En el fértil suelo, La travesía de María Elvira Escallón – Crítica sin Cortes

Segunda entrega – X Premio Luis Caballero. Elkin Rubiano recorre la exposición “En el fértil suelo – La travesía” con la artista María Elvira Escallón, nominada al Premio Luis Caballero. Esta propuesta es la continuación de un gesto que la artista inició en 2016 al encontrar en La Ilíada un párrafo que describe un episodio: el momento en que los líderes de los ejércitos toman a decisión de detener esa cruenta guerra. Aqueos y Troyanos después de 10 años de lucha se desarman en el campo de batalla. Describe la situación en que dos enemigos históricos están frente a frente sin armas, igualmente expuestos y vulnerables:

Detuvieron los corceles,
bajaron de los carros
y dejando las armaduras en el fértil suelo
se pusieron muy cerca los unos de los otros

Durante su búsqueda, Escallón encontró una imagen que le llamó poderosamente la atención: dos seres que, a pesar de grandes impedimentos, han sabido encontrarse para poder avanzar. De otro modo, ambos estarían confinados, inmóviles en su dificultad. Esta imagen milenaria cambia según la época y es interpretada de distintos modos según el contexto, en esta propuesta, como antiguos adversarios que vuelven de la guerra.


Provocarse el Archivo de Eduard Moreno – Premio Luis Caballero – Crítica sin Cortes

Primera entrega – X Premio Luis Caballero. Elkin Rubiano recorre la exposición “Provocarse el archivo” con el artista Eduard Moreno, nominado al Premio Luis Caballero. Con esta propuesta, Moreno busca que el público se acerque a la relación que se establece entre el arte y la mediación. Para ello, interviene la colección del Museo Santa Clara (asumida por al artista como archivo) que, gracias a su condición religiosa y posterior secularización, manifiesta una serie de condicionamientos en los que la mediación ha pasado por reactualizaciones. Mediante un dispositivo de telas colgantes, el espacio intervenido permite velar y revelar las imágenes sagradas, al tiempo que un grupo de mujeres realiza una acción en la que el público puede solicitar un servicio que activa la conversación (la escucha, como como una forma de confesión). Por último, en una acción de “minado”, el artista recolectó vestigios minúsculos del museo (insectos, moneda, lentejuela…) que pueden visualizarse mediante microscopios conectados a pantallas.

Eduard Moreno. Peso Muerto. Clorofila y Materia vegetal. Provocar el archivo.


Archivo, género y sexualidad – Crítica Sin Cortes

Mónica Eraso, Ana Karina Moreno y Ana María Villate realizaron en 2018 dos versiones de su lectura performativa “En (vi)cita”. Para aquella, emprendieron una curaduría con documentos disgregados en prensa, archivo y sitios web para señalar críticamente las falencias, contradicciones, disputas y estereotipaciones que el discurso operado desde el campo del arte impone a las mujeres y a sus roles profesionales en el escenario artístico y cultural. La versión incluida en la curaduría “Contrainformación” se resuelve a través de una instalación materializada con el archivo reunido por las artistas.

El recorrido por En (vi)cita termina vinculando la instalación del archivo “Una historia (no tan) rosa: historia natural de la homosexualidad, 1793-2019” de Halim Badawi y Manu Mojito.


La curaduría inmoderada

Se acepta la curaduría como una instancia viciosa del quehacer de las artes, con la esperanza de que algo bueno resulte de una inevitable pernicia generalizada. Pasaron las épocas en que la curaduría era vista como un acto de amor, hoy es simplemente otra demostración más del poder validado en el consenso.

El texto “La curaduría inmoderada” era ya una conclusión que el 2012 anticipaba los excesos de los vicios del aparato curatorial nacional, pleno y en máxima efervescencia en estos días. P.B.


Parece interesante el proceso de escritura de un texto, aunque el texto no sea algo más ambicioso (ni a lo que se preste más atención) que un simple comentario a un estado de facebook. En el texto que queda en suspenso están los titubeos, tanteos, aparentes avances en firme que tal vez desaparecen en su versión final. Mucho trabajo de corrección y edición en vivo y en tiempo real. Es un trabajo, que en el modelado de nuestra percepción social del entorno sucede –preferiblemente- de manera invisible como parte de su estrategia de efectividad.

Si se cuestiona el lugar social y económico en el que se encuentra un observador potencial -ya no de arte, si no de móviles-, entonces, debe cuestionarse el lugar social y económico de quien oficia como curador; hay que recorrer ambas direcciones. El curador (que puede ser también un artista en donde curaduría sobre terceros  y desarrollo de obra propia están imbricados)  tiene, cada vez más claramente, un lugar social y económico progresivamente más fuerte y más sólido. Construir una apología de esta tendencia, descalificando por todos los medios a quienes  pueden identificarla, es una afirmación de móviles y de propósitos. Se compara a la complacencia con la tala inmoderada: la curaduría inmoderada. El curador tiene como capital propio el espacio de sus relaciones sociales en el mundo del arte –museales, de gestión y de acceso al comprador-, y la capacidad de influir o forjar de la nada el acuerdo social sobre el arte que tiene o no valor.

Pensar que existe un arte por fuera de unos móviles –que tienden a uno sólo, pues en ello consiste la tendencia al monopolio- o de una intención, es una expresión manifiesta de la desesperación por la construcción de una apología de la ley del mejor predador -que existe paralela a reducir el arte posible al arte que se promociona desde el campo de la institucionalidad dominante, desde aquellos lugares empeñados en diseñar un acuerdo social del arte subordinado a sus intereses o a sus móviles (ideológicos, puede ser).

Entre estas instituciones de gran calibre, no existe la diferencia de opinión ni la discordia teórica, sólo una puja no resuelta a favor de ninguna por la instauración de un monopolio final.

Es inútil desconocer estos procesos, y es un recurso habitual de ese acuerdo social dominante eludir cualquier forma de crítica acudiendo a todas las formas posibles de la descalificación y la retaliación, o variantes afines. Hay quienes  ven en ello la expansión de la oportunidad predatoria, y otros ven el riesgo de la tala inmoderada.

Pablo Batelli, Bogota, noviembre de 2012


El museo ideológico

Resulta elemental hablar del museo como un lugar que normativiza las expresiones visuales de la cultura. Así como se enciende la tele para ver las noticias y saber de qué va el mundo, se visita el museo para explorar las tendencias que el orden simbólico propone a los consumidores culturales. Sin embargo, en cuanto a los medios masivos, cada vez más surge la pregunta por la calidad de los reportes que entregan a sus audiencias, y cómo estos se exponen a la manipulación que los grupos de poder ejercen en nuestra dieta de información y conocimiento.

Al igual que los medios masivos, el arte crea “opinión pública”, es decir, estimula corrientes de pensamiento simbólico que generan consensos y disensos sobre qué es el arte y el rol que juega una institución como el museo en esa definición.

Un aspecto importante en el arte actual es el interés de los artistas por hacer investigación, transformarla en dispositivo museográfico y ofrecer visiones alternativas del mundo real. Y si ese universo real es un espacio en conflicto, las cosas se enrarecen mucho más cuando tales incursiones se problematizan, con enfoques diferentes a los que brinda por ejemplo, el periodista o el sociólogo mediante modelos de observación participativa. Hoy en día es casi que clisé oírle decir al artista que antes que cualquier cosa, lo primero que hizo fue investigar, y esto ha llevado a que la exploración se convierta en algo muy serio en manos de algunos artistas, o en el libreto que justifica cualquier cosa –para otros- sin un verdadero sustento de investigación, como una cortina plana en mitad de dos espacios que no conducen a ninguna parte.

Con seguridad Forensic Arquitecture es en la actualidad el grupo que mejor representa lo que es hacer investigación, con un enfoque de práctica social asociada al campo del arte; sin olvidar grupos pioneros como Critical Art Ensamble, pasando por Bureau d’Etudes en Francia, o ejemplos individuales de artistas como Laurie Jo Reynolds o Theaster Gates de Chicago, y por supuesto, el trabajo importante de Occupy Museums o Black Lives Matter.

Los momentos del arte político desde una perspectiva histórica son varios, y cada vez más vemos cómo el aspecto formal de la producción artística cede al afecto que privilegia una mayor intervención directa en la sociedad. Los problemas actuales son tan urgentes, que esta condición mueve a que las prácticas de estudio queden superadas por experiencias empíricas de mediación en aquellos espacios e instituciones que se relacionan claramente, con el objeto de investigación que lleva a cabo el artista. Es importante entender esta evolución y cómo ese tránsito define etapas en esta cadena de acciones que va del taller del artista hasta la participación positiva, y la oportunidad de deconstruir esas discretas trayectorias a partir de lo que el artista propone en su trabajo, en especial cuando ofrece visiones alternativas para entender mejor el presente que vivimos desde una mayor subjetividad asociada al campo del arte; entendiendo también que existe un tránsito entre el pensamiento subjetivo, casi imaginario al que aspira producir la obra de arte objetual, y ese otro espacio que impone la realidad a la que se quiere afectar.

Es importante aclarar que con esto no busco una falsa dicotomía entre prácticas de estudio y prácticas sociales; las dos se pueden complementar, pero lo que resulta insostenible es que no problematicemos en la incidencia de las prácticas de estudio, cuando estas asumen una postura crítica frente a la sociedad y su articulación al sistema del arte y por fuera de él, respecto del problema enunciado por el artista.

En la propuesta de Teresa Margolles en el Mambo, ese modelo hace crisis cuando se instrumentaliza el discurso del artista, a favor de causas promovidas por el Estado, y alineadas con el discurso intervencionista de la administración Trump, consolidando una apropiación política de la institución con propósitos ideológicos.

La exposición de Margolles tiene dos momentos inseparables: el uso ideológico del Mambo para mostrar al gobierno de Venezuela como una tiranía de izquierda a la que hay que derrocar a cualquier precio, y la investigación formal de la artista en la frontera.

La línea de tiempo define una narrativa escrita con titulares de prensa oficial y discurso de funcionario de cancillería colombiana para mostrar que todo el problema de Venezuela pasa por una camarilla irresponsable de narco-comunistas que se han tomado el Estado venezolano, llevándolo al desastre total, y que la única solución es imponer un gobierno aliado de los EE.UU., que restablezca la democracia; y si eso no es suficiente, los marines de la libertad están listos para terminar la tarea.

Sospecho que esta fotografía en blanco y negro entre villanos comunistas y buenos demócratas capitalistas, tiene una cantidad de zonas grises que en buena medida se desconocen. Y en mitad de los grises sin explorar, más allá del blanco y negro con que se ha libretiado esta situación, la oportunidad que tuvo Teresa Margolles de ampliar esas zonas, con fluidos o sin ellos, fue hábilmente desperdiciada.

Basta con leer lo que dice la línea de tiempo para 2017: Venezuela vuelve a vivir una ola de fuertes protestas antigubernamentales, que cobran la vida de más de 90 personas. Más de 1,2 millones de venezolanos sufren desnutrición crónica en el país ¿Estoy en un museo de arte moderno o leo los titulares de Caracol noticias?

Ahora bien, lo que presenta Margolles en el museo apunta a describir lo obvio, es decir, que tenemos una frontera caliente saturada de economía informal y venezolanos huyendo de una crisis que repito, me resulta difícil de creer que sea solo consecuencia del régimen castro-chavista que está en el poder ¿No hubiera sido interesante que Margolles explorara lo que los medios de comunicación no investigan? ¿Qué es hacer investigación en arte? ¿Explorar para producir insumos que alimenten una exposición en un museo, mientras sus coleccionistas se frotan las manos al ver que todo el resultado de la investigación se eleva a la categoría de arte o tratar de entender de qué van las cosas más allá de los lugares comunes que algunos medios de comunicación y el gobierno colombiano nos quieren hacer creer? Margolles y su junta intelectual de socios, encabezada por Cuauhtémoc Medina le apuestan a lo primero.

Medina ya lo sentenció: los que quieran la verdad que vuelvan a la iglesia, cuando es precisamente su discurso el que quiere mantener las cosas en un orden feligrés donde nadie perturbe la homilía de su predicador, desconociendo el autoritarismo ilustrado que esconde detrás de sus respuestas.

Las venezolanas cargando piedras a sus espaldas, mientras posan para la lente de la artista, los venezolanos quitándose sus camisetas, posando para la lente de la artista, los venezolanos hilando telas para alimentar el inventario objetual de la artista, los venezolanos contando sus historias de privaciones para que subsidien la sinfonía de voces atrapadas en un cubo negro, hábilmente escenografiado por la luz que ilumina la tela, convertida en valiosa escultura. Todo resulta tan conmovedor, que no me puedo imaginar la cara de indignación del alto gobierno pensando en cómo convencer a Donald Trump y sus halcones Bolton y Abrams de que lo mejor para acabar con tanto horror, es invadir a Venezuela. Desafortunadamente, la exposición no libera simbólicamente, ninguna fuerza que la haga escapar al constreñimiento ideológico que le impuso la institución.

En el texto curatorial se brindan lecciones de historia sobre desplazamientos y migraciones, mientras las cifras por desplazamiento interno en Colombia llegan a la escalofriante cifra de 5.761.000[1], gracias a décadas de guerra interna que estamos tratando de superar[2], y sin que tercie ninguna revuelta de por medio, mueren asesinados diariamente líderes sociales y defensores de derechos humanos, mientras nuestros amos que no hacen nada para detener la masacre en Colombia, se rasgan las vestiduras por lo que sucede en Venezuela.

Mal inicio para un curador no muy bien conectado con el país al frente de una institución que en momentos como este, debe ser ejemplo de debate crítico y abierto sobre lo que pasa en el país y sus fronteras, con una agenda amplia de inclusión. Ojalá la historia cultural de las tragedias latinoamericanas no las sigamos contando desde relatos inspirados en estrategias artísticas ya superadas, que no se atreven a reparar en el poder de la institución para controlar el discurso, sino que trabajan en complicidad con la institución.                

 

Guillermo Villamizar
Artista y crítico de arte
Doctor en Estudios Interdisciplinarios de Asbestología
Universidad de Las Águilas (Beacon, NY)

[1] Esto corresponde al número total de personas que viven en desplazamiento interno a 31 de diciembre de 2018.

[2] La cantidad de eventos de desplazamiento masivo y personas afectadas por ello casi se duplicó, de 65 eventos y alrededor de 18,000 personas desplazadas en 2017, a 111 eventos y más de 33,000 personas desplazadas en 2018.

Consultado en: http://bit.ly/2W5FyUu

 


ARTBO: arte y antropología

Ya al observar la trayectoria de la curadora de la sección “Referentes”, Pilar Tomkins (EEUU), directora del Vincent Price Art Museum del East Los Angeles College, una institución con colecciones de arte nativoamericano, precolombino, moderno y contemporáneo, podemos empezar a diagramar el comercio entre antropología y arte contemporáneo, que continúa con tanto impulso como desde los primeros antropólogos-exploradores, curadores de museo y traficantes de objetos no occidentales.

Lo primero que aparece en la página del VPAM curado por Pilar Tomkins es la exhibición “Guadalupe Rosales: ecos de una memoria colectiva”. Allí se explica que la artista explora el potencial del archivo en una instalación inmersiva coronada por un altar honrando a su prima, quien murió fruto de la violencia de pandillas. Se enfatiza en que la exhibición investiga historias colectivas de la cultura joven Latina en Los Angeles, reflexionando las experiencias cotidianas en las comunidades de color en los 90’s, desde espacios privados hasta fiestas y otras formas de socialización, creando así una “conversación colaborativa compartida”. En este statement sobre la obra pueden observarse varios tópicos comunes de la antropología: la obra concebida como una puesta en escena de los frutos de la investigación que implica un compromiso activo con la “comunidad”, dentro de la cual el artista coexiste haciendo trabajo de campo para dar cuenta de un modus vivendi de la población, que difiere del tradicional punto de referencia desde el que se define “el otro”: hombre, blanco, occidental, con poder adquisitivo. Hal Foster (1995) señala que cuando el artista es parte de la comunidad retratada puede suceder que se “autoexotice” con fines comerciales y que se esencialice el supuesto poder de acceso a cierta parte de la realidad a la que el hombre “blanco” no tendría posibilidad. Parece haber también en esta descripción de la obra una folklorización de la propia comunidad, para dar cuenta de lo “exótico” de su modo de vida. Se subraya la voluntad de escribir una historia pública diferente sobre la juventud latina en la región, con una estrategia interactiva vía web -dejándoles participar en voz propia-: también esto es parte del tradicional rol del antropólogo, involucrado en temáticas sociales y políticas como la figura que adopta un rol paternalista intercediendo en favor de la “comunidad necesitada de redención”, como se observa en “El etnógrafo” de Ulises Rosell.

También el título de la exhibición de Referentes de Artbo, curado por Pilar Tompkins, “Diálogos a través del tiempo” da cuenta de la recurrencia de ideas provenientes de la antropología. Como explica Johannes Fabian, dicha disciplina se fundó en una proyección del tiempo en el espacio basada en dos presupuestos:1) el tiempo es inmanente al mundo y por tanto coextensivo con este y 2) las relaciones entre las partes del mundo pueden entenderse como relaciones temporales, lo más remoto se convertía así en lo más primitivo (como es citado en Hal Foster, 1996, p.181). “Diálogos a través del tiempo” coloca en diferentes salas obras provenientes de diferentes épocas, creando así una relación comparativa entre espacios, que simbólicamente podrían asemejarse a los geográficos, y temporalidades, que la Historia del Arte, heredera de concepciones decimonónicas evolucionistas, concibe aún hoy residualmente como una escala ascendente de momentos de desarrollo, siendo la civilización el summum de la vara jerárquica (Hal Foster, 1995, p.181).

Los cuatro ejes temáticos de la sección Referentes podrían ser abstracts de artículos etnográficos en relación con ejemplares de la “otredad cultural”, en este caso lo gay y lo femenino, asociado con formas artesanales de trabajo. Particularmente 1) Otros cuerpos: “considera la noción del Otro, la separación, marginación y distanciamiento de aquellos que no se adhieren a las normas dominantes de la sociedad, y cuyos cuerpos se convierten en zonas para leer la diferencia”; 2) Relatos de intimidad: “exploran las formas en las que el género se construye en los espacios privados. Las obras seleccionadas retratan narrativas del deseo, intimidades emocionales y físicas, ya sean heterosexuales, homosexuales o auto-eróticas”; 3) Haciendo y deshaciendo: “obras relacionadas con los trabajos y formas de arte tradicionalmente asociados con las mujeres, como tejer, coser o hacer crochet. El tejido, por ejemplo, se expone a partir de sus connotaciones entre distintos grupos sociales: como escritura, ritual, símbolo de conectividad social, o como un recurso de deconstrucción que muchas veces involucra rastros de violencia y ejercicios de sanación.” (Artbo, 2018).

No una ni dos, decenas de obras de ARTBO se anclan en temáticas de interés social. Lo que se presenta a la vista del público son las pruebas de la investigación -como en los primeros momentos de la fotografía aplicada a la investigación de campo etnográfica-, o bien una representación simbólica de los resultados de dicha investigación, para dar cuenta del concepto mediante un objeto o imagen que lo vuelva vivencial o sinestéstico. Este último es el caso de Daniel Jiménez, quien en “Blanco y verde” exhibe una serie de bolillos de policía modificados, transformándolos en herramientas de tortura y juguetes sexuales al tiempo, para denunciar una red de prostitución dentro de la policía conocida como “La comunidad del anillo”. Habitualmente se ausentan las explicaciones sobre los métodos utilizados y la demostración del rigor del “trabajo de campo”. El artista como etnógrafo frecuenta posicionarse en un espacio de poder frente al sujeto retratado y no habitúa cuestionar su lugar de enunciación.

“Entrevista al sicario más famoso de las redes sociales” Nadia Granados

Con ánimo irónico, “Entrevista al sicario más famoso de las redes sociales” es una videoinstalación y performance de Nadia Granados en la que nos hace habitar un narcoespacio que se devela entretejido con básicamente todas las actividades en Colombia. La música de fiesta reggaetonera dicta “narcofiesta, narcomensaje, narcopresidente, narconoticia, narcocasa, narcomatanza, narcosoldado, narcopolíticas, narcocultura…” mientras de frente se nos presenta un video de una persona desnuda -quizá la artista- de espaldas bailando al ritmo. Lleva zapatos de tacón plateados de una altura desmesurada, vinculados a una estética de burdel; se proyecta un video en el que ella o él se ve a sí misma/o bailando y con sus manos en alto sostiene un cuchillo que simbólicamente, en un movimiento entre sexual y amenazador, introduce en su trasero agigantado por la proyección. El video a su derecha es de un billete ficticio estadounidense donde alternativamente en el centro, como próceres, aparecen fotografías de personas exhibiendo sus atributos narco -postura corporal, carro, reloj, arma, gestualidad-. Arriba de la imagen, se transcriben frases de entrevistas a Popeye, en las que exalta cómo pasó de ser nadie a ser el hombre más sexy y acaudalado y cuánto prefiere su situación actual, tanto así que probables infortunios como la cárcel y su asesinato no son de peso en esa balanza. A la izquierda, hay otro video en el que se suceden noticias cuyo título incluye alguna palabra derivada de “narco” subrayada en rojo furioso. La artista forma parte de la comunidad-país retratada y se “autoexotiza” con una intencionalidad kitsch satirizante para poner en tela de juicio los tópicos comunes desde la mirada del “primer mundo” con respecto a Colombia y cómo contribuimos a ellos desde los medios de comunicación vernáculos. Es un trabajo de investigación con interés antropológico en el que se problematiza el lugar de enunciación y se trastocan a través de la ironía los discursos: el de los narcotraficantes, el de los medios, el del poder y saber norteamericano y el propio de la artista.

“Eva”, Javier Castro.

Más unidimensional es el trabajo de Javier Castro, “Eva” en el que retrata tatuajes, que se hacen los hombres de barrios de pocos recursos de Cuba, del nombre de alguna mujer. Las fotografías son abstraídas de su historia particular, no se les da voz a los personajes cuyo cuerpo es retratado y las imágenes son colocadas dentro de una misma pared que las uniformiza. En una entrevista que le hace This is LaHabana a Javier Castro, puede observarse la folklorización a la que empuja a sus sujetos de estudio y la posición de poder que adopta al referirse a ellos. Dice que su obra se enfoca en los diferentes “modos de supervivencia del cubano habitante de zonas marginales”, y continúa “la idea es ver los tópicos del lenguaje, la sexualidad, la violencia, las relaciones del ser humano, específicamente los diferentes comportamientos(…)”. Su discurso rememora los primeros estudios antropológicos, de la época en que las sociedades estaban encontrándose y Occidente empezó a catalogar y apropiarse de los pueblos y territorios de las “consideradas tribus exóticas fuera de la historia” (Clifford, 1998). Si bien el artista es cubano, habla de sus personajes como algo lejano, exterior, primitivizándolos, fomentando precisamente la pornomiseria que Nadia Granados satiriza.

–Laura Balán

 

Referencias

Artbo (2018). Catálogo recuperado de: https://www.artbo.co/Feria/Secciones/Referentes/2018

Clifford, J (1998) Historias de lo Tribal y de lo Moderno. En Dilemas de la Cultura: Antropología, Literatura y Arte en la Perspectiva Posmoderna. Buenos Aires: Gedisa, pp. 229- 256.

Foster, H. (1995). The Artist as Etnographer? En G. Marcus y F. Myers (Eds). The Traffic in Culture. pp. 302-309. University of California Press.

Escariz, Pável, 2014. Javier Castro – Cuba Photographer. Recuperado de https://youtu.be/5N5UAX6xZLg


“Expulsados del Paraíso” en la Valenzuela-Klenner – Crítica sin Cortes

Elkin Rubiano y Guillermo Vanegas conversan sobre la exposición “Expulsados del Paraíso”, con obras de Nadia Granados, Edinson Quiñones y Edwin Sánchez. En la semana inmaculada del arte, la inauguración de esta exposición plantó unas manchas reales y simbólicas: sangre, sacrificio y negro sobre negro.

“Juegos violentos” Edinson Quiñones, 2018

 


2018, Arte y Catalepsia

Il porcile. Pier Paolo Pasolini, 1969.

No porque sea preponderante ni por su evidente centralidad. Considero a ARTBO como el evento memorable de este 2018. Un acontecimiento que ha tenido el poder y la capacidad de subsumir todos los demás hechos artísticos que han ocurrido y ocurren en el medio local. Esta situación de preponderancia de un escenario y de una metodología para el arte explica precisamente la importancia que ha ido conquistando este espacio ferial en los últimos 14 años de existencia.

De esta manera el año que termina sólo puede leerse retrospectivamente. Es decir a través de la incidencia con que ARTBO resitúa toda la composición de efectos artísticos que han tenido lugar.

En primera instancia la estrategia de ARTBO con un espacio como Artecámara consiste en crear la ficción de abrir en medio del mercado, que está representado por la feria como totalidad, un espacio cultural democrático proclive a las problemáticas más acusadas de la actualidad.

La estrategia del poder, la estrategia del establecimiento representado por ARTBO es hacer creer o mejor fingir y parodiar que existe un interés por mostrar e investigar, por abrir un lugar a las grandes situaciones que atraviesan el momento. El espacio actúa como una atractiva y pertinaz vitrina de exhibición de una problemática que sabemos de antemano consiste sólo en una enunciación y en una promoción de ideas ejemplificadas a partir de artistas en emergencia, pero que terminan siendo sólo un interesante espectáculo finito y circunscrito tan sólo a la eventualidad del espacio de feria, pero que no tendrá ninguna repercusión en la realidad. Salvo quizá para catapultar la carrera de ese artista que podrá abrirse camino en el mercado con las credenciales de haber sido un artista Artecámara.

La pedagogía que imparte ARTBO es la de crear a través del arte un teatro de representación de un escenario democrático que su centralidad editorial sabe de antemano es irrealizable.

Este capítulo espectacular de apertura a la contemporaneidad política, social, sexual, racial. De apertura a una desintegración de los derechos ciudadanos en parcelas de culto a las jerarquías de sectarismo. Este tipo de metodología monumental en grandes espacios para grandes públicos, lo encontramos replicado en dos momentos trascendentales de la vida cultural de Bogotá. Coincidencialmente los dos ocurren en el pabellón ferial. A su vez los dos comparten la misma idea. Es la cuota democrática que el poder del mercado y del capital entregan para la construcción de ese imaginario cultural que el país, haciendo eco del poder multinacional, necesita consolidar para respaldar sus políticas.

En Artecámara este artilugio teatral curado por Carolina Ponce de León exhibió el asunto de la paridad de género con “Todo lo tengo y todo me falta”. En la Feria del libro en paralelo retrospectivo, se exhibió el otro motivo trascendental de nuestra contemporaneidad con el que buscó consolidarse el cierre del gobierno anterior. “Voces para transformar a Colombia”. El programa de concretización de la paz para dar cese a más de 50 años de conflicto armado interno.

Esta exposición curada por Cristina Lleras, Museo de Memoria Histórica de Colombia (MMHC) puso en el centro de ese teatro de representación a las víctimas, queriendo dejar ex profeso en un segundo plano al artista. Se realizó así en el centro de la monumental Feria del libro, la puesta en escena del guión del horror del conflicto. Pretendiendo dar voz a los que padecieron ese conflicto. En pretendida reparación simbólica a los años de terror que estremecieron y estremecen a los colombianos.

En los dos eventos se logró crear un efecto de participación multitudinaria. Más de 70.000 personas en Voces en Bogotá.

El público participó e inmediatamente experimentó un sentimiento de compensación altruista comparable a la catarsis que perseguía como efecto la tragedia griega.

Estos efectos tienen como fin consolidar una perspectiva no mercantil del simulacro simbólico que tramitan como estrategia de camuflaje.

Tanto FILBO como ARTBO se han ido consolidando de tal manera que la aprobación cultural y el espíritu altruista que tienden a despertar con estos capítulos culturales y humanitarios, logran borrar casi completamente el carácter comercial y la mercantilización que opera sobre una cultura que ha sido reeditada y esterilizada en su capacidad de producir algún efecto crítico real.

ARTBO y FILBO irradiándose de manera recíproca dan cuenta del fenómeno de fusión. Ese momento en que ya no es distinguible el paso de la cultura al mercado y del mercado a la cultura. Eso significa que la fusión se ha encargado de diluir ese límite capturando a los visitantes que cada vez menos pueden siquiera vislumbrar críticamente esa delgada línea divisoria que alguna vez fuera más visible para hacer apreciable la notoriedad del consumo.

ARTBO y FILBO se complementan creando una mayor comprensión sobre cómo paulatinamente la cultura ha ido deviniendo en el medio con que el mercado penetra las conciencias logrando esa aprobación que asegura un consenso total sobre su centralidad en la vida.

La estrategia no son sin embargo sólo los capítulos pseudo críticos creados para ambientar las grandes ferias.

También se recurre a estrategias que usando la publicidad logran borrar y diluir casi por completo toda acción crítica.

Me refiero a lo sucedido casi en el momento de la apertura de la que tendría que haber sido La toma del Mambo que había sido organizada por varios colectivos, interferida casi completamente por la aparentemente ocasional aparición de un hecho espectacular que parecía a la medida para lograr invisibilizar estas acciones que iban a presentarse en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

El hecho fue contundente y creó una gran confusión y espectacularidad. Con radio, prensa, y pronunciamientos vehementes en red se buscaba poder solucionar la precariedad de un espacio que recurría al arriendo de sus instalaciones para poder seguir subsistiendo.

Este apartado del uso de una falsa publicidad cobra relevancia desde las actuales circunstancias políticas de Bogotá, con las que se corrobora cómo el alcalde de la ciudad en compañía de una empresa particular multinacional con asiento en el país, ha tomado como rehén a la ciudad para implementar un sistema de transporte que cuenta con una flota de buses en su mayoría obsoletos y contaminantes. Este tipo de buses han sido prohibidos en Europa por el Acuerdo de París, en razón del grave problema ambiental que ocasionan.

El evento del SE ARRIENDA del MAMBO visto retrospectivamente cobra desde este conflicto ético todo su sentido. La estrategia resulta más paradójica y problemática cuando nos atrevemos a relacionar esta estrategia con quien es la actual directora del museo, esposa del empresario representante de esa empresa de buses contaminantes.

Mirado desde la distancia el hecho de la utilización de una publicidad engañosa con el supuesto de llamar la atención parecería inocente y hasta pueril, no se si hermoso como se insinuó, si no advirtiéramos cómo la acción se presenta como una acción deliberada que busca ocultar esa otra toma real del museo por parte de los colectivos. Los cuales buscaban con sus acciones un llamado a despertar la atención crítica.

Ahora que las cartas de aceptación de la licitación de Transmilenio se han entregado a la misma empresa que desde un comienzo viene suministrando los buses que alimentan el sistema de transporte con que el alcalde de la ciudad 20 años atrás diseñó una estrategia con la que logró disuadir y de paso cerrar la posibilidad de la construcción de un metro para la ciudad. El asunto de la parodia del arriendo del MAMBO suena a una farsa cruel y a una burla abierta y contundente a los destinos de una ciudad condenada a un transporte contaminante y obsoleto.

Lo central de todo esto sería poder darse cuenta de esta incompatibilidad entre arte y política.

En el sentido de entender cómo acciones como las de ARTBO, FILBO y el MAMBO cierran la posibilidad de un verdadero accionar.

En el sentido de poder denunciar efectivamente más allá del hecho irreal de una enunciación efectista y estetizante.

O de poder interferir estas acciones duales que cada vez más ponen al arte local en una situación de completa inercia.

Es difícil decidir si es una entrega o una acción en que ya la voluntad no puede interponerse al amo que castiga.

Tendido en su lecho de laureles el medio artístico nacional duerme su sueño de sopor y catalepsia.

 

Claudia Díaz, noviembre 13 del año 2018


Algunos hechos, exposiciones y obras memorables de 2018

Como cierre de actividades del año, invitamos a Julia Buenaventura, Ursula Ochoa, Luisa Ungar, Lina Useche, Muriel Angulo, Ximena Gama, Guillermo Vanegas, William Contreras, Breyner Huertas y Elkin Rubiano a compartir con los lectores de este foro algunas situaciones y eventos que llamaron su atención a lo largo de este año que termina. En el curso de la semana estaremos publicando otros textos en esta misma línea de reflexión.

Algunas obras relevantes del 2018 | Julia Buenaventura

El 20 de enero de 2017 Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos; Iván Duque, candidato asociado de Álvaro Uribe, asumió el poder el 7 de agosto en Colombia; y el 8 de octubre, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, obtuvo la mayoría arrolladora Jair Bolsonaro, candidato para el cual el problema de la dictadura consistió, parafraseando sus propias palabras, en torturar y no matar directamente a sus adversarios.

Sin duda, el 2018 va a ser recordado como el año que inaugura un periodo peculiar en la historia, periodo en el que las dictaduras, lejos de ser impuestas, son voluntariamente elegidas por sus pueblos. De cualquier forma, la izquierda no está dando una salida frente a esto, Cuba y Venezuela son cómplices directos de esta catástrofe, y ni el arte, ni la crítica, ni la historia, ni las disciplinas ligadas a su esfera, están aportando alternativas frente a este estado de cosas.

Situación que se hace evidente en el hecho de que los denunciados, desde el arte, ni siquiera se toman el trabajo de censurar a sus denunciantes, por el simple hecho de que están lejos de enterarse, de escuchar sus voces. ¿Cómo cambiar ese orden de cosas? No lo sé, pero voy pensando.

Vamos pues a los eventos artísticos que consideré más prominentes de esta última vuelta alrededor del Sol.

“La paradoja del cuervo”, registro en video del acto de Ana María Montenegro

“La paradoja del cuervo” de Ana María Montenegro, primero de los Cuatro Actos realizados en el Espacio Odeón, proyecto ideado por Tania Candiani y curado por Alejandra Sarria. (video del acto, aquí)

Los cuatro actos fueron extraordinarios (en ellos, participaron, además de Montenegro, Mario Galeano, Luisa Ungar y Alberto Baraya); sin embargo, quiero enfocarme en éste, pues salí de él profundamente conmovida, con los ojos llenos de lágrimas, al ver como las cifras homogéneas y vacías se comían la singularidad de cada uno de los líderes sociales asesinados en Colombia, convirtiéndolos en meras tabulaciones.

Quien no tuvo oportunidad de ver los actos, aún no es tarde, los videos están disponibles en el site de Odeon.

“Cuja”, Feliza Bursztyn. 1972

El arte de la desobediencia”, exposición panorámica de obras del acervo del MAMBO, creadas entre 1965 y 1984, curada por María Wills, Carmen María Jaramillo y Sylvia Suárez. La exposición fue simplemente maravillosa, dio un panorama del arte colombiano del periodo y, aun cuando el espacio del MAMBO puede ser difícil, la forma de disponer las piezas resultó excelente. Asimismo, hay que señalar el esfuerzo enorme de la curaduría por restaurar y recomponer obras del acervo, asunto que se agradece en un país que sufre sistemáticamente de Alzheimer.

Y, atención, el mal de Alzheimer y la baja autoestima colectiva son enfermedades históricamente entrelazadas.

Intervención de Luis Camnitzer en la fachada de NC-Arte (que posteriormente fue objeto de varios memes)

La exposición “Falto de palabra” de Luis Camnitzer y el Colectivo Maski en NC-Arte también la pongo en mi lista. Específicamente el primer piso, el del colectivo, en el cual las varillas de Transmilenio estaban dispuestas al modo de una retícula que permitía todo tipo de piruetas. La verdad, me divertí mucho colgándome del armatroste, y debo decir que me sentí resarcida, en una especie de catarsis, pues el colectivo proponía a través de su obra, un juego con los buses de un sistema de transporte que es un verdadero oprobio, un golpe a la ética y al día a día de millones de bogotanos. Sin necesidad de panfleto, ni de mensajes, los artistas del colectivo consiguieron hacer de los peor que tiene Bogotá, una verdadera fiesta.

Doris Salcedo le explica a Laura Sofía Arbeláez (Artes Visuales Mincultura) algunos aspectos de la elaboración de “Fragmentos”.

Finalmente, termino mi lista –corta, escueta, minúscula, no por falta de eventos, sino porque me perdí de muchos por andar entre viajes y corrección de exámenes, y es que: ¡cuántas horas se van en corregir las pruebas de los alumnos! – pero bien, termino mi lista con la inauguración por parte de Santos de la obra “Fragmentos”, el anti-monumento de Doris Salcedo, construido, como se sabe, con las armas entregadas por las FARC.

Sin duda, se trata de una obra importantísima para la memoria del país, en su esfuerzo enorme por llegar a la paz, una paz boicoteada en un presente en el cual, repito, los votos se van para el candidato que proponga la guerra como camino. Santos hizo un trabajo que todos reconocemos por la paz de este país, y el monumento de Doris Salcedo es una excelente memoria de lo sucedido. Así, cierro con esta obra.

Sé que el 2019 no nos traerá un panorama más lúcido, y sin embargo, no soy pesimista, pues es justamente esa negatividad colectiva la que ha llevado propuestas como la de Trump, Uribe o Bolsonaro al poder. El único camino que nos queda es lo que llamaría un “Optimismo democrático”, aun cuando todavía estoy pensando en cómo estructurarlo.

– Julia Buenaventura

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Los Salones Regionales de la Zona Sur y la Zona Pacífico | Luisa Ungar

Subir al pedestal, ayudar a que subamos todos. Actividad Colectiva en Residencia #1. Bomboná, Nariño. Con: Carmen Erazo, Ovidio Figueroa, Adrián Montenegro, Willington Arévalo, y Eduardo Cuartoz.

Las curadurías de los Salones Regionales de Artistas. Las mingas de “Minga: prácticas decoloniales” (Salón Regional de Artistas de la Zona Pacífico) y el sistema de residencias entre artistas de Putumayo, Nariño, Tolima y Huila de “Ver para creer” (Salón Regional de Artistas de la Zona Sur). Prácticas arriesgadas procesuales no objetuales, lejos del monocultivo y procesando el conflicto y los abusos ecológicos.

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Notabilidades del campo artístico local en 2018 | Guillermo Vanegas

Columbarios. Cementerio Central de Bogotá.

 -La renovación de los votos de odio de la alcaldía de Enrique Peñalosa hacia los Columbarios del Cementerio Central.

Repitiendo su intento de la administración anterior, el mejor vendedor de la empresa Volvo apadrinó sin éxito –hasta ahora–, una campaña de aprobación de acuerdos en el Consejo Distrital de Patrimonio Distrital para poner otro parque en los predios del Cementerio Central. Aunque la procuraduría actual se le atravesó en su ímpetu demoledor, sabemos que ese tipo de decisiones son inestables y más cuando se miran  desde la torre de apartamentos que se eleva sobre el borde occidental del cementerio Alemán, en el mismo sector. Como en el caso de la ampliación del Museo de Arte Moderno de Bogotá: otra idea inconclusa de Rogelio Salmona que debemos sufrir quienes tuvimos la desgracia de sobrevivirlo. Especulación inmobiliaria zombie.

-La campaña-fiasco del “se-arrienda” del Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Por haberse implantado en la memoria de las generaciones de artistas más jóvenes como un procedimiento de publicidad-autosabotaje de enorme éxito: si quieres que te recuerden hoy, haz mal todo lo que puedas. Además, y al contrario de ese arte que hace perder el tiempo aspirando a ser de práctica social, los anónimos responsables de este despelote implantaron a fuego en la opinión publica del país una idea que todo el esfuerzo de destrucción del good will de esa entidad por parte de Gloria Zea nunca pudo alcanzar: la de que ese museo está abierto a todo tipo de experimentación que no tenga que ver con arte. Ya después de eso, fiestas y Galas pudieron entrar con total impunidad a poblar las espaciosas salas de ese lugar. Chao curaduría.

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Acción “Juegos violentos” de Edinson Quiñones

-La exposición-manifiesto Expulsados del paraíso (Nadia Granados, Edinson Quiñones, Edwin Sánchez) en Valenzuela Klenner.

Una colectiva que mezcla etnografía en zona de tolerancia, performance de zona de guerra y danza de zona paraca. Por sus temas; por referirse a diferentes zonas territoriales sin exotizar a sus habitantes; por mencionar por su nombre a políticos amantes de los baños de sangre locales; por su exceso de fluidos corporales –o alusiones a éstos–; y por recordarnos que este país no podrá lidiar con la paz, se anuncia como el último de estos intentos en el cataléptico panorama del campo artístico nativo: el canto de cisne simultáneo de galería y generación. La primera, por extirpación de la audiencia que la constituía –en parte a causa de un desfalleciente programa expositivo–; la segunda por insistir en una cosmovisión que desde hace unos años genera repudio formal, susto conceptual y activismo académico oportunista.

-Guillermo Vanegas

La agresión a Avelina Lésper | Ursula Ochoa

Avelina Lésper se protege luego de la agresión que sufrió a la salida de una conferencia sobre graffiti

De este año que está finalizando recuerdo un evento que me consternó un poco porque considero que esto sobrepasa los valores profesionales y éticos en el arte, en tanto que para mí no fue ningún chistesito, ni menos motivo de mofa o burla y fue el ataque a la crítica de arte Avelina Lesper (perdón si se ofenden algunos por llamarla así), por parte de un grafitero. Lo recuerdo porque me confirmó que en este medio hay mucha insensatez, inmadurez, irracionalidad y cinismo. No hay muchos valores humanos y no entendemos de qué se trata ejercer el derecho a expresar públicamente una opinión en un debate, al cual además ellos mismos accedieron, y cuál es la diferencia con ejercer violencia física contra una persona. Eso no es ningún acto simbólico, es un ataque físico y personal. Si no comprendemos eso, entonces no es de extrañarnos porqué hay tanta porqueriza en el mundo del arte.

El ataque a Avelina con el pastelazo en la cara, fue la respuesta a la impotencia que siente la mediocridad que es incapaz de dialogar y debatir con argumentos. Por lo tanto, se recurre al ataque personal, incluso verbal (bruja, mala leche, zorra…) y una cantidad de vituperios que absolutamente nada tienen que ver con los debates supuestamente “inteligentes” e “intelectuales” que deberían darse en el medio artístico; y digo esto, justamente, porque los aplausos al acto venían de gente del medio que se las dan de muy educados y muy “críticos”. Pura fachada.

Creo que si analizamos la situación, fue un acto rotundo de violencia que no se debe ejercer contra nadie. En un momento es un pastelazo, otro día el pastel se convierte en una botella, una piedra o un arma; esto es indignante.

Habladurías sobre el arte Cartagenero | Muriel Angulo

Dimensión Desconocida. Proyecto curatorial de La Usurpadora. SRA Zona Caribe.

Para hablar con propiedad sobre la salud del Arte cartagenero, es necesario volver en la historia y traer a la memoria el Sitio de Cartagena, una maldición que sigue vivita y coleando como en tiempos de Pablo Morillo convirtiendo a La Heroica en una ciudad tomada que se muere de hambre y de inanición por falta de recursos públicos y culturales, a pesar de tener una de las culturas vernáculas mas vigorosas del Caribe y de Colombia, una sabiduría ancestral vitalicia en donde todas las expresiones artísticas y populares conviven en un perfecto amancebamiento las unas con las otras, como si de un gran sistema licencioso se tratara. Así, la literatura se alimenta de la comida nativa condimentada con los mezclas culturales del caribe, la comida hace lo propio con el frenesí de la champeta, la poesía y la literatura se comen el lumbalú de los tambores, así como la pintura y las artes visuales desayunan, almuerzan, comen y hacen la digestión con la ocupación neocolonial que espanta y oprime a los cartageneros. A pesar de este caos creativo en donde la ciudad permanece tomada por extraños y piratas ante la mirada cómplice de las pirañas locales encargadas de allanar el camino a todas las anteriores, existe una conversación fuerte, ágil y vigorosa entre poetas, escritores, artistas visuales, teatreros, músicos, cantantes, bailarines, compositores, sociólogos, antropólogos, cineastas, artesanos y demás actores culturales que activan constantemente dispositivos de resistencia y prenden las alarmas ante el posible arrebato de los dineros públicos destinados a sostener la cultura y el arte cartagenero, como se evidencia en la activa participación que los artistas han tenido en las exigencias y toma de decisiones de los actos de celebración de las Fiestas de la Independencia de Cartagena, un hito patrimonial que reúne toda la tradición oral y el acerbo histórico de nuestra resistencia negra, mulata y mestiza que este año cumplió 206 años de celebración, acciones que confirman que el arte es un contenedor de vida y que dividirlo en cámaras y recámaras termina por matar su esencia. Sin embargo, y a pesar de las rebeldías, las exigencias desde el arte se dificultan en una ciudad que convierte a sus hijos en estatuas de sal ante la más mínima sospecha de desobediencia, aunque la transgresión y la desobediencia sean siempre síntomas de buena salud. A pesar de todo y en medio de la resistencia a estos cataclismos, los artistas inauguramos en Barranquilla el Salón Regional de Artistas del Caribe, una antropofagia caníbal bien curada y bien montada, que va, viene y se devuelve en el tiempo rescatando del olvido a muchos artistas de la región y desconociendo a otros por aquello del libre albedrío de los curadores y dueños del aviso, pero siempre con la clara intención de volver a leer de manera novedosa nuestra historia artística ahora en sintonía con las nuevas brisas de liberación que corren sueltas de madrina por el Caribe. Pero como siempre sucede, estos proyectos llenos de buenas intenciones, pero repletos de enemigos por dentro y por fuera, caen en desgracia al estar enmarcados en una mesa de trabajo institucional, ministerial  y almidonada que ignora que los artistas son la materia prima de todos estos eventos y que son ellos y su obra quienes deben tener antes que nada y que nadie, todos los privilegios.

Moraleja: Naveguemos la tormenta con manual propio, lancémonos en caída libre, forniquemos el arte sin hora y sin pausa y decidamos de una vez por todas por nosotros mismos, que la autogestión es, el presente y el futuro de nosotros mismos. Aunque decirlo sea una redundancia.

De exposiciones sorprendentes y refrescantes | William Contreras Alfonso

Retrovisión espectral. curaduría de Gilles Charalambos en el Monumento a los Héroes.

Fue muy grato ver este año en Bogotá curadurías históricas de una calidad tan alta como “El arte de la desobediencia” en el MAMBO y “El joven maestro, Botero” en el Museo Nacional. Ambas muestras llenas de sorpresas, de obras poco conocidas y aportando un horizonte crítico novedoso frente a temas que creíamos ya repasados y relamidos. Especialmente en “El arte de la desobediencia” fue incluso emocionante ver las piezas de Jon Oberlander y Jonier Marín de las que no tenía idea, la Warholisa de Gustavo Sorzano, la reconstrucción del cubo escindido de Sara Modiano, y muchas cosas más.

Si se mira desde un plano general, las exposiciones más sorprendentes y refrescantes fueron muestras históricas muy bien jaladas, como “Retrovisión Espectral”, la retrospectiva de videoarte en Colombia, curada por Gilles Charalambos en el monumento a los héroes. También las más recientes muestras sobre Ramírez Villamizar: “Dibujos”, sobre el archivo personal del artista en la galería Salón Comunal, y “Abstracción orgánica 1951 – 1959” en la que se analiza su incursión en la abstracción y su cercanía al proceso de su colega Alberto Arboleda. Ambas exhibiciones modestas en tamaño y sin embargo memorables.

Menos llamativa me pareció la sección “Referentes” en ArtBo. Aunque se agradece la importancia dada a piezas que merecen más estudio, como los desnudos de Dora Franco tomados por Abdu Eljaiek, o las pinturas de Ofelia Rodríguez y Beatriz Daza, por momentos un hilo de asociaciones demasiado finas debilitaban la muestra: Pienso sobre todo en la sección donde la curaduría aproximaba piezas de Julieth Morales, Olga de Amaral, Maria Angélica Medina y Maria Fernanda Plata, todas mujeres que toman como centro de sus trabajos los textiles, pero desde perspectivas tan distantes que la curaduría no lograba sugerir lecturas evocadoras que surgieran entre ellas.

Los Salones Regionales de Artistas | Lina Useche

Proceso de construcción del cerramiento para “Radio Conversa. Discurso de Temístocles Machado”. Propuesta para el Observatorio Artístico Regional en Villa de Leyva. No se pudo culminar porque la Alcaldía de Villa de Leyva no permitió que se terminaran ni abrieran al público las propuestas para espacio público”. Foto: cortesía del artista

En mi opinión, lo más importante a tener en cuenta fue lo que sucedió con los Salones Regionales de Artistas (SRA). Por supuesto, el caso del observatorio de artistas y toda la polémica que produjo, pero también el Salón Regional de Artistas de la Zona Sur, que junto con el de la Observatorio Artístico Regional (SRA Zona Centro), le apostaron a unos proyectos curatoriales mucho más ambiciosos de lo que suele hacerse. Por otro lado, las ferias, ARTBO porque al fin siento que hubo un equilibrio y Artecamara no opacó las demás secciones, y claro, Odeón con la feria-no-feria que irrumpió con la dinámica que se vive en esa semana, lo valioso de esa apuesta fue que hicieron una suerte de afirmación donde parecía que ARTBO y Odeón jamás podrían equipararse, son apuestas muy distintas.

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Voces para transformar a Colombia

Voces para transformar a Colombia. Lideresas de la comuna 13 de Medellín conversando con el público.

Otros invitados a compartir hechos y/o exposiciones memorables hicieron su aporte proponiendo los nombres de exposiciones. En varias de estas sugerencias había algunas coincidencias en torno a hechos y muestras, como es el caso  del proyecto curatorial “Voces para transformar a Colombia”, una propuesta piloto del naciente Museo Nacional de Memoria Histórica que se abrió al público en el marco de la Feria del Libro de Bogotá. También se mencionaron el Premio Hasselblad 2018 a Oscar Muñoz, la nominación de Laura Huertas Millán y Gala Porras Kim al Future Generation Art Prize y la curaduría El joven maestro. Botero obra temprana (1948-1963) de Christian Padilla, en el Museo Nacional.

Portal de “Voces para transformar a Colombia”

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En el curso de la semana estaremos publicando otros textos en esta misma línea de reflexión.


Artecámara 2018: “Todo lo tengo y todo me falta” – Crítica sin Cortes

Elkin Rubiano recorre con Carolina Ponce de León la exposición “Todo lo tengo y todo me falta”, con un gran número de performances, arte activista y nuevas tecnologías, así como una mayor participación de mujeres: 70% mujeres y 30% hombres. Aunque en este recorrido no se alcanza a dar cuenta de toda la exposición, se realizan unas estaciones que resultan centrales en la propuesta curatorial.