El Arte de la Especulación

Han pasado ya cuatro años del debate en torno a la posible especulación en los precios record de venta en subasta que logró la obra de Oscar Murillo y la de otros artistas promovidos por el coleccionista Stefan Simchowitz. Desde entonces la obra de Murillo ha enfrentado -en términos de recepción crítica y estabilidad de precios en subastas- una serie de situaciones que llevan a reformular preguntas y revisar el debate a la luz de desarrollos recientes.

¿Qué sucedió con los precios de la obra de Murillo en subastas durante los últimos años?, ¿la recepción poco favorable de la crítica incidió en la marcada tendencia a la baja en términos de volumen y valor de las ventas de la obra de este y otros artistas promovidos por Simchowitz?

A continuación un análisis de la discusión y sus principales argumentos, seguido de informes de mercado recientes que revelan un declive en términos del volumen y valor de las ventas de la obra de Murillo.

Burbuja, especulación, legitimación

En junio de 2013 el panorama artístico nacional se vio sacudido por la noticia que abriría —o reabriría— el debate alrededor del papel hegemónico del mercado de arte en el ámbito cultural. La venta de una obra por 391 mil dólares del joven artista Óscar Murillo suscitó gran conmoción y dio paso a una discusión sobre la especulación, la legitimación institucional y la falta de oportunidades en el contexto colombiano en lo que respecta al florecimiento del arte. Así, el llamado capitalismo artístico se volvió tema central de debate, en tanto los precios que alcanzan las obras en las subastas de grandes entidades como Sotherby’s o Christie’s eran entendidos por muchos como el resultado de estrategias turbias de marketing y especulación.

El autor del artículo que dio inicio al debate, Halim Badawi, revisó, con cierto grado de preocupación, las implicaciones de la subasta realizada por Christie’s en Londres el 26 de junio de ese año. Aseguró que Murillo no tenía el suficiente respaldo institucional como para que su obra fuese sobrevalorada de tal modo y, además, de forma tan espontánea: el joven, que en ese momento tenía sólo 27 años, nunca había expuesto en museos y no existía bibliografía sobre su obra. Era un completo desconocido. Aun así, obtuvo un rotundo éxito comercial que, para Badawi, podía ser explicado únicamente a partir de dinámicas mercantiles: el apoyo que el vallecaucano tuvo de la Saatchi Gallery o de los Rubell fue decisivo en su crecimiento. Otra estrategia, asegura, fue la de emular el papel de artista decadente a través de la imitación, no sólo en sus obras sino en su mismo estilo personal, de Basquiat.

Para leer el artículo completo de Halim Badawi, ir a “Business is business: especulación y mercado en la obra de Óscar Murillo”

La discusión, entonces, giró alrededor de distintos focos. En primer lugar, sí se produjo una reflexión alrededor del rol del mercado artístico en la consagración de artistas y muchos apoyaron el punto de vista de Badawi —quien, además, puso en duda el valor plástico de la obra en cuestión, Sin título (2011)— asegurando que la causa del éxito de Murillo residía en estrategias de marketing. Se lee: “ciertos aspectos que otrora resultaban importantes en el proceso de valorización comercial de un artista tales como la importancia histórica, el reconocimiento, la trayectoria, el contexto crítico, etc., ahora parecen resultar inútiles.” Otros, en cambio, celebraron el triunfo del artista en Europa, sustentando que la clave de su éxito debía de ser únicamente su talento. Entre éstos resalta la figura de Francesca Bellini, analista de mercados del arte radicada en Londres, que se opone a Badawi insinuando que las dinámicas detrás del éxito de Murillo no fueron una anomalía en el ámbito global pues estuvieron sujetas a las leyes de mercado y, por tanto, no deberían suponer tanta sorpresa.

El artista colombiano Darío Ortiz, por su lado, en “Óscar Murillo, el escapista”, publicado unos meses después del escándalo inicial, pareció hacer una oda al artista que, a pesar de las condiciones adversas que con tanto ímpetu describe en el texto, logró triunfar internacionalmente. El campo artístico local, escribe Ortiz, está plagado de clientelismos, hipocresía, burocracia absurda y sistemas de legitimación muy cuestionables. “¿Cómo es posible que el “novato” Murillo haya llegado a valer tanto si no se dejó robar, estafar ni malpagar por los galeristas nuevos o viejos que dominan la escena local, ni tuvo que aceptar los precios de hambre que pagan los coleccionistas colombianos?”, se pregunta. Su éxito no se debe a ninguna maniobra oculta, sino a su talento: aun así, es un éxito que habría resultado impensable en el país y que sólo los mercados europeos habrían podido fomentar.

Para leer el artículo completo de Dario Ortíz, ir a “Oscar Murillo, el escapista”

Relacionado a este tema, se debatió el estado actual del mercado nacional. Muchos afirmaron que el contexto colombiano no era el más propicio para el crecimiento profesional de los jóvenes artistas y que el caso de Murillo habría sido posible sólo en un lugar como Londres. También surge la duda de si Murillo ha de considerarse o no un ejemplar de arte colombiano: él afirma, en una entrevista, que sus raíces lo son —su familia emigró al Reino Unido cuando él tenía sólo 10 años— pero que él no se ve a sí mismo como un artista colombiano. Bellini asegura, por su lado, que Murillo es, en todo el sentido del término, un artista global, en tanto no se incluyó su lote en una subasta de arte latinoamericano sino en una de arte contemporáneo. ¿Entonces?

Para realmente lograr comprender qué fue lo que sucedió en la subasta de Christie’s, Badawi y otros participantes subrayaron la necesidad de realizar un estudio serio de la obra de Murillo: sólo así sería posible realizar un juicio alrededor de su éxito. Algunos sugirieron otros motivos de éxito —se llegó a plantear, incluso, ¡la teoría de una posible influencia del Cartel caleño en la valorización de la obra plástica del vallecaucano!—. También fue muy controvertida la estrategia de marketing que denuncia Badawi, según el cual a Murillo no se le dio el epíteto de ‘el Basquiat colombiano’ por mera inventiva de la prensa, sino que se trató, desde un principio, de un ejercicio premeditado de copia del estilo personal del artista norteamericano, así como de su propuesta plástica. Sobre este punto surge, además, el cuestionamiento alrededor del papel que juegan los medios de comunicación en el crecimiento de los artistas, en tanto la falta de conocimiento especializado por parte de éstos puede llevar a la difusión de ideas erróneas, si no, disparatadas.

Los términos burbuja, especulación, legitimación aparecen con frecuencia, así como los nombres de Botero, Obregón o Doris Salcedo. El caso no tuvo precedente alguno en Colombia y por eso generó, sin lugar a dudas, una crisis entre la crítica nacional, en tanto empezó a cuestionarse el rol del museo como legitimador del artista, la necesidad del respaldo de la crítica, la importancia de la trayectoria profesional y los demás parámetros que, antes de junio de 2013, se suponía eran los que determinaban el éxito de un artista.

¿Y después, qué pasó?

El nombre de Murillo volvió a resonar en los medios un año después, cuando la galería David Zwirner, en Nueva York, fue escenario de “Una novela mercantil”, obra—¿instalación?, ¿happening?— con la cual el joven quiso demostrar que su genio artístico no residía, únicamente, en sus pinturas. La galería se transformó, por unos días, en una fábrica de chocmelos —dulce tipiquísimo del trópico— de Colombina y emuló su proceso de producción y distribución. La crítica se mostró, por lo general, inclemente: el crítico Jerry Saltz publicó en Vulture “Oscar Murillo Perfectly Encapsulates the Current State of the Contemporary Art World” (a nivel local léase la reseña de Lucas Ospina, “Óscar Murillo, una novelita mercantil”, y Óscar Murillo, un novelón mercantil”)

Simchowitz, su esposa y equipo de trabajo

Otro interesante artículo de Jerry Saltz trata sobre  Stefan Simchowitz, uno de los coleccionistas que especuló y manipuló en el mercado del arte con obra de artistas como Oscar Murillo, Lucien Smith, Mark Flood y Parker Ito. El artículo “Saltz on Stefan Simchowitz, the Greatest Art-Flipper of Them All” se publicó originalmente en Vulture y también se divulgo por esferapública.

El debate continuó desarrollándose de modo esporádico, concentrado en momentos particulares e incluyendo cada vez más participantes. Desde la radio, Julio Sánchez Cristo, aprovechando el espacio de la W, se declaró acérrimo seguidor de Murillo y lo defendió en diferentes ocasiones. Fue particularmente llamativo el caso de Arco 2015, en el que la obra de Murillo no fue, inicialmente, escogida para participar como representante de Colombia; fue sólo con la insistencia de Sánchez Cristo, en vivo y en Twitter, que al vallecaucano se le incluyó en la muestra. “¿Cuánto nos va a costar Arco-Colombia? ¿Quién lo va a pagar? ¿¿Cómo vamos a explicar el veto a Murillo???????”, publicaba el locutor. Hay quienes afirmaron, incluso, con cierta malicia, que éste era coleccionista de la obra de Murillo y que sus intereses se veían directamente involucrados. Fue en el marco de la feria Arco, justamente, que el valor artístico de la obra de Murillo, una vez más, fue puesto en velo de juicio: Halim Badawi rompió su silencio de casi dos años con respecto al caso para criticar la obra ahí expuesta, “De marcha… Una rumba? No, solo un desfile con ética y estética”.

Mientras tanto, la prensa, que en 2013 había saturado la opinión nacional con titulares como “El colombiano que ha revolucionado el mundo del arte”, “Óscar murillo, el artista de ambición desatada”, u “Óscar Murillo, el artista de los 391.475 dólares”, empezó a cuestionarse también el antes indiscutido talento del ‘Basquiat colombiano’. Aparecieron, entonces, artículos bajo los títulos de “Óscar Murillo, ¿un artista inventado por la radio colombiana?” y “Óscar Murillo, el ‘chico maravilla’ del arte, genera dudas”, así como más llamativos cuestionamientos por parte de la crítica, como el análisis de Lucas Ospina “El Interbolsa del arte I” y “El Interbolsa del arte II”.

La exposición de Murillo en la galería David Zwirner (2014) dio un giro inesperado -sin tener ninguna obra a la venta- a favor de una fábrica en miniatura produciendo caramelos de chocolate de la fabrica “Colombina”. La crítica no recibió favorablemente su propuesta que recurría al arte participativo y fue entendida como “un truco mal concebido”.

Con tendencia a la baja

En relación con su desempeño de los precios de su obra en el mercado internacional en los últimos años, hay un análisis (sept 2016) de Brian Boucher en ArtNet que revela cómo su obra se oferta cada se vez menos en subastas y se pregunta ¿Where is the market for Oscar Murillo tree years after his blazing debut? 

Según el artículo de Boucher “Las métricas del mercado en subasta indican una disminución significativa en términos de la demanda de obra. Muchos vendedores se beneficiaron del éxito de las obras en la subasta de 2013; Para el año siguiente 24 sus obras llegaron a la subasta. Este número cayó a 20 en 2015 y luego bajó a 10 en 2016”.

La publicación Observatoire de l’art contemporain amplió este análisis en un breve reporte publicado el pasado mes de abril con el título Oscar Murillo: a market trend:

– Durante el año 2014, 31 lotes fueron subastados, alcanzando un monto total de aproximadamente $ 3.7 millones ($ 1.970.412 – $ 2.859.771). Sin embargo, el enfriamiento del mercado comenzó con dos piezas no vendidas, incluyendo Touch me with your greasy hands de 2012 ($ 150,000 – $ 200,000) y con ventas bajo las estimaciones como la pintura Dark Americano vendida por $ 245,000 ($ 500,000).

– Esta tendencia a la baja se confirmó en 2015, cuando sólo 14 de las 20 piezas subastadas se vendieron por un monto total de $ 3.031.861 ($ 2.043.907 – $ 2.991.982); Se compraron seis obras (es decir el 30%). A pesar de algunas excepciones como Untitled (2014) que se vendió por un precio que se mantuvo alto: $ 379.080 (est. $ 154.726 – $ 232.090), las obras que fueron subastadas por segunda vez vieron disminuir su valor, es el caso de La era De la sinceridad (2013), que había sido vendido por $ 100.530 en 2014 y se dejó sin vender en 2015.

– En 2016 persistió la tendencia a la baja en términos de volumen y valor de las ventas. Nueve lotes llegaron a subasta por un monto total de $ 519.440, muy por debajo de las expectativas menos optimistas ($ 602.822 – $ 842.657). Más de 30% de los lotes fueron comprados y sólo trabajos con las estimaciones más bajas lograron superar el precio base: Untitled (2009) se vendió por $ 14.147 (est. $ 7.545 – $ 10.060) y Número 11 (2012) se vendió por $ 58.154.

En días pasados, Halim Badawi publicó un post en su perfil de Facebook donde invita a ver el documental The Art of Stefan Simchowitz:

“…En el documental, desde el minuto 23.00 (aproximadamente), empieza el capítulo dedicado a Murillo. Simchovitz se refiere a uno de los coleccionistas que le compraron obras (de Murillo y compañía) como un “estúpido niño rico”, entre otras perlas para decorar el rosario de la oligofrenia inflacionaria del arte colombiano. No me extraña que, a partir de Simchovitz, se haya desarrollado (dentro de Colombia) una suerte de cadena alimenticia dedicada a revender las pinturas de Murillo y ganar comisiones”

En resumen, la tendencia a la baja en términos de volumen y valor de las ventas parecen dar la razón a quienes argumentaron que los altos precios obedecían más a una estrategia de mercado y que con el paso del tiempo los precios de la obra de Murillo alcanzarían un nivel más acorde con su valor artístico.

Habrá que esperar unos años y ver si emergen más coleccionistas como Simchowitz y redefinen sus prácticas especulativas, o si por el contrario, el caso de Murillo se convierte en referencia obligada cada vez que se logren precios record con obras cuyo valor artístico se encuentra aún en fases tempranas de definición.

 

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Humano todavía

Fotografías de pobreza en Camden, Estados Unidos. Prostitución, drogas, todo el paquete. La decadencia del país más glorioso del mundo, la actual America de Trump. Nuevamente un francés se adelanta en mostrar como están de podridas las cosas en el nuevo mundo. Una guerra cazada desde mucho antes de la invención de las papas a la francesa. Pero creo acá no se trata de esa riña.

Aparece esa constante contradicción, decadencia-gloria, ya obviamente trillada desde los romanos. Pero se siente una mirada cercana, valiente, de fotógrafo adrenalínico, pero no de guerra, sino de ese sutil movimiento de lo podrido. De la baba que se escurre en ese norte-americano olvidado por la vida frenéticas de sus tantas capitales. Pueblos de dealers y prostitutas, el lejano oeste en el frío.

Cuenta, en uno de los textos escritos a mano, cómo una prostituta le rompió una botella en la cabeza cuando intento fotografiarla sin permiso y, ya satisfecha, le dejó 10 dólares para el bus. Humano Todavía. Se agradece el texto que amplía la imagen y el dibujo de una mano que no sólo presiona obturadores. Humano Todavía.

Más arriba, en las otras salas, lo erótico, la calentura en la cuna del primer mundo. Clubs swingers, neonudistas, sadomasoquismo, fetichismo, voyeursimo y todos esos “ismos” tan propios de la noche, de la nightlife. Fotografías de espía, llenas de rojos y luces de neon. Mucho grano, claro, y mucho sexo, obvio.

Sentirse excitado en la galería. Estar duro en el cubo blanco. ¿Cada cuánto pasa esto? Un sentimiento extraño, sumado a estar rodeado de señoras y señores divinamente de Bogotá que se pegaron la “escapadita” a la Macarena.

Oportunos contenidos para una sociedad que tiene como bandera una familia heteronormativa en tirantes y paños grises, con dobladillo, y doble costura, y siempre con la mirada altiva, a Miami, New York, o París. Qué dolor de cuello. Que miren para abajo un ratico a ver si les da culpa estar excitados ante estas imágenes sórdidas de las sociedades que tanto admiran y copian religiosamente. Que sepan, que se enteren. Valiente el fotógrafo que seguro disfrutará que le den sus palizas de vez en cuando. Humano después de todo como dice Daft Punk.

Nicolás Wills*

 

*¿Por qué casi nadie escribe sobre las obras? ¿es tan difícil escribir sobre la experiencia que tenemos en torno a ellas? Estas preguntas fueron el punto de partida para un par de sesiones de esferapública en El Validadero. De ahí este texto y algunos que vienen.
La exposición Humano todavía, de Jean-Christian Bourcart, estará abierta hasta el próximo 24 junio en la galería Valenzuela y Klenner.

María Alejandra Toro "el crecimiento de las redes sociales no implica que haya más espacios de opinión"

Con el boom de las redes sociales, todos nos hemos vuelto editores: decidimos qué contenidos compartir, comentamos los enlaces que nos llaman la atención, expresamos nuestra indignación o nuestra aprobación por un tema, publicamos imágenes y videos.

Para esta entrevista, hablamos con la periodista María Alejandra Toro, quien trabajó varios años en la sección de Cultura de El Tiempo, es la editora y coordinadora web de Proyectos Semana y cursa la maestría en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad en la Universidad Nacional.

En esta época donde los grandes medios luchan por adaptarse a la era digital y desde su experiencia como periodista  ¿qué aspectos o prácticas del periodismo cultural cree que se deben fortalecer y cuales replantear?

María Alejandra Toro: Quisiera empezar hablando de algunos aspectos del periodismo en general. En primer lugar, creo que es necesario trabajar por encontrar un equilibrio en cuanto al manejo de las herramientas digitales. Ahora hay varias que están en boga, pero en mi opinión, si no se utilizan de forma moderada pueden restarle seriedad al contenido. Por ejemplo, un gif, un meme, ¿será que es necesario incluirlo dentro de una noticia? 

Debemos trabajar para que la gente navegue y se quede en las páginas de los medios de comunicación. Mucha gente solamente se está informando a través de Facebook o Twitter y me parece que es muy equivocado que eso pase, sobre todo si tenemos en cuenta que estas herramientas están diseñadas de forma tal que saben tanto del usuario que lo que hacen es segmentar demasiado la información y básicamente te dicen qué consumir o no. 

Además, son muy distractoras (mientras alguien te escribe te aparece un Newsfeed en tiempo real, notificaciones y publicidad) y, cuando uno se da cuenta, tiene seis pestañas del explorador abiertas y no ha hecho nada. Además, casi que condicionan a ‘consumir’ principalmente videos e imágenes como los memes, o los gif’s. 

Se debe fortalecer la escritura. Un texto que engancha, independientemente de si está en un periódico o en la web hará que una persona lo lea en su totalidad. El reto está en mostrar el contenido de una forma en la que los usuarios de internet no solo visiten las páginas sino que realmente se tomen su tiempo para leer. Y explotar al máximo las herramientas. Un buen artículo que tenga además un audio, buenas fotos y contenido relacionado resulta muy enriquecedor, pero en su justa medida. 

En el caso del periodismo cultural, se deben formar nuevos públicos y consolidar a los ya existentes. Aterrizar temas que pueden ser complejos a un público en general que, si quiere profundizar en el tema puede hacerlo. Nuestra función como periodistas es informar, pero debemos hacerlo de una forma clara y sencilla, sin que esto sacrifique la calidad del contenido. Sería ideal que en los medios, que suelen tener ‘blogueros’ de cine, música y TV  también tuvieran blogueros de arte, de arquitectura, de historia…

¿En su opinión, qué debates en torno al campo del arte le parecieron relevantes en los últimos años y porqué?, ¿Dónde cree que deberían concentrarse las discusiones y los debates sobre arte hoy en día?

En algún momento se habló de la reducción del presupuesto general de la nación para la cultura, un tema que evidentemente afecta tanto a los artistas como a los gestores y a quienes asistimos como espectadores a exposiciones, obras de teatro o conciertos.

Por otra parte, siento que hubo una inquietud, que tal vez no fue tan visible pero que sí logré percibir por parte de varios artistas de cuál iba a ser su rol en el posconflicto. Ese interrogante seguramente se verá reflejado más adelante, en la medida en que este nuevo proceso avance.

El análisis de una obra es fundamental. Las prácticas artísticas son múltiples y muchas veces resultan ser más interesantes cuando se revisa el proceso anterior a la exposición. Explicar esas otras dinámicas permitiría ampliar las maneras como una persona se acerca a una obra. Vuelvo al tema de los públicos, muchas personas todavía consideran que una obra de arte solo lo es si se trata de un grabado, una pintura o una escultura. Otro tema es sobre los públicos. Si hay un interés por hacer que la gente asista más a los museos o a las galerías este debería debatirse más ampliamente.

La discusión sobre el arte en el espacio público también debe abordarse más. Al igual que sobre arquitectura y patrimonio, que se dan dentro de la academia, pero siento que deberían moverse más. 

¿Cree que espacios como Arcadia, Arteria o [esferapública] tienen más eco en la formación de opiniones con el boom de las redes sociales?

Las herramientas que ofrecen las redes sociales y la inmediatez con la que cualquier individuo puede publicar y compartir una información me parecen muy útiles, pero no podría asegurar ello signifique que haya más espacios de opinión. Se podría hacer una medición cuantitativa para saber qué tantas reacciones o interacciones genera algún post de alguno de los medios que se mencionan en la pregunta, pero sería más interesante hacer una evaluación cualitativa. Así se podría saber qué está comentando la gente y con base en eso entrar a revisar qué tanto se está formando una opinión en la gente. Y ¿por qué no? trasladarlo a un gran debate en el espacio público, en el mundo ‘real’. Escucharnos es muy importante. Salir del círculo y conocer otras opiniones. 

¿Piensa que la esfera artística tendrá un rol importante en el posconflicto? ¿Cómo puede contribuir a éste sin caer en prácticas asistencialistas?, ¿cree que es viable una participación desde el arte con actitud crítica?

La esfera artística debe tener un rol activo en el posconflicto pero eso no significa que todo artista esté obligado a participar. Sí creo que es viable hacerlo con actitud crítica. Es viable y deseable. Lo importante es que el artista tenga claro que no debe sacrificar su independencia y que ser crítico es muy importante. El artista debe ser coherente con lo que quiere hacer. De lo contrario, se va a frustrar o su trabajo se va a ver condicionado y eso se nota.

Se puede hacer una obra que no trate sobre la violencia o el desplazamiento, los cultivos ilícitos, la corrupción, etc. y sin que sea literal pero que de cuenta de nuestra situación actual. Finalmente, la obra quedará como un testimonio de este momento. 


esferapública 2017 | Análisis de debates, entrevistas y lecturas

Desde febrero de 2017 la política editorial de [esferapública] estará enfocada en propiciar la reflexión en torno al archivo de debates y textos a través del proyecto #LeerLaEscena. Por esta razón, en el portal se estarán publicando análisis de debates, entrevistas y lecturas en voz alta con el ánimo de revisar temas sobre los que se debate reiteradamente (crítica al arte político, el estado de la crítica, especulación y mercado, espacios de artistas, museos y espacios de arte en crisis) y, a partir de esta revisión, replantear formas de discusión, políticas editoriales y, si es el caso, una nueva plataforma para [esferapública]. Los casos coyunturales del campo artístico se abordarán a través de conversaciones en #RadioEsfera, la sección del Observatorio y los perfiles de [esferapública] en Facebook, Instagram y Tumblr.


¿Ni con el pétalo de una rosa?

Cuando estaba en el colegio había dos clases en las que separaban a niños de niñas; diferentes profesorxs, diferente currículo, diferentes salones: arte y educación física. Sobre la de arte volveré otro día, hoy quiero pensar en la segregación sexual en la clase de educación física. Por un lado tener separados niñas y niños en esa clase evitaba que viéramos las piernas de nuestros compañeros, pero sobre todo que ellos vieran las nuestras; además, nuestra educación física estaba enfocada a desarrollar cuerpos gráciles y flexibles –de ahí que nosotras montáramos coreografías, esquemas y rutinas de gimnasia, hiciéramos el rondón, el split y el spagat – mientras que la educación corporal de los chicos estaba enfocada en el desarrollo de la fuerza y la velocidad –por eso ellos jugaban futbol, hacían flexiones de pecho y competencias de resistencia y de velocidad. No vengo a quejarme de la danza, disfruté increíblemente montando la coreografía de Vogue de Madonna junto con otras 90 compañeras. Lo que molesta es que desde entonces sabíamos que esa separación de clases se trataba de una segregación en la que “los más fuertes” no tuvieran que limitar sus capacidades al trabajar con “las más débiles”.

Un año llegó al colegio un profesor que les iba a enseñar Karate. Nosotras queríamos también aprender a dar patadas por lo que solicitamos hacer esa clase mixta. El comité de educación física se reunió para posteriormente comunicarnos que no podíamos tomar esa clase porque “a una mujer no se la toca ni con el pétalo de una rosa”. Luego de esa respuesta, ya no sentíamos el mismo poder cuando montábamos nuestras multitudinarias coreografías. Algunas de nosotras no volvimos a usar prendas de vestir con flores estampadas. Hoy, un festival de teatro que se precia de prevenir la violencia contra las mujeres ha optado por el título de “Ni con el pétalo de una rosa”. En el marco de ese festival se presentó la obra “Letras y encajes”.

El pasado 30 de Noviembre, gracias al plantón que un pequeño grupo de activistas  feministas antirracistas habían hecho frente a Casa Ensamble y a la movilización en redes del video que promocionaba la obra de micro-teatro “Letras y Encajes”, el teatro permitió la entrada gratuita a la obra y abrió un espacio de debate al finalizar dos funciones de la misma.

Plantón en Casa-e el 29 de Noviembre. Foto tomada del FB de Alejandra Londoño, una de las organizadoras de la protesta.

Según Casa Ensemble -que retiró el video de la discordia el mismo 30 de Noviembre- las acusaciones sobre el racismo de la obra carecían de fundamento y alegaban que el video publicitario estaba descontextualizado y no reflejaba el tratamiento dignificante que “Letras y encajes” hacía de las mujeres negras, por ello ofrecía entrada libre. En el video se mostraba a una mujer blanca que en tono condescendiente le hablaba a una caricatura de las mujeres negras, similar a la figura estereotipada que Liliana Angulo critica, con lucidez e ironía, en su obra Mambo negrita.

Imagen publicitaria de la obra “Letras y encajes” de Casa-e

Fotografías de la serie “Mambo Negrita” de Liliana Angulo

Antes de que la función del 30 de Noviembre, una de las directoras de la obra, Katherine Vélez, leyó un texto en el que defendía su producción amparada en su “subjetividad de artista” -que creaba alejada de lineamientos políticos y desde su propia visión del mundo- y acusaba a un público compuesto en un 80% de mujeres negras de haber juzgado el spot publicitario desde el desconocimiento, la rabia y ¡ojo! el resentimiento.

La descontextualización que el video hacía con respecto a la obra (y que desde Casa Ensamble se utilizaba como argumento para deslegitimar la protesta), consistía en que la obra no ocurría -como el video- en la actualidad, sino en los años treinta. La condescendencia con la que la mujer blanca “explicaba” a su mucama-aprendiz negra, en cambio, sí era la misma: le enseñaba, por ejemplo, que había que lavarse las manos antes de atender un parto, le explicaba también que la placenta no se tenía que enterrar bajo tierra y que el modo en el que ella (la mujer negra era partera) había cortado el cordón umbilical estaba errado. En uno de los parlamentos de mayor arrogancia, la mujer blanca (que en la obra se suponía que era rusa) corregía a la mujer negra (una cartagenera en el plot) su “mal” uso del español. Esta relación desigual había sido concebida como “diálogo de saberes” y esa versión feminizada del soldado Micolta (el personaje de Sábados Felices que ya no está en el aire gracias a las acciones legales del colectivo “Chao Racismo”) era pensada como dignificadora de las mujeres negras.

Mucha tinta y algunos bites se han escrito sobre la politicidad del arte. A mí me gusta la propuesta de Chantal Mouffe que dice que las prácticas artísticas son siempre políticas porque la hegemonía se construye justo en el orden de lo simbólico. El arte, entonces, se alía con alguna de estas dos posibilidades: o bien mantener y reforzar el ordenamiento simbólico, o bien impugnarlo. Es por eso que aunque no se esté consciente de cual es la alineación política de la obra –como en el caso de “Letras y encajes” cuya co-directora reclama una libertad creadora sin lineamientos políticos- la obra sí tiene efectos políticos. El racismo en Colombia ha sido un ordenamiento de los cuerpos que mantiene a las personas negras e indígenas en situación de marginalidad, expuestas a constantes burlas y violencias tanto simbólicas como físicas. La representación que “Letras y encajes” propone de la mujer negra como ignorante, ligada a tradiciones religiosas (en contraste con la mirada científica de su “ama”), visualmente caricaturizada, vinculada a las imágenes que representan a las mujeres negras como utensilios de cocina, no hace más que mantener y reforzar el ordenamiento racista que existe en el país. Como si esto fuera poco, la obra se presentó en el marco de un festival que recibe dineros públicos destinados a prevenir la violencia contra las mujeres.

Al comienzo pensaba que por un lado iba la brillantez del título “Ni con el pétalo de una rosa” y por el otro el evidente racismo del spot publicitario de la obra “Letras y encajes” que se presenta en Casa Ensamble. Ahora, después de haber visto la obra y escuchado a una de sus directoras, caigo en cuenta que las dos cosas van de la mano. La femineidad, esa que construye a “las mujeres” como rosas (como severas flores), sólo aplica a las blancas, las negras -lo sabemos- nunca fueron delicadas rosas; de ahí que el festival de los múltiples patrocinios se autopromocione como en contra de la violencia contra las mujeres y reproduzca lo más rancio del racismo colombiano: sólo las blancas y burguesas caben en su concepto de mujer.

Montaje a partir de fotogramas del video publicitario de “Letras y encajes”, tomado del blog “Desacato feminista”.

Los aterradores casos de violencia sexual que cada vez son más visibles, han llevado a que el feminismo esté en el centro de la agenda nacional. Vale la pena entonces que quienes trabajan desde instituciones con presupuestos y visibilidad mediática amplíen sus concepciones de “mujer”, cuestionen sus privilegios y comprendan que dentro del colectivo “mujeres” hay una gran diversidad de necesidades y de reivindicaciones. Seguir tomando a la mujer blanca-burguesa como representante de esa basta diversidad agrupada bajo la categoría “mujer” es regresar por lo menos treinta años en las disputas y progresos del feminismo.

 

Mónica Eraso J.

Bogotá, Dic 17 de 2016.


#LeerLaEscena | Arte Político Decorativo

Edwin Sanchez lee en voz alta Arte Político Decorativo, de Víctor Albarracín.

Con esta lectura, [esferapública] cierra sus actividades de 2016. Regresamos en febrero de 2017 con más videos y sesiones en vivo de #LeerLaEscena, así como una política editorial enfocada en propiciar la reflexión en torno al archivo de este foro.

#LeerLaEscena es un proyecto de [esferapública] que propone una serie de aproximaciones a su archivo de debates y textos. Como uno de estos modos de acercamiento, se ha invitado a 16 lectores a escoger un aparte de un debate o texto del archivo y leerlo en voz alta.


#LeerLaEscena | ¿De qué vive un artista?

Ana María Villate lee en voz alta apartes de ¿De qué vive un artista?, un texto de Lucas Ospina que da cuenta de los múltiples oficios del artista en la actualidad.

#LeerLaEscena es un proyecto de [esferapública] que propone una serie de aproximaciones a su archivo de debates y textos. Como uno de estos modos de acercamiento, se ha invitado a 16 lectores a escoger un aparte de un debate o texto del archivo y leerlo en voz alta.