sino forma de ver y vivir, que son poéticas y que son el centro de este Proyecto. Así, no se favorecieron medios, practicas, modos de hacer, etc., sino aliados en una conspiración bajo la misma filosofía que convoca. Los artistas participantes de este proyecto generosamente han ofrecido algo que no saben pero que al ponerlo en un instrumento se manifiesta no como obra de arte sino como táctica.

Mesa de trabajo #6: Participantes de dicha mesa: Nicolas Leyva Townsend, Claudia Salamanca, Santiago Gordo, Natalia Dávila, Laura López Estupiñán, Tomás Gamboa, Ricardo Toledo, Javier Morales, Camila Duque, Sandra Jimenez, Maria Buenaventura, Edgar Lara, Natalia Garzón y Maria Elena Villamil.

¿Qué es la caja descentrada, por qué tipo de espacios circulará (contempla un formato expositivo? de reuniones? Consulta?) y a qué públicos va dirigida?

La caja para (des)centrar es el dispositivo nómada que busca modificar el modelo de exposición de arte de la zona centro, a través de ser un agente que viaja por los vacíos geográficos que aparecieron en la investigación curatorial (vacíos en cuanto no hubo participación de los artistas en esos lugares: bien sea porque hubo una barrera tecnológica, o porque no existen las instituciones encargadas de la difusión cultural en la zona; o porque la noción de arte es otra y esta no suscito interés). Por otra parte, la caja para (des)centrar busca poner en discusión la noción de curador, en tanto que cada vez que una persona(s) despliegue el dispositivo y ordene los objetos para construir un sentido entre ellos, se convierte en un curador que media entre el dispositivo, las personas y el contexto. Por último, la caja para (des)centrar es un dispositivo con instrumentos y no de obras de arte, que son depositarios de estrategias artísticas para leer el entorno en clave de arte, mas no portadoras de conocimientos. En esa medida los artistas no producen obras de arte sino formas poéticas de leer el mundo.

La caja irá acompañada de un mediador en unas rutas que responderán a los mencionados vacíos del mapa, con el objetivo de abrir nuevos públicos. Esto significa que a donde llega la caja su contenido no necesariamente sea entendido como arte, y tampoco pretendemos que sea así. Porque el objetivo no es educar en cuanto qué es o no arte, sino a partir de la pregunta de la cual empezó este proyecto, ¿qué saben los artistas de…?, la caja para (des)centrar manifiesta poéticas de la cotidianidad que nos permiten sobrevivir.

A este punto, los destinos contemplados se dividen en tres rutas principales: Dirección Nororiente hacia el Cocuy, Dirección Noroccidente hacia Puerto Boyacá, y Dirección Suroriente hacia Agua de Dios. Cada ruta tiene entre 10 y 15 destinos intermedios. En Bogotá, la caja para (des)centrar será presentada en tres eventos diferentes, para luego enviarla a sus rutas. Estos eventos no se contemplan como exposiciones sino como espacios de discusión, coloquios y socialización de experiencias dadas durante el proyecto.


Mapa: Que Saben los artistas de…

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“Ver para creer” Curar un salón en compañía de taitas chamanes, videntes y amas de casa

Con esta entrega cerramos una primera temporada de entrevistas sobre varios de los Salones Regionales de Artistas (SRA), donde los curadores dieron cuenta del proceso que han llevado hasta el momento a través de residencias, viajes y recorridos, que en la mayoría de los proyectos son más relevantes que el hecho expositivo.* 

En esferapública nos ha parecido importante ir conociendo del proceso de estas curadurías y compartir con nuestros lectores esta serie de entregas como parte de la revisión de temas de discusión que se han dado en este foro desde sus inicios en el año 2000. Aunque la mayoría de discusiones y textos de este espacio giran alrededor de los Salones Nacionales de Artistas (SNA), es poco lo que se conoce de los SRA dado que están dispersos en varios lugares del país y si tienen divulgación, por lo general se hace a nivel regional cuando culminan a través de exposiciones o simposios.

Así mismo, los SRA son proyectos que no tienen el grado de expectativa ni la escala curatorial de los SNA, razón por la cual los Regionales están menos centrados en el formato de gran exposición, y cobra especial importancia el proceso, la experimentación y las distintas variables que implica la puesta en relación con personas, instituciones, lugares y comunidades que se sitúan en los márgenes del circuito oficial y las lógicas del mercado.

Ver para Creer – Ilusión, Sospecha y Desencanto, es un proyecto curatorial -a cargo de Adrián Montenegro y Jennys Obando- para la 16 versión del Salón Regional de Artistas por la zona-Sur del país. Trata sobre el estudio y la observación de las posibles dinámicas entre arte, contexto y aprendizaje que se ocasionan desde el encuentro con el lugar, la comunidad, el espacio público, los viajes, las historias populares y la convivencia.

El proyecto se desarrolla a partir de cinco residencias artísticas en colectivo, una en cada Departamento de la zona sur, en municipios o veredas seleccionadas por el nombre y su fisura entre lo urbano y lo rural; donde por dos semanas en cada lugar, cinco artistas de otras partes de la región, comparten y se dan a la tarea de experimentar, ejercer e involucrar una experiencia estética en el espacio-tiempo y en el encuentro con el otro.

En el caso del proyecto curatorial a tu cargo ¿cómo se sitúa en relación con este tipo de tensión entre un arte que nos hable de la región y unas prácticas artísticas que se articulan a partir de un problema curatorial?

Bueno, de hecho, en el  proyecto curatorial que venimos trabajando con Jennys Obando para los 16 SRA – zona Sur, hemos previsto en primera instancia distanciarnos un poco de la idea de extraer arte por anticipado o localizar desde nuestra mirada el arte que hablen de la región. Creo que desde nuestro sentir o en nuestra forma de trabajar el arte, no concebimos la curaduría a partir de las obras o desde una posición únicamente selectiva, representativa o discursiva en relación a una problemática en concreto. Y eso es algo que nos tiene dando vueltas todo el tiempo, por que de alguna forma Jennys y yo, nos identificamos mucho con disciplinas de la narración y el pensamiento visual como la ilustración infantil, la poética visual  o las historietas, donde el hacer-ver con imágenes lo que ocurre o lo que pasa, es algo habitual. Pero en este caso, nuestro objetivo se ha volcado no tanto por contar o ilustrar lo que pasa, sino por hacer que pase…

Subir al pedestal, ayudar a que subamos todos. Actividad Colectiva en Residencia #1. Bomboná, Nariño. Con: Carmen Erazo, Ovidio Figueroa, Adrián Montenegro, Willington Arévalo, y Eduardo Cuartoz.

Lo que nos interesa como curadores, es darnos a la tarea de acompañar y analizar de que manera personas que desempeñan practicas alusivas al arte y la creación (se consideren o no se consideren artistas) que provengan de  los departamentos que conforman la región sur, al hallarse ajenos, propios, distantes, cercanos, sin nada que hacer, con mucho que hacer, con poco o mucho tiempo, ocupados o desocupados, por fuera o por dentro del contexto que los congrega, consiguen entablar ideas, sentimientos y necesidades colectivas e individuales entorno a un contexto determinado bajo un situación de convivencia y reconocimiento. Por eso, hemos optado por realizar una especie de residencias artísticas en colectivo en lugares específicos de la región, por acoger y hospeda a los participantes en veredas, pueblos y municipios que hemos previsto con antelación desde el anterior año.

Pronunciación de poema religioso de las monjas coronadas entre el español y kantza por megáfono enfrente de la catedral de Colón en Putumayo. con: Yeraldin Rosero, Clemencia Chindoy  y su nieto.

¿Cómo ha sido el proceso investigativo (exploraciones, encuentros con artistas, casos o prácticas que buscan destacar) que ha venido trabajando y qué propone en su proyecto curatorial? 

Formalmente el proyecto  comenzó en el 2017. Pero es algo que venimos armando y replanteándonos desde el año 2014. La idea inicial del proyecto y su investigación curatorial inicia con un viaje que emprendemos Jannys y yo por los departamentos del sur que congrega el certamen. En ese viaje, visitamos lugares que anteriormente no habíamos tenido la oportunidad de conocer  y que escogemos del mapa por su nombre, por el como se llaman. Creo que de alguna forma no interesa saber si lo que se inscribe de un lugar, es realmente cierto o si no lo es, porqué se lo dice o qué tanto puede se puesto en cuestión o motivo de inspiración para lo que se quiera.

Lugares principales visitados en la ruta “surestravista” pautada en el año 2017 por los nombres de los lugares

Visitamos varios lugares por cada departamento, dejándonos llevar por la  curiosidad que nos generaba y nos sigue generando el nombre que tienen. De esos lugares escogimos uno por cada departamento para hacer las residencias. De Nariño escogimos a Bomboná, que en nombre hace referencia al recipiente de entrada o boca pequeña con espacio o cavidad agigantada, además, un lugar donde Simón Bolívar tubo una batalla importante. Del Putumayo escogimos a Colón, un municipio que hace parte del Valle de Sibundoy, en el alto Putumayo donde habitan y perviven los Inga y los Kamza, comunidades indígenas muy importantes para nosotros. De Caquetá escogimos a Belén de los Andaquies, en un comienzo pensábamos Andaquies desde el español en tres palabras: anda- aquí- es, pero luego nos gustó más, porque tiene que ver con el nombre de un poblado indígena casi mitológica y fantasioso del lugar. En Huila a  Gigante, que no es tan “gigante” en comparación con otros municipios del Huila pero el cual encontramos enormemente acogedor y del Tolima Piedras, por su reacción con la naturaleza, el paisaje y el rio.

Para seleccionar a los participantes en calidad de artistas que nos acompañan en las residencias, abrimos una convocatoria, donde las personas interesadas debían enviar un video respondiendo a una serie de preguntas, entre ellas, cual era su mayor ilusión, si sospechaban de algo en particular y si habían tenido algún desencanto, recibimos un poco mas de 100 videos de los 5 departamentos, más de Tolima y Nariño, hicimos una preselección de 40 a 50 videos y en compañía de Taitas Chamanes o Médicos tradicionales del Putumayo, Amas de Casa de Nariño y Huila y un vidente de origen nariñense que vive en Ucrania seleccionamos a las 25 personas. El ejercicio con los jurados alternos que nos ayudaron a decidir y a conformar los grupos, surge desde una inquietud de pensar la curaduría desde lo popular y nuevamente a partir de lo que encierra la palabra desde una escucha habitual y cotidiana en relación a la palabra “curador”. Para muchas personas que no están familiarizadas con el término, curador puede ser sinónimo de curandero, o de persona preocupada por sanar heridas o estar al cuidado de algo, y eso es algo que lo encontramos fascinante y útil en nuestra manera de repensar lo que hacemos y confrontarlo.

Carta astral para Grupo 3 en residencia # 3 Belén de los Andaquíes

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La primera temporada de entrevistas sobre los Salones de Artistas la encuentra en este enlace

Para más información sobre Ver para creer, visite su página en Facebook y/o su website

*A partir del mes de septiembre los SRA culminan este proceso con una serie de eventos (exposiciones, encuentros) en sus regiones, de los cuales cada proyecto curatorial irá divulgando en sus websites y redes sociales.


“Todo lo que publiquemos podrá ser utilizado en contra nuestra” Carlos Guzmán

Con esta entrevista a los artistas Carlos GuzmánAna Tomimori (Revista {emergencia}, Proyecto Cocuyo) concluimos la serie de entrevistas en torno a la crítica en el campo local en la que han participado Ursula Ochoa, Claudia Díaz, Elkin Rubiano, Carlos Salazar, Peio Aguirre, Guillermo Vanegas, Luis Camnitzer y Fernando Escobar.

[esferapública] En un contexto como el actual, donde las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente sobre todos los temas, ¿como percibe el ejercicio de la crítica en torno a situaciones y eventos del campo del arte?

Carlos Guzmán Bien, para hablar de lo actual me gustaría hacer un recuento desde mi experiencia. En mi etapa de formación universitaria existían pocos espacios de exhibición, pocas instituciones del arte local, una cierta precarización de la práctica artística que aún persiste pero que hace una década era más acentuada. Los artistas vivían un medio y un contexto sociopolítico algo convulsionado, una especie de situación de riesgo. Haciendo memoria de esta primera etapa puedo afirmar que la situación era realmente crítica. Y este nivel critico del contexto alimentaba un debate social intenso que en el arte colombiano se traducía en una centralidad de las prácticas asociadas a la reacción. De allí la emergencia de lo independiente, de los espacios de crítica, de las obras y narrativa del arte colombiano que muchos artistas ya venían construyendo desde los noventa. Existía una pulsión, no sólo de mi juventud y de quienes me rodeaban, de ir contra la corriente de situaciones. De igual forma estos debates y momentos se vivían en relación proporcional al desarrollo de las redes sociales. La red estaba en fase de crecimiento y exploración, mi generación creció bajo la idea del internet abierto y libre. Recuerdo el inicio de “Youtube” en los años en que comenzaba mis estudios universitarios, “Facebook” a mediados de esta etapa. Existían varios buscadores y plataformas que con los años fueron desapareciendo, muchas absorbidas por las grandes corporaciones que se fueron abriendo camino en el mundo virtual. Las leyes de derechos de autor y otro tipo de “policía”, en el sentido que Rancière le confiere en su oposición a la “política”, han reemplazado y transformado espacios de la esfera pública.

Hoy en día no es lo mismo ofrecer una opinión en la web. De antemano sabemos que todo lo que divulguemos, publiquemos, repliquemos, podrá ser utilizado en nuestra contra. Edward Snowden, Wikileaks y un largo etc. de situaciones en la macropolítica, nos hace sentir en el cotidiano que no estamos lejos del mundo propuesto por Orwell en la década del cuarenta del siglo XX. Mientras escribo esto Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook, ha acabado de ofrecer declaraciones al congreso de los Estados Unidos, respecto al papel que esta plataforma ha cumplido en la filtración de datos personales de sus usuarios con fines políticos.

Si bien las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente, se entiende que el ejercicio de esta libertad está sujeto a los tribunales del Gran Hermano. La inteligencia ahora lleva el ser “artificial” como adjetivo. Se ha creado un nuevo juego de opuestos, se barajan las cartas. Los que crecimos a la par del boom de las redes sociales sabemos que la situación cambia gradualmente. La tendencia indica que los espacios virtuales serán cada vez más controlados, al nivel de muchos espacios públicos que con el tiempo se tornan zonas de lo privado, como la educación, la salud y el agua.

Es por todo esto que los lugares actuales de la crítica son incipientes y poco transitados. El medio del arte local ha superado el que fuera ese umbral del riesgo y los cambios políticos locales y globales, físicos y virtuales, hacen que no todo se exponga abiertamente a través de los medios virtuales. Creo que existe un desplazamiento que aún no percibimos, un sutil movimiento de las comunidades hacia nuevos espacios de encuentro y crítica.

[esferapública] En el campo de las prácticas editoriales independientes que han venido publicando desde hace más de cinco años años (emergencia, esferapublica, Sablazo, etc.) ¿cree usted que se ha dado un relevo en términos de nuevas voces y proyectos?

Carlos Guzmán A la fecha existen pocos espacios de crítica, hace poco surgió el P.C.C – Periódico de Crítica Colombiana que se proyecta como un nuevo lugar para la circulación permanente de temas asociados al campo del arte. Sin embargo es muy reciente y de esta forma no es posible afirmar su impacto a largo plazo. También su formato es conciso y directo lo que facilita la circulación, sin embargo ciertos temas requieren trabajo de largo aliento y profundidad. A largo plazo será interesante observar las dimensiones que puede llegar a tocar. La revista emergencia, proyecto del cual formo parte desde sus inicios, atraviesa actualmente un proceso de revisión y actualización. Esperamos poner a circular nuevamente el material en archivo junto a nuevos temas importantes en el contexto actual. Otros proyectos de largo aliento como Sablazo cumplieron una función importante al mantener discusiones y temas en circulación durante periodos de tiempo importantes, abriendo el panorama hacia otros campos del medio cultural como el cine y la literatura. “Esferapública” es un espacio con el cual se formó una generación de artistas, estos junto a otros que quizás se me escapan, fueron un fenómeno de una serie de iniciativas de gestores, críticos y artistas que pusieron a circular información que alimentó una estructura en crecimiento, que generaron una red de escritores y lectores, un espacio esencial para entender el arte en Colombia. Pienso en estos espacios, incluso en la “Columna de arena” de José Roca, como archivos virtuales que guardan dentro de sí una base muy importante para conocer los diversos cambios y la historia del arte contemporáneo local, en su estrecha relación con los contextos regionales e internacionales.

Creo que sí existen cambios en los espacios de crítica escrita. El más claro es respecto a las figuras que anteriormente alimentaban la escena. Estas voces, quizás por los cambios sociales que devienen en nuevos rumbos personales, ya no protagonizan el debate. Albarracín, Vanegas y Ospina por ejemplo. Creo que ameritaría desde esfera pública abrir el archivo y ver si su contenido puede tener resonancia en el presente. Leer la escena es una iniciativa interesante en ese sentido. Sin embargo el fulgor y el nivel incisivo de ciertas voces creo que estuvieron siempre acompañados de una escena social que impulsaba un movimiento, una brecha importante en la que el conformismo y la pasividad no podían tener un lugar.

Ana Tomimori y Carlos Guzmán

[esferapública] En qué proyectos trabaja Carlos actualmente y de qué forma se relacionan con sus procesos previos?

Carlos Guzmán Esta pregunta quisiera responderla junto a mi compañera del Proyecto Cocuyo, Ana Tomimori. Esta iniciativa conjunta busca la reactivación de un espacio rural que vivió muchos años de embates económicos y sociales. Es una pequeña finca familiar localizada en el municipio de Cachipay, Cundinamarca. Viví en Sao Paulo tres años mientras desarrollaba un proyecto de maestría. Allí, muy lejos de los Andes, me encontré con un rincón de una montaña donde viví algunos años de mi primera infancia. El estado de Sao Paulo fue alguna vez el epicentro de la caficultura mundial y su geografía urbana esconde para mí, pedazos de una memoria que compartimos brasileros y colombianos. Viajar fue de cierta forma un retorno. En las calles de la capital paulista hallé la memoria de mis abuelos, cafeteros de las montañas del Tequendama. Este lugar recoge mi historia que es la historia de un país siempre al borde del abismo, entre ejércitos rebeldes de liberales radicales, de cafetales y monumentos detenidos en el tiempo como el tren y ese mundo rural que es pasado y es presente. Para muchos colombianos la historia comienza allí, en medio de una montaña perdida, selvática y agreste.

Ana Tomimori La historia de las inmigraciones del siglo XX en Brasil tuvieron que ver con el café. Así también he venido de un pasado agrario, del reemplazo de mano de obra esclava para mano de obra de inmigrantes de otros continentes, pasando por complejas cuestiones sociales. Mis bisabuelos y abuelos eran campesinos, pero criaron a mis papas para salir del campo, ir hacia la ciudad en busca de una “mejor vida”, del “progreso”, “la cultura”. Nascí y crecí en la ciudad de Sao Paulo, acostumbrada con la vida urbana, a moverme rápidamente por las calles y a disfrutar los cambios constantes y repentinos de la modernidad. Aunque veraneaba en una finca desde niña, entre un río, arboles, animales y piojos, siempre fui de una ciudad grande. Pero ya hace un tiempo que la cuestionaba, ¿por qué despertar a las 5:30 de la mañana para ingresar al trabajo a las 8:00, tener una hora de almuerzo, salir a las 5:00pm y llegar en la casa a las 7:00 de la noche? ¿Qué horas te sobran para vivir? Y cuando te encuentras con tus amigos ya estas tan cansada que no disfrutas ese tiempo. Como artista también me preguntaba por la cultura, que está en función de esta rutina tan desgastante, aunque existan muchas cosas interesantes, ellas se vuelven anestesia y alivio de este espacio sin tiempo. Ir a la finca e intentar un proyecto acá en Colombia, para mi tiene el propósito de salir de ese movimiento mecánico que envuelve la cultura, intentar comprender si existen otros modos de continuar siendo artista sin estar solamente enfocada en las convocatorias, aperturas de exposiciones, “el progreso” y las miles de novedades diarias. No rechazo lo que esta pasando en la ciudad, en el circuito artístico, el mundo agrario también tiene sus contradicciones y no esta siendo fácil, no tengo respuestas pero me pregunto.

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Entrevistas sobre el estado de la crítica

Ursula Ochoa “El silencio de la crítica se debe a que nadie quiere exponer el pellejo”

Guillermo Vanegas: “A los que hacen crítica, se les señala socialmente”

Elkin Rubiano: “Las redes sociales transforman la naturaleza del arte contemporáneo”

Los males de la crítica, Peio Aguirre

Claudia Díaz “Podríamos estar viviendo un cinismo sin precedentes a través de estas políticas de supuesta reivindicación de la igualdad de la mujer”

Fernando Escobar: “No me deja de sorprender hasta hoy el silencio de la crítica antes, durante y después del MDE15”


La crítica y el papel de los medios

Nota editorial

Este dossier propone una serie de artículos en torno a la crítica y el papel de los medios de comunicación a partir del análisis del archivo de [esferapública], portal de discusión en Internet donde artistas, críticos y curadores han reflexionado sobre la actividad artística, las prácticas institucionales y eventos como salones de arte, bienales y curadurías independientes e institucionales.

Como una primera aproximación a la crítica y el papel que han jugado los medios de comunicación en [esferapública], es necesario un breve repaso sobre la noción de lo crítico en este foro, el modo como se ha venido definiendo su política editorial, las formas de participación y la manera como las plataformas de publicación utilizadas han incidido en el tono de las voces, los modos de escritura y las dinámicas de discusión.

Esfera de la crítica

Desde los inicios de la década de los noventa me ha interesado participar en la articulación de espacios de discusión de carácter colaborativo[1], que permitan el encuentro, la coexistencia de distintos puntos de vista sobre uno u otro tema y el cuestionamiento de los procesos de mediación de las prácticas artísticas que ejercen las instituciones del museo, la crítica de arte y los medios de comunicación.

De ahí el interés en que estos espacios permitan una participación plural, donde la noción de lo crítico no se entienda únicamente como un juicio de valor en torno a obras y exposiciones, sino como reflexión en torno a asuntos de interés común del medio artístico, donde distintos modos de entender las cosas se comunican y, eventualmente, se transforman en opinión pública.

[esferapública] se ha definido como espacio de discusión en el que la crítica adquiere un formato participativo[2]. La reflexión crítica en los formatos electrónicos, así como el intercambio de información y opinión, permiten procesos dinámicos y espontáneos de interlocución y con ello, la articulación de una reflexión crítica colectiva ante situaciones y hechos del mundo del arte que difieren de las notas y reseñas que se publican en las revistas, periódicos y otros medios especializados.

De este modo se neutraliza la crítica como mirada unívoca, valorativa e incuestionable, y se replantea como detonadora de discusión que moviliza distintos puntos de vista sobre una situación, curaduría, obra y contexto artístico en el que se inscribe.

Desde su fundación en el año 2000 [esferapública] ha propiciado la participación de distintas voces, unas de forma habitual desde los inicios de esta plataforma, como es el caso de Carlos Salazar, Guillermo Vanegas y Lucas Ospina; otras se concentraron en temas o debates específicos: Claudia Díaz, Elena Sánchez Velandia, Elkin Rubiano, Francesca Bellini, Guillermo Villamizar, Halim Badawi, Lina Useche, Mónica Eraso, Jorge Sarmiento, Pablo Batelli, Víctor Albarracín y Úrsula Ochoa. Otras participaciones se dieron durante distintos lapsos de tiempo, como las de Andrés Pardo, Antonio Caro, Carlos Jiménez, Catalina Vaughan, Fernando Pertuz, Francois Bucher, Gina Panzarowsky, Gloria Posada, Isabel Kristina Díaz, Lina Castañeda, Mauricio Cruz, Katherine Parrado, Jorge Peñuela y Ricardo Arcos Palma, entre otros.

Esfera de la edición

La política editorial de este foro, así como los modos de participar, han venido transformándose con el paso del tiempo y las discusiones. En términos del uso de medios y tecnologías de la comunicación, este proceso se ha dado en tres épocas, cada una ligada a un tipo de plataforma utilizada por [esferapública], los cambios en términos de posibilidad de acceso a la red y el auge de las redes sociales.

Una primera época se puede situar entre el año 2000 y el 2005, cuando [esferapública] funcionó a través de una lista de correos de yahoogroups, de modo que las opiniones se enviaban al correo del moderador y luego llegaban al correo de cada afiliado[3]. Aquí la labor del moderador no es la de un juez que define el grado de pertinencia de las participaciones, sino la de alguien que le imprime un ritmo a la discusión -en momentos álgidos del debate circulaban entre tres y diez participaciones por día- complementando las intervenciones con enlaces a artículos relacionados con el tema en cuestión y, algunas veces, interviniendo como un participante más en la conversación.

La voz del moderador está en segundo plano en el sentido en que no participa como lo haría un moderador convencional, es decir, presentando las participaciones, opinando sobre ellas con el objeto de moderar la discusión y excluyendo las que no guarden pertinencia con la discusión en curso. Aunque esto ha posibilitado una participación libre y abierta –con sus falencias y sus aciertos- hay moderación en la forma y el ritmo en que se organizan y archivan las participaciones, las cuales se publican tal y como las envían los participantes[4]. Es aquí donde se diferencia el papel del moderador con el de editor convencional, quien decide si las participaciones se publican como son enviadas o, si es el caso, edita el contenido de las mismas o simplemente no las publica.

Una segunda época inicia a partir de 2006 cuando las participaciones se comenzaron a publicar en una plataforma wordpress, de modo que aquellos interesados en seguir la discusión no tenían que revisar su archivo de correos sino visitar el portal esferapublica.org. De esta manera, el archivo de intervenciones se trasladó de las casillas de correo de cada afiliado a un portal web de acceso público.

Desde este momento la figura del moderador comienza a perfilarse la de un editor que tiene a su cargo la política editorial de la plataforma web, su diseño y mantenimiento, la organización y cuidado del archivo de participaciones, así como las estrategias de divulgación de sus contenidos a través de las listas de correos y las redes sociales.

La extensión y el tono de las participaciones también fue cambiando. El texto conciso y espontáneo que circulaba por la lista de discusión de yahoogroups se fue transformando en artículo de opinión donde los argumentos tienen un mayor despliegue, la escritura adquiere otros tonos y matices que se complementa con el uso de imágenes y notas al final del texto. La discusión en caliente pasó de la lista de correos a la sección de comentarios de cada texto.

De la polémica al dossier

A partir de 2014 se inicia una tercera fase de [esferapública] cuando se dejó de utilizar la lista de correos con el ánimo de darle mayor visibilidad a la discusión que se venía dando entre los textos que se publicaban en el portal, que aquella que tenía lugar en la sección de comentarios de cada entrada. Paralelamente, con el auge de redes sociales, la discusión sobre temas coyunturales se va desplazando gradualmente a los perfiles de Facebook de distintos artistas, curadores y críticos.

En este contexto, y luego de varias fases de deliberación en las que la gran mayoría de los debates fueron propiciados por situaciones coyunturales, [esferapública] propuso una reflexión sobre este largo proceso de discusión. Por esta razón a partir de enero de 2017 la política editorial de [esferapública] se concentró en propiciar la reflexión en torno a debates y temas de discusión de este foro a través de entrevistas, lecturas en voz alta y análisis de debates.

A diferencia de los debates sobre situaciones coyunturales, cuya duración oscila entre dos días a dos semanas, hay debates que se han desarrollado en periodos más largos de tiempo, como es el caso del desencanto con el arte político, el auge y normalización de los espacios de artistas, la crítica y el papel de los medios, el arte de discutir sobre las curadurías del Salón y la crisis de entidades como la galería Santafé y el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Estas discusiones han dado forma una serie de seis dossiers que recopilan un historial a través de debates, textos relacionados, artículos de prensa e imágenes. A pesar de las diferencias temáticas, hay puntos en común entre ellos: por una parte, se trata de temas que han tenido repercusión en los medios masivos, haciendo que se sumen otras voces y modos de presentar el debate ante la opinión pública. Por otra parte, aunque tienen su origen en el campo local, abordan problemáticas que son transversales a otros casos y escenas del arte.

En este contexto, y con el ánimo de activar distintas líneas de reflexión sobre los problemas de fondo que aborda cada dossier, [esferapública] presenta este proyecto editorial que profundiza sobre distintos temas que permanecían dispersos en el archivo, ofreciendo a sus lectores, investigadores y público interesado, aproximaciones de fondo a debates que desbordan las fronteras del campo del arte local.

Cada dossier inicia con el análisis de un debate donde se busca identificar argumentos de fondo y su relación con situaciones y otros debates de la escena tanto a nivel local como global. Le siguen una selección de textos del archivo a partir de las problemáticas que se visibilizan en el análisis que abre el dossier. Vale la pena aclarar que la edición de los seis dossiers no se propone como una exploración exhaustiva del archivo, es apenas una aproximación inicial que ojalá se vea complementada con otras miradas y acercamientos.

Jaime Iregui

Editor

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[1] De 1993 a 1995 las discusiones tuvieron lugar en espacio físico a través del proyecto Tándem, proyecto que tuvo como objeto propiciar espacios de discusión a partir de conversaciones, publicaciones y exposiciones. Tándem se traslada al naciente Internet en 1995 bajo el nombre de Red Alterna y después pasa a llamarse Momento Crítico. Desde el año 2000 cambia su nombre a [esferapública]. Funciona como espacio de intercambio, archivo, documentación y difusión orientado inicialmente a documentar y divulgar conversaciones, encuentros y procesos de artistas que tienen lugar tanto en espacios no convencionales como institucionales.

[2] [esferapública] ha operado a través de plataformas editoriales que implican distintos grados de moderación, así como de relación con sus contenidos: El portal es el lugar donde se encuentran los resúmenes de las discusiones, así como artículos de sus participantes. La página en Facebook divulga los contenidos a cerca de 14.000 afiliados y el perfil en Twitter envía enlaces a cada entrada a 129.000 seguidores. A través de Instagram circulan imágenes y videos breves a 4000 suscriptores. La lista de correos distribuye las participaciones a una red de 2700 afiliados.

[3] Aquí vale la pena destacar que –tal como se informa en el portal– el hecho de publicar una opinión no implica que como editor apoye o me encuentre de acuerdo con la posición del autor[3]. Sí esto fuese así, [esferapública] sería un espacio homogéneo que reflejaría la posición del moderador y no habría lugar para la diferencia.

[4] El foro ha tenido desde su inicio unas reglas de participación que han venido cambiando con el tiempo y los debates, por esta razón aquellas contribuciones que no las cumplan, no se publican. Se pueden consultar en el portal en la sección publicar.


Carlos Salazar, “Mi viaje a Estados Unidos se parece más a un exilio obligado que a una búsqueda del Sueño Americano”

El artista Carlos Salazar publicó en este portal cerca de 80 textos entre 2004 y 2013 sobre las complejas relaciones entre el arte político, el mercado y las grandes corporaciones (Unilever, British Petroleum y su apoyo a Tate Modern). Una parte importante de su crítica al arte político gira en torno a la obra de Doris Salcedo.

En esta entrevista* Carlos Salazar nos cuenta qué lo motivó a dejar Colombia e irse a vivir a los Estados Unidos, qué ha estado haciendo desde que dejó de escribir y qué implicaciones ha tenido la crítica al arte político en su obra.

Carlos, hace poco regresó a Bogotá luego de vivir varios años en los Estados Unidos. ¿En qué ciudad vivió y cómo fue su vida durante estos años?

En septiembre de 2009 obtuve una visa de inmigrante a los Estados Unidos. No que la estuviera buscando pero de alguna manera fue producto de un deseo de mi madre para ayudarme a salir de Colombia. La situación para los artistas no-políticos en Colombia en 2009 era muy complicada, y más para mí que me vi afectado por la publicación de mis textos sobre el Arte Político. Mis textos sobre Doris Salcedo y su relación con Unilever en 2008, capitales en mi corpus escrito y capitales a mi parecer en la antología de textos críticos sobre la obra de la artista, revirtieron de pésima manera sobre mi carrera, al punto que incluso, por ejemplo, mi obra colgada permanentemente en la colección del Banco de la República, fue puesta en las bodegas. Sospecho, y probablemente me equivoco, que Beatriz González, mi otrora mentora y cuya carrera tardía se ha visto fuertemente apoyada por Doris Salcedo y su entorno en Estados Unidos y Europa, tuvo que ver con esa decisión.

Hubo desde entonces un gran esfuerzo, no simplemente de olvido, sino de obliteración hacia mi trabajo que aún tiene mucha fuerza hoy en día. Esfuerzo de olvido manipulado y prefabricado que  se vio hecho efectivo hasta el punto que ni siquiera fui considerado para figurar en el libro de los Cien Años de Arte Colombiano presentado en ARCO 2015, libro editado por personajes que hasta no hace mucho eran mis más furibundos defensores y dealers. Entre las estrellas de ARCO 2015 se encontraban Carolina Ponce de León y Santiago Rueda Fajardo para quienes, en su curaduría definitiva  de la Colección del Banco de la República, ni siquiera – siendo yo “uno de los mejores pintores de la historia del Arte Colombiano” según mi, de nuevo, otrora mentora Beatriz González – simplemente dejé de existir en dicha historia.

Mi viaje a Estados Unidos se parece más a un exilio obligado que a una búsqueda del Sueño Americano. Estados Unidos siempre me pareció fantástico para hacer turismo o para exponer, sus museos y sus carreteras son fantásticos, sus mujeres las más bellas del mundo probablemente, pero nunca se me ocurrió que iba a terminar viviendo allí, porque nunca tuve algo que es imprescindible a la hora de vivir en un sitio. Afinidad con el intelecto de sus habitantes y su modo de vida. A diferencia de países donde residí previamente como España y Francia, donde si tuve esa afinidad, para mi Estados Unidos terminó siendo una condena.

Mi madre decidió instalarse en Estados Unidos hacia 1990 y ella, PHD en Español de la Universidad de Houston, fué, en ese triage bizarro que suelen hacer los gringos, destinada a trabajar en Tahlequah, Oklahoma, la capital de los Cherokee. Yo – muy atraído por los Cherokee desde las clases de Historia del Arte con Álvaro Medina en la Universidad Nacional en 1976, quien nos vinculó a través de Arnold Hauser y su Historia Social del Arte a una leyenda de creación etnocéntrica Cherokee que siempre me impresionó –  terminé por casualidad, en la mismísima ciudad capital de su tierra, Tahlequah.

Hay que recordar que Tahlequah fué el destino final del tristemente recordado e infame Trail of Tears, donde murieron 4.000 cherokees, mediante el cual el gobierno de los Estados Unidos obligó a los Cherokee a emigrar en pleno invierno de 1838-39 desde Tennessee, en una marcha de 1.600 kilómetros sin apenas ropa y en mocasines y sin derecho a pernoctar en ninguna ciudad intermedia. La única ayuda que recibieron de los lugareños fueron mantas infectadas de viruela. Los hoy descendientes de los sobrevivientes a esa infamia son los Cherokee de Tahlequah.

Fueron 7 años conviviendo con la comunidad Cherokee, asistiendo a clases en la Universidad Cherokee, NSU, y teniendo, por ejemplo, la fortuna de asistir al célebre Powwow de 2012, que acogió en Tahlequah a representantes de todas las tribus norteamericanas, en un ayuno y luego una gran fiesta en la que éstos hombres y mujeres gigantes ( recuerdo especialmente la belleza inenarrable de las mujeres Comanche, altas como Atlantes) danzaban al ritmo del gran tambor primordial que une a todas las tribus norteamericanas.

En vacaciones, durante los veranos, viajé en mi carro por el Sur de los Estados Unidos, donde vi las mujeres más hermosas que los Estados Unidos creo que pueda dar. Los extranjeros estamos acostumbrados más que nada a la belleza de las yankees del norte. Pero la mítica Southern Belle de las historias de Tennessee Williams, Scott-Fitzgerald y Margaret Mitchell camina aún angélica y galante por las calles de Birmingham, Jackson, Raleigh, Sparta, Boone, Willmington o los pueblos de Georgia, sin haber olvidado su porte aristocrático y el hermoso southern drawl  de su acento, a pesar de la centenaria mella yankee que dejó la Guerra Civil.

También estuve viviendo por temporadas en Nueva York. Debo confesar que la experiencia no estuvo ni cercana a la que tuve en los 90’s, cuando mi obra no tenía que apegarse al estereotipo de lo violento colombiano para ser aceptada y tuve la suerte de tener dos exposiciones allí. Por ese entonces, 1993 y 1997, viví una Nueva York más festiva, infinitamente más romántica, sin la peste de la corrección política infectando la cultura, la vida cotidiana y las costumbres. Menos puritana, menos multiculturalmente policial y vigilante, menos Salem Town, y cuando sitios como el Limelight o el Live Bait pululaban en la ciudad. Ahora, en 2013, viviendo en Bed Stuy, en Brooklyn – que encontré insoportable en su intoxicada mezcla de un aura de gentrificacion hipster y una oprobiosa lumpenización de la clase proletaria que se da bala en las noches interminables – me di cuenta que, de alguna manera, mi romance con los Estados Unidos como habitante había terminado y fue ahí que comencé a madurar la idea de volver a Colombia, cosa que solo terminé de llevar a cabo en octubre de 2016 cuando volví a Bogotá sin siquiera haber hecho uso de mi derecho a la ciudadanía norteamericana.

Estados Unidos es un país con el que siempre choqué – desde los años comunistas de mi padre y de mi propio comunismo infantil y adolescente en el Refous – y mis textos, tanto en inglés como en castellano, pueden dar fe de ello. No se podía hacer un pastel de frambuesa con madera seca. Fue muy duro comprobarlo, pero debo decir a mi favor que nunca cedí ni un milímetro en mis ideas solo para “agringarme” y ser aceptado por una sociedad que nunca me gustó realmente y cuya oprobiosa dinámica de difusión ideológica pienso que sigue contaminando cualquier esfuerzo por que podamos tener una sociedad mejor en este planeta.

Los Estados Unidos, desde su misma conformación imperialista con un patán como Teddy Roosevelt, con sus ínfulas de predestinación bíblica y su Manifest Destiny, son un obstáculo para que exista una sociedad global educada, con menos fricción de clase y donde, en realidad, y no de forma retórica como quiere el arte social, haya oportunidades para todas las personas y todas las ideas. Sobre todo donde el derecho a una educación de alto nivel para las clases media y baja, sea una realidad y donde la manipulación ideológica de clase a través de la ignorancia y el desprecio roussoniano a la Ilustración, unida a la arrogancia nacional y el cultivo de la chabacanería, no sean el remplazo de lo que en otros países se ha dado en llamar, desde tiempos inmemoriales, Cultura. La Libertad de Expresión supuestamente consagrada en la Constitución Americana se encuentra, compensatoriamente,  anulada por el bombardeo ideológico y el dumbing-down que se reproduce en cada minuto de cada segmento de la vida cotidiana en los Estados Unidos a través de los medios de comunicación, tanto liberales como conservadores.

Estados Unidos es todo, menos una sociedad polarizada. El ésprit de corps que le confiere su sentido colectivo de la predestinación y su culto a la ignorancia lo impide y hace del país un Et pluribus Unum  indestructible. Pues bien, todo éste bombardeo  y persistencia obsesiva en el mantenimiento histérico de su poder a mí me resultaron realmente tóxicos y estuvieron a punto, ciertamente, de consumirme. Yo en realidad no volví de Estados Unidos. Logré, no sé cómo, fugarme de allí antes de sucumbir. E insisto. Es un país que me encanta como turista. Pero vivir allí es la peor pesadilla por la que he tenido que pasar.

La lectura de sus textos en [esferapublica] es fundamental si se quiere de revisar la crítica al arte político, así como las complejas relaciones del llamado “arte comprometido” con el circuito del mercado. Fue un pionero en este tema. Inició publicando en el 2004 y cerró este ciclo en el 2013. ¿Porqué no ha vuelto a escribir? ¿ha pensado en volver a hacerlo?

Mi crítica al Arte Político es, en realidad, muy anterior. Ya en un foro que hizo parte de  Nuevos Nombres en junio de 1985 donde yo expuse mi trabajo, tuve una discusión con Doris Salcedo, quien se encontraba entre el público y me recriminó el hecho de que mi trabajo no lidiaba con la situación social de Colombia. Allí fui claro con ella en el sentido que para mi no era éticamente posible vivir como artista lucrándose con situaciones traumáticas como la guerra o la pobreza.

En 1990, en el catálogo de “Nuevos Nombres, Seguimiento”, ante la pregunta, “Cree que el arte debe expresar o ejercer una función crítica o integración social o trabaja fuera de ese esquema (sic) “, yo respondí:

“El arte solo requiere autenticidad, y las obras que auténticamente han expresado crítica son bien pocas, si es que a “Los fusilamientos del 2 de mayo” y “Guernica” se les puede llamar tan solo crítica social. En Colombia se han hecho muchas, pero creo que, aparte de “Violencia” de Obregón, no hay algo con esa fuerza; es una gran pintura y está hecha con devoción. Y eso es raro de reunir. No se puede hacer un arte descarnado si no se está en disposición de tocar un cadáver y dibujarlo in situ como hizo Goya en el Monte Pío durante las noches en 1808. La gente pretende hacer un arte descarnado como quien limpia un pescado. A punta de recortes de periódico. No conozco el primer artista colombiano que haya hecho un trabajo de campo, como Goya, en ese sentido. Se es valiente a la hora de colgar y se es muy tímido a la hora de ir a las fuentes.

El arte casi siempre ha sido un modo de equilibrar al individuo, y tal vez, de éste modo, a la sociedad. Pero nunca a la sociedad directamente. Los intentos en éste sentido, en nuestro siglo al menos, el Realismo Socialista y el Arte Fascista, han fracasado.

Creo que el arte es de naturaleza anarquista y no puede ser utilizado por un cuerpo colectivo. No sé qué tipo de arte deba haber en Colombia. El arte siempre es de emergencia. Es una necesidad imperiosa de todos los individuos. Las peores crisis, la Guerra Franco-Prusiana de 1870, la Primera Guerra Mundial, transformaron la historia del arte y produjeron obras tan carentes de violencia como la de los Impresionistas, el período de Niza de Matisse, el último Renoir o los Ballets Rusos. Y es que el arte lo es porque nunca es obvio”.

De cualquier manera, mis escritos en Esferapública hacen parte de un ciclo cerrado. Escribí éstos textos siguiendo los parámetros musicales de Richard Wagner. Es decir, un anillo argumental que pretendió abarcar todos los arquetipos, variables combinatorias y leitmotifs del Arte Político. Y creo que ya ese Anillo del Nibelungo quedó cerrado y listo para consumo del público presente y eventualmente postrero, en el mejor de los casos.

¿Qué textos considera que representan los enunciados centrales de este anillo argumental?

Yo creería que Arte Social e Ideología Social Corporativa vendría siendo la Obertura. Todos los demás textos giran alrededor de su órbita y, desde allí, sus leitmotifs se desarrollan armónica, melódica y rítmicamente.

¿Y qué papel podría interpretar Tania Bruguera en esta ópera?

En realidad ella no es Tania Bruguera, o Doris Salcedo o Naomi Wolf. Se trata de un arquetipo en acción de la furia femenina tratando de arbitrar los parámetros morales del  combate social – algo tan característico de nuestra cultura de género contemporánea –  encarnado en un personaje finito, como finita es la cantante que interpreta el papel programático e ideológico de cualquiera de las Walkirias del arte anglosajón. Nuestras artistas vendrían siendo el reflejo, pálido por cierto, de una Astrid Varnay o una Helen Raubel, legendarias interpretes wagnerianas.

Es decir, deidades femeninas que oficiaban los sacrificios rituales donde se ejecutaban los prisioneros. ¿Quienes vendrían a ser en este caso los prisioneros?

Los exepcionalistas desde luego. El arte moderno. La Ilustración. Los artistas modernos y Neo-modernos como este servidor. Yo pagué con creces, durante 7 años de exilio, el haber perturbado su sueño autocomplaciente y su anillo de seguridad moral dentro del Mainstream. Yo cuestioné sus dudosos motivos éticos y eso se paga como lo pagué yo, sin ningún tipo de remordimiento por cierto. No sé quién va a prevalecer, si ellas, o mis textos. Pero creo que los textos son imprescindibles a futuro, cuando toda esta craze del arte político, como todos los movimientos en el arte, haya llegado a su decadencia y a su fin.

 

*La política editorial de [esferapública] está enfocada para 2018 en propiciar la reflexión en torno a temas de discusión de este foro a través de entrevistas, lecturas en voz alta y análisis de debates.